CAPÍTULO 36
Stiles estaba a un paso de subirse por las paredes.
En realidad, a estas alturas ya lo habría hecho, si no fuera porque su padre se estaba encargando de que mantuviera los pies en la tierra… Literalmente.
Pero en opinión de Stiles, su padre estaba demasiado tranquilo, teniendo en cuenta que en menos de media hora tendrían a toda una familia de hombres lobos, y chica coyote, llamando a la residencia Stilinski.
- ¿Crees que vendrán?
- Por enésima vez, Stiles. Sí – dijo John mientras terminaba de colocar los platos – Es lo que suele ocurrir cuando invitas a alguien a comer y te responden que sí.
La idea de invitarles a comer había partido del propio Stiles.
Fue en cuanto volvió a casa el día anterior, después de haber pasado todo el día con Derek. Un día que se encontraba dentro de los mejores de toda su vida, pero donde faltó algo para hacerlo perfecto: Y eso eran las ganas de Stiles de gritarle a Derek lo mucho que le quería; pero que no podría hacer hasta tener la seguridad de que Derek lo aceptara. O mejor aún, hasta que supiera que Derek respondería con un "yo también".
Una frase que, estaba más que convencido Stiles, aún no formaba parte del vocabulario de Derek. Y no porque no lo sintiera, ni mucho menos, sino porque aún no era capaz de decirlo… Tal vez no lo fuera jamás.
Y si Stiles quería a Derek (que lo hacía con todo su corazón) no iba a hacerle pasar por el mal trago de decirle que le quería; para que él se quedara callado y con cara de bobo, y luego mostrara ese rostro de mortificación absoluta, sabiendo que estaba haciendo daño a Stiles.
Porque no lo estaba haciendo…
Bueno. Tal vez doliera un poquito saber que jamás oiría esas palabras de él. Pero no por ello iba a desanimarse.
Lo importante era que tenía a Derek a su lado, y que tenía que mostrarle su apoyo incondicional, dejándole claro que no importaba que con ellos las tradicionales muestras de aprecio jamás fueran a hacer acto de presencia.
Así que decidió seguir el consejo que su padre le dio, de que debía ser él mismo, y que debía limitarse a hacer lo que le hubiera gustado hacer con Derek. Incluso cuando la posibilidad de que estuvieran juntos, sólo existía dentro de su cabeza.
Pero como no tenía dinero para invitarle a cenar (había sido sincero cuando estuvieron encerrados), y ni siquiera para un triste batido; no tenía más remedio que utilizar lo que más a mano tenía. Esto es: su propia casa, y la nevera que su padre había llenado la semana pasada.
Pero cuando Stiles pensó en la idea de preparar una cena romántica para él y Derek, en el último momento decidió añadir algo más… ¿Por qué no invitar a toda la familia Hale?
Entonces le pareció un plan perfecto.
Después de todo, se suponía que esa era la idea principal: Que Derek se sintiera cómodo y querido, pero sin hacer nada que pudiera recordarle a Kate.
Aunque ya hubiera desaparecido el miedo a creer que Kate abusó de él, la imagen de Derek sufriendo durante la pesadilla que tuvo de camino a Beacon Hills, seguía estando clara en su mente. Y aunque, técnicamente hablando, no hubo violación; la humillación sí que estuvo presente todo el tiempo: Incluso cuando Stiles estuvo con ellos, y Kate se aprovechó muy bien de esas circunstancias.
Así que, había decidido Stiles, la clave de aquella operación era darle a Derek una muestra de lo que se suponía que hacían las parejas cuando empezaban a salir; y cuando la parte del sexo aún quedaba lejos.
Y no. No iba a ser tan hipócrita como para pensar que sus testículos no iban a sufrir las consecuencias, pues su frustración sexual empezaba a alcanzar proporciones épicas.
Pero ahora no estaban hablando de él y sus necesidades físicas, sino de intentar comportarse como el mejor novio del mundo… El único novio que Derek se merecía tener.
Y qué mejor manera de conseguir eso, que preparar una auténtica comida de sábado para que su padre conociera al Derek de verdad, y dejara de pensar en él como un sospechoso habitual.
Y según le había contado Scott (único experto en esa materia al que conocía), conocer al suegro de manera oficial era la confirmación de que la relación era sólida, y que todo marchaba bien.
Por si acaso, Stiles decidió cambiar un poco el protocolo, y organizar una reunión entre los Hale y los Stilinski para que empezaran a conocerse mejor. Y, de paso y más importante, para que Derek no se sintiera incómodo, teniendo que pasar por todo aquello estando completamente solo.
Ya había estado demasiado tiempo solo.
Lo dicho. Al principio le pareció un plan perfecto.
Pero ahora, con la cocina llena de platos sucios y kilos de comida amontonándose en la encimera (era una familia de hombres lobo, al fin y al cabo), no estaba tan seguro.
- Pero ese es el problema… - respondió Stiles a la pregunta de su padre - La respuesta de Derek no fue "sí". Fue "ok"
- ¿Y eso qué más da? – preguntó su padre con la voz un poco más aguda, señal de lo cansado que estaba de aquella conversación tan absurda.
- ¡Claro que da! Le mandé un mensaje larguísimo preguntándole si querían venir a comer y qué es lo que querrían y un millón de cosas más. Y después de dos horas me respondió con un simple "Ok"… Eso no tiene mucho sentido, ¿no crees?
- ¿No eras tú el que decía que Derek era de pocas palabras?
- Sí.
- Pues hay lo tienes – hizo un aspaviento - Ok. Una palabra. Es lo que suele ocurrir con una persona que es de pocas palabras. Ahora, cálmate de una vez o te juro que cancelo todo esto.
- ¡Qué! No, no puedes hacer eso… Llevo toda la mañana en la cocina.
- ¡Exacto! – le miró con ganas de querer asesinarle – Ahora lo que tienes que hacer, es relajarte y cambiarte de ropa.
- ¿Ropa? – se miró a sí mismo - ¿Qué le pasa a mi ropa?
- ¿Tenías pensado ir así?
Stiles volvió a mirar su atuendo, extrañado. ¿Qué tenía de malo aquella ropa? Llevaba uno de sus vaqueros favoritos, aquellos grises tan holgados, y una simple camiseta marrón, tal vez un poco desgastada… Pero no estaban tan mal, ¿no? En fin. Estaba limpia y planchada.
- ¿Qué es lo que le pasa? – preguntó con curiosidad, pero en seguida se convirtió en miedo - ¿No es apropiado? ¿Debería cambiarme?
- Pues no sé, hijo – se encogió de hombros – Depende de cuáles sean tus planes.
- ¿Planes?
- Dios. No puedo creer que esté teniendo esta conversación contigo – se llevó una mano a la frente, en gesto cansado – Se supone que lo que tendría que hacer es asegurarme de que mi hijo no tuviera interés en nada más que no sean sus estudios – señaló a Stiles de pies a cabeza, como si estuviera teniendo una charla consigo mismo – Pero en vez de eso, aquí estoy. Intentando asegurarme de que le causa buena impresión a su novio, y para lo que por supuesto – dijo las dos últimas palabras un poco más altas – debería cambiarse de ropa.
El chico miró extrañado a su padre, con la boca medio abierta, hasta que éste le gritó que fuera a su habitación a cambiarse.
Y sí. El Sheriff sabía que no debería ser tan agresivo con su hijo, pues estaba claro que el chico estaba nervioso y todo eso… Pero había veces en que la única manera de que su hijo reaccionara, era a base de gritos.
Media hora más tarde, increíblemente puntuales, los Hale al completo estaban llamando al timbre.
Desde su habitación Stiles chilló que aún no estaba listo, justo antes de que el Sheriff oyera un golpe y un quejido lastimero; por lo que no le quedó más remedio que ser él quien abriera la puerta, no sin antes soltar un suspiro…
Aquella iba a ser una tarde muuuy larga.
Tras la puerta, apareció Derek Hale en segundo plano, con Peter y Cora bien pegados a él, cada uno a un lado del Beta. Malía, por su parte, estaba justo delante del trío, llevando en la mano una botella de vino. La muchacha fue la que le saludó con mayor entusiasmo.
El Sheriff quiso pensar que el entusiasmo de la chica se debía al hecho de que él fue quien evitó que el que creía que era su padre no la matara, y no por el detalle de que era el padre del chico con el que se lo había montado cuando Stiles estuvo encerrado en aquella institución mental.
Dios santo… ¿Algún día su vida dejaría de ser tan extraña?
John Stilinski saludó a la chica, pidiéndole que metiera el vino en la nevera, tras lo que saludó al resto de invitados. Cora saludó con una sonrisa tímida, Peter con otra un poco espeluznante pero que intuía era la única que sabía poner, y Derek… Derek no sonrió para nada. Se limitó a asentir, a modo de saludo, y con los labios tan apretados que, si no fuera porque sabía que era imposible, diría que era porque le estaba doliendo una muela a rabiar.
El Sheriff abrió la puerta para que entraran todos los invitados, y les preguntó si querían beber algo antes de sentarse a la mesa. Y de nuevo, Cora y Peter fueron los únicos que se mostraron interesados con la invitación (Malía directamente cogió una cocacola de la nevera, como si la casa fuera suya); mientras que Derek siguió poniendo cara de que le dolían todos los dientes.
- No le hagas caso a mi sobrino – señaló Peter, cuando vio que John miraba a Derek con curiosidad – El pobre no está acostumbrado a socializar – pasó un brazo por los hombros de su sobrino, a lo que él gruñó levemente – Ni siquiera conoce cuál es la etiqueta apropiada, ¿verdad?
Derek se negó a responder, lanzando una mirada asesina a su tío y con la ceja bien levantada; tras lo que siguió a su hermana hasta el salón.
Y mientras lo hizo, John tuvo que reconocer que Peter tenía razón en eso de la etiqueta. Porque mientras que Peter y las dos chicas se habían vestido un poco más elegantes (nada exagerado, pero tampoco con vaqueros y simples camisetas); Derek había optado por la máxima de que menos es más… Y en este caso, lo de menos iba por "menos color". Para ser exactos, sólo el color negro de sus vaqueros, y el azul oscuro casi negro de la camiseta corta.
- Perdón por el retraso. Tenía que… - en ese momento Stiles apareció corriendo, bajando las escaleras, pero se quedó a medias cuando se topó con Derek al final de la escalera, y sobre todo con el atuendo tan horriblemente informal que llevaba.
Derek se le quedó mirando, con una ceja alzada a causa de la sorpresa.
En concreto, se quedó mirando el atuendo de Stiles, que se presentó con pantalones y chaqueta de vestir negro oscuro, y con una camisa azul oscuro a juego con la corbata, de un tono un poco más claro.
Su vestuario era ciertamente elegante, pero más apropiado para una boda o una cena de gala.
Stiles tardó dos segundos en darse cuenta de que todos los demás se le habían quedado mirando, y dos más en buscar a su padre y asesinarle con la mirada.
Después de eso, sin decir nada, volvió a subir las escaleras que acababa de bajar, y poco después se oyó un portazo proveniente de su habitación.
Cinco minutos más tarde, cuando todos se habían sentado en la mesa, Stiles reapareció llevando la misma ropa que llevara al principio: Los vaqueros holgados y la camiseta. Y cuando su padre le miró con curiosidad, no le importó asesinarle otra vez con la mirada; daba igual que el resto del mundo le viera y se le acabara de ir a la porra su posible coartada.
El adolescente ocupó el sitio que le habían reservado, justo al lado de Derek, y le saludó con una tímida sonrisa que el hombre lobo respondió con un mínimo asentimiento de la cabeza…
John Stilisnki, que observaba la interacción de su hijo con evidente interés, se preguntó si llegaría a oír la voz de Derek en toda la tarde, y de paso tuvo curiosidad por cómo hacía Stiles (o cualquier otro) para entender lo que Derek quería decir, si estaba claro que no le gustaba usar las palabras… Pero en ese momento Derek miró a su tío, advirtiéndole que dejara de sonreír con una ceja en lo más alto, y ya tuvo su respuesta.
- Bien – anunció el anfitrión para olvidarse de las cejas del hombre lobo, a las que empezaba a mirar con demasiada atención – Las señoritas primero.
Al final, no salió del todo mal.
El principio fue un poco… muy tenso. Eso había que reconocerlo.
Pero era normal, después de todo, siendo la primera vez que se daba una situación con tantas "primeras veces" incluidas.
Por un lado, era la primera vez que Stiles traía a un chico a su casa para que su padre le conociera… Y de acuerdo que John ya conocía a Derek, pero sí que era la primera vez que Derek se presentaba como "novio" y no como simplemente Derek.
Por otro lado, era la primera vez que el susodicho novio de Stiles, se presentaba con su propia familia… Y sí, se daba exactamente la misma situación que antes. Pero en el fondo eso era bueno, porque gracias al hecho de que ya se conocían todos, la parte de que era la primera vez que invitaba a una familia de hombres lobos (y chica coyote) a su casa, resultaba bastante menos impactante de lo que debería haber sido.
Pese a ello, John Stilisnki se encontró enseguida con varios problemas.
El primero era que no sabía muy bien qué tema de conversación sacar. En cualquier otra ocasión, preguntar a qué se dedicaban o cómo estaba la familia, habría sido lo más recurrente… Pero en este caso, estaba claro que esa no era una buena opción… Y casi mejor, porque le seguía resultando extraño que ningún Hale tuviera interés por encontrar un trabajo, aunque sólo fuera para hacer algo durante el día, visto que el dinero no era un problema para ellos.
Por desgracia, ese primer problema le llevó directamente al segundo, que consistió en cometer el error de dejar que Peter empezara a hablar, cansado de oír sólo el repiqueteo de los cubiertos contra los platos. Porque al parecer (aunque nadie había tenido a bien el comentárselo antes), Peter Hale era capaz de estar mucho rato callado… Pero no cuando había posibilidades de convertirse en el centro del espectáculo.
¿Y qué mejor espectáculo que una velada con su familia, junto al novio de su sobrino y el padre de ese novio?
Entonces, el ego sin límites de Peter Hale salía a la luz, dedicándose a hablar de cosas que estaba claro que le apasionaban, como eran las distintas técnicas de caza entre los hombres lobo, o las heridas más graves que había sufrido durante su vida (lo del dedo cortado consiguió que John estuviera a punto de vomitar); y que al parecer, no consideraba como temas inapropiados en una comida con la familia política.
Pero lo gracioso, lo más chocante, fue que acertó de pleno.
Porque cuando hizo el comentario, pese a que se hizo un incómodo silencio en el comedor, enseguida Cora le recordó que no era tan duro como creía, porque Derek había tenido peores heridas con diferencia; tras lo que dio una gráfica y muy detallada descripción de cuando Kali atravesó a su hermano mayor con una tubería de acero.
Y cuando John creía que no debía seguir comiendo porque acabaría vomitando sí o sí, Stiles dio un completo informe de por qué siempre había pensado que en una pelea de hombres lobos contra vampiros (pero los vampiros de verdad, y no esos niñatos que iban a la luz del día y que pudiendo hacer lo que quisieran durante siglos, se dedicaban a ir al instituto) los hombres lobos serían con diferencia los que ganarían; y que se alegraba de que fueran ellos los que existían de verdad, y que sobre todo fueran bastante menos peludos que como salían en las películas… Comentario este último que hizo mirando descaradamente a Derek, consiguiendo que el Sheriff no vomitara, pero sí se atragantara con el vino.
Fue entonces cuando John comprendió que tampoco era para tanto eso de hablar sobre cacerías o heridas humanamente imposibles de curar; pues no dejaba de estar teniendo una comida con hombres lobo, donde intuía que eso era lo normal. Y si quería que aquello funcionara, por el bien de su hijo, que ya iba siendo hora que tuviera suerte con eso del amor; debía esforzarse en ello y amoldarse a la situación…
Y si resultaba que su hijo no era capaz de fijarse en un humano corriente, sino en un hombre lobo bastante atractivo y un poco mayor que él, y que tenía como tío a un antiguo psicópata al que le salían hijas de debajo de las piedras (o de lo más profundo del bosque), pues él iba a ser el primero en apoyarle… Y si para hacerlo tenía que hablar de peleas entre hombres lobo y vampiros, o sobre las similitudes que había entre Yoda y su amigo Deaton; pues que así fuera.
Todo por ver feliz a su hijo.
Stiles no quiso mostrarse tan optimista como su padre.
Sí que lo hacía cada vez que el Sheriff se atrevía a intervenir en la conversación, aunque fuera haciendo preguntas absurdas (para un inexperto en el tema, claro), como si las balas de plata funcionaban o no; pero que al menos dejaba claro que lo estaba intentando. O cuando Peter conseguía sacar los colores a Derek y Cora, comentando anécdotas de cuando eran unos cachorros y aún no controlaban su parte animal…
Entonces Stiles no podía dejar de pensar que había sido una idea genial lo de invitar a toda la familia a comer, pues sentaba bien hacer cosas normales… Aunque los temas de conversación no lo fueran tanto.
Pero cuando se daba cuenta de que Derek apenas estaba interviniendo en la conversación, y que podía contar con los dedos de una mano las palabras que había dicho desde que llegó (salvo "gracias" a su padre, cada vez que éste le pasaba la comida) Entonces se le borraba la sonrisa, y se preguntaba si realmente había sido buena idea.
Lo peor era que ya no sabía qué hacer.
Intentó seguir el consejo de su padre, y limitarse a ser él mismo. Pero a veces, como estaba siendo ahora, resultaba un poco difícil estando rodeados de tanta gente.
Si hubieran estado a solas, como fue su primera idea, Derek se habría mostrado más relajado. Habría podido responder a la constante verborrea de Stiles como solía hacer, a base de gruñidos o miradas asesinas; sabiendo que Stiles no se lo tomaría como una amenaza. Por desgracia, no todo el mundo (y menos su padre Y Sheriff) era capaz de identificar las peculiares formas que Derek y él tenían para comunicarse; con lo que no tenía más remedio que quedarse callado, cada vez más incómodo.
No. Definitivamente no había sido una buena idea.
Stiles bebió un poco más de vino (Peter había conseguido convencer a su padre para que le dejara beber, por tratarse de una comida de celebración), intentando pasar el nudo de nervios que tenía en el estómago… Uno que no dejaba de crecer cada vez que notaba a Derek moverse en su sitio, incómodo, y casi podía oír el crujir de la mandíbula…
¿En qué demonios estaba pensando?
A Derek nunca se le habían dado bien las grandes concentraciones de gente, ni siquiera si eran familiares.
El adolescente tuvo que morderse el labio, porque era eso o ponerse a gritar por haber sido tan idiota; y esperar a que el tiempo pasara hasta que llegara la hora de que los invitados se marcharan.
Y entonces, sólo entonces, tal vez podría hablar a solas con Derek, y pedirle perdón por haber tomado la peor decisión de todas.
El momento para intentar solucionar las cosas, llegó casi tres horas después.
Hacía un buen rato que habían terminado de comer y estaban tomando el café en el salón.
Malía y Cora estaban en uno de los sofás más apartados, cuchicheando entre ellas a saber de qué, porque las miradas que lanzaban a Stiles de vez en cuando eran bastante sospechosas, sobre todo cuando a ellas les seguía una carcajada más que escandalosa.
Y cada vez que eso ocurría Stiles, que estaba más que acostumbrado a ser el blanco de bromas y cotilleos, y eso nunca le había afectado; se limitaba a dejar los ojos en blanco, como si él fuera el más maduro del grupo y no soportara el comportamiento de dos colegialas.
A la cuarta vez que las dos chicas se rieron a costa de Stiles, Derek se limitó a dejar que sus ojos de Beta brillaran, no queriendo perder el tiempo con las palabras (como no), y por fin se quedaron quietas.
Stiles intentó entonces distraerse con lo que quiera que estaban hablando su padre y Peter Hale, pero se dio cuenta que no estaban hablando.
Habían sacado su viejo tablero de ajedrez, y estaban empezando a colocar las piezas.
- ¿En serio? – preguntó a su padre - ¿No teníais otro juego que sacar?
- ¿Qué pasa? – preguntó a su vez el Sheriff, confuso – Peter me ha dicho que hace mucho que no juega. Pensé que sería divertido.
- ¿A qué viene tanto dramatismo, Stiles? – Peter terminó de colocar sus piezas, pero entonces cogió la figura del rey y la observó con curiosidad – Espero que no hayas hecho nada raro con esta pieza…
- Peter… - gruñó Derek a su lado, colocando una mano en la espalda de Stiles, cuando el chico había empezado a hiperventilar - ¿Recuerdas cuando te digo que siempre eres inapropiado?
- ¿Sí? – puso cara de sorpresa, pésimamente fingida; a lo que Derek arqueó una ceja, apretó los labios, y dejó que sus ojos brillaran… Todo en uno - ¿Hay algo que estés intentando decirme? – sonrió, malévolo.
- Nos vamos – dijo Derek de pronto, poniéndose en pie. Pero en vez de esperar a que el resto de los Hale se levantara, agarró a Stiles de la muñeca para obligarle a hacer lo mismo, y se puede decir que le llevó a rastras hasta la puerta… Si bien el adolescente no protestó, también con ganas de irse de allí.
Cuando la puerta de la residencia Stilinski se cerró de un portazo, y poco después se oyó el rugido del jeep, los dos hombres que quedaban dentro de casa (un humano y un hombre lobo), sonrieron con descaro.
- ¿No te dije que funcionaría? – comentó Peter, con prepotencia.
- He de admitir que ha sido bastante efectivo – comentó el Sheriff mientras empezaba a guardar las piezas – Aunque el comentario de la pieza del rey ha estado fuera de lugar.
- ¿Tú crees? – preguntó con retintín, sujetando la pieza de la discordia – Hay cosas que un humano no puede captar.
John puso cara de horror, con las mejillas sonrojadas, y le arrancó la pieza para tirarla en la caja de madera con bastante poca delicadeza. La jugada había estado bien para conseguir que por fin esos dos estuvieran a solas y hablaran del millón de cosas que tenían pendientes, pero que eran tan tontos que no iban a hacerlo sin recibir un poco de ayuda… Pero una cosa era eso, y otra muy distinta sacar a colación la vida íntimamente privada de su hijo.
Terminó de guardar las piezas y cerró el tablero.
Se acabó el ajedrez por una temporada.
