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Ausencia


Sonreí recordando algo, no podía decir bien qué era ese algo, pero si ponía una sonrisa en mi cara, era porque estaba relacionado con mi nena. Si… ondas oscuras flotando en el aire, ojos de un verde profundo mirándome por debajo de las pestañas, caderas moviéndose suavemente y con ritmo bajo los acordes de una música exótica, labios llenos, ese ombligo perforado… oh si, definitivamente era mi nena. Mi diosa pagana que nublaba mis sentidos con su sola presencia y que me dejaba arruinado para el resto del mundo aunque no la tuviera frente a mis ojos para cegarme.

-Señor… hemos llegado—mi sonrisa vaciló cuando oí la voz de mi chofer, que de alguna manera había pasado de estar tras el volante a estar parado al lado de mi puerta abierta. Cielos… esta mujer con su solo pensamiento podía perderme y darme vuelta de cabeza. Negué riendo entre dientes y salí del auto, guardando mis recuerdos para el momento en que estuviera solo en mi cama esta noche, desnudo y deseando tocarla… cielos, iban a ser días largos, aún más largos que los que ya habían pasado.

-Vuelvo en unos minutos—dije acomodando mi corbata, antes de salir caminando hacia el frente del edificio donde mi nena tenía su departamento y yo tenía su llave. No pedí permiso para obtenerla, maldición, era su novio… y como tal era mi obligación y prioridad asegurarme que estuviera todo en orden. Mierda… ¿a quién engaño? Solo necesitaba llegar a la cama de mi amor y hundir mi nariz en su almohada tratando de atrapar el olor de ella y hacerlo fluir por mis venas para que caliente mi corazón… la extrañaba tanto.

Saludé al conserje el cual me dio un asentimiento y seguí hasta el ascensor, cuyo viaje al décimo piso fue extenuantemente largo. Tomé la llave del apartamento y acercándome a la puerta no tardé en abrirla. Cielos… si, todo estaba tal cual ella lo había dejado y ese olor a hogar que ella emanaba, aun persistía en el ambiente o quizá en mi cerebro jodidamente necesitado. Sonreí dejando la llave en mi bolsillo, para poder tocar con las puntas de mis dedos cosas que le pertenecía. El edredón que siempre cruzaba el espaldar de su sofá y con el cual por las noches se cobijaba para ver alguna película, sus libros, muchos de ellos eróticos a juzgar por la cubierta, hice una nota mental: Leerle algún pasaje caliente… sería interesante ver el qué pasaría luego. Caminé hasta la cocina y verifiqué el refrigerador, había desaparecido casi todo excepto algunas manzanas y un cartón de leche que seguramente no tardaría en cuajarse, por lo que lo tomé y lo tiré por el fregadero. Recordé que Leydi tenía una llave y seguramente había ya venido a verificar todo mientras yo estaba en mi triste estado de auto lamentación.

Reí entre dientes, parecía increíble cómo con solo haber visto su hermoso rostro por la pantalla de una computadora, había sido remedio suficiente para levantar a un muerto.

Caminé hasta la habitación recogiendo con mi nariz los vestigios del perfume de mi nena, estaba todo ordenado y en su lugar. Reprimí las ganas de ir hasta su cajón de ropa interior como esos adolescentes estúpidos y me fui a hacer algo peor, me acerqué a su cama y tomando la almohada de debajo del edredón, hundí mi nariz y aspiré como si fuese una línea de cocaína. Cielos, si… allí estaba, su perfume, ligero pero aun allí. Quise gemir, hasta ese momento no sabía cuánto la necesitaba, ella me había vuelto un adicto.

Para proteger mi cordura salí de la habitación como llevado por el diablo y fui hasta la sala, no había vestigio de correo reciente o facturas por pagar, creí que encontraría algunas para hacerme cargo pero luego pensé que seguramente Leydi ya me había ganado de mano. Mierda… tendría que aclarar ese tema con ella.

Con un suspiro volví a la entrada del departamento y con una última mirada salí de allí sin antes pensar que iba a tener que negociar con Leydi por la llave del departamento de mi nena, del cual yo me haría cargo en su ausencia. A demás, tenía que mudar sus cosas, estaba ansioso, quería que cuando Bella volviera nuestro sueño de vivir juntos solo estuviera a metros de distancia. Tenía todo preparado, solo faltaba que se mudara oficialmente. Pensé en la nueva cama que había adquirido, quizá debería llevar su ropa de cama, digo… para ir mudando sus cosas y tener algo familiar en lo que dormir envuelto por la noche. No… para hacerlo todavía tenía que terminar de pintar las paredes del cuarto, había tomado el tema de la remodelación en mis manos y no iba a mudar nada hasta terminar de hacerlo.

Diego me estaba esperando en el Mercedes cuando llegué nuevamente a la entrada del edificio, me subí rápidamente al auto y sin miramientos le pedí ir a los terrenos fuera de la ciudad antes de abrir mi laptop y concentrarme en el trabajo, iba a estar derrotado nuevamente antes de terminar el día si no me centraba en algo más. La ausencia de Bella me estaba matando, cómo quería estar con ella! Cielos… si seguía asi no iba a pasar del fin de semana que volaría hacia ella sin siquiera darme cuenta de haberlo hecho.

Y no necesitaba eso, Bella estaba de vacaciones y solo tenía que convencer tanto a mi cerebro como a mi cuerpo de esa realidad para no sucumbir al fuerte deseo de volar a Jacksonville, una tarea que se había tornado difícil en los primeros días luego de su partida, mierda… era un hombre muerto caminando. Su ausencia me había pegado fuerte y de la peor manera, acentuado al hecho que ella no contestaba mis intentos por ponerme en contacto con el amor de mi vida, mierda… aun pensaba en nuestra sesión de Skype de un par de noches atrás y mi cuerpo parecía vibrar. De repente fue como salir de debajo del agua después de días de haber estado sumergido, era increíblemente peligroso la dependencia de ella que se había desarrollado en mí, un fuerte sentimiento de posesión y hambre que había estado latente y que nació con su ausencia.

Y me asustaba como la mierda.

Había peleado con toda mi familia en mi período de abstinencia, Alice casi me había catalogado como un psicópata obsesivo y Jasper diciéndome que mi forma de actuar era preocupante. Hijo de puta, solo quería verlo el día que Alice desaparezca por días sin hablarle ni hacer acto de aparición, ese día se comería sus palabras. Se había atrevido a decirme que quizá la ausencia de Bella fuera lo mejor, así me centraba en otras cosas más importantes como la pelea por el Spire. ¡Que se fuera a la mierda el Spire! Yo quería a mi mujer y punto. Aro y toda su mierda se podían ir al mismo infierno, donde yo había estado metido hasta que Bella me habló.

Patético y estúpido fui al cantarle esa canción que Jasper había estado escuchando en su estudio a principios de esa semana, un patético e idiota feliz, porque esa canción reflejaba todo lo que estaba sintiendo y más. Y si Bella necesitaba mi estupidez para entenderlo pues, bienvenido fuera, cantaría esa y mil canciones con tal de que me regalara esa mirada llena de amor que me dio a través de la pantalla.

¿Algún día se frenarían estas ganas omnipresentes de estar con ella en todo momento? Parecía que este viaje había acentuado esa necesidad mal sana. Cielos… me aterrorizaba pensar que quizá me estaba volviendo un enfermo psicópata como había dicho Alice. A la mierda… necesitaba a Bella como necesitaba respirar, era así y lo iba a ser siempre, punto.

Cuando llegue a los terrenos de mi futuro hogar junto a Bella, me arrepentí de haber peleado con Emmett el otro día. El hijo de puta me había llamado "pollerudo, faldero y dominado". Si... ¡qué mierda! Lo era ¿y qué? Dependía de mi nena y acababa de ser evidente para todo el mundo.

Al parecer las obras iban viento en popa, mi ojo crítico profesional se hizo cargo en seguida del momento. Los obreros estaban preparando los terrenos, nivelándolos y reforzando lo que serían los futuros cimientos. Caminé hasta mi cuñado que estaba junto a otros hombres analizando lo que, a primera vista, eran los planos. Palmeé su espalda y él me dio una mirada por encima de su hombro, rodó los ojos y rio por lo bajo.

-¿Cómo van los avances?—pregunté a nadie en particular. Los hombres alzaron la vista y al percatarse de mi presencia me saludaron comenzando a exponer todas las actividades que se habían llevado a cabo en los últimos días. Repasé los planos, destaqué algunas cosas, hice algunas recomendaciones y leí algunos informes. Cuando los hombres se marcharon a continuar con su trabajo, volteé hacia Emmett.

-Gracias por haberte hecho cargo estos días Emmett, siento haber desaparecido—reí entre dientes algo avergonzado, había abandonado todo en el primer segundo que pensé que todo mi mundo se había venido abajo. Y mierda si eso no era lo que había prometido a Bella.

-Si bueno, yo te perdono, aunque no se si pueda perdonarte tu madre y las chicas, las dejaste plantadas en la cena del domingo—Emmett estaba observando el plano que se extendía sobre la capota de su camioneta, bajo el sol de Chicago. –Supongo que ya verán cómo te la harán pagar…-

-Si bueno, llamé a mi hermana y le dije que no estaba de humor para asistir a ninguna fiesta—fruncí el ceño –simplemente no tenía motivación para ir—

-¿Por qué? ¿Por qué no esta Bella?... bueno, te recuerdo que eran tus padres quienes festejaban su aniversario—

Miré a Emmett sabiendo que no comprendería y que seguramente nunca lo haría. A veces observaba y llegaba al certero pensamiento, de que el amor que ellos profesaban por sus mujeres no se comparaba ni siquiera en una mínima parte, con el que yo sentía por mi nena. Cielos… a veces llegaba a asustarme a mí mismo, dándome cuenta de lo mucho que estaba obsesionado con esa mujer. Era mi respiración… mierda, mi vida entera y todo mi mundo había pasado a depender de ella.

-¿Qué pasó que apareciste?... ¿A caso hoy te levantaste con todos tus patitos caminando en fila luego de saber que el mundo seguía funcionando y que no se había detenido solo porque tu novia se había ido de vacaciones?—el idiota rio –bien por ti!—

Me rehusé a contestar, mierda… a veces creía que era demasiado transparente con respecto a mis sentimientos por Bella. ¿Era tan evidente que podría llegar a dar mi vida por ella?... mierda, si! Reí entre dientes, era tan evidente que aquí me encontraba, a las orillas del Lago Michigan haciéndole la casa de sus sueños, de nuestros sueños.

-¿Qué es eso que tienes en el cabello? ¿te han salido canas?—Emmett parecía divertido, toqué mi cabello con mis ásperas manos y encontré el objeto de su risa pegado a mi cabello evidenciando que había estado haciendo estos últimos tres días desde que hablé con Bella.

-Es pintura… remodelé mi penthouse y estuve pintando algunas paredes— maldije por haber salido de casa sin haber echado una segunda mirada al espejo esta mañana, la noche anterior había sido productiva en cuanto a pintura de paredes.

-¿En serio?... oh mierda, podrías haberme llamado—

Oh cielos… hablando de llamar…

Me alejé un par de pasos de Emmett y saqué mi teléfono celular, ansioso por oí su voz, sediento por hablar más con ella, por llegar a casa y tratar de encontrarla en Skype o simplemente recibir un mensaje. Sentir más de lo que sentí desde ese día al hablar con ella luego de días de ahogarme en la incertidumbre. No sabía cuánto la necesitaba a mi lado hasta que no la tuve… y ahora la necesitaba de cualquier manera que fuera posible.

Miré nuestro futuro hogar en construcción mientras esperaba que mi llamada hiciera conexión, no pasó mucho tiempo hasta que la voz de la operadora me dijera que había llegado al buzón de voz… ¿había perdido el cargador del nuevo teléfono? ¿si quiera se compró un nuevo teléfono como le había pedido yo? Vamos Bella…

Una llamada más y fruncí el ceño mirando el teléfono, había llegado al buzón de voz nuevamente y decidí llamar a casa de su madre… quizá solo se había olvidado de conectarlo para cargar la batería, iba a tener que hablar con René para que le recordara cargarlo.

Entonces como al cuarto intento, una voz femenina atendió… René.

-Al fin—mascullé cerrando mis ojos.

-¿Hola?—si, era la voz de su madre, con la que había hablado solo unas pocas veces. Al parecer, aun sin conocernos personalmente, ella iba a tener que hacer de mediadora entre su hija y yo… nuevamente.

-René… soy Edward Cullen ¿cómo le va?—

-Edward… hola… muy bien, gracias—no parecía sorprendida

-Al parecer Bella no cargó su celular nuevamente porque llamo y voy directo al buzón de voz, ¿esta ella por ahí?—sonreí esperando la respuesta.

-En realidad no, ella no está aquí—alcé las cejas –hum… por favor, no se alarme, pero necesitaríamos vernos personalmente—

¿Qué no me alarme?...

De repente estaba negando con la cabeza, totalmente en tensión y con un nudo en la garganta que parecía no dejarme respirar -¿Le ha pasado algo a Bella, René?—dije procurando no alzar la voz.

-No!, no… le aseguro que ella está perfectamente bien—dijo rápidamente.

Para ese momento mi mano corría frenéticamente sobre mi cabello tratando de no pensar mal, maldición Edward… no pienses mal!

-¿Dónde está Bella?, René, es imperativo que hable con ella… por favor pásemela—dije modulando la voz, mi corazón latía al ritmo de una locomotora y mi voz pugnaba por salir atropelladamente –dígale que quiero hablar con ella—

-Le he dicho que ella no está aquí, por favor Edward, por favor, solo… necesito hablar con usted personalmente, lo que debo decirle no tengo que hacerlo por teléfono— ella sonaba tranquila y eso me hizo pensar, muy por encima de mi pánico, que Bella estaba bien a pesar del tono de sentencia en la voz de su madre.

Oh por dios… ¿qué mierda sucedía?

No pienses mal Edward, por favor… no pienses mal…

Y me obligué a sostenerme de ese pensamiento hasta volver a ver a Bella a los ojos. Me obligué a tener fe en ella.

-Bien, solo… asegúreme que Bella está bien. Iré a verla esta misma noche—dije a tiempo que miraba el reloj en mi muñeca, tenía tiempo suficiente como para tomar un vuelo a Florida.

-Ella está bien, puede confiar en mí—dijo con alivio en la voz.

Corté la llamada obligándome a bloquear todo mal presentimiento, todo mal pensamiento en mi cabeza y en los erráticos latidos de mi corazón, tragué saliva y cerré los ojos un momento respirando profundo. Tenía que volar con urgencia, Bella estaría allí y tendría que escucharme, su inseguridad repentina y su distancia me estaban matando y sabía por qué hacía esto. Maldición, nunca debía haberle contado nada acerca del maldito Spire, sabía que ella se encontraría culpable de la situación. Ella iba a tener que escucharme y dejar de actuar como lo estaba haciendo, la obligaría a regresar conmigo de ser necesario, no podía más, estaba decidido, no podía manejar esta distancia. Con fingida tranquilidad volví a Emmett, que estaba dando algunas órdenes al capataz.

-Emmett, debo irme…- dije tragando saliva –tengo que salir de viaje por unos días, vendré en cuanto pueda. Necesito que te quedes frente al proyecto y calmes los ánimos con Jasper—mi cuñado me miró con advertencia –sé que no debo salir de la ciudad como están las cosas con Aro—ambos sabíamos que Aro podía hacer alguno próximo movimiento en cualquier momento, pero dios… necesitaba irme con urgencia –pero debo volar a Jacksonville, vendré en un par de días—

Emmett sonrió negando con la cabeza, por supuesto él sabía de mi debilidad –Espero que la traigas de vuelta cuñadito y te dejes de andar llorando por los rincones—rio –si no funciona hablando, pues álzala en tus hombros y has como yo con Rosy… bien al estilo hombre de las cavernas—reí tratando de distender la situación, pero apenas funcionó. En el fondo de mi mente sabía que eso con Bella no iba a funcionar, ella era obstinada como el maldito infierno.

Salí de allí como alma que lleva el diablo, Diego me llevó por la ciudad hasta mi penthouse, teniendo que soportar mis órdenes para que se apresurara. En el Mercedes llamé a la aerolínea y compré un ticket hacia Jacksonville para las tres de la tarde. Tenía tiempo de empacar, hablar con mi abogado y con Leidy. Tenía la certeza de que ella sabía algo más de Bella que René no quiso contarme por teléfono, por dios, necesitaba saber de Bella, qué pasaba por su cabeza, cuáles eran sus temores, me reproché a mí mismo no haberlo sabido antes, no tener la plena concentración en ella como para no intuir que algo estaba pasando en ella y que no me contaría.

Había visto su semblante apagado y taciturno en nuestra sesión de Skype, pero estúpidamente me dije que todo iba a estar bien, qué todo iba a terminar rápido y volveríamos a la normalidad y que ya con Aro y Heidi fuera de nuestra vida íbamos a poder al fin ser felices, aunque tuviera que renunciar al Spire en el ínterin. Mierda… a mí no me importaba, vendrían otros proyectos, más grandes aún, más ambiciosos, pero no, al parecer eso a ella si le importaba. ¿Esa era la razón de su distancia? ¿de su misterio? ¿A caso ella me veía como un idiota que no sabe luchar por lo que quiere? ¿por sus sueños y más profundos deseos? ¿Cómo hacerle entender que mi único y más valorado sueño era solo ella y que lo demás me valía una mierda?

En mi penthouse atiné solo a tomar una de mis valijas de viaje, metí todo cuanto pude agarrar sin analizar nada y la cerré para buscar mi documentación… oh! Y el anillo que tenía la esperanza que esa misma noche Bella luciera en su dedo. Lo guardé todo en mi bolsillo y salí de allí sin más.

De camino al O´Hare aeropuerto, llamé al celular de Leydi. En los dos primero intentos fui directo al buzón de voz, pero ella atendió en el tercero.

-Edward— contestó con dureza. Bien, al menos no se andaba con vueltas.

-Leydi, necesito unas palabras contigo—dije casi enojado. Al parecer y a juzgar por su tono de voz ella sabía más de lo que me imaginaba -¿Qué sucede con Bella? ¿Haz hablado con ella?—

-¿Yo? No sé nada de Bella—dijo con fingida indiferencia -¿tú Edward? ¿haz hablado con ella?—

-He tratado de localizarla hoy pero no me atendió, en cambio su madre me dijo que necesitaba con urgencia hablar conmigo cara a cara… ¿qué sucede Leydi? ¿Bella te ha dicho algo que yo deba saber?—murmuré apretando mi puño, a duras penas podía contener mi voz, quería gritarle, suplicarle o rogarle que me dijera qué era lo que realmente le sucedía a Bella. El porqué de su distancia.

-Repito la pregunta Edward… ¿Has hablado realmente con ella? Realmente—remarcó con vehemencia.

Fruncí el ceño -¿Qué quieres decir?... Leydi… no me vengas con jueguito de palabras aquí y háblame claro, ¿Qué quieres decir con eso?—

Ella suspiró del otro lado –Mira Edward, yo… amo a Bella, es como la hermana que nunca tuve, mi mejor amiga y odio, pero odio a cualquiera que se atreva a jugar con la gente que quiero. Ella no merece andar bajo la sombra de nadie, de nadie… mucho menos de un hombre—

-Espera, Leydi… ¿estás insinuando algo que tenga que ver conmigo?—mascullé molesto. ¡Por dios! No podía creer que ella tratara de insinuar que yo jugaba con Bella. Apreté mis puños y dientes y me mordí la lengua para no soltar algo de lo que más tarde me arrepentiría -¿qué mierda te hace pensar que estoy jugando con ella? ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo Leydi? ¡Yo la amo más que a nada en el mundo!—exploté –dime ¿qué mierda te hizo pensar eso? ¿Acaso Bella siente eso?—traté de no entrar en pánico y respiré profundo –dime por favor que ella no lo siente…-

-Tú le ocultaste muchas cosas Edward y no voy a seguir hablando porque me conozco y sé que te voy a cantar las cuarenta canciones y… no es mi lugar para reprocharte—

-¿Bella dijo que yo le oculté cosas?—murmuré con el corazón corriendo en mi pecho.

-¡Vamos Cullen!...—Leydi gruñó –al fin y al cabo la desabrida de tu ex novia, puede ser muy perra y desalmada, pero fue la única que encaró a Bella con sinceridad, auqnue claro su objetivo era herirla, no ser su mejor amiga—

-¿De qué estás hablando?—ante la mención de Heidi mi boca se secó… santa mierda -¿Me estás diciendo que Bella habló con Heidi?—

-Ja!... con Heidi, con la prima, el primo, el padre, el perro… aghh—Leydi parecía enfurecida, pero en nada se comparaba con la rabia que estaba bullendo en mi interior –¡todos menos tú Edward Cullen! Me la estaba comiendo ésta, pero ya basta… mentir y ocultar son la misma mierda para mí y tú te permitiste hacer ambas cosas con Bella. Ahora… ¡Aguántate lo que se te viene!—

Abrí la boca para preguntar con las venas en mis sienes palpitando y mi mano apenas resistiéndose chocar con fuerza contra el parabrisas, pero Leydi me había cortado.

-¡Diego apúrate!—grité de rabia, queriendo llegar ya mismo con Bella, preguntar, hablar, descubrir mi estupidez y pedir perdón de rodillas. Ocultar!... no, no, no es lo mismo que mentir… oculté cosas a Bella para protegerla, para no inmiscuirla en la mierda en que me había metido. ¿Pero entonces de que sirvió si Leydi estaba dándome a entender que Bella había hablado con Heidi? ¿Qué mierda habían hablado? ¿Qué mierda estaba haciendo Heidi con mi mujer? ¡Hija de puta! No, no, no…

Tomé mi cabeza entre mis manos imaginando la sarta de mierda que Heidi podría haberle dicho a Bella… ¿ese era el motivo de su indiferencia? ¿de su tristeza y de su enojo? ¿A causa de eso ella se había alejado de mí? Oh mi amor!...

Gruñí maldiciéndome a mí mismo por no haberle ahorrado eso, me maldije a mí mismo por haber sido un total estúpido y ciego con respecto a ella. ¿Dónde mierda estaba yo cuando Heidi se acercó? Oh mierda… los días enteros en que la había tenido abandonada y sola por estar centrado en mis propios problemas… ¡Hijo de puta!

¿Y Aro? ¿A caso él también había soltado su lengua bífida con mi amor?

Oh por favor... quería cerrar la distancia y llegar a ella, estrecharla entre mis brazos y llevarla lejos, lejos, malditamente lejos. Bella, Bella… Bella.

El vuelo fue una mierda de largo. Mi cuerpo en tensión estaba rígido en el sofá cama de la clase ejecutiva. Tomé dos o tres tragos de Wyski pero nada podía detener el estado de pánico permanente en el que estaba inmerso, mierda… no quería pensar mal… hacerlo me desesperaba, necesitaba saber que Bella estaba allí en casa de su madre, que le daría una sorpresa con mi llegada, que hablaríamos, que seguramente lloraría, que le contaría del maldito contrato que Aro pretendía que firmase y que jamás haría y que al final del día y a pesar de todo ella estaría usando en su dedo anular el anillo que viajaba conmigo, necesitaba creer.

Estaba el sol en el horizonte cuando el avión comenzó a descender de los 15 mil metros de su altura crucero y a medida que nos íbamos acercando a tierra mi corazón luchaba entre las certeza de que Bella estaría en casa de su madre tomando sol y la agonía de poder perderla por mi estúpido comportamiento con ella. Por dios! La había subestimado… y no había sido mi intención hacerlo, solo quería apartarla de ese mundo de frivolidades en el que yo me movía y solo había logrado involucrarla más de lo que había creído. Las lenguas viperinas de Heidi y Aro habían llegado a ella. Si ella era capaz de perdonarme y me dejaba explicarle con detalles los pormenores de mi situación, no iba a dejar que nunca más dudara de mí, iba a ser un mejor hombre solo para ella.

El aire cálido y húmedo cayó sobre mí apenas dejé el aeropuerto, a pesar de que el sol transitaba sus últimas horas del día. Tomé la maleta con la que había llegado y me dirigí al área de salida, donde un auto de alquiler esperaba por mí. Respiré al dirigirme al Volvo S60 último modelo que esperaba por mí en la acera, firmé los papeles de arrendamiento que el empleado de la agencia me tendió y luego de unos minutos arranqué el auto para salir de ese aeropuerto hacia la costa, donde la madre de Bella tenía su propiedad.

Oh dios…

Solo salí del auto y tomando un respiro profundo, me encaminé por el camino de graba hacia la casa de estilo español que se alzaba sobre la costa de playa de arena blancas, toqué la madera blanca con mis nudillos con determinación y esperé. Solo quería que Bella me abriera la puerta, entrar y exigirle que me deje dar mis explicaciones. Ella debía entender que si oculté cosas, si omití y hasta mentí, fue por ella. Mierda, la excusa sonaba ridícula y sin sentido en mi mente, pero era la verdad. Simple y llanamente fui un estúpido arrogante que pensó que las tenía todas con él, el amor, el trabajo, el éxito… cuando poco a poco y sin saberlo estaba perdiendo lo más importantes de todas esas cosas. Bella.

Una mujer rubia, delgada y de hermosos ojos azules apareció en el umbral de la casa, era la madre de Bella, lo sabía por el parecido en sus rasgos. Traté de sonreír mirando sobre su hombro, Bella no estaba a la vista.

-Señora René Dweyer—deduje extendiendo mi mano a modo de saludo – soy Edward Cullen, el novio de Bella—

-Oh—masculló ella sorprendida, frunció el ceño y abrió la puerta dando un paso hacia atrás dejándome espacio para pasar, lo hice luego de que ella sacudiera ligeramente mi mano –Sinceramente no esperaba tenerlo tan pronto por aquí Edward—

-Por favor, llámeme Edward—mis ojos recorrieron la estancia tratando de recoger con mis ojos alguna pista de mi amor –salí lo más pronto que pude hacia aquí, afortunadamente encontré un vuelo—asentí con una sonrisa urgente –quisiera que le avisara a Bella que estoy aquí, quisiera hablar con ella. Luego, me gustaría poder hablar con usted y escuchar lo que tenía para decirme… pero ahora mismo Señora Dewyer, solo deseo ver a Bella—

Ella asintió y cerró la puerta detrás de nosotros, con la mano extendida señaló el sofá , en el cual no me senté, solo me paré en el medio de la sala con las manos en los bolsillos y mi mirada puesta en las escaleras, como si de un momento a otro vería a Bella bajar los escalones corriendo para lanzarse en mis brazos. Juré que si no aparecía me lanzaría yo a subir esas escaleras a buscarla en alguna de las habitaciones superiores.

Por dios… me dolían las manos para tocarla. Una semana había sido demasiado tiempo separados. Se terminaba acá. Agradecí haber traído ropa suficiente y mi laptop para trabajar desde aquí, Aro se podía ir bien al demonio.

-Edward por favor siéntese, ¿quieres beber algo?—

Volteé a mirar a mi suegra y alcé una ceja, -Hum, no René gracias, solo… ¿esta Bella en casa?—pregunté frunciendo el entrecejo, era ahora que dudaba de la certeza de encontrarla y recibirme alegre en casa de su madre.

-No, Bella no está…- volvió a señalar el sofá –creo que este es el momento que deberíamos tener la charla que tenemos pendiente—

- ¿Dónde está?—dije sin escucharla.

-Edward por favor…- cerré los ojos, no quería ver la manera en la que me estaba mirando, con una mezcla de compasión y suplica.

Di media vuelta e hice lo que tenía ganas de hacer apenas entré a esa casa, subí las escaleras hacia las habitaciones superiores. – ¡Bella!—grité buscándola.

- ¡Edward!—René venía detrás de mí pero no estaba dispuesto a detenerme. ¿Cuál sería la habitación de mi nena? –Por favor… no la busques más, ¡Bella se fue!...-

Me detuve en seco frunciendo el entrecejo, volteé lentamente hacia la mujer que tenía detrás de mí y que me miraba con miedo, con terror, como si yo fuera a saltarle encima, como si fuera a dañarla. Bueno… quería saltarle encima, pero para exigirle que me aclarara lo que acababa de decir.

-¿Qué?—dije negando con la cabeza confundido – Perdón René… creo que no te entendí bien—

-Bella se fue… ella se fue—escupió como si yo tuviera la culpa de ello -Me dijo que necesitaba irse, tomar distancia y se fue… cuando volví de mi trabajo ella ya no estaba—murmuró bajando la mirada por un momento.

-¿Dónde está?... no, no… me estas mintiendo—reí sin rastro de humor –ella te dijo que me dijeras eso ¿no? ¿Acaso ella está empeñada aún en tomar distancia de mí? ¿Qué me estás diciendo René?—a medida que iba hablando mi voz iba aumentando de tono, al último estaba vociferando sin medir las consecuencias -¡¿Dónde mierda está Bella?!—Exigí volteando sobre mi eje, mirando las puertas de las habitaciones de ese piso -¡Bella!— bramé sin respuesta.

Esa pequeña me iba a escuchar, ella iba a aprender a no esconderse de mí… ¿queria jugar a las escondidas conmigo? Bueno, no me hacía ni una maldita gracia, la encontraría y la pondría sobre mis rodillas con el culo al aire para servirme. Podía permitir que cualquiera quisiera tomar distancia de mí, cualquiera, porque mierda… yo podía ser un reverendo hijo de puta cuando quería, pero no ella, ¡ella no! Su distancia era como muerte en vida para mí… ¿quién se creía que era para osar hacerlo?

-¡Bella!— mi corazón quería salirse de mi pecho… ¡no pienses mal hijo de puta! Bella solo está escondiéndose. ¿Por qué no me quiere ver?

-¡Edward!... Bella se fue, mira—René avanzó hacia una puerta que estaba entrecerrada, la abrió y entró señalando su interior –esta era su habitación, no hay nada, solo dejó un par de cosas, ¡pero se llevó todo!— señaló con énfasis lo que la rodeaba.

¿Qué carajo me estaba diciendo esta mujer?

Me acerqué a la habitación… y si, reconocí el cabecero de hierro forjado blanco de la cabecera de su cama, estaba detrás de ella ese día que hablamos por Skype. Pero esa habitación, más allá de ser la misma, estaba vacía. Tan vacía como mi pecho en esos momentos. La sangre abandonó mi rostro y mis manos temblaron… ¿qué?

-¿Dónde está?—Susurré sin dar crédito a lo que veían mis ojos, caminé hacia la puerta del closet de la habitación y la abrí con el corazón en la garganta.

-Se fue—sollozó René, la miré y vi las lágrimas derramándose sobre sus mejillas –ella no soportó, dijo que estaba cansada y se fue… no me dijo muy bien por qué, la noche anterior hablamos… pero no sé… dónde, solo… ¡se fue!— gritó ya con furia –dijo que no soportaba… que no soportaba ¿qué Edward?. ¿De qué manera la heriste? Dijo que estaba relacionado contigo… ¿qué le hiciste?-

No le creí… en el mismo instante en que dijo "no me dijo dónde", supe que en realidad esa mujer sabía. Y ¿qué le hice? Le hice muchas cosas, mentirle, ocultarle cosas, tratarla como a una nena superficial, por dios… si ella se había ido yo…

Sostuve mi cabeza con ambas manos un momento, pero luego las dejé caer comenzando a caminar hacia René , la tomé de los hombros y bajé mi mirada al nivel de sus ojos, vi el miedo en ellos al igual que la mentira,

-Quiero que me digas en este instante a dónde fue Bella, quiero que me digas el lugar exacto al que fue y cuando- noté su turbación inicial, aunque recompuso rápidamente su gesto –dime René porque te juro que no tardaré en salir a buscarla hasta en el último edificio de esta ciudad, Bella es mía, la amo y quiero saber dónde mierda está… ¡Dime!—ella saltó entre mis manos.

-No sé… simplemente se fue, esperó que estuviera sola para irse. Por favor Edward, ella me contó, lo hizo, ella me dijo que su relación contigo no daba para más— traté de llevar aire a mis pulmones, pero por un momento me pareció que fallaron.

-¿Qué quieres decir con eso?—estaba furioso, ¿Bella estaba abrumada con nuestra relación? ¿por qué? Si yo no sabía otra cosa que amarla -dime exactamente lo que te dijo—

-Dijo que estaba cansada de las presiones, que la abrumabas, que no puede estar a la altura de lo que a tu mundo se refiere, no sé exactamente a qué se refirió, pero fue demasiado Edward, ella se veía colapsada… rendida y derrotada. Nunca vi a mi hija así, si algo sucedió entre ustedes fue suficientemente fuerte como para derribarla. Ella huyó de ti, por favor… no la busques-

Bufé incrédulo -¿Qué no la busque?—negué con la cabeza –ella no sabe lo fuerte que aquí la tengo enterrada—gruñí golpeando mi pecho a la altura del corazón –ella es mi vida René… dime dónde está—

-Lo siento—ella negó con la cabeza –pero no sé, ella no dijo dónde iría, como te dije, se fue cuando en casa no había nadie—miró hacia una de las mesas de luz –Aunque dejó algo para ti, que encontré encima de su cama-

-Oh dios…- gemí tapando mi rostro con ambas manos… Que no sea una carta, que no sea una maldita carta… ¿cómo puedes hacerme esto mi amor?

René salió de la habitación y un par de minutos después volvió con algo entre sus manos, una bosa de plástico transparente en el que a primera vista pude ver el celular que yo le había regalado tiempo atrás. ¿Qué mierda nena?

-No revisé nada, esta intacto tal cual ella lo dejó—me tendió las cosas, en seguida rasgué la bosa y vi a demás del celular, la tarjeta de débito que había adquirido hace unos días, una cajita pequeña que al abrirla me hizo jadear, el piercing que le había regalado con mis iniciales en el engarce… mi amor!... y por ultimo las llaves de su departamento—

-No sé qué hacer con esas llaves, son de ella, las escrituras del departamento están a su nombre… quizá pueda alquilar el lugar—

-¡No!... no—dificultosamente tomé aire a través del nudo que se había instalado en mi garganta –yo me haré cargo, lo cuidaré, ese lugar es de ella-

Mis manos temblaron al introducir primero las llaves en el bolsillo de mi pantalón, luego el celular y por último guardar la tarjeta de débito dentro de mi billetera. Al piercing lo acerqué a mis labios y luego de besarlo lo guardé en el bolsillo de mi camisa, cerca de mi corazón.

¿Qué mierda hiciste Bella?

Carraspeé tratando de mantener la compostura para poder salir de esa casa por mis propios medios, porque en realidad sentía que me moría.

-Por favor… por ultima vez—volteé hacia René, que igualmente se veía desolada -¿dónde se fue?—

Pasaron segundos, minutos, quizá horas en las que la madre del amor de mi vida no abrió la boca, dándome a entender que su lealtad estaba con Bella. No me rendí, en ese mismo instante prometí por el amor que colmaba mi corazón más allá del inmenso dolor, que la encontraría. Bella no se me iba a ir entre los dedos así como así. Y lo tomé como un reto, porque mi nena estaba jugando a las escondidas y yo iba a encontrarla.

*o*

-¡No me interesa lo que tome o lo que me cueste! Quiero al mejor investigador privado que conozcas y lo pongas a mis ordenes lo antes posible—mi mano tembló, mis nervios estaban destruyéndome y quería estar solo para desahogar mi frustración, pero no podía detenerme… con cada segundo que me detenía Bella estaba mas lejos de mí –mira Eleazar, quiero que lo hagas lo mas pronto posible, estoy en el Hyatt Regency, tengo que hacer algunas investigaciones y volveré a Chicago en cuanto pueda—

-Edward, el comité te ha citado, Aro quiere hablar contigo, estamos a un paso de definir tu situación, debes volver lo antes posible—

-Me importa una mierda lo que quiera Aro, el comité puede esperar si lo que quieren decirme es que me sacaran mi matricula y que mi carrera caerá a pique, me importa una mierda todo lo que tenga que ver con el Spire. Quiero que te hagas cargo como mi abogado en buscar al mejor investigador y ponerlo bajo mis órdenes, no hay discusión…. Cuando tengas a alguien llámame—corté la llamada y tuve que apretar mis manos sobre mis muslos para no arrojar el celular a la pared.

-¡¿Dónde estas?!—grité tomando mi cabeza con ambas manos –Bella… ¿dónde mierda estas? ¿Por qué me castigas así?—

De repente permití que todo lo acaecido ese día se desplazara de mí, perdí la fuerza en mis rodillas y perdí mi compostura. Un gruñido se formó de mi garganta y lastimó mis cuerdas bocales, el lamento de un hombre herido, abandonado, con la culpa rebullendo en su ser. Bella se había ido por mi culpa, mis mentiras de mierda, mi inclinación por tratarla como un ser intocable, por hacerla a un lado de mis problemas. ¡Ella iba a ser mi esposa, carajo!, tenía mi futuro pensado con sumo detalle con ella y nunca pregunté, tenía en mi mente la casa con cada cuarto, con cada ambiente, los hijos por doquier, tenía las imágenes de nuestras vacaciones, el destino, hasta el mandito anillo y ¡nunca pregunté! Pensándome seguro de obtenerlo, dando todo por sentado.

¿Por qué me equivoqué tanto? ¿Por que subestimé a Heidi y dejé que se acercara a Bella? ¿Por qué dejé que Aro tomara el control de todo en mi vida, incluso de ella? Lo más preciado, lo único.

-Estúpido—gemí arrodillado en el suelo –estúpido idiota de mierda—gruñí entre dientes mientras dejaba caer mi cuerpo hacia adelante, mi frente escoció cuando rozó la alfombra, mis labios entreabiertos en una mueca gritaban mudamente, mi corazón parecía a punto de estallar. A diferencia de esos que dicen que el corazón se detiene ante la perdida, el mío quería salirse de mi pecho, mi cuerpo ya no era lo suficientemente cómodo para mi corazón, que solo vivía por ella.

No, no… mierda, mierda, mierda. Llevé mi puño a mi pecho y me toqué donde dolía, donde presionaba y no podía respirar. Ahogué un gemido lastimoso cuando sentí el piercing en el bolsillo de mi camisa, cerca de mi corazón, justo allí donde ella pertenecía.

Bella…

Eres mía nena, mía… ¿Cómo te atreves a dejarme así? ¿No ves cuánto te amo? ¿A caso nunca lo sentiste con la misma intensidad con que yo lo hago?

Bella…

Quería gritar, quería que mi voz llegara hasta ella y hacerle saber cuánto la necesitaba. Que volviera, obligarla a permanecer a mi lado, porque maldita sea, ella pertenecía a mi lado, ella era mi fuerza.

Mi vida entera…

Era de noche cuando desperté sobre la alfombra, la humedad mojaba mi rostro, una mezcla de saliva y lágrimas. La luz de la luna entraba por la ventana, se reflejaba sobre las aguas del océano, algo que me pareció un insulto, las cosas bellas solo eran bellas en su presencia, sin ella todo sabía a nada.

Me senté con dificultad con mi espalda contra el filo de la cama, mi cuerpo entero gritaba, cada centímetro de mí dolía a carne viva, refregué mi rostro con ambas manos y dejé caer mi cabeza hacia atrás mirando el techo.

-Bella—gemí odiándola, aunque al segundo siguiente me odié por odiarla. Ella era una victima de Aro y mis mentiras. Miré sobre la cama y vi el paquete transparente con sus cosas, mis regalos. Reí sin humor, cosas insulsas que le había dado en lugar de mi entera confianza, no la merecía, pero la quería. Era un egoísta hijo de puta, la quería a mi lado para siempre.

Estiré mi mano paras tomar el celular, lo encendí y esperé mirando la pantalla. Quizá había información del vuelo que tomó, la hora, quizá una llama, un mensaje. Casi me doy la cabeza contra la pared cuando vi la foto en su fondo de pantalla, una nuestra, ella y yo mirándonos. Lo recordaba, ese momento sobre el césped del Millenium park en el que lo único que pude hacer era mirarla y besarla hasta perder el sentido de dónde nos encontrábamos, mi mujer… tan hermosa con su sonrisa luminosa y sus ojos llenos de paz.

Fui al buzón de entrada y revisé sus mensajes, nada fuera de lo común, unos cuando intercambiados con Leydi, otros con su madre y algunos con Alice… "Cuñadita, deja al sonso de mi hermano un ratito y ven a tomar té"… reí entre dientes. Mi mirada de nubló tras un velo de lágrimas cuando leí los últimos intercambiados conmigo desde el aeropuerto de chicago, antes de subirse a ese avión que la separaría de mí… "Te amo tanto mi amor, por favor, se que no te gusta que me valla, pero nos hará bien, esto nos hará bien, tú concéntrate!"

-No me hace bien mi amor… te necesito mucho, aquí conmigo…- susurré limpiando mis mejillas con una mano temblorosa.

No había llamadas fuera de lugar, las últimas fueron anteriores a su viaje a Jacksonville y fueron dirigidas a mí en su mayoría, Leydi, Jake… aunque bien podría haber borrados muchas llamadas emitidas. Cielos bebé… dame pistas.

Volví al menú y a punto de apretar el botón de apagado, me dejé llevar por mi dolor y abrí el álbum de fotografías. Sonreí acuosamente al verla a ella, mi nena hermosa con un traje de odalisca en tonos azules, lo recordaba, el mismo de su último baile para mí, el de mi cumpleaños… Oh Bella, dios….

No podía ser más hermosa… No te perdí mi amor, te voy a encontrar…

Avancé en las fotografías, de Papi jr eran la mayoría, reí con algunas y con otras, en las que ella salía abrazándolo y jugando con él, mordí mi labio tembloroso. Hasta que llegué a una, especialmente borrosa, como si la hubiese sacado apresuradamente.

¿Qué era?

Hice un acercamiento con el zoom… y entonces fue cuando lo distinguí.

Me incorporé olvidando el dolor en mi espalda. ¿Heidi?... ¿Heidi y quién?

-Hija de mil puta— gruñí distinguiendo a su acompañante. Giobani la estaba besando y Bella había sacado una foto… ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Qué significaba esto?

¿¡Qué carajo significaba esto?!

¿Giobani a caso era amante de Heidi? ¿Desde cuándo? ¿Qué mierda pretendía ella con el estudiante que hacía su postgrado en mi estudio? Recordé las palabras salidas de su boca diciéndome que me amaba aún, que quería ser feliz como antes. Reí con sarcasmo y me pregunté cómo había podido perder tres años de mi vida con una mujer como esa? Por dios… de lo que Bella me había salvado.

A pesar de eso, conocía a Heidi y su ego sobrealimentado… Giobani no significaba nada para ella, ahora la pregunta era ¿qué beneficio sacaba ella de esa relación? Mi cerebro comenzó a trabajar a pesar del cansancio de las ultimas horas, mirando la foto y la cara incomoda de la que un día fue mi prometida confirme mi sospecha, Heidi y Giobani tenían algo entre manos que iba más allá que un tórrido romance. Tenía que averiguar qué era.

¿Desde cuándo habían estado actuando a mis espaldas? ¿Tendría que ver algo esto con el hecho de que alguien defraudó mi confianza en el estudio poniendo mis firmas donde no debía? Tenía que hablar con Eleazar, ahora mas que nunca necesitaba ese investigador.

Pero primero lo primero… regresar a mi nena donde correspondía, sobre mi regazo.

Tenía mucho por hacer, no me iba a permitir perderla, ella era mi aliento, mi vida entera. No la iba a perder. De repente mi optimismo hizo al mundo demasiado chico para buscarla, tenía la fuerza de mi amor por ella para hacerlo y no iba a parar hasta volver a ver esos exóticos ojos verdes.

Reacciona Edward, reacciona y toma el toro por las astas… por ella, siempre por ella.

Dos horas más tarde había juntado fuerzas y voluntad para tomarme una ducha rápida y preparar mi maleta, debía volver a Chicago, tenía que hablar con Leydi y saber qué sabía ella de Bella, tenía que increpar a Heidi y saber qué mierda le había dicho a mi novia y tenía que ver a Aro, renunciar a lo que debería haber renunciado hacía tiempo y dejar esa etapa atrás.

Tenía que buscar a Bella, sentía que me ahogaba.

Llegué a Chicago al medio día del otro día, un día sin ella y ya me parecía eterno. No fui a mi penthouse, le pedí a Diego ir directamente a la casa de Aro Vulturis, tenía que terminar con la mierda de Aro y si tenía suerte y encontraba a Heidi, encararla. Me debía muchas explicaciones, lo más importante, lo que había hablado con Bella. Era, si la vida y el destino me lo permitían, la última vez que pisaba esa mansión y no lo hacía de buen gusto, mancillaba mi orgullo al volver allí, pero lo hacía por Bella, solo por ella…. Mierda amor, si supiera que por ti bajaría hasta el mismísimo infierno…

Una de las empleadas me recibió en el vestíbulo y me anunció con Aro, que trabajaba en su despacho, ella misma me hizo pasar minutos después y seguirla hasta ese lugar que ahora me parecía lóbrego y casi siniestro. Lo odiaba, lo odiaba con toda mi alma, ese lugar engulló mis energías por años y yo sin darme cuenta, ese lugar contuvo una historia de amor falsa dirigido por intereses y conveniencias que iban dirigiendo mi vida aún sin yo saberlo.

Detestaba la mansión Vulturis.

-¡Edward!, que alegría verte—la falsedad de Aro se desplegó apenas crucé la puerta de su despacho, tuve el fuerte impulso de reía a carcajadas, vamos… su falsedad era tan obvia como que tan obvio era su desprecio.

Bueno… íbamos a jugar al mismo juego

-Aro, ¿qué tal?—sonreí sínicamente sin tenderle la mano –supongo que no te sorprende verme por aquí—apoyé ambas manos en el respaldo de la silla que había frente a su escritorio, él sonrió y juntó las manos debajo de su mentón.

-Dime a qué vienes y comprenderé si me sorprendes o no—

-Primero que nada… ¿Está Heidi?... me gustaría tenerla aquí con nosotros para hacer un anuncio—murmuré tomando mi celular.

-Por supuesto, debe estar en el jardín con algunas amigas—llamó por el intercomunicador –Leticia dile a la Señorita Heidi que venga a mi despacho en este momento—

-Necesitaría que me permitieras conectarme a alguna señal de bluetooth por favor—Aro me miró con las cejas alzadas –confía en mí, necesito que veas algo al igual que Heidi—

-¿Qué es Edward?—percibí su desconfianza en seguida,

-Es algo que quiero que veas, nada malo Aro- … para mí al menos.

-El bluetooth de mi computadora personal está activado—

-Gracias— mascullé buscando la señal en mi celular, una vez que la encontré solo esperé a Heidi que no tardó en llegar.

-¡Edward!—ella entró por la puerta directamente hacia mis brazos, la tomé por los hombros para mantenerla lejos y sonreí.

-Tan ansiosa Heidi—alcé una ceja, ella sonrió acariciando mi pecho.

-Es que extrañaba que me dijeran "El señor Cullen a llegado" y que luego me llamaran al despacho de papá… ¿puedo ilusionarme al menos?—

Sonreí volviendo hacia Aro –Heidi quisiera hablar con ambos, tú y tu padre, pero antes quisiera que vieran algo…- señalé la computadora de mi ex suegro y envié el archivo que tenía en mi celular. Un alerta de archivo recibido replicó en el ambiente y le pedí a Aro que volteara la pantalla un poco así Heidi también veía lo que tenía para mostrar.

Cuando Aro abrió el archivo, Heidi ahogó un grito. Si… ahí estaba ella, en brazos de su amante, curiosamente mi empleado, en un lugar público y al mismo tiempo asegurando que me amaba y que quería volver conmigo.

Aro miró la foto con el ceño fruncido, luego miró a su hija y de vuelta a la pantalla de la computadora, si Aro… es ella… tu intachable hija.

Miré a Heidi y quise sonreír cuando la vi pálida, sin palabras y con la mirada avergonzada dirigida a su padre, luego de unos segundos ella me miró.

-Eso fue solo un beso, luego de que rompieras conmigo, estaba enojada y triste— murmuró entrecortadamente.

-Si… y justo te topaste con mi empleado ¿no?... además a juzgar por la fecha que la foto fue tomada, no fue hace mucho, solo unas cuantas semanas atrás Heidi—

-Solo fue por despecho, lo conocí en el estudio pero nunca tuvimos nada, lo siento Edward, yo te puedo perdonar tu affaire con esa bailarina, ¿tú no puedes perdonar un beso?—

Quise reír… -Yo no pediré perdón por nada y no espero tampoco que me pidas perdón tú a mí. Puedes meterte con quien quieras, mucho mejor para mí… ahora, ¿por qué él? ¿por qué un simple pasante de ingeniería que casualmente trabaja en mi estudio? Cuando ambos sabemos que tus estándares van más allá—

-Heidi, ¿qué significa esto?—Aro finalmente habló. Su mirada incrédula volvía reiteradamente a la pantalla de su laptop -¿quién es este hombre?—

-Es Giobani Otello, uno de mis estudiantes de postgrado que tenemos haciendo pasantía en el estudio—miré a Heidi –me alegro que te repusieras tan rápido de nuestro rompimiento, pero quiero saber ¿por qué Giobani? El chico tiene apenas 23 años y es un estudiante, de repente se me ocurre pensar en la cantidad de problemas que tengo en mi estudio, documentos que yo no recuerdo firmar, fondos malversados, filtración de información…-

-¿Qué estas insinuando Edward?—Aro se paró de su silla.

-Solo les estoy advirtiendo a ambos que esto será investigado, así como lo veo él es un sospechoso—

-Edward, no voy a permitir que ofendas de esta manera nuestro buen nombre.. ¿acaso estas insinuando que Heidi tiene algo que ver con las malversaciones en base a una foto sacada al azar? ¿Quién la sacó en primer lugar?

-Alguien de mi entera confianza y no Aro, no estoy ofendiendo tu buen nombre, creo que eso lo hacen ustedes mismos sin que yo haga el menor aporte. Solo te estoy diciendo Heidi, que voy a investigar a Giobani porque todo esto me parece muy raro, una relación fugaz e inverosímil con uno de mis empleados en el momento en que toda la mierda se me viene encima… dime tú si no te parece sospechoso Aro—señalé a mi ex suegro -Ahora, quiero hablar de otro tema con ustedes—

-Quiero que mis abogados estén presentes si nos vas a volver a difamar de la manera en que lo estás haciendo— Aro replicó

-No hace falta ni un maldito abogado… quiero que me digan qué mierda hablaron con mi novia. Sé que ustedes estuvieron hostigándola, quiero que me digan en este momento con qué derecho se meten en mi relación con ella—volteé hacia la rubia a mi lado –tú Heidi, quiero saber que fuiste a decirle a Bella, porque sé que fuiste a verla—

Ella me miró con orgullo y tuvo el descaro de poner su frente en alto –Fui a advertirle lo que podía pasarte si ella no se alejaba de ti, eso fui a decirle… porque yo si pienso en ti, porque a mí me importa lo que te suceda—

-¿Qué?—gruñí dando un paso hacia ella, un paso que ella dio hacia atrás.

-¡Edward!—Aro golpeó la madera de su escritorio con un puño, su gesto denotaba furia, pero también regocijo –debo decir que ella es más sensata que tú—él abrió uno de los cajones de su escritorio y sacó una carpeta de manila que tiró encima –Heidi sal de mi despacho ahora—ordenó duramente.

Ella no esperó que se lo dijera dos veces, salió por la puerta taconeando y sin mirar atrás. Iba a arreglar cuentas con ella más tarde.

-¿De qué mierda estás hablando?—murmuré respirando agitadamente, ¿qué había hecho el hijo de puta con mi nena?

-Mira la carpeta Edward—señaló la que tenía sobre el escritorio –debo decir a mi favor, que ella vino a mí. ¿Qué clase de amante eres Edward? Que en lugar de ir a ti por una respuesta, acudió a mí—

-Dime que mierda le dijiste…- respiré

-La verdad, le aclaré punto por punto el arreglo al que quería llegar contigo para seguir con el proyecto del Spire y dejarlo en tus manos, le expliqué las consecuencias si no llegábamos a un acuerdo y ella sopesó sus opciones, que debo decir no eran muchas, pero que aceptó sin contemplaciones. Debo decirte la verdad Edward, esa niña resultó ser más madura de lo que se veía—

Abrí la carpeta de manila con un nudo en la puta garganta, no quería saber, sin embargo si quería ver a lo que se expuso Bella, tenía que hacerlo. Mierda… era el mismo contrato que él osó que yo firmara en un primer momento, el mismo, solo que ahora era Bella la involucrada. Cuando llegué a la última hoja no pude mantenerme parado, caí sobre la silla al ver la firma de Bella en ese documento, acordando alejarse y tomar distancia, literalmente desaparecer, para mi beneficio, para el maldito beneficio de la sociedad entre Aro y yo—

-¿Qué hiciste hijo de puta?—gruñí entre dientes sosteniéndome del borde del escritorio para evitar con todas mis fuerzas levantarme y matarlo a golpes.

Él señaló el documento con ambas manos, -Yo solo le expuse los puntos, ella voluntariamente firmó… muy buena chica, sacrificarse por amor… aunque debo corregir ese pensamiento, porque tanto amor no te profesaba si decidió seguir con su vida y no apoyar la tuya ¿no?—

-Hijo de puta—mascullé antes de levantarme de la silla, respiré agitadamente sin sacarle la mirada de encima, Mi amor!... ¿por qué te dejaste enredar por esta calaña? ¿por qué no confiaste en mí bebé?... oh dios, no confió en mí, porque yo no le inspiré confianza y esa era toda la verdad. Tragué el nudo en mi garganta -¿Dónde se fue?, dime en este mismo momento dónde mierda se fue?—

-No sé Edward—rio –no me sorprende que no tengas ni la menor idea, lo tuyo con ella no fue de verdad—

- Tú no tienes el derecho de opinar de mi relación con Bella, solo debías asumir que tu perfecta hija fue un fracaso y que yo ya no me prestaría a tus manipulaciones Aro. Solo debías darte cuenta de eso, pero llegaste hasta aquí muy lejos y eso no te lo voy a permitir… quítame todo Aro, te lo doy, no me importa, si tú crees que hice mi carrera gracias a tu apoyo, pues créelo, si crees que te debo algo cóbramelo a mí mal nacido, pero no te metas con Bella—

-¿Y qué harás Edward?—rio mofándose

-Haré lo que sea necesario, te metiste con lo que más amo Aro… y aunque me quede en la ruina, esto no se va a quedar así… Hoy venía a terminar con esto, dejar de luchar y darte lo que querías sin sacrificio alguno, no lo hice antes solo porque ella me había pedido que no bajara los brazos, pero se lo debo… le debo su sacrificio Aro. Así que ahora atente a las consecuencias…-

-¿Me estas amenazando?—su sonrisa murió, había algo en mis palabras y en mi mirada que le transmitía toda mi voluntad para hacerlo mierda… si, él sabía que podía hacerlo y tenía con qué.

-Te metiste con lo que más amo y yo me meteré con lo que más amas, tenlo por seguro— dije entre dientes.

Salí de ese despacho dispuesto a matar a alguien, pero no iba a hacerlo, Bella se sacrificó por mí… me tocaba a mí jugármela el todo por el todo por ella, solo por ella.

Después de las peores 24 horas de mi vida llegué a mi penthouse, ausente a todo lo que sucedía a mi alrededor. Bella estaba allá por alguna parte, sin mí, pensando en que mi vida sería mejor si ella salía de ella, pensando que si ella renunciaba a lo nuestro, lo que yo me negaba a hacer, yo sería feliz. Mierda!... pensando que yo podía vivir sin ella. Bella estaba allá, por algún lugar y yo aquí, con mi alma en pedazos por su ausencia, con mis manos ardiendo por sostenerla, con mi culpa colmando cada resquicio de mi ser, abarcándolo todo... ¿por qué fui tan imbécil? ¿por qué no la protegí de esos que se había convertido en mis enemigos numero uno? ¿por qué le dejé creer que estaría mejor sin ella? que todo sería mejor...

¡Bella!... cuanto te necesito mi amor…

Dejé caer mis llaves a penas crucé el umbral de mi lugar, dejé caer mi abrigo, mi maleta, dejé caer mis rodillas y lloré amargamente con mis manos sobre mi rostro, mi frente tocando el suelo. Lloré por lo que no fue, por lo que perdí, por lo que un día pudo ser... Mi alma gritaba, moría con cada segundo de su ausencia, mi mente era un torbellino, mi corazón estaba roto, pero mi determinación era clara. Tenía que acabar con esto y recuperarla.


Snif... mi vida! aauuuu

Ok... si, lo sé, suena a cliché pero es así, si soy cliché lo soy y qué... es la historia que se me ocurrió, que se le va a hacer? :)

Ahora a agradecer. A todas las chicas que leen este fic y que me apoyan siempre en el grupo del facebook, gracias, mil gracias, por las imagenes que suben, por el hostigamiento (jaja lo amo), por hacerle porras al fic y darle votos cuando los necesita, muchas, muchas gracias! Gracias a mi beta hermosa, que es la mejor! te amo Bella flower jaja ;)

Un beso a todas y recuerden que no dejo de escribir este fic por nada

Hasta la próxima

Lu