Para Liduvina, Rock,Girls Slytherin, Alejandra1987, LoquiBell, LicetSalvatore, Wendy, Yoliki y Paola.


32. El colegio

Era uno de septiembre, Bella se despertó alterada, quizás un poco más alterada de lo que lo hacía cada día desde que Edward se había marchado a la universidad. Aunque la almohada con la música conseguía mantenerla dormida toda la noche, no era suficiente para borrar sus malos sueños, siempre despertaba con la mala sensación de soledad, de dolor, de pérdida. Quizás no recordaba los sueños exactos y eso le ayudaba al día a día, pero desde luego seguía temiendo a las noches.

Bella intentó despejar su mente y se fue directa a lavarse los dientes y vestirse para empezar el colegio. Llevaría uniforme, un bonito peto de falda plisada en color marino con un polo blanco, zapatos negros y calcetines a la media pierna azules oscuros. Era bonito, en el lado izquierdo llevaba el escudo del colegio, un león entrelazado con una oveja y rodeados por una corona. Cuando terminó el olor de los gofres llegó hasta su habitación, Esme había preparado el desayuno especial de Edward... Bella se maravillaba cada día del amor que desprendía Esme hacia ella, le demostraba más cariño y amor que su propia madre, eso era algo que aún la aturdía un poco. De sus padres no había vuelto a saber mucho y la verdad a veces se sentía mal al preguntar, Esme ponía ojos tristes cuando lo hacía, aunque ni eso evitaba que sus palabras fueran dulces y cariñosas.

- Mamááááá... buenos días, HAS HECHO GOFRES!

- Claro que sí vida mía, hoy es el primer día de cole, es tan importante como los días de examen y sé que los de vainilla con pepitas de chocolate y mermelada de fresas son tus favoritos.

- SIIIIII mami, te quiero.

Esme sonreía feliz al ver a esa pequeña evolucionar tan rápido, al verla tan integrada en la familia y sobre todo cada vez que la llamaba mamá o le decía te quiero, su corazón se expandía más si es que era posible físicamente.

Bella comió sus gofres, alrededor de todo su cuerpo Esme había puesto una gran servilleta de color rosado, era casi tan grande como ella, pero así no se mancharía y ella quería estar perfecta en su primer día de colegio, iba a ser un momento muy importante. Bella le pidió que le hiciera dos trenzas, Esme encantada le peinó dos bonitas trenzas de raíz laterales, con su uniforme y ese peinado parecía una pequeña princesita.

- ¿Dónde está mi pequeña hermanita? - Gritó de repente Emmet.

- Estoy aquí tete-oso. - Bella se giró y dio un par de vueltas delante de Emmet mientras este se dirigía a atraparla en uno de sus abrazos. Aún Bella no asimilaba bien ese contacto, pero se estaba esforzando porque sabía que Emmet no le haría nunca daño.

- Bájame tete-oso me vas a arrugar el vestido.

- Ok pequeña damisela. Pero recuerda si hoy alguien se mete contigo o te lanza arena recuérdales que tienes un hermano oso que siempre te defenderá. - Bella sonrió ampliamente. Desde que Edward se marchó Emmet había sido su sombra, siempre estaba buscando la manera de hacerla reír, no la dejaba un minuto a solas y aunque a veces era un poco agobiante, Bella en el fondo lo agradecía, con Emmet todo el día dando vueltas a su alrededor no le daba tiempo a pensar en nada, ni a sentir el vacío que Edward había dejado en su vida.

- Hoy os acompaño, yo no empiezo las clases hasta dentro de dos semanas y quiero presentarme a todos tus amigos. - Dijo un muy sonriente Emmet. Bella le dio un pequeño manotazo en la pierna y así se dirigieron todos al coche.

Cuando llegaron al colegio, Bella se puso muy nerviosa, iba con las manos entrelazadas sobre su regazo en la silleta que ahora se encontraba instalada en el mercedes negro, Emmet iba a su lado bromeando y Esme conducía, en el último momento Carlisle se les había unido y aunque llegaba de una guardia no quiso perderse el primer día de cole de su pequeña niña.

Los cuatro bajaron del coche y Bella cada vez se estaba poniendo más y más nerviosa. Temblaba de arriba abajo, Esme intentaba tranquilizarla con suaves caricias en el dorso de la mano de la que la llevaba agarrada, pero al ver que cada vez su tensión iba en aumento se detuvo, se acuclilló a la altura de Bella y le dijo...

- Pequeña, si no quieres podemos volver a las clases en casa, a mi no me importa, no quiero que pases miedo, ni sufras amor.

- No mami, puedo hacerlo, pero estoy un poquito nerviosa.

- No tienes porque sentir miedo, verás como te tratan genial y haces muchos amigos, esta escuela es preciosa y la semana que viene empezaréis con la natación, así que te divertirás muchísimo, pero... si en algún momento no te sientes bien, podemos venir a buscarte, sólo se lo tienes que decir a Marie, que es tu profesora y vendremos a buscarte al instante, no te fuerces, no te sobrelimites Bella, eres fuerte, pero eres una niña y tienes que aprender a pedir ayuda cuando la necesites. ¿De acuerdo mi vida?

- Si mami.

Tras la breve charla entraron en el recinto escolar. Bella se sentía un poco más tranquila, sabiendo que podía salir de allí si lo necesitaba y tenía el beneplácito de Esme.

Casi a la entrada del colegio había una mujer de de unos 50 años de pelo negro, largo y lacio, con una amable sonrisa y algunas arruguitas alrededor de sus ojos, tenía unos ojos verdes preciosos, no tan bonitos como los ojos verdes de sus sueños, pero si transmitían paz.

- Hola Isabella, al fin te conozco, yo soy Marie, y voy a ser tu profesora, ¿vienes conmigo?

- Sí. - Bella lo dijo con voz firme pero a la hora de soltar la mano de Esme ya no se sintió tan fuerte. Al final la soltó y se acercó a Marie que le ofreció su mano, y la tomó. Allí comenzaba el nuevo día.

En menos de 5 minutos Marie se encontraba rodeada de niños y niñas, esta mandó formar una fila aunque en ningún momento soltó la mano de Bella. Entraron en la clase y mientras todos se sentaba, Marie dirigió a Bella al centro de la clase y la presentó.

- Esta es Isabella, será vuestra nueva compañera y amiga y espero que todos le demostréis como en la clase del bosque somos muy buenos anfitriones y sabemos acoger genial a los nuevos integrantes del grupo.

- SIIIIII - Chillaron todos los niños al unisono.

- Isabella háblanos un poquito de ti.

- Hola, soy Isabella Sw... Cullen, pero prefiero que me llamen Bella, tengo 7 años, pero este mes cumpliré 8. Tengo dos hermanos mayores Emmet que es un oso va al instituto y Edward que está en la universidad. Yo he vivido un tiempo fuera pero ahora ya estoy aquí y espero quedarme mucho tiempo. - Marie escuchaba muy atenta, aunque sabía que los Cullen estaban en trámites de adopción de Isabella no sabía como ella lo tomaba o lo que sabía y tendría que hablar con Esme para contarle como había presentado a la familia.

El día pasó entre presentaciones y juegos, no dieron clase, cada uno contó como había pasado las vacaciones y entre risas llegó la hora del recreo. Todos salieron corriendo pero Bella la verdad no se ubicaba aún con nadie así que salió en silencio y tomó su almuerzo. Esme le había preparado algo de fruta picada y un dulce. Se sentó bajo un árbol y observo como los niños interactuaban entre ellos. De pronto una sombra la cubrió.

- Hola soy Jake, de tu clase ¿por qué estás aquí sola?

- Parece que todos os conocéis bien y yo no soy amiga de nadie. - Dijo Bella con voz temblorosa y muy bajita, le daba un poco de miedo ese chico, era el más alto de toda la clase y tenía el pelo largo y negro, lo que le daba un toque más adulto.

- Pues ven a jugar con nosotros, estamos jugando a pillar, así conoces a la panda.- Jake le extendió la mano, pero Bella no la tomó y se levantó deprisa. El chico no le dio importancia y se dirigió hacia el grupo de niños y niñas que había delante...

- Bueno que os parece chicos contra chicas... ale chicas atrapadnos si podéis.

- Bella ven con nosotras el que más corre es Jake así que él para el último.

El recreo paso entre carreras y juegos, aunque Bella corría sin atrapar y sin ser atrapada, nadie parecía comportarse extraño con ella ni encontrar raro su comportamiento.

A la tarde Esme y Emmet fueron a recoger a Bella, esta emocionada les contaba todo lo que había hecho en el día. Esme habló unos minutos con Marie y sonrió, todo estaba bien.

Al llegar a casa, lo primero que hizo Bella fue coger la flor y llamar a Edward, este se lo cogió al primer tono y le empezó a contar todo su día, era genial poder hablar con él, parecía como que nada había cambiado, pero en cuanto se cortaba la comunicación una punzada hiriente le recordaba la soledad de la noche. Tras eso comenzó la rutina de la tarde, hoy no había deberes, era demasiado pronto, así que simplemente jugó a videojuegos con Emmet y los chicos hasta la hora de la cena. Cena, baño y... a dormir.

Cada noche era lo mismo... Se ponía el pijama, se lavaba los dientes, cogía a Eddi y Leti, se metía en la cama, le daba al play del Ipod y cerraba los ojos rezando porque las pesadillas no aparecieran. Pensaba en la música, se centraba en la dulce voz de Edward cantando su nana, imaginaba que la almohada a la que abrazaba era su tete, pero las pesadillas volvían, lo que Bella no sabía es que eran distintas, ya no era un hombre malo el que le hacía daño, era un hombre bueno que se alejaba de su lado.

Los días pasaron y la escuela pasó a ser un lugar más en el que Bella se sentía feliz, había hecho unas cuantas amigas y amigos, Chloé, Laune, Jake, Leo... jugaba con ellos en el recreo y parece que de manera inconsciente siempre respetaban sus límites. además Jake se había autoproclamado su protector, siempre le decía que era un poco debilucha y que necesitaba un hombre fuerte que la salvase. Ella no es que estuviera muy de acuerdo, pero tampoco le venía mal sentir que alguien la cuidaba. Todo esto tuvo su sentido el día en que un niño mayor se chocó con ella, la tiró al suelo sin verla y ella se puso a llorar, cuando se fue a levantar ella sola el chico la tomó de las manos y le dijo que dejara de llorar que había sido sin querer, pero ese apretón de manos la llevó a pensamientos que hacía mucho tiempo que no tenía y todo se volvió negro. El chico al ver que cerraba los ojos la soltó pero no hizo nada más, Jake que vio toda la escena lo increpó y empujó lejos de Bella, la cogió en brazos y la llevó con la profesora. Marie llamó a Esme inmediatamente y este la recogió. Bella le contó lo ocurrido cuando volvió a la consciencia y le pidió que la llevara de vuelta al colegio, ella sabía que tenía que superar ese miedo irracional al contacto físico.

Así entre altibajos, momentos mejores y momentos peores, llegó el 18 de Septiembre. Era su cumpleaños. Esme había invitado a toda la clase a casa a una gran merienda. Esme había hecho invitaciones a mano con forma de margarita, la fiesta estaría llena de flores y mariposas. Bella las había repartido en clase y al final todos los amigos podían ir. Esme había preparado una fiesta genial con hinchables y hasta un mago, los chicos también estarían, habría una gran mesa dulce y una pequeña barbacoa de perritos y hamburguesas y una tarta de chocolate, fresas y dulce de leche.

La mañana de cumpleaños no pudo empezar mejor... con al felicitación de Edward y su regalo... en cuanto cortó la comunicación le dijo a Esme que colocase el cuadro en la zona del piano, aunque le encantaba, no lo quería en su cuarto, sería demasiado duro verlo en las noches y le recordaría que no lo tenía cerca, así que en el piano sería menos doloroso verlo. Mientras Esme lo colocaba, ella tocaba las teclas del piano al azar, esperando impaciente por recibir las clases que le enseñarían a hacer melodías bonitas. No dejaría de pintar, pensó mientras miraba el caballete rosa, cada vez lo hacía mejor y sus cuadros estaban mejorando mucho, Esme incluso había colgado algunos por la casa.

Las clases pasaron demasiado lentas para Bella, que estaba deseando comenzar con su fiesta. A la salida del colegio un pequeño autobús blanco los esperaba, llevaba una gran pancarta que ponía "FELIZ CUMPLEAÑOS BELLA", todos los amigos junto a Bella subieron al autobús, allí dentro dos malabaristas empezaron a hacer juegos con las pelotas y los bolos, los niños estaban disfrutando como nunca y cuando llegaron a la casa Cullen... todo fue a mejor. Los hinchables los perritos, la actuación del mago, la gran tarta con 8 velas, las canciones, los bailes, los adultos fueron llegando poco a poco y al final la fiesta terminó un poquito más tarde de lo esperado, pero todos lo habían pasado genial y Bella se había sentido muy especial. Le hicieron muchos regalos, muñecas, puzzles, ropa, pero a parte del de Edward el que más le gustó, fue el regalo de Jake, le había hecho una pulsera con hilos de colores y había colgado una mariposa de plata de ella.

- Felicidades Bella, espero que te guste, lo he hecho yo... - Dijo un muy sonrojado Jacob. Bella lo abrió despacio y le gustó tanto que sin pensar se lanzó los brazos de Jake y le dio un beso en la mejilla. Se puso tan colorada cuando se dio cuenta de lo que había hecho que parecía un tomate, todos se rieron, o casi todos. Esme observaba la escena maravillada, casi en shock, la recuperación de Bella era asombrosa, había conseguido tanto en tan poco tiempo, en solo dos semanas parecía volver a ser una niña, salvo el episodio que vivió con el chico mayor en la escuela, nada más había pasado y en clase era una más y una estudiante muy buena. Era en esos momentos cuando Esme no entendía como sus padres biológicos la habían dejado ir así, ahora al menos estaba con una familia que la adoraba y daba todo por su felicidad.

Los meses pasaron, Bella crecía y era feliz, cada vez preguntaba menos por sus padres aunque de vez en cuando lo hacía y Esme no podía más que mentir. Aunque su madre había salido del psiquiátrico, no aceptaba tener una hija, no aceptaba lo que le había pasado a Bella y firmó encantada el acto de renuncia de su hija. Bella en unos meses sería su hija de verdad y nadie se la podría quitar nunca. Sus padres biológicos habían empezado una nueva vida sin ella, se habían incluso mudado de ciudad, lejos de los recuerdos y ni preguntaban por ella. Esme era feliz e infeliz la vez, infeliz por Bella y por como la menospreciaban las personas que más debían amarla, y feliz porque tenía una nueva hija, una niña alegre, guapa, inteligente y que había devuelto la alegría perdida a la casa Cullen.

Jake se había convertido en su gran amigo, pasaba las tardes con Bella haciendo los deberes y cuando Bella empezaba las clases de piano él se volvía a la reserva. Jake no vivía en el pueblo, era uno de los pocos niños de la reserva que iba al colegio Montesori, pero su madre había insistido y su padre que no le negaba nada lo había aceptado. Jake estaba encantado y desde que Bella entró en la escuela más. Una tarde cuando llegó a su casa le dijo a su madre, - mamá, creo que ya sé con quien me voy a casara... cuando sea mayor me casaré con Bella. - Su madre rió ante la ocurrencia de su hijo de 10 años, no podía imaginar que a esa edad pudiera estar enamorado. Aunque con el paso de los días si que vio que esa jovencita era especial. La madre de Jake cada día se sentía más feliz de haberlo llevado a la Montesori, estaba aprendiendo mucho y sobre todo aprendía a que la edad, el color de piel o el sexo no lo son todo. Las clases de Montesori no van por edades exactamente hay cursos entre mezclados y esta pequeña niña de 8 años le estaba haciendo mucho bien a su hijo que de pronto parecía más centrado que nunca.

Bella por su lado se sentía feliz y cómoda, tenía a alguien que la cuidaba en la escuela, que le hacia bonitas pulseras y que siempre tenía algo impresionante que contar. Le encantaba cuando Jake le hablaba de las leyendas de su pueblo, los Quileutes, le gustaba imaginarse a Jake como un gran lobo rojizo o un búho de plumas grises, la leyenda de los cambiantes de formas era la que más le divertía a Bella y Jake siempre le bromeaba diciéndole que un día cuando viera un lobo rojo en su puerta sería él que había evolucionado. Los dos acababan riendo en la alfombra del salón y jugando a que un gran lobo perseguía a Bella.

Las navidades estaban a punto de llegar, el frío era intenso y la nieve ya cubría las calles, Bella estaba emocionada con la vuelta de Edward, lo iba a tener para ella dos semanas completas, había estado practicando mucho al piano, ya casi conseguía tocar su nana sin ayuda, aunque aún había algunos giros que se le escapaban y junto al profesor de piano, había logrado componer una pequeña sonata de apenas 1 minuto de duración que era una canción especial para Edward. Iba a ser el regalo que Bella le daría en Navidad, su profesor la había escrito, ella todavía no era capaz de escribir la música, si la sentía, pero no sabía representarla en papel al menos de la manera más correcta. Le regalaría la partitura y un pequeño reproductor que Esme había comprado con la grabación de esa y otras canciones tocadas por ella misma.

La noche antes de la vuelta de Edward, Bella no podía dormir así que aunque sabía que lo iba a despertar decidió llamarlo, pero no estaba preparada para lo que iba a escuchar. Edward, estaba con una chica, estaba queriéndose con una chica, ella lo dijo, estaba desnuda en su cama... Ella era consciente de que los mayores hacían esas cosas, Edward le había prometido que aunque tuviera novia, sólo pensar en la palabra le horrorizaba, no la dejaría de lado, pero en ese momento el miedo le pudo más y colgó. Se metió en su cama corriendo y cerró los ojos esperando que los recuerdos no volvieran y aunque algunas imágenes que no quería recordar cruzaron su mente, consiguió mantenerlas a raya. Escuchó el teléfono sonar, notó como alguien entraba en su habitación, pero no abrió los ojos y mantuvo la respiración calmada. No quería hablar con Edward, sabía que era él, pero no podía, no quería saber, no quería enterarse de nada. Prefería olvidar lo que había escuchado y verlo al día siguiente en casa, sin ninguna voz extraña de fondo.


LoquiBell, eres demasiado observadora ;) no adelantes acontecimientos.