Someone like you ― Adele
Rose terminó de arreglarse bajo la atenta mirada de Victoire, que había decidido que no podía perderse ese momento.
―Estás guapísima, pero déjame…
Se acercó, cogió la paleta de sombras de ojos y comenzó a retocarla mientras protestaba.
―Puedo sola, Vic.
―Soy casi una profesional así que calla y déjame.
Rose bufó, pero la dejó terminar casi sin quejarse. Cuando hubo terminado, Victoire se alejó unos pasos y sonrió.
―Ahora sí que estás perfecta.
―No seas tan creída ―replicó, pero se miró al espejo y tuvo que reconocerse a sí misma que su prima tenía razón y aquella sombra le quedaba muy bien.
El timbre sonó entonces y la rubia se asomó.
―¿Abres tú, cielo?
―Claro.
―Uy, «cielo». ¿No vais un poco rápido? ―Rose lanzó una pequeña carcajada―. Os veo casados en dos meses.
―Muy graciosa.
Las dos salieron del baño y sonrieron a los chicos, que charlaban de pie en el salón.
―Estás guapísima, Rose ―dijo Scorpius tras silbar.
―¿Dónde vas a llevarme? ¿Voy bien así? ―Dio una vuelta sobre sí misma y el volante de su blusa se levantó un poco.
―Es una sorpresa, pero vas perfecta.
―Espero que sea un sitio que la señora Narcissa Black desapruebe.
―Espera. ―Teddy frunció el ceño y miró a Scorpius―. ¿Narcissa Black? ¿Black Rosier?
―Sí. ―El rubio también frunció el ceño―. ¿La conoces?
―Solo por comprobar. ¿Sabes si tu abuela tenía una hermana que se escapó de casa con 18 años con un chico al que acusaron de comunista?
―¿Cómo sabes eso?
―¡Ay, Dios!· ―Victoire se llevó una mano a la boca y abrió mucho los ojos.
―Tu abuela y mi abuela son hermanas.
―¿Qué?
―Mi abuela es la hermana que se escapó. Andromeda Black Rosier.
―¡¿En serio?! ―Scorpius abrió mucho los ojos.
―Eso quiere decir que vosotros dos sois… ¿primos? ―Rose tuvo que contener una carcajada―. ¡Con lo grande que es Madrid y habéis venido los dos a encontraros en mi piso!
―Esto es muy fuerte. ―El rubio suspiró―. Mi abuela dijo una vez que había escuchado que su hermana había vuelto, pero… no se han vuelto a ver desde que se fue.
―¿Cuántos años hace de eso? ―Preguntó Victoire.
―Casi 60 ―contestó Teddy antes de suspirar―. Toda una vida.
―Me da mucha pena. ―Rose suspiró―. Aunque no quiero ni imaginarme la locura que tenía que ser esa casa. Teniendo en cuenta cómo es Narcissa, puedo hacerme una idea de cómo era el resto de la familia.
―Sí, pero a mi abuela le da mucha pena no hablar con su hermana. Siempre dice que es lo único que lamenta de su huída.
―¿Y por qué no intentamos…? ―Scorpius dejó la pregunta en el aire―. Yo creo que mi abuela también quiere volver a verla y sería bonito. No me gustaría que no volvieran a verse nunca.
―¿Crees que podríamos hacerles una especie de encerrona?
―¿Puedo apuntarme? ―Rose sonrió, emocionada. Aquello era lo mejor que había escuchado en bastante tiempo.
―¡Y yo también! ―Añadió Victoire―. ¡Qué bonito! Un reencuentro familiar después de tanto tiempo.
―Pues tenemos que planear algo ―decidió Scorpius―. ¿Tu abuela suele ir al Ritz?
―No, mi abuela es más de tomarse el aperitivo en el bar de la esquina de su piso.
―Bueno, pero quizás podríamos acordar un restaurante y llevarlas.
―Algo en el centro que esté de moda, pero que no sea excesivamente ostentoso.
―¿Y qué tal el restaurante donde fuimos a comer el sábado? ―Sugirió Victoire―. Estaba muy bien y no era demasiado caro.
―¡Ay, sí! Es muy bonito, pero no demasiado estirado. Creo que podrías convencer a tu abuela para ir y yo a la mía. ―Teddy sonrió―. Dame tu número y lo arreglamos todo para que se vean esta semana.
―Claro.
Los dos intercambiaron los números, todavía sorprendidos. Aquellas casualidades no solían darse muy a menudo y esperaban que tanto a Andromeda como a Narcissa les gustara aquella sorpresa.
―Bueno, ¿nos vamos? ―Preguntó Rose una vez hubieron terminado de acordar algunos detalles.
―Sí, claro. ―El chico asintió.
―Nosotros también nos marchamos ―añadió Victoire―. No queremos molestar a Albus para una vez que estudia.
―¿Qué está estudiando? ―Preguntó Scorpius, frunciendo el ceño.
―Las oposiciones.
―¿Albus está opositando? ¿Desde cuándo?
―Esa es la pregunta que nos hacemos todos.
―¡Vic!
―Pero si es verdad. ¿Cuándo fue la última vez que lo viste estudiar? ―Puso los ojos en blanco―. Pero que eso, que para una vez que le da por sacar los libros, no vamos a distraerlo. A ver si aprueba y saca plaza.
Los cuatro se marcharon del piso y se despidieron en el portal. La pelirroja se giró hacia Scorpius y sonrió.
―¿Y bien? ¿Dónde vamos?
―Es una sorpresa, ¿no? ―Sonrió y le tendió la mano―. Vamos al metro, anda.
Cuando Rose se bajó del vagón, supo perfectamente dónde iban y quiso gritarle a Scorpius. ¿Pero de qué iba?
―¿En serio? ―Le dijo, cruzándose de brazos.
―Todavía no lo has visto.
―Voy a la oficina todos los días ―replicó―. Creo que me la conozco bastante bien.
―Hay un sitio en el que no has estado y que he preparado en secreto para esta noche. Pero no puedes decirle a nadie que nos hemos colado.
―¿Vamos a colarnos? ―Frunció el ceño.
―Técnicamente, sí, pero la empresa es de mi madre así que creo que no es del todo ilegal.
―Díselo al juez.
―Mi madre no nos denunciaría, tranquila. ―Sonrió―. Venga, vamos. Te va a gustar.
Volvió a tenderle la mano y ella la aceptó y caminó junto a él hasta el edificio de la empresa. En la puerta, Scorpius dio unos pequeños golpes y, una vez se asomó el guarda de seguridad, le tendió un billete.
―Subid.
―Con soborno incluido. ―Rose negó con la cabeza―. Vamos a acabar en la cárcel.
―No, ya verás.
―Estoy bastante segura de que…
―¡Rose! ―Protestó, haciéndola reír.
―Está bien, está bien. ―La chica apoyó una mano en su antebrazo y sonrió―. Vamos, anda.
Scorpius la llevó hasta el ascensor y pulsó el botón del último piso. Sacó la nueva copia que había sacado de la terraza ―su madre y su tía deberían darse cuenta de una vez de que, por mucho que se las quitaran, seguirían sacando copias― aunque, una vez llegaron a la puerta, se detuvo antes de abrir.
―Voy a taparte los ojos.
―¿Qué? ¿Por qué? ―Frunció el ceño.
―Porque quiero que sea una sorpresa. ―Sacó un pañuelo de su bolsillo y se colocó tras ella―. Venga, confía en mí.
―Espero que esto merezca la pena… ―murmuró mientras él le cubría los ojos con cuidado.
―Te lo prometo.
Abrió la puerta y la cogió de la mano para poder conducirla hasta el centro de la terraza.
―Ten cuidado ―le dijo―. Un paso más.
―¿No irás a tirarme por el borde, verdad? ―Preguntó, aguantando la risa―. Tu madre no te daría mi despacho aunque te deshicieras de mí.
―Vaya, y yo que creía que esto era un plan maestro…
Ambos rieron y el rubio, finalmente, se detuvo.
―Dame un segundo, ¿vale? En seguida vuelvo.
―Está bien.
Terminó de prepararlo todo rápidamente antes de colocarse de nuevo tras ella y quitarle la venda.
―Vaya…
Rose abrió mucho los ojos. Scorpius había llenado la terraza de velas y pétalos de flores y había extendido una manta en medio. Pero lo mejor eran las vistas. Podía ver todas las luces de Madrid desde esa terraza. Y era maravilloso.
―Es precioso ―murmuró. Se giró y lo miró―. ¿Vamos a cenar aquí?
―He preparado un picnic ―contestó, señalando una bolsa―. He hecho sándwiches y traído vino. Nada estirado, nada aburrido. Pero una de las mejores vistas de Madrid. ¿Te gusta?
―Me encanta.
Apoyó una mano en su mejilla y lo besó con dulzura. Aquella era la cena más bonita que le habían preparado nunca.
―¿Pero lleva así todo el día?
Albus garabateaba en un folio en blanco, algo preocupado.
―Toda la tarde al menos ―contestó Alice tras suspirar―. Estuvo un rato primero con el violín y luego con la guitarra. No para de cantar.
―¿Qué canta ahora?
―Adele. Someone like you.
―Eso es mala señal. ―El chico suspiró―. Si necesitas tranquilidad para estudiar, puedes venirte aquí conmigo. Rose ha salido con Scorpius así que estoy solito.
―No, tranquilo, me gusta tener música de fondo ―contestó―. Es solo que estoy un poco preocupada. Creo que… creo que Theo tiene algo que ver.
―Theo tiene mucho que ver, hazme caso.
―Creo que se ha enamorado, Al.
―Espero que...
El sonido del timbre lo interrumpió. ¿Quién llamaba tan tarde? Esperaba que no hubiera pasado nada grave.
―¿Albus?
―Un segundo, mi amor. Han llamado a la puerta.
Se acercó a la entrada y frunció el ceño al mirar por la mirilla. Al otro lado estaban Theo y una chica, discutiendo. Abrió y les dedicó una mirada interrogante.
―¿Qué pasa?
―¡Hola! ―La chica se giró hacia él y sonrió―. Albus, ¿verdad? Soy Daphne, la hermana de Theo. ¡Y tú eres el hermano de Lily!
―Daphne, para. ―El chico suspiró―. He intentado detenerla, pero cuando me he dado cuenta, estaba llamando a tu puerta.
―Es que necesito conocer a tu hermana ―le explicó la chica―. ¡Quiero conocer a mi cuñada!
―Si mi hermana te escucha decir eso, saldrá corriendo y ninguno de nosotros volverá a verla jamás. ―Albus puso los ojos en blanco y señaló el teléfono antes de llevárselo de nuevo al oído―. Alice, perdona, son Theo y su hermana.
―Oh, Alice es su compañera de piso, ¿verdad? ¿Puedo hablar con ella?
―Daphne, para, en serio.
―No hasta que me la presentes ―dijo la chica con decisión―. Mamá dice que es una chica muy maja y tengo todo el derecho del mundo a conocerla.
―No es el mejor día para conocer a Lily.
―¿Le pasa algo? ―Theo frunció el ceño―. No me contesta los mensajes, pero supuse que estaría estudiando.
―Es un poco más complicado que eso, Theo.
―¿Pero está bien?
―Sí, es solo que…
―Eso es que le pasa algo.
No le dejó contestar. Echó a correr escaleras abajo ante la sorprendida mirada de su hermana y Albus.
―¿Va a por Lily?
―Su… supongo ―murmuró él, sin saber muy bien qué decir.
―¿Y a qué estamos esperando? ¡Llévame al piso de tu hermana!
―Mi novia tiene que estudiar. No podemos ir todos. ¿Verdad, Alice?
―No tengo ni idea de qué está pasando ―confesó la castaña al otro lado del teléfono.
―Pues resulta que Theo acaba de salir corriendo hacia vuestro piso y Daphne quiere que la lleve para conocer a Lils.
―¡Ni se te ocurra! ―Exclamó―. Lily no está para recibir visitas hoy. Para a Theo.
―No creo que pueda hacer eso ya.
―Voy a llamarle, no creo que esto sea buena idea.
―Alice…
―Maite zaitut. Luego hablamos.
Colgó y, rápidamente, marcó el número de teléfono del otro chico, que no tardó en contestar.
―¿Sí?
―¡Ni se te ocurra venir a mi piso! ―Le gritó―. ¡Lily no necesita visitas ahora!
―Tarde, ya voy de camino ―contestó―. Estaré ahí en cinco minutos.
―No pienso abrirte la puerta.
―¿Por qué?
―No quiero que vengas.
―Pero, ¿qué le he hecho?
―¡Enamorarla!
Alice gritó y, alarmada, a punto estuvo de tirar el móvil. ¿Pero qué acababa de decir?
―¿Perdona? ―Theo se quedó inmóvil en el taxi. ¿Alice acababa de decir que Lily se había enamorado de él?
―Yo… Theo, no vengas. Por favor.
―Estoy ya casi en la puerta. Voy a subir, Alice. Tengo que hablar con ella.
El chico colgó, pagó al taxista y se bajó corriendo. Lily se había enamorado de él. Lily. Aquella pelirroja tan alocada y tan especial se había enamorado de él. ¿Y él de ella? También, aunque nunca se lo había dicho. Lily le importaba muchísimo y sentía algo por ella. Le había dado miedo asustarla porque cada vez la conocía mejor y sabía cómo era, pero la quería.
Subió las escaleras de dos en dos y llamó al timbre del piso de las chicas con insistencia. Necesitaba verla. Tenía que verla cuanto antes.
Escuchó voces e insistió hasta que, finalmente, Lily abrió.
―Tía, Alice, pero es que no entiendo por qué no podía abrir. ―Bufó y miró a Theo―. ¿Qué pasa?
―Te quiero.
Lily se sintió palidecer y estaba convencida de que había empezado a temblar. De entre todas las posibles opciones, aquella ni siquiera se le había pasado por la cabeza.
―Yo casi que me voy.
Alice se encerró en su cuarto mientras Lily permanecía inmóvil en la puerta, todavía en estado de shock.
―Por favor, dime algo. ―Theo tragó saliva―. No venía precisamente a decirte esto, solo quería… animarte. Abrazarte y darte mimos hasta que te durmieras. Sin sentimientos, por supuesto. Pero…
―¿Me quieres? ―Preguntó casi en un murmullo.
Él asintió lentamente, sin apartar la vista de sus ojos ligeramente llorosos. No sabía muy bien por qué había dicho eso, pero estaba seguro de que era lo que sentía.
―Pero no te pongas así.
―Me quieres…
―Lils.
―¿Por qué? ―Frunció el ceño―. No, a ver, no por qué sino cómo. Desde cuándo.
―No lo sé. Desde hace un tiempo, supongo.
―Dios…
―Podemos hacer como si nada. ―Se encogió de hombros―. Y podemos volver al plan de abrazos y mimos sin sentimientos.
―No. No quiero volver a ese plan. ―La pelirroja negó con la cabeza.
―¿Me voy entonces?
―No.
―¿Entonces…?
Se acercó a él y lo besó con dulzura antes de cogerlo de la mano y meterlo dentro del piso. No dijeron nada. Solo cerraron la puerta, entraron a su dormitorio y se tumbaron en la cama.
Lily se hizo un pequeño ovillo y se abrazó a él, que le acarició el pelo con dulzura.
―Theo.
―¿Sí?
―No me hagas daño.
―Te juro que nunca lo haré.
―Dilo otra vez.
―Te quiero.
Besó su frente y siguió acariciándole el pelo mientras ella se relajaba entre sus brazos mostrándose, por una vez, vulnerable y dejándose sostener por otra persona. A lo mejor eso del amor no estaba tan mal. Aunque no pensaba decirlo en voz alta de momento.
Creo que todos creíamos que Lily iba a salir corriendo con la confesión ;) ¡Ay, si es que Theo a veces es muy directo! Pero qué monos son, jo.
Y menuda cenita le ha preparado Scorpius a Rose :3 ¡Si es que estos chicos son adorables cuando quieren!
Y, oye, las casualidades de la vida que han permitido que Teddy y Scorpius se den cuenta de que son familia ;) A ver qué tal va ese reencuentro, ¿no?
Espero que os haya gustado y, no es por crear hype, pero el capítulo que nos espera la semana que viene es :O
Un beso enorme,
María :)
