Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Suzanne Collins.

CAPÍTULO 24: CASA MELLARK

POV KATNISS

Peeta me aprieta la cintura cuando llegamos a la puerta de la panadería.

-Ustedes entren primero, -pide a sus hermanos. –Si está nuestra madre, Katniss y yo volveremos a la Aldea de los Vencedores. En caso contrario, hágannos una seña.

Aún recuerdo el encuentro con la señora Mellark en la fiesta. No fue nada agradable, a pesar de que frente a las cámaras no dejó de alabar a su hijo y su nuera, en privado cuando se aseguró que nadie la miraba nos dijo todo tipo de insultos a ambos. Ella no sólo me desprecia a mí, ella también odia a su hijo menor, lo que es aún peor. El apodo que todo el distrito le puso le queda bien.

Bruja.

No sé como el señor Mellark tolera estar con esa mujer. Existe el divorcio. Lo que me recuerda que debo preguntarle a Peeta algo que me está rondando por la mente desde mi charla con Madge.

Peeta me saca de mis propios pensamientos con un beso en los labios.

-¿Te sientes bien?

Asiento y le devuelvo el beso.

-Si pasa algo, te sacare de allí ¿vale? Mientras no esté ella no pasará nada.

-¿Tú tampoco quieres cruzártela, verdad?

-Nunca –contesta. –Desde la última vez que hablamos sobre el asunto, le hago llegar el dinero a través de mi padre, él sabe que algo pasa entre madre e hijo, más allá de lo obvio, pero no pregunta.

-Mejor.

No conviene que nadie sepa que esto es un "soborno" porque Snow nos tiene amenazados de muerte si no obedecemos sus reglas.

Observamos por los vidrios donde se pueden ver los pasteles, a William hablando con sus hijos, Él se da cuenta de nuestra presencia y nos sonríe mientras que Alex pide que entremos.

-Paso liberado. –Murmura Peeta relajando sus hombros antes tensos. –Kitten, entremos.

-Apenas ponemos un pie dentro de la panadería. William viene a recibirnos a ambos con un abrazo.

-He pasado tiempo ya que nos los veía a ambos. No he podido ir a verlos. Se ven mucho mejor

-Gracias, -contesto.

-Katniss y yo no hubiéramos si venido si mis hermanos decían que mamá estaba aquí. Pero está fuera ¿no?

-Salió a comprar y comer con amigas. No creo que vuelva hasta la noche. Pero por favor pasen, lleva a Katniss arriba para que conozca la casa. Yo enseguida cerraré cuando termine de atender a estos clientes y estaré libre.

Hay diez personas esperando por ser atendidas y varios nos están mirando. Esto no pasaría si no fuéramos vencedores. O tal vez si, está mal visto que comerciantes y gente de La Veta sean pareja.

-Vamos, amor. –Me dice Peeta viendo lo mismo que yo. Con la urgencia de alguien que quiere escapar de la atención, me guía por un costado libre del mostrador y nos adentramos en el pasillo que lleva al piso superior.

-No te olvides de mostrarle tu cuarto a tu novia. –Grita Rye, sin importarle que la gente puede escuchar.

-Espero que lo hayas cuidado, Rye. En caso contrario, te mataré.

-Que miedo.

-Deberías tenerlo. –Bromea mi novio.

-Descuida, está todo en orden. Hay cosas tuyas aún. Te darás cuenta que no moví nada de lugar, en realidad casi nada.

Peeta se adelanta y yo lo sigo.

-Se que son muy apasionados, pero, no hagan nada indebido ahí arriba ¿de acuerdo?

-Eres muy molesto ¿lo sabes? –Le grita Peeta.

-No hace falta que lo digas, hermanito.

Peeta lo mira amenazante y continúa camino conmigo, no miro atrás para confirmar mis sospechas de que los clientes nos están mirando. Es muy vergonzoso que Rye nos diga esas cosas frente a tanta gente.

¿Por qué lo hace?

Peeta se detiene en un descanso y abre la puerta frente a él. Cuando estamos adentro de lo que propiamente seria la casa se da vuelta para mirarme.

-Bienvenida a mi familia. Rye siempre dirá cosas para incomodarnos y si hay gente con más razon.

-Además él te encuentra particularmente vulnerable.

Me cruzo de brazos.

-¡No soy vulnerable!

-¿En serio? –El tono de voz de Peeta se vuelve seductor y se acerca a mí, haciendo que él espacio entre nuestros rostros sea escaso. Dejo de respirar momentáneamente y mi corazón late fuerte tan solo de imaginarme sus labios en los míos. Con una intensidad pocas veces vista me toma de la cintura fuertemente con sus brazos y me atrae hacia él. Apoyándome contra la puerta sujetándome por debajo de mi cola, me obliga a rodear su cintura con mis piernas para no caerme y sujetarme de sus hombros.

-Peeta… -Murmuro. Siento mi rostro ardiendo.

-Mmm…

Peeta besa mi frente, los parpados de mis ojos cerrados y va bajando entre besos y lamidas por mi piel hasta llegar al lóbulo de mi oreja. Lo muerde y tironea un poco de él.

-Entonces supongo que no te importaría ir a mi habitación para continuar esto.

Con sus labios sobre mi piel me resulta difícil pensar… sin embargo las palabras de su hermano se repiten en mi mente.

Esto es precisamente lo que dijo que no hiciéramos.

-¡No! Hay mucha gente. –Me tenso entre sus brazos –Tu familia está abajo.

Peeta abriendo los ojos se aleja y se ríe al notar mi reacción. Sin soltarme acaricia con su nariz una de mis mejillas.

-Eres la persona más adorable, e inocente del planeta en estos asuntos. Tan vulnerable.

Besa mis labios unos segundos antes de que yo pueda insultarlo.

-¿Esto fue una trampa, Peeta?

Ahora estoy enojada.

-Era para demostrarte lo vulnerable que eres.

Debí imaginarlo, Peeta no suele actuar tan impulsivo en lugares públicos o mi casa de la Aldea de los Vencedores. No se arriesgaría a que nos descubrieran, excepto esa vez que nos emborrachamos, o en los juegos. Además él quiere que nuestra primera vez sea inolvidable y especial y su casa con gente alrededor, no entraría en esa categoría. Peeta solo me estaba tomando el pelo al igual que su hermano. Golpeo fuerte su espalda.

-Te odio –grito.

-Oh, vamos. Yo sé que me amas –Peeta se está divirtiendo de lo lindo con la escena. –Lo dices hasta en sueños.

-¡Déjame en el suelo, Mellark! Es una orden.

-No.

Aún sosteniéndome me guía por un pasillo, me quiero liberar pero Peeta me sostiene con mucha fuerza.

-Amor, se una niña buena y quédate quieta. No quiero que te caigas.

Rindiéndome y malhumorada dejo caer mi cabeza en el hombro de mi novio. Él es tan terco como yo.

-¿Por qué me tratas como a un bebé? –me quejo.

-No creo que te haya tratado como bebé mientras te besaba. En cualquier otro caso, me divierte, tus reacciones incluso cuando te enojas o finges hacerlo. Eres muy tierna.

Mmm… cierro los ojos.

-Nadie me ha dicho eso antes.

-Porque nadie conoce ese lado tuyo. Y te amo.

Me gustaría decirle lo mismo, pero sigo enojada por lo que me hizo.

-¿Sin respuesta? –continua.

-Debes hacer muchas cosas para que te perdone lo que acabas de hacerme. Burlarte de mí. Sé mi esclavo.

-De acuerdo, amada tirana. ¿Dónde la llevo?

-A sus aposentos.

-¡¿Qué?!

-Quiero conocer tu antigua habitación, simple curiosidad. Yo te llevé a mi casa.

-Ni siquiera sé en qué estado está.

-Mi esclavo debe ser obediente y fiel.

Escondo una sonrisa contra su hombro. Ahora soy yo quien va a vengarse.

-Parece que no tengo opción.

-No la tienes –coincido.

Peeta sigue caminando conmigo en sus brazos. Se detiene en una puerta y me baja al suelo.

Al fin.

Aunque por otro lado mi cuerpo me pide estar cerca de él nuevamente, trato ignorar ese impulso.

Peeta busca un las llaves en su bolsillo, colocadas en un llavero de plata muy delicado, que seguramente fue regalo de alguien de nuestro equipo, con una de ellas abre la puerta de lo supongo es su habitación.

-¿Por qué tienes llave?

-Todas las habitaciones tienen puerta con cerradura. Es una cuestión de seguridad y privacidad. Cuando me mude a la Aldea de los Vencedores traje una de las copias conmigo. Si me pides una razon, créeme que ningún hijo quería a su madre metiéndose donde no le concernía, menos yo.

-Entiendo. ¿Por qué sobre todo tú?

-Porque hay cosas que no quería que ella viera o encontrara. Sobre ti.

-¿Cómo?

-¿Por qué no lo descubres por ti misma? Ahora buscare todo y lo llevaré a tu casa. Nunca he venido por mis cosas y me tomo que ni mis hermanos saben mis escondites porque no me trajeron nada de lo que realmente me gustaría conservar conmigo.

Me río ante la idea de un pequeño Peeta o un Peeta adolescente escondiendo cosas como si él fuera un pirata protegiendo sus tesoros más preciados.

-¿Qué es tan gracioso?

-Tú y tus tesoros escondidos.

-Tú eres mi tesoro y ya no estás escondido.

Me hace pasar a su habitación y cierra la puerta.

La manera dulce en la que me mira, hace que cualquier enojo que sienta por él por la broma que me hizo, se vaya. Antes de que me cuenta él me atrae hacia su cuerpo y besa mi frente.

-Perdóname por lo que hice recién. Sinceramente también creí que era una buena excusa para besarte. Pero te prometo que me controlaré estando aquí. La regla de mi padre es nada de chicas en la casa. Mi hermano mayor lo sabe muy bien. No es como si a Rye y a mí nos hiciera falta… tú y Madge son nuestras primeras novias.

-¿Tu hermano también?

Asiente.

-Papá siempre insistió en que nos tomáramos una relación seriamente. Dijo que no importaba cuanto tuviéramos que esperar por la indicada, ella llegaría y la reconoceríamos. Debíamos luchar por ese amor, no perder el tiempo con quien no nos conviniera… y que sobretodo siguiéramos a nuestros corazones y no escucháramos a nuestra madre. A mí me decía que no importaba lo que yo le dijera a ella, mi madre no iba a entender nunca mi amor por ti, porque ella nunca lo sintió y valoraba otras cosas. Sin embargo podía luchar contra ella y seguir fiel a mis sentimientos por ti. Papá quiso que priorizáramos el amor verdadero antes que la ambición o libertinaje.

-Parece que tú padre luchó muy duro para que no se convirtieran en alguien como tu madre.

-No, él luchó para que no cometiéramos sus mismos errores. Por esa razon me apoyó cuando le dije que yo te amaba a ti aún siendo un niño. Él no quería que yo me dejará influenciar por nadie incorrecto, ni que me arrepintiera de nada. Además, es fácil cuando el único que te da cariño es tu amoroso padre… De cierta forma creo que los tres nos hemos aferrado a él para vivir y lo hemos tomado como modelo a seguir.

-¿Y te arrepientes de algo?

-Tal vez no haberte hablado cuando tenía cinco. Quiero decir, algo más allá de saludos o miradas. Tal vez podríamos haber sido amigos al comienzo… como se espera de niños de cinco años. Pero ahora…

-¿Ahora qué?

-No me imagino una vida sin besarte, ni sin dormir o despertar a tu lado. Definitivamente no me conformaría con una amistad.

-Por eso somos novios.

-Sí. Supongo que esta realidad es mejor.

Peeta sonríe, atrapa mis labios con los suyos, me dirige hacia atrás tomándome de la cintura y antes de darme cuenta ambos caemos sobre algo suave y mullido. La calidez de su cuerpo me reconforta. Pero sus manos paseando sobre cuerpo hacen que me estremezca y desee mucho más de él. Olvidándome de todo beso a Peeta con la misma intensidad y acaricio su espalda con mis manos. Peeta baja a mi mandíbula y muerde levemente allí.

-Al diablo las reglas. Nadie podrá entrar a vernos.

-Pee…ta.

-No te preocupes, sólo quiero besarte y sentirte cerca.

Los dedos de su mano izquierda dibujan los contornos de mi rostro, incluyendo mi boca, nariz y ojos.

Su mirada está fija en mi rostro, y me estudia con mucho detenimiento.

-¿Qué?

-Shh. No hables. –Obedezco, y me besa con adoración antes de volver a poner distancia entre nuestros rostros. –Mi próximo cuadro será este.

Eso es romántico. Sonrío pero no digo nada. Solo me quedo allí unos segundos más deseando acercarme a él y volverme a besar como tanto anhelo por unos largos minutos.

-¿Harás uno de nosotros dos? –pregunto cuando finalmente me recuesto sobre su cuerpo

-¿Hacer qué?

-Un cuadro.

-¿Eso quieres?

-Sería lindo. Podríamos tomarnos una foto en el lago con la cámara que nos regaló Effie a nosotros dos y luego tú la usas como guía para pintarnos. O en la pradera.

-Tus deseos son órdenes.

Peeta besa mi coronilla y sonríe.

-Bien, haremos eso.

-Será nuestro secreto. Nadie de Panem podrá verlo.

-Lo dices porque unos meses deberé presentar mis trabajos en televisión nacional ¿no?

-Por supuesto.

-No te preocupes, voy a presentar otros. No serán de nuestra vida intima. No incluiré ni siquiera a tu madre y hermana, o mi familia.

-Son esos que están ocultos por mantas en un costado de la habitación.

-Sí, te los mostraré cuando esté conforme con el resultado, he tenido que tirar algunos por mi poca experiencia sobre lienzos. Me frustraba al comienzo, pero mi profesor dice que estoy mejorando considerablemente en comparación con las primeras semanas.

Sé que lo lograrás. Te he visto en acción pintando y estudiando mucho.

Peeta no se va a la cama sin antes leer alguno de sus libros de arte. Y yo aprovecho para aprender sobre música, sobre todo sobre piano, conciertos y etapas históricas de la música. Effie me envía el material desde el Capitolio, y Madge y yo nos lo repartimos para irlos leyendo a medida que me enseña. Claro, también tengo un profesor de piano especializado, el mejor de Panem, pero Madge también es de ayuda para mí, cuando pierdo el control porque algo no me sale, ella me serena.

-Deberíamos buscar mis cosas y salir. Antes de que alguien suba.

Resignada me siento en la antigua cama de Peeta donde me sentía tan a gusto.

Pero al ver toda la habitación mi curiosidad se activa.

Nunca he estado en la habitación de un chico. Pero la antigua habitación de Peeta no difiere mucho de la mía. Excepto por adornos y luces. Posters de grupos de música antiguos, de gente que ya murió hace siglos al parecer.

-¿Qué es eso, Peeta?

-¿The Beatles?

Asiento.

-Fueron una banda de rock, de antes del segundo milenio, sus canciones son muy buenas. Le gusta a Rye, y él hizo que empezara a escucharlos yo también.

-Mucho antes de los días oscuros.

Murmuro.

-Cuando la gente era libre supongo. Aunque según nos cuentan en la escuela, se comportaban como barbaros, egoístas, que abusaron de su libertad, sin valores que con sus guerras y ansias de poder, fueron destruyendo el mundo y sus habitantes y las guerras eran más frecuentes que antes. ¿Pero sabes? No pienso que todos fueran así. Pienso que una gran parte fueron víctimas como nosotros. Víctimas inocentes que pagaron por la ambición de gente poderosa, del gobierno y las fuerzas armadas.

-¿Y ahora no es muy diferente verdad? Los pocos sobrevivientes vivimos encerados en una burbuja, sin libertad de nada, mientras el gobierno nos castiga, nos mata de hambre, nos esclaviza y nos mata.

Entiendo a que quiere llegar Peeta y me parece horrible.

-Sí, es diferente. Antes las personas podían pensar por sí mismas, expresarse libremente, y ser libres. Ahora hasta eso nos niegan. Snow nos tiene en la mira desde que declaré mi amor por ti. Los tributos no pueden amarse, deben odiarse hasta el punto de provocar o desear la muerte del otro. Esas son las reglas del juego.

Peeta abre la puerta de un armario y tira la ropa vieja al suelo.

-Me pregunto se esa situación algún día cambiara. Pero hasta pensar eso es demasiado idealista.

Me siento a su lado.

-Tienes razon. Pero sería agradable vivir de una mejor forma. ¿Te puedo preguntar que haces?

-Busco unas cajas con pertenencias mías. Peeta rebusca una navaja de bolsillo que hay en un rincón y yo lo miro sorprendida.

-Peeta…

¿Si, amor?

-¿Qué haces con una navaja escondida?

-No es una navaja, es multiuso.

Peeta me deja observar todo lo que tiene, un abridor de botella de vino, o licores, otro para latas, un puntero y un untador y también la navaja.

-¿Pero porque la tienes acá?

-Eso deberías preguntárselo a mi hermano, la dejó aquí sin darse cuenta entre su ropa.

Peeta escoge el puntero para colocar sobre un tornillo. En cuanto saca el tornilla un cajón interior del costado derecho se abre y Peeta saca tres cajas de madera poco profundas de allí, después vuelve a colocar el tornillo en su lugar. Me pide que las agarre y lo hago.

-Las veremos en la Aldea de los Vencedores. Por ahora déjalas en la cama.

Asiento y obedezco.

-¿Quieres que las vea?

-Lo mío, es tuyo.

-No estamos casados.

-Pero lo estaremos algún día –Peeta acaba de confesar que quiere casarse conmigo en algún momento, eso me hace sentir. No soy un juego para él. Sin embargo aunque la idea no me desagrada, me asusta lo que podría venir después, como le reconocí a Cinna. No quiero ser madre, para después perder a mis hijos. -De todas formas, mucho de lo que está dentro de esas cajas es sobre ti. Esperaba mostrártelas en algún momento que no se dio hasta los juegos.

Me alegra que Peeta cambié de tema. Me avergonzaría demasiado reconocer que tal vez no soy la mejor opción para él y que él merece alguien que le dé hijos sin temor al futuro.

-Salgamos, no hay nada más aquí. Mi familia llevó todo lo mío a la casa

Eso se nota. No hay nada más que ropa y objetos al azar en la habitacion, ni siquera al abrir los armarios por m cuenta sentí la presencia de Peeta allí.

Excepto…

Hay dibujos pegados en una pizarra ubicada en la pared.

Leo el nombre garabateado de Peeta allí y personas dibujadas con crayones, es del primer año escolar, reconozco la firma de la profesora y el nombre. Peeta fue calificado con un "Excelente"

-Oh, esos dibujos –Peeta suspira. –No los mires. Era muy malo en esa época. Me deja muy mal parado.

-Pero quiero verlo, lo hiciste tú después de todo.

Me acerco más para quitar el papel que lo cubre a medias. Y Peeta toma mi mano entre la suya y la besa antes de quitarlo el misma y me los pasa.

El primero es un dibujo de él, sus hermanos y sus padres hecho con forma y no con las típicas rayitas esperables en un niño pequeño. Peeta dice que era muy malo, pero no diría eso si viera como dibujaba yo cuando era niña.

-Fue en nuestra primera semana de clases. ¿Recuerdas? La maestra nos pidió que dibujáramos a nuestras familias enteras a modo de presentación.

Noto la presencia de una patineta en la mano del que sería Alexander.

-A Alex ese año le regalaron una patineta, los golpes que se daba y las numerosas caídas no cesaban. A Rye y a mí nos prohibieron andar con ella, tras ver los fracasos de mi hermano, mi padre no quería que sus hijos más pequeños acabaran igual de lastimados, entonces nos limitábamos a verlo, mientras nos descostillábamos de risa al verlo tropezarse y caer. Después aprendió a hacer algunas piruetas y se volvió en alguien relativamente bueno. Pero como venganza por habernos burlado de él por meses, nunca nos dejó usar su patineta. A mí no me interesaba realmente, pero Rye se la robaba a escondidas para practicar y después la devolvía al lugar para que no lo notara.

-¿Y fue descubierto?

-infraganti.

-Mala suerte.

Se llevaron como perro y gato lo siguientes meses debido a ese evento. Y competían todo el tiempo para ver quién era mejor.

Me empiezo a reír. Por lo visto Peeta, tuvo una linda y divertida infancia debido a sus hermanos.

-Me gustaría saber más sobre la vida con tus hermanos. ¿Tienes más anécdotas divertidas?

-Y otras muy vergonzosas. ¿Cuáles prefieres que te cuente?

-¿Ambas?

-Las seleccionaré cuidadosamente entonces.

-De acuerdo.

-Hay otro dibujo más –me recuerda.

El otro me sorprende aún más.

-También lo dibuje en la misma clase, la consigna creo que era dibujar algo que nos haya impactado en los últimos meses.

No dejaba de mirarte a ti a hurtadillas mientras lo dibujaba, me ruborizaba pensando en el miedo que sentía que descubrieras que eras tú la protagonista del dibujo, más porque tú también me mirabas de a ratos.

En el dibujo estoy yo parada sobre un taburete custodiada por una mujer mirándolo; él sentado frente a mí, lo recocí por los toques de de niño rubio de ojos celestes que era y los sinsajos fuera de la habitación. Y también pupitres vacios y sin alumnos a su alrededor. Cerca de mi dibujo notas musicales, mientras los sinsajos fuera mantenían silencio.

El dibujo no estaba perfectamente hecho, pero recordaba tan bien ese día, que capté el mensaje al instante.

-Me impactaste tanto, que el resto que ignoré al resto del mundo, mientras tú cantaba, hasta olvide que habían más alumnos en el salón.

Una lagrima cae sobre mi mano y me doy cuenta que estoy llorando conmivida por el detalle de Peeta, de dibujarme cuando solo habían pasado unos días de conocerme.

-Cuando la maestra lo vio, me sonrío, acaricio el rostro muy maternalmente y me susurró al oído que había notado que yo había quedado prendado de ti desde que te vi y que le parecía un detalle muy romántico, me dijo que tal vez debía dártelo en persona y hablar contigo para que fuéramos amigos. O algo así. Pero la vergüenza era más fuerte y nunca te lo di. Nuestra maestra fue la primera en notar que yo estaba interesado en ti, después de ver ese dibujo.

Más lágrimas caen de mis ojos mojando mis labios y mi pera.

-Y yo nunca me di cuenta de eso… lo siento, Peeta. Estaba tan ciega que hasta mi hermanita ato cabos antes que yo.

-Yo tampoco sospeché que tú sintieras algo por mí, aunque no le habías puesto nombre aún. Estamos a mano.

-Me siento una estúpida por no saber leer a las personas.

-Eso es porque nunca te interesó ser una persona social… siempre estabas con Madge en la escuela. Nunca te juntaste con nadie más, salvo que fuera obligatorio. Pero creo que tus habilidades sociales han mejorado desde que pisamos el Capitolio.

-Tal vez…

Cierro los ojos y Peeta me atrae hacia su cuerpo y me arrincona en la pared.

-Quiero pensar que no son lágrimas de tristeza las tuyas.

-No lo son.

Al notar sus manos recorriendo mi rostro y mi cabello, vuelvo a abrir los ojos al tiempo que rodeo sus hombros con mis brazos.

Sus ojos me observan con un amor desbordante.

-Te amo –murmuro sin siquiera pensarlo.

-Lo sé. También yo. ¿Puedo besarte, niña del dibujo?

-Todas las veces que quieras.

-Eso suena perfecto.

Su cuerpo se amolda al mío, y nuestros labios también como si fueran dos piezas de un rompecabezas que se unen para formar un todo. Y unos minutos me siento en las nubes completamente feliz y capaz de olvidar nuestra dura realidad. Lo mejor que puedo hacer es disfrutar de su compañía todo el tiempo que pueda. No sabemos que planea Snow para nosotros en el futuro, o con que "sorpresa" nos puede venir. Nuestros momentos juntos, son muy valiosos como para desperdiciarlos. Por otro lado, sus labios, su cuerpo se han vuelto una adicción para mí, me resulta imposible ignorar las sensaciones que Peeta me provoca, sin desear mucho más. Para mi fortuna, ese deseo es mutuo.