Un nuevo e inesperado encuentro

—Odio las reuniones, y los bailes, pero lo que más odio es vestirme con esa ropa tan brillosa. Parezco anunció de Neon.

Mientras Helga se acomodaba la falda plisada que llevaría para el evento de esa noche, su madre se encontraba terminado de arreglarse frente al espejo de medio cuerpo que tenía en su cuarto. Para la labor, Miriam le había pedido ayuda a Olga para que sus ojeras ya clásicas se difuminaran por entre el maquilla, y cuando su hija mayor terminó el trabajo ya solo le restaba hacerse un recogido discreto a un lado de su cabeza.

Olga también había quedado bien en muy poco tiempo gracias a sus conocimientos de maquillaje y arreglo personal, y ni que decir de John que lucía un nuevo traje especialmente para la ocasión.

Todos se veían como anuncio de una revista. Los tres se veían listos para la reunión. La única que parecía un pez fuera del agua era Helga.

—Vamos, no es tan malo. Recuerda que tú abuela te envío ese vestido hace unos meses. No has tenido tiempo de estrenarlo, así que es una buena oportunidad para que lo uses y le mandemos una foto.

—Me choca. Saben que odio verme así.

—Helga…

—No tengo nueve años, para que todavía me estén vistiendo.

—Es un detalle. Deberías ser más agradecida.

—Y lo soy, pero me veo como muñequita de pastel con esto puesto… ¿En verdad tengo que ir?

Miriam se terminó de poner el adorno en su recogido y volteó a ver a su hija menor. Si bien era cierto que Helga todavía no había pasado por las manos maquilladoras de Olga, admitía que la muchacha era igual de bonita que hermana.

—Vamos, Helga. Ya habíamos hablado de esto. John está muy ansioso de acudir a este evento, y lo quiere hacer en compañía de todas… Después de todo, somos su familia.

La rubia estaba irritada por la vestimenta, pero ni con eso se atrevió a exteriorizar la idea que le había surgido cuando su madre dijo eso. Aunque no le agradaban los eventos sociales a los que la llevaban, tampoco era tan mezquina como para aclarar que Miriam era la única que tenía esa responsabilidad para con él.

—Es que, ya sabes que no…

—No te hará daño salir con nosotros. Hace mucho que no lo hacemos, y yo de verdad las extraño, ¿Acaso ese no es motivo suficiente para pedírtelo?

Helga sabía hacía donde se dirigía su madre. Había vivido el sufriente tiempo con ella como para reconocer un chantaje bien disimulado, y aunque una parte de ella admiraba que intentara semejante acto con ella, también sabía que de poco le iba a servir.

Ella no era Olga, por lo tanto no se manejaba con los mismos patrones.

—Oye, de verdad no me siento cómoda con esto. Ya sé que la abuela quería hacerme un regalo cuando me dio esta cosa, y si sé que ya no salimos como antes de que te casaras con John —, ante la mención del hombre, Miriam arrugó la boca —, pero tampoco se vale que me obligues a hacer algo que no me gusta. Tú bien sabes que no disfruto ir a ninguna reunión de este estilo, así que no entiendo porque me dices que vaya si al final yo solo voy a…

Antes de que Helga pudiera terminar de hablar, la puerta del cuarto se abrió y un John a la mar de contento les dedicó una veloz mirada, a la par que decía.

—Estoy muy emocionado. Todavía no puedo creer que me dieran el premio a Negocio del año entre la asociación. Esto es increíble y… Se ven muy bien las dos. Si pudiera las sacaría a bailar ahora.

Así como el hombre llegó se fue, dejando a madre e hija con sendas caras de sorpresa que pronto se trasformaron en risas escandalosas.

Miriam fue la primera en controlar su humor, tomando a Helga de la mano para llevarla al banquito de su tocador.

—Te lo dije. Él está ansioso por tenernos ahí a todas.

—Oye, pero él no es…

Viendo hacía donde se dirigía, la rubia se cortó a media frase y, antes de dejar que su madre la arreglara, suspiro.

—¿En verdad tengo que hacerlo? No quiero ir, pero…

—Ya no eres una niña pequeña, Helga. Si no quieres acompañarnos entonces habla con John y exponle tus motivos. Aunque me gustaría que fuéramos como una familia, no puedo obligarte a pertenecer a algo que no quieres.

La muchacha sopló un mechón que le colgaba de la frente y se encogió de hombros.

—Es tu decisión.

—Vamos, chicas; rápido. No podemos llegar tarde a esta ceremonia de premiación.

—Rayos… Ya te oímos la primera vez, John.

Sin darse por ofendido por el tono que uso Helga, el hombre le sonrió y alzó ambos pulgares, para después tomar la mano de su madre y decir.

—Lo sé, lo sé. Estoy un poco nervioso y creo que me estoy poniendo pesado.

—No es para menos, John. Este premio es un gran honor —, Olga le respondió a la sonrisa del sujeto y se levantó el vestido de cuello en v que portaba. Una pieza en blanco y negro que resaltaba su figura.

A su lado iba Helga intentando por todos los medios no arrastrar la parte baja del vestido que llevaba. Al final no se había atrevido a ir en contra de los deseos de John, el hombre no le caía tan mal como aparentaba, y lo cierto es que no quería hacer sentir mal a nadie más.

Sobre todo con lo de Bob y, la advertencia que les había dado sobre lo que podía hacer Nick Vermichelli si se le permitían llegar a ellos.

Aquello era demasiado. Necesitaba un buen respiro, y ya después pensaría en lo que tenía que hacer.

—Es impresionante.

El comentario de Miriam sacó a Helga de sus pensamientos. Frente a ella se encontraba el salón de eventos de la WYK de Hillwood, uno de los grupos más influyentes en la localidad, al cual asistían empresarios de diversas ramas para convivir y discutir ideas para mejorar la vida en ese sitio.

John le entregó la invitación a la edecán y, cuando comprobó que era verídica, los cuatro fueron escoltados al tercer piso del edificio, en donde ya se encontraban esperando varios de los asistentes a la ceremonia.

Aunque ya habían dado el anunció de los ganadores en las diferentes categorías que se premiarían, la reunión había sido diseñada para entregar sus respectivos premios y menciones honoríficas. A John le había ido a la mar de bien en "Emprendedores culinarios" y "Equipos promesa", por eso estaba tan ansioso por que comenzara todo.

—Mira. Ahí está la señora Grant, Miriam. Ella es la dueña de una de las cadenas hoteleras más viejas de Hillwood. Dicen que los platillos que se presentan en sus restaurantes son legendarios.

—¿Es ella? Pero si se ve tan joven.

—Es porque ella es la hija de la primera dueña, y por fortuna ha mantenido el estándar de calidad que impuso su madre con…

Helga se alejó con las cejas arrugadas y el gesto enfurruñado. No entendía ni media palabra de lo que decían esos dos, así que según sus estándares había llegado el momento de poner pies en polvorosa y buscar algo más en que entretenerse.

Claro que su hermana no era una opción, ya que nada más cruzó el arco y se le acercaron un par de conocidos para platicar con ella sobre música, cultura y otras muchas cosas de las que ni sabía nada.

—Rayos, ahora tengo que ver que…

—¿Helga? ¿En verdad eres tú?

La rubia volteó justo en el momento en que una de las asistentes se acercaba al sujeto detrás de ella, y le pedía bailar. El la rechazó con una amabilidad impresionante y, cuando posó sus ojos en las pupilas azules de Helga esta por fin se dio cuenta de quién era.

—Madre mía, ¿Lorenzo?

—El mismo.

Si ya antes le había llamado la atención que las chicas persiguieran a su amigo por media escuela, ahora Helga se sentía lo que seguía de intimidada por aquel hombre frente a ella. Desde la punta de sus zapatos Jimmy Choos hasta la gabardina que portaba con elegancia, el traje oscuro que traía Lorenzo lo hacía ver muy bien y a leguas se notaba que estaba hecho a la medida. Solo así se explicaba su amiga que se le viera tan bien mientras le daba la vuelta para verla con detenimiento.

—Increíble. Ya sabía que te verías bien de vestido, pero esto sí que es una grata sorpresa.

—Gr-gracias. Tú también te ves muy bien —, sin saber porque lo hizo, Helga bajó la mirada y la posó en sus zapatillas de tacón medio.

"¿Qué rayos me pasa? ¿Por qué me comportó como las tontas de la escuela? Yo no soy así y no creo haberme apenado tanto desde… Desde Arnold"

Recordar al rubio hizo que Helga se entristeciera. En esos momentos le hubiera gustado que estuviera a su lado, por lo menos para platicar un poco y pasar la velada con él.

Lorenzo sintió que algo no estaba bien con Helga, así que le extendió una mano y esperó a que ella la viera.

— ¿Lorenzo? ¿Qué…?

—Ven. Vamos a bailar un poco.

En automático, la muchacha retrocedió un par de pasos y negó.

—Créeme que no quieres eso. De verdad.

—No lo creo, en verdad se me antoja bailar contigo.

—No. Es que, veras… —, la rubia se acercó a su amigo y le susurró al oído —. No soy muy buena bailando.

—No te preocupes —, contesto él, en el mismo tono e imitando sus ademanes —. Yo te ayudo.

Lorenzo no le dio tiempo de negarse. Sujetó la mano de Helga y la llevó a la pista de baile, en donde comenzaba una suave melodía que los obligó a acercarse un poco más para poder moverse.

Cuando sintió la mano del moreno en su cintura, un escalofrió recorrió a Helga de pies a cabeza. No podía ignorar su cercanía, ni tampoco la calidez que le transmitía su mano. Aquello era nuevo para la rubia a un nivel inconsiente.

Con sus amigas solo sentía alegría y camaradería. Cuando platicaba con Brainy se sentía estimada y comprendida por alguien muy parecido a ella. Junto a Arnold solo era capaz de experimentar nervios, además de mucho amor y un poco de irritación por su carácter pasivo.

Ninguno de sus amigos la hacía sentir como Lorenzo, pero a la vez Helga sentía que aquel lazo era fuerte. No sabía explicarlo, pero una parte de ella se sentía cómoda con él moreno. Más cómoda de lo que nunca se había sentido al lado de su querido cabeza de balón.

"Oh, no. No puede ser eso… Yo, ¿siento algo por Lorenzo?... Sí. Creo que sí, pero, ¿Qué es?"


¡Nuevo capítulo del fic! Y como que me siento un poco solita porque no me han dejado más comentarios y likes en ella, ¿Ya no les gusta para dónde va la cosa? Espero que ese no sea el caso porque lo que viene tras este capítulo es una bomba de tiempo. Literal.

Las cosas se están poniendo muy mal para Helga y Arnold, y lo peor de todo es que nuestro pobre rubio no sabe ni por donde le están llegando los golpes. ¡Apúrate y dile algo, Helga! ¡Rápido!

¿Qué dicen? ¿Creen que las cosas terminaran bien para ellos?

Antes de despedir este capítulo les hago este anuncio: no va a haber nuevos capítulos hasta pasando Semana Santa. ¿Y eso por qué? Bueno, a mi familia le gusta salir de la ciudad por esos días, y lo cierto es que a donde vamos no tienen una buena señal de internet, así que lo mejor es parar la cosa hasta que vuelva. No se preocupen, terminan esos días de descanso y regreso con todo.

Disfruten de estas vacaciones de Semana Santa. Nos leemos en unos días.