Los personajes en su mayoría son de Stephenie Meyer, salvo algunos cuantos que salieron de mi alocada cabecita. La historia es completamente mía.
– Capítulo 34 –
TIEMPO DE SEGUNDAS OPORTUNIDADES
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―Buenos días, Bella – saludó él con una media sonrisa cuando ella apareció en la sala.
El hombre, se encontraba sentado con un libro abierto entre sus manos y una taza de té caliente sobre la mesita, sonrió un poco más al notar el leve enrojecimiento que cubrió las mejillas de la chica. La castaña apretó más el nudo de la fina bata que cubría su corto camisón de seda, no era la primera vez que olvidaba que ellos no estaban solos en el apartamento.
―Buenos días, papá.
Ya pasaron casi cuatro semanas desde que abandonaron el Manhattan Medical Center. Si bien a ella le dieron el alta médica el mismo día de su ingreso Edward permaneció en internado unos cuantos más para que así los doctores pudieran evaluar de cerca su progreso. Durante el tiempo necesario Bella estuvo al lado de su novio sin que ninguno de sus amigos o familiares pudiera hacerla cambiar de opinión, y cuando finalmente le dieron el alta los dos se trasladaron al apartamento de ella que insistió en ocuparse personalmente de los cuidados de Edward mientras éste estuviera convaleciente. Por supuesto Charlie también se instaló allí, decidido a quedarse en Nueva York hasta que las cosas se tranquilizaran un poco.
Además de las consecuencias que ocasionaron los últimos hechos acontecidos cosas buenas pasaron en el correr de esas duras semanas. Una de ellas, tal vez la más importante para Isabella Swan después de la recuperación de su novio, era el haber restaurado en parte la comunicación con su padre. Claro que no era algo que podrían reparar de un dos por tres pero definitivamente habían recuperado un poco de vínculo que perdieron en algún momento del pasado.
Hablar marcó un antes y un después en la relación padre e hija. Si bien hablaron largo y tendido, sobre todas aquellas cosas que se guardaron en los últimos doce años, no hubieron reproches de parte de ninguno de los dos. No era el momento de sacar en cara lo que fue y lo que pudo ser sino de compartir aquello que vivieron y que los convirtió en las personas que eran. Era difícil decirlo con seguridad pero Bella tenía la corazonada de que de ahora en adelante las cosas con su padre iban a ser muy diferentes, y no era capaz de poner en palabras la cantidad de sentimientos encontrados que le producía la sola idea.
―¿Cómo está Edward?
Ella sonrió ante la pregunta, la misma pregunta que escuchaba cada mañana de los labios de su padre desde que los tres empezaron a compartir techo hace ya tanto tiempo.
Ninguna cosa estaba más clara que el hecho de que Charlie Swan aprobaba completamente a su novio.
En las pasadas semanas ellos también hablaron, compartieron significativas conversaciones privadas que de alguna forma creó un extraño lazo entre los dos. Edward se las arregló para demostrarle a su suegro que él era un buen hombre, un hombre digno de alguien como su hija. Bella creía que eso no debió ser una tarea difícil, cualquier persona que lo conociera realmente, su verdadera forma de ser, sabría que Edward Cullen era un hombre maravilloso en todo el sentido de la palabra.
―Está bien, se marchó temprano en la mañana – ella soltó una risita –. Estaba desesperado por regresar al hospital, creo que si alguien más le hubiese dicho que debía pasar un día más en cama lo habría mordido.
Charlie asintió, sintiendo una repentina simpatía por su yerno, sabía muy bien lo que se sentía estando uno en cama sin poder hacer nada. Era una fortuna para el muchacho que finalmente su médico le considerara lo suficientemente recuperado como para retomar su vida laboral. Entonces la mirada del hombre cambió, se enfrió varios grados más mientras enfocaba sus ojos castaños con los de su hija.
―Llegó esto para ti, temprano en la mañana. Creo que es importante. – así le tendió a Bella un sobre blanco, completamente sellado y en perfectas condiciones.
―Imagino que sí.
No necesitaba abrirlo para saber qué contenía dentro pero de todas formas lo hizo. Había recibido ya un par de ellos en las semanas anteriores, y conocía lo suficientemente bien el procedimiento como para saber qué vendría a continuación. Como bien imaginó, era otro citatorio para ir a declarar. Dado que dejó de ser una agente federal tiempo atrás le tocaba recibir los mismos citatorios que le enviaban a los civíles y a la población en general, no importaba el hecho de que hasta hace unos pocos meses fuese miembro de esa organización. Por lo que sabía ella, Jake y John también los recibieron aunque mucho antes de que comenzaran a llegar los suyos.
Se puso a leer con atención el documento. Su nueva audiencia, si es que se la podía llamar así, estaba programada para dentro de dos días, y como siempre Aro Volterra firmaba a continuación. Suspiró, lo último que le apetecía realmente era verle la cara a ese miserable y escucharlo difamar a todos aquellos que quería solo para obtener una confesión de lo que imaginaba era la realidad. Volterra estaba convencido de que Paul Sanders tenía complices dentro de la OCF y estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para demostrarlo, incluso desmantelar la organización pieza por pieza para después volverla a armar si con eso obtenía un beneficio.
La tristeza y la rabia la embargaron nuevamente al darse cuenta de que esa era otra forma en la que su primo se cobró su absurda venzanza. Sin importa hacia dónde mirara solamente podía ver destrucción trás el paso de Paul, tanto así que ni sus propios compañeros se salvaron de las consecuencias del odio desmedido e infundado que lo consumió.
―Sé lo que estás pensando, Isabella – interrumipió Charlie de repente –. Pero me parece que eres lo suficientemente inteligente como para darte cuenta de que la única persona responsable de la situación no eres tú.
Eso ya lo sabía, todos lo sabían. Después de que los medios se enteraron la noticia corrió de manera insospechada, todos los noticieros del pais confirmaban la misma noche del suceso la captura del asesino conocido como El Merodeador que murió durante el operativo policial. Se dedicaron a contar la historia de una forma casi telenovelesca, relatando con detalle como el "policía corrupto" armó un maquiavélico plan en contra de su prima – también policía – y el novio de ésta mientras que en el camino se llevaba unos inocentes por delante.
Por fortuna, luego de unas primeras semanas en las que fue furor, la noticia estaba perdiendo poco a poco importancia dentro de otros millones que acaecían en el mundo minuto a minuto. Bella se sentía profundamente agradecida de que ni su privacidad ni la de Edward o la de sus amigos se viera afectada por los insistentes reporteros que buscaban desesperadamente una primera plana. En ese sentido el tema se encausó bajo las directrices de ambas organizaciones que acordaron proteger a las víctimas involucradas que lo último que necesitaban era ser parte de un circo mediático para añadir más sufrimiento a sus vidas, y en eso estaba de acuerdo.
―Lo sé... – suspiró sonoramente – pero eso no lo hace más fácil.
―Paul tomó sus decisiones y él ya pagó... - él apretó sus manos con cariño –. Pasaste los últimos doce años buscando al asesino de tu hermana y ahora que lo lograste es hora de que comiences a pensar en ti. Tienes toda la vida por delante para hacer lo que quieras con ella, Bella... ¿Qué es lo que tú quieres hacer?
Esa era una maldita buena pregunta, ¿qué de ahora en adelante? Una pregunta que se hizo muchas veces en las últimas semanas pero a la que todavía no podía encontrarle una respuesta válida.
Isabella Swan miró otra vez los ojos de su padre, y repentinamente sintió que el futuro, al menos esa mañana, no tenía tanta importancia. Todas esas decisiones trascendentales, por una vez en su vida, podían esperar un poco más. Por el momento iba a disfrutar la ocasión sin pensar en el mañana.
―No sé qué pasará en adelante pero lo que sí sé es qué vamos a hacer ahora.
―¿Y qué es eso tan importante que puede aplazar tu futuro?
Ella medio sonrió.
―El desayuno.
Charlie se tuvo que reír ante el tono de voz que empleó su hija, ese que denotaba una mezcla perfecta entre inocencia y maldad que no había escuchado en ella desde hacía ya muchísimo tiempo.
―Suena bien.
La castaña pasó un brazo por la cintura de su padre mientras que él la abarazaba por los hombros.
―¿Quieres ayudarme papá?
―¿A cocinar? Bueno... no seré tu madre pero puedo defenderme bien, al menos por una vez.
―Eso tendremos que verlo.
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Jake dejó la botella de cerveza sobre la mesa y después se sentó al lado de su amigo, Seth le agradeció con un asentimiento. Ellos no habían tenido demasiadas oportunidades para tener una charla privada hasta ese mismo momento.
Desde la muerte de Paul Sanders Jacob tuvo en claro que quería explicarles toda la verdad a la familia de su antigua prometida. Si bien ya lo sabían todo pero de alguna forma sentía que lo correcto era sentarse con ellos para contarles su visión de la historia. Fue a razón de Lauren que alargó el momento de su partida pero luego de varias semanas sin cambios en su estado, que a pesar de todo los médicos consideraban estable con aquella cantidad de medicamentos que la mantenían inconsciente, él no pudo seguir aplazando su viaje por mas tiempo.
El reencuentro resultó ser mucho más difícil de lo que nadie hubiera esperado, sobre todo para él. Los Clearwater, entre el dolor y la ira, no alcanzaban a comprender cómo una persona que conocían de toda la vida fuera el responsable de la muerte de su Leah. Jacob los entendía perfectamente porque a él tampoco le entraba del todo en la cabeza una idea tan horrible como esa.
También aprovechó el momento para hablar con sus amigos de la infancia sobre el tema. Nadie llegaba a comprender qué llevó a Paul a actuar de esa forma, la confusión y la incredulidad los dominaba a todos por completo.
La última persona con la que le quedaba hablar en Forks era con la propia Leah.
El día anterior, a casi dos años de su fallecimiento, Jake Black acudió al cementerio del pueblo y visitó la tumba que pertenecía a su antigua novia, aquella que fuera una de las mujeres más importantes de su vida. Tenía la imperiosa necesidad de sincerarse con ella, de darle una explicación, y no solo con respecto al caso sino también acerca de los sentimientos surgidos en él poco tiempo atrás. No le resultó fácil pero al final de todo sintió como si un enorme peso se quitara de sobre sus hombros, como si algo más hubiera cambiado. No sabía bien qué ni cómo pero podía notar la diferencia entre el antes y el después una vez que abandonó el cementerio.
Esa mañana Seth lo encontró preparando algunas cosas de su maleta, si bien su vuelo a Nueva York salía en las primeras horas del día siguente Jacob era un hombre al que le gustaba prepararlo todo con tiempo de sobra. Primeramente el motivo de su visita no era otro que su novia Rachel pero al no estar ella en casa de alguna manera los dos hombres terminaron sentados en el pórtico de Billy Black hablando de algunas cosas importantes que en el fondo necesitaban compartir con el otro.
―¿Qué va a pasar ahora, hombre?
Jake miró a Seth, y suspiró.
―Hay una investigación abierta con respecto al caso, me parece que quieren intentar averiguar si Sanders tenía más complices o no dentro de la OCF. No creo que sirva de mucho, está claro que trabajaba solo. La única vez que intentó delegar un poco en otra persona le salió fatal.
Estaba pensando en Fred Sinclair, en como le aseguró una y otra vez que podría reconocer la voz de quien lo contrató para atacar a Bella Swan. Y entonces, también recordó que Paul Sanders se negó a entrevistarse con él alegando que no sería capaz de controlarse si lo veía cara a cara. Claro que nadie sospechó nada, después de todo Paul estaba hablando del hombre que "atentó" contra la vida de su prima y quien puso su identidad secreta en riesgo.
¡Qué imbéciles habían sido todos!
―Seguró está mal lo que diré... pero me alegra que ese bastardo miserable esté bien muerto.
―A mi también me alegró al principio Seth, tanto como no tienes idea – le aseguró el moreno mirando la botella como si fuera lo más interesante del mundo –. Pero después empecé a pensar en todas las vidas que ese cabrón arruinó, en esas chicas que mató sin la más minima consideración y en sus destrozadas familias. Y pensé en nosotros... en Bella y en Charlie, en John y en su amigo Simón, en los Mallory y los Cullen. Diablos, también pensé Sinclair, en esos dos agentes del FBI, en James Witherdale y el resto de su equipo... ¿quién pagará por todo el mal que se les causó a esas personas? Ahora que lo pienso con la cabeza fría creo que la muerte resultó demasiado fácil para un hombre como él, un hombre que merecía podrírse en una oscura y miserable celda por el resto de su asquerosa vida.
Seth lo miró de soslayo, no tenía forma de refutar aquello que Jacob había expresado con tanta emoción. Inevitablemente sintió como la tristeza lo invadía nuevamente, algo que sucedía siempre que pensaba en su hermana o en cualquier cosa que se relacionara con ella, y consideró que lo mejor era cambiar de tema. Paul Sanders estaba muerto y, aunque muchos hubiesen preferido la cárcel para él, ya no podía seguir haciéndole daño a nadie. Era lo único que valía la pena rescatar del asunto.
―Entonces, ¿qué? ¿Regresarás a Forks o no?
No tenía que pensar en la respuesta. Si alguien le hubiera preguntado un año atrás él habría respondido afirmativamente sin dudarlo pero ahora, sobre todo después de Lauren, ya no creía que esa fuera su mejor opción.
―Puede que más adelante... algún día. – aseguró después de darle un sorbo a su cerveza –. No lo descartaría para el futuro pero ahora mismo... no, no puedo volver.
El muchacho agudizó su mirada y comprobó, no sin cierta sorpresa, que había algo más en Nueva York que retenía a Jacob Black.
Algo verdaderamente importante a su parecer.
―¿Por qué no?
Jake abrió y cerró la boca varias veces sin saber cómo contestar la pregunta. No pretendía mentir pero tampoco estaba seguro de que decirle en ese momento al hermano de Leah que sentía cosas fuertes por otra mujer fuera lo más adecuado. Había mantenido conversaciones sobre el tema con Bella, con Jessica e incluso con su padre, pero Seth era una cosa aparte. Lo último que pretendía era que su amigo pensara que traicionaba la memoria de Leah por querer a otra persona a tan poco tiempo de su muerte, sobre todo porque si bien en un principio lo consideró así ya no lo veía de esa forma. Leah Clearwater fue una magnífica mujer a la que amó muchísimo, nadie podría nunca llegar a saber cuánto, alguien a quien guardaría en su corazón eternamente como parte fundamental de su vida. Pero Lauren Mallory era la persona que lo sacó del pozo en el que se encontraba, que desinteresadamente le ofreció su amistad, su compañía, su confianza y su bondad. La mujer que sin saberlo comenzó a curar su alma y a demostrarle que la vida sigue incluso después del dolor.
―Es... complicado.
Seth asintió sin cambiar su expresión.
―¿Es la razón por la que te marchas tan pronto?
―Sí.
No había que ser un génio para comprender, y Seth lo captó al instante. Para la completa sorpresa de Jacob su amigo no se mostró enojado como el creyó que sucedería sino que todo lo contrario, su rostro moreno adoptó una expresión de tristeza que a él casi le dio ganas de llorar. Era como si comprendiera que, a pesar de la muerte de su hermana, la vida sigue y que efectivamente para él la vida siguió.
―¿Cuál es su nombre? – preguntó con extrema suavidad.
Dudó un momento pero al final decidió responder siguiendo su idea de no mentir.
―Se llama Lauren, es amiga de Bella. Durante los últimos meses fue ella quien me ayudó a investigar el caso del Merodeador.
―Suena como una chica con la cabeza bien puesta.
Lo que parecía ser una pequeña sonrisa triste se formó en su rostro y el detective lo miró incrédulo, sin dudas esperando una reacción diferente por su parte. Seth reconoció enseguida la duda y el miedo que sentía su amigo al confesarse, y aunque admitía que una parte del él quería sentise enojado con su cuñado por "olvidar a Leah" la otra parte sabía que eso no era justo para nadie.
―No pareces estar enfadado – se sintió en el derecho de remarcar.
―¿Debería estarlo?
―Tú dímelo.
Fue Seth quien suspiró sonoramente antes de enfocar los ojos marrones de su amigo que lo observaban con cautela, como si se estuviera preparando para cualquier cosa que pudiera suceder.
―No puedo decir que no duele, o que no se siente extraño todo esto. Leah era mi hermana y todos sufrimos su muerte... sé que la amabas, Jake. Y aunque tal vez una parte inmadura de mi quiera gritarte por seguir adelante nunca podría hacerlo. Han pasado casi dos años de su muerte y nosotros hemos seguido con nuestras vidas, es lo justo que tú también continues con la tuya.
Ningunas otras palabras podrían haberlo tranquilizado tanto como esas que su amigo pronunció. Sabía que algunas personas no se lo tomarían a bien, algunos creerían que estaba siendo egoista o que iba demasiado rápido, y también sabía que lidiaría con eso cuando fuera el momento. Pero para Jake, ahora, era más importante la opinión de Seth que la de ningún otro. Y era muy agradable y triste a la vez escucharlo hablar así.
―Gracias... por no juzgarme.
Seth negó torpemente sin borrar su sonrisa triste.
―Eres un buen hombre, Jacob, uno muy bueno.
No se necesitaron más palabras. Un largo silencio envolvió a los dos hombres, solamente roto por el sonido de la naturaleza a su alrededor. Ellos no lo sabían todavía pero esa pequeña conversación que mantuvieron iba a cambiar muchas cosas en adelante, e iba a volverlos más amigos de lo que alguna vez fueron, mucho más de lo que lo eran ahora.
Quince minutos después Seth decidió que era tiempo de regresar, se despidió de Jacob con un abrazo haciéndole prometer que llamaría más seguido para contarle las novedades. El detective entró nuevamente en la casa para continuar con últimos detalles que faltaban cuando Billy llamó a la puerta de su habitación para avisarle que tenía una llamada urgente desde Nueva York.
Jake no perdió tiempo en ir a atender.
―Diga.
―Jacob. Soy Carol, Carol Mallory. Intenté llamarte al móvil pero no podía comunicarme contigo, entonces recordé que tenía el número de la casa de tu padre.
―Carol, está bien. Lo del móvil fue un descuido mío, olvidé que no tenía batería... ¿Sucedió algo?
Su cuerpo se tensó cuando el silencio de la mujer se prolongó lo que le pareció un tiempo interminablemente largo, no quería ni pensar en qué era aquello tan importante que tenía que decirle.
―Si, pasó algo. Los doctores decidieron retirarle la medicación a Lauren en las últimas horas de la tarde. Ella... ella... va a despertar.
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Miró a la madre con algo de diversión antes de posar sus ojos nuevamente en la pequeña charlatana que no dejaba de hablar. Se sentía agradable volver a su ámbito laboral, no es que fuera un hombre que disfrutara quejándose pero esos últimos días en cama que debió pasar para recuperarse resultaron de lo más odiosos. Ni siquiera la presencia de su novia o de sus amigos podía meguar el sentimiento que le causaba estar postrado en una cama sin poder levantarse más que para ir al baño ya que para su completa recuperación necesitaba reposo absoluto.
Igualmente eso ya quedó atrás, tan atrás como otro montón de cosas desagradables de las que no debía precuparse nunca más. Estaba claramente agradecido por muchas cosas, por salir con vida de una situación en que por momentos creyó no podría superar, por el bienestar de su novia que pese a todo estaba saliendo adelante de la mejor manera posible, por el futuro que ya no se presentaba grís sino que mostraba una interminable gama de colores para elegir.
Se sentía agradecido, fin del asunto. No era necesario decir más.
Un carraspeó llamó su atención, la morenita lo miraba con su ceño de siete años completamente fruncido.
―¿Estás escuchándome, Edward?
Él miró de soslayo a la madre otra vez, aguantando las ganas de reir asintió solemne.
―Por supuesto, Amber.
―Bien... porque, como te decía, no me gusta el doctor Stuart – arrugó su pequeña nariz –. Él no es tan bueno ni tan paciente como tú. Además, nunca sonríe y siempre está serio.
La niña hablaba del otro pediatra, aquel que tomó sus casos durante el tiempo que estuvo ausente recuperandose de la operación. No estaba seguro de qué fue lo que les hizo el doctor Stuart a sus pacientes pero desde esa misma mañana que se reincorporó al trabajo todos los niños que atendió hasta el momento se mostraron excesivamente felices por regreso.
―El doctor Stuart, aunque si es un poco serio, es un buen doctor. Sabe muchas cosas y puede curar a los niños traviesos como tú igual de bien que cualquier otro pediatra.
La niña asintió no muy convencida.
―Tú eres más guapo y sonries más. A mi me gustas más tú.
Edward rió, así como la señora Coleman, antes de ofrecerle a Amber una paleta de caramelo sabor limón, aquella que sabía era la favorita de la niña. Ella la aceptó con una inmensa sonrisa en el rostro.
―Te lo agradezco, entonces. Prometo que a partir de ahora intentaré no faltar más, ¿está bien eso para ti?
Amber asintió contenta antes bajarse de la camilla y de darle una abrazo a su doctor favorito. No importaba cuánto tiempo pasara o cuántos doctores la atendieran él siempre sería el mejor para ella.
―Muchas gracias por todo doctor Cullen, nos alegra que ya se encuentre mejor – sonrió la mujer estrechándole la mano.
―Gracias a ustedes señora Coleman – asintió Edward acompañando a las dos a la puerta –. La veré en dos semanas para la revisión mensual de los gemelos, que tengan buena tarde.
―Adiós – saludó Amber con la mano cuando ella y su madre abandonaron el consultorio.
Una vez acabado con todos los pacientes Edward decidió hacer un parón para ir a almorzar, avisó a su asistente que estaría en la cafetería por cualquier emergencia y se marchó del área de pediatría. Resultó agradable para él comprobar que todos sus amigos, al menos los tres que trabajaban en el hospital, estaban sentados en una mesa charlando sin preocupaciones. Después de tanto tiempo mirando por sobre su hombro, buscando sombras en la oscuridad, se sentía raro volver a lo mismo de antes cuando el mayor peligro que corrían era ser el nuevo rumor del hospital.
Si, se sentía raro pero bien.
Edward se acomodó en la silla libre junto a Tanya que lo miraba sin perder detalle, los otros dos colocaron expresiones que se acercaban mucho a la burla.
―¿Cómo te sientes? – interrogó primeramente la rubia como saludo de bienvenida.
Él rodó los ojos, especialmente cuando notó que si bien sus dos amigos continuaban burlándose estaban al cuidado de su posible respuesta.
―Todo bien Tanya, de verdad. Me encantaría que dejaran de hacerme esa pregunta, cada persona que cruzo en el hospital lo hace y llega un momento que resulta agotador.
―Solamente nos preocupamos por tu salud, queremos que estés bien.
―Y se los agradezco muchísimo... pero no más preguntas sobre mi estado, por favor.
Tyler rodó los ojos pero asintió.
―Está bien, como quieras. Por cierto, ¿cómo está Bella?
Esa también es una de las cosas buenas que resultaron de la situación. Si antes quedaba alguna rencilla entre sus amigos y su novia a causa del tema de Nessie eso definitivamente quedó en el pasado. Ya nadie podía oponerse a su relación o a su mujer después de lo que ella hizo por él, enfrentarse a un asesino – que además era parte de su familia – para salvarle la vida incluso poniendo en juego la suya propia no era algo las personas se tomaran a la ligera. Era un acto de entrega total, así lo definió su madre, que demostraba el profundo y sincero amor que esa mujer sentía por él. Tanto así que incluso Abigail debió aceptar aquello como una verdad dejando de lado todas sus dudas y sospechas contra Bella, una mujer que se exponía a tal peligro para salvar al hombre que amaba era digna de su respeto y admiración.
Si, las cosas poco a poco estaban volviendo a ser como antes.
―Está bien, su cabeza todavía es un lío pero lo está superando. Me parece que tener a su padre cerca marcó definitivamente la diferencia, creo que ni siquiera ella misma notaba cuánto lo necesitaba hasta ahora.
Los tres asintieron en acuerdo, también habían conocido a Charlie Swan y también consideraban que era bueno para la muchacha tener a su padre como apoyo en esa situación tan complicada para ambos.
―Me alegra que dejen todo atrás y comiencen otra vez. Es hora de que recuperen la relación de padre e hija.
―Bueno, Riley... eso tiene un punto bueno y un punto malo. – sonrió Tyler con malicia.
―¿Por qué lo dices?
―Es que ahora Edward tendrá que tener cuidado en dónde pone las manos, no vaya a ser que su suegro decida empezar a cortar partes de su anatomía por pasarse de la raya con su niñita.
Tanya, que obviamente estaba esperando el momento, bufó y golpeó la parte de atrás de la cabeza de Tyler sin contemplación alguna causando la risa de los otros dos hombres en la mesa.
―¿Por qué no piensas antes de hablar?
―¡Eh, mujer! Solamente era un comentario, ¿me parece a mi o estás un poco histérica hoy?
Ella volvió a golpearlo en la cabeza pero no le respondió. Riley y Edward intercambiaron una mirada divertida y negaron mientras que sus amigos continuaban una absurda discusión que comenzaba a llamar la atención de algunas personas alrededor que giraban disimuladamente para tratar de escucharlos.
Si, era casi como antes. Y no había nada mejor que eso.
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―Siga el movimiento de mi dedo, señorita – pidió el neurólogo moviendo su dedo indice de izquierda a derecha.
Ella intentó obedecer aunque sentía que en cualquier momento la cabeza le iba a estallar de dolor, bueno en realidad le dolía todo. Evidentemente estaba en un hospital, podía reconocer algunas máquinas a su alrededor, el blanco que lo cubría todo era inequívoco, lo que no comprendía era el por qué. Últimamente se había estado sintiendo como en una especie de pozo sin fondo, algo como un vacío del que entraba y salía constantemente pero al cual nunca podía abandonar del todo. Era bastante confuso en realidad.
Pestañeó con fuerza cuando el doctor enfocó aquella luz blanca en sus pupilas. Eso también llevó algunas cosas a su memoria: una luz blanca demasiado extraña, un lugar cálido, una risa fresca, una mujer a borrosa, voces familiares... oscuridad... dolor... miedo... llanto.
―¿Podría decirme su nombre? – intentó otro médico mientras que el neurólogo continuaba moviendo su mano llamando su atención.
Abrió la boca para responder pero entonces encontró su garganta extremadamente seca, tosió e inevitablemente su cuerpo protestó de dolor.
―Está bien, tranquila – pidió nuevamente el neurólogo –. Lleva mucho tiempo sin hablar, por eso su garganta se siente molesta. ¿Puede responder la pregunta?
―La... Lau... Lauren – murmuró casi sin voz.
El doctor sonrió tranquilizadoramente.
―¿Podría decirme su edad?
―Yo... veinticuatro.
―Perfecto – asintió el hombre –, ¿en qué año estamos?
―Dos mil... catorce – él volvió a asentir visiblemente complacido con los resultados obtenidos.
―¿Cómo se encuentra?
El neurólogo continuó aplicándole estímulos para examinar sus respuestas físicas y realizándole preguntas de poca complejidad cognitiva, mientras tanto el otro doctor revisaba los valores que ponían las máquinas que estaban conectadas a su cuerpo.
―¿Qué... fue lo que me pasó? ¿Por qué...yo...?
Los dos médicos intercambiaron miradas dudosas, no sabían si eran ellos los más aptos para contarle a la muchacha lo que en realidad le sucedió, sobre todo por la gran carga emocional que eso iba a generarle y que, sin dudas, sería demasiada para ella.
―¿Qué es lo último que recuerda?
Lauren cerró los ojos cansada, recostó la cabeza en la almohada blanca y se concentró en regresar tiempo atrás.
―Teníamos que tomar la declaración de un testigo, John iba a ir conmigo. Solo recuerdo que me acosté a dormir en la noche... no sé más después de eso... – entonces su rostro se contrajo de dolor.
Se movió repentinamente ocupando prácticamente todas sus fuerzas y entonces las máquinas comenzaron a desestabilizarse. El doctor reaccionó rápidamente evitando que la muchacha se moviera en exceso, cosa que solo empeoraría su estado físico.
―Tranquila, no se mueva señorita – pidió el neurólogo en un tono que pretendía calmarla.
―Me... duele... – murmuró casi con los dientes apretados, entre el dolor de su cuerpo y el de su cabeza parecía que iba a volverse loca.
―Llamaré a una enfermera para que le administre un calmate... pronto pasará.
Pocos minutos después el doctor tocó el botón rojo la enfermera Mary apareció en la habitación solicita, y segundos más tarde inyectó en el brazo de la muchacha la medicación.
Lauren quedó rápidamente adormilada mientras que sus ojos se cerraban por completo, y en poco tiempo ya estaba descansando tranquilamente quedando atrás el episodio anterior. Una vez que ambos revisaron sus constantes otra vez, verificando que todo estaba en orden, se marcharon de la habitación.
Tan pronto como se asomaron por el pasillo los familiares y amigos de la muchacha los abordaron. El matrimonio Mallory a la cabeza con Bella Swan, Edward Cullen, Jessica Stanley y John Collins detrás de ellos esperando noticias.
―¿Cómo está?
―Señora Mallory – comenzó el neurólogo –, le realizamos algunas pruebas neurológicas a su hija que hasta el momento resultaron dentro del rango optimo.
La mujer soltó un gritito mientras que se abrazaba a su marido, Edward sonrió pasando el brazo por sobre los hombros de su novia que apretaba las manos de John, Jessica se lanzó a los brazos de su novio sin poder controlarse. Todos sabían que el daño neurológico era el mayor miedo de los médicos desde el momento en el que el estado de Lauren dejó de poner en riesgo su vida. Debido al sangrado masivo su nivel de oxígeno bajó a niveles que podrían resultar perjudiciales, niveles que podrían haber causado daños irreparables a nivel cognitivo. Algo que por fortuna no sucedió.
―Aunque es pronto para dar un diagnóstico definitivo, se le tendrán que realizar más pruebas en adelante – admitió Riley sin soltar a su novia.
―También notamos que no recuerda del día del ataque, su último momento de lucidez corresponde a la noche anterior. No es necesario preocuparse por eso – argumentó el neurólogo cuando notó que los rostros se contraían de golpe –, es frecuente que los pacientes que sufren un trauma emocional similar al que ella pasó olviden gran parte de los sucesos que los causaron.
―¿Podemos verla? – pidió Carol sin soltar a su marido.
Riley miró a su colega, que asintió, antes de tomar la palabra.
―No por el momento, ella está sedada ahora mismo. Sufrió un intenso dolor que nos obligó a darle un calmante fuerte así que es casi seguro que duerma por el resto del día.
La cara del padre de la muchacha palideció.
―¿Dolor? ¿Qué clase de dolor?
―Posiblemente Lauren forzó mucho su mente al intentar recordar, eso habrá desencadenado el dolor intenso. Lo estaremos vigilando de cerca pero por el momento no hay motivos para precuparse, ella se encuentra muchísimo mejor de lo que habíamos imaginado.
Thomas suspiró asintiendo.
―Gracias, doctor. Muchas gracias.
Carol asintió también a las palabras de su marido. Bella le sonrió a su amigo con todo el agradecimiento que era capaz de demostrar al hombre que le salvó la vida a su amiga en un quirófano dos meses atrás.
―No tienen nada que agradecer, los mantendremos informados.
Los dos doctores asintieron mientras que se retiraban a cumplir con sus demás obligaciones, y Jessica sonrió a sus amigos antes de abrazarlos con fuerza. Finalmente las cosas estaban volviendo al orden, acomodándose nuevamente.
Jacob Black eligió ese preciso momento para hacerse presente. Iba vestido de forma casual aunque su ropa parecía un poco arrugada, su mirada lucía entre cansada y preocupada, y su respiración estaba tan agitada que parecía como si hubiese corrido una maratón. La mayoría lo observó con sorpresa mientras que otros colocaban sonrisas en sus rostros ante tal visión.
Carol soltó a su marido para ir a abrazar al hombre que, estaba segura, algún día sería su yerno. Jake la recibió un poco desconcertado al principio pero enseguida respondió el gesto de la mujer.
―¿Cómo...?
Carol sonrió.
―Ella está bien, todo está bien.
Entonces la preocupación se evaporó de su mirada siendo remplazada por el alivio que lo embargó completamente al saber que después de tantas dudas, de tanto miedo, de tanto dolor, todo estaba bien. Carol se secó las lágrimas que se habían escapado de su ojos grises mientras se separa del hombre. Él levantó la vista notar ese rostro ovalado que lo miraba con una sonrisa, una sonrisa verdadera y sincera. La primera sonrisa verdadera y sincera que él veía de Bella Swan en el último mes y supo que Carol tenía razón.
Todo estaba bien, y aquello que no ya podrían arreglarlo más tarde. Por ahora solo quería agradecerle a la vida por esa segunda oportunidad.
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Estamos en el final de la historia... un capítulo más les aseguro que hay pero no sé si habrá otro después de ese... depende de multiples factores.
Como siempre, muchísimas gracias por todos sus comentarios, alertas y favoritos. Y les repito que siento mucho la demora pero a veces es inevitable :) Por si no llegó antes de año nuevo les deseo buen comienzo del 2015. Un beso grande a todos, Lila.
