Castiel se quedó petrificado al ver la escena que tenía delante. Hacía años que no veía a Claudia pero seguía siendo una mujer realmente hermosa, incluso tan amenazante como se le veía en ese momento. Tenía acorralada a Evelyn contra la pared y se dio cuenta que la expresión de su hija era de auténtico pánico, tanto que no se había percatado de la presencia de su padre allí.
"Alejate de mi hija." Dijo con toda la fuerza que encontró. Estaba aterrado pero se trataba de la vida de su hija.
Claudia se dio por fin la vuelta y le miró sonriente.
"Hola cariño, que bien que tengamos la oportunidad de estar toda la familia junta."
Dio un paso más hacia su hija, levantó su mano hacia ella e hizo un gesto como si atrapara algo en su mano. Un momento más tarde, Castiel comprendió lo que estaba haciendo al escuchar gritar a su hija. Evely cayó de rodillas al suelo, al notar que dejaba de respirar, como si realmente la mano de su madre estuviera aprisionando su cuello.
"Claudia, he dicho que la dejes."
"¿Qué vas a hacer Castiel? Recuerda que la última vez no pudiste matarme, ni siquiera cuando estuve a punto de matar a tu querida hija."
"Es nuestra hija, Claudia; por mucho que así lo creas Evelyn es una chica normal y corriente, ha tenido la mejor vida posible entre los humanos y hasta hace muy pocos meses, no sabía quien era." Miró a la chica que luchaba, como un pez fuera del agua por respirar desesperadamente. "Déjala ir, es tu hija, se que en el fondo no quieres hacerle daño."
Claudia sonrió más ampliamente todavía, apretando con más fuerza su mano, hasta que la garganta de la chica se cerró por completo, incluso gritar se le hizo completamente imposible.
"¡Claudia!"
"¿De verdad crees que esto no es lo que quiero? Me mentiste durante toda nuestra relación y cuando ya no había marcha atrás cuando estaba a punto de tener a tu pequeña bastarda, me dijiste la verdad. ¿Qué esperabas que hiciera, aceptarlo sin más, mirarte a los ojos y darte las gracias por traer al mundo una aberración?"
Incluso pese a no ser capaz de respirar, Evelyn sintió ganas de llorar. ¿Cómo podía su propia madre hacerle algo así? Intentó ponerse en pie, mientras Claudia parecía estar más ocupada con Castiel. Le dolía el cuerpo y cualquier movimiento se hacía casi insoportable, pero tenía que hacerlo, porque su padre estaba luchando por ella, se estaba enfrentando a la mujer que había amado por protegerla, así que también tenía que hacer algo al respecto.
Se puso en pie lo había conseguido y caminó vacilante hacia ellos.
"¿Quieres matarme?" Dijo por fin, con las últimas fuerzas con las que contaba. "Ven a intentarlo y deja a mi padre en paz. He aprendido algunos trucos de mi sangre de ángel que tal vez no conocías."
A Claudia le encantaban los desafíos, sobretodo cuando provenían de una mosquita muerta como aquella chica pálida y tambaleante que se atrevía a enfrentarse a ella. Se lo iba a pasar realmente bien.
Elevó de nuevo la mano dispuesta atacar a su hija una vez más, pero cuando lo intentó, no consiguió el resultado que esperaba y Evelyn siguió hacia delante. Volvió a arremeter contra ella, pero lo único que consiguió fue enfurecerse consigo misma y volver a intentarlo. Pero la chica seguía caminando, de forma inestable y sin parecer realmente fuerte, pero se mantenía en pie.
"¿Pero que…"
"Se lo que sientes mamá. Como todo ángel o medio ángel o lo que quiera que yo sea, todos tenemos un poder más desarrollado, el mío es ser empática, veo dentro de las personas y de todos los seres y dentro de ti veo que estás muerta de miedo, tienes miedo a que Castiel te vuelva a hacer daño, pero también te aterra que te deje sola. Siempre has estado sola mamá, incluso tu propia hermana te ha dejado, ¿dónde está Meg ahora mamá?"
"¿De que estas hablando?" Dijo Claudia con fuerza, pero no pudo evitar dar un paso atrás. Levantó la mano y de nuevo, usando sus poderes de bruja lanzó toda su fuerza contra su hija una vez más.
Había practicado mucho durante toda su vida y una niña que acababa de descubrir su verdadera forma no iba a poder con ella, por mucho que pudiera leer sus pensamientos y sentimientos, era mucho más fuerte que todo eso. Evelyn lo sabía y tan sólo estaba intentando ganar un poco de tiempo para que Castiel hiciera algo o para que los chicos la encontraran, si seguía luchando durante mucho más tiempo, terminaría agotándose ella sola y venciéndose sin querer a si misma.
Sintió una punzada de dolor en su vientre, Claudia le estaba venciendo y le estaba destrozando. La mujer sonrió al ver su rostro palidecer todavía más, tanto que parecía casi un cadáver andante. Protestó, no lo pudo evitar y cayó de rodillas al suelo.
"Con que una maldita niña iba a vencerme tan fácilmente. Soy una bruja desde mucho antes que tu nacieras, no sabes contra lo que te estás enfrentando y solo por eso, mereces morir. Aunque siendo una aberración como eres desde que naciste, no voy a tener ningún problema en deshacerme completamente y para siempre de ti."
Claudia fue lanzada contra la pared por una terrible fuerza invisible. Se levantó rápidamente y miró a Castiel.
El ángel se había colocado entre ella y su hija, se lo había dicho, no iba a permitir que le ocurriera nada. Le había permitido luchar mientras había sido posible, al fin y al cabo era un ángel y tenía que aprender a usar sus poderes, pero ya era suficiente, era su hija, la había estado protegiendo durante toda su vida y lo seguiría haciendo el tiempo que fuera necesario y si tenía que morir por ella, no le importaría mucho.
"Castiel, apártate. Estás agotado, no podrás vencerme y si intentas salvarla, primero morirás tu, aunque si lo que quieres es no ver lo que pasará, entonces de acuerdo, atácame y verás lo que una bruja poderosa puede hacerle a un ángel."
"Tu no eras así, la mujer de la que enamoré no era así, no sería capaz de matar a su propia hija. Estás cegada por uno odio sin sentido que no te hará ningún bien y solo conseguirá que te maten."
Claudia no había perdido la sonrisa en ningún momento, pero ahora se parecía más a una mueca diabólica que a un gesto humano. Castiel no tenía ni la menor idea de lo que era capaz de hacer, lo había practicado y estudiado en todo ese tiempo y lo mucho que el odio había hecho por ella.
Había tenido tiempo para pensar y aunque se había hecho a la idea de que la niña que había nacido de su vientre había muerto, había una parte de si misma que la obligaba a tener cuidado a estar preparada en el caso de que esa cosa volviera y ahora se daba cuenta que no se había equivocado en absoluto.
"Castiel es tu última oportunidad." Dijo mientras se concentraba en el único pensamiento que tenía en su mente, la ira, el dolor, la traición del ángel que la había usado para tener una niña especial.
El dolor comenzó en el cuerpo del ángel y mientras Evelyn lo miraba desde atrás, todavía agotada por el esfuerzo usado para enfrentarse a su madre, la chica miró a su madre; tal vez todavía podía hacer algo, tal vez podía evitar que todo el sufrimiento cayera sobre su padre.
Cerró los ojos y se concentró, podía devolverle a su madre todo ese odio, ese dolor, esa furia que echaba sobre los demás. Si conseguía canalizarla, podría debilitarla lo suficiente.
"Maldita niña, otra vez intentando meterte en mi cabeza. Parece que todavía no has comprendido, que no puedes vencerme."
Claudia extendió los brazos y como si tuviera cada vez más fuerza acumulada en su interior, separó a padre e hija lanzándolos a una esquina a cada uno. Los dejó clavados contra la pared y como a poco comenzó a aumentar la presión sobre los dos cuerpos.
"Vamos a jugar a un juego muy divertido y que podemos juntar juntos, como una verdadera familia. Voy a haceros daño y el primero que grite vivirá, el otro perderá y lo mataré en ese mismo momento."
Ninguno de los dos dijo nada, ya sabían que suplicar no tenía sentido, aquella mujer estaba completamente loca y tan solo buscaba una buena excusa para matarles y divertirse haciéndolo. Se miraron, los dos estaban convencidos que iba a ser el final, su último momento juntos y no podían decirse lo que sentían. Lo feliz que se sentía Evelyn por haber encontrado a su padre y por haberle podido dar un verdadero sentido a su vida.
Pero Sam… cuando Sam llegara a buscarla, cuando estaba a punto de salvarla, iba a dar igual, porque ya estaría muerta, iba a quedar destrozado, Claudia no solo iba a matarlos a ellos, sino que otras personas iban a sufrir por su culpa.
Castiel por su parte quería decirle que le hacía sentir casi humano, durante demasiados milenios no había comprendido lo que significaba ser humano y justo cuando más feliz se sentía con esa nueva vida que acababa de descubrir, todo se terminaba.
De nuevo abrió de par en par las manos y propinó una descarga eléctrica a los dos. Evelyn tuvo que morderse el labio para no gritar y Castiel cerró los ojos y se concentró en mantenerse vivo por su hija.
"¡Claudia!"
La bruja se detuvo en seco y miró a los recién llegados. Su hermana estaba allí, pero no estaba sola, los malditos cazadores a los que había visto con su hija habían llegado con Meg.
"¿De que va todo esto? ¿Tu también vienes aquí a traicionarme?"
"He venido para evitar que cometas una locura." Los hermanos miraron sorprendidos a Meg, no se esperaban esa respuesta por parte de un demonio. "Aunque no te lo creas aprecio a esa niña, tal vez no sea más que una humana o peor aún, un maldito ángel, pero sigue siendo tu hija y mi sobrina."
"Es un monstruo."
"¿Es que acaso no lo somos todos nosotros?"
Dean y Sam fueron a por sus compañeros, Dean se acercó a Castiel y cuando Claudia dejó por fin de tenerlo sujeto, lo bajó de la pared. Estaba dolorido y apenas podía moverse, pero al menos estaba consciente. Sam sin embargo, se encontró a Evelyn con la barbilla pegada al pecho y cuando consiguió descolgarla, el cuerpo de su novia cayó inconsciente al suelo.
Ya sabía que no se trataba más que de las representaciones metales de todos, pero Evelyn tenía muy mal aspecto y tenía que sacarla de allí. Meg se lo había explicado para hacerlo y aunque en un principio había creído que se trataba de una trampa, tras sus palabras empezaba a pensar que tal vez decía la verdad.
Así que se concentró en regresar a su cuerpo, Meg había dicho que si lo hacían bien y si realmente quería, sus cuerpos se trasladarían a donde estuviera Evelyn. Tuvo que fiarse pues no había tenido tiempo de comprobar si eso era cierto, así que respiró con fuerza y cerró los ojos. No sintió nada, parecía que realmente no había pasado nada, pero cuando los volvió a abrir de nuevo, estaban en casa otra vez y Evelyn en sus brazos pero en la cama.
Castiel estaba en pie, aunque sujeto por los brazos de Dean y juntos se acercaron hasta la chica.
"¿Puedes ayudarla?" Preguntó Sam.
"No estoy recuperado, pero creo que podré hacer algo."
El ángel se sentó en la cama y colocó la mano sobre la frente de su hija. Cerró los ojos, en su estado debilidad, necesitaría mucha más concentración para hacerlo; pero se trataba de su hija. Sam la abrazó con fuerza, contuvo el aliento, no podía soportar verla tan pálida, tan débil y no haber podido hacer nada para llegar antes.
"¿y bien?"
Castiel abrió los ojos de nuevo.
"Estaba muy débil y no he podido recuperarla de todo. Pero s pondrá bien, con tiempo y mucho descanso, estará bien en unos días."
"¿Y que hay de Claudia?" Preguntó Dean desde el fondo de la habitación. "Volverá a por nosotros y esperará a que seamos débiles para matarnos."
"No lo hará." Meg apareció de la nada, las manos cubiertas de sangre y los ojos extrañamente llorosos.
"¿Has matado a tu propia hermana?" Protestó Dean, sin comprender como podía hacer algo así. "¿Cómo…"
"Esa ya no era mi hermana, ni siquiera era un ser humano. No es que me importen los seres humanos…" Los miró a todos, sorprenda de sus propias palabras. "No debería daros ninguna explicación, pero si la he matado y sabéis que, lo he disfrutado como nunca, como gritaba, es una pena no poder hacer eso más a menudo." Miró de reojo a la chica que descansaba en los brazos de Sam. "Espero que al menos la chica viva, que todo esto haya valido la pena."
Antes de que ninguno pudiera contestar, Meg había desaparecido.
- o -
"¿Qué te apetece desayunar hoy?" Preguntó Sam a Evelyn por tercer día consecutivo sin permitirle levantarse de la cama.
"Sam."
"Castiel dice que todavía estás débil, has pasado por mucho y no solo me refiero a lo físico." El cazador se sentó en la cama y rodeó a su novia entre sus brazos. "Además tienes que ganar un poco de peso para nuestra boda, ya sabes que el vestido te queda muy bien, pero necesitas un par de kilos más."
"Sabes que los voy a ganar de todas formas en unos meses." los dos se miraron, habían sido los peores días en la vida de los dos en mucho tiempo, pero algo maravilloso había salido de allí.
Sam puso la mano sobre el vientre de Evelyn que todavía no se notaba en absoluto abultado. "¿te lo puedes creer? Dentro de unos meses, tu y yo estaremos casados y tendremos una familia."
"Ya tenéis una familia." Dijo Dean desde la puerta, mirando de reojo a Castiel. "y un ángel de la guarda, no os podéis quejar."
"Muy gracioso." Contestó el ángel sonriendo, poco a poco empezaba a comprender las bromas de los humanos."
"Pero lo digo en serio, nosotros somos vuestra familia y vamos a cuidar de ese pequeño pase lo que pase."
Sam besó cariñosamente a Evelyn y miró a su hermano, agradeciéndole todo lo que había hecho por él, no solo esos últimos meses, sino toda su vida, incluso arriesgando su alma en el infierno, no sabía como se lo podría pagar, pero estaba seguro que haciéndolo el tío más feliz del mundo y dejando que jugara como su sobrino, Dean sería realmente feliz.
- o -
"Te he traido comida."
Meg entró en la habitación y dejó la bandeja sobre la mesilla. Su hermana seguía sentada en el mismo sitio que la había dejado por la mañana cuando la había levantado. No había podido matarla, pero cuando Claudia perdió la oportunidad, otra vez, de matar a Evelyn y Castiel, todo su mundo se vino abajo, porque sabía que jamás lo iba a conseguir.
Desde entonces no había dicho nada, se había encerrado en si misma y todo contacto con el mundo exterior se había reducido a unas cuantas miradas de odio a Meg y las pocas expresiones de estar viva, cuando tenía que comer.
"No me mires así, eres mi hermana, al menos es lo que siento y si piensas que te voy a dejar morir así como así, lo llevas muy claro." Se sentó en la cama junto a Claudia y cogió el plato de comida. "Se que es tu preferido, así que vamos es hora de comer."
Como siempre, su hermana la fulminó con la mirada, la odiaba, como no había odiado a nadie en toda su vida, pero sobretodo se odiaba a si misma por no ser capaz de terminar de una ve por todas con aquella cárcel en la que había decidido encerrarse, si al menos pudiera llegar hasta los que le habían hecho daño.
"Lo siento, pero no la vas tocar, tal vez me haya vuelto una sensiblera pero esa chica me gusta y tal vez algún día pueda conseguir que se una a nosotros, en cuanto a ese ángel, es mucho más sentimental que yo, si le haga daño a la chica o a lo cazadores está perdido."
Meg se había conseguid autoconvener y lo cierto era que de alguna forma también había enloquecido, sabía que no era un ser humano y que no disponía de ningún sentimiento, pero se los imaginaba y así creía que sentía algo por una chica que no era su sobrina en realidad y por una mujer que no era su hermana. Si, había enloquecido porque uno de los peores demonios que Dean y Sam habían conocido nunca, creía tener sentimientos humanos.
"Vamos, tienes que comer." Claudia protestó. "Por mucho que me cueste vas a comer, porque te vas a recuperar."
De repente lo comprendió tanto tiempo odiando a los Winchester por esa obsesión de hermanos y después de un tiempo con ellos eso era precisamente lo que le habían enseñado, la obsesión, el amor por un hermano, la necesidad de cuidarlo por muy mal que fueran las cosas.
