Disclaimer: Los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la trama a camnz.


Hermione se despertó temprano al día siguiente. Draco se había quedado en la alberca un poco después de que ella se había ido a la cama, así que seguía durmiendo. Había gruñido su respuesta cuando ella le dijo que iría a caminar por la playa. No le molestó ya que necesitaba algo de tiempo a solas, para ordenar sus pensamientos.

El aire se sentía un poco frío cuando llegó afuera. No tanto como para que tuviera que ponerse algo más, pero no hacía calor. Caminó a lo largo de la playa y dejó que el agua mojara sus pies. Pasó por otro centro turístico, que se veía sin lugar a dudas mágico, luego pasó otro que era definitivamente muggle.

El sol comenzaba a calentar y transformó una concha en un sombrero. Sin querer quedó con un estampado de leopardo, pero decidió que le gustaba.

Cuando regresó al hotel, Marcus estaba en una de las sillas de la terraza. Hermione titubeó, pero definitivamente sería grosera si lo ignoraba o se escabullía. Decidió que tendría que lidiar con él. Ya tenía idea de sus modos así que no la atraparía de nuevo.

Lo saludó y se sentó en la silla junto a él.

–Te levantaste temprano –dijo él.

–Me gustan las mañanas. Es un buen momento para pensar.

–Como que tienes el mundo para ti solo a esta hora de la mañana –dijo él–. Hoy iremos a un zoco*. A uno de los mágicos. Ha estado ahí por mil años y en realidad no ha cambiado mucho. Deberías venir, lo disfrutarías. Es como viajar en el tiempo.

La oferta era en verdad tentadora. Un zoco mágico antiguo de verdad. Quien sabe que cosas habría a la venta.

–¿Quiénes van?

–Bueno, técnicamente son compras así que las chicas irán. Adrian irá, Nott y Miles, creo.

Sin Blaise lo cual era bueno. Se preguntó si Draco querría ir. No era como que ella tuviera otra cosa que hacer.

–Seguro –dijo ella; eso significaría pasar el día con los Slytherins, tal vez Draco hasta se impresionaría del esfuerzo que estaba haciendo–. Le preguntaré a Draco si quiere ir.

–Creo que están planeando salir a volar hoy. Hablaron de eso la noche anterior.

–Entonces definitivamente iré –dijo Hermione; siempre preferiría un zoco a volar.

Un poco más tarde Draco bajó a la alberca. Llevaba una camisa de lino y unos shorts. Sus ropas eran nuevas, pero su cabello estaba un poco desarreglado. Sólo lo hacía lucir más atractivo. Hermione no pudo evitar sonreír cuando lo vio y él correspondió la sonrisa.

–¿Qué es lo que trama Marcus? –le preguntó después de besarla.

–Van a ir a un zoco.

–Oh, oro y seda y cosas así.

–¿Quieres venir?

–No, hoy no. Volaremos a una isla, por si prefieres hacer eso.

–No me encanta la idea de volar. No me hace sentir cómoda.

–Podría organizar un traslador y nos veríamos ahí.

–No, iré al zoco y te veré después. Me hará bien extrañarte un poco.

Él le dirigió una intensa mirada como si tuviera planes distintos para más tarde. Hizo que su estómago brincara, no podía evitarlo. Le derretía las entrañas cuando la miraba de esa forma.

El resto del grupo llegó poco a poco y la mesa se llenó lentamente con Slytherins tomando el desayuno. Se fueron al zoco poco después del desayuno. Viajaron por la red flu a través de una red de chimeneas, y Hermione viajó con Daphne Greengrass.

–Aquí tienen una cristalería divina. El lugar está lleno de arena así que son muy talentosos con el vidrio. Hoy compraré algunos para la boda. La vez anterior que estuve aquí vi unos vasos maravillosos y siempre pensé que algún día regresaría para comprar muchos, y parece que ese día ha llegado. Estoy tan emocionada.

–Espero que encuentres unos perfectos.

–Estoy segura que sí.

El zoco estaba muy animado con el ruido y la gente. Había tienditas por todas partes. Era oscuro y la única luz provenía de lo alto de los domos que cubrían el zoco. Enviaba una columna de luz hacia el polvoso interior. A Hermione le pareció que más luz podría ser buena para las compras, pero más luz podría significar más calor y tal vez los egipcios preferían clemencia a tener luz más brillante.

La gente iba vestida de toda clase de formas. Había gente con atuendos largos con rayas de colores y bordados en oro, estaba segura que tenían un nombre específico, sólo que no lo sabía. Algunos estaban vestidos más modernos, pero la mayoría no. Con la excepción de alguna rara persona de aspecto moderno había muy poco de comodidades modernas. Podría haber estado en prácticamente cualquier época de la historia. Tuvo un efecto curioso en ella. Se sintió un poco como una aventurera, explorando tierras exóticas. Inclusive había un camello caminando por el pasillo central, se tuvo que quitar para dejarlo pasar.

Las chicas se fueron en una dirección, pero Hermione estaba más interesada en una tienda que vendía pergaminos. Pergaminos que se veían muy viejos. Observó con detenimiento los viejos estantes de madera, algunos tan polvosos que parecía que no habían sido tocados en años.

–Son hechizos –dijo una voz detrás de ella, se volvió para ver a Adrian; se veía bien vestido con una camisa ligera y pantalones café oscuro–. Hechizos antiguos. Algunos clásicos egipcios, algunos judaicos, de tiempos en los que la magia estaba mucho más integrada. Debes ser cuidadosa, no serías la primera en hacerse daño severo al meterte con hechizos antiguos.

–Y simplemente los venden aquí. Estas son antigüedades.

–Esto es Egipto, son muy prácticos con su pasado –dijo él–. También ten presente que estos vendedores te quitaran todo lo que tienes si los dejas.

Hermione abrió un pergamino y vio líneas de jeroglíficos coloridos.

–Esto es sorprendente.

–Típicamente los hechizos no tienen valor –dijo él–, pero a veces todavía son muy poderosos y no siempre hacen lo que se supone que deberían. Mejor déjalos en paz. Sólo los más insensatos se meten con estas cosas.

Hermione regresó el pergamino. Sabía que había gente que se especializaba en el estudio de ese tipo de pergaminos, simplemente nunca había visto uno o cientos de ellos.

–Ven –dijo Adrian con un ademán–. Tomemos un poco de té –lo siguió a una pequeña tienda donde había almohadas en el suelo rodeando una pequeña mesa de madera. Se veía tan exótico, se sintió encantada. Miles estaba ahí sentado esperando. Vino una chica y sirvió pequeñas tazas de té con leche en platitos de latón.

–Aquí les gusta el té muy dulce –dijo Adrian–; diferente al modo inglés, pero no puedes venir a Egipto y no probarlo –probó el té y era agradable, con miel muy dulce, pero agradable. También había unos cubitos que parecían pequeñas gelatinas.

–¿Qué son esos? –preguntó ella.

–Esos son bultitos de sustancias alucinógenas.

–Oh –dijo ella y retiró sus dedos de ahí. Iba a meterse una a la boca. Observó como Adrian y Miles lo hicieron.

–Salud –dijo Miles con una sonrisa; Hermione pudo ver el efecto instantáneo en ellos, los ojos se les pusieron vidriosos y sus movimientos se alentaron un poco–. Hace que la experiencia de las compras sea muy diferente.

Hermione no necesitaba nada diferente, especialmente rodeada por un montón de Slytherins que no eran de fiar. Bueno, probablemente confiaba en Adrian más que en la mayoría, sólo que no sabía si hacía bien. Su instinto natural era confiar hasta que alguien le demostraba que estaba mal, pero no estaba del todo segura que fuera la mejor estrategia con estos tipos.

Adrian y Miles estaban ahora en su propio mundo y Hermione sintió que tenía mejores cosas que hacer que observar, así que se fue. Caminó por el mercado, observó detenidamente las tiendas con toda clase de cosas extrañas y maravillosas. Incluso había animales de aspecto raro que asumió la gente conservaba como mascotas. Eran unas bolitas de pelo que se movían dentro de jaulas de madera. Deseó que no fueran exquisiteces comestibles.

Había una tienda que vendía objetos de latón y Hermione pensó en comprar algo para su departamento. Alguna bandeja de servicio bonita o algo. El vendedor quería cerca de veinte galeones por ella, lo cual hubiera pagado con gusto en Londres, pero regateó y lo obtuvo por la mitad del precio. A pesar de eso, el vendedor se veía feliz, así que sospechó que aún había obtenido una buena ganancia. Vio un objeto en forma de cono y se preguntó si sería de esas luces colgantes que proyectaban imágenes en la pared. A su padre le encantaría algo así. Caminó por el callejón lateral para inspeccionarlo, pero la distrajeron unos sonidos amortiguados.

Echó una ojeada y vio a Theo Nott contra la pared entre los muslos de una chica. Tenía los pantalones abajo y era obvio que estaban en el acto.

"En serio, consíganse un cuarto", pensó Hermione tratando de alejar la imagen de su macilento trasero. Estaba a punto de girar cuando él se movió y vio que a la que estaba martilleando no era su prometida, era su hermana Astoria. Hermione sintió una oleada de disgusto y conmoción. Se volvió y corrió al sendero principal. Acababa de ver a Theo Nott teniendo sexo con la hermana de su prometida. No sabía qué hacer. Siguió caminando para alejarse de ese ofensivo lugar y del ofensivo pensamiento, hasta que se perdió.

Finalmente se encontró con Adrian y Miles quienes estaban sentados en sus almohadones hablando de quidditch. Estaban animados y pasaban un buen rato. Hermione casi consideró tomar uno de los cubitos para alejarse de lo que acababa de presenciar. ¿Qué clase de persona le hacía eso a su propia hermana? ¿Debería decirle a alguien? ¿Debería decirle a Daphne, la chica que andaba por ahí comprando la cristalería para su boda?

El conocimiento le quemaba el cerebro, se retorcía incómodamente. Trató de pensar en alguna otra explicación de lo que acababa de ver, pero realmente no podía pensar en ninguna. Luego trató de convencerse que se había equivocado en lo que había visto, pero eso tampoco funcionó.

Consideró decirle a Daphne, pero no conocía tan bien a Daphne y Daphne bien podía elegir no creerle y hasta acusarla de agitadora. Podría decirle a Pansy, pero Pansy hallaría la forma de usarlo en su contra. Draco sabría qué hacer, decidió. Y podía confiar en Draco, lo cual era algo que no podía decir de cualquiera de los otros.

Hermione se sintió increíblemente agradecida cuando Adrian sugirió que regresaran al hotel. Este viaje ya estaba arruinado para ella, todas las cosas emocionantes habían sido mancilladas con este acto despreciable.

Hermione regresó a su habitación, pero Draco no estaba ahí. Dejó el platón que había comprado y regresó escaleras abajo. Se estaba sirviendo el almuerzo y la mayoría de la gente había regresado. Draco, Blaise y algunos de los otros no estaban de vuelta. Hermione picoteó su almuerzo pero en realidad no tenía mucho apetito.

Daphne llegó con una sonrisa en el rostro. Se sentó a la mesa frente a Hermione y le sirvieron un plato con el almuerzo.

–Encontré los vasos más hermosos. Son muy gruesos y un poco irregulares, pero eso les da una cierta sensación de autenticidad. Hay burbujas atrapadas en el vidrio, simplemente me encantan. Ordené trescientos.

–¡¿Trescientos?! –replicó Hermione conmocionada.

–Para la boda.

–¿Trescientos? –repitió Hermione.

–Es una boda de sociedad. Trescientos es lo típico, tal vez hasta algo pequeña. Te puse en la lista de invitados –dijo con otra sonrisa–, ya que eres la novia de Draco, me pareció apropiado. Tal vez seas la única Gryffindor ahí. De hecho no, creo que el jefe de mi padre en Gringotts también es Gryffindor. Tendré que presentarlos.

Hermione sonrió forzadamente, –Gracias, eso es muy amable.

–¿Quién es amable? –dijo Pansy al sentarse; Hermione no había visto a Pansy en todo el día. Pensándolo bien, no estaba del todo segura que estuviera en el zoco.

–Yo –dijo Daphne–, encontré la cristalería que estaba buscando.

–Buena chica –dijo Pansy–, una cosa que tachar de tu lista.

Daphne siguió describiendo más de las cosas que tenía que hacer, mientras Hermione observó a Astoria bajar y tomar un lugar en la orilla de la mesa. La chica lucía taciturna como siempre, y empezó a platicar con Miles. Era una chica bonita, y Hermione nunca hubiera creído que podía hacer algo así si no lo hubiera visto ella misma.

Draco sabría qué hacer. Era simplemente espantoso. Daphne estaba sentada frente a ella planeando su boda con un hombre que la engañaba completamente a sus espaldas con la única persona en la que debería poder confiar. Hermione quería ir a casa y escapar de esta… sordidez.


* N. de la T. zoco: mercado árabe.


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