Traducido por: Mel
Beteado por: Ingrid
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La nueva Profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras
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—No tengo hambre —protestó Ron mientras Harry lo empujaba fuera del dormitorio para hacerlo bajar a la sala común.
—Sí, claro —rió Harry,
—No, en serio. Tú y Hermione vayan; yo los encontraré en clase.
—Y, exactamente, ¿cómo planeas hacer eso —preguntó Harry— si no bajas a desayunar y recojes tus horarios primero?
—Los encontraré en el vestíbulo.
—¿Después de que hayan entregado el correo?
—Eh... sí —admitió Ron.
—¿Se podrían apurar, ustedes dos? —La voz de Hermione resonó por las escaleras de piedra—. Vamos a llegar tarde.
—Es sólo el desayuno —espetó Ron mientras Harry volvía a empujarlo para forzarlo a bajar—. No importa si llegamos unos minutos tarde. La comida no va a irse a ningún lado. Bueno, aunque tampoco eso es exactamente cierto —añadió al entrar a la sala común—. No es como si estuviera en esos platos todo el día. Será mejor que ambos se apuren.
—¿De qué está hablando? —le preguntó Hermione a Harry después de darle a Ron una mirada extraña.
—Aparentemente, Ron no tiene hambre esta mañana —contestó él.
—Oh, por favor —se burló Hermione.
—Esa es su excusa, de todas formas —rió Harry entre dientes—. Dijo que nosotros dos deberíamos ir a desayunar sin él.
—No seas ridículo —replicó Hermione, cogiendo su mochila del suelo—. Vamos —exigió ella, tomando a Ron del hombro y jalándolo hacia el hueco del retrato.
—No —protestó él, liberándose—. Dije que no tengo hambre.
—Ay, por todos los cielos —chilló ella, dándose la vuelta para afrontar a los dos muchachos una vez más—. ¿Y debo suponer que lo que acaba de gruñir fue el estómago de Harry?
«Mierda».
—Está preocupado por el correo —explicó Harry cuando Ron no contestó.
—No puedes ocultarte del correo —dijo Hermione mientras ponía los ojos en blanco— Errol te encontrará estés donde estés. Cuando finalmente llegue aquí, claro está. Es obvio que llegará tarde —añadió—. No estará por aquí hasta la hora de almuerzo.
—No lo digas —le dijo Ron a Harry, quien estaba a punto de decirle que Hermione tenía razón—. Bien —chasqueó él, dispuesto a perderse una comida pero no dos—. Bajaré a desayunar —continuó mientras se dirigía al hueco del retrato—, pero me saltearé el almuerzo.
—No seas un bebé —dijo Hermione a la vez que seguía a Harry por el agujero hacia el pasillo.
«Aquí vamos —pensó Harry al ver al alto pelirrojo erizarse—.Van a pasarse todo día peleando. Eso o no se dirigirán la palabra hasta que alcancemos el Gran Comedor»
—Ya me darás la razón cuando la tuya aparezca frente a toda la escuela. —respondió Ron con una sonrisa satisfecha.
«O no» —corrigió Harry cuando Ron falló en captar la indirecta y Hermione se rió por lo bajo de su respuesta.
—Tu madre no va a enviarme un vociferador —le aseguró ella—. Y tampoco va a enviarte uno a ti.
—Yo no estaría tan seguro de ello —replicó Ron mientras guiaba a sus amigos hacia el corredor y hacia la escalera movediza que los llevaría a los niveles inferiores del castillo.
—No has hecho nada malo.
—Me castigaron, ¿no? «Aún no tuvimos ni una endemoniada clase y ya estoy en problemas»
—Bueno, sí —aceptó Hermione serenamente—, pero eso iba a ocurrir de todas modos. No tiene nada que ver con lo ocurrido en el tren. Nuestro castigo ya estaba premeditado.
—¿Qué? —Ron y Harry chillaron al unísono a la vez que se congelaron en medio de las escaleras y miraron fijamente a Hermione con incredulidad.
—¿De qué estás hablando? —preguntó Harry.
—Tonk me lo dijo en el tren —admitió Hermione casi con un suspiro.
—¿Lo sabías y no me lo habías dicho? —preguntó Ron, enfurecido.
—No podía —insistió Hermione—. No con Neville y Ginny sentados allí. Aunque tampoco se suponía que ocurriera tan pronto. Tonks me pidió que... eh, que me peleara contigo durante la clase de Pociones.
—Ah, brillante —murmuró Ron—. No soy tan estúpido, ¿lo sabías?
—Te lo habría dicho de antemano —espetó Hermione, luciendo como si estuviera conteniendo la necesidad de rodar los ojos ante él otra vez—. Te lo habría dicho anoche, pero ustedes dos se fueron dormir antes de que la sala común se vaciara —añadió.
—¿Por qué? —preguntó Harry.
—¿Eh?
—¿Por qué qué? —repitió Hermione.
—¿Por qué querría Tonks que tú provocaras a Snape para que ambos quedaran en detención?
—Em... —Hermione respondió algo incómoda—. Dijo algo acerca de usar ese tiempo para darnos algunas clases de defensa extra.
—Oh —respondió Harry impasiblemente—. ¿Sólo ustedes dos? —añadió como una ocurrencia tardía.
—Ella, eh... dijo que era algo que tú ya sabías cómo hacer —respondió Hermione, mirando penosamente a Ron de reojo antes de encontarse con la mirada de Harry otra vez—, y que tú estarías ocupado practicando Oclumancia.
—¿Así que Snape va a castigar a Harry también? —preguntó Ron.
—Yo NO voy a practicar Oclumancia o ninguna otra cosa con él —gruñó Harry. Sentarse en su clase ya iba a ser suficiente castigo. Ni por todos los infiernos iba a darle al Profesor de Pociones la oportunidad de hurgar en los recuerdos que tenía de lo ocurrido en el Departamento de Misterios. Y tampoco iba a escuchar ningún otro vil comentario sobre Sirius o su padre. La próxima vez que él insultara la memoria de alguien a quien Harry apreciaba, se iba a encontrar a sí mismo lanzando uno de los más infames maleficios de Ginny, el mocomurciélago.
—Pero, Harry —sostuvo Hermione—, tienes que seguir practicando. Esto es realmente importante. Tienes que mantenerte al ritmo, y sabes que así es. Es el único modo en que serás capaz de bloquear a Voldemort.
—Los sueños han acabado —replicó Harry enfurecido.
—Pero —insistió Hermione, echando un vistazo a Ron, quien estaba moviéndose inquietamente y los miraba fijamente, muy nervioso—, en realidad no has estado... soñando con nada, ¿o sí? Es decir... has estado bebiendo el té de la señora Weasley todas las noches antes de ir a la cama.
—No todas las noches —protestó Harry.
—La mayor parte de ellas —interpuso Ron. escojiendo una postura y sintiendo el peso de la mirada de su mejor amigo—. No es que te culpe —añadió, titubeando un poco—, pero, ¿qué si regresan? Quieres poder ser capaz de bloquearlos, ¿o no?
—Claro que sí —chasqueó Harry, incluso aunque se preguntó si realmente así lo deseaba. Definitivamente, no quería estar poseído otra vez, pero los sueños no eran tan malos—. «Bueno, sí son desagradables, pero pueden ser útiles. Después de todo, uno de esos sueños salvó la vida del señor Weasley —se recordó Harry—. Y otro le costó a Sirius la suya. Sólo sirven si son reales». No me importa —discutió él—. No voy a trabajar con Snape.
—Pero... —comenzó Hermione, mas se detuvo cuando halló la mirada de Ron y éste negó con la cabeza. Sabía que él tenía razón, pero seguía siendo muy dificíl para ella morderse la lengua. Aún no había terminado esa conversación, pero haría caso a Ron y la dejaría por el momento. Después de todo, eran sus primeros días en la escuela y los sueños aún no habían regresado. Esto podía esperar.
—Muy bien, compañero —dijo Ron, sujetando a Harry por el hombro antes de bajar las escaleras—. Es un imbécil y mientras menos tiempo tengamos que pasar con él, mejor. Si tan sólo no tuviéramos que cursar Pociones para convertirnos en Aurors...
...
A pesar de que Ron estaba bastante seguro de que Errol no sería capaz de llegar a Hogwarts a tiempo para el correo matutino, él continuó elevando la mirada hacia las ventanas del Gran Comedor con temor durante toda la comida. Apenas escuchaba las convesaciones que tomaban lugar a su alrededor. No fue sino hasta que su hermana lo golpeó fuertemente en el brazo que giró para ver qué se traía.
—¿Qué? —gruñó él.
—Tu horario —dijo ella, ondeando una hoja de pergamino con sus clases bajo su nariz antes de llevársela al pecho—. Te lo he dicho cuatro veces.
—Como sea —contestó Ron, jalando el programa de la mano de su hermana y ojeándolo rápidamente. Dos horas de Transformaciones seguidas de Encantamientos después del almuerzo. No estaba tan mal—. No tenemos Defensa Contra las Artes Oscuras hasta el miércoles —se quejó, alejando sus ojos del pergamino para enfocarlos en la mesa de los profesores una vez más en busca de Tonks, quien todavía no había aparecido a desayunar.
—Sí, bueno —acotó Harry—, nos dará un motivo para soportar una dosis doble de Snape por la mañana.
—¿Estás seguro de que ella es nuestra profesora de DCAO? —le preguntó Ron a Hermione, estudiando su horario.
—Sí, Ron —contestó ella sin levantar la mirada.
—Déjame ver tu programa —dijo Ron, estirando el brazo alrededor de Harry, quien estaba sentado entre ellos, y tratando de arrebatarle su lista de la mano. Desafortunadamente, ella fue más rápida que él.
—¿Por qué? —preguntó, alejándolo de su alcance.
—Quiero ver qué clases sigues —admitió él, estirándose un poco más y dando otro intento. El hecho de que ella no quisiera mostrárselo sólo lo volvía más decidio a verlo.
—Sigo las mismas que tú —le informó, plegando su programa y metiéndolo dentro de su bolso, de donde él no podría cojerlo.
—¿En serio? —preguntó Ron, mirándola sospechosamente—. Entonces, ¿porqué no puedo verlo?
—Porque no necesitas hacerlo.
—Eso pensé —murmuró Ron, confirmando sus sospechas. Ella se lo estaba ocultando a porpósito y él sabía el por qué.
Durante los seis años anteriores, él la había animado a dejar algunos de sus cursos previos y ajustar su programa. Se suponía que debían abandonar las materias electivas y enfocarse en aquellas especializadas y diseñadas para ayudarles a pasar los E.X.T.A.S.I.S. requeridos para sus profesiones escogidas. Ron y Harry, que querían ser Aurors, se habían puesto muy felices al abandonar Herbología, Astronomía y Adivinación. Habrían abandonado Historia de la Magia también si no fuera porque era un curso esencial y seguía siendo requerido. Hermione, por otro lado, no estaba segura de qué seguir una vez graduada y, por eso, era propensa a hacer una de las suyas, como lo hizo en tercer año, y mantener todas las clases que tenía.
«Ya veremos» —pensó Ron a la vez que sacaba su varita del bosillo de su túnica, se inclinaba hacia atrás apoyado en su silla y apuntaba al bolso de Hermione—. Accio Horario.
—¡RON! —chilló Hermione, indignada, mientras veía su progama ir a toda velocidad hacia aquella mano estirada—. ¡Devuélveme eso! —exigió, saltando a sus pies al mismo instante que él y abalanzándose en su búsqueda.
—No dejaste nada —dijo Ron, sosteniendo la hoja abierta del pergamino bajo su cabeza mientras continuaba exáminandola.
—Sí que lo hice —argumentó Hermione, estirándose para poder cojerlo.
—¿Qué? —preguntó él, alejándola de su alcance
—Astronomía —gruñó ella—. Ahora, devuélvemelo o...
—¿O qué? —se burló él.
—Lo haré —declaró ella, abalanzándose hacia él de nuevo, sólo que esta vez, lejos de intentar agarrar su horario, se aferró a su lado, enterró sus dedos en su ropa, y comenzó a hacerle cosquillas. El efecto fue inmediato. No sólo hizo que Ron se doblara para poteger su estómago, sino que sacudió la mano que estaba usando para sostener el pergamino en el aire y la usó para alejarla.
—¡JAAA! —gritó Ginny cuando vio a Hermione alejarse de su hermano con su horario agarrado firmemente en mano.
—No sabía que eras cosquilludo —indicó Harry mirando a Hermione, extrañado. «Ginny debe habérselo dicho».
—No lo soy —insistió Ron, dejándose caer pesadamente sobre su asiento—. Sólo no me gusta que me claven los dedos, es todo.
—Mentiroso —murmuró Ginny a la vez que se encontraba con la mirada de Harry y negaba con la cabeza. Estaba definitivamente tentada a "clavarle los dedos" a su hermano hasta que admitiera la verdad, pero ella sabía, por experiencia, lo obstinado que era, incluso en medio de un ataque de risa. Charlie había usado en él un hechizo cosquilludo durante quince minutos antes de que Ron se quebrara y confesara que había estado volando en su escoba sin permiso.
—No irás a tener todos esos cursos en serio, ¿verdad? —preguntó Ron con la atención enfocada en Hermione una vez más—. Es demasiado. Te vas a volver loca tal como en tercer año. Ya no necesitas esa basura de Runas.
—No es basura —chilló Hermione, sonando seriamente ofendida— Sucede que es uno de mis cursos más fascinantes.
—De seguro hay algo que podrías abandonar —disparó Ron, rodando los ojos a Harry mientras lo hacía—. ¿Qué hay de Herbología?
—¿Qué hay de Quidditch? —respondió ella, tomándolo enteramente por sorpresa.
—¿Qué con eso?
—Dejaré Runas Antiguas y Herbología cuando ustedes dos dejen Quidditch.
—¿QUÉ? —gritó Ron—. No es lo mismo.
—Sí que lo es.
—No, no lo es. Ni siquiera se le acerca. El Quidditch es divertido. La tarea escolar, no.
—Esa es una cuestión de opinión.
—Es imposible que tomes nueve materias con E.X.T.A.S.I.S.
—Bien, voy a hacerlo —declaró Hermione, cojiendo su bolso de libros del suelo y llevándoselo al hombro.
—Te volverás a ti misma -y aún más importante, a nosotros- loca cuando llegue la ronda de exámenes —chasqueó Ron antes de que ella tuviera la oportunidad de alejarse.
—Ah, ¿sí? —espetó ella, dándose la vuelta para enfrentarlo otra vez—. ¿Y cuanta horas a la semana desperdicias en Quidditch?
—¡DESPERDICIAR! —gritó Ron—. ¿Oíste eso, Harry? —preguntó, girándose hacia su mejor amigo en busca de apoyo—. No vas a sentarte ahí y dejarla salirse con la suya, ¿verdad?
Aparentemente sí, porque Harry no respondió. Había aprendido mucho tiempo atrás a no quedar en medio de sus peleas. No importaba si Ron estaba en lo correcto. Aún así, Harry no iba a meterse allí.
—¿Dijiste o no dijiste que mi curso de Runas Antiguas era una pérdida de tiempo?
—No; dije que tú ya debes saber suficiente de ese tema y que no necesitas agotarte para aprender más.
—Te recordaré eso la próxima vez que tengamos un trabajo pendiente y tú, en cambio, te vayas a practicar. Ya veremos quien van a agotarse cuando yo me rehúse a ayudarte y tú tengas que sentarte a trabajar en él toda la noche solo.
—No trabajaré yo solo. Harry tendrá práctica también, así que él estará justo a mi lado.
—Al menos tendrás compañía, entonces —chasqueó Hermione—. Te veré en clase, Harry —añadió, dándose la vuelta y marchando hacia la doble puerta al otro extremo del salón.
—¿Cuál es su problema? —se preguntó Ron en voz alta mientras la veía irse.
«Como si no lo supieras —pensó Ginny—. Es el mismo problema que tienes tú».
Podrían engañar a todos en la mesa, pero Ginny sabía la verdad. No estaban enfadados el uno con el otro: estaban frustados. No habían estado solos en días, y eso estaba empezando a dejar secuelas. Mientras más tiempo pasaban sin besarse, más propensos eran a pelearse. Si esto se ponía peor, Ginny iba a tener que tomar medidas drásticas como distraer a Harry y encerrar a aquellos dos en un armario de escobas o algo así.
—Vamos —dijo Ron, saltando de su silla y agarrando sus propias cosas del suelo—. Si llegamos tarde a la clase de McGonagall me voy a ganar otra detención.
...
En general, a medida que su primer día pasaba, Harry no podía quejarse. De hecho, el día pasaba volando. Se pasaron toda la clase de Tranformaciones repasando hechizos que habían aprendido el año anterior y olvidado durante las vacaciones de verano. La última media hora de la clase la usaron para practicar el Encantamiento Desvanecedor que era lo opuesto al Convocador, debido a que lo empezarían a estudiar la clase siguiente, según informó McGonagall. Afortunadamente, Harry ya tenía el encantamiento bajo control y Ron sólo lo arruinó una vez antes de volver a adquirir el ritmo. Al final de la lección, Neville fue el único que recibió tarea. Era algo irónico en realidad, si se consideraba el hecho de que en una oportunidad hizo desaparecer la pata del escritorio de McGonagall y no podía hacer desaparecer una rata cuando quería. No importaba cuantas veces lo intentase, siempre dejaba la cola atrás.
Ron, por supuesto, se rehusó a acompañar a sus amigos al Gran Comedor para almorzar luego de la lección. No que Harry no entendiera. Él preferiría estar en una sala común de Gryffindor casi desierta a en el Gran Comedor lleno de gente, si llegara a recibir alguna vez un vociferador. Hermione murmuró por lo bajo algo acerca de que él estaba siendo ridículo, pero esperó a que estuviese fuera de su alcance para hacerlo.
El almuerzo fue tranquilo y bastante rápido, considerando que no tenían clases de nuevo hasta la una. Hermione había terminado antes de que Harry tuviera la oportunidad de comenzar, pero la mala suerte loa retuvo cuando los de quinto año aparecieron mientras que Hermione cargaba una servilleta llena de comida, lo cual significaba que él tendría que hablar con Ginny..
—Déjame adivinar —se burló la determinada pelirroja a la vez que se dejaba caer en la mesa que su melenuda amiga dejaba—. Vas a la biblioteca.
—Quiero repasar mis notas sobre encantamientos antes de la clase.
—No puedes comer en la biblioteca —le recordó Ginny, mirando la sobresaliente servilleta en su mano.
—No es para mi —replicó ella, arrastrando su bolso del suelo, tirándolo sobre la mesa, y escondiendo la servilleta llena de comida dentro—. Es para Ron. Tengo que subir a buscar mis notas, de todas formas —explicó ella cuando Harry arqueó una ceja, sorprendido—. Ya que estoy, podría llevarle algo de comer. No tiene sentido tenerlo hambriento e irritado.
Harry no podía discutir contra eso. Él mismo habría tomado un poco de comida por la misma razón si Hermione no se le hubiera adelantado.
—Te veo en Encantamientos —dijo ella, mirándolo interrogantemente y esperando una respuesta.
Tan pronto como éste asintió con la cabeza ella se marchó, pero jamás llegó a la librería. Hermione estaba sentado junto a Ron en el sillón de la sala común examinando sus notas cuando Harry llegó.
—¿Y bien? —preguntó él, sentándose en una silla frente a Ron.
—Nada —respondió el pelirrojo, dejando la copia del diario El Profeta que distraídamente había estado hojeando sobre la mesa—. Ni siquiera una carta habitual.
Hermione resopló entre sus notas, pero se abstuvo de decir "te lo dije" en voz alta. —Será mejor que nos vayamos —dijo ella, cerrando su cuaderno y arrojándolo al bolso que estaba a sus pies.
—Tenemos media hora —contestó Harry, echando un vistazo a su reloj.
—Bien —respondió ella, levantándose—. Lo veré abajo, entonces —añadió, antes de dirigirse sola al hueco del retrato.
—Aunque no podemos hacer mucho en media hora —dijo Harry, una vez que ella se hubiera ido.
—Podríamos examinar los resultados del Quidditch —contestó Ron, volviendo a tomar el diario y a hojearlo.
—¿Ahora que ella se ha ido? —rió Harry entre dientes.
—Ajá.
—¿Porque eso sería una pérdida de tiempo?
—Cállate.
—¿Qué estás buscando? —preguntó Harry, levantándose de su silla y sentándose al lado de Ron en el sofá, así ambos podían ver la sección de deportes juntos.
—Nada en verdad —admitió él—. ¡JÁ! ¡Mira, los Tornados perdieron contra las Arpías!
—Los Cannons también perdieron, por lo que veo —señaló Harry.
—Qué novedad —suspiró Ron—. Al menos no perdieron contra un grupo de chicas —rió por lo bajo, aliviándose de que los Tornados fueran derrotados por el único equipo de la liga que limitaba su lista a brujas. La restricción de género existía sólo como un modo de mantener la imagen del nombre del equipo. Aunque Ron siempre había sospechado que aún sin ella, iba a serles bastante difícil reclutar algún jugador masculino decente. Ningún mago con amor propio querría ser reconocido como una Arpía. Habría sido simplemente humillante—. Ya veremos cuanta gente seguirá usando sus insignias después de una derrota como ésta.
...
—Tú sabes cómo hacerlo —le dijo Hermione a Neville, agitandosu varita hacia una pluma que yacía sobre la mesa y tranformándola en un ratón—. Sólo no te estás concentrando lo suficiente. Tienes que imaginar el ratón entero en tu mente, con cola y todo —instruyó ella—. Tú solo te enfocas en su cuerpo. Prueba de nuevo.
—De acuerdo —respondió Neville, cerrando los ojos e intentando dibujar el ratón en su mente mientras agitaba su varita—. Maldición —murmuró él cuando los abrió otra vez y notó que, esta vez, se había olvidado de las orejas.
—Pero lo lograste con la cola —dijo Harry, tratando de sonar alentador—. Eso es algo.
—Una vez más y lo conseguirás —le aseguró Hermione mientras transformaba otra pluma—. Pero será mejor que te deshagas de esas orejas primero —añadió—. Harry te ayudará —le dijo, echando un vistazo a Ron, quien estaba inclinado sobre un tarro que contenía Fuego Azul tratando de conjurar el Hechizo Congelador de Llamas que el Profesor Flitwick les había enseñado momentos atrás—. Tengo que ir a una reunión de prefectos.
—Bien, bien —respondió Neville—. Gracias por la ayuda.
—Cuando quieras —contestó Hermione, levantándose de su asiento y caminando hacia Ron—. ¿Listo? —preguntó.
—¿Para qué? —dijo él, agitando su varita hacia el tarro con flamas y luego tocando el vidrio para ver si seguía caliente.
—La reunión...
—Ah, sí. Bien, sólo dame un mintuo. Casi lo tengo —dijo, agitando su varita sobre las llamas otra vez.
—Lo estás haciendo mal —dijo Hermione, tratando de no sonreír cuando la pequeña pieza de pergamino que él tiró en el jarrón ardió en llamas.
—No, ¿en serio?
—Necesitas girar tu varita al final, así —instruyó ella, haciendo con su mano el movimiento correcto a pesar de no estar sosteniendo su varita—. Adelante, intenta de nuevo.
—Podrías haberme dicho eso media hora antes —dijo él, imitando sus acciones.
—No estaba esperando que tú te sentaras y realmente comenzaras a hacer tu tarea esta noche —replicó Hermione mientras veía a Ron arrojar otro pedazo de pergamino al tarro y sonreír cuando nada le pasó—. No tenemos Encantamientos de nuevo hasta el jueves.
—Tengo mis razones para terminar con anticipación —susurró él, dándole una de sus sonrisas ladeadas.
—Ah, las tienes, ¿verdad? —rió ella entre dientes—. ¿Y por qué sería eso?
—Supongo que podría decírtelo —dijo Ron, enderezándose y guardando su varita en su bolsillo antes de recojer su túnica del respaldo del sofá—. Pero mejor podría mostrártelo. Claro que no puedo hacerlo aquí.
—Lo cual es el motivo por el que te pregunté si estabas listo para la reunión, ya que no empieza sino dentro de otros cuarenta y cinco minutos —admitió Hermione débilmente.
—¿En serio? —preguntó Ron con una sonrisa—. Oye, Harry —gritó él mientras caminaba hacia el hueco del retrato—. Reunión de prefectos —dijo, explicando adónde estaba yendo.
—Claro —respondió Harry, viendo a sus dos mejores amigos escabullirse de la sala común—. ¿Tú no irás? —le preguntó a Ginny, quien continuaba en su silla.
—Aún no —dijo ella con los ojos pegados al cuaderno que tenía en mano—. Quiero terminar de leer esto primero. Mañana tengo Pociones a primera hora —explicó ella—, y Hermione me dejó sus apuntes del año anterior. Sólo déjalo sorprenderse de mi una vez que haya leído su primera lección entera.
—Ah...
—Aunque no vayas a dejar que me olvide de ir —añadió de última—. ¿Me lo recordarías en quince minutos si aún no acabo?
—Seguro.
...
A diferencia de su primer día de clases, el segundo se prolongó hasta el hastío. Empezar el día con una dosis doble de Historia de la Magia fue una completa tortura, según Harry y Ron. La mayoría de los de sexto año, a excepción de Hermione y Ernie Macmillan, estaban prácticamente en estado de coma para cuando sonó la campana del almuerzo.
El día siguiente fue incluso peor, pero por una razón completamente diferente.
—Bueno, eso fue divertido —dijo Ron en voz baja a sus amigos mientras seguían al resto de la clase, comprendida sólo por Slytherins, fuera de las mazmorras en donde tuvieron su clase de Pociones—. Francamente, no sé qué es peor. Quedar tieso del aburrimiento por una hora y media como ayer o tener a un retorcido imbécil metiéndose con nosotros toda la mañana.
—Podría ayudar que chequearas dos veces las instrucciones antes de empezar a añadir los ingredientes —sugirió Hermione.
—Por favor —replicó Ron con un bufido—. Encontraría una razón para criticarnos incluso si fueramos endemoniadamente perfectos. ¿O no has notado que Harry es su nuevo estudiante favorito, ahora que Neville no está?
—Sí, lo he notado —respondió Hermione, estrechando los ojos y apretando los labios de una forma que a ambos muchachos les recordó a McGonagall—. No vayas a caer en su trampa, Harry —añadió ella—. Sólo está buscando un motivo para expulsarte de su clase.
—Tiene razón —coincidió Ron—. ¿Viste la mirada en su cara pálida cuando le diste tu ensayo? ¡JA!
—Gracias por eso —dijo Harry, mirando a Hermione agradecido. Se había olvidado por completo de los ensayos que, se suponía, debía escribir en el verano hasta que Ron le pasó la versión terminada la noche anterior, escrita con la prolija caligrafía de Hermione, para que él la copiara con su propia letra—. Realmente salvaste mi trasero. Me hubiera dado una detención, como mínimo.
—Para eso son los amigos, compañero —respondió Ron.
—No vayan a acostumbrarse —añadió Hermione—. Espero que ambos puedan hacer su propia tarea de ahora en adelante.
—Sí, mamá —contestó Ron—. ¿Sólo soy yo —le susurró a Harry mientras que seguían a Hermione a través de la doble puerta del Gran Comedor hacia la mesa de los Gryffindor— o es un poco escalofriante la forma en que puede imitar a mi mamá?
—No lo sé —respondió Harry, recordando la forma en que Ginny le había gritado durante su fiesta de cumpleaños—. Creo que la imagen de tu hermana podría estar un poco más acertada.
—Y me lo dices a mi... —rió Ron—. Ella tiene su lenguaje corporal y fulgor sin necesidad de practicar.
...
—Hola, Harry —dijo Nymohadora Tonks, alzando la vista del manual abierto sobre su escritorio cuando la puerta del salón de Defensa Contra las Artes Oscuras se abiró y un joven con cabello despeinado y anteojos miraba algo titubeante—. Bueno, no te quedes ahí parado. Ven aquí.
—Eh... sabía que estábamos algo adelantados —replicó Harry mientras Ron lo empujaba e intentaba entrar en la sala, sólo para que Hermione lo detuviera al tomarlo por su túnica.
—No quisimos interrupirte —dijo ella, tirando de Ron para que frenara—. Sabemos que la clase no comienza hasta dentro de diez minutos y que debes seguir preparándote.
—Estoy tan lista como obligada a empezar —suspiró ella, saliendo de detrás de su escritorio para sentarse sobre él en la orilla—. Remus me advirtió que me llevaría tiempo poder acostumbrarme, pero no es tan malo. Bueno, excepto por los Slytherins. Esos pequeños atrevidos... —comenzó pero enseguida se detuvo—. Entonces... ¿qué opinan de mi nuevo aspecto? —preguntó, sacando sus brazos de los lados para así apoyarlos en su modesto traje—. ¿Bastante aceptable?
—¿Ése es tu color normal? —preguntó Ron, empujando a Harry dentro del salón y caminando detrás suyo mientras observaba el cabello de Tonks, el cual ya no tenía un matiz ostentoso, sino un brilloso marrón oscuro.
—¡Ron! —chilló Hermione, dándole un golpe en el brazo.
—¿Qué?
—¡A las mujeres no se les hacen preguntas como esa!
—¿Por qué no?
—Porque es grosero, por eso.
—No fue grosero; fue sólo una pregunta. Tengo curiosidad, es todo. ¿Lo es? —preguntó de nuevo, enfocando su atención en el cabello a la altura de los hombros de Tonks
—Por todos los cielos... Sólo ignóralo —suspiró Hermione, pero estaba claro que por la mirada de asombro en su rostro, a Tonks, en realidad, no le importaba.
—Supongo que sí. O algo parecido —rió entre dientes—. Estuve cambiándolo por tanto tiempo que ya no estoy enteramente segura como para decirte la verdad. Es un tanto... sencillo pero necesario, me temo. Te agradecería que no comentaras mis... eh... habilidades especiales —dijo bajando un poco el tono de voz.
—Sí —acordó Harry—. Hermione nos lo mencionó.
—Nos contó sobre los catigos, también —agregó Ron—. Así que, ¿qué es exactamente lo que vamos a...?
—Aquí no y, definitivamente, tampoco ahora —dijo Tonks rápidamente, cortándolo antes de que llegara más lejos—. Discutiremos eso el sábado.
—Pero...
—Lo siento, señor Weasley —respondió Tonks, cambiando al estilo maestro cuando la campana sonó señalando el comienzo de la clase—. Si sería tan amable de tomar asiento —agregó con un guiño sutil justo cuando la puerta se abrió otra vez y el resto de los Gryffindors entró arrastrando los pies hacia sus escritorios, sin estar muy seguros de qué esperar este año.
—Buenas tardes —dijo la nueva profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras una vez que todos tomaron asiento—. Pueden decirme Profesora Tonks o sólo Tonks, si lo prefieren. Cualquier estudiante tan tonto como para llamarme por mi primer nombre se encontrará recibiendo la más espantosa detención que se me ocurra. Si no me creen, les sugieron que le pregunten a mi primo y a sus amigos, quienes pasaron la mejor parte de anoche fregando el piso de la lechuzería con un cepillo de dientes.
—¿En serio? —dijo Ron con una carcajada antes de terminar en un ataque de risa.
—Señor Weasley.
—Lo siento, Profesora —se disculpó, tratando de mantenerse bajo control a pesar de tener una clara imagen de Draco arrodillado en excrementos de búho nublando su mente.
—Sin duda, algunos de ustedes han oído rumores circulando por la escuela, así que en esta oportunidad voy a terminar con ellos. Sí, es verdad; soy un Auror totalmente calificado. No, no me han despedido, suspendido o destituido de mi posición. Sin embargo, sí pedí una licencia por pedido del Profesor Dumbledor. Él opina que algunos de ustedes tienen la desesperante necesidad de unas manos que los entrenen, y yo coincido en eso.
—He revisado los T.I.M.O.s y los E.X.T.A.S.I.S del año anterior y tengo que decir que fueron pésimos. A pesar de eso, ustedes, Gryffindors, lo hicieron extremadamente bien. Derrotaron a las otras casas por al menos dos a uno. De hecho, todos en esta clase han aprobado, lo que es totalmente un logro, considerando la... eh... profesora... a la que estuvieron atados. Todos sabemos, claro está, quién fue el verdadero maestro, así que, señor Potter, ¿qué fue lo cubrió en sus lecciones de DCAO, si no le importa decirme?
—Eh... —tartamudeó Harry, tomado más que fuera de guardia—. Em, en general, aturdir, desarmar y otros hechizos arbitrarios.
—Y el Encantamiento Patronus —agregó Hermione, intentando ser de ayuda.
—Sin contar al señor Potter, ¿cuántos de ustedes son capaces de producir un Patronus corpóreo? —preguntó Tonks con sus ojos escaneando al grupo de estudiantes reunidos en frente suyo—. ¿Sólo uno? —añadió al notar que sólo la mano de Hermione se alzaba en el aire—. Bueno, es magia bastante avanzada, así que supongo que es algo lógico. ¿Qué hay del resto de ustedes? —continuó ella—. ¿Nada en lo absoluto? ¿Ni un vapor no corpóreo o una niebla plateada?
—Bien hecho, señor Potter —dijo ella cuando el resto del grupo, salvo Neville, elevaron sus manos—. De hecho, debería sentirme realizada con ustedes por el momento. Así que han cubierto lo básico. Sé que el Profesor Lupin les enseñó criaturas oscuras. ¿Qué más han visto en clase? —agregó.
—Maldiciones —contestó Seamus de inmediato.
—Supongo que eso encaja con lo que aquel trastornado Mortífago les enseñó —replicó Tonks—. Ahora ya saben contra qué se enfrentan. Aunque yo apuesto a que se guardó la mayor parte de la magia oscura más poderosa para sí.
—A excepción de los Imperdonables —murmuró Neville.
—Sí —acordó Tonks—, pero no les enseñó como conjurar los hechizos, ¿o sí? Sólo les mostró lo que hacían. Muy bien, entonces, ¿por dónde creen que deberíamos comenzar? —preguntó ella, deslizándose de su escritorio—. No necesitan sus cuadernos, sólo las varitas —instruyó.
—Todos al frente, por favor —dijo Tonks, esperando que los estudiantes se levantaran de sus asientos antes de retirar su varita del bolsillo y agitarla hacia los escritorios, causando que éstos se apartaran del centro de la habitación hacia los lados y aterrizaran como dos pilas revueltas contra la pared.
—La mejor forma que ustedes tienen para sobrevivir a un duelo contra Mortífagos —infromó la Profesora Tonks a sus alumnos—, es evitándolo. Eso es algo que este grupo en particular necesita trabajar —añadió, dando a Harry y a sus amigos una mirada mordaz—.Agáchense. Corran. Hagan todo lo que sea necesario para salir de su línea de fuego. Lo último que quieren hacer es quedarse ahí como un noble idiota e intentar luchar si no tienen que hacerlo, porque se los juro, ellos no darán una pelea justa. Un Mortífago JAMÁS se enfrenta a un oponente solo si puede evitarlo. Eso no es decir que no dará batalla, porque seguro que lo hará, y les lanzará algún asqueroso maleficio mientras lo hace. Si puede derrotarlos por su cuenta, mucho mejor para ustedes. Pero no pueden luchar contra él y cuidar su retaguardia al mismo tiempo, que es justo con lo que él cuenta. Él los querrá concentrados completamente en sí, así podrá golpearlos con todo lo que se le ocurra, y mientras ustedes están ocupados esquivando y lanzando maldiciones, uno de sus colegas aparecerá y los cogerá por sorpresa. Es por eso que los Aurors trabajan en equipo: para cuidarnos las espaldas unos a otros. Eso es algo que un amigo mío aprendió de la peor manera posible durante la fuga en masa del mes pasado —agregó Tonks, mirando directamente a Ron mientras hablaba—. Fue una lección desagradable, pero pueden apostar que no volverá a correr tras ellos sin compañía otra vez.
—Pero pongamos por caso que ustedes se encuentran cara a cara con un Mortífago, tal como mi amigo; solo que éste no tiene colegas a su alrededor. Son sólo ustedes y él, y no tienen opción más que enfrentarlo y pelear. ¿Cuál es el primer hechizo que usaría, señor... Finnigan? —preguntó Tonks, echando un vistazo a la hoja de pergamino sobre su escritorio que tenía una lista con los nombres de los estudiantes de Griffindor en él.
—Expelliarmus, supongo —contestó Seamus, algo inseguro.
—¿Supone? —cuestionó Tonks—. No tiene tiempo para vacilar. Señor Weasley, haga pareja con Finnigan. A la cuenta de tres, quiero que ambos se batan a duelo. El quede en pie gana.
En vez de responder, Ron simplemente asintió con la cabeza y tomó un profundo respiro mientras el resto de la clase se apartaba y los dejaba a él y a Seamus solos en el centro del salón.
—¿Listo? —preguntó Tonks cuando Seamus se alejó un poco y giró para afrontar a Ron—. ¿Saben lo que van a hacer?
—Sip —contestó Seamus.
—¿Señor Weasley? —inquirió Tonks mirando a Ron, quien asintió nuevamente moviendo la cabeza—. A la cuenta de tres; uno... dos... tres.
—¡Protego! —gritó Ron apenas vio a Seamus abrir la boca. Ni siquiera se molestó en escuchar qué maldición le había lanzado, estaba decidio a desviarla.
—Interesante estrategia —remarcó Tonks, dándole a Ron una mirada evaluativa—. Esperaba que respondieras como tus hermanos y reaccionaras ofensivamente en vez de a la defensiva.
—Soy el que aún está en pie, ¿o no? —preguntó Ron, sonriendo satisfechamente a Seamus, quien fue noqueado cuando la maldición que le había lanzado a Ron rebotó en él.
—Efectivamente —coincidió Tonks con una sonrisa—. Bien hecho. En un duelo, lo principal debe ser siempre protegerse a sí mismo si es que pueden. Un potente encantamiento escudo puede ser más efectivo que una maldición en la situación correcta. Es tiempo de ver lo que tienen —insistió ella—. Sáquense las túnicas y busquen un compañero. Tenemos veinte minutos para practicar. Sólo encantamientos escudo y hechizos para desarmar. No queremos maldiciones al azar desviadas por toda la habitación. Señor Weasley —agregó ella, notando que había un número impar de estudiantes—, ¿por qué no deja al señor Potter trabajar con la señorita Granger por los primeros diez minutos y luego rotan?
—Claro —respondió Ron, alejándose de sus dos mejores amigos y moviéndose a un lado, donde podría quedarse junto a Tonks fuera de la línea de tiro.
—Tengo que admitir que tengo bastante curiosidad por saber quién de ellos perderá su varita primero —le susurró a Ron al inclinarse mientras los dos chicos se rodeaban y elevaban sus varitas—. ¿Listos? A la cuenta de tres —añadió en voz alta.
—Será Harry —le informó Ron rápidamente.
—¿De veras? —preguntó—. ¡Uno!
—Sí, bueno... Harry puede ser más poderoso, pero Hermione es más rápida —le susurró en respuesta—. Además, ella no vacilará.
—¿Como tú? —inquirió Tonks con una sonrisa conocedora—. ¡Dos!
—Sí, bueno —admitió él mientras sus orejas enrojecieron—. Puede que yo titubee un poco, pero ésta es Hermione. En realidad no podemos maldecirla.
—¡TRES!
—Parece que tenías razón —susurró Tonks, notando que Hermione se las había arreglado para convocar su escudo antes de que Harry pudiera desarmarla. Él fue un poco más rápido con su propio encanamiento escudo cuando intercambiaron roles, pero en la cuarta ronda, ella se las había arreglado para desarmarlo.
—No le hacen ningún favor reteniéndose, ¿sabes? —le murmuró Tonks a Ron varios minutos después, cuando los estudiantes volvieron a tomar sus varitas y se preparaban para cuadrar de nuevo—. Todo lo que hacen es adormecerla en una falsa sensación de seguridad. No practican en realidad y ella sale creyendo que es mejor de lo que en realidad es. Esa clase de pensamiento podría lastimarla, o peor. Quizá quieras considerar eso cuando sea tu turno de enfrentarla. ¡Potter! —gritó—. Es tiempo de que rotes con Wealsey.
...
—¿Qué te pasó? —le preguntó Harry a Ron después de que el trío hubiera retirado sus bolsos al final de la lección y se encaminara hacia el Gran Comedor para almorzar—. Si no lo supiera con certeza, creería que has estado practicando en el verano.
—Motivación, calculo —respondió Ron, esperando que Harry lo olvidara si él lo hacía a un lado.
—Neville también lo hizo muy bien —añadió Hermione—. ¿Lo notaron?
—Sí —coincidió Harry—. Su puntería realmente a mejorado.
—Me pregunto —preguntó Hermione por lo bajo—, no creen que eso se deba al hecho de que tiene una nueva varita, ¿verdad? ¿Fue diferente para ti —le peguntó a Ron— cuando te dieron tu nueva varita?
—¿Comparándola con usar una quebrada? Vaya, déjame pensar. Em... sí.
—No —gruñó Hermione—. Me refiero a si fue diferente a usar la varita de Charlie cuando ésta funcionaba. ¿Es diferente cuando la varita acorda contigo en vez de con alguien más? ¿Incluso si es un familiar cercano?
—Quizá un poco —respondió Ron—. Toma —añadió él, sacando su varita del bolsillo y tendiéndosela a Hermione—. Prueba y luego me dices si se siente diferente.
—Estamos en medio del pasillo.
—¿Y?
—Somos prefectos.
—¿Y? —repitió Ron sin encontrar la relación—. Los prefectos también conjuran hechizos, ¿sabes?
—No, en los pasillos no lo hacen —chaqueó Hermione— porque está prohibido.
—Ah, cierto —contestó él, algo culpable—. Lo olvidé.
—¿Lo olvidaste?
—Bueno, lo hice. Es una regla estúpida. La única persona a la que le importa además de ti es Filch. ¿No es verdad, Harry?
—Lo siento —respondió Harry mirando a Hermione con algo de temor antes de voltearse para afrontar a Ron—. Estás sólo en esto, compañero —dijo él, caminado hacia la doble puerta y dirigiéndose tan rápidamente como pudo hacia la mesa de los Gryffindors.
N/t: Ah, la verdad es que me encanta Tonks como profesora!! Hubiese sido algo lindo de leer... por eso le agradezco a Rogue que lo escribió y me dejó contenta! Jajaja. Ojalá que les haya gustado el capítulo tanto cómo a mi! El siguiente lo está traduciendo Ingrid así que en cuanto ella lo termine, lo subimos. Un beso enorme a todos los que se pasan siempre a leer!!
