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Inuyasha corría desesperadamente detrás de Aome. ¿Por qué no dejaba de correr? ¿Acaso le temía? ¿¡Tanto lo odiaba!? Por eso corre de esa manera, porque no lo quería cerca. ¡Le importaba un huevo! El la secuestraria si fuera posible para que ya no vuelva a alejarse nunca más de él. Aome, ¡estás aquí! Si has vuelto a mí, es porque siempre fuiste mía… -Inuyasha dejo de correr al ver a Aome dejar de correr y acercarse nuevamente a aquella niña quien se encontraba en el suelo sentada y llorando, tenía una falda y su rodilla estaba raspada. ¿Aome conoce a aquella niña?

-Sami…- Susurro Aome y la cargo entre sus brazos- Por favor, ya no hagas esto- Suplico con voz cansada

-No mamá, ya no lo hare más, lo lamento…- Hipo mientras se aferraba al cuello de su madre.

-¿Mamá?...-Inuyasha por inercia repitió aquella frase. Acaso… ¿Acaso Aome tuvo una hija con otro hombre? Claro, después de lo que él le hizo a ella, no podía esperar a que ella se quedara sola toda la vida. Tenía pensado decírselo lo de Shippo- Pensó triste, la tenía nuevamente ahí, pero ella ya no era de él, sino de otro hombre. Aome se giró lentamente hacia Inuyasha, la lluvia no dejaba de caer.

-Inuyasha…- Hablo con firmeza ocultando todas sus emociones y nerviosismo al verlo ahí. No importaba los años que hubieran pasado, el seguía ahí, intacto, como la última vez que lo vio.

-Aome, veo… veo que… ¡Tanto tiempo! ¿Eh?- Intento esconder sus emociones también – Veo, veo que llevas una cría encima ¿eh?- Inuyasha fingió indiferencia pero no funcionaba tanto ya que Aome lo miro extrañada- Veo también, que la estás pasando mal ¿no?- Fingió frialdad

-Inuyasha. ¿Vives cerca?- Pregunto preocupada por Sami quien de seguro pescaría un resfriado

-S-Si-si- sss-i- Hablo nervioso- Deja que yo la cargo…- Inuyasha la tomo con cuidado en sus brazos. Se quedó dormida por lo cansada que estaba. Comenzaron a caminar en dirección al departamento de Inuyasha.

-¿No incomodare a Kikyo?- Hablo un poco preocupada. No quería tener problemas con aquella mujer.

-No, ella no vive conmigo- Entraron al departamento. Aome cerró la puerta.

-¿No?- Pregunto curiosa. Siguió hasta Inuyasha en su habitación, coloco a Sami en la cama y comenzó a buscar algo entre su armario.

-Mira, es ropa de Shippo cuando era pequeño. Le servirá- Le tendió una campera, un pantalón y una toalla.

-Gracias- Murmuro Aome.

Inuyasha salió de la habitación dejando a Aome arropar tranquila a su… hija, aunque doliera aquella palabra así era esa linda niña es hija de Aome – Suspiro y se sentó a esperar a Aome en la sala. Luego de unos minutos salió Aome – Inuyasha…- Ella lo nombro entrando a la sala.

-Aome…- Inuyasha se levantó del sofá y la abrazo fuertemente – Yo… a mí no me importa si estas casada o no, tengas hijos con otro hombre ¡No importa! Yo te sigo amando…-

-Inu… Yasha… ¿tu? ¿Tú me amas?- Pregunto con la voz quebrantada respondiendo de igual manera al abrazo - ¿Me amas en verdad?-

-Desde aquella noche, desde aquella noche en la que hicimos el amor- Comenzó a besar el cuello de "su" mujer, ansiaba tanto la piel de ella, su aroma, ¡su cuerpo!

-Tú, ¡tú te marchaste! Inuyasha me dejaste sola, me abandonaste- Aome se separó mientras lagrimas caían de sus ojos.

-¡No! Fui al bosque a pensar, ¡a pensar! ¡MALDICION! Tenía miedo de que me abandonaras por tener un hijo… y cuando volví decidido a decirte la verdad y decirte que yo también te amaba te vi con aquel chico, ya no recuerdo su nombre… ¡Pero me enfurecí! Aome, me enfurecí, ¡Estaba celoso! Pensé que eras igual que Kikyo…-

-Por eso te marchaste con ella…- Hablo sarcásticamente mientras se limpiaba las lagrimas

-Ella, ella es la madre de Shippo. ¡Pero yo no la amo! Por algo no vive aquí conmigo, por algo te espere hasta ahora, ¡espere a que vinieras! Me volví loco sin ti- Hablo Inuyasha desesperado

-Se llama Samantha…- Se refirió a su hija…Y es tu hija

-Es una hermosa niña, enserio. De seguro su padre la ama mucho- Esbozo una sonrisa débil

-No, la pobre no conoce a su padre, ni el a ella- Hablo Aome un poco dramática Pero ahora ya se conocen

-¿Por qué no?- Pregunto preocupado- ¿has criado tu sola a una niña?-

-La cuide con mi tía y con un amigo que conocí en el avión- Hablo desilusionada al recordar aquella ilusión de que el viniera por ella

-¡Estuve muerto Aome!- Le intento explicar Inuyasha

-Yo también Inuyasha, no te imaginas el tormento que pase. ¡Te extrañe! Inuyasha, yo te extrañe, te amé y te sigo amando como la primera vez, ¡me sentía muerta por dentro!-

-Me gusta oír esa declaración tuya- Esbozo una sonrisa burlona y divertida- Pero no me refería a eso, sino que, fui a buscarte ese día al aeropuerto. Tenía las esperanzas de detenerte, pero tuve un conflicto con unos ladrones y me prendieron un disparo en el abdomen…- Inuyasha se levantó un poco la remera dejando ver una cicatriz. Luego se la bajo nuevamente- Estuve muerto un día y medio, me desperté en mi velorio-

-¡Inuyasha!- Aome se lanzó sobre el con sorpresa y lo envolvió en un abrazo.

-Aome, ¡te amo!...- Le susurro cerca del oído. Oh dios, ¡cuánto la amaba!- Te amo…-

-Inuyasha, ¡basta! Esto no está nada bien, no podemos estar juntos- Aome se separó de el

-¿Por qué no? ¡Si nos amamos!- Hablo sorprendido Inuyasha mientras la tomaba de la cintura y la atraía a él ¡Por Kami! Solo un beso de tus labios pido.

-Esto no es correcto, ¡ambos somos adultos!... y…-

-¡Aome! Deja el papel de mujer madura, ¡no te queda nada! Deja de hacer el ridículo y deja que te bese ¿quieres?-

-¡No es un papel!- Aome inflo los cachetes como si fuera una niña solo intentaba no parecer una chica fácil

-¡Aome!- Gruño Inuyasha- Un…maldito… ¡beso!- Murmuro entre dientes

-Inuyasha… ¡Te amo!- Aome lo expreso sinceramente -Esto… ¿Es un sueño?- Pregunto temiendo a que si lo fuera

-Tonta…- Inuyasha gruño y la callo en un beso posesivo, violento y apasionado. ¡Al fin estoy contigo! Aome, quiero estar contigo por siempre. Por Kami ¡cuánto extrañe estos labios!- ¿Te quedaras conmigo?- Le pregunto entre besos.

-Claro…- Se acercó al oído de este- Siempre y cuando aceptes a tu… hija- Esbozo una sonrisa mientras besaba el cuello de Inuyasha, quien se quedó en trance. Samantha, aquella niña de ojos dorados, esa chiquilla, ella… ¿Ella era su hija?

-Es… mí, ¿mi hija?- Pregunto atontado mientras retrocedía y se sentaba en el sofá