Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es chocaholic123, yo sólo traduzco.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is chocaholic123, I just translate.
Barely Breathing
Capítulo 34
DESPIADADO
Él le prepara una taza de café, luego busca en las alacenas para encontrarle un almuerzo adecuado, está dolorosamente consciente de lo vacías que están; es difícil encontrar tan siquiera un bocado. Él pocas veces cocina, casi nunca sale de compras. Durante el último año se ha convertido en una especie de pepenador.
—Necesitamos ir a la tienda. —Alza la vista. Ella pausa a medio trago—. Necesitamos comida y… ah… también ir a la farmacia. Por anticonceptivos de emergencia. —Se le nota la vergüenza en la cara al decirlo. Todo es un recordatorio de lo idiota que ha sido.
—Está bien. No necesitamos hacer eso.
—No usé protección.
Bella lo mira directo a los ojos.
—Yo sí. —Ese vistazo de desafío le causa algo: le da calidez. A lo mejor ella no es tan delicada como él cree.
Lavan los trastes del desayuno, toman duchas separadas, limpian la evidencia de la noche anterior. Él se siente como un lobo corriendo con perros, intentando descifrar por qué se siente tan bien, y aun así tan mal. Doméstico, pero salvaje. La normalidad de sus acciones es casi inaguantable. Como el conocimiento de que esto tiene que terminar.
Más tarde, luego de una cena caliente de pasta y buen vino, se sientan en el patio, compartiendo una silla, una manta y el frío aire de noviembre. Él mira su aliento escapar en pequeñas nubes de vapor. Quiere inhalarlo, absorberlo y guardarlo. Tragar su esencia hasta que ella sea parte de él.
—¿Por qué estabas llorando cuando te encontré en mi porche? —lleva toda la noche y todo el día preguntándose esto. El recuerdo de su llegada ataca su mente. Su ave rota, sin alas, sola. La imagen remueve su corazón muerto.
Ella no responde al principio. Sólo entierra la cara en su cuello, doblando sus piernas sobre las de él. Cuando finalmente habla, sólo dice dos palabras, pero esas palabras le llegan hasta la médula.
—Mi madre.
La forma en que lo dice le cuenta todo lo que necesita saber. Tan certero, casi despiadado. Hay años de dolor enterrados debajo de sus palabras, enchuecando cada letra en forma cursiva. No "mi madre está enferma" o "peleé con mi madre", aunque esas palabras serían comprensibles. No fueron las acciones de su madre las que han causado tanta desolación, sino el mero hecho de su existencia.
Es un dolor que él conoce muy bien.
Esta vez, cuando él la besa, es como un bálsamo para su dolor, sus labios se mueven como si fuera una súplica silenciosa. Levantándola, él la carga dentro de la casa. Ella se ríe de su repentino movimiento. El sonido lo caliente más rápido que el más fuerte de los fuegos. En este momento, es fácil creer que el mundo es bueno. Que está lleno de madres que aman, esposas que adoran, parejas que no se van a desgarrar el uno al otro.
Pero, igual que con los cuentos, la oscuridad siempre asecha en las esquinas. Aguardando a la izquierda del escenario, esperando su señal.
Incluso aunque la ama, él puede sentirlo.
A veces no hay manera de ahuyentar la oscuridad.
