Hola, ante todo disculpas por la tardanza, pero estoy en exámenes y me es un poco complicado. Por otra parte estoy trabajando en los últimos capítulos de Un gran amor nacido del odio, que aunque es una historia que he abandonado un poco, subiré los últimos capítulos próximamente. Y espero que valga la pena porque hace meses que no actualizo esa historia.
Espero os guste este capítulo y poder subir pronto otro. Nos leemos pronto, besos.
Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer pero la historia es totalmente mía.
Capítulo 34: Tus ojos te delatan
Edward
Respiro profundamente, llenando mis pulmones de ese aroma que tanto me gusta. El olor único de Bella. Sin duda quiero despertar así todos los días de mi vida. La aprieto fuerte contra mi pecho y dejo que los recuerdos de la maravillosa noche que pasamos invadan mi cabeza haciendo que vuelva a sumirme en un profundo sueño.
Estiro mi brazo hacia el lado de la cama donde está Bella, pero ese lado está frío. Me siento sobresaltado en la cama. Ella debería estar a mi lado, por algún motivo mi corazón late acelerado. Tengo que calmarme, puede que esté en la cocina o en alguna otra parte de la casa. Decido levantarme e ir en su búsqueda. Estoy ansioso por no ver a Bella, sé que es una locura pero tengo un mal presentimiento. Tal vez, tantas sospechas de que Aro va detrás de mí me está empezando a afectar la cabeza. Paso por delante del baño y oigo el sonido del agua de la ducha. No estoy seguro si es ella pero decido arriesgarme. Lo único que puede pasar es que sea Emmett, entonces diré que necesito urgentemente utilizar el baño y eso entre hombres no es nada extraño. Tenemos confianza. Lo malo será si es Rosalie, seguramente me de algún que otro guantazo pero lo soportaré.
Abro la puerta lentamente y en medio del vapor que hay acumulado dentro del baño, distingo una figura a través de la cortina de la ducha. Sé perfectamente de quién es ese cuerpo que conozco de memoria. Una sonrisa ladina aparece en mi rostro, me quito el bóxer que es la única prenda de ropa que llevo encima y sin pensarlo dos veces me meto dentro de la ducha.
Poso mis manos en la cintura de la mujer que adoro con todo mi ser, se sobresalta porque no me esperaba para nada pero me gusta cuando se gira entre mis brazos para quedar cara a cara conmigo.
-Me has asustado- dice mi ángel mirándome a los ojos directamente. Me encanta mirar sus ojos chocolate y perderme en ellos. Es lo mejor del mundo y lo que más me calma. Es la única que me da la paz que necesito.
-No pretendía asustarte, al contrario, quería sorprenderte. Y no me puedes reclamar nada, yo me he llevado un susto de muerte cuando me he despertado y no estabas a mi lado- le hago un pequeño puchero que sé que le llegan al corazón. No podrá resistirse a besarme.
Y en efecto no me equivocaba. Me rodea el cuello con sus dos brazos y se pone de puntillas para juntar sus hermosos y carnosos labios con los míos que la extrañaban demasiado.
-Lo siento- dice con sus labios aún sobre los míos. Me encanta cuando me habla así. Si por mí fuera estaríamos pegados las 24 horas del día. Pero tampoco quiero agobiarla, necesita su espacio y yo estoy más que dispuesto a dárselo para que sea feliz.
-Te perdono si me das otro beso- se ríe y sé que me va a dar millones de besos. La adoro con todo mi ser por ese motivo necesito que mi plan funcione. Que Anthony pague por todo y yo sea totalmente libre para hacer mi vida sin poner en peligro la vida de Bella.
Empezamos a besarnos y yo deslizo por su cuerpo mojado mis manos, ansioso por recorrer cada centímetro de su piel. Nuestros labios se separan y puedo escuchar perfectamente el suspiro de Bella. Se está empezando a excitar y para que mentir, yo también. Sin separar mis labios de su piel, abandono sus labios para recorrer su cuello, reparto besos por todo su cuerpo, no dejo rincón por recorrer, la devoro entera sin importarme nada solamente hacer que disfrute de nuestro momento y por sus suspiros sé que lo estoy consiguiendo. Su piel es suave y dulce, jamás me cansaré de besarla, acariciarla y amarla. Mirarla y adorarla es todo lo que quiero y ahora mismo quiero que se entregue a mí, necesito que sea mía.
-Edward- mi nombre es un suspiro en sus labios. Separo mis labios de su cuello mientras mis manos resbalan por su espalda hasta sus increíbles nalgas. Las acaricio y beso sus labios con pasión, más que besarla la estoy devorando literalmente.
Pero ella me responde de la misma manera. Sus manos hacen un recorrido por mi espalda, apretando más su cuerpo contra el mío. Sus pechos están apretados contra mi pecho, nuestros corazones laten al unísono. Y sin más dejo que mi cuerpo se apodere del suyo y seamos solamente uno. Sintiendo como ella se abandona al amor y la pasión en mis brazos. Soy brusco, lo sé, pero ella me clava las uñas fuertemente invitándome a disfrutar sin control de su cuerpo. Nos dejamos llevar por el deseo y la pasión que ahora nos invade y nos incendia como un fuego que no se puede apagar hasta que juntos llegamos al clímax más delicioso que existe aunque jamás me saciaré de Bella.
Me pongo mi camisa mientras veo a Bella desenredar su pelo largo. Me encanta mirarla y ella también me está mirando a través del espejo. Me dedica una sonrisa enorme y sé que ahora mismo es feliz. Sus ojos chocolate tienen un brillo especial que me he dado cuenta solo tienen cuando me mira a mí. Yo debo hacer cara de idiota cuando la miro a ella porque es el centro de mi universo, sin ella no hay nada para mí, ella lo es todo. Mi vida entera depende de ella.
Tengo que dejar de mirarla para poder abrocharme los botones de la camisa correctamente aunque preferiría no dejar de mirarla. Sin esperarlo, unas manos suaves y cálidas, unas que conozco perfectamente, se posan sobre mis manos.
-Déjame a mí hacer esto- dice Bella apartando mis manos de los botones de mi camisa. Ella los empieza a abrochar. Cada botón que abrocha es un beso que me da en el pecho. Es una sensación tan agradable que cierro los ojos y me dejo hacer. Nadie me había mimado nunca y mucho menos cuidado. Es una sensación muy agradable.
-Ya está- abro los ojos y veo a Bella mirando el suelo. Algo no va bien, la conozco y sé que le encanta mirarme a los ojos.
-Bella, mírame por favor- tomo su rostro entre mis manos y hago que me mire directamente a los ojos-¿Ocurre algo que yo no sepa?- mi chica suspira y me mira directamente a los ojos, parece decidida a algo pero ¿a qué?
-Edward…- se queda callada, ¿Por qué? Estoy empezando a perder la paciencia y esto no me gusta nada.
-Bella, suéltalo- digo mirándola fijamente, hay algo que me quiere decir lo sé. Lo veo en sus ojos, su labio inferior tiembla un poco y eso me indica que hay algo que no sé.
-No es nada, tengo que ir con Alice y se me está haciendo tarde- me regala una sonrisa mientras se dirige hacia su armario pero hay algo en esa sonrisa que me ha dado mala espina.
Me termino de vestir mientras la observo disimuladamente. Se pone unos vaqueros amarillos ceñidos que resaltan su hermoso trasero, una camisa rosa chicle y unas converse del mismo color que la camisa. Se deja el pelo suelto y mira su teléfono.
-Te llevo si quieres, deberías comer algo antes de que os pongáis a hacer vuestras cosas- digo intentando no sonar muy autoritario. Aunque en realidad me encantaría ordenarle que coma antes que nada. Pero sé qué hará lo que ella quiera, como siempre.
-Comeré algo con Alice- salimos juntos de su apartamento, dejando allí a Emmett y Rosalie. Ambos nos han mirado y han sonreído. Eso significa que nos han escuchado esta mañana en el baño haciendo cosas de pareja. No me importa que nos hayan escuchado lo he disfrutado y hecho con mucho amor al igual que Bella.
La dejo en el mismo lugar donde siempre queda con Alice y veo la moto de Jasper. Este chico prefiere las dos ruedas sin duda.
-¡Bella!- la voz chillona de Alice es inconfundible. Ambos vamos hacia donde están Jasper y Alice.
-Tenemos trabajo pero luego te llamo y quedamos ¿de acuerdo?- le digo a Bella mientras la abrazo por la cintura y beso sus labios a modo de despedida.
-Está bien, hasta luego- está un poco distinta a esta mañana.
-Te quiero- es la única forma de saber si algo va mal, no puede negarme sus sentimientos.
-Yo también- dice mientras le doy un tierno beso en los labios.
-Nos vamos bombón, hasta luego- Jasper prácticamente devora a Alice, no les da cosa que les vean besarse tan pasionalmente y les entiendo.
Bella
Edward y Jasper se van dejándome sola con Alice. Lo necesito la verdad. No puedo evitar que un suspiro se escape de mi boca y Alice, que me conoce a la perfección pregunta de inmediato.
-¿Qué ocurre? Y no digas que nada porque te conozco Bella- si no le digo nada me hará un interrogatorio y eso no me gusta.
-Ayer me pasó algo y estuve pensando sobre mi vida, la relación con Edward y todas esas cosas- intento que con eso se conforme aunque soy consciente de que son pocas las probabilidades que tengo de salirme de rositas solamente con eso que acabo de decirle.
-¿Qué te pasó? Has estado de lo más extraña con Edward y él te adora, se nota. No sé qué idea loca esté pasando por tu cabeza pero será mejor que lo olvides- mi amiga me conoce demasiado, eso no lo tenía pensado. En realidad no tenía nada pensado. Todo se me viene encima y sé lo que tengo que hacer. Es necesario para todos.
-Tienes razón Alice, Edward es genial. Le quiero mucho- sonrío porque todo lo que acabo de decir es verdad y eso parece aplacar a mi amiga.
-Voy al baño y sonríe un poco que hoy estás rara, no me gusta verte así- me da un ligero golpe en la nariz y yo sonrío como una tonta.
Cuando veo a Alice desaparecer en el baño, saco mi teléfono del bolso y respiro profundamente. Es ahora o nunca. No seré capaz de decir nada así que me decido por un mensaje de texto y en él escribo las palabras que desgarran lentamente mi corazón.
"Edward, lo nuestro no puede ser porque yo no te quiero como tú me quieres a mí. Es un amor imposible y no puedo soportar más esta situación. Adiós"
Le doy a la tecla de enviar y cierro los ojos. Intento tragar el nudo que se me ha formado en la garganta. Mi móvil empieza a sonar y el nombre de Edward ilumina la pantalla.
Alice regresa en ese mismo momento del baño.
-Ahora estás más pálida, ¿todo bien?- pregunta realmente preocupada. No le puedo contar que he dejado a Edward porque no quiero que Anthony le haga daño, muchas veces la mayor prueba de amor es dejarlo ir. Aunque mi amiga me diría que esa es la mayor estupidez del mundo y si amas a alguien no le tienes que dejar escapar. Pero ha sido mi decisión y tengo que atenerme a las consecuencias. No puedo responder a su llamada, debe estar hecho una furia.
-Me ha surgido algo muy urgente Alice, tengo que irme. Luego nos vemos- me levanto rápidamente y salgo del lugar aunque para mi sorpresa, ya puedo ver el coche de Edward acercarse a toda velocidad.
Hago lo único que puedo hacer, correr. No tengo miedo de Edward, pero sé que si dejo que me toque o me hable cerca perderé la compostura y no podré dejarle ir. No puedo dejar que le ocurra nada malo por mi culpa, eso jamás.
-¡Bella!- Alice está sorprendida y la escucho llamarme. Puedo escuchar a lo lejos cuando las ruedas del coche de Edward han chirriado, derrapando para detenerse más rápidamente.
-¿Qué ha pasado?- grita Edward, supongo que a Alice, no tengo tiempo que perder así que prefiero no darme la vuelta.
-¡Bella! Maldita sea- oigo a Edward maldecir y le puedo escuchar corriendo detrás de mí.
Sin pensarlo demasiado volteo en la primera calle que encuentro y sigo corriendo con todas mis fuerzas, correr nunca ha sido mi fuerte pero ahora no solamente yo dependo de ello. Anthony le hará daño a Edward por mi culpa.
Me doy el lujo de girarme para ver si todavía me sigue o se ha rendido y me sorprendo cuando no le veo detrás de mí. Edward no me sigue, se ha dado por vencido. Voy parando lentamente de correr, bajando el ritmo poco a poco. Respiro para evitar que las lágrimas inunden mi rostro, aún no es el momento. Esperaré hasta llegar a casa y allí me sumiré en mi llanto con el corazón totalmente destrozado.
Giro al final de la calle y unas manos fuertes me empujan contra la pared pegando mi espalda a ella con fuerza.
-¿Se puede saber a qué venía ese mensaje?- no me lo puedo creer, es Edward. No se ha dado por vencido, me ha tendido una emboscada. Eso no lo esperaba y ahora me está tocando y le tengo cerca. Todo lo que temía se acaba de cumplir. Mi fortaleza empieza a romperse.
-Ya lo he dicho todo en ese mensaje, es lo que siento- digo sin ser capaz de mirarle a la cara.
-¡Y una mierda!- da un fuerte golpe contra la dura pared y veo unas gotas de sangre en el suelo. Se ha hecho daño en la mano y está muy muy enfadado. –Mírame Bella, ¡mírame!- me coge el mentón y me obliga a mirarle. No voy a soportar mucho esta situación.-Dime que no me amas mirándome a los ojos y te dejaré ir pero no me mientas y no juegues conmigo- tomo aire e intento que las palabras salgan de mi boca sin ningún tipo de resultado.
-Yo…- soy incapaz de decir que no le amo porque sería la más grande de las mentiras. Sus ojos se enternecen y me acaricia la mejilla, las lágrimas se han desbordado de mis ojos y no me había dado cuenta. Soy incapaz de mentirle a Edward.
-Ven aquí mala mentirosa- me aprieta fuerte contra sus brazos y mi fortaleza y determinación se rompen por completo. No detengo mi llanto sino que dejo que salga con total libertad.
-Tus ojos te delatan, me miras con amor así que sabía que estabas mintiendo. Necesito saber ¿Por qué Bella?- besa mi cabeza y siento la necesidad de decirle toda la verdad. No quiero perderle aunque sea egoísta.
-Yo, te he mentido porque te amo. Anthony dijo que te haría daño yo no quiero que nada malo te pase por mi culpa y…- no me deja terminar, me besa como solo él sabe hacerlo. Consiguiendo que me olvide del mundo y de todo lo malo. Ahora sé que jamás seré capaz de alejarme de él y por más que corra, siempre me alcanzará.
¿Qué os ha parecido? espero ansiosa vuestros comentarios que siempre me animan a seguir escribiendo y que os agradezco enormemente. Muchas gracias por seguir leyendo mi historia y por apoyarla. Besos.
