Gracias por los reviews, lecturas y faveos y demás! Me encanta saber que esta locura tiene seguidores, madre mía.
ChappieDK-23, muy acertada tu teoría con Hux y la relación que tienen ambos en TLJ. Pero no hay paralelismo completo. Pronto se sabrán las razones de los personajes. Aquí todos están calladicos hasta el final, shhhh... Y no, realmente no había pensado en lo del círculo. De hecho, hasta que tú no lo has puesto de relieve, no me he dado cuenta de que, realmente, se menciona la pregunta "¿Somos amigos?" dos veces en el episodio. Esto me pasa porque lo tenía escrito desde hace tiempo, éste y otros dos capis más, y lo escribí todo como una unidad, para meter luego cortes entre capítulos donde consideré oportuno. Supongo que forma parte del subconsciente de Rey, que necesita en varias ocasiones la confirmación a esta pregunta para Kylo. Yo creo que es así, pero, sea como sea, me alegra muchísimo que te haya gustado. Ciertamente diseñé este capi como una "calma argumental", como yo las llamo. Que no pase nada de acción, pero veamos que los personajes avanzan. Gracias, mil gracias por todas tus observaciones.
Recordatorio disclaimer: los nombres de Star Wars, lugares, grupos musicales, películas, personajes, canciones y etc que aparecen aquí son todo propiedad de sus autores. No busco lucrarme, sino echar un buen rato con nuestros personajes favoritos.
30
Ataques y contraataques
Kylo continuaba con la mano alzada, apretando los dedos sobre el cuello del recién llegado, que se alzaba a un par de pies del suelo, presionado contra la pared de ladrillo. Una fría furia inundaba todo su cuerpo, mientras su voluntad férrea lo contenía en su sitio, impidiéndole saltar como un lobo al cuello de aquel hombre. Entre él y Maul había una definida diferencia física: aun estando a medio metro del suelo, se notaba perfectamente la superioridad de Kylo sobre el visitante. Y su mano de acero presionaba sobre su garganta.
Ambos hombres se miraron en silencio, mientras Kylo esperaba a que Maul quisiera contestar. No lo parecía, pues el hombre sonreía ladinamente con aquel rostro salpicado por manchas de vitíligo. Apretó un poquito más.
- Tenía interés en hablar contigo cara a cara – masculló Maul por fin en tono conversacional - El último Skywalker…
Un chispazo de indignación sacudió a Kylo de pies a cabeza y habló con voz acerada.
- No vuelva a nombrarme con ese apellido.
Pero Maul, contrariamente a lo que se podría suponer en su situación, parecía estar disfrutando.
- Oh, sí, estoy al corriente de tu historia, esa fase emo por la que estás pasando.
- Cuide sus palabras.
Kylo estaba rabiando por estar en un lugar tan público. Deseaba con todas sus fuerzas desfogar, aplastar a ese hombre. Pero no quería quedar ante él como un niñato descontrolado. Dedujo que Maul habría querido propiciar ese encuentro precisamente allí, para evitar confrontaciones o sucesos extraños.
Verse en plena calle, para tener testigos de vista.
Muy precavido.
- ¿Me sueltas o no? Quiero hablar de negocios.
Ren estaba al borde del ataque de furia, pero sabía que se las estaba viendo con alguien que, si no tenía los mismos poderes que su padre, al menos estaba al corriente de lo que sabían hacer maestros como Skywalker, Kenobi o Jin. Hombres que, a lo largo de aquella historia de décadas, habían mostrado idénticas habilidades y que habían acabado entremezclados en todo aquel jaleo.
Y de pronto, un par de contenedores empezaron a levitar hasta colocarse en la esquina de la calle… aislándoles del mundo exterior.
El alto joven intentó por todos los medios ocultar su sorpresa. En cierto modo, lo había estado esperando. No sabía cómo, pero había tenido un pálpito. Y, poniendo en práctica lo ensayado durante años con Robert, elaboró su mejor máscara de severidad, aunque una furia contenida iluminaba sus ojos.
- Así estamos más tranquilos, ¿no crees? – dijo Maul – Aunque no pareces muy sorprendido.
- Sé atar cabos – replicó Kylo rápidamente.
- Bien, chico. Me alegro de que seas hábil. Nos va a venir bien para lo que te quiero contar.
Kylo bufó. ¿Contar? ¿Qué cojones iba a contarle ese sujeto? Y una mierda. Iba a escupir lo que él le ordenara. Iba a responder todas sus puñeteras preguntas.
- ¿Por qué tengo que escucharle? – increpó, soltando frases como balazos - ¿Cómo puede hablarme así, después de los meses que han pasado? ¿Cómo se le ocurre venir con esas ínfulas, cuando me han estado espiando todo lo que han querido y más?
Se acercó mucho a Maul, bajando su brazo hasta colocar la cabeza del hombre al nivel de la suya.
- Ya puede estar contándome a qué narices está jugando, o le prometo que lo mato aquí mismo.
Maul permaneció en silencio unos instantes, evaluándole con la mirada. Y entonces habló con deliberada lentitud.
- No tienes agallas, niño.
Automáticamente, el cuerpo de Maul salió disparado hacia el otro extremo de la calle, planeando sobre trozos de cajas de palé viejas, bolsas de basura medio destrozadas y restos de bidones de gasolina. Pero se detuvo a medio salto, como si un muro invisible lo hubiese parado, y flotó lentamente hacia el suelo, posándose cuidadosamente sobre sus pies.
- Deberías aprender a canalizar tu furia – masculló muy serio.
Un trozo de palé surgió repentinamente del montón de desechos y se estrelló contra la espalda de Maul, que se retorció de dolor. Kylo intentó ocultar una sonrisa de triunfo. Era experto en despiadados ataques sorpresa y Maul no iba a ser la excepción.
- ¿Pretendes dejarme en coma sin que te dé las explicaciones que mereces? – farfulló el adulto reincorporándose.
Kylo se cruzó de brazos, alzando una ceja.
- Puede. Siempre es más cómodo hablar con un vegetal.
Su contendiente camino hacia él, frotándose un hombro.
- Está bien, muchacho. Hablemos. Pero intenta no dejarme parapléjico mientras tanto.
- Yo no hago promesas – replicó el joven cuadrándose.
- Bien, bien, entiendo – y Maul se plantó delante de él, a dos metros, sin dejar de someterle a un cuidadoso escrutinio - Empecemos. Dispara tus preguntas.
Kylo alzó el mentón.
- ¿Qué hace usted aquí? ¿Por qué me han estado espiando? ¿A qué viene este numerito del encontronazo en secreto?
Maul cruzó las manos indolentemente ante su vientre.
- ¿Por cuál empiezo?
- Por la primera – masculló Kylo.
- Bueno – y Maul comenzó a pasearse sin quitarle ojo a Ren – Llevo aquí desde esta mañana.
- Segunda pregunta.
- Ionescu necesitaba información sobre ti, y la necesitaba sin que fueras consciente de ello.
- Es usted despreciable.
- No más que tú, jovencito – Maul siguió paseándose, rodeando a Kylo, a lo que el joven respondió moviéndose él también. Con lo cual, acabaron ambos caminando en círculo, enfrentados el uno al otro, separados un par de metros, evaluándose constantemente.
- ¿A qué se refiere?
- Pues a tu historial de maldades – respondió Maul – He sabido de tus fechorías. Te va bien siendo el jefe de tu insti, ¿no?
Kylo, con la mente más fresca y alerta que nunca, emitió un bufido. No pensaba dejarse enredar.
- No se ande por las ramas. ¿Por qué necesitaba Ionescu esa información y desde cuándo tiene ese interés en mí? Que yo sepa, contactó con Robert Snoke por lo del trato con la Star Corp.
- Lo sé, y mi jefe me ha pedido que transmita sus agradecimientos por vuestra maravillosa colaboración. No puede estar más contento con su nuevo socio.
- ¿Entonces? ¿A qué viene esta barbaridad?
Maul se encogió de hombros, hablando con gran tranquilidad.
- A que a Ionescu no le gusta que operen a sus espaldas. Y eso es lo que estaba haciendo tu padre adoptivo usándote a ti contra nosotros. Te estaba usando como espía desde la primera reunión. Ionescu lo supo en aquel pasillo.
Kylo parpadeó. Ahora entendía bastantes cosas.
- Ya veo – apreció Ren - Ionescu no mostró su sorpresa porque sabía que se las estaba viendo con un lector de mentes, alguien como usted. Supongo que tenía referencias suficientes como para saber que no debía volver a mostrar emociones ante mí en lo que le quedaba de reunión. Pensar en otras cosas, concentrarse en otros temas… Se requiere preparación mental para eso… que imagino que usted le habrá proporcionado.
Maul sonrió, asintiendo satisfecho.
- Correcto. Me conoce desde hace unos años. Sabe cómo comportarse con los de nuestra clase. Aunque debo admitir que tu caso es bastante… peculiar. Eres de lo más poderoso que he visto en mi vida. Me encantaría medir mis fuerzas contigo en un tiempo.
- ¿Y por qué no ahora, engendro?
- Porque no podrías conmigo – Maul alzó el mentón, orgulloso - Y tengo suficientes informes sobre ti como para saber que si te presionase sólo un poquito más, me ofrecerías un denigrante espectáculo aquí mismo, a plena luz del día. Sólo porque no sabes contenerte.
- Hijo de…
Maul avanzó un par de pasos, alzando su dedo índice.
- Óyeme bien, no soy un estudiante al que puedas intimidar – alzó sus manos en gesto pacífico - Pero escúchame: me gustas. Y te voy a ofrecer algo más. Que es a lo que vengo.
Kylo frunció el ceño.
- ¿Cómo?
- Ionescu me envía a hacerte una propuesta.
Kylo sintió que las sienes le ardían, entre el exceso de información y la inminente proposición de los rumanos. Intrigadísimo, arqueó una ceja, siempre conteniéndose y controlando su barrera de poder.
- Sabemos que eres un joven de inteligencia privilegiada – comenzó Maul - Snoke le comentó a mi jefe que adoras la ingeniería. En Bucarest tenemos la Universidad Politécnica, una de las mejores del mundo. Allí ofertamos todas las carreras relacionadas con ese campo. Quedas formalmente invitado a pasar el próximo curso con nosotros y Ionescu correrá con todos los gastos: matrículas, alojamiento, manutención, recursos extra…
Kylo sintió una oleada de repulsión ante el surrealismo de todo aquello. No era posible… ¿Estaba oyendo bien?
- Ionescu quiere ofrecerte esta muestra de buena voluntad, como prueba de nuestra futura colaboración con Star Corp. Queremos que nos conozcas, que sepas cómo va el otro lado del negocio. Queremos ayudarte a crecer.
¿Colaboración? Hijo de puta.
- ¿Cómo se atreve? – bramó Kylo - ¿Espiar al futuro becario es su idea de colaboración?
Empezó a hiperventilar y descubrió que había cosas que le irritaban en este mundo más que Rey en sus primeros tiempos contra él.
- Entiéndelo, Kylo, necesitábamos información…
- … que prefirieron hallar por métodos poco ortodoxos.
- A Ionescu no le gustan los riesgos.
Y de pronto, en medio de su inminente estallido de furia, una bola helada aprisionó los pulmones de Kylo, cortándole la respiración.
- Snoke – soltó con voz hueca.
- ¿Cómo? – preguntó Maul, genuinamente despistado.
- Robert. Cuando él se entere de todo esto que han hecho…
Maul alzó su mano y la agitó suavemente en el aire, como para quitar importancia a sus palabras.
- Oh, no te preocupes. Tú se lo vas a explicar muy bien y seguro que lo entiende. Además, esta noche le mandaré un correo electrónico a Snoke diciéndole que estoy aquí. Mañana me reuniré con los dos y le expondré de nuevo la propuesta de Ionescu. Es un buen trato.
- Sigo sin entender qué quieren.
El hombre con vitíligo paseó lentamente alrededor del chico.
- Vamos, Kylo, imagínatelo. Ionescu ha sabido de tus fenomenales habilidades. Confieso que yo también tengo curiosidad por tu potencial. Si vinieras a Bucarest, tendrías los mejores padrinos del mundo, colaboraríamos en todo, te presentaríamos a quien hiciera falta para que pudieses aprender de todo y alcanzar tus sueños. Te irías de Bucarest con un doctorado si quisieras, becas en las empresas punteras de tecnología en Europa, contactos laborales... Incluso acciones. ¡Acciones! En noviembre, en cuanto cumplas los dieciocho, serán tuyas. Una partecita del emporio de Ionescu, para ti. No para Snoke: para TI. Es cierto que los comienzos no han sido demasiado prometedores. Pero debes entender a Ionescu: no le gusta que jueguen sucio. Él iba con la mejor voluntad… Y la sigue teniendo. En su nombre, te pedimos disculpas por nuestro comportamiento y te prometemos que el espionaje se acabará desde hoy.
- No le creo.
- Vamos, te estamos pidiendo perdón. Acéptalo.
- ¿Y si lo hago?
- Estarías tomando una excelente decisión. Se lo haré saber enseguida a mi jefe.
Kylo permaneció en silencio, que Maul aprovechó para meterse las manos en los bolsillos de su largo abrigo negro y caminar algo más hacia él.
- Hay un extra a este asunto. Si vienes a Bucarest, yo te daré clases. Seguirás desarrollándote conmigo.
Joder. Un momento.
- ¿Cómo? No necesito expandir mis poderes más…
- No, pero necesitas librarte de esa apestosa luz que te circunda. ¿Desde cuándo has dejado de ser puro? Estás infectado.
Su luz interior.
¿Eso era estar infectado?
¿De qué demonios estaba hablando aquel tipo?
- En fin, no sé qué será, pero te ofrezco esa opción – prosiguió Maul - Sin rencores, ni amenazas. Es una sincera oferta de paz. Un trato ventajoso para ti.
- ¿Qué gano con eso?
El recién llegado alzó sus brazos en un elocuente gesto.
- ¿Que qué ganas? Ver mundo a gastos pagados. Ser independiente, salir de casa y todo eso. Y ante todo, seguir trabajando para Snoke si quieres en la distancia, manteniendo el contacto con tu querido mentor. Ante eso no vamos a ponerte cortapisas, porque sabemos que las normas te las pasas por las narices.
- Buen dominio del idioma.
- No soy rumano. No sé si te lo había dicho.
Se midieron con la mirada y Kylo aprovechó para leer de nuevo las vibraciones de Maul. En todo el rato, no había sentido ni un solo pico de poder en aquella atmósfera serena y oscura. Era casi envidiable. Un aguijonazo de rabia le surcó el pecho.
- Bien, piénsatelo, haz el favor – insistió Maul con voz suave.
Kylo pestañeó, dejando por un instante que toda la situación se asentara en sus mecanismos mentales. Quitando el "pequeño detallito" de que le habían estado espiando durante semanas y lo habían agredido, el resto sonaba curiosamente… atractivo.
No quería bajar la guardia ni ser atraído como una mosca a la miel. Quería estar seguro de todo y, la verdad es que, en aquel instante, no acertaba a ver muchas fisuras en aquel plan. Pero, tenía que haber algo. Algún gato encerrado. Un detalle se le pasaba por alto en aquella fantástica y prometedora propuesta de "formación" en Europa. ¿Qué era, qué era?
- Recapitulemos – dijo Kylo – Sería tenerle a usted de profesor, a Ionescu como jefe y a Snoke aún como mentor.
- Exacto. Serías nuestro "protegido". Cuidaríamos bien de ti. Ionescu va a cerrar un trato millonario con tu padre. No le gusta que Snoke lleve ventaja. Quiere estar a la par que él. Por eso quiere que trabajes también con nosotros, al servicio de un proyecto común.
Kylo entrecerró los ojos.
- ¿Qué voy a ser? ¿El nuevo aprendiz de sicario o espía? ¿Un nuevo arma?
- No te pongas así. Tómatelo como una oportunidad de seguir haciendo lo que te gusta, lo que vienes haciendo como presidente del Consejo de tu instituto. Trabajar por un bien mayor, aplastando voluntades rebeldes, doblegando a quienes no acceden a tratos contigo. Usando tus increíbles dones en beneficio de algo grande.
Kylo suspiró, algo más calmado. Odiaba sentirse así, pero, sinceramente, aquello le parecía bastante lógico. Siempre se había preguntado qué haría cuando saliera del instituto. Estudiar una carrera, prepararse para trabajar en la Star Corp… Todo eso le parecía fantástico, había sido su objetivo principal. Pero si además podía usar sus habilidades para pasar por encima de quien hiciera falta en su camino al éxito, aquello mejoraba. Y le estaban poniendo frente a las narices una oportunidad de hacerlo.
- Espero de verdad que aceptes esa oferta. Piénsatelo, te daremos un tiempo. Podrás hablarlo con el señor Snoke, discutirlo… Lo que quieras.
Ren le miró en silencio, hasta que Maul frunció el ceño.
- Vamos, muchacho, ¿qué te parece? No dices nada. ¿No tienes una opinión hecha?
Kylo suspiró antes de hablar con gesto de arrogante.
- Parece ser que ambos tenemos mentes bastante opacas.
Maul sonrió maravillado.
- Eso parece, chico. Tienes un excelente potencial. Estoy deseando practicar contigo. Será fantástico.
- Aún no hay nada decidido.
- Bueno, bueno, bueno, ya veremos. Tú piénsatelo. Con calma. Si no, tenemos otro plan B en mente. Ionescu es un hombre preparado.
Kylo, que parecía algo más tranquilo, volvió a notar un relámpago frío surcarle las tripas.
- ¿Plan B?
Y Maul esbozó una leve sonrisa, hablando lentamente.
- Tu amiguita.
Kylo sintió que algo dentro de él se rompía.
Aquellos miedos que había tenido por causa de Rey y los espías volvieron. Ahora era definitivo: ella estaba metida en aquel embrollo.
- No es mi amiga.
Maul resopló exasperado.
- Vamos, chico, no mientas a estas alturas de película. Sabes perfectamente que la hemos estado siguiendo a ella también. No te hagas de nuevas.
Kylo frunció el ceño, mientras la hiel se le atrancaba en la garganta y le cercenaba los intestinos, presa de una furia nueva y desconocida mezclada con ansiedad.
- No sé por qué les interesa ella. Están desperdiciando recursos.
El adulto se cruzó de brazos.
- Yo no llamaría desperdiciar recursos a observar a la muchacha con la que pasas más tiempo en estos meses. Por lo que sabemos de tu vida, no tienes mucho trato con chicas. Al principio pensamos que se trataría de alguna conquista, pero hemos tenido que retractarnos. Tu amiguita es muy interesante.
Ren avanzó amenazadoramente hacia Maul, haciendo su tono de voz más grave y peligroso.
- Tienen la desfachatez de investigar sobre mí hasta ese punto…
Maul respondió con un tono mucho más ligero, pero muy cuidado.
- Por cómo suenas, deduzco que no la quieres mezclada en todo esto, pero estamos considerando meterla hasta la boca, ¿sabes, muchacho? Hemos investigado a la joven. No tiene familia, nadie que perder...
- Y qué.
- ¿Cómo que "y qué"? Cuando la invitemos a Bucarest en tu lugar, no habrá nadie para echarla de menos.
Kylo juraría que oyó el "CRASHHHH" de cierto rincón de su alma hacerse añicos.
- ¿QUÉ? – farfulló dos octavas por encima de su tono de voz.
- Lo que oyes. Hemos hecho bien los deberes y hemos averiguado que ella es como nosotros. Parece ser que por aquí los prodigios abundan…
Frenético, Kylo se debatía entre la rabia y la angustia. ¿Qué hacer? ¿Mostrar indiferencia y pasotismo? ¿Mostrar rabia e indignación? ¿Cuál de las dos le ayudaría a sobrevivir con ventaja?
Un aleteo en su pecho le infundió calor. Era como si se hubiese encendido una antorcha dentro de sí. O como si llevara un puto calefactor alojado en las tripas. Joder.
Decidió jugar la carta de la maldad.
- Ella no tiene nada que ver con esto – argumentó - Y jamás querría trabajar para ustedes.
- Eso no lo sabes. Dices que no eres su amigo. O sea, que no la conoces bien. No puedes opinar por ella.
- En eso se equivoca. Sé cómo piensa su débil corazoncito bienintencionado.
Jugaría aquella maldita carta hasta el último instante.
- Muy bien, ¿entonces crees que trabajaría bien si le pedimos que te mantenga a salvo?
Decididamente, aquella noche Kylo tendría dolor de cabeza. Le iba a reventar de tantos datos.
- ¿Qué ha dicho?
- No me has entendido. Si le pedimos que trabaje para nosotros en vez de pedírtelo a ti… Si le ofrecemos lo que te he ofrecido antes a ti… y ella acepta, no te mataremos.
¿CÓMO? Hijo de puta…
De nuevo, Maul fue catapultado hacia otro montón de bidones vacíos de gasolina, pero Maul logró reducir el impacto, aterrizando sobre sus pies y lanzándole a Kylo algunos de esos bidones. El joven tuvo que hacer acopio de todas sus fuerzas para, alzando ambas manos, poder controlar los proyectiles. Se detuvieron en el aire unos segundos, levitando lentamente, hasta que por fin salieron disparados de nuevo…
… en dirección a Maul.
- ¡Más calma, chico! – gritó Darek mientras esquivaba y contenía los bidones, moviéndose ágilmente - ¡Menudo genio! ¡Igual que tu abuelo!
Kylo caminó hacia él, mientras Maul se recomponía.
- Estoy calmadísimo. Y jamás podrían matarme.
- Bueno, sería una mentirijilla para tu amiga. Una mentirijilla disuasoria – replicó Maul con tranquilidad – Pero de todos modos, si se nos ocurriese hacerla efectiva por alguna razón, no podrías vivir en alerta 24 horas, ¿no? Y Ionescu tiene muchos hombres y mujeres que cobran por ello. A él le da igual quién sea el niño prodigio: quiere a uno, el que sea. Si no vienes tú, romperemos el trato con Snoke. A ver cómo le explicas eso a tu padre adoptivo. Un contrato millonario se va al traste por un niñato caprichoso.
A Kylo le iba a reventar la cabeza. Tantos datos, tantas mentiras cruzadas…
- La chica no irá con ustedes – repitió, ceñudo.
- Repito que eso no lo sabes. Quizás dice que sí, ella no tiene nada que perder. No tiene donde caerse muerta, ni familia que pida un rescate por ella.
- Sí que tiene amigos.
- Vuelvo a decirte que la carta que jugaríamos sería la de tu propia vida. Y me parece que se te va a deshacer entre los dedos a la primera de cambio. Estamos seguros de que ella querría mantenerte con vida y que estaría dispuesta a trabajar para nosotros. Piénsalo. Todos saldríamos ganando. Ionescu obtendría a su becaria prodigio y a ti te dejaríamos tranquilo.
Kylo bufó. Aquello tenía fisuras. ¿Qué diría Robert si el trato se fuera a la mierda? ¿Cómo reaccionaría al saber que todo se habría venido abajo por la existencia de alguien con poderes como él? Y además... Estaban hablando de MANIPULAR a Rey. Manipular a aquella fiera en chándal, a aquel personajillo que se le había enfrentado como nunca nadie había hecho, que era más lista que el hambre y que siempre lo sorprendía con sus reacciones.
¿Manipular a Rey? A las ranas les crecería pelo antes de que eso pasase, en éste o en cualquier universo.
Por eso, se calló muy bien ese pensamiento.
- No salgo ganando de ninguna manera, por lo que parece. No me gusta este trato.
- Niño caprichoso… Muy mal, muy mal.
- Tendrían amenazada a esa friki para que colaborase, ¿no?
- No creo que hiciera falta, Kylo. Estoy seguro de que, cuando viera sus posibilidades abrirse ante ella, colaboraría de mil amores.
Kylo alzó el mentón.
- Repito que no me gusta este trato.
- Es porque no le has visto la parte buena a ninguna opción. Si vienes tú, Snoke estará enterado de todo, podrá ver tu desarrollo y la colaboración entre Star Corp y Ionescu será efectiva al 100%. Si viene ella, el trato se rompe, tú sales de nuestra vida y esa niñata que no es tu amiga y que te importa tan poquito, sale también de la tuya. Todos contentos.
Hubo un silencio.
- Si te quedases tú, todo sería más fácil. No te pediríamos cosas de gran envergadura. Tal vez un poco de lo que sueles hacer tú normalmente con Snoke. Un poco de espionaje industrial por aquí, un par de amenazas por allá… Me vendría bien un adlátere. Seríamos como Batman y su Robin.
- Esto es surrealista.
- Ya lo creo. Surrealista e idílico. ¿A cuántos chicos de apenas dieciocho años le ponen en bandeja la oportunidad de hacer lo que les dé la gana y cobrar por ello?
Otro silencio.
- Piénsatelo, chico. Sé que ha sido una conversación intensa, pero consúltalo con la almohada. Mi padre no supo negociar, era hombre de pocas palabras, pero yo no cometo sus errores. Me gusta dejar las cosas claras a mis futuros aliados.
- Si no soy aún su aliado, ¿qué soy ahora mismo?
En el rostro bicolor de Maul se dibujó una sonrisa cruel.
- Eres un recurso desechable.
Kylo prefirió contenerse, suspirando con fuerza.
- ¿Y si le digo a Snoke que quieren chantajearme?
- Adelante, chico. Dudo que le importe – y Maul comenzó a alejarse mientras los contenedores al final de la calle volvían a su sitio. Casi era de noche.
- ¿Ya se larga?
- Sí, he cumplido lo que venía a hacer. Esta noche mandaré una citación a Snoke. Nos vemos en unas horas. Tienes tiempo de sobra para contárselo todo.
- Espere.
Maul se giró en silencio.
- Quiero que me garantice que, a partir de ahora y hasta que tome una decisión, la vigilancia se termina. Para la chica y para mí. Supuestamente vamos a ser aliados. Merezco esa prueba de confianza.
El viajero no se lo pensó mucho antes de responder.
- Hecho. De todos modos, ya sabemos lo que necesitábamos.
Kylo apretó los puños, mientras Maul llegaba a la esquina y sin girarse, añadía:
- Hasta mañana.
Ren cerró los ojos fuertemente, percibiendo su siniestra energía alejarse a cada paso, poco a poco, poco a poco…
Hasta que por fin supo que estaba solo en la calle.
Sintió un alivio fenomenal, la tensión se alejó de su nuca, cuello y hombros y los dejó caer en un intenso suspiro. Había sido física y mentalmente agotador.
Necesitaba procesar todo aquello y hablar YA con Robert.
Y mientras iniciaba el camino de vuelta a casa, sintió algo: aquella luciérnaga de luz que habitaba escondida en su pecho, se hizo notar de pronto con su tímido aleteo. Le calentó el corazón y le hizo sentir inexplicablemente mejor. Como si lo armasen para un combate inminente. Como si le palmeasen en la espalda para animarle. Y se sintió preparado para muchas cosas. Pasara lo que pasara.
Era como si alguien le dijera: "Hey, estoy aquí".
"Hey, Ben, estoy aquí."
Y por primera vez en muchos años, su corazón no reaccionó con rabia ante aquel nombre.
La puerta del despacho de Robert se abrió bruscamente y Kylo traspasó el umbral con una mirada tan intensa que podría haber desintegrado a las piedras.
- Ni te imaginas lo que acaba de pasarme – soltó sin saludar ni nada.
Robert alzó una ceja, acodándose en su escritorio.
- Ah, ¿pero nos hablamos otra vez?
Kylo bufó mientras tomaba asiento.
Tras la conversación del hospital de días atrás, las horas siguientes habían sido muy tensas. Robert consideraba aquello como una rebelión en toda regla y le valió un nuevo enfado del chico una vez en casa. En esta ocasión, Kylo volvió a controlar las tornas, aparentemente, ya que Robert cambió su actitud, reconociendo sus fallos.
- Muchacho, sabes que me puede el genio. A veces pienso que tienes más de mí que de tus padres biológicos…
Kylo había asistido a aquel comentario intencionado con la misma expresividad que una sartén.
- Lo que me pregunto es lo siguiente: cuando cumpla los dieciocho, ¿vas a seguir intentando atarme corto?
- No, claro que no, chico. Quiero que lo que hagas, sea por mí o por ti, lo hagas por propia voluntad. ¿Conforme?
- Sí.
- Respecto a ese particular, me gustaría aclararte algo, Kylo.
- Dime.
- Tienes libertad de elección. No lo olvides. Si quieres largarte a hacer tu vida, hazlo. Si quieres quedarte, me parece perfecto. Ahora bien – Robert había juntado las yemas de los dedos de sus manos y habló con voz acerada – Si te largas, no vuelvas a acordarte de mí para nada. Y si te quedas, piénsatelo bien antes de buscar siquiera alguna razón para cuestionar mi autoridad. Tú escogiste esta vida, y pensé que a tus doce años eras lo suficientemente maduro como para saber dónde te metías. Te di un hogar, te acogí, pero ya sabes que hubo consecuencias. Espero que no estés empezando a lamentarlas.
El hombre suspiró y se reclinó en su asiento, relajando su gesto en uno más afectuoso.
- Cuando cumplas los dieciocho, será otro cantar. Podrás viajar, hacer lo que quieras… Yo te apoyaré, en caso de que quieras seguir en contacto conmigo. Sólo espero que no olvides a este pobre anciano al que curaste en parte de su soledad.
Kylo había asistido a aquella declaración de intenciones (porque no había sido otra cosa) con el gesto más frío que pudo componer. Las charlas con Robert eran así. Una mezcla de almíbar y dos de sal. Una caricia, una bofetada y luego una palmadita en la espalda. Si Rey era imprevisible en el dominio de sus poderes, Robert era peligroso porque era un maestro en controlar cuándo debía poner la cara de padre amable y cuándo la de dictador frío. Y pocas veces lo veía venir. Kylo estaba conforme con aquellas dos caras. Siempre lo había estado.
Hasta ahora.
Pero así había quedado zanjado el tema. Robert jamás formulaba la disculpa en sí, dejando que su "arrepentimiento" viniera dado por su cambio de actitud, por lo general más dadivosa y atenta que de costumbre.
Y a la mente de Kylo había vuelto toda esta conversación mientras abría la puerta del despacho, volviendo al presente…
- Chico, sabes que no hay mucho que me sorprenda – replicó Robert, mirándole casi con aburrimiento.
- ¿Apostamos?
- Ganarías – y Robert alzó su huesuda mano hacia Kylo – Es extraño que entres en mi despacho casi sacando la puerta de sus goznes a las once de la noche. ¿Qué ocurre?
Kylo tomó aire mientras activaba su "sigilo" (ya un hábito frente a Robert) y dijo:
- Acabo de tener un interesantísimo encuentro con Darek Maul, aquí, en la ciudad, a unas manzanas de casa.
Por mucho que Ren estuvo vigilando el rostro del anciano director, fue incapaz de hallar ningún signo que delatara poco más que una suave sorpresa.
- No me digas. ¿Qué hace aquí?
Medio decepcionado por no haber causado la impresión deseada, Kylo procedió a comentarle con pelos y señales la conversación completa. Robert tuvo a bien no interrumpirle (era un maravilloso oyente, eso sí que lo reconocía Kylo) y al acabar, permaneció unos segundos en silencio, mesándose la maltrecha barbilla con sus largos dedos.
- Así que Ionescu quiere ser más listo que yo – comentó – Bien, a eso sé jugar.
Kylo alzó una ceja en una muda pregunta, muy atento a lo que diría Robert a continuación. Pero lo que no esperaba fue lo siguiente que le oyó decir:
- Bien, chico, tienes mi beneplácito para irte a Bucarest – dijo emitiendo un largo suspiro, como de alivio, mientras se reclinaba en su asiento – Se abren excelentes oportunidades ante ti. Aprovecha lo que te han brindado.
Kylo tuvo que trabajar mucho la expresión facial para que no se notara que se le había quedado cara de idiota.
- ¿Cómo dices? – frunció el ceño, noqueado - ¿Así, sin más?
- Muchacho, ¿qué quieres que te diga? – y el tono de Robert era entusiasta, como si hubiera estado esperando malas noticias o algo mucho más grave que lo que le había narrado Kylo - ¿Quieres que nos sentemos a desmenuzar los pros, contras y amenazas de esta conversación hasta las dos de la mañana? ¿Quieres que le busque fallas al plan? ¿Es que se las ves tú?
- Bueno, pero…
- ¿Lo ves? Ahí está – y Robert alzó su dedo índice hacia él – El Kylo Ren que conozco no se inmutaría ante esto. Y mírate, titubeando, a medio gas. Lo que te dije hace un tiempo. Aquí lo tienes.
- Pero… - Kylo luchó por comprender cómo se sentía, por ponerle nombre a aquella sensación tan nueva para él - ¿Y lo de la furgoneta? ¡Fueron ellos los que me agredieron!
Indignación, eso era lo que sentía. Estaba frustrado de ver cómo a Robert todo aquello no le parecía más extraordinario que verle a él levantar coches con la mente. Esperaba, sinceramente, que el director hubiera montado alguna clase de escena de enfado o rabia, exigiéndole detalles, para pasar luego a la elaboración de un despiadado plan de venganza. Y en lugar de eso, se las tenía que ver con la neutralidad de Robert, que había acogido aquel relato de su encuentro con Maul como lo más normal del mundo. Estaba descolocadísimo.
- Dices que mañana tenemos cita con él, ¿no? – inquirió Robert, con plena seguridad – Déjamelo a mí, ya le haré vomitar alguna ventaja en el trato para nosotros. Se lo merece, por pasarse contigo.
Kylo sonrió. Este Robert ya sí era el habitual. Y casi estaba impaciente de ver cómo el director se las apañaría para sacar tajada de aquella propuesta de los rumanos.
- Entonces, ¿qué te parece lo de Bucarest? – insistió Kylo.
- Sinceramente, me parece fantástico – aseguró Robert mientras se levantaba del asiento e iba hacia la puerta, con Kylo siguiéndole – Tendrás oportunidad de conocer la tecnología europea. ¿Sabes que Israel es ahora mismo puntero en ingeniería aeronáutica, a pesar del fiasco del satélite que intentaron mandar a la Luna?
Kylo asintió, saliendo por fin del despacho con Robert, que se quitó la chaqueta.
- ¿Tú no crees que sea una trampa?
- Vamos, eres lo suficientemente listo como para saberlo tú mismo. Estoy seguro de que eso lo descubrirías enseguida.
- ¿Y Maul? Se ha tenido muy callado lo de sus poderes.
- Bueno, con él sí que tendremos que tener cuidado – Robert se aflojó el nudo de la corbata – Le investigaremos más a fondo y veremos por qué conoce a tu abuelo. Es cierto que el señor Vader fue una figura prominente en su tiempo, pero ese Maul parece que le conoció en persona – pasó su brazo por las amplias espaldas del joven Ren.
Ren pestañeó, sintiendo a su pesar un cosquilleo de curiosidad. Había estado tan cegado por la ira de la conversación con Maul, que no se había parado a pensar que probablemente había tenido delante a una de las pocas personas que habían tratado cara a cara a su abuelo cuando estaba en vida. Tal vez sabía más detalles de él. Tal vez podría hablar de…
- ¿Te quedarías más tranquilo si le investigáramos más? – interrumpió Robert.
Kylo se calló el hecho de que él conocía "de primera mano" la información pertinente sobre Maul y asintió suavemente.
- Por supuesto.
- Pues nos pondremos en marcha mañana en cuanto nos reunamos con ese tipo. Estaremos alerta. No dejaremos que nos pisoteen. Y si te vas a Bucarest y puedes exprimir a Maul todo lo que puedas, adelante. Quizá él te ayude a desarrollar tu potencial más de lo que ya lo está. ¿Te imaginas? – y una sonrisa de hiena hambrienta surcó su horrible rostro – Aprender tanto, que sobrepases a tu maestro.
Finalizó su frase acercándose un poco más a Kylo, casi atravesándole con sus ojos azules. Pero Kylo, a pesar del estremecimiento que le surcó la espina, sabía ser tan opaco como su mentor.
Sólo le faltaba pasar aquella reunión y tendría más elementos de juicio para tomar una decisión.
- Y por eso, necesito estar preparada a tope para esta semana.
Luke, cruzado de piernas sobre el saliente de roca en el que solían dar sus clases, suspiró mientras musitaba:
- Ya veo. Y quieres un cursillo acelerado de superheroína.
Rey asintió vehementemente.
- Algo así, profesor. "Cómo ser un supersaiyajin en tres horas" o lo que tardemos esta mañana, o lo que sea.
Skywalker alzó una ceja.
- ¿Super qué?
- Supersaiyajin.
- ¿Y eso qué es?
Rey cabeceó rápidamente.
- Olvídelo, profesor. Volvamos al tema.
- Oh, sí – y Luke asintió con sorna – "Cómo convertirte en superheroína en tres horas".
- Eso.
- Niña, me estás pidiendo la Luna.
Rey se desesperó, adquiriendo una expresión contrita.
- ¡Por favor, profesor! Necesito mejorar mis técnicas, mi rapidez, mi capacidad de reacción…
- Ya me has contado que lo estás haciendo. Que ensayas en tu garaje, que te cronometras y que estás haciendo mejores tiempos… Todo eso está muy bien.
- Sí, pero, necesito mejorar MÁS.
Luke la miró muy serio y casi con un punto de frustración.
- No puedo, Rey, de veras que no puedo. O mejor dicho aún, no puedes. Mucho menos con el punto en el que estás. Eres inestable. Poderosa, pero inestable – concedió cabeceando una vez – Recuerda lo que me dijiste el otro día. La oscuridad habita en ti, y la dejas pasar constantemente.
La muchacha se mordió la lengua, ceñuda. Se negaba a iniciar una discusión en la que ella tuviera que convencerle de nada.
- Con el poder que tienes, sería contraproducente, no sé… Necesitas más autocontrol para todo ese potencial que tienes.
Rey alzó las manos, apurada.
- ¿Lo ve? Si hasta usted me lo dice… Sabe hasta dónde podría llegar.
- Sí, y eso es lo que me asusta.
Fue el momento de Rey de ponerse muy seria.
- Profesor, le hice una promesa hace tiempo: yo no soy como Ben, ni pienso serlo. No lo voy a permitir.
Luke tuvo que admitir que a miradas intensas, la chica lo ganaba. Casi.
- Está bien, jovencita. ¿Qué necesitas mejorar con tanta prisa?
- Mi velocidad de reacción – respondió Rey rápidamente. Traía ya preparado lo que iba a decir – Capacidad de centrarme en algo cuando fijo un objetivo. Capacidad de controlar un campo mayor.
Skywalker la miró de hito en hito.
- Tú lo que quieres es que te convierta en un bazoka humano.
Rey lo admitió con una sonrisa.
- Algo así, profesor.
Luke la miró con fiereza en los ojos. Había un desafío.
- Muy bien, tú lo has querido. En pie.
Rey se levantó casi de un salto. Estaba lista, más que preparada, completamente dispuesta…
- Dígame, profesor.
- Prepárate para las tres horas más infernales de tu vida, niña.
Rey estaba tan entusiasmada que, con fuego en los ojos, y sin pensar en lo que se le venía encima, afirmó con intensidad:
- ¡A la orden, señor!
Luke puso los ojos en blanco.
- Ha sido aburridísimo – se quejó Robert, abrochándose el cordón de su batín de casa color mostaza – Ayer me lo contaste todo tan estupendamente, que por un momento he llegado a pensar que Maul tenía grabado el encuentro, para reproducirlo de modo íntegro.
- Sí, se ha limitado a repetir como un papagayo todo lo que me dijo anoche – replicó Kylo, acomodándose en el sofá mientras se quitaba la chaqueta.
La reunión con Maul se había resuelto en cuestión de menos de una hora. El visitante había vuelto a citarlos en el complejo hotelero Ciudad Nube y, volvió a relatar palabra por palabra todo lo que le había dicho a Kylo horas antes. Y, sin un ápice de vergüenza, reconoció las tropelías que habían cometido sus hombres cuando le estuvieron siguiendo y le atacaron por la noche. Snoke se mostró debidamente indignado, exigiendo alguna clase de compensación. Entonces, Maul ofreció las acciones de la empresa de Ionescu (a Kylo no se le pasó por alto que Maul "olvidó" mencionar que a él también se las habían ofrecido) y a Robert le cambió la cara.
Kylo se sintió en cierto modo como una moneda de cambio en todo aquel embrollo, pero después reflexionó fríamente. Tal vez todo aquello fuera bueno a largo plazo. Si metía la cabeza en Europa, estarían más cerca de desestabilizar a los rumanos desde dentro y adelantarse a cualquier cosa que Ionescu fuera a intentar a sus espaldas. Kylo haría de doble espía para Robert y casi vislumbraba posibilidades jugosas una vez estuviera metido en la vida de Ionescu. Y sobre Maul… Bueno, alguna ventaja le encontraría a la proximidad de alguien poderoso como él.
Y además, necesitaba quitarse a Rey de encima en todo ese jaleo. La chica pertenecía a un reducto muy concreto de su vida. Un reducto donde moraba algo excitante, puro y fascinador que compartía con ella y que pensaba que habían mancillado con aquella situación. Lo que tenía con ella no podía peligrar.
No. No iba a consentirlo.
Porque todo lo concerniente a la seguridad de Rey de repente se había convertido en algo importante. Algo que le pertenecía solamente a él.
Los cielos parecían haberse puesto de acuerdo para hacer que aquella primera mañana de campeonatos fuera gloriosa desde el punto de vista climático… No había una sola nube en el cielo y el sol lucía con fuerza, haciendo que estar más de media hora bajo sus rayos en las gradas se tornara incluso molesto… Los encargados de repartir gorras y abanicos iban a estar muy atareados hoy.
Los terrenos deportivos del Republicano, así como las zonas ajardinadas y otras partes comunes, estaban cubiertos de una masa de gente que se movía constantemente. Las pruebas deportivas estaban organizadas de tal modo que podían llevarse a cabo de modo simultáneo en el gimnasio cubierto y en las pistas al aire libre. Había numerosas modalidades deportivas, lo cual había congregado a más de quince institutos diferentes, que habían escogido las instalaciones del Republicano por ser las más grandes y mejor preparadas (ya que nadie se fiaba de entrar a las de la Academia, a pesar de estar mejor acondicionadas) Los eventos se habían organizado gracias al esfuerzo conjunto de los equipos de actividades extraescolares de los centros, ya que era tremendamente complicado coordinar a una población estudiantil tan grande, pero cada año todo salía bien gracias al trabajo en grupo de todos los implicados.
Por ello, era vital que todo el mundo supiese su función. Los deportistas que competían en cada modalidad tenían clarísimo cuándo actuaban en tal o cual pista. En cada prueba había siempre, aparte de los jueces o entrenadores, un grupo de "ayudantes multidisciplinares" asignados para colocar o proveer los materiales de cada prueba. Así mismo, había asistentes de público y servicios, que ayudaban a los espectadores a acomodarse en las gradas, repartiendo panfletos, gorras, aperitivos y refrescos. También había equipos de limpieza en cada zona, así como alumnado vigilante en los accesos a edificios, gimnasios, almacenes y aparcamiento, para controlar que ningún personaje "sospechoso" caminase a sus anchas por zonas indebidas… Ya los cuervos la liaron parda un año en que lograron colarse en la oficina de la directora Organa para hacerse un selfie… hasta que la mismísima directora en persona los había pillado allí. Los rumores aseguraban que ninguno de los participantes de la jugarreta había querido hablar de lo que ocurrió en aquel despacho, pero desde entonces le tenían un miedo cerval al apellido Organa.
En lo alto de las gradas del estadio de fútbol, se encontraba la torre de radio, desde donde se retransmitían los partidos y se conectaba con los otros puntos de competición. Además, era un excelente puesto de visión de toda la extensión de terrenos del Republicano, a lo cual habían colaborado un par de alumnos de décimo grado, trayendo sus prismáticos para ayudar a la vigilancia. Había muchas zonas acordonadas y había alumnado vigilante con aparatos identificadores, por los que todo alumno republicano debía pasar su tarjeta de estudiante. Así, se hacía recuento de cuántos alumnos había en cada zona para controlar el aforo.
En la torre de mando se encontraban Kaydel y Poe, que aquella mañana no competía. Dameron había sido el encargado de coordinar todos los grupos de voluntarios, repartir identificaciones y dorsales para todos y en suma, organizar al personal para que nadie estuviese fuera de su sitio. Kaydel, en su nombre, había pasado por todas las clases la semana anterior para recordar muy encarecidamente las normas de comportamiento de ese día.
- Nadie debe tomarse la justicia por su mano – aseguró ella – Si hay algún altercado, deberéis notificarlo a las patrullas de seguridad, que lo anunciarán a alguien del equipo directivo y que tomarán medidas cuanto antes.
- ¿Podemos tomar fotos o vídeos de la guarrada que estén haciendo, para que sirva de prueba? – preguntó un chico desde la última fila.
Kaydel, como buena rebelde, sonrió.
- Claro que sí, Porkins, todas las que quieras. Pero repito, no actuéis por vuestra cuenta y más aún si son cuervos. Vienen a eso, a meter follón, y no se lo vamos a permitir. También os pido que, si sois simples espectadores y no competís ni tenéis ninguna función, ocupéis siempre vuestra zona de público, sin taponar los espacios de tránsito o salidas de emergencia. Nada de "ha acabado la prueba, voy a hacerme una foto con mi colegui". Que nos conocemos todos ya.
Hubo unas risas.
- Os ruego que nos mantengamos en nuestro sitio, despejando el sitio para que puedan organizar el campo para otras pruebas. Nada de entretenerse, buscar a mis amiguitos que han competido y ralentizar todo, ¿ok? Al que pillemos haciendo eso, le cae un parte de amonestación y cinco recreos en sala de detención. Órdenes de la vicedirectora Holdo. Tenemos un horario y lo cumpliremos. El Republicano va a ser el mejor anfitrión de la historia.
La muchacha se había tomado muy en serio su labor, y llevaba en pie desde muy temprano, preparando todo, apostada en la torre de control y dando órdenes mientras supervisaba todo. Poe estaba allí también, aportando su experiencia y aconsejando a todos, bajo la atenta mirada de Leia Organa, que aquella mañana había decidido, a diferencia de otros días, no quedarse en la torre de radio, sino ir a las gradas. Este año tenía a una ayudante especial en su misión de supervisión…
- ¡Directora! ¡Directora Organa!
La mujer se giró y vio a Rey corriendo por las escaleras, cargada con una bolsa de material de taller. La chica dio un par de zancadas más y, en un santiamén, estuvo junto a Leia.
- Hola, Rey, cuánto tiempo sin hablar. ¿Ocurre algo?
- No, señora, todo bien.
- Me alegro. ¿Qué tal todo?
- Bueno, ahí voy, tirando. Hay días peores y mejores.
Leia le miró hondamente y Rey sintió que ambos hermanos Skywalker tenían exactamente la misma intensidad de mirada con la que taladraban el alma de uno con facilidad apabullante.
- Espero que sepas que puedes contar conmigo. Si tienes algún problema, podremos ayudarte.
- Lo sé, directora, gracias – dijo Rey sinceramente – De todos modos, venía a hablarle de algo que se me ha ocurrido.
- Dispara.
- Ya sabe que los campeonatos se acercan… Todos me han dicho que son días intensos, con mucho tránsito de gente, visitantes… Y hay que estar alerta.
- Efectivamente, tenemos que coordinar muchas pruebas y decenas de personas. Necesitamos toda ayuda posible.
- A eso iba. Quiero ofrecer mi ayuda.
Leia frunció el ceño.
- Si mal no recuerdo, te he visto en las listas de Dameron como ayudante multidisciplinar – a Rey le hizo gracia el modo tan natural que tenía Leia de usar aquella nomenclatura inventada – Ya sabemos que vas a colaborar.
- No, señora, no me refería a eso – replicó la chica negando lentamente – Me refería a… - cabeceó arqueando las cejas significativamente - … A… a lo otro… Ya sabe… A lo que sé hacer…
La madura directora esbozó por fin un gesto de comprensión.
- ¡Oh, entiendo! Pero, no te estarás refiriendo a…
- Directora – comenzó Rey con energía y cuadrándose delante de Leia – Quiero poner mis poderes al servicio del insti. Quiero estar vigilante, alerta, y quiero hacerle saber que intentaré estar pendiente de cualquier detalle sospechoso que vea. Si usted cree que puede pasar algo en alguna zona determinada, avíseme y yo correré hacia allí para intentar evitarlo.
Y así, de paso, tengo controlado a Kylo.
Organa la miró de arriba abajo durante un par de segundos.
- ¿Estás segura, Rey? No quiero que te pases la mañana corriendo de un lado a otro. También hay que disfrutar del día.
- Le aseguro que lo voy a hacer, pero debe ser consciente de que, con mis habilidades, puedo evitar accidentes. Puedo hacer algo más que repartir agua y colocar vallas. Déjeme ayudar, por favor.
Por fin, la directora sonrió.
- Está bien, Rey. Gracias por tu ofrecimiento. Van a ser días difíciles y necesitamos todas las manos posibles. Sólo te pido que no te sobreesfuerces: nadie es infalible.
- No se preocupe, directora. Sólo quiero hacer lo que pueda.
- Anda, ven conmigo: vamos a hablar con Poe para que reajuste tus labores. Necesitamos que estés más libre de tareas para poder vigilar, ya que eso es lo que quieres.
Juntas, echaron a andar por el pasillo, mientras Leia le pasaba la mano por el hombro.
- De verdad, es una auténtica pena que no te hayamos tenido antes con nosotros – dijo la directora mirándola con afecto – Chewie tiene razón: tienes un corazón tan grande como el estadio de fútbol.
Rey se giró hacia Leia como un rayo, sorprendida, sin poder evitar que una repentina sonrisa le calentara el corazón.
- Muchachos, atentos al programa de festejos – dijo Phasma, alzando unos papeles y su móvil – Espero que lo hayáis estudiado bien, para ir coordinados en todo momento. Para los torpes que hayan olvidado traer el papelito, espero que hayan traído el PDF grabado en su móvil.
En ese momento, llamaron a Phasma al móvil y lo cogió rápidamente. Mientras, hubo un murmullo de aprobación, que Hux intentó acallar haciendo gestos con sus brazos.
- Muy bien, chicos, callaos, que vamos a seguir dando instrucciones.
Pero el murmullo continuó, y se convirtió en un animado parloteo…
- He dicho que os calléis, vamos…
Nada. Aquello parecía la salida del cine. Y más charla y más comentarios…
Y Hux, encendido de rabia, le tuvo que arrebatar el megáfono a Motti, uno de los subjefes de patrullas de pasillo, para hacerse oír.
- ¡A callar todos!
La charla continuaba entre los grupos. Hux resopló y volvió a pegar bocinazos por el altavoz.
- ¡He dicho a callar, malditos insurrectos!
Y nada, que la gente seguía de cháchara como si hubieran venido a un picnic al parque…
- ¡SILENCIO! – bramó Phasma, haciéndose oír por encima de todos… y las tropas se callaron al instante.
Hux le dirigió una mirada de soslayo, intentando conservar la dignidad de modo penoso. Phasma lo ignoró y siguió hablando.
- Cada uno sabe lo que debe hacer. Debemos seguir el horario previsto y cubrir todas las zonas. Hay poner a trabajar a esos pringados, hacerles mover el culo y no dejarles descansar, ¿me habéis oído? La vergüenza de estos campeonatos durará varios años y no se hablará de otra cosa. Tanto, que nadie querrá volver a organizar ni un mísero certamen de castillos de arena en esa cuadra de ineptos.
Gritos de entusiasmo, aplausos y consignas guerreras se dejaron oír por la explanada donde estaban concentrados.
- Y recordad: si a alguien lo pillan, debéis deshaceros del papel con los horarios. No perdáis el frasquito de disolvente para hacerlo al instante. Y dad la alarma por el grupo de Whatsapp para poner en marcha el contingente de rescate y distracción. ¿Alguna duda?
Se extendió una ola de gritos y exclamaciones coreadas.
- ¡Nooooooo!
- ¡A por ellos!
- ¡Se van a enterar!
- ¡Van a arder!
- Y dale con la pirómana. Tía, háztelo mirar, ¿vale?
- ¡A por los perdedores!
- ¡Abajo el Republicano!
- ¡Van a sufrir!
Y todos a una se pusieron en movimiento. Mientras, Phasma iba caminando por entre las tropas, repitiendo recomendaciones:
- Chicos, no olvidéis documentarlo todo. La consigna es subirlo todo a las redes al instante, ¿está claro?
- Sí, sí…
- Armie, ¿lo tienes todo?
- Sí, Anya, no me des más la vara. Sabes que soy un tío eficiente.
Phasma se detuvo, se bajó un poco las gafas de sol y, mirándole por encima de las lentes de arriba abajo sin dejar de mascar su chicle, farfulló:
- Ya veo, ya – y se puso de nuevo en camino, sin dejar de manejar su móvil. Hux echó a andar a paso ligero tras ella, echando humo por las orejas, indignadísimo.
- ¿Qué cojones te pasa ahora? ¡He dicho una verdad como una catedral!
- Los corredores están ya situados en sus calles. En la número cinco, tenemos a nuestra Amy Gibberson, de la clase 10 – C y que actualmente ostenta el título de campeona regional de los 100 metros lisos en modalidad juvenil.
Hubo una enorme salva de aplausos para la chica, que saludó mientras calentaba en su puesto.
- Hoy – continuó la voz del comentarista - se batirá también Theresa Mbele, del instituto Bespin(*), cuyos compañeros han venido a animarla hoy y a quienes damos una calurosa bienvenida. ¡Bienvenidos, amigos del instituto Bespin!
La clara voz de los comentaristas desde la torre de radio fue acogida con la ovación correspondiente. Halagada, Mbele alzó los brazos, saludando a la concurrencia, mientras la delegación acompañante de su instituto se levantaba en sus gradas y también era ovacionada con una salva de aplausos.
Así era como hacían las cosas los del Republicano: durante toda la mañana, en las diversas competiciones, de vez en cuando los comentaristas iban saludando a algún instituto concreto, dándoles la bienvenida y haciéndoles también protagonistas del evento. Aquello se había organizado en colaboración con todos los demás centros y aquellas jornadas serían fruto de un buen trabajo en equipo.
Pero como siempre, los cuervos, ajenos a todo salvo para organizar lo básico, venían siempre a meter gresca, a fastidiar todo lo que quisieran y más. Había una mínima parte que no estaba metida en el comité de bromas y jugarretas, pero aplaudían cada vez que alguno de sus compañeros liaba algún jaleo. Así los cuervos pasaron la mañana metiéndose con otros, canturreando consignas guarras y ofensivas y haciendo la zancadilla a otros a escondidas de profes y otras autoridades. Constantemente había profesores o miembros de seguridad que tenían que sacar a rastras a algunos del recinto cuando les pillaban, pero siempre aparecía alguien nuevo que tomaba el relevo del expulsado. Como si lo tuvieran planeado en forma de turnos. Y es que los cuervos ya sabían que iba a haber bajas, pero no les importaba si con ello mantenían la diversión.
El ambiente estaba caldeado ya de buena mañana, y todos los republicanos estaban a la espera de que algo pasase. Había un estado de alerta generalizado que, desgraciadamente, les iba a impedir disfrutar de los campeonatos en condiciones. En varias ocasiones habían elevado sus quejas a dirección, extendiendo una propuesta formal a modo de instancia a la Federación Estatal de Institutos, pidiendo que a la Academia le fuera vetada la asistencia a eventos de este tipo. Pero misteriosamente (o no tan misteriosamente, si se tenía en cuenta la inmensa red de influencias del director Snoke con las Administraciones educativas) la instancia era desestimada año tras año. Leia Organa había paseado mil veces por aquellas salas, pidiendo explicaciones, intentando interceder, solicitando favores, amenazando incluso a los allí presentes, pero aquello jamás prosperaba. Así, curso tras curso, los republicanos y demás institutos tenían que tragarse la presencia de la Orden en aquel evento supuestamente festivo, que los cuervos siempre intentaban chafar.
Afortunadamente, todas las medidas de seguridad estaban funcionando bien, así como las comunicaciones. La torre de radio estaba bien comunicada con los diversos puntos de los terrenos de juego y el gimnasio; lugares donde, por necesidades de espacio y tiempo, iban a celebrarse pruebas de modo simultáneo en varias ocasiones.
En esta ocasión, las miradas estaban puestas en la pista de atletismo, donde todos se preparaban ya para la carrera femenina. Había bastante público a pesar de ser primera hora de la mañana, y las gradas eran un hervidero de personal que bebía café y zumos en los vasos adquiridos a los vendedores de bebidas, entre los que se contaba Rose. A la chica le había tocado en aquel turno esa mañana. No le importaba, siempre que con ello pudiera echar un cable. Y así podía disfrutar viendo a las corredoras.
- Soy tan bajita que las piernas de Mbele ocupan dos de las mías – rezongaba la chica con sana envidia mientras devolvía el cambio a unos chicos que habían adquirido cafés recién hechos del termo que llevaba colgado a modo de mochila – Es una pasada verlas correr…
- ¿A qué viene esa cara?
La chica puso los ojos en blanco y, con una sonrisa, se ajustó el pinganillo, que era por donde le hablaban.
- Finn, ¿qué haces en la torre? ¿No deberías estar aquí abajo con los demás?
- Me han llamado para llevarles bebidas para la mañana – respondió alegremente el joven – Enseguida bajo. ¿Ya me echabas de menos?
- Tonto – respondió Rose sonrojándose – Sólo quiero que cumplamos bien nuestra misión. No tardes, hay unos cuantos cuervos por aquí y no me mola nada el plan en el que están. Me huelo que van a hacer algo en breve. A ver con qué se estrenan.
- ¡OK! ¡Ya mismo estoy ahí! ¡Finn al rescate!
- Pero qué tonto, por favor…
- Finn, ¿qué narices haces con esa escoba? – se oyó de pronto a Poe de fondo por el pinganillo - ¡Vete ya, tío!
- ¡A la orden, jefe!
- No me llames jefe, jobar, que me hace sentir mal. Estoy de incógnito.
- Ya, menudo incógnito, tío. Por eso ha subido a la torre el club de animadoras a saludarte.
- Jejeje, es que venían a desearnos suerte.
Mientras contenía las últimas carcajadas, Rose vio cómo por fin el juez de línea daba el pistoletazo de salida. Contempló fascinada la carrera. ¡Qué rápido iban las chicas! Daba gusto verlas dar aquellas zancadas, era impresionante.
- ¡Buena! Casi le das – gritaron de pronto unos metros más atrás. Le sonaba la voz…
Se giró y vio que, en las bancas de al lado, un grupo de cuervos estaban felicitando a un chico que había allí. Lo reconoció: era Gary Masterson, cuya hermana Debbie era conocida por ser la amiguita de Phasma y responsable de reventar las bicis de unos cuantos republicanos que habían ido a la biblioteca a estudiar tiempo atrás.
Estaba sentado junto a un grupo heterogéneo, todos llevando sus cazadoras negras, y portaba un extraño objeto delgado y alargado que enseguida guardó de nuevo bajo el asiento, mirando a todos lados mientras los cuervos le tapaban.
Frunciendo el ceño, se colocó las gafas de sol y se acercó al grupo para merodear a su lado.
- No creo que se vayan a atrever a hacer nada con una republicana cerca, ¿no? – se dijo mientras lanzaba miradas esquivas al grupo y cobraba algunos pedidos casi sin prestar atención a lo que le pagaban… Lo otro era más importante.
La carrera terminó y ganó Mbele. Todas las corredoras se le acercaron a felicitarla entre los aplausos, mientras Rose, de nuevo atenta al grupo de Masterson, les oía hablar.
- Ha sido un buen tiro, pero te ha faltado poco para darle.
- La próxima carrera es la de relevos. Lo dice en el mierdi folleto. Mirad qué caca – y una chica alzó entre el índice y el pulgar un papel doblado en tres partes – Vaya fotocopia cutre. No tienen pasta ni para pagarse buenos folletos.
Rose resopló. Claro que no tenían dinero. El Republicano ahorraba en chorradas de ese tipo. Lo importante era que la gente estuviera informada de los horarios de eventos, ¿no? Pues entonces, ¿para qué complicarse? Qué desconsiderados.
- Es una prueba más larga y tendré más tiempo para apuntar – aseguró Gary.
- ¿Y cómo es que tienes ese chisme? – preguntó otro muchacho, sacando el artefacto de debajo del asiento, examinándolo. Rose pudo verlo mejor y constató que se trataba de una cerbatana de elaboración casera.
- Mi tío es aficionado a la caza y me enseñó a construir uno – explicó Gary - Tiene un alcance de treinta metros.
- Guay.
- Tíos, ya empieza la nueva carrera.
Hubo un barullo en las gradas y Rose miró a las pistas. Efectivamente, los corredores (esta vez eran relevos masculinos) estaban ya colocados en posición. Con un ojo, mantuvo la vigilancia en el grupo de cuervos, quienes, muy hábilmente, habían formado un apretado conciliábulo en torno a Gary, para ocultarlo de ojos ajenos. Rose adivinó que estaba preparando la cerbatana para un nuevo tiro.
- Demonios, ¿tendrá narices de disparar desde aquí? – pensó con verdadero miedo - ¿Y si le da a quien no debe?
Automáticamente, la chica se dio un palmetazo imaginario en la frente.
En aquella carrera no participaban cuervos. Ni tampoco había ningún cuervo sentado en la zona que ocupaba el rango de disparo de Gary, en las gradas cercanas. Lo tenían todo jodidamente bien planeado. Y no les importaba quién cayese. Cabrones.
- Hoooola – dijeron a sus espaldas. Un suave codazo en su espalda y un ligero beso en la coronilla le indicaron, antes de girarse, que Finn había llegado. El chico traía la bandeja llena de bebidas llenas.
- Menos mal que has llegado – dijo Rose – Mira, son ésos de ahí abajo.
- Ya veo – musitó Finn, mirando con disimulo hacia la zona – Desde el puente de mando también han detectado la cerbatana y vienen los de seguridad para acá.
Rose se giró extrañada a Finn.
- ¿Puente de mando? ¿Dónde se cree que está? ¿En una nave espacial?
Finn se encogió de hombros.
- Son los nombres estúpidos que se inventa Poe. Déjalo, es feliz así – miró de nuevo a Gary – Tenemos que pensar en algo.
- ¿Y los de seguridad? ¿Por qué no vienen ya?
Ambos otearon el campo, pero algo debía de haber pasado, porque no se les veía venir…
Sonó el pistoletazo de salida y el público empezó a corear y aplaudir. Finn y Rose vieron, apurados, cómo Gary preparaba ya su tiro.
- ¡Eh, aquí! ¿Os queda algo de limonada?
Rose se giró y vio a unos cuantos alumnos del instituto Ossus (**) hacerle señas con los billetes en la mano. Se dirigió a ellos, lanzándole una apurada mirada a Finn.
- ¡Yo me encargo!
- ¡Pues haz algo rápido!
Finn inspiró hondo, con el pulso acelerado, mientras acertaba a ver por fin el arma en manos de Masterson… Los corredores daban ya la segunda vuelta y estaban a punto de pasar por la zona de tiro de Gary… Las risotadas ahogadas de anticipación de los cuervos eran imposibles de contener ya…
Su cuerpo actuó por su cuenta, y se lanzó en plancha hacia adelante, alzando los brazos de modo que la bandeja, con sus correspondientes bebidas llenas a rebosar, aterrizó justo en medio del grupo de cuervos. Entre gritos, maldiciones e insultos, se levantaron iracundos, girándose hacia Finn con miradas asesinas.
- ¡Hijo de puta!
- ¡Gilipollas!
- ¡Puto traidor! ¡Mira por dónde vas!
- ¡Lo ha hecho a posta! ¡Te vamos a arrancar las orejas a hostias!
Ya se levantaban, ya iban escaleras arriba a fundir a leches a Finn, quien, muy inteligentemente, efectuaba una retirada…
- ¡Quietos, chavales! – se oyó una voz enérgica.
Todos se giraron y vieron al profesor Ackbar seguido de un par de guardias de seguridad, imponentes y con cara de pocos amigos, que en menos que canta un gallo se hicieron con el arma del delito y sacaron a los chicos a rastras del estadio. Al parecer, estaban usando unos dardos caseros de cartulina, pero que a distancia podían hacer mucha pupa. Al marcharse, Ackbar palmeó con gesto orgulloso la espalda de Finn, dejando al muchacho pensando para sus adentros:
- Todos tienen razón en el Republicano. Ackbar es una maldita leyenda.
La escena fue completada con una voz que oyó en su pinganillo:
- Macho, estás como una cabra. Los tienes como pelotas de fútbol.
- De nada, Poe.
Y de fondo se oía a Kaydel gritando eufórica:
- ¡Republicanos 1, Cuervos 0!
- Ren, ¿estás seguro de esto?
- Callaos, imbéciles. ¿Es que no confiáis en vuestro jefe?
- No, señor, claro que sí…
- Pues entonces a callar. Menuda panda de ineptos me han asignado. Creía que teníais más agallas.
- Es que… ¡presi, estamos intentando colarnos en una clase!
- Yo que pensaba que era coña cuando nos asignaron esta misión…
Kylo volvió a girarse por enésima vez a sus dos esbirros.
- ¿Os queréis callar de una maldita vez? ¡Joder!
Los otros dos chicos se pusieron rígidos como tablas.
- Lo sentimos.
- Perdona, Ren.
Con mil precauciones, terminaron de recorrer el perímetro de los jardines, vigilando en todo momento que no se encontraban con ningún republicano de vigilancia y caminando siempre entre las sombras o camuflados entre la vegetación de los jardines. A Kylo le parecía un poco deshonroso eso de esconderse como trufas entre los arbustos, pero de aquello dependía el éxito de la operación. En fin…
- Ya está. Apartaos – ordenó cuando llegaron hasta la puerta del pabellón principal. Era la zona más alejada de los estadios y por tanto, la menos vigilada. Un rato antes, habían enviado a un contingente a esa zona para iniciar una operación de despiste, en la cual habían montado un pequeño espectáculo que había ayudado a que los pringados que vigilaban la zona se marchasen de allí, despejando por tanto el terreno para Kylo y sus secuaces.
Ren esbozó una risa maliciosa. Ineptos, eran todos unos ineptos… ¿Cómo podía ocurrírseles dejar aquella zona desprotegida después del incidente? Si él estuviera capitaneando las operaciones, habría mandado automáticamente tropas de relevo al lugar del problema. Eso solamente podía significar que los pardillos estaban escasos de recursos, o que lo estaban pasando mal esa mañana para cubrir todas las zonas… Se alegró mentalmente de ver que los planes de Armie y Anya estaban saliendo bien.
- ¿Qué vas a hacer, Ren?
- ¿Necesitas ayuda?
Kylo resopló. ¿Es que le habían tocado los dos ayudantes más cansinos de toda la tropa?
- ¡A callar! – bramó sacando su parte más "Kylo" – Estaos quietos y vigilad. Es para eso por lo que os han asignado aquí, no para darme la vara.
Se giró hacia la puerta farfullando maldiciones, mientras los otros dos quedaban a sus espaldas, quejándose a la sombra de los árboles.
Era su momento… Poniendo los ojos en blanco, y dando las gracias medio a regañadientes por tener aquella habilidad, sacó de su bolsillo un manojo de destornilladores diminutos, unidos por un aro metálico, y una vieja tarjeta de crédito. Empezó a manipular la cerradura de la puerta, mientras los otros dos, sin poder evitarlo, se acercaban a mirar por encima de su hombro.
- Ostras, presi, ¿sabes hacer de eso?
- Jo, tío, qué guay. El otro día mi primo me enseñó un vídeo en YouTube de un colega que se funde las cerraduras en tiempo récord…
- ¿Dónde has aprendido a hacer eso, Ren?
Kylo, inspirando hondo para mantener la calma y muy concentrado en lo que se traía entre manos, respondió con uno de los destornilladores entre los dientes:
- Me lo enseñó un contrabandista en la frontera sur.
No lo vio, pero los otros dos pusieron gestos de inmensa sorpresa… para automáticamente después, pasar a darse codazos el uno al otro, incrédulos.
- Joder, ésa ha sido buena.
- Jajajajaja, qué historia, tío. Total.
Kylo puso los ojos en blanco, aún batallando con la cerradura. Si supieran que aquella historia era totalmente cierta y que aquella maniobra se la habían enseñado cuando tenía siete años…
Instantes después, la cerradura cedía y los tres pudieron entrar al desierto edificio. Por lo que habían averiguado sus espías, las únicas entradas al instituto estaban en la parte frontal y lateral derecha y eran impracticables por estar llenas de vigilancia. Luego estaba el legendario pasadizo subterráneo que, según decían, comunicaba el pabellón del gimnasio con el ala central. Pero eso formaba parte de las leyendas del Republicano: aquel rumor jamás había podido ser comprobado, pero se decía que solamente el vicedirector Vader había sabido de su existencia… Misterios de la vida.
Por ello, hoy estaban ellos tres allí, dispuestos a reventar la seguridad del instituto para algo muy concreto: desestructurar el sistema de alarmas y timbres del centro para descolocar todas las horas de aviso y entrada. Podían haber escogido algo mucho peor, como hacer desaparecer los registros de alumnado, vaciar las cuentas corrientes del centro o reventar la caja de efectivo que se guardaba en Secretaría para gastos mensuales. Pero habían preferido gastar aquella broma de bajo calibre, porque sabían que aquello provocaría grandes trastornos en la vida colegial durante un tiempo, hasta que lograsen desbloquear y arreglar el problema. Kylo sonrió al imaginarse a los alumnos oyendo el timbre quince minutos antes de lo acostumbrado, lanzándose a los pasillos en medio de un mar de confusión, haciendo que los recreos durasen cuarenta minutos los martes y cincuenta los jueves, pasando la hora de salida de las tres a las dos y media y haciendo que cada hora de clase tuviera una duración distinta. Aquello sería muy cómico; lástima no poder grabarlo.
Para conseguir esto, debían acceder a un ordenador situado en Jefatura de Estudios, localizado en la planta baja, en las dependencias de Administración, Dirección y Sala de profesores. Todo aquello estaba en la planta baja del edificio principal, así que la incursión no revestiría mucha gravedad.
Clic, por fin el cerrojo cedió y los tres muchachos entraron en el pabellón. Daba igual que su visión sesgada de cuervos les gritase lo contrario: aquel edificio era indudablemente bello, con su gran cúpula central, llena de cristaleras; o su fantástica escalinata central de mármol, así como la balaustrada de la que colgaban los escudos de los diferentes equipos deportivos. Todo estaba revestido de un silencio sepulcral, apenas salpicado por el leve vocerío de los juegos del exterior, y aquello le confería al lugar una atmósfera casi irreal. Un instituto tenía que ser ruidoso, pleno de vida y bullicio escaleras arriba y abajo, un hervidero de figuritas danzantes sin las cuales aquel lugar no tendría sentido…
Y fue entonces, cuando pasaban a toda mecha junto a las escaleras, pasando junto a los ángulos muertos de las cámaras de seguridad, cuando a Kylo le asaltó un fogonazo de luz.
Un recuerdo.
No era la primera vez que pisaba aquel lugar.
La primera había sido una calurosa tarde de agosto de diez años atrás. Había atravesado aquel lugar con menos celeridad, pero indudablemente más sobrecogido por la imponente arquitectura, cogido de la mano de… de… ella. Le iba explicando cosas sobre el lugar, pero sus palabras se hundían en un algodonoso olvido, amortiguadas por el paso de los años y el odio. Habían ido allí a algo… Tal vez a recoger algo que se le había olvidado a ella… Y tuvo la ligera impresión de que aquel recuerdo se completaba con la imagen de… de él… esperándoles en el parking, con un deje de impaciencia. Después iban a algún sitio, y él estaba muy impaciente aquel día. ¿A dónde irían después?
Sacudió la cabeza varias veces para espantar aquellas molestas moscardas del pasado y prosiguió con su misión.
Poca idea tenían de que, a pesar de estar teniendo mil precauciones e ir cegando cuidadosamente las cámaras con pintura negra aplicada desde un bastón especial fabricado a tal efecto, aún así estaban siendo observados.
- ¡Cielo santo! ¡Tenemos visita! – exclamaron no lejos de allí - ¡Vamos, deja ya esos malditos sudokus online y haz el favor de poner tus oxidados circuitos mentales a trabajar! ¡Hay que hacer algo!
El incidente durante la carrera de relevos había sido el detonante, la señal que le había indicado a los republicanos que la mañana solamente acababa de comenzar…
El siguiente desaguisado tuvo lugar en la prueba de tiro con arco, justo al lado de las pistas de atletismo. El público, bastante más escaso que en otros deportes, asistía silencioso al desarrollo de las pruebas. La gente solía respetar el silencio de los arqueros, que, muy concentrados, iban pasando en rondas sucesivas para ir haciendo dianas.
Una de las encargadas de atender en esta prueba era Rey, quien estaba bastante mosqueada. Se había frustrado mucho al enterarse de lo sucedido en las pistas de atletismo (le había pillado repartiendo panfletos en la puerta de entrada con Marcus, su amigo de la clase de Mecánica) y en esta segunda prueba se encontraba paseando como un león enjaulado por el límite del campo de tiro, mirando a todas partes bajo sus gafas de sol y jurando por lo bajo.
- Esta vez sí que no me pillan. Los pienso coger con las manos en la masa. Se van a enterar los muy cabrones…
Le faltaban ojos para abarcar terreno. Cualquier movimiento era sospechoso para ella. El grupito de chicas con cazadoras negras que reían observando sus móviles… El chico alto y fornido que miraba serio a todas partes con la sudadera de la Orden y hablaba por unos cascos… Y había también un par de chicos de los que habían venido a su taller a que les arreglara los vehículos, de nuevo con cara de estar oliendo mierda y de estar muy a disgusto de estar allí.
- No haber venido, imbéciles. Pero claro, tenéis una misión que cumplir.
Phasma también estaba por allí, alta y gélida, como siempre. Llevaba un atuendo en color cromo, en el que destacaba una camiseta satinada bajo una cazadora de cuero negra de bordes rojos. Lucía sus gafas de sol, su chicle de fresa y su cabello engominado rubio platino. Una auténtica estatua de hielo.
- Mal asunto si ella está aquí. Seguro que tienen algo en mente.
Su barrera de poder estaba activada al 300%. Tenía escaneadas todas las mentes colindantes en un radio de cien metros y ya había localizado las pertenecientes a cuervos. En especial, le interesaba la de cierta chica de rastas verdes que se estaba comunicando con Phasma a través de lo que parecía ¿un pinganillo?
- Cuando digas, estaré lista.
- Aún no – advirtió Phasma.
Aún desde la distancia, Rey podía oír perfectamente lo que decían, ya que se proyectaba en sus mentes.
- Oye, Anya, ¿tú entiendes lo que nos ha dicho Ren?
- El qué.
- Digo que si sabes por qué Ren no me dio datos al enviarme este audio. Me ordenó que no lo escuchara, solamente que lo reprodujera en el momento exacto. Me dijo que no debía saber qué era. ¿A qué narices viene esto?
- Ni puta idea, Debbie. Tú limítate a hacer caso.
Rey arqueó una ceja. Conque Kylo había dado instrucciones a los cuervos y la mitad estaban a oscuras… Hummm…
¡Claro!
Él sabía que ella, Rey, iba a estar por allí, vigilante, atenta, escaneando mentes. Seguramente habría planeado no darles muchos datos para mantener los planes en secreto ante ella.
Chico listo.
Maldito espárrago de los infiernos.
Apretó los puños. Ahora que tenía fijada a aquella Debbie como objetivo, decidió no retirarse ni un segundo de su radio de acción. No vio nada sospechoso a su lado, solamente vio que la chica manipulaba su móvil. Un momento… ¿Eran aquello cables? ¿A dónde iban?
Desde su posición, se agachó ligeramente y detectó un aparato pequeño y negro a unos metros de la chica. ¿Un altavoz? ¿Qué estaban planeando?
Tras Rey, los arqueros se preparaban ya para la siguiente ronda. Los republicanos encargados de cambiar las dianas de papel ya habían salido del campo y los tiradores iban tomando posiciones, tensando sus arcos. Se extendió un siseo generalizado para pedir silencio y Rey sintió un aguijonazo de apremio. ¡Acaba de divisar otro altavoz a los pies de otro cuervo unos metros más allá! Los estaban camuflando con sus pies y, entre las patas de las sillas de plástico dispuestas entre la hierba y el gentío reunido para la prueba, era imposible detectarlos. Tenían algo gordo planeado, y Rey se devanó los sesos, indecisa sobre cuándo actuar.
Se enfocó en Debbie y en Phasma… ambas estaban en tensión, alerta, lo leyó perfectamente…
De fondo, se oyó al juez dando la orden de disparo.
- Preparados…
Los arqueros levantaron sus arcos.
- Listos…
Tensaron las cuerdas. No se oía una mosca.
- ¡AUUUUUAAGGGGGHHHHH!
Todos los arqueros dejaron soltar sus flechas, unos hacia el suelo, otras desviadas unos metros más allá, dando respingos de susto ante el aullido colosal, que había retumbado a través de los altavoces portátiles dispuestos a tal efecto.
Rey se quedó en el sitio, incrédula al ver que se le había pasado la ocasión. ¡Mierda, mierda, mierda! ¡Aquellas arpías habían aprovechado el momento de máxima concentración para distraer a los arqueros con algo tan infantil como un aullido! ¡Qué mala leche!
Presa de una furia bruta y luminosa, inspiró hondo y actuó como le había enseñado Skywalker: "deja que fluya, siéntela"… La oscuridad se debatió dentro de ella, instándola a reventarle los morros a Debbie y Phasma. Pero tenía que guardar la compostura. Se serenó y se enfocó en otro punto que no fueran las chicas, que intercambiaban sendas miradas y gestos de victoria, mientras el gentío miraba a todas partes y se armaba el consabido revuelo en busca del origen del sonido. Por megafonía se repitió la advertencia de seguridad de no perturbar las pruebas y Rey, mientras tanto, se centró en los altavoces. Ya sabía lo que tenía que hacer…
Pero los aparatos habían sido cambiados de sitio. Aprovechando el revuelo, varios cuervos habían cambiado de posiciones alrededor de las pistas de césped y las gradas desmontables de tres pisos y ahora Rey le había perdido la pista a la mitad de ellos. Oyó la voz de Phasma mientras la jefa de patrullas hablaba, proyectada en su mente:
- Bien, chicos. Asegurad posiciones. Dejémoslo estar un rato. Cuando dé la señal, preparaos de nuevo.
Rey echaba chispas. ¡Delante de sus narices no lo iban a lograr una segunda vez!
Enchufó su pinganillo y habló.
- Aquí Rey, estoy en el sector B, tiro con arco. Necesito refuerzos en la zona este del campo, van a repetir la jugada. Repito, necesito refuerzos para pillarlos in fraganti.
- Oído cocina, Rey – oyó decir a Kaydel – Rose y Finn van para allá con los de noveno.
- Genial, gracias.
Reconcentró sus fuerzas y por fin localizó uno de los altavoces. Siguió los cables, con más dificultad que antes, y por fin encontró la fuente. Esta vez, Debbie se había ocultado tras el grandullón que había visto antes hablando.
Fue rápida, pues quiso aprovechar el intermedio entre tiros para hacer justicia. Esperó a una nueva ronda y, justo cuando los arqueros hubieron disparado, un chispazo y unas pequeñas explosiones surgieron de la zona de los cuervos, que se alejaron del lugar a la carrera, pegando saltitos y gritando… Uno tras otro, los altavoces fueron reventando tras las filas de cuervos y se descubrió el pastel bien rápido. El profesor Ackbar, siempre tan bienintencionado y tan ecuánime, estaba que trinaba y les armó tal sarta de gritos a los cuervos, que aún se le oía cuando los de seguridad los cogieron a todos para expulsarlos del terreno. Rose y Finn, que habían recogido los cables con las pruebas del delito, les seguían chocando los cinco y guiñándole el ojo a Rey, satisfechos al ver el desenlace de la escena. Aquellos bromistas serían llevados a una sala del insti, interrogados y expedientados. Y a casita. Bien.
Pero Rey no tuvo mucho tiempo de celebrar, porque una perturbación en la… atmósfera la hizo girarse repentinamente hacia el estadio de atletismo.
Algo estaba pasando… En las gradas del estadio.
Y corrió como hacía mucho que no corría, aguijoneada por el miedo.
- Me cago en todo…
Kylo estaba que soplaba. Llevaba casi diez minutos intentando seguir las instrucciones que le había pasado Armie por el móvil, maldiciendo al pelirrojo a borbotones mientras introducía comandos sin éxito en la aplicación informática.
- Hijo de puta, haberte informado antes de que las diferencias entre la versión 3.1 y 3.2 iban a ser TAN abismales. Joder, esto no hay quien lo entienda.
¡Él no tenía la culpa de que Hux no hiciera bien sus deberes!
Las cosas no iban bien entre ellos, eso estaba claro. Pero Kylo había decidido alzar un tupido velo entre lo sucedido en la noche de la borrachera de Armie y su creciente enfado. A pesar de haber corroborado que su segundo de a bordo había maquinado a sus espaldas junto a Robert, necesitaba aclarar un par de puntos más, y necesitaba hacerlo sin Robert de por medio. Sencillamente, no había encontrado el momento oportuno. Y definitivamente, la conversación con Maul absorbía todos sus pensamientos aquellos días.
Y ahora esto… Hacía ocho minutos que se había declarado a sí mismo incapaz de modificar los parámetros de la aplicación para cumplir su misión. Al fondo, sus dos esbirros, ignorando su trabajo de vigilar el exterior, se habían puesto a husmear entre los cajones y cotillear las fotos de las orlas de años anteriores que había colgadas en el pasillo. En este momento estaban hablando de la prima de nosequién.
- A ésa le hizo la cobra el hermano mayor de Motti hace dos años en la fiesta de casa de Rivers.
- ¿En serio, tío? ¿Qué pasó? ¿No sabía que él era de la Academia?
- Claro, se enteró cuando le hizo la cobra y la humilló delante de toda la piscina. Tardó poco en salir por patas de la casa, la muy idiota…
- ¿Queréis callaros, cojones?
El siseo desgarrado e iracundo de Kylo les pilló desprevenidos, y ambos se giraron hacia su líder, que les miraba desde detrás del monitor del ordenador echando chispas.
- Lo sentimos, Ren.
- Perdona, hombre…
Y entonces se fue la luz.
La estancia, que no tenía ventanas, quedó completamente a oscuras, mientras los tres jóvenes soltaban maldiciones y sacaban las linternas de sus móviles.
- ¡Argh! ¡Joder! – exclamó Kylo mientras veía impotente cómo el plan se desmenuzaba entre sus dedos al intentar pulsar los botones de encendido de la CPU sin que la máquina respondiera – Mierda, mierda…
Regla básica de la informática para dummies: aquello que había estado haciendo iba a dejar rastro, más aún si había estado cacharreando con la aplicación sin cerrarla. Se podía armar buena. Por fortuna, llevaba guantes puestos para no dejar huellas (algo por lo que sus secuaces le habían mirado con cara de incredulidad) pero de poco le iba a servir aquello, cuando volviera la luz y quien quiera que fuese se encontrase el marrón en la pantalla…
JODER.
Echando chispas, Kylo dio un puñetazo a la mesa, provocando con sus poderes un pequeño temblor que puso a volar algunos objetos sobre el escritorio, mientras los otros dos hablaban a toda prisa, ignorantes del fenómeno que había provocado Ren en la oscuridad.
- ¡Mierda! ¡Hay que pirarse!
- ¡Aquí no se pira nadie! ¡Esto hay que arreglarlo!
- ¡Ya! ¿Y cómo lo hacemos? ¿Llamamos al técnico de urgencia? "Electricistas 24 horas, vengan ustedes a reparar la instalación del Republicano, nos ha pillado aquí en medio de un trabajito…"
- Estás gilipollas.
- ¡Mierda, el técnico! – gritó Kylo de pronto, levantándose de un respingo de la silla, cayendo en la cuenta. Y es que ya sabía quién había sido el encargado de aquello. O al menos, lo sospechaba.
Miró hacia el pasillo a través de la puerta abierta. Y lo que vio le provocó úlcera: se habían olvidado una cámara sin cegar. Justo la que estaba enfrente de la puerta del despacho.
Una cámara tras la cual había dos conserjes partiéndose de la risa en la sala de control, dos plantas más abajo…
- ¡Salid de aquí cagando leches, pero YA! – bramó el joven, saliendo a escape por la puerta. No había tiempo, no había tiempo de ir a la sala de vigilancia a poner fin a aquello, no había tiempo de borrar huellas, no había tiempo de nada si no querían que se les echara de encima de repente un escuadrón de pringados indignados.
Sin comprender mucho, los otros dos lo siguieron, entre preguntas y balbuceos, no sin antes hacer algo…
Uno de ellos cogió el monitor del ordenador y lo arrojó al suelo, provocando una explosión y un pequeño chispazo, que dejó la pantalla humeante y calcinada en el suelo junto a la mesa. Kylo se giró hacia él con ojos desorbitados.
- ¿SE PUEDE SABER QUÉ MIERDA HAS HECHO?
El otro farfulló explicaciones mientras salía por la puerta tras ellos.
- No podemos dejar rastro, Ren… Mejor esto que nada, ¿no?
- Joder, joder… - Kylo puso los ojos en blanco, aguantándose las ganas de abrir en canal al chico y ponerle las tripas de bufanda - ¡Vamos, salid YA!
Trastabillando por las escaleras, los tres chicos bajaron hasta el pabellón, mientras las alarmas del edificio saltaban en ese instante. Una vez fuera, Kylo, que solamente estaba concentrado en escapar indemne, sintió de nuevo que algo más pasaba a ocupar su mente. Y era algo lo suficientemente poderoso como para robarle la atención en la huida.
Una sensación. Algo que percibió gracias a sus poderes.
A velocidad casi sobrehumana, el líder negro salió corriendo por entre los árboles, dejando a los otros dos cuervos estupefactos y confusos. Pero ya no se podía hacer nada… el presidente Ren había salido por patas y, con aquellas zancadas que pegaba el larguirucho, no había quien lo pillara.
¿A dónde iría con tanta prisa?
Aquello, claro estaba, no iba a decirlo Kylo así como así. Por el momento, solamente estaba concentrado en correr, en atravesar los jardines, dejar atrás a aquellos dos merluzos, esquivar estudiantes y rodear los pabellones hasta su objetivo. Había sentido algo, ominoso, apremiante e intenso, que le gritaba que se diera prisa.
Con el corazón en un puño, aceleró un poco más hacia las gradas del estadio de atletismo y cuando ya estuvo muy cerca, por fin pudo oír algo en su mente. Era un grito proyectado en su cabeza…
Alguien no muy lejos de allí se precipitaba al vacío, en una horrible caída de varios metros.
Y conocía muy bien esa voz.
(*) Bespin es el nombre del planeta donde se encuentra Ciudad Nube, la residencia de Lando Calrissian, tan famosa en la trilogía original.
(**) Ossus es el nombre de otra academia Jedi que aparece en el universo expandido de Star Wars. Me pareció lógico que fuera un insti amigo del Republicano.
N.A.: Si el capi anterior fue un poco relax, aquí tocaba contraste. Y más que nos queda.
No sé qué pensar del plan de Maul. Aquí todo depende de lo que quiera hacer el muchacho a largo plazo. Ya veremos a ver lo que decide. ¿Le dirá algo a Rey sobre estas novedades? A saber.
¡Y los campeonatos! ¡Puaf y solamente ha sido el primer día! Eso sí, los que la han liado ya no vuelven a entrar. ¿Y qué os parece la "habilidad secreta de Kylo"? Como hijo de un antiguo contrabandista, no me extraña que Han se lo llevase de pequeño por ahí y le enseñase algunos truquillos para defenderse por la vida. Y Kylo casi parece avergonzado de conocerlos, pero bien que le sirven.
Avances para el próximo capítulo: Tenemos nueva clase con el profe Kylo. Parece que no se le da mal esto de tener una padawan... aunque esta vez las cosas se pondrán un poco bestias.
