Capítulo 35

Epílogo


Derek despertó lentamente ese día; la luz matutina aun no era tan brillante como para ser molesta. Stiles dormía pesadamente todavía, llenando con todo el cuerpo su mitad de la cama, como si se hubiera quedado dormido en medio de estirarse. Prácticamente, siempre se quedaban dormidos en los brazos del otro, excepto en las raras ocasiones donde no se iban a la cama al mismo tiempo, pero cada mañana era una pequeña sorpresa para Derek, ya que Stiles no parecía poder quedarse quieto, incluso al dormir.

Derek admiró la figura de su novio, su piel pálida y atractivos lunares, sus músculos definidos… no le tomó mucho tiempo decidir que era la oportunidad perfecta para iniciar una ronda de perezoso sexo mañanero. Derek se acomodó sobre Stiles, teniendo cuidado para no tocarlo aún, y fue directamente hacia la tentadora línea del tesoro. Se tomó su tiempo, explorando abajo y abajo, al mismo tiempo que Stiles comenzó a moverse y gemir debajo de él. Estaba besando y lamiendo con parsimonia la cara interior de la pierna de su amante cuando Stiles preguntó ¿Qué hora es? Derek no tenía idea y, de todas formas, no tuvo tiempo de responder, porque Stiles saltó fuera de la cama con un quejido, golpeando a Derek en la cara con la entrepierna en el ínterin.

— ¡Jesús, Stiles! ¡Avísale a un tipo antes de golpearlo en la cara con el miembro! —Bromeó, sentándose en la cama para ver a Stiles corriendo por los alrededores, poniéndose prendas de ropa conforme las iba encontrando.

—Nunca antes te habías quejado —contestó con el mismo tono de burla.

— ¿Olvidaste programas la alarma de nuevo?

—Sí, lo siento. Sé que ya no trabajas los lunes en la mañana: programaré mi alarma la próxima semana, lo prometo —dijo Stiles, poniéndose los zapatos antes de agarrar su mochila. Le dio a Derek un rápido beso en los labios y caminó hacia la puerta—. ¡Te veré en el almuerzo! Oh, y ¿podrías ir a la tienda hoy? ¡La lista de compras está en el refrigerador! ¡Te amo! ¡Nos vemos! —siguió gritando mientras caminaba por su pequeño departamento hasta que por fin cerró la puerta principal.

Había pasado casi un año desde que pelearon contra Gerard y sus vidas fueron muy normales desde entonces. Bueno, tan normales como ser parte de una manada de hombres lobo podía implicar. Las cosas estaban difíciles con la manada últimamente, ya que no podían estar juntos por la universidad, aun si se las arreglaron para permanecer en el estado.

Stiles estaba estudiando ciencias forenses en Stanford, donde Derek consiguió un empleo en la biblioteca. Había tenido suerte, ya que el bibliotecario del departamento de literatura inglesa se retiraría pronto y recordaba a Derek de sus tiempos como estudiante. Scott todavía estaba en Beacon Hills, tomando clases en el colegio de la comunidad y trabajando en la veterinaria de Deaton antes de intentar inscribirse en una escuela veterinaria el siguiente otoño. Seguía siendo novio de Allison, pero ella estaba en UCLA, estudiando negocios. Isaac y Boyd eligieron unirse a la academia de policía, con la promesa de un empleo en el departamento del Sheriff cuando se graduaran. Erica eligió no ir a la universidad y trabajaba como asistente personal-secretaria para Talia y Laura en su bufete local. Ella y Boyd habían comenzado a salir hace unos meses. Derek no podía recordar a su manada tan feliz antes.


Derek no tenía idea de qué tan especial era ese día hasta que vio algo intrigante mientras caminaba algunos bloques entre su departamento y la tienda de comestibles. Al principio, fue algo sólo por el rabillo del ojo. El reverso de la cabeza de una mujer que lo hizo mirar dos veces, aun cuando no supo por qué. Entonces, giró a la izquierda y ahí estaba ella, de pie en la acera, mirándolo… La bruja que empezó todo esto.

Sin saber dónde empezar, sólo dijo:

—Hola —y ella le sonrió con gentileza.

—Hola, Derek.

Mientras permanecía de pie ahí, impactado, ella le preguntó si quería hablar tomando café y lo dirigió a una cafetería cercana. Derek funcionaba en automático, pidiendo su orden regular de espresso y siguiéndola a una mesa oculta en una esquina del local.

—Estoy segura de que tienes muchas preguntas —empezó ella.

—Sí, es sólo… que no sé dónde empezar —dijo Derek, alternando entre mirar su café y contemplarla con asombro.

—Bueno, mi nombre es Anwen Edison. ¿Qué tan buen comienzo es ese?

—Y eres una bruja.

—Sí, nací como una. Mi madre también lo era.

— ¿Cómo hiciste que…? ¿Por qué me…?

— ¿Por qué te envié de vuelta? —preguntó ella y Derek asintió, todavía confundido por su presencia.

—Digo, pensé que era un hechizo… pero nunca antes oí de algo así.

—Un hechizo es necesario, sí, pero es un poder más específico. Sólo una bruja nacida con la marca de Janus puede usarlo y sólo hay una cada cinco generaciones.

—Así que, ¿eres la única en todo el mundo en este preciso momento?

—Sí. Leí en uno de los antiguos tomos de mi congregación que la única vez que dos brujas del tiempo nacieron en la misma generación con la marca, por poco destruyeron el tiempo mismo, tratando de usar sus poderes a la vez.

—Entonces, ¿puedes viajar en el tiempo?

—En esencia, pero sólo puedo ir hacia atrás, por razones obvias. No puedo volver más allá de mi propio nacimiento… bueno, puedo ir tan atrás como permite mi propia concepción, técnicamente, pero nunca volveré a hacerlo.

— ¿Y puedes llevar personas contigo?

—Sólo una. Es un poco complicado: tengo que buscar una fecha de nacimiento para asegurarme de no enviarlos antes de que existieran.

—Así que… cuando viniste a Beacon Hills, ¿siempre fue tu plan enviarme de vuelta en el tiempo?

—No estaba segura… te observé primero.

—Pero, ¿por qué yo? ¿Cómo supiste sobre mí?

—Tu tío Peter me encontró. Estaba oculta en la casa de mi abuela, en Gales. Sólo había usado mi poder intencionalmente dos veces y la segunda vez fue para arreglar lo que cambié la primera. Después de eso, abandoné a mi congregación y juré no usar mis poderes jamás. Entonces, Peter apareció en mi puerta. No tengo idea de cómo me encontró o cómo sabía sobre mí. Me dijo sobre tu familia y el incendio. Quería que lo enviara un día antes de que pasara: dijo que sólo quería evitar que ocurriera, pero supe que quería asesinar a quien lo provocó.

—Así que te negaste. Inteligente decisión. Pero, ¿por qué me enviaste?

—Estaba intrigada, supongo… y sólo… quería que mis poderes hicieran el bien, al menos una vez. Esta marca… —dijo Anwen, mostrando el símbolo simétrico en su muñeca—, se supone que debe ser un regalo. Sólo me ha traído dolor y miseria, pero deseaba que pudiera ser un obsequio para ti.

Se miraron en silencio un momento, Derek contemplando el dolor que mencionó reflejado en sus ojos. Ella no parecía mayor de treinta, pero su mirada lucía mayor que eso.

— ¿Lo hice bien? ¿El mundo es mejor ahora? —Preguntó Anwen, con la voz llena de esperanza.

Derek no dudó ni un segundo en regalarle una sonrisa resplandeciente.

—Sí, el mundo es mejor ahora. Mi mundo es mejor. Y todo es gracias a ti.


Horas después, mientras veía a Stiles comer e intentar contarle lo asombrosas que fueron sus clases de la mañana y lo molesto que fue el desgraciado que se sentó junto a él, ya que pasó el tiempo mandándole notas a la chica de adelante, Derek no pudo evitar sonreír porque, justó como esperaba, valió la pena esperar por todo esto veinticuatro años.


And that's it.

Gracias por sus comentarios —a quienes los dejaron. Los que sólo entraron, leyeron y se fueron pueden irse a la… ay, el calor—.

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