=:Máscara Forjada:= Capítulo XXXV
El Precio de la Victoria
-¿Fuego? ¿Es usted? -El Guardián del Aire volaba protegiendo al gran pájaro de fuego que seguía su dirección.
Había tratado de hablarle por medio de telepatía, pero el fuego que la envolvía no le permitía alcanzar sus pensamientos. "¿Por qué se habrá convertido en el Fénix? ¿Acaso quería morir consumida por su propio fuego?" pensaba. Hasta había llegado a plantearse que el pájaro tuviese conciencia propia y hubiese perdido su conciencia humana. Pero desestimó tal idea al escuchar en su mente las primeras palabras.
"Soy yo... Perdona que tengas que hablar en voz alta, tu poder no puede alcanzarme en esta forma... ¿Qué hacéis aquí?"
-Agua y Tierra tuvieron problemas, y pensamos que lo mejor era acercarse para ayudarla.
"¿Y el plan?" -Cuestionó pensando que se habían vuelto locos.
-Nos lo saltamos... ¿Dónde está su guardiana? -Preguntó tras buscarla por los alrededores y no encontrarla.
"Abajo, conteniendo a Fuego Oscuro... Ve a ayudarla..." -Ordenó
-No, mis órdenes son estrictas... escoltarla hasta el pedestal...
"En un rato te cansarás de seguir mi ritmo... ve con mi guardiana, te lo suplico, puede morir si alguien no la ayuda. Es ella sola contra dos..."
El Guardián de Aire miró a su protegido, que se dio la vuelta un instante para asentir. Era más importante mantener a Fuego Oscuro a raya y preservar la vida de la guardiana de Fuego por lo que pudiese pasar... Total, no había mucho que ellos pudiesen hacer por Fuego. Ella tenía que llegar pronto al Pedestal, y cuanto antes lo hiciese, mejor, así que mejor sería no estorbarle... Por otro lado, él la protegería mientras estuviese cerca, no iba a perderla... no... no iba a perder a otro amigo, jamás. Ver lo que había hecho Sasuke, y hasta donde había llegado para terminar inerte en el suelo, había sido demasiado duro como para volverlo a sentir. Suspiró y siguió con dificultad su tarea, tratando de contener todo el ejército oscuro que le encaraba. Era difícil mantener el control, sobre todo cuando estaba usando una anormal cantidad de energía vital para sostener a todos los enemigos... mientras ellos reservaban sus fuerzas. Reflexionó en un instante. Su plan era arriesgado, como siempre, pero tenía que dar tiempo a Fuego. Si conseguía aguantar hasta que ella estuviese en el Pedestal, aunque muriese después, el trabajo estaría hecho.
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-Tierra... ¿Por qué? -Preguntó Kenshin tratando de recobrar el ritmo normal de su respiración.
Ella estaba sosteniendo sola todo el poder de la Tierra Oscura que no paraba de mirar en dirección a su camarada Agua que ahora se veía encerrado en una jaula de tierra y agua hecha conjuntamente por ambos guardianes de la Luz.
-Aire ha ido con Fuego... Y sabíamos que estabas en apuros, así que decidimos rescatarte. Si tú mueres, no hay futuro y lo sabes.
Kenshin pensó que había sido un idiota por dejarse llevar por los sentimientos de abandono y desesperación... Pero no era momento de lamentarse, con el poder que le quedaba, alzó el vuelo con dolor, y se colocó al lado de Tierra para sostener con ella al ejército oscuro. Tierra miró a su compañero con preocupación. Pensó que si Fuego le veía en ese estado, se podían ir despidiendo del mundo, puesto que Fuego correría a salvarlo, aunque fuese a costa de toda la vida del planeta. Sonrió. No, "Fuego no haría tal cosa" se dijo "Kaoru sí..., pero por todos nosotros".
-¿Puedes aguantar? -preguntó el elemento terrestre por telepatía.
-Sí... al menos durante un rato... -contestó él de la misma manera.
-Se me ocurre un plan...
-Soy todo mente... -dijo a modo de asegurar que la escuchaba.
-¿Recuerdas como en tu Juicio, hicimos para que llegases primero?
-Sí, os pusisteis todos de acuerdo para que el poder oscuro rebotase en vosotros con un espejo de magia ancestral y los matase a todos...
-Pues se me ocurre que hagamos lo mismo...
-Pero pueden estar prevenidos ya... -dudó Agua.
-No lo creo... En esta situación tenemos dos salidas -reflexionó- A: Que sigamos así conteniendo el poder, y atacándonos unos a otros aguantando hasta que Fuego llegue, con lo que nos enfrentaremos al problema sobre el hecho de que nos puedan despistar o de que Agua oscuro salga de su jaula y cree otro ejército, con lo cual estaríamos muertos o...
-¿O?
-O B: Tratamos de acabar con ellos, y vamos a ayudar a Fuego... O al menos, de apoyarla con la decisión.
Agua mentiría si dijese que no quería estar con Fuego cuando diese la orden, mentiría si dijese que no se había preocupado tanto que casi pierde la vida. Y la verdad es que de las dos opciones, la que parecía más razonable era la opción B, aunque eso significase que tenían que encabezar un plan de lo más arriesgado que además podría volverse contra ellos.
-¿Y si fallamos en nuestro plan B? -cuestionó inseguro- Nos derrotarían y entonces Fuego...
-Pues hay un C...
-Explícamelo.
-La última vez que lo hicimos, fue a la primera porque no se lo esperaban... pero esta vez tenemos que hacerles creer que vamos a usar el mismo plan... Pondremos cada uno un sello autodestructivo en caso de que lleguen a intentar abrir la jaula de Agua. Apuesto a que inmediatamente después de que nosotros caigamos, tratarán de liberarlo, o de matarlo... sea como sea, tendrán que tocarla, y entonces...
-Boom... todos muertos...
-Lo único es que si no hacen nada por Agua Oscuro...
-Habrá que poner una trampa como esas de las minas anti-personas... -Tierra levantó una ceja sin comprender- Demos las gracias a las estrategias de guerra de hoy en día que me dan estas ideas... -sonrió- En el momento que sobrepasen unos metros, explotará de todos modos la jaula...
-Sí, es buena idea... ¿pero cómo hacemos eso?
-Si me permiten... -comenzó el guardián de Agua- tengo una idea...
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Pasó el tiempo sin que llegasen a comprender del todo en qué clase de situación estaban. Todo era confuso. Los combates cuerpo a cuerpo, el cansancio, la sangre, las trampas, la adrenalina disparada, el miedo. Estuvieron todos al borde de la muerte en más de una ocasión. Los ropajes de todos los guardianes y los ángeles a excepción de la llave, eran puros harapos ennegrecidos por la sangre que debido al tiempo ya comenzaba a secarse. Su poder, cada vez más escaso aún trataba de lidiar con la ardua batalla que parecía que no tuviese fin. Entremedias de todo el caos, las imágenes de la Tierra les venían a la mente. Había muerte, destrucción, terremotos, cadáveres. Todo anunciaba un fin nefasto, pero no podían dejarse vencer.
Agua y Tierra, después de poner una trampa al Tierra Oscura para acabar con él y con el Agua Oscura, habían terminado por casi morir, cuando sin calcular bien la distancia, se quedaron demasiado cerca de la trampa. Por suerte sus guardianes atentos pudieron frenar el poder que había llegado a ellos. Sin embargo, a pesar de haber ganado, y tener totalmente inmóviles a ambos Oscuros, su poder sólo les daba para avanzar muy despacio hasta el centro donde se encontraba el pedestal del Juicio. Doloridos y con la única determinación de estar presentes en el momento final llegaron a su destino y comprobaron como el Fénix estaba siendo el claro vencedor. El dragón oscuro que había salido de la jaula de la Guardiana de Fuego, acababa de ser doblegado junto con el Aire Oscuro, cuyo ejército, bastante diezmado trataba de volver a recuperar el control sobre una situación dominada por los defensores de la Luz que exhaustos, mantenían sus posiciones. No se podía bajar la guardia, no se podía tan siquiera respirar de más hasta que Fuego no llegase.
Agua al ver semejante espectáculo no dudó. Hizo acopio de todas sus fuerzas y alzó su vuelo, tenía que llegar a ella, tenía que apoyarla, tenía que estar ahí con ella, para ella aunque fuese en su momento de reflexión... y es que el Pedestal estaba muy lejos y el Fénix, para sorpresa de todos, acababa de llegar y se estaba posando sobre él.
Al contacto con el fuego, el pedestal comenzó a brillar con una luz cegadora y blanca que se alzó hacia el firmamento concentrándose en un punto que, expandiéndose como un globo, explotó produciendo un sonido hueco. Todos los oscuros alzaron su mirada al cielo con pánico. En una fracción de segundo, todos ellos fueron alcanzados por ráfagas de luz que les hacían caer inertes al suelo. Ninguno se libró, y todos en sus últimos momentos lanzaron miradas de odio. Abrasados por la luz blanca sus cuerpos formaban ahora un espectáculo digno de un reportaje de cualquier tortura en un campo de concentración. Los supervivientes, todos hijos de la luz, sólo podían mirar hacia el pedestal con profunda satisfacción. Fuera cual fuera el destino que ahora les esperaba, habían cumplido su cometido, y todos en mejores o peores condiciones seguían vivos. Había podido más la fuerza de la esperanza que la oscuridad.
Agua, con su mirada fija en el mismo sitio, siguió su camino hacia el pedestal mientras los demás, bajaban al suelo exhaustos y preparándose para lo siguiente. La Guardiana de Tierra buscó al Guardián del Agua con la mirada. Ennegrecida por la explosión al igual que él, ambos sonrieron abiertamente y se abrazaron conteniendo las lágrimas. Tierra ayudó al Aire a descender y ambos observaban como el Guardián de Aire y la Guardiana de Fuego bajaban exhaustos al suelo sin una expresión definible en sus rostros. Ambos miraban al pedestal ahí donde se dirigía Agua, y Fuego era su principal preocupación ahora.
El Fénix se había consumido al llegar, dejando a la verdadera forma de Fuego visible nuevamente encima de un montón de cenizas. Estaba de rodillas en el suelo, con la cabeza agachada y los ojos cerrados frunciendo el ceño de dolor. Sentía que se había abrasado y la boca le sabía a sangre, pero sabía que por más que todo le doliese, tenía que moverse. Abrió los ojos llenándose de su instinto, suspiró y se levantó. Cojeando de la pierna izquierda sin saber muy bien en qué momento la habían lastimado, y sintiendo que la distancia hasta el centro del pedestal era una barbaridad, a pesar de que se trataba solamente de unos metros, consiguió pisar el borde de ese lugar al que tenía que llegar. Se paró en seco y miró hacia su alrededor. Desde donde se encontraba no podía ver nada más que el cielo negro y la luz que proyectaba el propio suelo del lugar. Pensó un momento en dónde estarían todos, si estarían bien. Puso su mano derecha en el pecho y cerró los ojos. Sintió calidez, y pudo notar como todos los pensamientos de sus compañeros estaban fijos en ella. Estaban bien y todos y cada uno de ellos seguían con vida. Sonrió con dulzura mientras llevaba su cabeza al cielo. Era Kaoru quien miraba ahora hacia arriba, y era ella la que sonreía. Habían mantenido todos su promesa de no rendirse... y entre todos lo habían conseguido. Se sentó un instante al borde de esa línea que formaba parte de un pentágono dibujado alrededor del altar en el suelo, sin llegar a tocarla.
Era su momento de reflexión. Ahora tenía que definitivamente tomar la decisión que tanto habían esperado todos... y a pesar de tenerla clara, decidió tomarse unos minutos antes de volverse a levantar y dar la orden. Todos tenían que descansar un poco... Todos tenían que parar y centrarse... pero no, no sabía que sentir. No sabía qué tenía que sentir en momentos como este. Tenía una extraña sensación de estar viviendo algo irreal. Miró sus manos y las encontró ennegrecidas y ligeramente quemadas. Extrañamente creía que era la única parte de su cuerpo que no sentía dolor.
En su pecho ahora se concentraba un sentimiento indefinible, mezcla de satisfacción por haber conseguido llegar hasta ahí en primer lugar y de congoja. Empezó a acordarse de toda la gente que había sido importante para ella. De su familia, sus amigos, la gente de la Facultad, los momentos divertidos que había pasado, los vergonzosos, los tristes, los difíciles, los fáciles... No era nada fácil para ella pensar que iba a tener que decir adiós.
-Me hubiese gustado abrazaros a todos por última vez... Ver vuestra luz y vuestras sonrisas... Y cómo me gustaría estar sentada con todos vosotros en ese salón, hablando tranquilamente con una taza de té a mano. Disfrutar de esos pequeños momentos que hacían del mundo un lugar pacífico para vivir, un lugar digno de seguir adelante... -dijo en un susurro recordando todos y cada uno de los momentos que había vivido con sus compañeros y amigos, y alzando la voz y su mirada al altar continuó- Pero todos sabéis que no puedo permitirme ser egoísta... Las guerras, la codicia y el odio... no hay quién pueda parar la barbarie humana. Estamos destruyendo un planeta y un mundo que nos lo dio todo, y ni tan siquiera hemos sido capaces de actuar en consecuencia... Por muchas buenas personas que haya, siempre sufren las atrocidades del mal, y no podría vivir tranquila si dejo las cosas como están.
Las lágrimas iban a apoderarse de ella. Se sentía sola y vacía... y odiaba esos sentimientos. Se abrazó a sí misma intentando consolarse de alguna manera, pero no podía, las imágenes de todos sus seres queridos no paraban de llegarle, y pensaba que se iba a morir del dolor. Iba a dejar su mente de nuevo en manos de Fuego para no pensar más, pero la presencia de Agua la frenó. Rápidamente llevó sus ojos hacia el oeste y allí estaba él, volando tan rápido como le permitían sus alas, y con esa expresión de preocupación en su rostro que tanto le había caracterizado en los últimos días. Ella sonrió con lágrimas en los ojos, y dio gracias al cielo por poder estar con él aunque fuese sólo un momento. Él se dejó caer frente a ella en cuanto llegó unos minutos después.
-Sabía que llegarías la primera -le dijo mirándola con una mezcla de dulzura e inquietud.
Que estuviese ahí delante de ella, con esa mirada cálida, con esas ansias de protegerla, después de todo lo que había pasado, rompió todas sus defensas y sin poder contenerse más se incorporó y lo abrazó con fuerza, rompiendo en lágrimas. Sintió su calor y su inconfundible aura de tranquilidad y seguridad. Se acurrucó en su pecho. No quería dejar de abrazarlo... no quería moverse de ahí. No quería pensar en nada más...
Kenshin la sostenía con fuerza. Ella temblaba. Podía notar lo asustada que estaba, y lo sola que se había sentido. Se le rompía el corazón cuando recordaba que había estado a punto de dejarla sola con todos esos sentimientos. Por un momento se odió a sí mismo, y dio las gracias al cielo por seguir con vida para poder tocar una vez más a su pequeña... a su Kaoru.
-Te quiero... -dijo él con seguridad abrazándola aún más fuerte.
-No quiero... no quiero tener que hacer esto... no... no quiero... -dijo entre sollozos y escondiendo su cara en su pecho- ¿por qué? ¿¡Por qué tengo que hacer esto!? ¿¡Por qué!?
Sin poder responderla, y con el alma hecho pedazos, quiso estar él en su lugar y librarla de su sufrimiento. Entendió entonces la naturaleza de la decisión que había tomado, y miró al cielo buscando apoyo. ¿Por qué a ella le había tocado juzgar un mundo como ese? ¿Por qué ella no había podido encontrar la felicidad en el mundo? ¿Por qué ella tenía que sufrir por todos? ¿Por qué?
-Kaoru... -dijo abrazándola aún más fuerte- si... si esta es tu decisión yo... te ofrezco mi vida...
Ella sorprendida alzó la mirada para buscar en la mirada de él una razón a lo que acababa de decir. Después hizo un amago por sonreír y le puso una mano en la cara, acariciándole la mejilla y él dejó de abrazarla expectante, buscando una respuesta a su proposición. Pero ella lejos de dársela, le besó con dulzura el labio inferior y volvió a mirarle.
-Gracias por todo, Kenshin -dijo cogiéndole una mano con fuerza y dejándole aún más descolocado.
Kaoru seguía con lágrimas en los ojos, pero le estaba sonriendo. ¡Le sonreía! ¡A él! ¿Por qué? ¿Qué era lo que iba a hacer?
-Dime esa frase... Esa que siempre dices... -Pidió, mientras le soltaba la mano y retrocedía un paso.
Kenshin pensó por un instante sin saber muy bien a dónde quería llegar y suspiró.
-Algún día seguro que nos volveremos a encontrar...
La muchacha se dio la vuelta sonriendo entre lágrimas y dejando su cuerpo de nuevo a Fuego que con determinación entró en el pentágono. Ante la mirada desconcertada de Kenshin, que no entendía, o no quería entender qué era lo que iba a pasar.
-El Fuego, llave del Juicio se presenta ante el altar. -Dijo alzando la voz a la vez que colocaba sus manos frente al altar.
De sus manos comenzó a salir una luz amarilla muy brillante que cegó sus ojos durante unos instantes. Cuando volvió a abrirlos, la espada del Juicio estaba frente a ella. La cogió con fuerza con la mano derecha e inmediatamente sintió su poder. Un poder que la envolvía y la llenaba de fuerza. Cogió aire y se colocó mirando al Sur ante la mirada atenta de Agua que retrocedía unos pasos para no molestar. Alzó la espada y trazó una estrella de cinco puntas, acabándola en su esquina superior con la espada alzada al cielo. Entonces cerró los ojos.
-Yo, por el poder que me fue concedido por mi predecesor y opuesto, el Ángel del Agua, invoco, aquí y en este momento, al Ángel del Juicio.
Agua tragó saliva y cogió aire inmediatamente después involuntariamente. ¿El Ángel del Juicio?... no, no quería encontrarse con él. ¿Por qué diablos Kaoru no podía ser egoísta sólo por una vez y dejar las cosas como estaban? Él a pesar de saber que esa era su misión, a pesar de saber que era lo que se tenía que hacer, no pudo evitar comenzar a sentirse nervioso por cuál serían las consecuencias de la decisión final de su pequeña.
En el cielo, surgió de nuevo una luz blanca que descendió hasta el suelo del Pedestal, unos segundos después, ante ella estaba el Ángel del Juicio, que no era ni más ni menos que la forma humana de Mer que sonreía al encontrarse con la expresión descolocada de Fuego.
-Te noto sorprendida... Yo tampoco sabía hasta hace unos segundos quién era en realidad. Ha sido toda una sorpresa... Pero no estamos aquí para hablar de ello.
-Disculpa mis modales -dijo el Fuego conteniendo a la humana en él, y postrándose ante el Ángel del Juicio.
-Me has llamado, y ese hecho tiene consecuencias, y supongo que ya las sabes...
-Las sé... -Asintió cerrando los ojos
-Entonces no diré más de lo necesario para que no se nos haga más difícil a ninguna de nuestras dos almas mortales. ¿Qué eliges? ¿Quién tomará las consecuencias y quién regenerará?
-Yo voy a ser la responsable de esto, así que yo asumiré las consecuencias...
Agua observando la escena sintió como su corazón se paraba para partirse en dos en ese preciso instante... Por su parte el Ángel del Juicio no pudo evitar su sorpresa y dio sin querer un paso hacia atrás. Miró a Agua y después volvió su mirada a Fuego, sin querer comprender. En todas sus vidas no había pasado nunca nada semejante. En ningún juicio la llave había asumido las consecuencias de su decisión en sus propias carnes y ¿precisamente era el altivo y cabezota de Fuego el que lo iba a hacer?... ¿precisamente Kaoru? ¿Sin pestañear? ¿Sin ser siquiera un poco egoísta?
-¿Estás segura? -preguntó en un intento de ver si simplemente se estaba haciendo la noble o si de verdad lo sentía así
-Sí -asintió con lágrimas en los ojos.
-¿Sabes lo que eso significa?
-Sí... -volvió a asentir con una expresión rota.
-¿Y aún así?... ¿Por qué? -El Ángel del Juicio se contagió de la emoción del Fuego y comenzó a sentir un terrible dolor en el pecho.
-¿Cómo voy a sacrificar a ninguno de mis amigos? Ellos no se merecen esto... ninguno. Ellos lo han dado todo por mi... me sacaron de la soledad más absoluta, me han dado amor, comprensión, sonrisas... son los mejores amigos que nadie pudo haber tenido y sin embargo, yo nunca pude abrirme del todo a ellos. Nunca me mostré como hubiese querido, siempre tuve miedo... Y ese miedo no puede ser el que levante un nuevo renacimiento. No soy digna de crear un nuevo mundo. Ellos lo harán muy bien, mucho mejor de lo que yo lo haría... -afirmó con rotundidad cerrando el puño izquierdo con fuerza mientras el derecho agarraba aún más fuerte la espada.
Agua sabiendo que no podía decir nada, se mordió el labio y sin poder contener más las lágrimas, comenzó a llorar. Finalmente había fracasado en su intento de protegerla...
-¡¡Llévame contigo, Fuego!! -gritó, aún sabiendo que no se podía entrometer. Ambas le miraron y Fuego se acercó unos pasos con serenidad, como aquel que sabe cuál es su destino y lo ha aceptado sin miedo.
-Tu amor será el que hará el nuevo mundo un lugar hermoso... -dijo cogiéndole nuevamente de la mano y sonriendo- No puedo condenarte a sufrir esta decisión... no a ti. Te quiero demasiado.
Él gimió de dolor presa del llanto.
-¿Recuerdas? -preguntó ella- Nos volveremos a ver...
El Ángel del Juicio sin querer alargar más la agonía señaló al Fuego alzando su mano y captando la atención de ambos
-Esto no había pasado nunca antes, y estoy convencida de que no será un sacrificio en vano. Te has ganado mi respeto y mi admiración...
-No soy digna de la admiración de nadie. Sólo soy una cobarde... -reflexionó Fuego- ¿Podemos dejar de hablar, por favor? No quiero pensar más, acabemos con esto...
-Sí...
Antes de ponerse en acción Fuego volvió su mirada a Agua. Estaba en el suelo, llorando desconsoladamente mientras la miraba.
-Gracias por todo... Kenshin -dijo dándose por fin la vuelta y llenándose de luz.
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-¡¡¡KAORU!!!
El grito de Kenshin les llegó a todos, haciéndoles llevar sus manos a sus oídos en un reflejo involuntario. Alzaron la vista al Pedestal y vieron como inmediatamente una luz rojiza salía de él. Tras esa luz, el Ángel del Fuego emergió volando en llamas. Todos se quedaron sin respiración al comprender la razón del espectáculo. El Ángel del Fuego se paró en lo más alto posible del firmamento y de sus pies comenzó a surgir un fuego que terminaría por envolverle en una burbuja que empezó a escupir bolas y ríos de fuego que comenzaron a abrasarlo todo a su paso, cual volcán en erupción...
Todo era destruido... menos ellos... Todos ellos, protegidos por una luz blanca que provenía del poder del Ángel del Juicio, vieron como en ese plano y en el mundo real, la destrucción acababa con toda la vida existente sobre el planeta. Las ciudades, los pueblos, los árboles, los ríos, los mares, todo el planeta se transformó en una gran bola quemada y todos estaban demasiado sorprendidos y alarmados como para poder reaccionar de ninguna manera.
Kenshin al lado del pedestal, y muy cerca de ella, observaba el espectáculo sin poder contener las lágrimas. Sentía que no había podido salvarla, que el sufrimiento afincando en su corazón había sido demasiado grande... Si tan sólo él hubiese dejado su máscara y hubiese comprendido antes sus sentimientos... Si tan sólo hubiese podido salvarla... Pero ¿cómo había sido tan idiota como para dar su vida por todos ellos? ¿Cómo había sido capaz de sacrificarse a sí misma sin siquiera pensar por un instante en que sacrificando a otro podría al menos haber construido un mundo de esperanza...
El Ángel del Juicio estaba lanzando todo su poder que era canalizado por Fuego, para destruirlo todo a su paso. Sostener un poder capaz de destruir el planeta completo era algo que ni los 4 elementos juntos podrían soportar. El precio de la destrucción siempre había sido el sacrificio de algunos, y la renovación siempre había sido el trabajo de los elegidos como supervivientes. Agua recordó como en el Juicio de Tierra el sacrificado había sido también Fuego. Tierra le señaló como el sacrificado en esa ocasión puesto que el mayor poder destructivo está en el Fuego, y además, con Fuego había sido con el que había tenido más diferencias en esa vida... Sin embargo, en esta ocasión, era Fuego quién había decidido sacrificarse a sí mismo, porque se sentía inferior al resto... Pensó que era ridículo... Fuego, que siempre había sido considerado como el creído y autosuficiente del grupo, resultaba ser el más inseguro y débil de todos, una llama tan pequeña, que un simple soplo de viento, un grano de arena, o una gota de agua, siempre habían podido consumirla.
El dolor en su corazón empezaba a ser insoportable, y ver el espectáculo de fuego y destrucción no le consolaba en absoluto. La estaba viendo morir consumida por sus propias llamas. Cerró los ojos y comenzó a cantar entre lágrimas una última canción que esperaba llegase a Kaoru. Para al menos darle la seguridad de que seguiría ahí, para llenarla de esperanzas. Una canción que había compuesto para ella, por si este momento llegaba...
Si abrazada con estas manos, consigues dormir
Entre mis brazos lo borraré todo por ti.
Si renacemos
Y nos volvemos a encontrar sonriendo
"No te habré olvidado"
"No llores más" dijo el cielo con dulzura
El invierno llega a la vez que los que han caído llaman a la primavera.
Muéstrame la sonrisa de aquel día en el que nos conocimos.
Y desaparece junto a los niños que se aferran a tus pálidas manos.
Las lágrimas derramadas se convierten en esta nieve...
Si abrazada con estas manos, consigues dormir
Entre mis brazos lo borraré por ti.
Si renacemos
Y nos volvemos a encontrar sonriendo...
"No te habré olvidado"
En los momentos felices sonreías con cara avergonzada,
Esas pequeñas cosas de las que nadie se daba cuenta, son muy preciadas para mi.
Por favor toca estas manos una vez más.
Si es un amor que se puede borrar con un duro abrazo
Por favor que alguien borre este dolor.
Este mundo que te atrapa tiñéndote de blanco
Anunció el final del sueño
Porque en este mundo en el que en algún lugar estarás sonriendo
Que estos pensamientos que no puedo parar
lleguen al lugar donde estás...
Si puedo salvarte ofreciendo esta vida
Te mostraré como sonrío mientras mi cuerpo se quema.
Si renacemos de nuevo
Y nos encontramos sonriendo
"No te habré olvidado"
"Yo no te olvidaré"
Según terminó de cantar, la bola de fuego que era Kaoru se apagó y volvió a mostrar su cuerpo, ahora totalmente abrasado. Fue entonces cuando Kenshin vio como le miraba. Estaba llorando y con sus últimas fuerzas, a lo lejos trataba de alzar una mano para señalarle mientras con la otra se agarraba el pecho. Cerró los ojos dejando escapar las últimas lágrimas y no los volvió a abrir...
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Misao
Me resulta extraña esta paz... no se escucha nada, ni siquiera un paso o el crujir de la seda de nuestros vestidos. A mis pies, cadáveres... es curioso cómo me he acostumbrado a verlos... Delante de mi, una luz rojiza lo inunda todo y un ángel levita en el firmamento con una espada... negra. Quise entonces preguntarme el por qué de esta situación, de cómo habíamos llegado a parar en ella y cuándo había cambiado nuestra vida tan de repente. En ese momento, muchos recuerdos vinieron a mi mente. La alegría de los primeros días de mi estancia en Tokyo, se había transformado ahora en un pozo de incertidumbre. Pero no puedo quejarme, no debo. Yo elegí ser lo que soy, y no desistiré. Además, juré que protegería a una persona con mi vida, y he intentado cumplirlo.
Ahora sólo quedan cenizas...
Fuego... Kaoru... Mi amiga. Tu sonrisa se ha disipado y se ha convertido en humo. No te reconozco como la que fuiste antaño... tu cuerpo, rodeado de un resplandor rojizo amarillento, desprende un calor que derrite hasta el más fuerte de los pensamientos malvados, pero también tu incertidumbre ha sido la culpable de la situación que vivimos ahora. ¿Debimos haberte apoyado más? ¿o quizá éste fuera el destino que las estrellas nos habían fijado? Sea como sea, haremos renacer todo, no te preocupes. Tu sacrificio no será en vano... Crearemos un nuevo mundo, muy bonito y lleno de flores y de mares limpios, como a ti te gustaba... Nos volveremos a ver en él ¿verdad?
Agua... Kenshin... Mi amigo. Tus sentimientos han terminado por salir a la superficie a pesar de que has estado tratando de esconderlos dentro de hermosas melodías. Trataste de hacer lo imposible por salvar un mundo que no tiene salvación, pero te has dado cuenta de que llegas demasiado tarde. Aún así, admiro tu capacidad de resistencia y tu gran determinación. Sin embargo, tu corazón siempre se derretirá si te acercas a fuego... Espero que ahora tengas fuerzas suficientes para cumplir la misión que nos deja Kaoru...
Viento... Shougo... Mi amigo. Tú, el que siempre dudabas de todo, el que más vueltas le daba a las cosas, resulta que has sido el que has conseguido crear el orden en los momentos caóticos. Tu doble naturaleza muestra una persona que no le importa intentarlo millones de veces y caerse billones de veces si sólo por una vez consigue lo que se propone.
Guardianes... mis compañeros. Como yo, habéis tratado de dar lo mejor de vosotros mismos, cuando os miro me doy cuenta de cómo nos parecemos y de lo mucho que os aprecio. Sobre todo a ti, Aoshi, Guardián de Agua y de mi alma. Por ti me he convertido en la que soy, y gracias a ti continúo en pie.
Tierra... Megumi... Mi protegida, y mi gran amiga. Tu seriedad y tu tranquilidad siempre contrastaron con un fondo inquieto y alegre. Gracias a tu cabeza siempre fría, hemos podido afrontar más de una desavenencia. ¿Qué hubiese sido de mi existencia, ligada a la tuya desde tiempos inmemoriales, si no hubiese tenido la oportunidad de conocerte como amiga? Nunca olvidaré esto que me diste, esta confianza que ahora tengo. Sé que Sanosuke y tú podréis ser felices algún día, quizá en otra vida ¿ne?
El silencio...
Así que esto era lo que Kaoru soñaba y de lo que nos hablaba los últimos días Fuego... Me entran escalofríos sólo con pensar que estas visiones que la han atormentado, sean ahora una realidad. Quizá sólo ahora soy capaz de comprenderte, amiga. Siento no haberlo hecho antes como habría debido. Así como siento no haberme despedido como Dios manda.
Lágrimas derramadas...
Un sonido... ¡alguien llora! Los oídos conducen a mis ojos a la persona de la que proviene el sollozo. ¡Es Kenshin! Su cuerpo está bajando a este lugar y ha caído de rodillas, doblándose después hacia delante y sin poder contener el llanto. Según me acerco observo que todo él esta malherido. Está totalmente abrasado y ahora mira hacia el cielo buscando el origen de sus quemaduras. Ella.
Preferí detenerme, mi presencia ahora podría molestar... así que me quedé a una distancia prudencial. El hombre que había ante mis ojos ahora, cogía con sus manos una pluma negra que había estado flotando sobre el aire y la llevó hasta su pecho. Sus ojos, clavados en la misma persona, y su expresión inalterable, le daban un aspecto hermoso a pesar de las circunstancias. Estoy segura de que ahora es incapaz de saber qué hacer debido al dolor... Kaoru se ha sacrificado por todos, incluido él, y seguro que él hubiese preferido sacrificarse con ella y morir a su lado, en vez de vivir unos últimos momentos sin su presencia...
-Nadie podrá culparte nunca, Kaoru... Nadie, nunca jamás... Nunca. -susurró-
Sus palabras, apenas audibles entraron en mi alma con fuerza y no pude evitar romper en lágrimas yo también.
-¡¡Nadie podrá culparte nunca, me escuchas!! ¡¡NADIE!! -gritó con fuerza y se me desgarró el alma- ¡¡Kaoru!!... -dijo sin poder contener su dolor- Vuelve...
Lo poco que pude ver entonces a través de mis propias lágrimas, fue la imagen de un Kenshin destrozado y presa del llanto más doloroso. Fugazmente, mi mente me llevó a poner mis ojos en ella. Me sorprendí al comprobar cómo el grito de Kenshin había llegado hasta allí y la había sacado de ese estado totalmente inerte en el que se encontraba. Temblorosa y con dificultad, sus alas a punto de romperse la hacían descender hasta llegar a ponerse en frente de él. Ahora que estaba más cerca pude comprobar cómo su rostro, y en general toda su figura que antes derrochaba vida, ahora anunciaba una muerte inminente. Sin embargo, algo no la dejaba descansar en paz, por algo seguía de pie sosteniendo su espada entre las manos con los ojos cerrados.
Kenshin se levantó de un salto y corrió hacia ella para abrazarla. Según sus manos la tocaban, se desprendía un vapor extraño alrededor de ambos cuerpos. Fue en ese momento cuando las alas de Kaoru se rompieron convirtiéndose en una luz roja que se evaporó en el aire, y entonces cayó inerte sobre los brazos de Kenshin. Ella ya no se movía... por un instante pensé que parecía un cuerpo sin alma pero debió de haberla conservado hasta que finalmente soltó la espada y el sonido que produjo esta al chocarse contra el suelo, sacó a todos del letargo en el que se encontraban...
Miré rápidamente hacia todos los lados, el guardián de agua, de fuego, de viento, el Aire mismo, la Tierra, que habían permanecidos hasta ahora en el suelo, abrieron sus ojos y se dieron cuenta de que seguían vivos gracias a su sacrificio.
Un nuevo sonido, el de una persona cayéndose. Cuando me giré Kenshin sostenía en sus brazos a Kaoru y la miraba sin poder o sin querer comprender. Ella, ahora parecía feliz. Con los ojos cerrados y en los brazos de la persona a la que más había admirado, querido y adorado. Ya no había ningún símbolo en su frente, ya no emitía ningún destello. Mi corazón nuevamente se detuvo... Fue entonces cuando alguien me abrazó por detrás. Sabía que Aoshi estaba a mi lado.
-¡¡Kaoru!!
El grito desconsolado de Megumi sacó a los demás de su incertidumbre y todos se acercaron hasta llegar alrededor de la escena principal: Kenshin, en el suelo, con Kaoru en brazos, abrazándola con fuerza y moviéndola para que despertase. Las lágrimas que caían a borbotones por sus mejillas, contrastaban con su rostro habitual de serenidad. Gritos y peticiones de salvación para ella. Llantos. El eco proveniente de todo ello creaba una atmósfera funesta.
-Su cuerpo... ¡está frío!
Kenshin desesperado continuaba moviéndola.
-Déjame intentar darle un poco de calor.
El guardián del propio fuego, puso sus manos en la frente y en el pecho de la muchacha. Un resplandor rodeó el cuerpo de ella. Quizá hay un lugar para la esperanza en este escenario tan sombrío...
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Kaoru
La noche se cierne sobre la ciudad blanca. Mirando al cielo me pregunto cómo puede haber cambiado tanto. Las olas ya no llegan a los acantilados, los sonidos del bosque ya no se escuchan, la suavidad de las flores ya no se siente; el sabor es amargo... Sin embargo, en la penumbra todo conserva su color blanco a pesar de que el reflejo de la Luna da muestras de cansancio y se oculta entre las nubes esponjosas, nubes rojas...
El rencor, el odio, el miedo, la lucha, la destrucción y ahora tranquilidad. ¡Cuántos sentimientos se han enfrentado! ¡Qué ardua lucha! ¿Cómo es posible que la ciudad siga siendo blanca?
Me incorporo, pues llevo mucho tiempo sentada. En un vano intento por sonreír, la última lágrima de mi rostro cae al suelo y es absorbida por la Tierra seca. Me doy la vuelta, estoy sola. Camino en dirección contraria a la Ciudad Blanca. La culpa se cierne sobre mi pecho y siento punzadas intermitentes en mi corazón. Sé de sobra que nadie me escuchará, pero grito y vuelvo al suelo. De rodillas mis puños se pelean con la Madre Tierra. Pierdo ante ella, y termino más cansada de lo que ya estaba y con las manos ensangrentadas y llenas de polvo... aunque la sangre no es solo mía. "¿Me habré vuelto loca? ¿Es esto la realidad? ¿¡Es culpa mía!?"
Rabia, impotencia, dolor, angustia, pánico, soledad. Todo tiene sabor amargo, un olor desagradable, un tacto áspero, pero no se oye nada y está oscuro. Todo menos la Ciudad Blanca.
Vuelvo sobre mis pasos y me doy cuenta de que el viento revuelve mi pelo. Sonrío "ya no estoy sola" "el viento es húmedo, y trae restos de tierra". Corro hacia la Ciudad Blanca.
En medio de escombros, entre las antorchas encendidas, en el último rincón de la ciudad están ellos, mis compañeros, mis amigos, las personas a las que más quiero, los que siguieron mis pasos esta vez están aquí ¡y están vivos! Me esperaban, lo sé. Me había perdido en las sombras, pero ahora están frente a mí... y siento su calidez en mi pecho. Alegría contenida que brota en mi interior. Un abrazo, un beso, una mano. No estamos solos, y no somos los mismos de antes. ¡Ay que ver cuánto ha cambiado todo el mundo aunque la ciudad siga siendo Blanca!
=:FIN:=
Notas de la Autora
He llorado, como no os podéis imaginar escribiendo este capítulo. En algún lugar de mi corazón no quería acabarlo. No quería llegar a este momento. Esta ha sido la historia de mis últimos 4 años. Toda mi carrera Universitaria la he pasado finalizando este fic en el que al final he terminado descubriéndome a mi misma. Sé que esta historia permanecerá siempre en mi corazón, y sé que nunca podré olvidarme de todo lo que me ha hecho sentir. Al final va a ser verdad que casi todos los Universitarios escribimos nuestras primeras obras en la Facultad... Espero que os haya gustado.
Este es pues, el último capítulo que yo había proyectado.
Pensé que una parte sería para el capítulo del fin de la lucha en sí, y otra para este final en la mente de Misao... Pero escribiéndolo me arrepentí y finalmente lo puse todo en uno para no liaros más todavía con el final.
Un final que sé que a la mayoría no les va a gustar porque termina ambiguo y triste...
No obstante, estoy abierta a escribir un último capítulo a modo de Epílogo si es que queréis saber qué pasaría después, y si es que queréis que haya final feliz claro.
Si un mínimo de 10 lectores quiere que escriba ese epílogo, lo haré encantada. (Decidme por Reviews ^^)
Por si acaso yo ya me despido de todos mis queridos lectores.
Muchas gracias por haberme seguido hasta aquí
Muchísimas gracias por esos reviews maravillosos que me han hecho tener ganas de continuar. Que me han hecho reír, y que en su día me han levantado el ánimo. Vosotros sois los mejores lectores que una humilde y mala escritora como yo, puede tener. Mil gracias a todos.
Con este fic, termina una etapa en mi vida. Llena de momentos que sin duda no olvidaré, entre ellos, ese año que pasé en Japón. El futuro se presenta incierto pero, sé que sea como sea, poco a poco, todos conseguiremos alcanzar nuestros sueños... yo incluida.
Este final, para mi como veis no es sólo el final de una historia, sino el final de muchas cosas en mi vida. Me voy a tener que despedir forzosamente de mucha gente y no es algo que me agrade. Sin embargo, como dice siempre él: "Algún día, nos volveremos a ver y sonreiremos" Y con esas palabras yo me sigo quedando, y con esas palabras quiero dejaros a todos.
Gracias a todos
Y como siempre en especial: Gracias a ellos, a ellas y a Él.
Sed felices
