Capítulo 36
Los Ojos
A pesar de los contratiempos, logré poner a la flor negra de mi lado y así, mantenerme a salvo, por el momento. Sabía que él podría protegerme de cualquiera que me quisiera hacer daño, incluso de esa niña de pelo azul llamada Penny.
Pero resultó que flor negra también mantenía a raya a cualquiera que quisiera ser mi amigo. Nadie quería acercarse a mí, excepto por Tío, y ella me dijo que flor negra andaba por ahí diciendo que yo era su flor. Me molesté mucho y fui a confrontarlo.
Lo encontré en la arena de entrenamiento junto con otros mamodos que se veían muy rudos y peligrosos, casi tanto como él. Me encogí de hombros y decidí no molestarlos y esperar pacientemente.
Tan pronto flor negra me encontró con la mirada, sonrió maliciosamente y se acercó a mí. Era momento de decirle lo que pensaba. Traté de ignorar como me temblaban las rodillas a medida que se iba acercando a mí. Tenía que manejar a este mamodo con delicadeza o podría molestarse conmigo y aplastarme con un conjuro.
Él se dirigió hacia un lugar más apartado y lo seguí en silencio. Fuimos a los calabozos, donde lo había encontrado la primera vez. Recordé que allí me había besado. Ugh...mi cuerpo se tensionó y comencé a enredar y desenredar mis dedos, mordiéndome el labio de nuevo.
Fruncí el entrecejo para que supiera que estaba enojada y me crucé de brazos. Él volteó hacia mí con esa sonrisa perversa y maliciosa otra vez, tragué en seco cuando sacó una mano del bolsillo e hice mi mejor esfuerzo para mantenerme tranquila.
Flor negra jaló mi cabello y echó mi cabeza hacia atrás. Lo último que supe fue que me estaba parando en puntas de pie, y que estaba siendo besada bruscamente de nuevo.
¿Qué era lo que tenía que decirle? Bueno, le diré mañana.
Fue como si entrara en trance, no sabía lo que estaba haciendo, y cuando me di cuenta...
—¿Qué? ¿Qué pasó? ¿Dónde estoy?
De repente aparecí en la arena
—¿Cómo llegué aquí?
Todavía sentía las mejillas rojas, la respiración agitada. Flor negra estaba a un costado de la arena con los otros mamodos y había un pequeño niño rubio delante de mí diciéndome algo. Aww, era Zeno y se veía un poco machacado. Me pareció que había recibido muchos ataques.
—Suerte —me dijo.
—Perdón, ¿Qué dices?
—Que tengas suerte —me repitió, y me di cuenta de que en el otro extremo había otra mamodo lista para atacarme. Era Cherish.
Entré en pánico, comencé a temblar y creí que me desmayaría.
De pronto, lo recordé todo. Había alguien más en los calabozos, Cherish y Ted.
—¡Muy bien, Brago, mi chica contra la tuya! —dijo entusiasmado, al ver cuando flor negra me besaba.
Escuché un gruñido en respuesta, un clic con la lengua. Flor negra me miró como preguntándome qué opinaba, y yo asentí sonriendo como una tonta. La cabeza me daba vueltas, mi mente estaba en blanco. Y ahora me iban a hacer pedazos.
Muy pronto me vería como Zeno. ¡Aish! Iba a morir, ahí, justo ahí, y no en la batalla de los Oráculos.
Cerré mis ojos con fuerza cuando Cherish me atacó. No sé bien qué pasó, pero cuando los abrí de nuevo, Cherish me miraba con asombro junto con todos los demás mamodos.
—Wuaw, eso fue increíble. Te luciste, Una-chan —dijo Zeno.
De pronto todos estaban rodeándome y dándome palmadas en la espalda. Cherish no parecía herida, pero sí algo cansada, como si hubiera lanzado varios hechizos. Y yo seguía en una pieza.
Tenía que ir a la enfermería después, solo para comprobar si mis lagunas mentales no eran algo serio.
No recordaba lo que hice. Le pregunté discretamente a Zeno qué fue lo que había hecho, y él me dijo que había usado un conjuro defensivo.
No recordaba ni cual era, pero me alegré de estar aún viva, todavía tenía chance de ir a morirme en la batalla de los oráculos.
Le sonreí a la flor negra pero él parecía muy molesto conmigo. Lo seguí hasta fuera de la escuela.
Cuando estuve a punto de llamarlo, me di cuenta de que, desde que lo conocí no había cruzado palabra alguna con él ni él conmigo.
Era increíble, ni siquiera me había presentado. Estaba demasiado asustada como para decir algo elocuente.
—No se suponía que debías tener esa clase de conjuro defensivo —me dijo, antes de que pudiera decir algo.
Era la primera vez que escuchaba su vos.
—Se suponía... que yo iba a protegerte —me volvió a decir.
Si, ese era el plan. Yo tampoco sabía que tenía un conjuro así, ni cría ser capaz de invocarlo una segunda vez.
—¿Eres una de los elegidos para luchar por la corona? —me preguntó—. Porque si lo eres...
Ho claro. Seriamos rivales y tendríamos que luchar entre nosotros si se llegara a dar la oportunidad.
—¿Sabes lo peligroso que es? —me preguntó, caminando de un lado a otro como una fiera nerviosa.
Sabía que había mamodos que habían sido convertidos en piedra por Golem y no habían podido regresar.
Flor negra se veía afligido, preocupado, angustiado.
Si él tuviera que luchar conmigo en el mundo humano ¿podría hacerlo? Y si tuviera que quemar mi libro ¿Le preocupaba que yo lo odiara por eso?
Todavía no le había dicho que era participante de una batalla muy distinta, una que se llevaría a cabo antes que la suya. Y que era tanto o más peligrosa, porque los oráculos podían usar sus poderes para retroceder el tiempo y borrar la existencia de otros, o adelantar el tiempo y acabar con la vida de otros.
Era muy probable, que con mi nivel y sangre mixta, yo no regresara.
—No fui elegida para participar de la batalla por la corona —le dije, y noté como me miro sorprendido y de repente toda la tensión de su cuerpo desapareció.
Le dije a la flor negra que yo tenía otro propósito diferente. Ser oráculo ciertamente no, pero ser guardia del bosque de las flores, sí.
Lo siguiente que supe fue que estaba sentada sobre sus piernas en la cima de un árbol tratando de escapar de su agarre.
Me molestaba que pudiera atraparme con un solo brazo y que dejara su otra mano tranquilamente metida en el bolsillo.
Trataba de decirle algo muy importante mientras él mordisqueaba mi oreja y no me prestaba la debida atención.
—Hum...ngh...sabes que me encanta estar contigo y... y... y que te quiero mucho pero...no creo que seamos el uno para el otro. Porque...porque cuando me convirtiera en guardiana...
Creo que de alguna forma logre decírselo, acerca de mi conversión a guardiana de las flores, mis ojos cambiarían, se tornarían más claros y yo...dejaría de sentir...
—Los guardianes deben ser neutrales y cuando mis ojos cambien...podré ver a todos por igual —dije, emocionada.
Vería el mundo en gris, ya sin colores. Mis emociones desplazadas me permitirían hacer mejor mi trabajo y cuidar de todas las flores por igual, sin aprovecharme ni hacer daño a ninguna.
Al convertirme en guardiana yo ya no podría amar. Y cuando él comprendió esto se quedó quieto y en silencio, sopesando todo.
Yo ya no podría amar. Yo ya no lo amaría. Yo nunca lo amé en realidad.
—Pero, eso no quiere decir que te odiaré, si en eso estás pensando. No podré sentir nada —dije, tratando de que sonara mejor. No funcionó.
La flor negra no se mostró aliviado y me preocupé un poco de que me impidiera cumplir mi sueño de ser guardiana. Traté de idear una forma de que eso no sucediera.
—¿Preferirías...que me convierta en guardiana, o que participe en la batalla por la corona? —le pregunté.
Sabía que le angustiaba que fuera al mundo humano a luchar, pero ser guardiana significaba que yo dejaría de amarlo.
Sentí que la mano que tenía en mi cintura empezaba a temblar. Flor negra se estaba mordiendo el labio inferior y su pecho se expandía y contraía más rápido.
Me di cuenta de que fui demasiado cruel al pedirle que tomara tal decisión, demasiado cruel al acercarme y despertar sentimientos en él para luego decirle que no podría corresponderlo. Estaba jugando con él.
No creí que llegaríamos a tanto, creí que solo seriamos amigos o que probablemente me diría que me largara. No esperaba esto, no esperaba que se enamorara o algo así, de mí.
Esta culpa…
—Ve y... conviértete en guardiana del bosque —me dijo, sin mirarme a los ojos.
Él no parecía feliz, pero era mi sueño ser guardiana. Si sobrevivía a la batalla de los oráculos deseaba cumplir mi sueño. Asentí y apoyé mi cabeza en su hombro. Sentí que sus brazos rodearon mi cuerpo y se aferraron a mi espalda.
Tenía tantas ganas de llorar. Estaba tan asustada y nadie me había abrazado. Todos esperaban que simplemente fuera a esa batalla de Oráculos porque era mi destino. Nadie me había preguntado si tenía miedo, o si quería ir.
Las lágrimas se me derramaron. Y mucho me temo que Flor Negra haya pensado que lloraba por él, porque lo amaba. No quería confundirlo más, pero aquello era mejor que decirle la verdad.
Cuando desaparecí todos creyeron que había regresado a mi escuela sin despedirme. En realidad, había sido enviada al más allá del mundo humano, a luchar en el mundo de los muertos.
Solo tenía una cosa en mente al principio: "No dejes que te maten y regresa con vida. Sobrevive. Regresa" ni siquiera pensaba en ganar la batalla.
En todo el tiempo que estuve ausente, el lector de mi libro me enseñó muchas cosas. Fue como un mentor y a la vez un padre para mi. A diferencia de mi verdadero padre que tenía "los ojos" y no podía amarme a mi o a mi madre más que a cualquiera, mi lector luchaba y arriesgaba su vida por mi victoria.
Así que me permití, por primera vez, el deseo de ganar y de convertirme en el Oráculo del Reino Mamodo. Y si lo hacía, no tendría que pasar por el cambio, ni dejar de amar a ese mamodo terrorífico al que no amaba.
Pensé mucho en Flor Negra, en las dos veces que me había besado y en el abrazo que me había dado. Significó tanto para mi que me encontré extrañando su aterradora presencia.
Pero no se podía soñar con sangre mixta en las venas. Scary, un oráculo superior de sangre pura finalmente me derrotó. Quemó mi libro y me regresó al mundo mamodo.
Había estado en el mundo de los muertos luchando por salir con vida y en todo aquel tiempo, lo único que me había ayudado a mantenerme firme había sido la flor negra, ningún oráculo me resultó más atemorizante que él, y aunque le temiera y me diera escalofríos quería verlo una última vez antes de perder mis ojos.
No era mi sueño lo que me había dado la fuerza para regresar con dignidad, y quería decírselo cuanto antes.
Y entonces vi unos extraños nubarrones y destellos.
—No luches contra ello, Una —me dijo papá—. Es el cambio.
Espera…
Todavía no. Tengo que decirle a flor negra que…decirle que...que...
No lo recuerdo.
Cuando regresé a la escuela todos me rodearon preguntándome si había estado enferma. Notaron que me veía muy malherida y se preocuparon por mí. Pero yo ya estaba a salvo, era el fin de mi pesadilla.
Volvía a mi cuento de hadas, al bosque.
Recuerdo a la flor negra tomándome de los hombros, mirándome, buscando algo en mis ojos con desesperación.
Finalmente dejó caer sus brazos y me miró con una honda tristeza.
—No te preocupes —le dije—. Cuidaré bien de todas las flores mamodo por igual.
