Cap. 34

Candy miró a Albert. Éste le indicó con la mirada que saludara a quienes él le iba a señalar.
Ella comprendió inmediatamente.

- Agradezco enormemente al señor William que me haya presentado con tanta ceremonia. Si he de serles sincera, yo no estoy acostumbrada a estas reuniones. Pero en esta ocasión, estoy respondiendo a un deber filial con el señor Andley quien me ha tratado siempre con respeto y dignidad.
Todos aplaudieron la forma en que Candy se había expresado.
Albert estaba agradecido y al mismo tiempo, sorprendido de la manera en que Candy había logrado manejar la situación.
Sin embargo, sabía que eso no terminaría de acallar ciertas voces.
La tomó del brazo y abrieron el baile.

Aquel vals era precisamente el mismo que había bailado con Anthony y en otra ocasión, sin querer, con Terry.
Su rostro palideció ligeramente, haciéndola ver aún más blanca de lo que ya era.
- Te noto extraña, Candy, ¿te sientes bien?
- No…es sólo que…es la primera vez que bailo contigo…
Albert sonrió. Candy tenía razón.
- Es verdad…no habíamos bailado en una reunión así nunca…es muy agradable…espero no pisarte.
Candy sonrió.
- No te preocupes. Si yo en algún momento lo hago, te agradeceré que no grites o te quejes.
Albert también rió.
Se les veía contentos. Pero Albert podía notar que Candy resguardaba una gran pena. Que sólo estaba tratando de ser cortés y amable por él. Por nadie más.
Archie y Annie también lo notaron.
- Candy está triste- dijo Annie.
Archie respondió.
- No sé cómo ha conseguido aparentar delante de todos.
- No de todos- dijo Annie.- Albert también sabe que Candy está sintiéndose muy incómoda con esta gente.
Candy y Albert terminaron la pieza y él la invitó a la terraza para tomar un poco el aire.
- Sé que el venir aquí no te ayudará a sentirte mejor, Candy.
- Tal vez, pero por lo menos puedo respirar un poco de aire más puro, Albert.
Él le tomó la mano levemente y la miró a los ojos como un hermano.
- Perdóname, Candy, por presionarte de algún modo a venir. Pero quería que toda la familia te conozca y sepa que eres una Andley y que tienes los mismos derechos de todos de estar aquí.
- Supongo que algunos pensarán lo mismo que la tía Elroy y que Elisa y Neil Leagan.
- Supones bien pero eso no importa. Saben que yo no comparto su forma de pensar, puesto que fui yo quien te adoptó y he cuidado y cuidaré de que se te trate como tal. Pero por eso quiero que me disculpes…no ha sido mi intención incomodarte o molestarte. Sólo quería que pasarámos un rato juntos…y que trataras de olvidar un poco lo sucedido con Terry…me refiero a lo desagradable que fue la visita del duque de Grandchester…el hecho de que Terry haya tenido que volver con él a Londres.
Candy asintió.
- Te comprendo…no tienes que disculparte, Albert. Todo está bien.
Volvieron ya más recuperados y seguros al interior de la fiesta.
Una mujer se acercó.
- Hola, querida. Eres más linda de lo que me imaginaba.
- Sí que lo es. No les mentí cuando les dije que era hermosa como Rosemary.
La mujer asintió.
- Ven, linda. Te vamos a presentar a algunas personas que quieren conocerte. Voy a robártela un momento, Albert.
- Por supuesto.
Candy se fue con aquella mujer. Algunos jóvenes de la familia la rodearon.
- Candy…hemos escuchado hablar tanto de ti.
Todos la halagaban y elogiaban su valor para ser enfermera.
- Una muchacha tan bonita debería tener mejor suerte y no tener que dedicarse a la enfermería.
- Es una labor muy hermosa- dijo Candy, tratando de compartir su experiencia en ello.- Cuando uno puede ayudar a una persona sin que te lo pueda agradecer y sobre todo, ayudar a salvar vidas, eso no tiene precio.
Todos se miraban y asentían forzadamente.
Hasta que una muchacha se acercó y la saludó.
- Así que tú eres Candy- murmuró.- Elisa me habló muchas veces de ti.
- ¿Eres también una Andley?
- Pues no directamente pero…sí soy de la familia. Soy hija de una hermana de la madre de Elisa. Soy prima suya…
- Entonces…debes haber conocido a Anthony y a Stear.
- Casi no, eran tan apartados. Pero los queríamos mucho. Sin embargo, casi nunca visitamos Lakewood.
- Ya veo…-dijo Candy.
Aquella muchacha se presentó:
- Me llamo Melanie Leagan…muchachos, ¿podría hablar con Candy a solas? Realmente es lo más cercano que tienen los Andley. Ven, querida…tenemos tanto de qué hablar.
Candy se puso un poco nerviosa.
Albert la miró desde lejos. Ella le hizo una seña de que iba a hablar con Melanie. Albert asintió y le pedía que tuviera calma. Que ya iría él a ayudarla de ser necesario.
Candy siguió a Melanie hasta una habitación.
- ¿Y bien, Candy? ¿Qué puedes decirme acerca de tu profesión de enfermera?
- Eso te lo contó seguramente Elisa, supongo.
- En parte…me habló de que eres enfermera…y también me habló de tu manía de quedarte con lo que no te pertenece.
- ¿De qué hablas?
- Así es…Elisa dice que desde hace tiempo eras una ladrona…que convenciste a los Andley para que te adoptaran y que posteriormente te enredaste con el hijo del duque de Grandchester. Y aunque esto último no me lo dijo Elisa, lo supe por un diario. Tú fuiste la culpable de que la carrera de Terry Grandchester se viniera abajo…¿cierto?
Candy se quedó estática.
- Eso no es verdad…-respondió con seguridad.
- Claro que lo es…si no, los diarios no lo dirían.
- Es una mentira. Yo no hice tal cosa. Terry y yo…
- Sí, lo sé…Terry tuvo un amorío contigo y gracias a eso lo corrieron de la compañía Strastford…¿te parece poco?
La enfermera contuvo el llanto.
- Te voy a pedir que evites hablar de esto.
- De hecho en público no lo haré…por eso, me gustaría que desistieras de sentirte uno de los Andley. Así como yo me he enterado, alguien más seguramente lo sabrá y eso sería muy penoso para ti, ¿no crees, Candy?
Ella cerró los ojos y luego los abrió al escuchar el chirrido de la puerta.
Era Albert.
- Melanie…vengo por Candy. Hay personas que quieren conocerla.
- Me parece que Candy está un poco cansada, ¿no es así?
Albert colocó sus manos en sus hombros.
- Si se siente cansada, me lo puedo decir. ¿Es cierto, Candy?
Ella lo miró con lágrimas en los ojos.
Albert las secó inmediatamente.
- Parece que sí te sientes un poco cansada. Te prometo que sólo verás a un par de personas más…anda, sé buena, ¿lo harás por mí?
Candy asintió.
- Claro, Albert. Vamos.
Fue con Albert con ella hacia donde las esperaban aquellas personas que querían conocerla.
Albert la presentó y no se apartó de su lado en toda la noche.
Pero, en cuanto pudo estar a solas con Albert, le contó.
- Albert…Melanie…
- ¿Qué te dijo esa muchacha que te dejó tan intranquila?
- Me dijo que es prima hermana de Elisa y Neil…y me dijo que por mi culpa…la carrera de Terry se arruinó.
- No dudo que fuera Elisa quien la pusiera al tanto o ella misma supiera algo al respecto y ahora lo dijera. No te preocupes. Yo mismo me encargaré de ello.
- ¿Qué vas a hacer?
- Nada malo, no te preocupes. Ven conmigo.
Marcharon de nuevo al salón y ahí bailaron otra pieza.

Melanie se acercó. Albert le permitió el acceso.
- Vaya…no has dejado de acaparar a Candy toda la noche.
- No es eso…es que como no conoce a todos los Andley.
- Eso se arregla fácil…por ejemplo, ella y yo ya platicamos…¿cierto, Candy?
Otra pieza se escuchó. Albert sacó a bailar a Melanie.
- Como puedes ver no bailo tan mal- dijo Melanie.
- No, ya me di cuenta…y lo que tampoco haces tan mal es…mortificar a los demás, ¿cierto?
Melanie guardó silencio.
- Melanie…te voy a pedir un favor- dijo mientras seguían bailando.- Evítame la pena de pedirte que te retires de la fiesta. Puedo hacerlo. Estás lastimado a mi hija adoptiva. Si yo considero que tu presencia es non grata no podrás hacer nada. Así que espero que no vuelvas a decirle a Candy una palabra más del asunto relacionado con Terry Grandchester. Él y ella se quieren y él ha pedido permiso para cortejarla. Lo de su carrera no fue un asunto que tuviera que ver con Candy. Así que…tú sabrás.
Melanie arqueó los labios.
- No te preocupes…no lo haré…pero mientras Candy sea una Andley, dudo que vuelva a venir a alguna de tus fiestas.
- Tú te lo pierdes- susurró Albert cerca de su oído con ironía.
Cuando terminó la pieza, Melanie se apartó y sólo miró a Candy ligeramente y se marchó sin decir una palabra.
Candy le preguntó:
- ¿Qué pasó con Melanie?
- Nada…no te volverá a molestar. Ven, vamos con Archie y Annie para conversar un poco.

En el caso de Terry, las cosas no habían sido para nada mejores. Habían arribado al mediodía y fueron recibidos por la servidumbre del conde.
Éste saludó al duque de Grandchester, tratando de ocultar su molestia.
- Pensé que me iba a hacer esperar más…-comentó el conde.
- Discúlpeme, señor conde- dijo, inclinando la cabeza.- Lo que sucede es que mi hijo tuvo algunos contratiempos y no podía venir. De hecho, espero que haya recibido el mensaje que él le enviara.
El conde miró a Terry.
- Sí, recibí el mensaje del joven Terruce.- El conde se acercó y extendió su mano.- Buen día, joven Terruce.
Terry lo miró y estrechó su mano.
- Buen día, señor conde.
El conde clavó su mirada unos segundos en el joven. Su rostro era afable, a pesar de que el duque se veía adusto y eran muy parecidos. Pero había cierta dulzura en la mirada del joven que le demostraba que era sincero.
- Bien…agradezco su visita. Lamento no poder recibirlos mejor. No me he sentido nada bien los últimos días. Pero al estar aquí, trataré de atenderlos como se merecen.
Terry no dijo palabra. El duque se encargó de hablar de momento.
Terry pensaba.
- Espero poder hablar con el conde a solas…es mi esperanza…
Al poco rato, el conde llamó a Bárbara.
Pero la muchacha no quiso ir.
- Lo siento…creo que mi hija está un poco indispuesta.
El duque respondió.
- No se preocupe. Entendemos. Ojalá que la muchacha se recupere pronto.
El conde dio órdenes a la servidumbre para que acomodaran al duque y a su hijo en cómodas habitaciones.
En la tarde, Terry se asomó al balcón de su habitación para respirar algo de aire puro, cuando de pronto, escuchó a una joven hablar con un muchacho. Miró hacia abajo. Seguramente era Bárbara Gerald. Así que trató de agudizar el oído:
- Barbie…creo que ya llegó el hijo del duque de Grandchester.
- Me llamaron hace rato pero no quise ir. No tengo ganas de verlo.
- Le prometiste a tu padre que lo atenderías.- dijo el joven, que no era otro que Arturo, su hermano adoptivo.
- Lo sé pero…en la noche estaré ahí. Espero poder comportarme. Sé que no pasará mucho tiempo antes de nuestro plan, Arturo. Cuando todo esté listo, nos iremos y mi padre no podrá evitarlo.
- No te preocupes, Barbie, que yo te voy a ayudar.
Terry escuchó sorprendido.
- Tengo que hablar con ella…
Bajó con cuidado. En cuanto Bárbara se quedó sola, se acercó.
- Señorita Gerald…-comenzó.
Bárbara se volvió frente a él.
- ¿Usted es…?
- Sí…Terruce Grandchester- dijo extendiendo la mano.
El joven era bien parecido y su tono de voz era agradable, pero su pensamiento no había cambiado.
- Siento mucho no haberlo atendido hace un rato…no me sentía bien.
- No se preocupe- señaló Terry.- Es normal…
- Joven Grandchester…yo…
Terry le dijo:
- No me llame así…sólo Terry…supongo que tenemos casi la misma edad.
- Tiene razón…soy Bárbara Gerald. Terry…tengo que hablar con usted…
- Contigo…tienes que hablar conmigo…yo también quiero hablar contigo, Bárbara. ¿Podemos ir a aquel banco?
- Por supuesto.
Terry la dejó comenzar.
- Dime…¿de qué quieres hablar conmigo?
- Lamento mucho que hayas tenido que venir hasta acá para lo de ese compromiso absurdo. Terry…tengo que serte franca. No pienso casarme contigo.
Terry sonrió levemente, tratando de calmar sus ansias de reír a carcajadas.
- ¿Por qué te ríes?- preguntó Bárbara.
- Porque lo mismo tenía que decirte yo a ti. Lo que sucede, Bárbara, es que…yo amo a alguien más y pienso volver por ella, aunque mi padre no lo acepte. Esto del compromiso fue una idea de mi padre que yo nunca acepté. Y de hecho, he venido para hablar abiertamente. Tu padre ya lo sabe.
- ¿De verdad?
- Sí, pero no me ha dicho nada. Le envié un mensaje pero no sé cuál es su respuesta a él. Por eso, quiero pedirte que me cuentes un poco sobre el plan que tienes pensado.
Bárbara inclinó la cabeza.
- Lo escuchaste…
- Discúlpame, no fue mi intención. Lo único que quiero es saber qué tienes pensado a fin de ayudarte.
Bárbara le relató un poco sobre lo que había acordado hacer con Arturo.
- Así que ese chico es tu cómplice- guiñó el ojo.
- Es mi hermano…él me va a ayudar para irme de Inglaterra.
- ¿Y a dónde piensas ir?
- A América.
- Bien pensado. Pero, ¿conoces a alguien allá?
- No, la verdad no. Pero no me importa. Estando allá, ya buscaría la manera de salir adelante.
- ¿Sabes que tienes un espíritu muy aventurero?- comentó Terry.
- Debes pensar que estoy loca- comentó Bárbara.
Terry negó.
- Por supuesto que no. De hecho, la chica que yo amo también es así. Aventurera, arriesgada, valiente. Y así como ella, tú también podrás salir adelante sola.
- Gracias, Terry.
- De nada, Bárbara. Te diré lo que haremos…-empezó a describirle el plan en el que él iba a colaborar a su manera.

Cuando terminó la fiesta, Candy ayudó a despedir a los asistentes.
Annie le dijo.
- Fue una fiesta excepcional, Candy. Realmente, te comportaste como toda una dama. La gente estaba impresionada contigo.

Candy negó.
- Seguramente era la curiosidad que sentían por conocer a la hija adoptiva de los Andley. Pero había muchas personas que sólo querían ver de qué forma cometía algún error.
Archie insistió.
- Quizás, pero al final, se fueron muy sorprendidos y satisfechos por haberte conocido.
Albert intervino.
- Tiene razón, Archie, Candy. La familia Andley te recibió muy bien. Excepto algunas personas, claro. Pero nadie de cuidado.
- Gracias por darme ánimos. Pero creo que yo no sirvo para esto- señaló Candy.
Annie trató de reanimarla.
- Es la primera vez que tienes que tratar con la familia de esa forma.
- Sabes que no Annie. La tía Elroy y los Leagan ya me habían hecho ver mi suerte.
Albert le dijo.
- Ellos nunca más volverán a hacerte sufrir, Candy. No, mientras yo pueda evitarlo.
Candy tomó las manos de Albert y le sonrió.
- Gracias, Albert. Sé que siempre contaré contigo.

Aquella noche, Terry se arregló para la celebración.
El duque lo llamó desde afuera.
- ¿Ya estás listo?
- En un rato, padre.
Al fin, abajo, Bárbara estaba junto a Arturo. El conde esperaba a Terry para poder hablar con él pero no lo encontraba.
Terry apareció en el piso superior y miró a su alrededor. Reparó en Bárbara. Cruzó con ella un par de miradas y asintió.
En breve, otro muchacho cruzaba por la estancia. Era nada menos que Lowell.
Terry bajó las escaleras y fue hacia donde se repartían las bebidas. Y comenzó a tomar.
Lowell deambuló por la estancia hasta que reparó en Bárbara. Pero como Arturo estaba cerca de ella, no se acercó.
Terry bebía un poco más. El duque comenzó a preocuparse.
- Deberías tener un poco más de respeto en lugar de beber así.
- No te preocupes, padre. No voy a perderme en el alcohol esta noche.
Bárbara salió un segundo.
Lowell fue tras ella.
- Ven, acá, Barbie…¿ya te diste cuenta que Terry es un borracho? Yo no lo conozco más que de vista pero realmente puedo comprobar lo que todos dicen de él. Ese hombre no te conviene. En cambio yo…
- Tú tampoco me convienes. Dime, ¿por qué no trajiste a Lisa?
- No tenía por qué…a lo que he venido es a hacerte entrar en razón…si tú quisieras…-comentó Lowell, acercándose a ella.
Pero Bárbara lo apartaba.
- Déjame en paz, Lowell, si no quieres que llame a Arturo.
- Ese imbécil no te va a defender ahora- dijo estrechándola con fuerza de manera voluptuosa.
- Pero yo sí- dijo una voz desde un árbol cercano.
Lowell soltó a Bárbara.
- Vaya…tú eres Terry Grandchester…
- Y tú eres Lowell…escuché de ti en una ocasión y no precisamente por tu relación con Bárbara. Más bien, por tus continuas borracheras y tu fama de mujeriego y trasnochador.
- En tu caso no fue diferente, Terruce Grandchester. Se decía que tu padre no podía contigo porque te escapabas de la escuela, te peleabas, fumabas y bebías…
- En ese caso, creo que estamos en igualdad de circunstancias. Sólo que…yo sí tengo algo que tú nunca has aprendido…a ser un verdadero caballero inglés.
- ¿Tú, un caballero?
- Por supuesto. Deja a Bárbara.
- ¿Tú me lo vas a impedir?
Terry no lo dejó hablar y le propinó un golpe, tirándolo en el suelo.
- Espero que esto te haya servido de escarmiento. Ven, Bárbara.
Ya adentro, Bárbara respiró profundamente.
- Gracias, Terry.
- No debes preocuparte. Lowell no te molestará. ¿Alguien lo invitó?
- No, pero su familia es noble y…
- Entiendo. Tranquila. Ven conmigo. Es momento de la primera parte del plan.
Terry había bebido un poco más de lo normal pero estaba bien.
El duque de Grandchester miró a Terry. Éste le dijo:
- Padre…voy a pedir la mano de Bárbara.
Su padre asintió. El conde fue el primero en tomar la palabra.
- Damas y caballeros. Esta cena se organizó con la finalidad de recibir al duque de Grandchester y a su hijo. Joven Terruce, le cedo la palabra.
Terry comenzó.
- Gracias, señor conde. Bien…el motivo de mi visita quizás sea bien conocido por la mayoría, aunque para eso creo que debo decirlo yo. El conde y mi padre han tenido a bien acordar un matrimonio entre su hermosa hija, Bárbara Gerald, y yo. El conde Gerald, quizás no me conozca bien del todo. Quizás sólo sabe que soy el hijo mayor del duque de Grandchester. Pero ahora es la oportunidad perfecta de presentarme ante él y ante todas sus amistades. Bien…comenzaré por decir que soy el hijo mayor del duque, porque mi madre es una actriz americana llamada Eleonor Baker, a quien mi padre amaba profundamente, pero a quien despreció y rechazó porque sus conveniencias sociales pesaron más que el amor que decía sentir por mi madre. Sin embargo, decidió apartarme de su lado y educarme en una nueva familia. Bueno, si a eso se le puede llamar educar. Me internó en los mejores colegios de Londres pero se olvidó de darme siquiera un poco de cariño. Así, me convertí en un muchacho despreocupado, que se perdía en el alcohol, que peleaba frecuentemente, que fumaba desde que era menor y que siempre rechazó los deseos y pretensiones de su padre.
Bien…en una ocasión salí del colegio y siguiendo el llamado de mi vocación, me convertí en actor de teatro. Pero, gracias a mi padre, perdí una gran oportunidad de trabajo, llegando aquí para cumplir un compromiso social. Sin embargo, yo conocí el verdadero amor y por él es que estoy ahora aquí. Y no precisamente para aceptar el compromiso que se me presenta. Sino más bien, para declarar abiertamente que no pienso casarme con la hija del conde. Su hija ya está enterada y ella tampoco acepta este sacrificio inútil. Discúlpeme, señor conde. Si usted quiere que hablemos a solas al respecto, estoy a su disposición.-

El duque estaba descompuesto. Trató de aclarar la situación.
- Señor conde…no haga usted caso de lo que ha dicho mi hijo. Está bebido y no sabe lo que dice…
Pero el conde señaló delante de todos.
- Lo siento, señor duque pero…el joven Terruce sabe bien lo que dice. Él me envió un mensaje para decirme que no aceptaba el compromiso. Yo ya lo sabía antes de que él hablara siquiera. Y agradezco al muchacho su sinceridad, cosa de la que usted ha carecido totalmente. No niego que me gustaría que semejante persona fuera mi yerno, puesto que el muchacho es honesto y sincero, pero no pienso obligarlo a él ni a mi hija a casarse tan sólo por una convención social. Él acaba de demostrarme que siempre se puede ser honesto y dejar de lado lo que los demás piensen, aunque afectemos los intereses superficiales de otros. Lamento el mal rato que les hemos hecho pasar a todos. Se cancela el compromiso y agradezco que se hayan tomado la molestia de venir.
El conde se levantó. Bárbara sonrió.
Terry fue alcanzado por su padre.
- ¿Te das cuenta de lo que acabas de hacer? Me has humillado públicamente.
- Te has humillado tú mismo, papá. Porque sabías perfectamente que yo no aceptaría y trataste de obligarme.
- Pero según veo, creo que no lo conseguí. Lo que sí voy a poder conseguir es que Candy no ejerza como enfermera nunca más.
- No podrás hacer tal cosa. Ya no tengo miedo a tus amenazas, Richard Grandchester. Mañana mismo me voy de aquí.
- A mi casa no intentes volver. A partir de ahora…estás muerto para mí.
- Qué bueno que me lo dices…porque no pienso molestarte. Sólo te pido un favor. Déjame irme a Escocia un tiempo. Después de juntar un poco de dinero, te prometo que nunca más volverás a saber nada de mí.

El duque lo pensó un poco. Quizás le convenía un poco la decisión de Terry.
- Está bien. Acepto.
El conde Gerald pidió hablar con Terry a solas.
Terry marchó tras el conde. Iba a charlar con él largo y tendido.