Le besó en los labios, recorriendo su sabor, su dulzura característica… por última vez. Cuando se apartó de él, el herrero pudo leer en sus ojos su decisión.

Bonita despedida.- dijo Will.- Pero es mejor que te des prisa, no falta mucho para medianoche.

Carolin se lo agradeció de corazón, no había conocido hombre más comprensivo en su vida. Se giró en busca de Jack, mientras Will se alejaba de ella, seguido de una tenue sombra. Carolin buscó a Jack entre la gente, no conseguía encontrarlo por ningún sitio. La vista se le nublaba y la cicatriz comenzó a palpitar en su muslo, cada vez más fuerte. Intentó razonar donde se encontraría el pirata y se alejó de la playa donde celebraban la fiesta, dando tumbos por la arena, hasta encontrar una pequeña cala cercana. Allí encontró a su pirata. Tumbado sobre la arena, con los ojos cerrados con fuerza como queriendo borrar la última imagen que habían visto sus ojos. Carolin se acercó hasta él y se dejó caer a su lado. Después se inclinó divertida, y recorriendo las mejillas del pirata susurró:

Jack, tienes pecas.- Una sonrisa de oreja a oreja inundó la cara del hombre, que abrió los ojos y la miró casi con ternura, como la primera vez que la había besado, la primera vez que la entregó el corazón, a esa pelirroja cabezota y terca que le traía de cabeza. La miró y acarició su mejilla atrayéndole hacia él; después la besó, con ternura, con pasión, con delicadeza… buscando el placer mutuo, demostrándose su amor el uno al otro, Jack y Carolin se amaron bajo las estrellas, observados únicamente por ellas y por el astro lunar que a tantos amantes ha contemplado. Se entregaron profundamente, en cuerpo y alma.

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Elizabeth se movía entre las sombras de los árboles, había seguido a Will hasta la playa y había observado como el muchacho caía sentado sobre la arena, suspirando por la arpía que le había abandonado por Jack. Se acercó a él en un último intento. Su maldición se cumpliría en unas horas, sino conseguía que Will la amase, quedaría maldita para la eternidad, pero había conseguido ayuda… la misma que obligó a Jack a casarse con ella… una pócima magnífica, que le había robado a Tía Dalma sin que ella se diera cuenta. Se acercó a Will por la espalda y le tapó los ojos con la mano, jugueteando con él:

¿Carolin?.- dijo él esperanzado.

Mmm.- dijo ella negando con voz dulce, aunque por dentro la carcomían los celos.

¿Mary Ann?.- Un relámpago de ira cruzó la mente de la rubia, ¿Cuántas mujeres acosaban a William Turner?. ¿quién era esa Mary Ann?. Sin hacerse esperar más, Elizabeth llevó la bebida a los labios de Will y este confiado bebió sin ningún temor, cuando la muchacha apartó su mano de los ojos de él, pensó que era la mujer más bonita que había visto nunca, y sin pensarlo dos veces, se lanzó a sus labios. En pocos minutos, ya la había desnudo, Elizabeth desconocía la habilidad del herrero con las manos (jijiji) y poco después, cabalgaba sobre él, mientras ambos gemían de placer.

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Tras unos minutos, cuando ya los dos (Carolin y Jack) yacían exhaustos y abrazados sobre la arena, la herida de Carolin comenzó a palpitar fuerte, cada vez más, Jack la ayudó a levantarse y quiso entrar con ella en el agua, pero la muchacha se lo impidió y ella sola corrió mar adentro, paso tras paso, dejando que la infinidad del océano tragara su cuerpo desnudo, hasta el último cabello salvaje de su cabeza. Jack la observaba nervioso desde la orilla, se movía de un lado a otro, el mar había absorbido a su mujer, y el no tenía nada para defenderla, excepto una espada a la cintura (ya llevaba pantalones, chicas, lo siento). Sin más, una luz comenzó a brillar en el agua, primero tenuemente, después con fuerza, toda la costa se inundó de un resplandor verdoso, que cegó durante unos instantes a todos los que estaban cerca. Jack pudo observar como el cuerpo de Carolin se elevaba del agua, como se arqueaba su espalda en un gesto de dolor y como después volvía a caer a plomo sobre la superficie salada. Corrió mar adentro, rescatando el cuerpo de la muchacha, arrastrándolo hasta la orilla, le apartó los mechones de la cara y ella abrió los ojos repentinamente, le miró y observó su pierna: Una cicatriz recubría su muslo derecho, ondulada como una serpiente, pero ya no brillaba, ya no tenía ningún aspecto verdoso. En algún lugar, un reloj marcó las doce campanadas. La maldición había desaparecido.

Un grito resonó en la isla. Carolin y Jack corrieron hacia el lugar de donde provenía, ella con la camisa de Jack y sus propios pantalones, Jack desenvainando la espada, tras ella (os recuerdo como corre Jack o no hace falta?), cuando llegaron al lugar, encontraron a Will tumbado en el suelo, medio desnudo, y a Mary Ann amenazando con su espada a Elizabeth, a una Elizabeth algo cambiada, el pelo revuelto, también medio desnuda, y mojada, muy mojada; cuando Carolin se acercó a ellos, Elizabeth se volvió y con un rugido de furia saltó sobre ella.