Perdónenme, discúlpenme, lo siento, no tengo perdón de dios. Pero se me juntaron los pendientes y las desgracias, espero les guste este capítulo y puedan perdonarme que les haya fallado. Espero tenerles un capítulo más para el 24 de dic. Y otro más para el31.

Capitulo 36 Porque la guerra siempre ha estado en mi sangre.

El ensordecedor ruido de la columna despedazándose tras ellos les obligo a gazapearse a ambos por inercia para evitar ser golpeados por una estalactita de mármol o por aquello que estaba destrozando sin piedad cuanta columna se interponía a su paso. Mu utilizo de respaldo una de las columnas, mientras miles de fragmentos de piedra pasaban a su alrededor y golpeaban la columna donde estaba escondido.

-¡Mu! – Mascara de la muerte lo llamo, lo busco con la mirada y le observo tras un trozo de columna que yacía en el suelo. - ¡Voy a detenerlo!

Mu miro de soslayo si alcanzaba a ver a su enemigo pero no lo visualizo, se lanzo hacia el resguardo de Mascara de la muerte y se coloco a su lado, el italiano tenía su mano alzada, lista para invocar su cosmos, pero el ariano alcanzo a detenerlo por la muñeca mientras negaba profusamente.

-Athena nos ha prohibido utilizar nuestro cosmos y pelear. – El italiano entorno los ojos desesperado e hizo un mohín de fastidio.

-¿Y vas a dejarlo destruir Aries? Tenemos que frenarlo, nosotros no le hemos ido a buscar, él ha venido a nosotros, además Mu, defender los doce templos es responsabilidad de ambos. – Mascara de la muerte zafo su muñeca del agarre del ariano y ambos enfrentaron sus miradas en desacuerdo total. – Lo matare aquí o en el cuarto templo.

-Las órdenes de Athena han sido claras. – Enfatizo el primer guardián.

-Mira Mu, tu puedes seguir siendo lo más recto que quieras pero yo estoy acostumbrado a ir contra corriente, no será la primera norma del protocolo que me brinque y lo sabes… - Ambos se vieron obligados a separarse pues un enorme mazo cayó sobre ellos, destruyendo su antiguo refugio.

Mu rodo por el suelo y apenas recobro el sentido, busco entre la espesa nube de polvo al cuarto guardián que se encontraba del otro lado del salón de batallas de Aries. Una espesa figura se removió entre la densidad de aquella columna de tierra y sus ojos repararon en la impresionante altura de ese ser.

-Un gigante. – Le aviso vía cosmos al italiano. Pues aquel gran ser debía medir cerca de tres o cuatro metros, tenia toscas facciones su piel era morena y llevaba colocado sobre su cabeza un gran casco de metal.

-¿Cómo se les pasa un gigante a los guardias y demás caballeros? Digo no es algo que pase desapercibido. – Mascara de la muerte elevo tenuemente su cosmos como aviso a Mu de que iba a defender Aries.

-Detente Mascara de la muerte, Athena ha sido clara con nosotros. – Y para su sorpresa el caballero de cáncer descendió su cosmos.

-¿Y qué diablos piensas hacer? ¿Seguirnos escondiendo o mandaras a tu aprendiz a pelear? – Refuto molesto el italiano, con toda la intención de provocarle.

-Créemelo, a mí también me molesta esperar, pero no podemos ir contra el mandato de Athena. – Mu comprendía a su compañero, nadie más que él deseaba defender Aries, después de todo era su templo, pero Athena les había dado una orden.

-Mu si tú no quieres romper las reglas, bien por ti, seguirás siendo el consentido del patriarca, pero yo no lo voy a hacer. – Mu sintió como el cosmos del cuarto guardián comenzaba a elevarse e incluso vislumbro atraves de la nube de polvo los haces celestes de las almas que rodeaban al italiano.

-Mascara espera un poco más. –

-¿Acaso ustedes no son santos dorados? ¿Por qué se esconden tras las pilastras? – El gran gigante avanzo en dirección a Mu arrastrado en su mano un pesado mazo de metal, que producía un chirrido escalofriante, pues en la punta de este llevaba atado un gran hueso en forma de clavo.

-¿Quién diablos eres? – Gruño Mascara de la muerte tras él, llamando astutamente su atención, pues este se giro hacia él.

-Me llamo Hipólito y fui el encargado de atacar al dios Hermes en el pasado. – El gran gigante levanto su gran mazo y lo deslizo sobre la columna en la que se encontraba el guardián de Cáncer quien retrocedió rápidamente, pero para su asombro el gigante se deslizo con agilidad y le alcanzo, para volver a internar golpearlo con su arma.

-¡Mascara de la muerte cuidado! – Mu vio que el italiano logro escabullirse por muy poco, pero apenas se hubo retirado del ángulo del último ataque, el gigante le dio alcance y volvió a internar atacarlo.

-¡Maldición es muy rápido! – Mascara de la muerte logro esquivar el ataque, parándose sobre el mazo del gigante.

-No debería sorprenderles que me mueva a la misma velocidad con la que se mueve el mensajero de los dioses. – Hipólito arrojo su mazo contra las escaleras de entrada de Aries, las cuales en su mayoría se destruyeron, Mascara de la muerte cayó de espaldas al suelo por delante del mazo que rodo en su dirección, el guardián de cáncer se incorporo por inercia y logro brincar hacia un montículo de mármol a su alrededor, impidiendo que el mazo le aplastase.

Mu salió del resguardo del primer templo, siguiendo al gigante que sin lugar a dudas iba tras Mascara de la muerte, sabía que no debían ir contra las ordenes de Athena pero a esas alturas, si querían seguir obedeciendo a Saori, primero debían no morir frente aquel gigante.

Mu alcanzo la entrada de Aries entendiendo que desde el principio ese había sido el plan de Hipólito pues al estar en campo abierto, ambos estaban a su disposición. Mu vio al gigante girarse hacia él y lanzarse en su encuentro, pero Mu a penas iba a esquivarlo, cuando Hipólito se volvió transparente e incluso su cosmos desapareció.

-¡Mu cuidado! – Mascara de la muerte observo al gigante volverse invisible, pero sabía que ahora el objetivo del gigante era el ariano.

Mu elevo su cosmos rebuscando el cosmos del gigante y cuando lo detecto fue demasiado tarde este se encontraba a escasos metros frente a él, el gran mazo de Hipólito surco el aire con una inmensa velocidad que sorprendió al ariano.

-¡Mu! – Una gran nube de tierra se levanto impidiendo su visión, el cangrejo dorado brinco hacia el suelo y corrió hacia las escaleras de entrada de la primera casa, pero se detuvo al ver un resplandor, conocía muy bien esa técnica como para saber de qué se trataba. – Al final no te resististe y usaste el muro de cristal. – Sonrió sarcásticamente.

Sin embargo Mascara conocía tan bien esa técnica, pues el mismo había sido víctima del máximo ataque defensivo del guardián de aries como para saber que todo lo que golpease ese muro, seria proyectado de regreso hacia el agresor, sin embargo Hipólito continuaba en la misma posición, aún ejerciendo presión sobre el muro, sin salir expedido hacia atrás.

-¿Qué diablos? – El muro se ondulo, señal de que estaba a punto de romperse, lo cual extraño más al cuarto guardián. Pero pronto comprendió aquello, tras ese muro no se encontraba Mu, si no era el aprendiz de este, quien había invocado aquella técnica, para proteger de un golpe certero a su maestro.

No ocupo mucho tiempo para comprender de qué iba todo aquello, cerró los ojos reconociendo el gran potencial que tendría el sucesor de Mu. Elevo su cosmos dispuesto a ayudarlos, pero apenas y hubo materializado sobre su dedo índice la esfera celeste, una cadena paso rosando su oído y fue a sujetar el cuello a Hipólito tirando de él hacia atrás.

-Lamento haber llegado tarde. – Se disculpo el caballero de Andrómeda manteniendo firmemente su brazo hacia atrás para jalar al gigante.

-Ya era hora que aparecieran. – Mascara de la muerte, disminuyo su cosmos y se paso las manos por detrás de la nuca, resignado a dejar la situación en manos de un caballero de bronce, aquel que había sido capaz de derrotar a Afrodita. Subió despacio las escalinatas de la casa de Aries y observo de reojo a Kiki, aquel pequeño enano acababa de demostrarle a Mu que su entrenamiento comenzaba a dar grandes frutos.

-Regresare a Cáncer. – Menciono desinteresadamente, volviendo sus ojos hacia Mu que estaba con el semblante serio, pero la ligera sonrisa en su rostro mostraba lo orgulloso que se sentía en esos momentos. – Ya tenemos quien se encargue de defender Aries.

-Solo teníamos que esperar. – Refuto calmadamente el lemuriano.

-Y que tu alumno nos mostrase la fuerza que hay en su interior. – Mascara de la muerte volvió a mirar a Kiki. – Lo que has hecho hoy, demuestra lo grande que serás algún día, cuando seas el caballero dorado de Aries.

-Gracias. –Refuto con firmeza el aprendiz.

-En fin, si Aries llega a caerse por todos los pilares que perdió, pueden ir a Cáncer. – Mascara de la muerte medio sonrió avergonzado de lo cursi que acababa de sonar, por lo que rápidamente torio la boca fingiendo cierta molestia.

-Muchas gracias Mascara de la muerte, pero todavía espero que Aries resista lo que queda de la batalla. – Mu volvió su vista hacia Shun que mantenía férreamente la tensión de su cadena sobre el gigante que se retorcía furioso por desprenderse de aquella atadura. Cuando regreso su vista hacia el italiano, se sorprendió de ya no verle a su lado, sino caminando en silencio atraves de la destrucción de la casa de Aries.

-¿Maestro? – Mu volteo su rostro hacia Kiki y le vio anonadado, pues el pequeño jamás se hubiera imaginado que el primer caballero que reconociera su poder, sería el cangrejo dorado, aquel santo que había sido una constante amenaza para su maestro durante la guerra de los doce templos y quien además fuera el santo más cruel y sádico que podía tener la orden dorada.

-Mascara de la muerte es un caballero dorado y debes sentirte orgulloso de haber recibido un cumplido de su parte. – Mu afilo su mirada contemplando como Hipólito lograba desprenderse de la cadena de Shun, volvió su vista calmada hacia Kiki y le sonrió. – Entremos a aries, aquí solo les estorbaremos, se que ellos podrán encargarse. – Kiki se extraño de escuchar a su maestro decir ellos, cuando tan solo Shun era quien enfrentaba a Hipólito, pero pronto escucho una suave y hermosa melodía que cautivo todo su ser, si no hubiera sido porque su maestro volvió a llamarlo, pudo haber permanecido absorto escuchando aquella gloriosa música, digna de ser oída por los mismos dioses.

Sus ojos escarlatas, como si de dos ardientes brazas se tratasen se abrieron contemplando el manto celestial que podía apreciar a través de los amplios ventanales de su santuario, justo a la mitad de aquella hermosa dimensión, donde el tiempo, la sabiduría y la memoria transcurrían con calma y ecuanimidad.

-Se que estas aquí. – Vocifero con autoridad a la nada, mientras el eco de su propia voz fue el único que respondió a su llamado. - ¿Cómo me has encontrado? ¿Y que deseas al venir a mis dominios?

-¿Por qué te muestras tan agresiva, hermana? ¿Acaso hay algo que te hace actuar de esa manera? ¿Miedo? ¿Arrepentimiento? – Apenas y escucho aquella fría voz, tan cortante como una cuchilla distinguió un dejo de amenaza en su forma de hablar, lo cual la alerto. De por sí ya era todo un logro que la hubiese encontrado en aquel lugar y el hecho que él mismo en persona fuera a por ella, demostraba que no iba a perdonarle su traición.

-No tengo nada que temer hermano, es solo que tu visita me es extraña, pensé que había sido clara al no querer interferir en este conflicto. – La titanide intento fingir indiferencia, respondiendo lo mas respetuosamente a su igual y mirando como frente a ella comenzaba a materializarse una niebla oscura.

-Sabes muy bien Mnemosine que entre nosotros siempre se puede hablar con claridad, nunca debe existir secretos entre iguales, de lo contrario sería traición. – Cronos remarco ampliamente la última palabra, mientras su cuerpo se formaba dentro de aquella niebla y sus ojos ardientes como brasas brillaban en la oscuridad, el titán extendió los brazos hacia los lados y sonrió maliciosamente. – Ven hermana mía, te he echado de menos.

El corazón de la titanide comenzó a latir aceleradamente, mientras sus ojos recorrían las manos del titán en busca de alguna trampa, sabía que Cronos sospechaba de lo que había ocurrido en la época del mito, pero no se atrevería a atacarla hasta que no estuviera seguro de que en realidad los había traicionado. Mnemosine se mantuvo rígida en su lugar, sin ni siquiera pestañar, observando cómo Cronos se acercaba a ella con ambos brazos extendidos.

-Hermana, te he echado mucho de menos. – Sintió como los brazos de Cronos se enredaron alrededor de ella en un muy rígido y forzado abrazo, que la incomodo por completo, pero que no hizo retroceder al titán, ella no respondió al abrazo y se mantuvo tensa en todo momento, el rey de los titanes se detuvo al lado de su oído y susurro quedamente. – He traído un regalo conmigo hermana.

-Me he es grato saberlo. – Mnemosine tenso su mandíbula y endureció cada rasgo fácil de su rostro y miro a su hermano alejarse de ella, retrocediendo sin darle la espalda y con un amplia sonrisa.

-En la era del mito, cuando nosotros regíamos los cielos y al mismo universo, nuestro hermano Ceo creo durante la titanomaquia un rayo tan poderoso que podía llegar a matar incluso a los dioses, pero hay algo que no me es del todo claro hermana ¿Sabes qué es? – Cronos sonrió ampliamente y la miro inquisitivamente. – Vamos Mnemosine se que tu puedes ver en mis recuerdos y saber de lo que hablo.

-No te comprendo Cronos. – Mnemosine paso saliva con dificultad, sabía que Cronos disfrutaba de intimidar a sus enemigos con terror psicológico pero sabía de sobra que el titán deseaba sacarle de sus casillas y hacer que confesara. – Debes ser más claro.

-Seré tan claro como el agua. – Cronos sonrió maliciosamente e hizo una leve inclinación hacia ella. – Los dioses ganaron aquella vez y no puedo entender como encontraron el Keraunos si Ceo lo había escondido en su memoria debido a su poder destructivo, pero este fue a parar a manos de Zeus, el cual lo utilizo para derrotarles y derrotarme y fue eso lo que nos llevo al tártaro. ¿Podrías ayudarme a esclarecer como fue que Zeus logro poseer el Keraunos? – Cronos enfrento sus ojos ardientes contra los de su hermana quien le sostuvo la mirada sin inmutarse, el rey de los titanes borro su sonrisa e hizo una mueca retorcida.

-No me imagino como Ceo fue a perder algo tan preciado. – Mnemosine se cruzo de brazos y fingió molestia al ver a Cronos. - ¿Acaso me estas culpando de ello?

-Jamás haría algo como eso hermana, se donde esta mi lealtad y es hacia mi familia, pero… - Cronos chasqueo los dedos con fuerza y tras él aparecieron tres de las nueve musas, cada una de ellas tenía al rose de su cuello un cuchillo los cuales eran sostenidos por Crio, Rea y Ceo. – Creo que tu no estás siendo honesta con nosotros.

-¡¿Qué estás haciendo?! – Mnemosine perdió los estribos tal y como Cronos anhelaba, sabía que si la vida de las adoradas hijas de su hermana con Zeus eran usadas de carnada, su hermana confesaría por completo su traición. – Ellas no tienen nada que ver con lo que estas imaginándote Cronos. – Mnemosine intento componer la situación pero era tarde Cronos la tenia donde la había querido desde el principio.

-Te preguntare una vez más Mnemosine y quiero tu total sinceridad, la vida de tus hijas depende de ti. – Cronos apareció entre sus manos el Keraunos y deslizo su mano en torno al rayo, el cual lanzo pequeños rayos que rodearon la mano del titán. – Muchos de nuestros hermanos han caído de nuevo en manos de los dioses y humanos, lo mínimo que puedes hacer Mnemosine es hablarnos con sinceridad de lo contrario, tus propios ojos comprobaran el verdadero poder de esta arma. ¿Sabes cómo Zeus consiguió el rayo?

Mnemosine miro a sus otros hermanos que se encontraban tras Cronos sosteniendo el filo de sus cuchillos en la garganta de las musas, los ojos de ellos no distanciaban de los de Cronos, por lo que supuso que sus hermanos había recobrado su memoria hacía mucho tiempo atrás y de que eran consientes de su traición, por lo que de nada le serviría mentir, ellos ya lo sabían, solo la estaban probando y esperaban su confirmación.

-Sí, lo sé. – Admitió mirando fijamente con sus ojos escarlata los rostros aterrados de sus hijas que suplicaban su silencio, no importaba las consecuencias que aquello trajera, ni si esto significaba la muerte para ellas.

-¿Qué ocurrió Mnemosine? – Esta vez la voz demandante fue Ceo que la miro fijamente.

-Yo fui quien extrajo de tus recuerdos el Keraunos. – Menciono con altivez, Crio chasqueo la lengua molesto, Cronos agacho la mirada hacia el suelo decepcionado, Rea desvió su mirada hacia el universo que se observaba a través de las ventanas y Ceo negó profusamente. Para los titanes el haber perdido durante la titanomaquia fue un fuerte golpe, pero el que esto se debiera a la traición de uno de ellos, era un golpe sumamente bajo para ellos, pues la relación entre ellos en realidad era de una familia, mucho más unida que la de los mismos dioses y era por ello que su traición les dolía y enfureciera tanto.

-¿Por…por que nos traicionaste? – Ceo agacho la cabeza y tenso más el cuchillo sobre el cuello de la musa quien expreso un sobresalto al sentir el filo tan cercano a su piel, Ceo empuño su otra mano con fuerza y la miro. - ¡¿Sabes lo que significo la titanomaquia para nosotros?! ¿Acaso ya se te olvido lo que sufrimos en el tártaro? ¡Nuestros hermanos y hermanas han vuelto a caer a manos de los dioses! ¡Febe…! – Ceo tenso sus puños con fuerza sintiendo como la rabia se apoderaba de él. - ¡Tu se los permitiste! ¡Les diste el arma perfecta para que acabasen con nosotros! ¡Cuando yo la oculte en mi memoria porque ni siquiera pensaba utilizarla contra ellos! ¡Conocía la fuerza del Keraunos y se la diste a un revoltoso dios!

-Nos traicionaste. – Menciono anonadada Rea quien jamás se creyó ser traicionada por una de sus hermanas. - ¿Por qué? – Suspiro desilusionada.

-Mnemosine. – Crio ni siquiera la miro, contuvo toda su furia apretando más el mango del cuchillo que tenía en las manos.

-Yo… - Aquella fue la primera vez que la titanide entendió las verdaderas consecuencias de haber otorgado la victoria a Zeus, los ojos de sus hermanos mostraban todo aquel enojo contenido pero también observaba atraves de ellos una desolación total, aún cuando la conducta natural de un titán fuese destruir y acabar con todo aquello que salía de su control, ellos se habían prometido firmemente que jamás se fallarían los unos a los otros, la convicción de unos a otros siempre había sido absoluta y ella había quebrantado ese juramento. – Hermanos nosotros no somos capaces de construir un mundo como lo han hecho los dioses, nuestra naturaleza jamás lo permitiría, llevaríamos al mundo y al mismo universo a su fin, lo he visto.

-Tus visiones no siempre se cumplen… - Tercio una voz dura tras sus hermanos.

-Hyperion… - Mnemosine tuvo que soportar la fiera mirada de su hermano, quien claramente luchaba por contener su furia, percibió que Hyperion llevaba un cofre entre sus manos con la insignia de Gea tallado en su cerradura.

-Debiste habernos dado una oportunidad Mnemosine. – Siseo enfurecido Hyperion deteniéndose al lado de Cronos a quien tendió el cofre.

-Supongo que el darles la victoria a los dioses resulto como lo planeaste, un mundo sin batallas, viviendo en armonía por igual, dioses, humanos, gigantes, ciclopes y demás criaturas. – Cronos sostuvo entre sus dos manos el cofre y casqueo la lengua molesto.

-Sería peor si nosotros hubiésemos continuado en el poder. – Respondio firmemente Mnemosine, su respiración se había acelerado y casi estaba segura que sus hermanos podían oír el rugir de su corazón.

-Si tú habías visto el futuro, hubieras podido guiar las decisiones de Cronos. Nosotros te hubiéramos escuchado hermana, sin embargo preferiste darle un poder incontrolable a mi hijo, Zeus quien no solo gobernó durante años, si no que nos aprisiono durante siglos enteros, a un tormento inigualable Mnemosine y tu se lo permitiste. – Rea deslizo su mano hacia abajo, liberando a la musa quien cayó al suelo asustada, la reina de los titanes se acerco lentamente hacia su única hermana y la encaro, rebuscando con su mirada los mismos ojos escarlatas. - ¿Cómo pudiste traicionarnos? ¿A Cronos, Hyperion, Febe, Ceo, Crio, Tea, Tetis, Japeto, Temis, Océano y a mí? ¿Por tus hijas? Sabias bien que jamás las tocaríamos aun cuando fueran procreadas por el mismo Zeus. Nunca hubiéramos hecho algo que te lastimase Mnemosine.

-Nunca hubieran… - Remarco lentamente, Mnemosine desvio su vista para no enfrentar los ojos lastimados de Rea. – Estoy segura de lo que vi y lamentablemente en ese momento no hubo otra solución, lo lamento tanto.

-Aún así has vuelto a ayudar a los dioses Mnemosine. – Cronos extendió su mano hacia la musa que Rea había liberado hacia unos momentos, la cual se alzo en el aire como si una fuerza invisible la estuviera ahorcando por el cuello, el cuerpo de la musa fue sacudido con fuerza por la falta de aire y la presión que sentía en torno a su delicado cuello a perlado. – Dime Mnemosine ¿Cómo has ayudado esta vez a los dioses? O de lo contrario esta vez hare algo que en realidad te lastime.

-Les he dado dos urnas. – Cronos volvió sus ojos hacia los de su hermana y libero a la musa que cayó tosiendo al suelo y se sobo con sus manos el enrojecido cuello.

-Les ayudas de nuevo a sellarnos. – Cronos distorsiono sus facciones ante la furia que sentía y levanto ligeramente la tapadera del cofre que tenía entre sus manos del interior de este salió una luz dorada. – Encierra tu esencia en este cofre, yo me encargare de resguardar tus poderes en otro lugar.

-Cronos… - Mnemosine miro de nuevo Clio y Talia apresadas por Crio y Ceo, mientras Caliope estaba en el suelo, sosteniéndose débilmente sobre sus manos. – Júrame que ellas no saldrán lastimadas.

-Tienes mi palabra Mnemosine. – Cronos se mantenía firme ante su decisión tomada, sin embargo en el fondo le dolía enormemente el sellar el mismo a uno de los suyos, Zeus había logrado no solo vencerlos si no había penetrado en el núcleo familiar de los doce, consiguiendo romper su unión. – Ellas serán liberadas y no tendrá ninguna repercusión sobre la vida de ellas, muy al contrario nosotros cuidaremos de ellas.

-Entiendo. – Mnemosine bajo sus ojos hacia el suelo, en la era del mito había temido por que sus hermanos descubrieran su traición, temiendo las consecuencias de ello, pero jamás había reparado en que mucho más allá de la venganza de sus hermanos, había logrado destruir un pacto mucho más sentimental que los doce se hubieran jurado cuando eran jóvenes. – Lo lamento mucho. – Maldijo por primera vez haber ayudado a Athena y Zeus en la actual guerra, nunca debió haberles entregado aquellas urnas.

-No hagas esto más difícil Mnemosine, solo entra ya. – Pidió Rea, sus ojos escarlata que normalmente mostraban soberbia, altivez, prepotencia y agresividad, como dos incandescentes brazas, en ese momento parecía que el fuego centellante de su mirada se había opacado por aquellas lagrimas que se agolpaban furiosas pidiendo ser liberadas.

-Entiendo. – Mnemosine, descendió las escaleras que les separaban de sus hermanos y paso al lado de Rea quien ni siquiera volvió de nuevo su vista hacia ella, Crio y Ceo liberaron a Talia y Clio en ese momento y dejaron caer los cuchillos de forma desorganizada, los cuales se deslizaron por el suelo y ambos se miraron entre ellos de forma reconfortante, Mnemosine volvió sus ojos escarlatas hacia el frente donde tanto Cronos como Hyperion se mantenían con la vista fija en ella, hombro a hombro.

-Cuando terminemos con esto, volverás a ser libre. – Juro Hyperion secamente. – Tú rompiste tu promesa hacia nosotros, pero nosotros no lo haremos contigo hermana.

-Siempre vamos a protegerte. – Tercio Cronos, Mnemosine sonrió débilmente avergonzada por primera vez ante sus acciones pasadas, extendió su brazo hacia el interior del cofre que Cronos sostenía entre sus manos y que expedía una luz dorada, una vez que su mano se introdujo en esa luz, sintió como una pesada cadena se aferro a ella por su muñeca y comenzó a drenar toda su energía la cual era encerrada en aquel cofre.

-Se que no me equivoque al ayudar a los dioses, en ese momento era lo correcto, sin embargo jamás pensé que lastimaría a mis hermanos de esta manera, pero aún así lo volvería a hacer, porque ese encierro ha cambiado quienes fuimos en el pasado y la forma en que vemos ahora la vida… - El cuerpo de Mnemosine cayó en las manos de Hyperion quien la sostuvo con cuidado, Cronos cerro el cofre cuando la luz en su interior se hubo acabado, señal de que el alma de Mnemosine se encontraba ahora en su interior.

-Musas. – La voz de Cronos sonó ronca pero esta se aclaro a medida que hablo. – Hyperion les ayudara a llevar el cuerpo de su madre a una de las habitaciones, adórnenlo con flores y hermosas fragancias y protéjanlo hasta el día en que el alma de vuestra madre sea liberada. – Las tres musas se incorporaron sin decir absolutamente nada, ellas no eran rivales para un titán, ni aun cuando las nueve atacaran al mismo tiempo, por el momento solo quedaba obedecerlos, Talia fue la primera en seguir a Hyperion aunque su mirada rebelde se poso furiosa sobre Cronos.

-Crio, podrías llevar este cofre al lugar donde descansa el alma de nuestra madre. – Cronos tendió el cofre a su hermano quien lo tomo en silencio y se desvaneció lentamente de ahí.

Cronos extendió sus manos hacia una esfera amorfa de color ópalo que se removía en el centro de la habitación y que pertenecía a los poderes de Mnemosine, lo tomo lentamente y lo acerco a su cuerpo, después de todo eso era lo único que quedaba de su hermana. "Te equivocaste querida hermana"

-Ceo y Rea, tomen el poder de Mnemosine y úsenlo para despertarles, ha llegado el momento de traerles de vuelta… -

El séptimo templo se encontraba frente a ellos con su habitual forma pentagonal y entrada rectangular, sobre su ingreso se encontraba tallado el nombre y signo de libra, en lo alto de la construcción se encontraba una hermosa cúpula de aspecto asiático. Dokho suspiro aliviado de llegar a su hogar e invito con un gesto a Acuario y Capricornio a ingresar, justo en medio del salón se encontraba la caja de pandora de libra, resguardando en su interior la armadura y las doce armas que Athena le había encargado a su cuidado.

-Adelante muchachos libra es mucho menos engañosa que la casa de cáncer. – Bromeo amistosamente el chino, recordándoles a sus dos acompañantes lo difícil que les había resultado salir del cuarto templo a causa de Shaka. – Desayunaremos en lo que llega nuestro último invitado.

-¿Alguien más nos acompañara? – Shura se adentro al templo después de Dokho y compartió una mirada con el galo que seguía parado en las escalinatas de entrada hundido en sus propios pensamientos.

-Así es, Kanon no debe tardar. – Dokho se desvió del largo salón introduciéndose entre las columnas de forma lateral hacia una puerta aledaña que daba la entrada a la parte privada del templo de libra. – He preparado la comida, para poder alimentarnos antes de dedicarnos a los asuntos que nos competen.

Dokho abrió la puerta por la que rápidamente se escabullo un delicioso olor a comida que hipnotizo los sentidos de ambos santos dorados pues cualquier santo de oro que subiese de golpe mínimo seis templos llegaría a cualquiera de estos con el estomago vacio.

-Sentémonos a comer, mientras charlamos animadamente. – Dokho deslizo dos platos a sus compañeros para que se sirvieran por si mismos de aquello que más les apeteciera mientras el tomaba su habitual arroz y pollo, se sentó y espero a que Camus y Shura hicieran lo mismo para comenzar a comer.

-A ustedes dos tiene uno que arrancarles las palabras de la boca. – Hizo notar Dokho, Camus y Shura se observaron entre ellos rápidamente, lo que provoco que Dokho estallara en una carcajada. – Nunca había subido el camino de las doce casas tan en silencio como lo he hecho con vosotros dos, ni siquiera cuando he ido solo.

-Antiguo maestro. – Shura sonrió apenado, pero la graciosa expresión de sorpresa del chino le hizo reír y le ayudo a romper el tenso e incomodo ambiente entre los tres. – Nosotros dos desconocemos que tan actualizado este en información como para conversar. – Contraataco.

-Es por ello que quiero oírles hablar, pero es más fácil sacarle sangre a una columna que a ustedes dos una palabra. – Bromeo Dokho llevándose una cucharada a la boca y viendo a ambos santos dorados sonreír. – Aunque Camus aun se rehúsa a hablar.

-Lo lamento, antiguo maestro, es solo que su propuesta nos ha tomado a ambos de sorpresa. – Camus miro con sus ojos fríos al chino.

-No te puedo decir de que se trata, aunque el patriarca es quien me ha pedido que me encargue de esto. – Dokho disfruto la cara de sorpresa de ambos jóvenes y dejo que la curiosidad taladrara la mente de ambos.

-Sabe como despertar el interés. – Shura se llevo un trozo de comida a la boca y volvió a hablar cuando se hubo pasado el bocado. – El patriarca debe creer que ambos hicimos buen equipo con Saga aunque dudo que lo mismo ocurra con su gemelo, Kanon en cierta parte aun se resiste en integrarse a la orden.

-Shura la situación de Kanon en el santuario fue por años complicada debemos entender el porqué él tenga cierta apatía a todos nosotros, podríamos incluso compararlo a lo que paso Aioria. – Camus volvió el rostro a su vecino con calma quien asintió a su respuesta. Fuese lo que el patriarca hiciera que ambos formaran un equipo con Kanon distaba mucho de la relación que ambos habían desarrollado con Saga.

-No se impacienten, pronto descubrirán de que se trata todo esto, mientras disfrutemos del desayuno. – Dokho sonrió maliciosamente por la ansiedad o el interés que estaba despertando en ambos jóvenes, quienes solo volvieron a intercambiar miradas entre ellos, hasta que por fin se relajaron y dejaron de darle vueltas al asunto, resignados a esperar lo que tuviese que pasar.

-Hola caballeros. – Saludo cortésmente Kanon, quien ingreso tranquilamente por la puerta con familiaridad, detalle que no paso desapercibido para acuario y capricornio que rápidamente se cuestionaron en la relación que debía existir entre el antiguo maestro de libra y Kanon.

-¿Gustas Kanon? – Inquirió Dokho, señalando amablemente una de las sillas a su lado que continuaba vacía, invitándolo a sentarse.

-Gracias, antiguo maestro pero ya he comido en géminis. – Kanon permaneció de pie a un lado de la puerta, no sin antes analizar con la mirada a los otros dos caballeros dorados que se hallan con el antiguo maestro, Shura se había desprendido de la hombrera derecha de su armadura seguramente por la herida del Keraunos y Camus ni siquiera portaba acuario, señal de las secuelas que tenia por la batalla contra Ares, si Saga aun se encontraba con heridas graves no imaginaba la suerte que habían tenido Milo y Camus al enfrentar al dios.

-Está bien, pero de todas formas puedes acompañarnos a la mesa. – Sonrió Dokho.

-Antiguo maestro ¿Puedo hacerle una pregunta? – Kanon tomo el respaldo de la silla para recorrerla hacia atrás y sentarse como había pedido Dokho.

-Las que quiera Kanon. – Dokho siguió comiendo tranquilamente, aunque sabía por adelantado que una pregunta de cualquiera de los géminis normalmente solía ponerlo en aprietos, asi que se paso velozmente el alimento con el fin de evitar atragantarse con la comida.

-Cuando usted enfrento al titán Cronos en el Monte Parnaso, su cosmos estallo como el día en que enfrento al patriarca en la casa de Aries, sin embargo… -

-Entiendo Kanon. – Dokho cerró los ojos calmadamente, dejo el cubierto a un lado de la mesa y respiro profundamente. – Se que me preguntaras acerca de la magnitud del poder de Cronos, ni siquiera mi ataque más poderoso pudo herirle, el poder que Cronos y sus hermanos liberaron en el monte Parnaso es de un nivel colosal, incluso dioses han caído ante él. –

-¿Y como se supone que le venceremos? – Shura recordó todo de cuanto se acordaba de aquel día en el monte Parnaso, si bien el poder que mantenían los titanes hasta entonces les superaba, cuando el cofre que mantenía sellados sus poderes se fragmento, estos se elevaron considerablemente, después de eso el Keraunos lo había golpeado y era cuanto recordaba de ese día: Un poder inigualable que superaba por mucho el suyo e incluso el de Athena.

-Podríamos repetir lo que hicimos en el muro de los lamentos. – Sugirió calmadamente Camus, aunque todos entendieron lo que significaba de por medio.

-¿Una medida tan desesperada? – Kanon se paso una mano por el mentón y negó profusamente.

-Si tienes pensado en algo más Kanon, compártelo con nosotros. – No era que le gustase la forma extremista de Camus para resolver un problema tan colosal, pero al final de cuentas ese era el nivel máximo al que podían llegar y con el que tal vez podrían hacerle frente a Cronos.

-¿Y si no funciona? Su sacrificio seria para nada. – Kanon admiro la frialdad de Camus y el espíritu de justicia de Shura que ni siquiera se inmutaban por dar su vida en una técnica, siempre y cuando se lograse el objetivo que ambos deseaban. Tal vez aquella actitud tan autodestructiva era la que les había unido tanto a Saga, siempre dar todo de ellos sin importar las consecuencias que esto trajera.

-El patriarca y Athena aun discuten acerca de cómo saldremos de esta, pero lo que hicimos en el muro de los lamentos ya no es una opción, el patriarca desea que si esta situación se nos va de las manos y esto se torna muy fatalista, Shion quiere que mínimo queden dos santos dorados para dirigir un segundo contraataque. –

Las palabras de Dokho despertó en los tres un escalofrio no solo estaba hablando que la mayor parte de la orden dorada sucumbiría ante el poder de los titanes, sino que también Athena y los santos restantes estarían ante un peligro inminente, la seguridad de la diosa estaría en juego junto con su vida y aquella situación prácticamente se les iría de las manos, tan solo imaginarlo hacia que todos sus músculos se tensasen y su pulso se acelerara.

La situación emergente que proponía el patriarca, era una medida extrema para proteger a la diosa de los titanes, pues si Athena llegaba a ser sellada por estos, toda esperanza se esfumaría. A la mente de los tres primero vino la idea de que aquellos dos santos que quedasen fueran Aioros y Saga, pero viéndolo desde un punto tan fatalista, serian estos dos quienes primero se sacrificasen por el resto.

-¿Alguna idea de quién de ustedes podrían ser esos dos? – Dokho interrumpió el pensamiento del trió quienes alzaron la mirada hacia él. Tres pareces de ojos que mostraron a Dokho toda la desolación que posiblemente pudiera ocurrir al enfrentar a Cronos y sus hermanos. – El patriarca me ha pedido que se los preguntase a ustedes pero Kanon me ha dado pie para que lo hiciera un tanto sorpresivo, lo lamento si…

-No, antiguo maestro, todo está bien. – Negó Camus restándole importancia al asunto. – Y la prevención que el patriarca ha hecho me parece excelente, nunca esta por demás tener un plan B.

-Además cualquiera que sea el resultado la vida de Athena es lo que más importa. – Shura miro hacia su brazo derecho pensando en que no importaría si el mismo era cortado por su propia espada siempre y cuando el otro filo de su técnica cortase al enemigo y lograse salvar a Athena.

-El patriarca y yo no podríamos ejercer de nuevo esos puestos, pues trataríamos de impedir la muerte de alguno de vosotros y Athena a cualquier costo. – Dokho se incorporo de su silla y camino nerviosamente por la habitación, decirles a un trió de jóvenes como aquellos que su vida podría apagarse en el siguiente combate de nuevo le hacía sentir una impotencia y desesperanza absoluta. – Quien sea que ustedes decidan que sean esos dos, el resto de la orden deberá protegerlos.

-Yo no podría. – Confeso Shura mirando en dirección hacia su brazo.

-Maestro sería más fácil que ustedes fueran quienes los eligieran. – Repuso Camus.

-Shion les conoce de su infancia y lo que participaron en la guerra santa y por mi parte, la ausencia que he tenido estos años del santuario no me permite elegir sabiamente pues realmente no les conozco a todos. – Dokho se cruzo de brazos y se recargo en el muro de la cocina mientras su vista azul se escapaba por la ventana en dirección a la estatua de la diosa Athena que se podía ver desde ahí. – Además el patriarca cree que ustedes tres son los indicados para esa decisión.

Los tres volvieron a guardar silencio contemplando las posibilidades que había entre los santos dorados que restaban. Piscis se negaría rotundamente a ello, Camus por su parte conocía que su actitud tan entregada a un propósito le conduciría directamente a la muerte, como en el pasado había ocurrido, Sagitario y libra ni siquiera entraban a discusión, Mascara de la muerte tal vez se aferrara a la lucha tanto como a la muerte, Saga y Aldebarán iban a entregar todo de sí mismos.

-Shaka acompaño a Athena en el inframundo, el podría ser el indicado. – Aporto Kanon calmadamente.

-Su fuerza ofensiva y defensiva son excelentes y su cosmos es muy cercano al de un dios. – Camus recordó lo que habia sido pelear contra el sexto guardian en la guerra santa y el reto que esto habia significado.

-Yo también estoy de acuerdo de que sea él. – Shura miro hacia Dokho esperando que este confirmara su decisión pero el chino ni siquiera se inmuto simplemente asintió, aceptando que Shaka sería uno de los dos caballeros dorados que cuidasen de Athena, el ultimo seria seleccionado entre Milo, Mu y Aioria.

-Milo es muy veloz, pero es demasiado impulsivo dudo que se rehuyese a pelear. – A Kanon le dolió en el alma descartar a Milo, pues parecía que lo estaba sentenciando a muerte a quien él consideraba como su hermano menor, aun así no pudo evitar voltear a ver a Camus que permanecía con la vista fija sobre el maestro Dokho. – Aunque…

-Tienes razón, ambos sabemos lo impulsivo que puede llegar a ser Milo, el jamás se retiraría de una batalla, su orgullo como caballero se lo impide y mucho menos si eso significa dejar a algunos atrás. – Kanon miro sorprendió al francés, sabia lo mucho que a Camus le habría costado decir eso, pero al final no había otra persona que conociera al escorpión tan bien como él.

-Aioria es demasiado volátil, no va a dejar a su hermano, ni a más de media orden atrás. – La voz ronca de Shura demostró lo difícil que habia sido para el tomar esa decisión, ya en el pasado se habia cargado a uno de los hermanos y decir que Aioria no estaba preparado para ese puesto era como asesinarlo a sangre fría como lo habia hecho con Aioros.

-Nosotros te apoyamos en esa decisión Cabrita. – Kanon puso la mano sobre el hombro de Shura para intentar amortiguar el peso de esa elección y la mirada que Camus le lanzo al capricorniano fue de un total apoyo. Tal vez la actitud de compañerismo que ambos habían desarrollado en el penoso trayecto de las doce casas fue lo que les hizo continuar hasta el final y soportar a Saga. – Antiguo maestro tal parece que Mu es quien creemos que…

-Te equivocas Kanon. – Le interrumpió Camus incorporándose de la silla y plantándose frente a él.

-Nosotros no creemos que Mu sea el indicado, al final Mu seguirá el mismo camino que Aioria y Milo, nosotros lo vimos en las doce casas, Mu llega a perder los estribos en situaciones muy complicadas y va terminar siguiendo a Leo y Escorpion. – Puntualizo Shura, Kanon miro sin comprender de uno a otro desconcertado, repaso velozmente a todos los santos que ya habían descartado sin comprender a quien consideraban más apto para el puesto, frunció el ceño molesto y miro a Dokho quien estaba extrañamente sonriendo.

-¿Me olvide de alguien? – Refuto con cierta molestia al ver la mueca burlona de Shura.

-De ti. – Contestaron velozmente ambos santos cómplicemente.

-¿Qué? – Atino a vociferar.

-Eres perfecto para ese puesto Kanon tu fuerza iguala a la de Saga. – Camus giro en torno a la mesa y recargo sus manos tranquilamente sobre el respaldo de una silla.

-Además muy pocos te conocen Kanon y eso es una ventaja enorme para nosotros, eres nuestro factor sorpresa. – Shura le tendió la mano a Kanon quien continuaba anonadado encerrado en sus pensamientos. – Fuiste golpeado por Poseidón, enfrentaste a Milo y a los tres jueces del infierno, sin decir todos tus prodigios en esta guerra, Kanon de géminis tú eres el indicado para ese puesto.

-Shura, Camus. – Kanon miro de uno a otro sorprendido pero al final tomo con firmeza la mano del capricorniano, en señal que de que no defraudaría la esperanza y la misión que le fuese encomendada por sus compañeros.

-Eres perfecto para ese puesto Kanon. – Apoyo Dokho. – Y si ambos ya lo han decidido no hay nada más que discutir. – Dokho miro en dirección a los guardianes del decimo y decimo primer templo quienes asintieron tranquilamente. – Entonces ya está decidido.

-Maestro ¿Por qué el patriarca nos escogió a nosotros? – El español llevo su mano hacia su hombro, debido a un calambre de dolor que recorrió toda su extremidad, dolor al cual comenzaba a acostumbrarse pues ninguno de los presentes se percato.

-Camus y Shura ustedes han relejado sus sentimientos, su admiración y sus emociones hacia un lado, para mantener la justicia y el honor de acuerdo a las normas de la diosa Athena, han cargado con el titulo de traidores y ni si quiera se inmutaron o dudaron para tomarlo, no buscaron el perdón de sus camaradas, aun cuando pudieron explicarles que era lo que realmente sucedía, si no que apegaron a un plan del cual ustedes no saldrían bien librados, pero jamás dudaron, pues su convicción les impulsaba a ir mas allá. – Dokho vio a ambos jóvenes guardar silencio, pero sus miradas reflejaron tan solo por una fracción de segundo, todas las dudas, la inseguridad y el temor que les asalto en la guerra santa.

-Por tu parte Kanon, el patriarca sabia que tu ya no esperabas recibir ni el reconocimiento por parte de la orden dorada, ni anhelabas una armadura, un estatus o un puesto similar al de tu gemelo, esa indiferencia pero a la vez fidelidad a la diosa le mostro que estabas dispuesto a entregar más de lo que esperabas recibir. – Kanon abrio los ojos con sorpresa al reparar en algo que ciertamente el había ignorado, ni siquiera recordaba el momento en que realmente dejo de importarle ser un caballero dorado o un santo.

-Lo mejor será apegarse al plan A. – Kanon agradecía el que sus compañeros le confiaran la vida de Athena si algo llegase a salir mal, sin embargo y aunque le costase admitirlo no quería volver a pelear solo como lo había hecho en el inframundo, sabía que ahora tenía hermanos de orden y no planeaba dejar que ninguno yaciera en batalla.

La música sonó tenuemente inundando con sus ondas sonoras los rincones del primer templo del zodiaco y las ruinas que yacían frente a él, una música digna de oír por los mismos dioses debido a la belleza que mostraban sus notas y que ocultaban entre sus acordes sonidos la letalidad de la técnica del caballero de Lira.

-Es bueno verte de nuevo Shun. – Saludo cortésmente el peli azul a su compañero que le respondió con una amable sonrisa. – Espero no te moleste que interrumpa tu pelea.

-No tienes por qué preocuparte, pelear a tu lado será todo un placer. – Menciono educadamente el caballero de Andrómeda tensando aun más su cadena, evitando de esta forma que el gigante fuese a librarse de su agarre.

-Humanos han sido maldecidos por los dioses y aun así se atreven a pelear por ellos. – Hipólito tomo con la yema de sus dedos la cadena de Shun la cual le dio una descarga eléctrica al rosar la piel con el metal de esta. El gigante soltó un alarido de molestia, soltó el mazo que llevaba en sus manos e hinco una rodilla en el suelo.

-Ríndete ahora por favor. – Shun no desvaneció la fuerza de tensión de su cadena, a pesar del que el gigante se encontraba en el suelo.

-¿Rendirme dices? – Hipólito gruño por lo bajo, miro de reojo a Shun y en un solo pestañeo el gran ser se encontraba a escasos metros de él, Hipólito le pateo arrojándolo primero hacia atrás y luego hacia adelante debido a que el gigante había dado un brusco movimiento con todo y la cadena de su cuello, lográndose liberar de esta y atraer a Shun hacia sus pies. – Poseo la misma velocidad que el dios Hermes, mortal. Ahora muere.

Hipólito bajo velozmente su pie sobre Shun, pero este se vio refrenado, ya que algo le impedía bajar la pierna hacia el suelo, presiono con mayor fuerza esta sin embargo el resultado fue el mismo, algo o alguien le impedía aplastar al caballero de Andrómeda.

-No te olvides de mí. – La apaciguada voz le recordó rápidamente que un caballero de plata también había llegado hasta el primer templo y pronto se dio cuenta que aquel santo era quien protegía realmente a su compañero.

-Creí que solo tocabas el arpa. – Se burlo grotescamente el gigante. – Da igual tu rango y tu fuerza te aplastare de todos modos.

Hipólito retrocedió su pierna, alzando su pie en el aire para después dejarlo caer bruscamente en el sitio donde se encontraban ambos caballeros, pero a pesar de la velocidad que había implicado el gigante, Orfeo se las había ingeniado para sacar a Shun del rango de ataque del gigante.

-Sera divertido pelear con dos santos que asemejan su cosmos al de los caballeros dorados. – Hipólito sonrió de medio lado, se agacho un poco para recoger su mazo que se encontraba tirado a sus pies y su cuerpo comenzó a desvanecerse lentamente en el aire, tornándose invisible a sus ojos. – Esta vez santos peleare como en la época del mito lo hice con el dios Hermes. – Menciono seriamente el gigante, mientras su voz tan solo parecía un susurro del aire y su cosmos se desvanecía en la brisa.

-Mi cadena puede detectarlo. – Shun indico con su mirada al caballero de lira que mirase su cadena y la forma en que esta se sacudía en el suelo al detectar la presencia amenazadora del gigante, el caballero de Andrómeda elevo su cosmos y su cadena reacciono con este, lanzándose al ataque hacia atrás de ellos, guiándolos hacia donde estaba su enemigo. – Yo sujetare a Hipólito.

-Bien, entonces yo me encargare del resto. – Orfeo tomo su lira entre sus manos, roso suavemente con el pulpejo de sus dedos las cuerdas transparentes de esta que emitieron un suave ruido sin embargo, detuvo el movimiento de su mano al detectar que la cadena de Shun se retorcía en el suelo. - ¿Qué le ocurre? – Vocifero mirando hacia el peli verde.

-La cadena no puede dirigirse hacia una dirección y esto es porque tenemos más de un enemigo. – Apenas Shun hubo pronunciado estas palabras, tanto él como Orfeo fueron impactados, Shun sintió como algo le golpeo bruscamente por la espalda lo que le lanzo hacia enfrente bruscamente, golpeando duramente el suelo, sintió como su brazo izquierdo se disloco ante la brutalidad de la caída la cual todavía le arrastro varios metros en los cuales sufrió varias heridas al contacto de su carne contra las rocas.

Por su parte la suerte de Orfeo no fue mejor a la de su compañero pues él recibió directamente el golpe de frente, la lira que estaba en sus manos se rompió en pedazos ante el impacto, llegando a incrustarse parte de esta en su armadura y rasgando su piel, ante el separamiento brusco de las cuerdas, cayó de espaldas abruptamente y fue arrastrado cerca de 10 metros hasta que choco contra las escaleras del templo de Aries el cual detuvo su trayecto.

Tanto Shun como Orfeo tenían la respiración entrecortada, todo el aire de sus pulmones había salido de golpe por lo que jadearon y tuvieron que toser varias veces para recobrar el aliento el cual se acompaño de sangre. Ninguno de los dos entendía que había ocurrido, se suponía que solo peleaban contra Hipólito sin embargo algún otro enemigo les había golpeado tomando por sorpresa a ambos.

Orfeo se removió en el suelo, apoyándose en los desbaratados escalones para incorporarse, se tambaleo varias veces y levanto su mirada hacia el lugar donde se alzaba una nube de tierra y donde seguramente Shun había caído, dejo caer al suelo el extremo de lira que aun sujetaba entre sus manos y camino hacia él.

Sin embargo no hubo dado ni seis pasos cuando una enorme mano, lo golpeo derribándolo de golpe y le sepulto en la tierra, su cosmos ni sus ojos podían detectar la presencia de Hipólito, pero sabía de sobra en ese instante que quien le atacaba era el gigante, así que elevo su cosmos y le estallo en una explosión, logrando despedazar la mano del ser que le oprimía. La sangre broto a borbollones de la nada y le indico donde se encontraba su adversario.

-Te he encontrado. – Orfeo empuño su mano, la cual se rodeo rápidamente de su cosmos y de esta salió un gran destello de luz lila, el suelo se fragmento ante la descarga de energía del santo de plata y continuo hasta que logro golpear al ser que estaba sangrando frente a él y que había dejado su rastro.

El haz lila logro golpear a Hipólito primero ante el doloroso impacto del ataque del caballero de plata logro quitarle su invisibilidad, haciéndolo visible tanto a él como a su copia, pues frente a Shun se encontraba una réplica exacta de sí mismo, señal que el gigante tenía la capacidad de multiplicar su imagen. El ataque del caballero termino por seccionar todo el brazo del gigante el cual cayó al suelo y la cantidad de sangre que manó del gran ser fue mayor.

-¡Maldito caballero! – Hipólito lanzo su mazo hacia el caballero de lila el cual retrocedió. – Creí que al destruir tu lira perderías tu fuerza. – Gruño enfurecido, el gigante retrocedió varios pasos e hizo presión con su otra mano en su extremidad desmembrada.

-Ha sido un error de tu parte creer que mi instrumento musical define todas mis técnicas, cuando en realidad tan solo era para darle una muerte más tranquila a mi enemigo. – Sentencio el santo de cabellos celestes.

-No me interesa tu bondad ni tu clemencia maldito, ¡No voy a morir aquí! – Hipólito quito su mano de su herida y se encaro al santo de plata. – En la era mitológica estuve a punto de vencer a Hermes con esta técnica, pues ni siquiera un dios es capaz de detenerla.

Hipólito extendió su único brazo y extendió su palma de la cual comenzó a materializarse una esfera escarlata en su centro que comenzó a crecer y rodearse de una especie de lava, que ardía incandescentemente. – Voy a pulverizar tus huesos y esparcir tus cenizas por todo este maldito santuario. – La esfera creció de forma colosal superando los 3 metros de diámetro, de la cual salía expedido enormes flamas y centellantes brazas que ardían en el aire.

Orfeo observo como Hipólito lanzo sobre él su ataque, así que volvió a acumular una gran cantidad de su cosmos en su puño del cual salió expedido en una columna para chocar contra el poder del gigante, por unos segundos ambos ataques se mantuvieron en equilibrio perfecto, ninguno de los dos ataques avanzo muy al contrario siguieron un margen de contraataque.

Shun sacudió su cadena rápidamente, haciéndola avanzar hacia el gigante y la cual se enrollo en torno al cuello de este, el peli verde halo hacia atrás a Hipólito con la intención de derribarlo e impedirle que su ataque continuara ejerciendo presión sobre el de Orfeo, sin embargo tuvo que soltar velozmente a Hipólito pues la copia que hacía unos momentos tan solo permanecía parada frente a él, se movió y lo ataco, obligándolo a retroceder.

El balance entre ambos ataques se rompió bruscamente causando una gran explosión que quemo la cara del gigante, mientras Orfeo se vio lanzado hacia el techo de la casa de Aries la cual se desplomo de su parte central, enterrando al caballero de plata bajo los escombros.

-¡Orfeo! – Shun intento acercarse a su compañero pero fue el mismo Hipólito quien se lo impidió, el peliverde se sorprendió de ver que uno de los ojos del gigante había resultado tremendamente lesionado por las flamas y este se había carbonizado, mientras su otro ojo se encontraba enrojecido e inyectado en sangre. Hipólito rugió de dolor sin embargo avanzo encolerizado hacia Shun.

-¡Excalibur! – Un haz verde atravesó la mitad del campo de batalla impidiendo que Hipólito se acercara a Shun. – Es la misión de un caballero detener a cualquier enemigo de Athena, yo Shiryu de Dragón seré tu oponente.

-De…ten…te. – Orfeo tartamudeo lastimeramente, tomo un escombro con su mano y lo empujo hacia un lado para liberar su pierna la cual había resultado aplastada y tenía una larga herida vertical por toda esta de la cual manaba sangre. – Caballero de dragón, Shun, dejadme por favor terminar con esta pelea. – Suspiro agotado. – Hipólito es mi enemigo y yo seré el encargado de enfrentarle, si no les molesta.

-Apenas y puedes ponerte de pie santo ¿Crees que podrás hacerme frente? – Se burlo el gigante.

-No me subestimes. – Orfeo oculto su mirada bajo su flequillo y comenzó a elevar su cosmos, mucho más de lo que lo había hecho en las ocasiones pasadas. – Aunque mi cuerpo tenga heridas y mis fuerzas flaqueen, ningún sacrificio será en vano pues he logrado herirte también y eso, me muestra que aun cuando seas un ser mitológico eres vulnerable al poder de un humano.

-Este será tu fin, estúpido insecto. – Hipólito genero con su único brazo la misma técnica, una gran esfera de fuego se formo frente a él, sin embargo en esta ocasión se acompaño de un cosmos oscuro que cubría las erupciones de lava que se desprendían del poder de gigante, muy a diferencia del antiguo ataque en donde aquel fuego incandescente quemaba, en esta ocasión aquellas flamas negras que se desprendían convertían todo lo que tocaban en cenizas. – Muere caballero.

Orfeo cerro tranquilamente los ojos y empuño su mano derecha, mientras su cosmos celeste lo envolvía en una gran aura, su mediano cabello comenzó a hondear debido a las vibraciones de su energía y una intensa luz de tonalidad celeste comenzó a envolver su mano, Orfeo la extendió frente a él y de esta se desprendió un disparo zafiro que golpeo directamente el ataque de Hipólito como antiguamente lo había hecho.

-Él es el caballero de plata que vimos en el inframundo Shiryu. – Introdujo Shun al dragón que tan solo miraba expectante al caballero de cabellos celestes debido al gran cosmos que expresaba. – Domino el séptimo y octavo sentido sin la ayuda de nadie. Su música conquisto el oído de Ares y los caballeros dorados en la superficie pero en el inframundo deleito los oídos de los tres jueces del infierno, Pandora y Hades.

-Su cosmos es impresionante… - Shiryu contemplaba absorto la energía que manaba del caballero de plata y que había sido capaz de refrenar el ataque de un gigante por sí mismo. – Se asemeja tanto su cosmos al de un…

El cosmos de Orfeo comenzó a cambiar de coloración a medida que su cosmos aumentaba a grados insospechados para un caballero de plata, este se torno del azul celeste a un brillo dorado en sus bordes.

-¡Es imposible, el cosmos de Orfeo es similar…! – Shun abrió los ojos pasmado de sorpresa.

-¡Al de un caballero de oro! – Completo el peli negro, viendo como parte de la armadura blanquecida del caballero de plata comenzaba a expedir halos dorados.

El poder de Orfeo logro penetrar en la gran masa de poder de Hipólito, logrando fragmentarla por completo, una vez que su técnica logro destruir el ataque del gigante, esta se separo en diversos haces luminosos que atravesaron sin piedad el cuerpo del ser mitológico, albergándose estos haces en su interior para al final explotar en su interior, destruyendo de esta forma el cuerpo y la armadura del gigante que cayó hecha pedazos a los pies del templo de Aries.

Shun y Shiryu se acercaron al caballero de plata que permanecía aun de pie, mirando como caían los restos del gigante y la luz de su cosmos comenzaba a extinguirse en un halo que se volvía raquítico. Orfeo miro sus manos impresionado y comenzó a descender las escaleras del templo de Aries para acercarse al dúo, sin embargo se detuvo unos instantes para contemplar los estragos de la batalla.

Era impresionante que un ser como Hipólito hubiese llegado a la entrada de las doce casas sin ser detectado por ningún caballero y aún más lo era la fuerza de este, como si a medida que aparecían los gigantes en orden ascendente a su nacimiento estos fueran cada vez más fuertes.

Sus ojos celestes recorrieron uno a uno los escombros y entre estos pudo reparar los restos de su lira que yacía destrozada en el suelo, camino despacio debido a la herida de su pierna hasta ellos y rejunto un trozo de madera del cual pendían varios hilos, lo cargo entre sus dedos y sonrió al darse cuenta que aquella era la primera vez hacía mucho tiempo que volvía a pelear sin la necesidad de su lira.

-¿Te encuentras bien Orfeo? – Pregunto angustiado Shun, quien le tomo por el hombro para llamar su atención.

-Sí. – Respondió quedamente el plateado.

Muy a la distancia alguien observaba al trió de santos en silencio, aunque sus orbes zafiro solo estaban fijos en uno de ellos, en aquel santo al cual podía considerársele como el santo mas fuerte entre los caballeros de plata y que su poder había alcanzo por un instante al de un caballero dorado. – Él no necesitaba esa lira, como él ha dicho esta solo era para disminuir el dolor al enemigo, pero de aquí en adelante no la necesitara más" –

Contemplo en silencio su muñeca, dibujando con su mente la antigua marca, signo de que su vida no le pertenecía, pues el mismo destino siempre la había condenado a servir a los dioses, antes era la marca de Ares la que regia su vida y ahora que este no estaba, era su hijo quien le obligaba a seguir su mandato a cambio de que aquel funesto tatuaje no volviese a aparecer y Ares no volviera a tener control en su vida. Deslizo con delicadeza sus dedos sobre su blanquecina piel, lo que le provoco un ligero cosquilleo.

-¿Estas lista? – La voz del dios a su espalda le hizo tener un leve escalofrió, no volteo a verlo simplemente fingió mirarlo sobre su hombro y asintió. – Dirígete a ellos y dame un ejército.

-Aun no encuentro la diferencia entre Ares y tú. – Espeto molesta, no sabía de dónde sacaba aquella bravura, cuando en realidad su corazón dudaba de las palabras que escapaban a sus labios. Anteros se aproximo agresivamente hacia ella y la tomo de ambos brazos rudamente, obligándola a mirarlo, atrapo su cuerpo entre la pared y él y la sacudió.

-La diferencia querida radica en que una vez que esto termine tu tendrás tu tan anhelada libertad, siempre y cuando cumplas con lo que te mande y que renuncias a ser un berserkers. – Respondió ásperamente el dios, Aldana alzo la barbilla altivamente y se despojo del agarre del dios.

-Tendrás el ejercito que quieres dios Anteros, pero recuerda el dios que compra almas por un precio, jamás obtiene una fidelidad absoluta. - Aldana miro fríamente una vez más al dios, antes de salir de la columna que les ocultaba a los dos. Le parecía impresionante la forma en la que podía actuar el dios, el día anterior se había mostrado comprensivo y hasta cierto punto arrepentido de las acciones de su padre, pero ahora se le asemejaba demasiado al dios de la guerra.

-Ya habrá una forma de ganármelos. – Contesto burlón el dios atrás de su espalda.

Aldana enfrento sus ojos felinos a la comitiva que estaba reunida frente a ellos, camino entre los a conglomerados mirando de vez en cuando a alguno a los ojos, se acerco hasta donde una pilastra estaba derribada sobre el suelo, tomo impulso para subirse sobre esta y tener un panorama más claro de sus alrededores, desde este punto observo al dios Anteros quien tenía los brazos cruzados frente al pecho y la miraba con una sonrisa traviesa en los labios, después noto que algunos caballeros les contemplaban con cierto recelo y nerviosismo.

-"Después de todo no puedo culparlos por desconfiar de nosotros, somos el ejercito derrotado de un dios que solo ha traído sufrimiento a este santuario" – Siguió barriendo con su vista el panorama, mientras los hombres frente a ella guardaban silencio, en medio de la multitud pudo distinguir una caballera azul y sonrió de medio lado al reconocer el rostro del caballero de escorpión.

-Les agradezco que hayan venido. – Aldana miro la muñequera que llevaba sobre su antebrazo izquierdo y luego volvió sus ojos ámbares al ejército de berserkers. – Después de todo, aquello que nos mantenía unidos ha sido derrotado por Athena y sus caballeros, creímos que seriamos libre y que podríamos vivir una vida, si había un lugar al cual volver.

Los rostros de los berserkers se llenaron de oscuridad en ese momento, todos ellos, hombres y mujeres, jóvenes y adultos, compartían el mismo pecado, el haber seguido a un dios sangriento, injusto y sumamente violento, pero más allá de ello, todos y cada uno de ellos habían cobrado la vida de inocentes, familiares, amigos, compañeros habían sido el principal sacrificio para que el alma de un guerrero legendario reencarnara por la fuerza en sus cuerpos.

-Ares ha sido sellado por Athena y la libertad que muchos habíamos anhelado al fin había llegado, sin embargo, cuando todos despertamos, tan solo hemos visto que esta preciada libertad es parcial, la marca de Ares sigue marcada en nuestras muñecas como una condena que debemos de cumplir, como una deuda que aun no ha sido pagada y… - Aldana se detuvo unos segundos en los que miro fijamente al dios, quería estar segura de que Anteros distaba mucho de lo que Ares era. – Como una advertencia de que el dios de la guerra retornara y nosotros como su ejército responderemos a su llamado.

-Athena ofrece a quienes quieran aceptar un lugar en su santuario, también les es permitido marcharse y rehacer su vida pero el alma de un berserkers continúa dentro de cada uno de nosotros, esperando despertar. – La peli azul se recorrió el antebrazo izquierdo con la mano derecha, removió la muñequera café que llevaba en esta y mostro su muñeca al ejército reunido frente a ella, quien se sorprendió al ver que de la piel blanquecina de la joven había desaparecido la marca de Ares.

-El dios Anteros aliado de la diosa Athena, promete eliminar el sello que Ares ha impuesto sobre nosotros, si le ayudamos a liberar a los dioses olímpicos del encierro al que los han sometido los titanes, es una misión peligrosa y requiere que volvamos a pelear, sin embargo en esta ocasión la recompensa es la libertad absoluta. Significa que no volveríamos a ser las marionetas de los dioses, nunca más. – Aldana lanzo una mirada desafiante al dios quien simplemente la miro de forma indiferente. – Nadie está obligado a cumplir ni a obedecer al dios Anteros, pero quien decida seguirlos su futuro será tan incierto como su libertad.

Aldana descendió de la columna donde estaba parada y comenzó a caminar entre los berserkers quienes meditaban profundamente su decisión; ahora eran libres y unirse a otros dios, no era algo que les apeteciera a la mayoría, Ares podría durar sellado mucho tiempo después al que ellos murieran, pero si por algún motivo el dios llegaba a librarse de su encierro, su libertad, su nueva vida que tal vez hubieran construido volvería a desmoronarse por sus propias manos.

-¡Aldana! – Milo se acerco hasta la peli azul y la tomo por el brazo para detenerla. - ¿Así que volverás a pelear? ¿Por qué?

-Milo. – Suspiro la escocesa, se libro del agarre del escorpión y le hizo una seña para que la siguiese fuera de la multitud, hacia un lugar alejado del dios y los berserkers. – Ya una vez tuve una libertad parcial Milo, la diosa Ker me la otorgo, sin embargo cuando ella fue sellada y Ares exigió de nosotros, tú mismo lo viste Milo… no puedo controlarme, no soy capaz de hacerlo. Y si hago lo que Anteros quiere, no solo estoy liberándome, sino también a mi hermana.

-No tienes porque hacerlo, Athena no va a liberar a Ares. – El escorpión trato de tranquilizarla y hacerla desistir.

-Ella no pero ¿Y los demás dioses? – Aldana se volvió a colocar su muñequera y comenzó a caminar hacia las ruinas del coliseo seguida por Milo. – Cuando esto termine muchas cosas van a cambiar, lo sé. Y si los dioses quieren restablecer la paz entre ellos y formar una solida alianza entre iguales, van a perdonar a Persefone, Hera y Ares, yo… no quiero volver a estar bajo su mando Milo, antes preferiría haber perecido en ese bloque de hielo.

-¡Pero qué dices! – La reprendió juguetonamente Milo, tomándola por los hombros y acercándola a él. - ¡No permitiríamos que volvieras allá! ¡Athena ocupa muchas doncellas y más una que tenga habilidades para sanar, atacar y poner la situación candente! – El escorpión dorado hizo sonrojar a la berserkers quien se cubrió las mejillas con ambas manos y desvió su rostro. – Bueno que me has demostrado que si puedes encender la situación. – Rio alegremente.

-Hasta las palabras más inocentes suelen sonar mal cuando tú las dices. – Aldana acompaño por primera vez la risa del escorpión dorado, quien le puso un brazo sobre los hombros y la abrazo tiernamente.

Milo no entendía porque aquella joven peli azul le inspiraba tanta simpatía y ternura al mismo tiempo, la había conocido relativamente y prácticamente le debía la vida por los cuidados que le proporciono posterior a la batalla contra Ares, pero en ese tiempo había percibido la melancolía y la tristeza que arrastraba la joven, la cual contrastaba con la bravura y indiferencia que mostraba de vez en cuando.

-¿Cómo está tu hermana? – Menciono una vez que dejo de reir y la chica también se calmo a su lado.

-Scatha ha mejorado considerablemente, aunque aún no despierta. – Aldana miro los escombros del coliseo frente a ella y fue la primera vez que reparo en que la protección de Athena: El santuario cada vez se volvía más vulnerable. – Prefiero marcharme antes de que ella despierte, de lo contrario querrá pelear, sus heridas son graves y no soportaría una pelea.

-Tampoco quisiera que tú fueras a pelear… - Milo estrecho suavemente la mano de la joven entre las suyas y volvió a cuestionarse ¿El por qué se preocupaba por alguien a quien tan solo acababa de conocer? – Camus también se preocupa por ella y además es como si fuera una hermana menor para mí.

-A veces no tenemos otra opción Milo. – Aldana suspiro pesadamente y sonrió tímidamente al caballero dorado. – Lamento mucho lo que hice en el templo patriarcal.

-No eras tú, no tienes porque disculparte. – Le resto importancia, Milo continuaba con la mano de la joven entre las suyas, pero percibió que alguien les observaba desde la lejanía, por unos segundos creyó que sería la imperturbable mirada de su mejor amigo, pero cuando miro de reojo casi se le escapa el corazón del pecho. Soltó la mano de Aldana de inmediato y giro completamente hacia ella. – Aldana te presento a Shaina de Ofiuco.

Ambas jóvenes se sorprendieron, Aldana al no haber percibido el cosmos de una tercera persona cerca de ella y por su parte la amazona de que Milo la hubiese sentido aún cuando había ocultado su propio cosmos, gruño por lo bajo al verse descubierta, hizo una leve inclinación a modo de saludo y giro sobre sus talones para irse.

-¡Shaina! – Milo se movió a velocidad de la luz, para alcanzarla antes de que diese un paso y la giro hacia la berserkers que continuaba pasmada en el sitio donde se encontraba. Milo acerco sus labios al oído de la rubia y le susurro. - ¿A poco estas celosa?

-¿Yo? – Shaina alzo una ceja con incredulidad y se alejo unos pasos de Milo molesta. – No hay ningún motivo para que yo sienta celos. – Contesto de forma hiriente, lo que hizo al escorpión expresar una mueca de reproche que claramente ocultaba una sonrisa de satisfacción, Shaina lo había visto con Aldana y se había puesto celosa y él lo había descubierto.

-¡Que maleducada Shaina! Ven te presentare a Aldana. Es que como es posible que seas una amazona de plata tan descortés. – Milo prácticamente arrastro a la cobra hasta donde la berserkers permanecía parada mirándolos con diversión pues sentía la tensión entre ellos dos.

-Mucho gusto. – La peli azul extendió su mano hacia la cobra quien trato a toda costa por ocultar la mirada fulminante que le estaba lanzando, incluso estrecho la mano de la chica.

-He escuchado muchas cosas de ti. – Shaina soltó la mano de la joven y volteo a ver furiosa a Milo quien sonreía a sus espaldas. – Han puesto a todo el santuario en alerta, pero es bueno que se hallan librado del control de Ares.

-Solo ha sido algo parcial para la mayoría. – Tercio la escocesa, un silencio incomodo se hizo entre ambas, lo cual divirtió a Milo, quien decidió que estaría callado un rato más para prolongar ese sentimiento en ambas y para diversión suya. – Deberán disculparme pero tengo que retirarme, Anteros querrá una respuesta.

Ambos observaron como la peli azul se marcho apresuradamente entre los escombros del coliseo, Shaina apenas observo que la coleta de la joven desaparecía, se dio la media vuelta furiosa y comenzó a caminar apresuradamente.

-Shaina. – Milo camino a su lado y capto cada detalle del rostro de la amazona como si fuera la primera vez que viera su rostro, la mirada fija de sus grandes y expresivos ojos, la forma que arqueaba sus cejas al estar molesta, su nariz perfilada, sus labios fruncidos y el rubor de sus pómulos. – Eres demasiado hermosa cuando te molestas.

-Eres un idiota. – Gruño intentándose alejar de él, pero a pesar de ir caminando apresuradamente Milo le daba alcance fácilmente, no por algo era el santo más veloz de la orden dorada. - ¿Hacerme enojar solo para verme "Hermosa"? - Siseo cambiando de dirección para alejarse del santo.

-Shaina. – Milo rio a lo lindo a su lado, definitivamente hacerla enojar se iba a convertir en unos de sus hobbys preferidos. – Tu siempre eres hermosa, solamente que cuando te enfureces se nota más.

-Déjame en paz, Milo. – Shaina se ruborizo al escuchar al escorpión, por lo que trato de alejarse aun más de él, pero muy contrario a lo que ella deseara el griego volvió a alcanzarla y esta vez la detuvo por ambos brazos obligándola a mirarlo.

-Shaina, ambos sabemos que quieres que te siga y yo quiero seguirte. No tienes porque ponerte celosa de Aldana, ella es como una hermana menor para mí y tu… - Milo guardo silencio por primera vez su pulso se acelero y se sintió nervioso, nunca le había expresado francamente sus sentimientos a la amazona, siempre habían sido bromas y besos robados pero ahora que podía simplemente decirlo lo que en verdad sentía con sus palabras estas se negaron a salir de su boca.

-¿Yo qué? – Shaina tembló ligeramente entre las manos de Milo, sin embargo su mirada permaneció ferozmente sobre los ojos azules de Milo.

-Tú eres la primera en la lista. – Refuto el octavo guardián, Shaina malinterpreto al instante esas palabras y le propino tremenda cachetada al escorpión dorado que no se esperaba un golpe como aquel y que le hizo girar el rostro.

-Vete al infierno, Milo de escorpión. – Shaina se libero enfurecida, sintiendo como se había burlado el santo de ella y aunque se resistió a derramar una lagrima, fue un golpe bastante duro en su orgullo como mujer y amazona. Y cuando escucho la risa-quejido de Milo tuvo unas grandes ganas por golpearlo, por lo que se detuvo con todas las intenciones de hacerlo.

-Golpeas muy fuerte, ahora entiendo porque te has cargado a un gigante. – Milo tenía enrojecido la mejilla, pero mantenía una sonrisa en su rostro, la cual había sustituido al desconcierto que le embargo por unos segundos. – Perdóname me he expresado mal. Cuando estaba en el sanatorio creyendo que mi propio cosmos acabaría conmigo, hice una lista de cosas que haría antes de que mi vida acabara, la primera de ellas Shaina eras tú, no quiero que creas que estoy jugando contigo, ni que no me tomo en serio lo que tenemos, jamás haría algo que te lastimase Shaina porque te amo.

-Milo… - Shaina se acertó lentamente al caballero, sentía que sus piernas flaquearían en cualquier momento por todo aquel nudo de emociones que estaba sintiendo en su interior, extendió su mano hacia el brazo de Milo y lo tomo para apoyarse en este, subió su mano en una suave caricia hacia el rostro del griego y acaricio delicadamente la mejilla enrojecida de este. – Discúlpame yo no quería pegarte tan fuerte y… -

-No me ha dolido.- Trato de tranquilizarla, aunque era todo lo contrario. Milo agarro a la amazona por el cuello y la atrajo hacia sí, fijando con su mano por la mandíbula a la rubia que no opuso resistencia esta vez y se dejo guiar por él, cuando la beso, el simple rose de los labios de la italiana le supo a gloria, pero el que ella continuara de forma acorde y equilibrada aquel beso, definitivamente era la victoria.

La sala patriarcal se encontraba oscurecida en su mayoría, las penumbras de la noche habían ennegrecido su interior y ocultado las siluetas que se movían en su interior a miradas impertinentes, las puertas y ventanas del recinto se encontraban cerradas en señal de que una audiencia se llevaba en su interior y por lo cual se tenía prohibido la entrada a cualquier caballero ajeno a los asuntos que se arreglaban dentro, no importaba que este fuera un santo dorado o un divino.

La larga alfombra y el área cercana al trono se encontraba iluminado por los halos incandescentes de las velas que pendían de candelabros colocados frente a las pilastras del pasillo principal, que aportaban una luz anaranjada a los reunidos en aquella sala. Sentada sobre el trono de piedra se encontraba la joven diosa Athena, mantenía a Nike en su mano derecha mientras la izquierda se encontraba recargada en el antebrazo del trono. A la derecha de la peli lila se encontraba el patriarca que llevaba envistiendo su habitual túnica oscura de cuello rojo. Seiya se encontraba de pie a la izquierda de la diosa, portando la armadura de Pegaso y era el único santo divino presente.

-Diosa Athena. – Shaka deposito el casco de virgo en el suelo al tiempo en que se arrodillaba frente a la diosa de la sabiduría que le observaba con ojos preocupados, pues aunque las visitas de Shaka fueran esporádicas la presencia del sexto guardián del zodiaco siempre arrastraban un motivo de fondo, uno que normalmente no auguraba nada bueno. – Disculpe que le inoportuno a estas horas pero creo que es prioritario esta reunión.

Saori observo que tras de Shaka se mantenía una joven de altura media, ojos verdes como dos preciosos esmeraldas, de largos cabellos tan negros como la misma noche lo era, llevaba un vestido azul que remarcaba las curvas de su cuerpo. La cual hizo una profunda reverencia a penas se dio cuenta que la observaba.

-Buenas noches hija del gran Zeus. – Helena se irguió lentamente, al mismo tiempo que Saori les hacia una seña a ambos para que se pusieran de pie.

-¿Qué les ha traído con tanta urgencia al templo patriarcal? – Shion miro de Shaka a la flame, reconociendo a esta ultima como el ser que había sido enviado por la diosa Hestia para acudir en ayuda de los santos controlados por Cronos, como lo habían sido Dokho y Aioria.

-Diosa Athena su vida corre un grave peligro y lamentablemente tiene grandes posibilidades de perder esta guerra. -

-¿Cómo puedes saber eso? – Se exalto Seiya de pronto, ganándose una severa mirada del patriarca.

-Caballero mi mente hizo contacto con la del titán Cronos, cuando ilumine con el fuego divino la mente del antiguo maestro de libra y además el fuego me permite esclarecer a través de visiones el futuro que se avecina. – Helena miro fijamente al caballero de castaños cabellos. – Y serás tu caballero una de los motivos por el cual Athena se exponga a Cronos.

-¡¿Qué!? ¡¿Pero como…!? –

-Guarda silencio caballero de Pegaso. – Shion clavo sus ojos en los del joven caballero que a regañadientes acepto. El patriarca suspiro pesadamente pidiendo paciencia a cuantos dioses conocía en su mente y es que el que los caballeros de bronce hubieran crecido fuera del santuario les había hecho unos completos ignorantes en cuanto al protocolo. – Helena continúa por favor.

-La conexión que hubo entre Cronos y yo, nos mostro a ambos que los titanes serán quienes ataquen al santuario y Cronos buscara a un santo dorado para asesinarlo, desconozco que tan allegado seas a ese santo que iras en su ayuda caballero de Pegaso y tú mismo te conducirás a la trampa de Cronos quien te torturara y quemara tu alma para que Athena acuda en tu ayuda. – Helena observo la cara sorprendida del japonés y de la misma Athena que conocían sus espíritus impulsivos y que consideraban imposible el no acudir en ayuda del otro. – Patriarca usted mismo acompañara en persona a Athena y dos santos dorados más llegaran para el cuidado de la diosa, pero…

-Habla con tranquilidad, es un gran alivio conocer tu visión ya que nos ayudara a evitarla en lo posible. – Saori intento calmar el ambiente, aunque podía sentir la frustración y desesperación de Seiya.

-Cronos será capaz de deshacerse de dos santos sin problemas, quedando únicamente usted en compañía de un caballero dorado, el caballero de Pegaso y Athena, Cronos utilizara un poder devastador que detendrá un poder realizado por tres caballeros dorados juntos. – Puntualizo la joven.

-La exclamación de Athena. – Susurro Seiya y Saori al mismo tiempo, Shaka permanecía con los ojos cerrados pero el fruncimiento de sus cejas mostraba lo consternado que se encontraba el santo de escuchar aquellas palabras proféticas.

-Diosa Athena usted perecerá junto con sus santos y gran parte del santuario a causa de ese ataque, después de su muerte, los dioses restantes cederán ante el poder de los titanes sobrevivientes y la guerra llegara a su fin, donde los titanes se erguirán como los seres regentes del mundo y el universo. Lo lamento tanto. – Helena observo el rostro impasible de Athena y la severidad que mostraba el rostro de su patriarca, señal de que ambos estaban pensando en las consecuencias que tendría el mundo entero si llegaban a perder esa guerra.

-Athena. – Shaka relajo los músculos de su mandíbula que había permanecido tensa y sus facciones se tranquilizaron. – Usted ha reencarnado en el cuerpo de una mortal y por ende este no resistirá el ataque de un ser tan poderoso como Cronos, ningún cuerpo mortal podría resistirlo pero si usted volviera a su cuerpo divino, tal vez habría una posibilidad de resistir su ataque.

La casa de géminis y cáncer habían quedado atrás de él, subía las escaleras más por inercia que por ganas, su obligación era permanecer en el templo de Sagitario, pero el solo hecho de pensar que tenía que pasar por la quinta casa del zodiaco le resultaba deprimente y por primera vez podía experimentar ese gran vacío en su interior, se cuestiono si su hermano menor se debió haber sentido de esa forma durante su infancia.

Sus pasos decaídos resonaban con fuerza por las escaleras que unían cáncer con leo, visualizaba el techo de templo que pertenecía a su hermano y le vio sumido en sombras. Reparo en que no había cuestionado a ninguno de sus compañeros de la forma en que Aioria había muerto, tampoco era que le importase mucho, de todos modos el saberlo no iba a cambiar lo ocurrido. Recordó la terrible punzada, el sabor amargo en su boca y el estomago revuelto que sintió cuando vio a Aioria encaminando las filas del monte Yomotsu, no podría describir la sensación que experimento en ese momento, incluso se pregunto cómo Mascara de la muerte era capaz de observar la desesperanza y desolación de aquel lugar sin intervenir.

Descendió lentamente sus ojos, centrándose en ver los escalones que le faltaban para llegar a la sombra de Leo, sin embargo iba completamente concentrado en sus pensamientos y sus ojos zarcos parecían simplemente mirar a la nada, vacios y carentes de todo sentimiento, aunque el sagita sufría inmensamente en su interior. Siempre había sido así, Saga y él tenían prohibido quebrarse, pues la orden y el ejército de Athena se apoyaba en ellos.

-¿Quieres un vaso con agua? – Aioros no se había dado cuenta que ya estaba en medio del salón de batalla de leo, por lo que la pregunta le tomo completamente desapercibido, lo que le hizo crisparse e incluso cuestionarse si no había imaginado su voz. – Aioros. – Demando el interlocutor.

Se volvió emocionado hacia él, tenía los ojos bañados en lágrimas aunque se negaba a dejar derramar alguna de estas en su rostro, no podía creer que Aioria estaba frente a él, viéndolo completamente desconcertado, llevando dos vasos con agua en sus manos y demandando una respuesta con su mirada.

-Aioria…estas vivo… yo… - Aioros corto la distancia entre su hermano y él y le estrecho fuertemente en sus brazos, tomando desprevenido al joven león, que termino no solo derramando el liquido cristalino en las baldosas que se tornaron grises, si no que hasta los vasos de vidrio cayeron de sus manos hacia el suelo, lo que les rompió en varios pedazos.

-Hermano. – Aioria no supo que decir, podía ver el dolor que su muerte había dejado en su hermano, pero también la inmensa felicidad de crio que estaba pasmada en él. – No tienes de que preocuparte, estoy bien.

-Aioria, me has sacado un susto de muerte, he sentido que mi alma caía junto a la tuya en el Monte Yomotsu, cuando te vi ahí… yo me descontrole, no podía creer que fueras tu, quería detenerte, impedir que te hundieras en el sueño de la muerte, deseaba protegerte a toda costa hermano e incluso trate de impedírtelo, por lo que golpee a Mascara de la muerte que intentaba frenarme y … -

-Aioros. – El pequeño león dorado detuvo a su hermano por los hombros y le sacudió un poco para que notara que fuese lo que hubiera pasado en el inframundo ya no debía preocuparles, en primera porque él no recordaba nada de lo que Aioros decía y en segundo porque él estaba vivo y bien. - ¿Golpeaste a Mascara de la muerte? – Capto, observando con extrañeza a su hermano.

-Solo fue un golpe. – Menciono con nerviosismo Aioros intentándose justificar por lo ocurrido.

-Vaya. – Silbo Aioria, esa era la muestra clara de que Aioros había perdido los estribos. – Seguro le sentaste en el suelo de Yomotsu con ese golpe.

-Ya Aioria. – El sagita se paso una mano por la cara con pesar y sonrió avergonzado a su hermano menor. – No digas nada, que me siento pésimo por eso.

-Está bien, pero solo lo hare si dejas de lamentarte por lo que paso. Aioros yo soy un caballero dorado, soy el santo de leo, mi vida la he consagrado a Athena desde que era joven y debes de dejar de ver en mi al hermano pequeño a quien solías entrenar en tu juventud. – Aioria enfrento decididamente los ojos zarcos de su hermano mayor que le regresaron una mirada preocupada. – Aioros tu mismo me enseñaste que nuestra vida siempre debe seguir nuestros ideales y que nuestra muerte únicamente debe ser por proteger lo que nosotros amamos. Soy el quinto guardián del zodiaco un caballero dorado con el mismo poder que tu, ya no necesito que te preocupes por mí.

-Aioria, jamás me perdonaría el infravalorarte, sé muy bien de lo que eres capaz y te reconozco como un santo dorado, pero a pesar de ello, no puedo dejar de preocuparme por mi hermano menor. – El castaño mayor extendió su brazo hacia su hermano, pasándoselo por detrás de los hombros y aplicando una suave pinza con la que lo acerco más y pudo despeinarle con su otra mano.

-Entonces no le des más vueltas a ese asunto. – Se quejo Aioria con cierta molestia y se safo de la llave a la que lo tenía sometido Aioros, justo en ese momento el leonino sintió la presencia de alguien más en su templo, por lo que guardo la compostura y espero paciente a su nuevo invitado.

-Aioria de Leo y Aioros de Sagitario. – Saludo cortésmente Dio. – Es bueno que les encuentre aquí a ambos, aunque en realidad mi misión tan solo consistía en informarte Aioria, pues era el deber de Orfeo de Lira mencionártelo a ti Aioros, pero bueno, un pequeño problema se le ha atravesado en el camino y por pequeño quiero decir un gigante. – Se carcajeo, mientras ambos dorados asimilaban las palabras que acababan de abandonar los labios del caballero de la mosca, pues este había hablado apresuradamente y desorganizada lo que confundió a ambos dorados que se limitaron a intercambiar una mirada de desconcierto entre ambos.

-¿Y qué es lo que quieres decirme? – El león dorado alzo una ceja incrédulo y miro a su hermano. – Perdona, decirnos.

-Es un mensaje de parte del resto de caballeros de plata y bronce. – Dio se llevo ambos brazos por detrás de la nuca. – Queremos invitarles a ambos a una cena que organizaremos debido a las victorias que hemos obtenido en contra de nuestros enemigos. Athena le ha encantado la idea, por lo que sería un gusto si nos acompañaran, después de todo no tienen nada que hacer. – El santo se sonrió cínicamente y fijo sus orbes en ambos dorados, que todavía pestañaron incrédulos ante esa petición.

-Este… - Aioria pensó rápidamente en una escusa para zafarse del compromiso, sin embargo ninguna idea venia a su cabeza por lo que miro hacia su hermano pidiendo ayuda.

-Aunque Athena entendería si ustedes no pudieran ir a causas de sus heridas obtenidas en batallas pasadas. – Refuto Dio inocentemente, aunque ambos dorados distinguieron un brillo especial en sus ojos y la amenaza oculta en sus palabras.

- Ahí estaremos. – Tercio Aioros tomando tranquilamente por el hombro al caballero de plata y sonrió confiado. – Los caballeros dorados estamos a la orden de cualquier mandato de Athena y unas pequeñas heridas causadas por un simple enemigo o un titán no nos van a detener.

-Y Dio una cosa más. – Aioria sonrió ampliamente y le hecho el brazo a los hombros al caballero de plata en señal de un franco compañerismo. – Ya que van hacer salir a toda la orden dorada de los doce templos, más les vale que esa fiesta sea jodidamente buena… - Aioria palmeo con camarería el hombro de Dio y le empujo levánteme a la salida, mientras ambos hermanos ampliaban su sonrisa e intercambiaban una mirada cómplice.

Podría jurar que tenia años que no probaba una comida tan sabrosa como la que acababa de comerse, le recordó tanto a Italia que se sorprendió que una griega fuera quien le preparara ese platillo, dejo los cubiertos a cada lado del plato y tomo un sorbo de aquel delicioso vino, que una vez más le recordó a su país natal.

-No debiste molestarte con la cena. – Se llevo la copa a los labios y tomo un nuevo sorbo que se permitió degustar con tranquilidad, mientras sus ojos se quedaban fijos sobre su aprendiz y Lucia. – Aunque debo reconocer que te ha quedado exquisita.

-Muchas gracias. – Respondió la doncella, levantándose de su lugar y empezando a recoger los platos, primero los suyos y después los de su hermano y al final los de él. –Dailos fue quien ha insistido, además él fue quien me dijo que eras italiano.

-Ni siquiera yo sé como Dailos, se ha enterado de mi país de origen. – Menciono el caballero de cáncer mirando fijamente a su aprendiz, que estaba a punto de caerse casi dormido sobre la mesa, después de todo, Mascara de la muerte no le había perdonado el entrenamiento de aquel día.

-En las barracas siempre se escuchan comentarios provenientes de las doce casas y sus caballeros. – Lucia llevo los platos hacia el fregadero y comenzó a lavarnos en silencio. – Y cáncer nunca ha sido la excepción.

Mascara de la muerte permaneció un tiempo más sentado mientras mecía el liquido escarlata dentro de su copa, miraba atento el ir y venir de este y las hondonadas que se formaban a su alrededor, aunque su mente estaba por completo distraída en lo mucho que había cambiado, despues de todo él era la copia barata de aquel asesino que una vez fue, aún continuaba matando solo que en menos medida y para la gente correcta, pero al final continuaba siendo lo mismo: Un asesino.

-¿Eso es lo que quiero para Dailos? – Se cuestiono a si mismo mientras escuchaba el resonar de los platos tras él. – No puedo creer que me preocupe por un crio como él. – Recorrió la silla ruidosamente, lo que sobresalto a Lucia, pero Dailos seguía dormido sobre la mesa debido a que ya pasaba de media noche. Se bebió de golpe el resto de vino y tomo a Dailos en sus brazos para llevarlo a la habitación que le correspondía en cáncer.

-Mi maestro me hubiera estrellado la copa en la cabeza y seguramente me mandaría a mi cuarto de una patada, ese cabronazo… – Jamás les había preguntado a sus compañeros respecto a sus entrenamientos, pero suponía que la personalidad que había desarrollado cada uno, se debían mucho a sus maestros y el claro ejemplo era Mu que casi era una copia del patriarca. – También yo llegue a parecerme a mi maestro a pesar que lo niegue, tanto que lo odie que termine siendo un sicópata y sanguinario como él, incluso creo que le supere.

Mascara de la muerte empujo con el codo la puerta del cuarto de su aprendiz, entro a la habitación a oscuras y deposito al niño en su lecho, mientras le cubría con la sabana, por unos segundos se pregunto de verdad ¿Por qué entrenaba a ese niño? ¿Qué era lo que le hacía especial para ser un santo dorado? ¿Y si a futuro en realidad serviría para ser un digno portador de cáncer?

-Despues de todo, los santos de cáncer tenemos que estar locos para ser el único signo que ve a la muerte tan de cerca, como una hermana, ni siquiera nos inmutamos de ver tantas almas pasar frente a nosotros y arrojarse en el monte Yomotsu. – Mascara miro como Dailos se removió un poco, pero permaneció dormido, claramente el entrenamiento había acabado con la energía de su aprendiz.

-Dailos tiene potencial, lo sé. En realidad lo que me preocupa es que se transforme en el santo de cáncer que el inframundo espera y no el que Athena necesitara. Mi maestro y yo hemos sido la gran mancha de oscuridad del templo de cáncer y quiero que Dailos marque la diferencia. –Mascara de la muerte interrumpió sus pensamientos al sentir que Lucia estaba tras de él, observándolo desde la luz en el pasillo, se giro hacia ella y camino fuera de las penumbras del cuarto hacia la joven.

-Me retiro, puedes decirle a Dailos que tratare de verlo mañana. – Lucia se dio la media vuelta pero Mascara de la muerte la detuvo por el brazo.

-Ya pasa de la media noche, puedes quedarte en la habitación principal de cáncer, yo dormiré en otro lugar. – Mascara de la muerte abrió la puerta de su propia habitación invitando a la joven a quedarse. – Buenas noches. – Mascara de la muerte le dio la espalda a la joven y camino por el pasillo sin esperar una respuesta de la joven.

-Caballero de cáncer. – Esta vez fue Lucia la que se acerco al italiano, que la miro sobre su hombro sin mostrar ninguna expresión. – Tan solo quería disculparme por hacer alusión a los rumores que se escuchan acerca del templo de cáncer y de ti, no es de mi incumbencia y no es mi deber recordártelo o juzgarte, lo siento mucho.

-No tienes porque disculparte, de todos modos no todos esos rumores son mentiras respecto a mí y tampoco es que me importen. – Mascara de la muerte giro su rostro hacia el largo pasillo y comenzó a caminar sin darle más importancia al asunto.

-Tal vez no, pero ya no eres el mismo caballero de cáncer que solías ser. – Lucia entro al cuarto y cerró la puerta lentamente tras de sí. Mascara de la muerte permaneció unos segundos más en el pasillo rememorando lo que la joven acababa de decirle.

-Me estoy haciendo demasiado blando. – El italiano negó con la cabeza con una sonrisa sádica en su rostro y camino hacia el salón de batallas de cáncer, a cada paso que daba se daba cuenta de lo mucho que en realidad había extrañado estar en su templo y lo cómodo que se sentía en estar de regreso en penumbras.

La luz de la luna se filtraba en las primeras columnas del templo, pero la misma casa de cáncer parecía negarse a dejar entrar a la luz, pues en las columnas consiguientes la luz detenía su iluminación y la oscuridad embargaba el centro del templo, como si el mismo destino mostrara que el signo de cáncer estaba condenado a debatirse entre el bien y el mal.

Sus pasos resonaron por todo el salón de batallas de su templo, se acerco a la caja de Pandora de su signo, la cual se encontraba vacía, ya que su armadura estaba siendo reparada por Mu, así que simplemente deslizo sus dedos por encima de la cubierta de esta y remarco con sus dedos la figura de cáncer.

-Debe de pasar de la una de la mañana y me sorprende que él aún este despierto. – Mascara de la muerte se rodeo de su cosmos dorado que resplandeció las columnas, el techo y el suelo que le rodeaba iluminándose tenuemente, las velas esparcidas por todo el templo de cáncer se encendieron con llamas del inframundo que centellaron con su habitual luz azul y le dieron un aspecto más lúgubre al templo. – Parece que viene hacia aquí.

Mascara dejo de acariciar su caja de pandora y camino hacia las escaleras de la parte posterior de cáncer para recibir a aquella presencia que no solo lo había despertado a él, si no que alerto a cada uno de los integrantes de los templos por encima de él, a excepción de escorpión que siguió en penumbras y su caballero ni siquiera se inmuto. Sintió la elevación del cosmos de esa persona en forma de aviso de que pensaba llegar directamente al cuarto templo.

Pudo distinguir desde las sombras la figura que descendía tranquilamente las escaleras del templo de Leo, cuando ya le faltaban algunos escalones para llegar a la parte posterior de la casa de cáncer, el italiano se arrodillo respetuosamente hacia la figura del patriarca.

-Buenas noches. – Saludo cortésmente el patriarca, indicándole con un gesto de su mano que se irguiera de pie. – Debes disculpárteme que venga a estas horas, pero he sentido tu cosmos revoloteando por todo tu templo, por lo que he supuesto que no puedes dormir.

-Está en lo correcto patriarca. – Mascara de la muerte se hizo a un lado para dejar pasar al sumo pontífice de Athena y le siguió.

-¿Algo que te incomode? – Inquirió el patriarca apreciado detalladamente como las llamas del inframundo le daban un aspecto tenebroso al templo de cáncer y a la vez hacia que este se distinguiera de los doce templos pues era el único que sus velas eran encendidas por las llamas congeladas del infierno.

-Después de una batalla es un tanto difícil conciliar el sueño. –

-¿Remordimientos? –

-Yo lo llamaría desajuste de horario.- Sonrió maliciosamente el caballero de cáncer.

Shion observo que Mascara de la muerte se apoyaba sobre la misma pilastra en la que había visto por última vez a Manigoldo de cáncer, en la penúltima guerra santa y quien le entrego en sus manos el casco que pertenecía al patriarca Sage, por unos segundos la melancolía se dibujo en sus facciones.

-¿Cómo van las heridas? – Cuestiono mirando de reojo a Mascara. – O vas a pretender como todos tus compañeros que te encuentras bien.

-La mayoría están sanando. – Contesto francamente, pues no tenía intenciones de que el patriarca le siguiese interrogando. – Aunque ambos sabemos patriarca, que la condición de un santo dorado poco importa a la hora de cumplir con nuestras obligaciones.

-En eso tienes razón, pero es lo que me ha traído hasta aquí. – Shion levanto su rostro hacia el manto celestial y observo la constelación de cáncer detenidamente. – ¿Cuántas veces hemos conversado Mascara de la muerte? ¿Cinco o seis veces? En realidad nos conocemos muy poco, podría decir que en realidad soy patriarca de una generación de desconocidos. – Sonrió tristemente. – Se quiénes son y les recuerdo a la perfección por cómo les conocí de niños, pero aún ignoro mucho de quienes son ahora, de los grandes hombres en los que se han transformado.

-Aún recuerdo el día en que Deirdre de cáncer te trajo al santuario, sé que no fue un buen maestro contigo y lamento haber permitido que alguien como él te entrenase. – Shion observo de reojo la reacción de Mascara de la muerte, que se encontraba con la mandíbula tensa y los ojos inyectados en odio al solo recordar el nombre de aquel hombre.

-Alguien tenía que entrenarme para ser el santo de cáncer. – Siseo molesto, conteniendo la ira que sentía en su interior.

-Pero Deirdre nunca estuvo apto para ser maestro. Aún desconozco a la fecha el porqué decidió entrenarte. – Confeso.

-Supongo que quería dejar un sucesor muy semejante a él…

-Tú no eres como él, Mascara de la muerte, tal vez solías serlo, pero desde que el rey del inframundo nos revivió yo no he visto ni una vez al asesino, sicario, mercenario y sicópata del que he escuchado tanto hablar. Tus compañeros incluso han apreciado la valentía y el sacrificio con el que te has manejado desde entonces. Aioros y Aioria me han hablado muy bien de ti y Mu y Saga no se ha quedado atrás. – La sorpresa en el rostro de Mascara de la muerte reflejo todo lo que el santo sentía.

-Lo del inframundo… - Trato de excusarse, pero Shion negó y alzo una mano pidiendo silencio.

-He pecado de desconfiando con los santos de cáncer desde que me convertí en patriarca, muchas veces ha sido justificado, otras no, pero nunca fueron de mi entera confianza, pero tu Mascara de la muerte eres el primer santo en más de 265 años que merece que le enseñe la técnica que aprendí de los caballeros del signo de cáncer en la penúltima guerra santa. –

-Patriarca… -

-Mascara de la muerte si tu llegas a dominar esta técnica, créemelo que significara una gran ventaja y tal vez la oportunidad de ganar esta guerra. -

Continuara…

Comentarios:

Lady-sailor: En este capítulo no he podido darte algo de Seiya por Saori pero tratare de complacerte un poco más en el siguiente. Disculpa mi ignorancia pero no se que son las saintia, te agradecería mucho si me lo aclaras.

Andy: A que no te esperabas quienes serian los que salvaran a DM y Mu. Lamento el retraso de verdad.

Darkmiss01: Puedes esperar ataques impresionantes de los gigantes que faltan pues su poder debe asimilarse a la contraparte del dios que representan. La visión de Helena no tiene nada que ver con Rea ya que la conexión fue con Cronos y este por el momento es el mayor enemigo de la orden. Persefone a pesar de ser una diosa secundaria tiene mucho que dar y sus estrategias han sido el fruto de ver las constantes batallas entre Athena y Hades. Por su parte Anteros tiene mucho que dar pero como dices debe andar con cuidado porque a pesar de tener gente poderosa a su servicio va a meterse a la boca del lobo.

Gaby: Perdóname por la tardanza pero he tenido varios problemas que me han impedido escribir, pero aquí estoy de vuelta. No estoy segura de si matar a Aldana o no, creo que podría ser la pareja perfecta de Camus.

Yoss: Gracias por tu comentario pero no soy ninguna plaga del mal jejeje.

LadyMadalla-Selena: ¡HOLA! Jajaja me da mucho gusto que te haya gustado el reencuentro Marín y Aioria, pronto volveré a escribir acerca de ellos. Tienes toda la razón he pensado en Camus por Aldana aunque vuelves a acertar el pactar con un dios a cambio de libertad o vida no siempre termina bien y tal vez esta no será la excepción. El próximo capítulo hablare de Shura y Geist ya sé que se me olvida, pero no puedo meterle mucho amor a un capitulo porque dejaría la trama a un lado. Y respecto a Cronos vs. El trió dinámico ya no estoy segura cual de los dos equipos debería temblar, pues Cronos tiene aún aliados escondidos bajo la sombra.

Kennardaillard: Lamento si ya llegaste al final y ahora te estoy haciendo esperar en actualizaciones. Respecto al capítulo 33 espero no te hallas quedado en shock al ver el reencuentro DM con su pupilo, que creo que para este último ha sido un trauma y un golpe duro para Piscis. Sé que a Aioros aun le falta una pelea épica pero no te impacientes se la daré. Y estoy muy de acuerdo contigo para mí y para evitar conflictos todos los santos dorados se manejan en un nivel similar y nadie es más fuerte que nadie. Me encanta las reflexiones que haces de mis capítulos de verdad, sabes leer entre líneas, vez cada matiz y sentimiento que quiero darles aunque solo intercambien una mirada o dibujen una sonrisa en su rostro. Respecto a las peleas que me faltan Afrodita y Aldebarán la tendrán, Aioros y Shura posiblemente te quedes O.O de lo que pienso hacer con ellos y Kanon no se va a quedar atrás. Tienes razón en ese detalle de la diosa Afrodita como una de las principales culpables de esa guerra y no creas que a las demás diosas se le ha olvidado especialmente a Athena, pero en estos momentos prefiere que este de su lado, que urdiendo planes contra ella, pues recuerda Afrodita a coexistido con los dioses por años, les conoce y sería perjudicial que esa valiosa información parase en oídos de Cronos. Muchas gracias por tu comentario de verdad me inspira y me hace imaginarme más cosas para mi historia, te lo agradezco mucho.

Lena90: Anteros no sabe como liberarlos pero tiene una idea de cómo llegar hasta ellos sin ser detectado. Qué bueno que te gusto el encuentro de Afro y Zahra. Si Dokho le cebo la fuga a Camus para ver a Aldana. Ya verás porque Hyperion no mato a Mu. Solo puedo decirte que los siguientes capítulos será muy explosivos en emociones.

Mugetsu-chanxd: Me da mucho gusto que el capitulo te haya gustado en especial todos los matices que le di, tanto en las parejas de Leo y Piscis, como el fin que han tenido algunos dioses. Debes saber que ningún dios ofrece un trato digno y limpio a un humano, tal vez por ello sientas que Aldana va al matadero. Y por otro lado Shura deberá ingeniárselas para usar a Excalibur antes de que termine matando a él.

CordeliaBlackCat: Me da mucho gusto que te haya gustado desde el romance hasta los comentarios de Persefone respecto a Athena. El paso n° 1 para que Anteios pueda contra los titanes es conseguir un ejército que sepa luchar y cual mejor que el de su padre, lamento el retraso pero espero que este cap. Te mantenga igual de entretenida.

Beauty4ever: Que bueno que la forma en que redacto las batallas te dejen con un buen sabor de boca y que te sea posible imaginártelas, eso es muy bueno. No es que Mu y DM no pudieran con el simplemente si lo atacaban significaban que irían en contra de las leyes de Athena y eso si es bastante malo. Aioria y Marín no se creo que es la pareja perfecta de todo el zodiaco. Pero si el amor se notara un poco más en mi fic.

DiosaGeminis: Que bueno que te haya gustado, pero tú no tranquila que mientras no mate a nadie en serio, no pasa nada.

Artemiss90: Si ya tenía que introducir a los de plata y bronce, no los podía dejar de lado, aunque en LC casi no intervienen por ello se acaban la mayoría de los dorados a mitad del manga. Pero todo se solucionara paulatinamente.

Atte: ddmanzanita.