La rubia y la pelirroja se plantaron frente a la castaña para tomar cartas en el asunto. Luna empezó la charla al ver la cara de sorpresa que la novia puso al verlas en actitud tan seria.

-Hermione, venimos a verte porque queremos platicar contigo.

-Lo que estás a punto de hacer es lo más equivocado de tu vida -secundó Ginny.

La castaña miró fijamente a la señora Weasley porque solamente a ella le había confesado su secreto en aquella ocasión. Si alguien sabía la verdad en esa habitación era precisamente Luna Lovegood.

-No entiendo lo que me quieren dar a entender -mintió ella deseando ahuyentarlas con su aparente seguridad- Dije que me voy a casar con Adrian y eso es precisamente lo que pretendo hacer.

-No, Hermione no lo hagas -replicó la rubia- Tú no le amas a él sino a Draco.

El corazón de la Gryffindor de ojos color miel dio un enorme vuelco al escuchar esa gran verdad de labios de su amiga y confidente en momentos difíciles. No tenía respuesta para dar. La pelirroja intervino.

-Si lo que Luna dice es cierto, estás a tiempo de arrepentirte. Búscalo, no sé…intenta hacer tu vida a su lado si él en verdad te ama como creo suponer, pero no te desperdicies de ésta forma tan indolente.

-Es tarde ya para mí o para Draco -dijo a media voz, que contenía el llanto que pugnaba por salir.

-No será tarde hasta que hayas aceptado ante todos ser la esposa de Pucey, a quien también harás infeliz puesto que no eres suya -recriminó la esposa de Ron.

-No sabes lo que dices, Luna, entre él y yo ya no puede haber nada.

-¡Te estás cerrando y no dejas hablar a tu corazón! -terció Ginny con desesperación. Hermione las observó consecutivamente y dio por terminada la breve plática.

-Agradezco su preocupación pero he tomado ya mi decisión y no hay marcha atrás, ahora si me disculpan, Adrian me espera.

Ambas la vieron con semblante triste por no poder hacerla entrar en razón, pero no insistieron más, Hermione Granger era una mujer que afrontaba siempre las consecuencias de sus actos. Salieron cabizbajas y lamentando la situación.

-No hemos podido hacer nada…-replicó Ginebra evaluando la situación. Luna la abrazó cariñosamente.

-Hermione reaccionará, ya lo verás -sentenció convencida la Ravenclaw portadora del más grande fruto de amor de ella y Ron.

-Ojalá estés en lo cierto porque me dolería mucho verla frustrada e infeliz en brazos de quen no ama -finalizó la pelirroja.

Ambas volvieron a tomar su lugar entre los invitados al lado de sus respectivos esposos, quienes intrigados, las esperaban para saber los resultados de la plática que intentó hacer entrar en razón a Hermione.

-¿Y bien? -increpó Ronald deseoso de saberlo todo.

-Nada, que no ha querido escucharnos… -aceptó Ginny con la derrota moral marcada en el rostro.

-Lo esperaba de Hermione -terció Harry en voz baja.

-Yo sigo creyendo que ella se dará cuenta de lo que hace y se arrepentirá antes de dar otro paso más -espetó Luna sonriente. Quizá estaba en lo cierto.

Para ese entonces, Hermione estaba sumida en un mar incontenible de llanto, el discreto maquillaje estaba descompuesto y su corazón clamaba lastimeramente por Draco. No, ella no quería casarse con Adrian.

-¡No puedo hacerlo! , ¡No puedo engañarlo más, mentirle toda la vida cuando pertenezco a otro! -reflexionó y saliendo de la habitación corrió hacia donde Adrian se encontraba casi listo para convertirla en su esposa.

El Slytherin se notaba apesadumbrado pero tenía también muchas dudas al respecto. La imagen de Daphne no le permitía estar en paz.

-Te amo, Daphne -murmuraba calladamente, tratando de arrancársela del corazón.

Unos pasos a sus espaldas lo hicieron volverse de inmediato reparando en Hermione que se encontraba de pie ante él con el llanto en los ojos miel.

-¿Qué te sucede, linda? -cuestionó visiblemente preocupado por el estado de su futura esposa.

-Adrián, yo…-balbuceó la novia, quien lucía ya el vestido estropeado por las arrugas al correr.

-Tranquila, dime lo que necesites -la consoló Pucey con la ternura de un amigo.

Hermione volvió a llorar más profusamente. Pacientemente, Adrian esperó a que ella se contuviera para poder escucharla. Una vez tranquilizada inició de nuevo.

-Perdóname, he querido con todas mis fuerzas amarte, rendirme de amor por ti, merecerte…pero no puedo.

El pelinegro se quedó como estatua ante esa revelación inesperada en ese momento.

-No tienes la culpa, Adrián, la tengo yo por no ser sensible a ti, a tu amor -continuó- pero mi corazón ha decidido darse a otro y yo no he sabido evitarlo.

Pucey se separó de ella por un instante y la miró a los ojos. Finalmente repuso.

-No te culpes por nada linda, yo…he dado mi alma también a un ángel que ya está en el cielo -aceptó descargando por fin la pesada verdad que llevaba a cuestas, Hermione levantó el rostro interogante.

-Es la verdad y no quería lastimarte diciéndola -repuso- pero estoy enamorado de Daphne Greengrass, a quien Carrow arrancó de mí antes que yo pudiera decírselo siquiera.

Dijo lo anterior con amargura y una lágrima también resbalaba de los ojos azabache al rememorar a la rubia, objeto de su amor.

-Nunca lo hubiera imaginado -replicó la castaña con la sorpresa asomada en el rostro- pensé que te casabas conmigo porque…

-Sí, te quería Hermione, pero cuando traté más a Daphne simplemente conocí lo que es amor de verdad y ella me correspondía, pero por respeto a ti y a nuestro compromismo no llegamos a más que un beso que me ha dejado marcado para siempre -aceptó el muchacho cada vez más aliviado.

Fue entonces cuando Hermione comprendió la preocupación de la Grrengrass por su prometido, las miradas iracundas de la fallecida chica cuando estaba cerca de Draco o lo anteponía a Adrian, eran celos, celos de un amor que ya no podía materializarse gracias a Demian y su absurda venganza. Había dejado también varias vidas destrozadas a su paso y eso era irremediable.

-¡Adrian! -exclamó la de ojos miel- ¡Cuánto siento no haberte liberado antes de todo esto!, te quiero como un amigo preciado y me duele verte sufrir por Daphne porque ya no puede ser feliz contigo, lo digo de todo corazón, pero mi vida pertenece a…

-Draco Malfoy -completó el pelinegro con una media sonrisa.

-Pero entonces…¿Tú lo sabías ya? -preguntó avergonzada la castaña.

Hermione podía haberse no dado cuenta hasta ahora por boca del propio Adrian de lo que sucedía entre la Greengrass y él porque estaba ensimismada con Draco y no prestaba atención a más, pero ella sí que había sido más obvia al llorar frente a todos cuando Draco se desangraba, al cuidarlo tan esmeradamente y sobre todo al irlo a rescatar del secuestro de Carrow.

Sintió enormemente la humillación pública que Adrian tuvo que soportar gracias a ella acarreando quizá la lástima de todos. Con voz suave espetó.

-Siento mucho mi proceder, Adrian, en verdad no te merecías nada de esto.

-Esta bien, Hermione, debo aceptar que me cegué yo mismo y que no quise ver que estabas interesada en otro que no era yo y fingí demencia en ello. Hasta ahora lo entiendo y soy sincero al liberarte de todo remordimiento y claro, de éste compromiso, eres libre si así lo deseas porque yo tampoco podría hacerte mi esposa cuando mis venas se encienden por alguien más que aunque ya no está sigue ocupando todo el espacio en mí.

La castaña de Gryffindor lo escuchaba con el pulso acelerado de la felicidad al verse en condiciones de aceptar a Draco sin que Adrian se interpusiera o saliera lastimado de alguna manera.

-¿Lo dices en serio, Adrian?

-Claro que sí, linda, ve a buscar tu felicidad que yo me encargo de todo. No pierdas un minuto más y consigue lo que a mí me ha sido negado: Una vida al lado de la persona que en realidad amas.

-¡Gracias con toda mi alma, Adrian, no sabes cuánto te quiero! -exclamó agradecida por la puerta abierta de par en par ante ella.

Hermione le dio un último beso en la mejilla y Pucey esbozó una pequeña sonrisa de satisfacción. Se sentía bien con lo que acababa de hacer y eso era o importante, lo demás…era lo de menos.

Como relámpago, la otrora prometida de Adrian Pucey cruzó la casa atropelladamente para salir al encuentro con Draco Malfoy y en el camino casi tropieza con Blaise Zabini y Theodore Nott que aún no habían ocupado sus asientos para la ceremonia y deambulaban curiosos por la enorme residencia.

-¡Hey!, ¡Cuidado con esa carrera! -reclamó el moreno, pero al percatarse de que era Hermione Granger la que corría desbocada se apresuró a comentar.

-¡Granger, que la ceremonia de tu boda es por éste lado! -dejo señalando hacia el lado contrario a donde se dirigía la ojimiel.

Theodore a miró sumamente extrañado,

-¿Pasa algo?, ¿Podemos ser útiles? -inquirió el castaño y ella respondió inmediatamente con un nuevo brillo en los ojos.

-¡Draco, díganme por favor en dónde está Draco! -suplicó la chica con esperanza de que ellos supieran algo al respecto. Blaise contestó.

-¿Para qué lo quieres?, ¿No vas a casarte con Pucey en menos de diez minutos? -consultó su reloj de muñeca. Nott replicó.

-No lo escuches, dice tonterías a veces… Draco está por partir a Holanda hoy y me parece que está en su mansión.

-¿Holanda?, ¿Se marcha? -increpó con la desesperación de perderlo otra vez pintada en el semblante. Blaise intervino.

-Ha pedido desde hace días su transferencia y ya se la han dado. No me extrañaría que ya se haya ido, lo hemos visto ésta mañana y tenía todo listo.

Las palabras caían como balde de agua helada en ella y Nott tuvo que sostenerla porque flaqueaba al oír tan devastadoras noticias.

-Necesito verlo -musitó- decirle que lo amo, que no puedo vivir sin él, ni casarme con otro.

-¡Pues no perdamos tiempo! -se emocionó el moreno jugador de Quiddittch que ya se esperaba algo así. El castaño asintió.

-Vamos a la Mansión Malfoy -sentenció al tiempo que salían los tres rápidamente de la casa de Pucey.

Sabía que a Pansy le hubiera gustado qu él actuara así y en memoria de ella y de su deseo de ver feliz a Draco hacía lo que hacía.

Hermione quería volar hasta la casa del blondo, no le importaba que Lucius o Narcissa estuvieran presentes, ella estaba supuesta a enfrentarlos, a quien fuera, al mismo Draco, rogaría de ser necesario otra oportunidad ante él. Su amor valía la pena todo y agotaría hasta el último recurso para estar junto a él, le pesara a quien le pesara.

El pelinegro de ojos azabache suspiró hondamente antes de tomar valor necesario para plantarse ante todos y cancelar la boda. Eso era lo correcto y debió hacerlo hace mucho. No podía postergarlo más. Se deshizo la pulcra y elegante corbata y con paso decidido se dirigió hasta donde todos los invitados aguardaban impacientes por los casi veinte minutos de retraso de los novios.

Cuando su madre lo vio traspasar la puerta solo y con el atuendo algo alterado se llevó la mano a la boca para ahogar un grito porque suponía desataría el escándalo público. El señor Pucey, padre de Adrian esperaba pacientemente la intervención de su hijo. Alguna buena explicación debía haber al final del misterio.

Los padres de Hermione se pusieron de pie al ver que su hija no aparecía tras su supuesto futuro marido y se preguntaban qué había pasado. La Señora Granger adivinaba de antemano que su hija no era feliz.

El novio tomó la palabra seguro de sí mismo y todos, pero callaron para escucharlo con atención.

-Agradezco de por adelantado la presencia de todos ustedes hoy y debo informarles que Hermione y yo hemos tomado la decisión de común acuerdo de cancelar definitivamete la boda por motivos muy personales.

Dijo antes de bajar del estrado y salir con rumbo desconcido ente el murmullo general de los invitados y la franca sorpresa de sus padres y sus suegros. No hubieron más explicaciones. Laura Pucey se desmayó al saber tan contundente noticia y fue auxiliada rápidamente.

Los Granger optaron por retirarse tras Adrian una vez que vieron que la madre de su ex yerno se hubo recuperado.

-¡Espera, por favor, Adrian! -exclamó Gloria Granger antes que el pelinegro desapareciera entre los pasillos de su mansión. El interceptado se volvió al reconocer la voz que lo llamaba.

-Señora Granger, no se preocupe, Hermione está bien, sólo que hemos aceptado que no nos amamos y no queremos tomar decisiones incorrectas. Señor Granger, mi más sinceras disculpas…

-Es de admirarse tu valor, muchacho -intervino el adusto padre de la castaña, de quien había heredado los ojos color miel- si no están convencidos de dar éste paso tan grande es mejor separarse a tiempo, gracias por dejar libre a mi hija si no la amas.

-Tampoco ella me ama a mí, Robert, te lo puedo asegurar y ahora va en busca de su verdadero amor y espero que lo encuentre -concluyó Pucey dando media vuelta no sin antes besar la mano de Gloria Granger con caballerosidad y estrechar la diestra del padre de Hermione.

Ambos señores muggles decidieron regresar a su hogar en Londres, ya Hermione se comunicaría con ellos pronto y en el fondo estaban felices de la valentía de su hija al salir a buscar su propia felicidad al costo que fuera.

…..

El amor...el amor. Hermione sí que es valiente al salir en búsqueda de lo que en verdad quiere. Todos deberíamos hacer lo mismo...

Bien, espero que estemos en las mismas condiciones de intriga porque lo que pasará será ESPECTACULAR. Bueno, pues agradezco su preferencia, como siempre y...¡Nos leeremos!

Besos desde México, pero la verdad quisiera estar en...ahhh es imposible, pero ya qué.