Hola chicos, aquí de nuevo trayendo la primera parte del final de esta historia. Espero les guste...
Anonimo... gracias por tus palabras, me alegro que te llegara de esa forma. De cierto modo es algo positivo el reflexionar sobre nuestra vida. Besos
Creciendo Juntos
Parte I
Ellos correteaban por las calles llenas de turistas, mientras que dos personas los vigilaban a lo lejos. De vez en cuando se giraban y le gritaban palabras de amor en un idioma diferente, sin embargo, ellos le entendían. De pronto, apareció una hermosa joven de dieciséis años que sonreía al ver las travesuras de esos pequeños. Le susurró algo a la mujer que segundos atrás los cuidaba y ella respondió con una sonrisa.
-Fred, bájate de allí –gritó la joven castaña con los brazos cruzados. –Lo juro, no los entiendo… -dijo antes de correr hacia el pequeño rubio.
-Lo hicimos bien… -murmuró el castaño antes de abrazar a su esposa.
-Sí. Ella se parece tanto a ti, no aguanta juegos –dijo ella con una sonrisa.
-Creo que tu concepto de juegos y el mío no mantienen la misma sintonía, Sam –susurro contra su cuello. –Pero sí, se parece a mí en muchas cosas.
-¡Blasfemia! –Gritó la rubia entre risas. –No quiero imaginar como será cuando tenga un par de años más. Llegará un día con que desea estudiar lo mismo que tu.
-Posiblemente y aquí estaremos para apoyarla –aseguró el castaño moviendo sus cejas con picardía.
Sam solo pudo negar con la cabeza antes de caminar hacia sus hijos. La calle estaba llena de personas desconocidas y, conociéndolos como los conoce, de seguro se esconderían en los túmulos gigantes para hacer travesuras; no por nada eran sus hijos. Los tomó de la mano y le dijo a su hija que la siguiera, irían por un helado y luego regresarían a su casa. Regresó con su esposo y este les sonrió a sus hijos para luego entrelazar sus dedos con los de su esposa. Ella le decía siempre que sus hijos tenían mucho de su personalidad, pero algo que habían heredado los tres de su madre era su apetito, sobre todo el gusto exquisito por el jamón.
Minutos más tarde se encontraban sentados en un pequeño café. Alba estaba entretenida con su PeraPad, sus ojos no se despegaban de la pantalla. De vez en cuando sonreía y se sonrojaba para luego tocar la pantalla con rapidez. "Está mensajeandose con un chico…" pensaba la rubia mientras se acercaba a ella. La castaña le mostró con rapidez lo que estaba viendo a su madre y esta dibujó una sonrisa complacida.
-Puedes invitarlo a cenar si quieres, de seguro estará complacido de conocer tu estudio… -aseguró la rubia antes de saborear un poco de su copa de helado.
-Gracias, eres la mejor… y tu también papá, no seas celoso –Freddie giró los ojos ante sus palabras. –Lo que sucede es que hay un chico en el colegio, su nombre es Antony y me gusta…
El castaño arqueó una ceja y al mismo tiempo suspiró con alivio al saber que su hija confiaba tanto en ellos. En esos días de libertinaje era difícil que los hijos confiaran en sus padres, por eso estaba feliz de poseer esa clase de confianza.
-… es como yo, le encanta todo lo referente a la tecnología y yo pensé en mostrarle mi estudio –él asintió, ahora lo entendía todo.
-Ma vie est aussi douce que la crème glacée –gimió de pronto la niña de nueve años que estaba sentada junto a su padre. -Je vous jure, c'est le máximum…
-Princesa, tú y yo acordamos practicar un poco más ingles. Vamos a visitar a tu abuelita pronto y ella no sabe mucho francés –la rubia de ojos achocolatados hizo un mohín de disgusto.
-Mais la langue est le plus ennuyeux du monde –el niño que estaba a su lado asintió.
-Aburrido o no debes aprender nuestro idioma…
-Pourquoi ne pas apprendre grand-mère française? Il est plus facile –y allí salía a relucir las habilidades de la antigua Sam.
-¿Fácil? Pero si ustedes aprendieron a hablar ingles cuando eran pequeños… -les reprendió la rubia a ambos niños.
Ellos bajaron sus cabezas apenados, la rubia era la única que cortaba el juego que tenían con su padre de forma rápida. Su hija de nueve años tenía por nombre Haley, por segunda vez Sam aceptó que Freddie lo escogiera. Al principio le disgustaba y peleaban a cada segundo por ello, en realidad era ella quien buscaba esas peleas. Su hija era rubia como ella, está vez ganaron sus genes y no los de su esposo quien se mostró feliz cuando nació. Pero el menor de sus hijos que tenía seis años era, por mucho, idéntico a su padre, solo que sus ojos eran de color verdes como los de su abuela.
-¡Bien! Pero es aburrido… -sentenció Haley cruzándose de brazos. –Aun no entiendo porque la abuela no puede aprender francés…
-A mi me gusta un poco. Total, no es nada difícil –aseguró Fred encogiéndose de hombros.
-Eso está mejor –murmuró Sam con una sonrisa satisfecha. Luego miró a su esposo y negó con la cabeza. –Te dejas influenciar por ellos…
-Lo sé –dijo entre risas.
La rubia se acercó a él para plantarle un beso en los labios. Aun le parece mentira tener tantos años a su lado y que su amor crecía más.
**Nueve años atrás**
*Sam*
Carly caminaba de un lado al otro nerviosa… no, desquiciada. Juro que si no le bajaba a su actitud la golpearía tan fuerte que no podrá casarse ni hoy ni nunca. Solo espero no comportarme de esa forma dentro de un mes porque seré la única novia capaz de golpearse y quedar inconsciente minutos antes de caminar hacia el altar.
-Cálmate, Gibson –grité y dibujé una sonrisa en los labios al ver su rostro embelesado ante la sola mención de su futuro apellido. – ¿Quieres que Gibby te vea así? –Ella negó con la cabeza antes de tomar asiento.
-Es difícil… ¿Sabes? Jamás me imaginé casada con Gibby… mucho menos estar enamorada de él –admitió dejando escapar un largo suspiro.
Estaba feliz por ella porque sufrió mucho la pérdida de Brad y no estaba segura si se repondría o no. Después de todo ella estaba enamorada de él, aun no sé como pudo ser parte del cortejo y no quebrantarse en plena ceremonia. Pero para muchos fue una sorpresa verla, meses después, viviendo un amor loco con Gibby.
Aun recuerdo como lo descubrimos, fue unas semanas antes de dar a luz a mi hija. Había llegado con Freddie a Brushwell para visitarla. Como siempre abrimos la puerta sin tocar, pero ninguno de nosotros estaba preparado para ver algo así. Gibby sin camisa, acostado sobre Carly que no estaba muy decente por así decirlo. Ambos estaban tan absortos en su trabajo que no notaron nuestra presencia. Sin embargo, fue más impactante aun escuchar de los labios de mi amiga la palabra "Te amo" y sé que para Gibby fue igual, puesto que se detuvo abruptamente.
-Sam… -me llamó con voz temblorosa. -¿Crees que seré buena esposa?
-Sí, lo creo ahora bájate de ese ventanal –chillé molesta-, no querrás que Gibby te vea…
-No –dijo poco convencida mientras se bajaba.
-Mira… -comencé acercándome a ella y atrayéndola hacia el hermoso espejo que estaba en la pared. –Eres una hermosa mujer con unos hermosos sentimientos, por eso y más te mereces ser feliz. Así que olvida el miedo y bajemos de una buena vez que tu futuro esposo te espera.
La escuché hacer algo así como un chillido de emoción y bajó rápidamente hasta llegar a la puerta donde se detuvo.
-¡Oh por Dios! ¿Dónde está Spencer?
-¿Alguien dijo mi nombre? –Preguntó él con una sonrisa en los labios, además traía una pequeña en sus brazos. –Creo que alguien tiene hambre y exige estar en los brazos de su mamá…
Yo me levanté inmediatamente para tomarla entre mis brazos. Mi niña era tan hermosa, no podía creer que este pedacito de cielo saliera de mí. Les pedí que esperaran por mí unos quince minutos mientras la alimentaba, no supe si estuvieron de acuerdo o no porque enfoqué toda mi atención en ella. Aun era muy temprano para saber a quien de los dos se iba a parecer, pero a juzgar por los rizos dorados que tenía en su cabeza, sería rubia.
No puedo explicar lo bien que se siente esa conexión que tengo con ella, es fantástica. Sus manitas se movían a cada momento como si quisiera llamar mi atención y la tenía. Entonces quedé embelesada, como cada vez que la tenía en mis brazos y por eso no noté la presencia de otra persona en la habitación.
-Te ves hermosa… -aparté la mirada de mi niña solo para enfocarme en una de las personas más importantes de mi vida. -¿Cómo se encuentra?
-Dormida… no lo había notado –susurré apartándola de mí para poder acomodar mi vestido, yo era la dama de honor y tenía que estar presente.
-Dámela, te están esperando –murmuró antes de besarme.
La ceremonia fue hermosa, Carly lloró casi todo el tiempo menos en el momento de decir sus votos, lo cual es sorprendente. Y es aquí cuando me pregunto, ¿Cómo será mi boda?
Un mes después…
Mis ojos estaban centrados en Freddie que ahora decía sus votos. Nunca escuché palabras más hermosas como las que decía. Su voz se quebraba cada vez más con el pasar de los segundos y sus ojos achocolatados se cristalizaban por las lágrimas retenidas. Para mi fue imposible retenerlas, después de tanto podemos estar juntos al fin. Después de la ceremonia celebramos con nuestros amigos más cercanos, algo sencillo puesto que deseábamos intimidad. Cuando decidimos subir a nuestra habitación, cortesía de Carolina y Brad no supe como reaccionar.
Escuché como la puerta se cerró a mis espaldas. No estoy seguro, pero creo que estar casado con él hace que este momento sea especial, más de lo que ya es. Me giré solo un poco para verlo fruncir el ceño, su mirada estaba fija en mis labios que atacaba con furia a causa del nerviosismo.
-¿Qué sucede, amor? –Lo miré a los ojos y no pude evitar suspirar, estaba nerviosa y por su reacción que también él lo estaba.
Sin apartar la mirada de sus ojos, deslicé mis manos por mi espalda para quitarme el vestido. Lentamente se deslizó por mi cuerpo dejándome completamente desnuda. Esperé unos segundos por su reacción supe que era la indicada. Sus brazos y manos rodeaban mi cuerpo posesivamente. Mis labios se encontraban sellados mientras que su lengua invadía mi boca, robándome el aliento. Mi mente quedó en blanco y allí supe que esta noche sería diferente.
-Muy bien, Señora Benson… -murmuró Freddie jadeante. –Hoy serás mía, completamente mía.
Definitivamente sería diferente. En cuestión de segundos, mi espalda tocaba el suave colchón y su cuerpo cubría el mío. Desde ese momento todo fue un borrón, sus manos recorrían cada parte de mi cuerpo al igual que sus labios y su lengua. Podía escuchar su respiración acelerada y sentir lo mucho que me deseaba. Lo escuché gruñir cuando busqué con desespero su cinturón, sentí como formaba una sonrisa en sus labios.
-Tranquila, todo será lento… -murmuró contra mi piel. -¿Estás tomando las pastillas? –Preguntó mientras asentía para luego llevarme a la locura.
A la mañana siguiente nuestros cuerpos estaban enredados, sus piernas entrelazadas con las mías y sus brazos rodeando mi cintura. A juzgar por su respiración pausada supe que estaba dormido. Dejé escapar un suspiro largo y necesitado antes de girarme para besar su pecho. Lo sentí tensarse solo un poco indicándome que había despertado.
-Buenos días, hermosa… -murmuró acariciando mi espalda.
-Te amo –declaré mirándolo a los ojos.
-Y yo a ti… -susurró antes de besarme.
No nos importó nada, solo comenzamos a besarnos con la misma pasión de la noche anterior, pero alguien tenía otros planes. El celular de Freddie comenzó a repicar sin descanso, lo escuché gruñir antes de tomarlo entre sus manos.
-¿Bueno? –Gruñó al contestar.
**Freddie**
-"¿Fredward? –Era la voz de una mujer joven, la verdad es que no tenía ni idea.
-Sí, ¿Quién habla? ¿Qué desea? –Escuché un sollozo y eso me preocupó. -¿Le sucedió algo a mi madre?
-No… se trata… -ella guardó silencio. –Papá necesita una transfusión de sangre… ninguno de nosotros tenemos su tipo de sangre y tu eres su ultima esperanza.
No le entendía, ¿su papá necesitaba una transfusión?
-Esta bien, pero ¿por qué soy yo su última esperanza? –Pregunté una vez más confundido.
-Fredward, se trata de Karl Benson –mi respiración se enganchó, pude sentir como Sam tocaba mis hombros para tratar de calmarme. –Está en el hospital del norte… mi nombre es Tatiana, soy…
-Mi hermana… -completé con voz entrecortada.
¿Por qué después de tantos años aparecía de nuevo en mi vida? No puedo concebir esto y ahora resulta que soy su última esperanza. ¡Dios! No sé que hacer, creo que he perdido mi voz. Aun puedo escuchar un ruido pequeño al otro lado de la línea. Fui levemente consciente de los dedos de mi esposa rozando sutilmente mi rostro. No lo había notado, pero estaba llorando. Ahora sé que nunca lo he superado.
-¿Estás allí? –Preguntó ella con voz temblorosa.
-Dentro de quince minutos estaré allá –susurré antes de cortar la llamada.
Puedo ser todo lo que quieran, pero no puedo ignorarlo; aunque me abandonara de chico, no puedo darle la espalda de esa manera. Pronto me percaté que Sam llevaba puesto su vestido de novia y recogía mi traje.
-No sé lo que está pasando, luego me lo explicarás –murmuró con una hermosa sonrisa. –Vamos… vístete.
El silencio reino en la habitación. Traté de vestirme con rapidez, pero el temblor en mis manos no me lo permitía. Sentí sus manos entrelazándose con las mías para darme fuerzas, luego me ayudo a vestirme. Minutos más tarde estábamos en la entrada principal del hospital, si estaba temblando momentos atrás, ahora no podía respirar.
-Tranquilo mi amor, estoy aquí contigo –susurró dándome fuerzas.
Las puertas se abrieron, ahora enfrentaría mi destino…
Continuara…
