¡Hola, mundo!

Buenos días/noches

(Lo qué sea cuando lean esto)

Por fin, por fin está listo el nuevo capítulo de este fic :D

Espero les guste :)

Capitulo 36:

Tigresa_

Amanecía cuando al fin alcanzamos Shaolin.

El sol salía detrás de las montañas mientras la camioneta se detenía en el estacionamiento turístico, en donde logré ubicar algunas camionetas negras, eran de Shen.

Desperté a Peng y salimos corriendo hacia el templo principal. Era temprano en la mañana y algunos monjes estaban despiertos, nos dieron la bienvenida, pero les ignore completamente, más bien demandando saber si habían visto a la comitiva de hombres morenos y el albino acarreando a un joven.

Respondieron que sí.

-¿Dónde están?- me apresuré a preguntar.

-Tú preguntaste si los había visto, y ya te he respondido.-contestó el remilgoso monje budista.- Este hombre confió en mí y no defraudaré esa confianza solo por los gritos de una muchachita.-

-¡Escucha, viejo!-grité, provocando un bien merecido ceño fruncido en el monje.- No me interesa todo ese rollo de la confianza y el karma…-

"El karma no es Budista" recordé por un segundo.

-Solo quiero saber en dónde está Shen antes de que sea muy tarde.- terminé soltando un bufido.-

-¿Tarde? Niña, ese hombre no tiene nada malo que hacer aquí, solo son unos arqueólogos explorando en las catacumbas…-

-Buscan el Ojo del dragón.- me apresuré a responder. El monje se congeló. Sin habla, el hombre asintió solemnemente.

-No sé de qué estás hablando, jovencita.- ¿Ah, sí? Bueno, ese tic en su labio inferior decía otra cosa.

-Bueno, entonces tampoco sabes lo que sucederá una vez que sacrifiquen al guerrero de jade.-murmuré cruzándome de brazos.

Sus ojos se abrieron de una forma que creí inhumanamente posible. Ahora su frío rostro se había derretido mientras me observaba, incrédulo.

-¿Ese muchacho era…. "Él"?- cuestionó el monje.

-¿para qué otra cosa un grupo de más de cincuenta hombres entrarían en las catacumbas acarreando a un muchacho de mi edad?-

En realidad Po era como dos años mayor que yo.

-Eran demasiados…-razonó él.- La entrada está por ahí.- señaló entonces un jardín lleno de macetas con pequeños bonsáis. En el centro del lugar estaba un símbolo, la palabra en Chino tradicional que significa "Long" a su alrededor se ubicaban otros once círculos con los respectivos símbolos de los animales del zodiaco chino.

-Siempre confiamos en la buena voluntad de los hombres.-me dijo el monje antes de que pensara siquiera en echarme a correr en dirección del jardín señalado.- Espero que usted también.- entonces él se fue.

Segundos después estábamos los tres, Song, Peng y yo, metidos entre las telarañas de la catacumba buscando algún indicio de la presencia de Shen en la oscuridad. Alumbrándonos con teléfonos y siguiendo lo mejor que podíamos por el corredor en dirección de dónde-fuera que tuvieran a Po.

Escuchamos una voz. Las palabras de alguien hablando a todo pulmón. Viramos en una esquina, dónde pudimos ver una puerta, una sencilla y humilde puertecilla de madera a medio pudrirse. Estaba llena de agujeros, en cuanto pudimos acercarnos me apresuré a ver a través de una rendija. Vi como Po estaba parado en medio de la multitud de hombres oscuros, mientras que Shen se le acercaba y le susurraba algo.

Luego los dos y uno de los lobos se subían a una barca pequeña, los obreros de Shen me tapaban, así que no pude ver más, de todas maneras no me había gustado lo que vi. Comencé a abrir la puerta, cuando sentí la mano de alguien sujetándome del brazo.

Era Song.

-¿Qué te pasa?- susurró ella sin soltarme.

-Voy a ir por él.-respondí intentando zafarme, pero la chica ya me había clavado las uñas barnizadas en la carne, dolía.

-¿Cómo, sin un plan? ¿Acaso solo piensas entrar ahí y golpear a cuantos puedas para liberar a Po?-

Para mí eso sonaba como un plan.

Ella debió adivinarlo por la expresión de mi rostro, con la otra mano se golpeo la frente tan fuerte que le quedó roja.

Nuestra pequeña discusión fue rápidamente interrumpida por el sonido de pasos. El corredor estaba atestado de gente cuando nos dimos cuenta.

-¿Chicas?- dijo Peng con una expresión de terror.

Mierda. Posiblemente Shen tenía más subordinados a su mando esperando por nuestra llegada.

Docenas de sombras emergieron de los pasillos, yendo con aire amenazante en nuestra dirección. Me congelé un instante al ver a la gran cantidad de gente que podía caber ahí. Los tres nos colocamos espalda con espalda, esperando por nuestros rivales.

Pero no.

La primera sombra en ponerse al alcance del teléfono iba acompañada de su propia iluminación, una linterna de baterías que me pegó en los ojos, durante unos segundos perdí la visión.

-Se supone que nosotros custodiamos este lugar…-dijo una voz masculina.

Parpadee para enfocar un poco en la oscuridad, rodeados. Estábamos en el centro de un enorme grupo de gente, que nos miraban como leonas a las cebras.

-… Y fuimos engañados por el primer mercenario que tocó la puerta.-continuó el mismo hombre.

Abrí los ojos.

Estábamos rodeados por sujetos de piel blanca, todos envueltos en mantos y túnicas de color café y anaranjado. El que sostenía la linterna en mi cara sonrió, lo reconocí, el que nos había recibido.

-¡Vamos!-murmuré, entonces los monjes se colocaron detrás de mí al tiempo que abría la puerta y soltaba mi versión de un grito de guerra…

-Parece que acaban de asfixiar a una gaviota.- se burló Peng, aunque quizás no estaba muy equivocado.

Salimos del corredor para ingresar a una cueva, que por desgracia no tuve tiempo de admirar, en donde los hombres de Shen nos esperaban. O no. Ellos estaban muy entretenidos escuchando un discurso motivacional sobre el año nuevo, así que fueron totalmente sorprendidos por nuestra intromisión.

Sacaron las únicas cosas que llevaban, algunos martillos, poco prácticos para pelear, y armas de bajo calibre.

Comenzamos a abrirnos paso, Song y Peng me cuidaban las espaldas mientras intentaba alcanzar la orilla. No me importaba arrojarme al agua si de esa forma podía alcanzar a Po, de todas formas ya lo había hecho antes.

Uno de los grandotes se me atravesó, no llevaba armas, solo su fea cara y enormes puños peludos. Me soltó un grito de guerra mil veces mejor que le mío, yo me contenté con lanzarle un gruñido. En respuesta el hombre me embistió como si fuera un toro, cargándome un poco para luego azotarme contra el suelo, me pregunté si él había sido luchador de la WWE o algo así.

Se alejó de mí, dándome el tiempo suficiente para levantarme y tomar algo de impulso, con el que logré conectar una patada en sus costillas, quizás se rompió una o dos. Con esa distracción tuve la ventaja, con un último golpe en la cara le rompí la nariz y luego…

BAM

Cayó como un tronco.

Sin el enorme hombre pude avanzar un buen tramo sin ser molestada. Corrí en cuanto lo vi. Grite su nombre, una y otra vez. Incluso me atreví a llamarle por su nombre completo. Él estaba tirado sobre una roca en el islote en el centro de la cueva. Seguí corriendo, uno de los lobos se me atravesó blandiendo una escopeta como si fuera un mazo, se había quedado sin municiones.

Usó su arma para golpearme un buen número de veces. Mientras estábamos peleando escuché el chapoteo repetido del agua, los monjes no podían matar de esa forma, por lo que arrojaban a sus oponentes al agua, ah, supongo que les daba más tiempo.

Un golpe en la frente con la culata del arma me dejó desubicada por unos segundos. Me llevé la mano a la cabeza para descubrirla manchada de sangre, no me importó. Lamentablemente para mí, el lobo supo aprovechar su ventaja. Continuó dándome algunas advertencias, jugando conmigo antes de decidirse acabar. Con una patada en el estomago él me sacó el aire, caí, él se colocó sobre mí. Alzó su arma.

Otro chapoteo.

Un gritó. Era Shen, ordenándole a sus fuerzas que se reagruparan.

El lobo levantó su escopeta y segundos antes de que pudiera descargarla sobre mí rostro se le fue arrebatada por alguien más. Él intentó replicar pero no le fue posible, fue Shen.

Me levanté y corrí hasta la orilla, Po estaba a punto de llegar nadando.

Mis ojos estaban húmedos mirando como él se arrastraba por el agua mientras que Lord Shen le apuntaba con la escopeta. Un escalofrió me recorrió la espalda al verlo, ¿Era posible? No quería ni pensar que Lord Shen estuviera dispuesto a descargar el arma sobre Po, lo necesitaba.

Aun así mis temores se vieron oscurecidos, literalmente.

Sincronizado como si de una película se tratara, un disparo se escuchó al fondo de la cueva mientras el pavo jalaba del gatillo. Milisegundos después del disparo la cueva estaba a oscuras. Inundada por las sombras no podía ver más que las figuras de algunos confundidos hombres que, pese a la pelea, había sacado ya las linternas y algunas bengalas. Me detuve, observando cómo lord Shen se arrojaba al agua.

Todos nos encontrábamos confundidos por el apagón. Después me di cuenta de que Lord Shen había mandado instalar una potente fuente de luz, de esas que incluso se ven en el cielo cuando alguien inaugura algo. Alguien había destruido nuestra iluminación, no sabía si agradecerle o buscarlo para matarlo y que pareciera un accidente.

Unas húmedas manos me tocaron la espalda.

"Shen", fue mi primer pensamiento. Así que, pese al cansancio, logre posicionarme de forma que sujete sus brazos, di un giro y segundos después ya lo tenía en el suelo con el codo entre los omoplatos.

-Has aprendido bien en solo unos meses.- dijo.

Le solté. Lloré. No lo podía creer.

-¡PO!-grité y me arrojé sobre él, empapándome la ropa.

Estaba oscuro, pero aun así pude distinguir el hermoso brillo de sus ojos de jade. No lo podía evitar. Palpe su rostro con las manos, intentando asegurarme de que era verdad, de que no estaba aun dormida en la camioneta enferma y soñando esto.

Su piel estaba fría como el hielo. Mis manos le recorrieron el rostro por unos segundos antes de saber exactamente en dónde estaba cada cosa.

-Lamento esto.-dijo él con lo que creí era una mueca de vergüenza.

Negué con la cabeza, pesé a que no lo vio.

-¡Cállate!-murmuré fingiendo molestia y antes de que me pudiera responder le sembré un beso en la boca.

Él me siguió con emoción. Al momento me abrazó y comenzó a frotarme la espalda. Ambos nos movíamos con una sincronía casi perfecta. Ambos ansiosos, hambrientos el uno del otro mientras nuestros labios se rozaban en la oscuridad.

Más de uno se nos quedó viendo ¡¿Pero qué demonios me importaba?! Al fin estaba con Po, al fin estábamos bien. Al fin…

-¡Al fin!-dijo una voz que definitivamente no era mi voz mental.

Me despegué de Po con una curiosidad repentina por ver al hombre que me interrumpía en mis pensamientos sucios… Quiero decir…

-Je, je, je.-rió alguien a quien reconocí de inmediato.-

-Hola, Tigresa.-dijo lord Shen apuntando su linterna de baterías directo a mi cara, como helicóptero policiaco.- Estaba esperándote.-

La verdad no parecía.

-Veo que te gustan las grandes entradas.-comentó el hombre albino aplaudiendo mientras otro sujeto tomaba la linterna para seguir alumbrando.- Eso me agrada, ya tenemos algo en común.-

Me asquee solo de pensar que podía tener algo en común con ese tipo.

-bueno, niña.-entonces algunos de sus lobos aparecieron con linternas para levantarme del suelo, y a Po también.

¿Dónde estaban los monjes? Moví la cabeza frenéticamente en busca de los budistas y de mis amigos. Solo encontré a los últimos, estaban atados a una roca. Los monjes se habían esfumado como si hubieran sido ninjas. Sentí una punzada de traición. Volvíamos a estar solos y el... Ni siquiera tengo palabras suficientes para describirlo. Shen nos tenía.

-¿Les parece si proseguimos?- dijo entonces.

Su traje estaba machado con algo de sangre, Buda sabrá si era suya o de algún oponente, pero de alguna forma su ropa blanca con aquellas manchas negras y rojas le hacía ver más intimidante, más como un maldito pavo real albino.

Po_

Fui arrastrado nuevamente hasta el islote en el centro de la cueva, pero estaba vez me resistí. Esta vez no era solo yo el que iba directo a la mesa de sacrificios, Tigresa venía conmigo.

Ambos intentamos resistirnos, movernos como caracoles en sal para poder irnos, pero los dos gorilas que nos llevaban, de alguna forma habían entrado en la barca, eran demasiado para dos jóvenes agotados por la pelea y el nado.

Al llegar, Lord Shen me sujeto las extremidades a la mesa de roca con cuerdas sujetas por debajo, nuevas y rasposas sogas de alpinismo, sería un milagro si me pudiera zafar de esas.

Tigresa fue colocada junto a Shen, sus muñecas atadas, de pie frente a mí.

Esperaba que Shen volviera a iniciar con su monologo.

-Mátalo.-ordenó el pavo real alargándole a Tigresa un cuchillo con incrustaciones de jade en el mango…

-¿Por qué?-preguntó ella fingiendo aburrimiento, o eso esperaba.

-Para revelar el secreto del ojo del dragón, linda.-respondió Shen.- ¿Tuviste el libro por casi un mes y aun no lo sabes?-

Ambos negamos con la cabeza, yo más insistente que ella.

-Oh, cielos.- entonces él se pasó la mano por la cara, exasperado.- Estos jóvenes definitivamente necesitan algo de cultura.- una pausa para tomar aire.- Para revelar el secreto es necesario un sacrificio, el del guerrero de jade y la guerrera del tigre.-explicó Shen.- Bueno, el sacrificó no es de sangre, es de algo más valioso…-

Qué alivio, entonces no me necesitaban por mi sangre.

-El dragón exige algo más valioso que la sangre mundana.-

Uf

-El poder del dragón requiere del sacrificio de un alma.-

Ah, por poco pensé que me iban a…

Espera ¿qué?

-¿Y por qué no lo matas tú?-preguntó Tigresa, haciendo de cuenta que yo no estaba presente.

- Querida.- Shen pasó su mano huesuda por la mejilla de Tigresa. Ella gruñó y arrugó la nariz, me dio risa recordar a Song, mi gata.

-Yo no puedo hacer esto, porque su alma no me pertenece.-

No sé si ella lo entendió, pero yo lo hice en un instante.

Mi alma ni siquiera era mía.

Nuestro viaje comenzó como una simple aventura, mi búsqueda personal de venganza contra un completo extraño, pero terminó en otra cosa.

Yo... arrastré a Tigresa hasta este país solo por respuestas, pero ella me jaloneo por carreteras, monumentos e incluso ríos solo por la perspectiva de una nueva aventura. Sí, ella buscaba respuestas, pero no las mismas que yo.

Por momentos me recuerdo a su lado, en la cama de alguna habitación de hotel (eso sonó exageradamente mal) observándola dormir.

Recuerdo las veces en que arriesgue mi pellejo para que ella estuviera bien, para que no le sucediera nada. Y me veo a mi mismo llorando y lamentando su perdida la primera vez que nos separamos.

El dolor en mi pecho y la ira de cuando Shifu le gritó y la insultó.

Poco a poco descubrí el sentimiento de dolor e indignación que me invadía al pensar en ella siendo herida de alguna forma. Y el orgullo de verla sana y salva.

Mi alma no era mía, no más.

Desde el primer momento en que ella pisó mi casa, desde el segundo en que me derribó practicando Kung fu. Desde ese primer instante había dejado de ser dueño de mi mismo. Me había entregado a ella, igual que ella a mí.

Me acompañó por mi viaje a un país distante e inhóspito para los dos. Me consoló cuando le conté sobre la tragedia de mi madre. Me abrazó y estrechó mis manos cuando me sentía débil.

Mi alma no era mía y Lord Shen parecía saberlo muy bien.

Tigresa sostenía el cuchillo sin atreverse a mover un musculo, quizás teniendo una revelación similar a la mía mientras sus ojos se mojaban en saladas lágrimas.

-Vamos, niña, no tenemos todo el día.-le apresuró Lord Shen.

Ella me miró a los ojos, vidriosos quizás.

Le sonreí.

Ella correspondió.

Alzó el arma y luego la descargó con fuerza hacía abajo.

Cerré los ojos.

Un grito.

Dolor.

Libertad.

Continuará…

Oh, ¿Ahora qué pasará? Los dejaré con la duda quizás por otra semana o más Muajajajajajajajajaja

Quiero darle las gracias a Leonard Kenway, AlienHeart1915 y a MasterPAO :3 Muchas gracias chicos, a ustedes y a todos los que han acompañado a Po y a Tigresa desde el inicio de su viaje por este desastre de historia. Sin ustedes esto no habría llegado tan lejos, en serio, Gracias :D

Ahora, ya saben, cualquier comentario, duda o queja es recibida. Lo que tengan que decir con respecto al fic quiero saberlo ¡Vamos! No sean tímidos :D

Eso es todo.

Hasta luego :D