Lucius notaba toda la sangre arder en su interior, como su corazón bombeaba ese líquido abrasivo en el que había convertido en su sangre. El medimago había sido claro, estaba infectado y era irreversible.
En el momento en el que Greyback le mordió y sintió el ardor en su sangre, lo supo. No iba a a engañarse pensando que pudo tener una opción en algún momento. No, no la había. Sin embargo, sí sintió esperanza cuando vio a Lupin llegando hacia él.
No se conocían, más que por escasos encontronazos y siempre cada uno del otro lado. Pero aún recordaba el último, le había visto cuando llegó a Hogwarts, y como fue él el que le desarmó. Greyback llevaba abusando de él meses, y el pavor que sintió por Remus fue completamente real.
Le había amenazado si volvía a tocar a su familia, la rabia que había sentido era casi tan alta como su miedo.
Pero mentiría si no dijera que no sintió algo más, la vergüenza de lo que sintió unido al fracaso con el que llegó a Malfoy Manor le costaron muy caros.
—¿Cómo te encuentras?—le preguntó Remus tan incómodo como él mismo.
Él también debía de sentirlo, era ridículamente fuerte el instinto de correr a sus brazos. Tanto que Lucius se abrazó a sí mismo para no traicionarse.
—He estado mejor.—Y no mentía.
No pudo evitar volver a mirarle cuando incómodo Remus intentó eludir aquella sensación opresiva.
Se fijo en sus facciones, su rostro y su cuello tenían viejas cicatrices blanquecinas unidas a las más recientes que estaban tomando la tonalidad oscura de los hematomas.
Su cabello limpio era de un claro color castaño, no parecía muy cuidado, como su hiciera mucho que no se daba un buen corte.
Pero cuando le sorprendió mirándole, fueron sus ojos de un amarillo color miel lo que le impresionaron.
No, no los había olvidado. Ni a ellos ni a su dueño. Avergonzado reconoció que era la imagen de ese simple maestro de escuela, aquel que encerraba mucho más que eso dentro de sí, lo que había estado imaginando para excitarse cuando entró en el juego de engañar a Greyback. Era en él en quien pensaba mientras era penetrado incansablemente por el lobo en Malfoy Manor. Pensó que jamás tendría que volver a pensar en él, que olvidaría aquella vergüenza que sintió consigo mismo.
Pero cuando lo vio en la mansión fue mil veces peor, porque sintió algo que dudaba haber sentido antes ni siquiera por su mujer y eso le dejaba ahora en una situación muy comprometida.
Porque era opresiva y no era capaz de entenderlo; porque estaba acabado y a la vez cuando estaba cerca sentía que se había encontrado. Y esos términos eran inadmisibles para él.
—Tú también lo notas, ¿cierto?—le inquirió el otro.
¿Que si lo notaba? Era horriblemente fuerte.
Asintió porque temió que sus tono saliera suplicante.
—Creo que es algo que tiene que ver con nuestros lobos—explicó.
Siempre había despreciado a esas subcriaturas y ahora se había convertido en una de ellas. Obviamente aquella debilidad debía nacer de ahí.
—No es que llegue a comprenderlo, no sé que es pero creo que podemos tratar de evitarlo.—Lucius se apretó aún más a sí mismo—Yo tengo una pareja, una manada... esto no puede ser.
—No te he pedido nada.—La sangre le hervía pero en esos momentos sabía que no era solo la maldición, era esa criatura que se estaba formando dentro de él, había comenzado a llorar en su interior.
Su parte racional le decía que era lo mejor, que si Remus se iba él se volvería a controlar. A pensar en lo que realmente importaba. Lo horrible era aquella laceración en su interior.
Sintió la mano de Remus en su hombro, había roto la distancia, no ayudaba tenerlo tan cerca ¿es que no se daba cuenta?
—Vete—le pidió, pero no se movía, ¿es que estaba sordo? Le había explicado que aquello que sentían no era posible.
Le esquivó la mirada, no quería que le mirara descomponerse por aquella necesidad, por el sentimiento de abandono. Era tan patético que se odiaba a sí mismo.
Pero notó los dedos del otro sobre su barbilla, haciéndole mirarlo, intentó resistirse pero acabó mirándole.
—No puedo—dijo Remus realmente enfadado.
—Vete con él, no te necesito.—Quizás si lo dijera muchas veces llegaría a ser verdad, tenía que llegar a ser verdad.
Pero Remus no se fue, su cara era completamente de enfado y molestia, le gustaba tan poco aquella situación como al mismísimo Lucius.
Miró sus ojos, miró sus labios, y aquel vendaje que cubría la herida. Lleno de furia se lo arrancó. El tirón hirió a Lucius, la herida de los dientes de Greyback iba a tardar en cerrarse, y quedaría en su piel por siempre.
Remus descendió y posó sus labios sobre la herida. Le escoció, pero a la vez le calmó, sintió su lengua y como finalmente le clavaba sus propios colmillos.
Lucius no conocía tanto de costumbres licanas, pero aquello estaba claro que era un reclamo, le estaba marcando y estaba bien. Estaba muy bien, no quería que parara aunque no podía decir que no doliera.
Estaba mareado cuando Remus le soltó, pero el tacto sobre su piel fue suave, lamió por última vez su piel herida y le miró.
—¿Te irás?—era él quien estaba haciendo esa pregunta, sin fuerza, sin resistencia, asimilando más de aquel veneno que volvía a correr por sus venas.
Pero no escuchó nada más mientras se sumergía en la inconsciencia, nada fue dicho sin embargo, solo un suspiro cansado.
Remus se sentó sobre la cama viendo al rubio dormir. No sabía porque lo había hecho, se había obligado a actuar como debía. Separarse, seguir con su vida, volver con Jamie. Pero no podía soportar aquella sensación opresiva, la mirada plateada diciéndole "no me dejes" mientras su boca decía que se fuera.
Y le reclamó, tan estúpidamente, como un lobo en celo.
Media hora después seguía dormido cuando una enfermera entró.
—Tiene que abandonar la habitación—pidió la mujer.
Se levantó y acarició el rostro dormido.
Caminaba despacio, tenía que hablar con Jamie, pero sus pasos cada vez eran más pesados.
Cuando traspasó la puerta donde todas las caras le eran conocidas le buscó.
Le encontró junto a Harry y Draco, ellos no se habían separado desde que habían llegado, sus rostros eran felices y sus manos siempre estaban unidas.
Miró a su pareja, y sintió un profundo pesar, alguna vez fue así, alguna vez sintió que junto a él calmó aquella parte que siempre se había sentido sola. Sintió la felicidad en los días que compartieron, y era cierto. Una felicidad que nada tenía que ver con la necesidad que le consumía en aquellos instantes.
Aquello no era felicidad, no se engañaba.
Cuando Jamie le miró solo quería salir de allí, llevárselo lejos y olvidarse de todo. Su rostro familiar, sus ojos fieros y oscuros, pero en sus labios no había ninguna sonrisa, ninguna vida. Ojalá pudiera cambiar aquello que no había elegido.
Anduvo hasta ellos, Harry estaba sentado en el borde de la cama que ocupaba Draco y dudaba que nadie le convenciera para que se apartara de él. El hijo de ambos estaba en una clínica al cuidado de Lea y el medimago que los había ayudado. Estaban impacientes por irse de allí y poder estar a su lado. Todo gracias a Jamie que se sentía cálido a su lado.
—¿Podemos hablar un momento?—le preguntó.
Ambos se movieron saliendo de aquella sala, necesitaba intimidad para tratar aquel tema, necesitaba estar a solas con la única persona que le había hecho sentir él mismo.
—¿Quieres algo de beber?—Notaba como su garganta ardía, y aunque quería permanecer tranquilo, todo su interior se revolvía.
—No hagas de esto una situación cordial, no, no quiero beber nada, quiero la verdad.
No podía ser de otra manera, no con él, claro. Y era algo que siempre había valorado de Jamie, era directo y sincero.
—La verdad.—Estaban en un patio interior de San Mungo muy parecido a los claustros de los monasterios religiosos muggles, la calma de lugar quizás pudiera ayudarle—La verdad es que no sé que pasó en Malfoy Manor.
—Remus, sí lo sabes, no me tomes por un crío.
—Nunca te he visto de ese modo.—Intentó acariciar su mejilla, pero él mismo fue el que se detuvo a medio camino, su mano inerte cayó de nuevo contra su costado.
—Te has vinculado.—Había tanto dolor en su voz y a la vez comprensión.
—No, yo no…
—¿Sientes una opresión en tu interior cuando está cerca, como si fuera a reventarte por dentro? ¿Todo te pide llegar hasta él? ¿Solo estás bien cuando respiráis el mismo aire?
Remus le miraba sorprendido, y por primera vez asustado, sí, eso era parte de lo que él sentía cuando estaba cerca de Lucius, pero cuando estaba lejos era su ausencia la que laceraba.
—Yo te quiero—admitió Remus, debía decirlo, le quería.
Jamie cabeceó como queriendo despejarse, como negando todo aquello, no le culpaba, no se lo merecía.
—¿Vas a quedarte conmigo y ver como se marcha? ¿Cómo le pierdes?
Remus no respiró, no podía aunque hubiera querido, ¿por qué dolían tanto aquellas palabras? Era con Jamie con quien debía estar, su manada, su vida. A Lucius no le conocía, no sabía nada más de él que todos los errores y barbaridades que había cometido. La balanza estaba clara, no necesitaba pensar nada. Era Jamie.
—Yo te contestaré, no, no podrás.
—Eso no lo sabemos, podemos intentarlo…
—No te equivoques, yo no he renunciado a ti—le dijo con la mandíbula apretada—. Sí le hiciera caso a lo que mi lobo anhela, él estaría muerto ahora mismo, le despedazaría con mis propias garras por ti. Pero no soy un animal, no soy un asesino y no voy a herirte de ese modo.
Remus no tenía palabras, la imagen de Lucius desangrándose hasta morir le había quedado muy clara. Y sabía que le protegería de cualquier tipo de ataque aunque tuviera que enfrentarse al mismísimo Jamie. Sus ojos entendieron sus pensamientos, y él suspiró.
—La manada y yo no estamos seguros aquí, me los llevaré.—Tenía razón, los lobos no registrados por el Ministerio eran tratados como criminales, no era seguro para ellos, no aún.—Tú tampoco estás seguro aquí, vete lo antes que puedas.
—No puedo irme.—No podía dejarle, era tan cruel aquel pensamiento delante del hombre al que hasta solo unas horas antes había sido el más importante para él.
—Me ocuparé de ellos, sigue siendo tu manada.—Sabía, por lo que conocía a Jamie, que estaba cerrándose en sí mismo, no iba a mostrar su dolor, ya no. Sería un buen líder para su manada, siempre lo había pensado.
—Tú deberías ser su líder, yo no puedo ocuparme de ellos, no sé si alguna vez podré.
Él asintió, pero por primera vez vio como sus ojos se cristalizaban, se estaban despidiendo, se estaba acabando y cada uno iba a tomar su camino por separado.
—Solo tengo palabras de agradecimiento para ti, por lo que has hecho por mí, por Draco, por el bebé.—Dolía, no quería perderlo, y aquello era tan verdad como que no podía renunciar a Lucius. La rabia, angustia, dolor y necesidad todo en un cóctel que le hizo gemir de impotencia—Me seguiste y yo…
—Me voy.—Remus alzó la vista que había caído empicada al suelo, tenía que dejarle ir, no era justo hacerle aquello, no lo era.
—Buen viaje.
—Igualmente.
Le vio marcharse, su figura desapareció tras una de las puertas, se sintió realmente solo, un traidor. Aquel parecía ser su sino, había traicionado los sentimientos de la persona a la que había amado, sin quererlo y sin poderlo evitar. Quería gritar, aullar, y destrozar algo. Pero no podía moverse de allí, estaba atado y condenado. Un vínculo lo había llamado Jamie.
—¿Cómo estás amigo?—Delante de él, Sirius se veía algo mejor de como lo había encontrado en la Mansión, pero había sido tan torturado que su recuperación llevaría su tiempo.
Su rostro familiar, su amigo, su hermano, Remus se derrumbó en el abrazo que estaba recibiendo de su parte. Había acabado la guerra, tras años de sentir la opresión, la guadaña sobre ellos, se había acabado. Pero él no sentía aquella liberación, no era capaz de sentirla.
—Saldrás adelante.—Le acarició la espalda Sirius—Eres un superviviente, tú resististe cuando todos caímos. Apóyate ahora en nosotros, estaremos para ti.
—Es una estupidez, no puedo dejarlo ir.—Se deshizo del abrazo queriendo ir tras Jamie.
—No lo hagas, resuelve esto si es que existe una solución, fue tan fuerte que hasta Severus y yo lo sentimos—confesó haciendo enmudecer a Remus—. Ese chico no se merece que le dejes en esa situación. Si consigues romper eso—señaló a lo lejos con su mirada—, ve a por él y lúchalo. Sino no, le hagas sufrir.
Remus le miraba, tratando de serenarse, miro hacia donde sabía se encontraba Lucius, era incapaz de no sentirlo. Resolverlo. El problema era que sabía bien cual era la solución, había dado el primer paso al clavarle sus propios colmillos sobre la herida de Greyback, le había marcado aún sin comprender por qué lo hacía. Resolverlo.
Miró a Sirius, parecía cansado, había salido del lugar en donde debería estar descansando para atenderle a él.
—Vamos dentro—le ofreció su brazo—, o Severus va a matarme.
Aquello arrancó una suave risa de su amigo, el recuerdo de meses atrás de cuando estaba consumido por su propia rabia y dolor parecía haberse borrado.
—Siento no habértelo dicho antes, no solo me protegía a mí—dijo Remus mientras caminaban.
Sirius entendió a que se refería, a aquellos recuerdos que le había entregado antes de irse.
—Cuidaste de él—dijo serio—. Y ante eso solo puedo darte las gracias. Pero si te vuelves a acercar a él de ese modo, te cortaré las pelotas—Aquello era una amenaza real, y Remus solo asintió.
Volvieron a andar, tranquilos y cercanos hasta que llegaron al interior de la sala en la que todos descansaban. Los ojos negros de Severus eran tan severos como su propio nombre, se le veía que quería ir hasta Sirius a regañarle por haberse levantando de la cama pero se contuvo.
—La verdad es que cuando te mira así, acojona bastante—dijo Sirius en voz baja, ambos sonrieron.
Remus no estaba solo, y agradecía con toda el alma tener a Sirius a su lado.
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No veo a Jamie suplicando, más bien yéndose y dejando claras las cosas.
Le he tomado mucho cariño a este OC peeeero ... hola Lucius, te han mordido...
En fin, entramos en la parte de los cierres y despedidas, espero que sigáis conmigo en estos pocos capítulos que quedan para el final.
Shimi.
