Ha llegado otra vez la temida noche, la que todos esperan con ansias y yo temo de una manera extravagante… según todos es el tiempo que más rápido pasa, pero para mí, es la tortura más lenta y desesperante habida jamás. No descanso mucho, y eso es algo que mis ojeras revelan a cualquiera, luzco 5 años mayor, y siempre me veo cansada y poco saludable… Es muy fácil
Intentar renunciar al sueño y mantenerme despierta toda la madrugada, pero la racha laboral y el inconsciente deseo de descansar ganan la batalla la mayoría de las veces.
Quizás muchos de ustedes habrán leído, o tan siquiera escuchado acerca de los sueños en parálisis, para los que no, se trata de un sueño en el que tu consciencia esta activa mientras tu cuerpo está dormido. He investigado en incontables situaciones acerca de ellos y sus causas, es siempre lo mismo, la misma información, los mismos casos… Pero nunca una verdadera respuesta a mi pregunta… Sé que mis sueños no son a causa de mi mala conducta, o malas intenciones a mi alrededor; sé que detrás de todo hay algo más.. Hay quienes me buscan, quieren algo de mi… Me dañan psicológicamente para así conseguirlo, y cuando lo hagan, ya no seré la única perjudicada.
Estoy sola en mi habitación, con las luces aun encendidas; sé que es psicológico, pero ellas me hacen sentir protegida… Veo el reloj colgado en una de las paredes, ya son las 11:37 pm -Debo dormir, o no tendré energías mañana- Pienso. Me recuesto en mi cama e intento concentrarme en como estuvo mi día, pero como todos, fue aburrido e insignificante… Solo intento reprimir la idea de que por más que intente ignorarlo ellos vendrán por mí, una vez más. Ya mi consciencia se va desvaneciendo mientras que la oscuridad invade mi mente y todo mi cuerpo se deja llevar al viaje de la tortura y el miedo.
-Ya estoy aquí, ¡he llegado!- pienso- No puedo mover mis labios, no puedo mover ningún musculo de mi cuerpo, estoy totalmente paralizada. Todo mi alrededor esta en penumbras… Ya comienzo a sentir como mi cuerpo, manteniendo su postura, va ascendiendo lentamente; nunca entiendo lo que sucede, es una sensación desesperante. Reprimo todos mis gritos de desesperación, solo quiero ayuda, pero la maldita imposibilidad de moverme
Me lo impide. Son solo 15 minutos, los 15 minutos más malditos, los que más detesto… Intento calmarme, sé que solo así me dejaran en paz, pero quiero saber que quieren, ¡¿QUIENES SON?! ¡¿QUE QUIEREN DE MÍ?! ¡DEJENME EN PAZ! Fallo nuevamente, deseo tanto poder recuperar el control de mi cuerpo, el cual no para de ascender. Las lágrimas comienzan a invadir mis ojos, estoy desesperada, solo quiero ayuda, quiero gritar, quiero que todos escuchen mi llanto…
Me despierto sobresaltada, mi cuerpo esta sudado y mi corazón late rápidamente, no hace falta posar la mano en mi pecho para sentir sus fuertes golpes. Es tan relajante poder ver el movimiento de mis muñecas, poder sentir mi respiración agitada… Veo el reloj y veo que son las 3:58 am, enciendo todas las luces, me siento en mi cama mientras abrazo mis rodillas
Deseando que no pase lo que se que sucederá en la noche.
Sueños en parálisis
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Sherry Birkin quedó con la mano guindando como un anzuelo al cual su presa le acaba de ser devorada por un animal de capacidad predadora superior, justo frente a ella.
El salto era casi imposible, y la única hija del matrimonio Birkin debía de admitir eso. Helena no era una persona con dotes sobrenaturales, ni tenía habilidades que fueran mucho más preponderantes que las de la propia Sherry, quién para su desgracia, en ese momento hubiese deseado que el gen de su padre, hubiese sido lo suficientemente perfecto como para mutar, evolucionar y transformarla en un ser inmortal, que pudiese ladearse y codearse con ese cúmulo de grumos tóxicos que habían despedazado a Helena Harper en varias e incontables partes que ningún equipo de reconocimiento sería capaz de identificar en medio de los jugos gástricos corrosivos que exudaba la ameba, que ya había pasado a una mejor, y poco menos que comprensible vida.
Sherry hubiese deseado ayudarla. A pesar de lo que Ada y Leon discutieron en el alcantarillado. A pesar de que Claire le dejó muy en claro que Helena Harper no era una persona de fiar, inclusive antes de que se revelara su condición de magnicida y genocida. Para Sherry, ver a una persona suplicando por su vida de cara a una muerte tan cruel e injusta en cualquiera de los contextos era un acto irrevocable de maldad humana. Algo que ella creía, por medio de la D.S.O. y la supresión total del bioterrorismo, se podía llegar a eliminar o cuando menos a reducir en gran parte de su magnitud más oscura y pesadillesca, como lo eran las armas bio-orgánicas.
No era la primera vez, y apostaba que de seguir con este triste y apesadumbrado trabajo, tampoco sería la última vez que perdería a una persona conocida a quién llegó a estimar en algún momento. Helena Harper pasó por momentos tan traumáticos como ella durante su corta estadía en Racoon City, y por eso tenía que comprenderla. Porque Sherry tuvo el don y la ventaja de la inocencia y de saber que sus padres eran los culpables dentro de una inmensa red de telarañas corruptas y podridas que finalizo en la hecatombe nuclear que borró a una ciudad inocente del Oeste de los Estados Unidos al primer respiro de la madrugada. En cambio, Helena había sido una agente gubernamental tomada al azar, quién corrió con la mala suerte de ser escolta del presidente Adam Benford y de ser ampliamente manipulable a través de su única y querida hermana, quién con menos razón, tenía una cabida en todo esto, y que por el contrario, tuvo que morir de forma trágica y aparatosa para guardar un secreto que a vivas voces se sabía.
Y era ahí donde Sherry comenzaba a sentirse confundida, porque a decir verdad, ese hombre que se hallaba picado en pedazos como una mortadela, era el ayudante, la mano derecha y el hombre número uno de Andrew Beaman, quién curiosamente, ahora pasaba a ser una de las prioridades menores de la misión que básicamente consistía en desmantelar esta red de laboratorios clandestinos, pero sumamente sofisticados, tomar en custodia a Jessica Sherawat y a la mayor parte cómplices de alto rango que pudiesen estar bajo sus órdenes y en comunicaciones con otros entes o poderes que financiaran o que se dedicaran a la producción en masa de estos aberrantes proyectos, y en segundo plano, dar con el paradero de Andrew, y su sequito de brujas que buscaba a fin de cuentas demostrar, que todas estas cosas podían evitarse con una explosión, en lugar de buscar víctimas inocentes que ya estarían muertas al momento de intentar ser rescatadas.
Todo eso iba en contra de la misma ideología de Sherry que consideraba todas y cada una de las almas de este mundo como sagradas, y que por ende, no justificaba para nada la idea de Andrew, por más que fuera simple y efectiva. Muchas personas de mentes débiles, manipulables por dolor o por conveniencia, podían llegar a ver su punto de vista como algo atractivo, más sin embargo Sherry no dejaba de pensar en el destino de Helena. En la sopa virulenta que se escocía ante su mirada y que comenzaba a secretar un olor penetrante que la obligó a rodarse sobre el techo de cristal, en la malherida Ada Wong, que de pronto, comenzaba a notarse cansada y sumamente entrada en una madurez que pronto dejaría de favorecerle si no cambiaba de aires radicalmente, y por supuesto que comenzó a canalizar sus pensamientos hacia su propia vida. Sus propias vivencias, todas y cada una de ellas relacionadas con experimentos ilegales, con momentos incómodos, con intentos de violaciones, de asesinatos, con testimonios de tratos crueles, con balas, con sangre, con explosiones, y un amor políticamente incorrecto y tristemente correspondido con Jake Muller, que no podría llegar a ninguna conclusión feliz que fuese lógica por la misma testarudez de ambos y que ella no aceptaba cambiar.
Comenzó a creer que su talento para las matemáticas, por ejemplo, sería mucho más apreciado en una universidad que en una academia contra el bio-terrorismo que se había reducido a poco menos que nada, como lo era la D.S.O.; ya había olvidado que eran una especie de brazo ayudante para el secretariado de defensa del país, y que por ende, el presidente estaría en la obligación moral y política de delegar a todo un equipo de soldados bravos, boinas verdes y marines a su posición, con el solo fin de apoyar a Leon S. Kennedy.
Pero si la razón por la que Adam Benford fue asesinado, y a su vez, el motivo directo por el que Helena Harper cayó en la enajenación absoluta, eran correspondientes con los hechos de los últimos veinte años, entonces sería válido afirmar que buscarían distraer la atención de los medios internacionales para que nadie prestase atención a lo que estaba ocurriendo en Estados Unidos, y se dudara nuevamente de la eficacia de los organismos de seguridad internos del país potencia del mundo.
Quiso creer Sherry, que el Presidente Graham sería una persona con un gran sentido de la gratitud, y mantendría ese pensamiento solo si decidía continuar con la misión. Sospechaba que aquella mujer que se aplicaba un vendaje con gazas que había encontrado en un kit de primeros auxilios en algún lugar del laboratorio, no la detendría si decidía desistir. Ubicar a Claire y largarse de ese lugar podrían ser un par de excusas perfectas para eso. Estaba segura de que por el camino se encontraría con Leon y eso le ayudaría a despejarse, a centrarse en la seguridad de los gemelos, de ella misma y de su psique cuando la siguiera atormentando con la ausencia de Jake Muller.
Pero otra parte de ella misma. Aquella que entabló conversación con si misma en Brasil, le impedía precisamente eso.
Le hizo ver que cosas como las de Helena Harper, no están reservadas para personas como ella porque hayan sido malas, y cometieran muchos y muy cruentos errores. Episodios como ese, eran parte de castigos personales que los corruptos y los corrompidos ejercían entre sí mismos para purgar sus propias instituciones. No era difícil pensar, por ende, que lo de Helena hubiese sido un caso de castigo personal aplicado personalmente por órdenes de Andrew, ante la complacencia de su principal cabecilla y que esto se hubiera llevado a discreción del moribundo hombre que yacía como una torre humana de carne, ante la sapiencia de la ineficacia y la falta de severidad de las instituciones gubernamentales y no gubernamentales por igual.
Helena Harper había recibido un castigo cónsono con la calidad moral de sus actos, eso era un hecho. Pero Sherry Birkin no podía dejarse poseer por la vanidad de su dolor y por su fuero interno ya sin fuerzas y sin combustible para seguir adelante.
Tan solo la presencia de una mujer que de alguna u otra manera le fue de ayuda en Racoon City y en China, y que de igual manera, le había salvado el pellejo, quizás hasta de la misma Helena, en la sede de la D.S.O. en New York, y que ahora que se terminaba de aplicar el vendaje, tomaba la escopeta recortada que había tomado de la confrontación con el astronauta y que a claras luces se disponía a continuar con su recorrido, le otorgó las fuerzas suficientes para continuar con su periplo.
No sería uno muy largo, y no sabía tampoco si sería gratificante. El avance en los tres principales pisos de la multinacional Neo-Umbrella, había sido significativo para su posterior y terminal extinción.
Pero Jessica Sherawat, desde sus cámaras, comprendía que haría falta mucho más que eso para tirar abajo los muros que Ozwell E. Spencer había edificado durante décadas, y cuya culminación opulenta y apoteósica, tendría su llegada muy pronto.
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Cuando Jake Muller y el resto de sus agentes llegaron al segundo piso, solo tuvieron que esperar diez minutos para ser secundados por Claire Redfield y Leon Kennedy, que venían tomados de las manos. Leon había insistido en que Claire volviera en compañía de uno de los agentes que habían accedido a descender a las entrañas de Neo-Umbrella y buscara asilo en alguna embajada dentro de la ciudad de New York, que en este momento, debería de ser uno de los sitios más seguros de la ciudad, sino el que más. Desde ahí, sería muy fácil ponerse en contacto con algún secretario de estado, o hasta con el mismo presidente. Identificarse como la mujer del Directo Kennedy, tenía sus ventajas, aunque el apellido Redfield no era desconocido ni mucho menos.
Claire insistió en no ir a reconocer el cadáver de su hermano, por miedo a encontrarlo en una situación deprimente y lamentable, y porque nadie le había dicho que su cuerpo permaneció estoico, sin ser tocado ni vulnerado, y que por ende, sería correcto decir que en cualquier momento podría reaccionar y transformarse en un patético, lento y raquítico zombi, que caería al tronar de la primera pistola como un despojo cadavérico de lo que alguna vez fue el Capitán Chris Redfield.
Además, Claire no podía ser la persona que ejecutara esa orden de obligación moral, y al igual que Leon, no se sentía en capacidad de pedírselo a nadie.
Supuso que todo el complejo sería reducido a escombros por medio de una gran explosión cuando todo esto terminara, y aunque le entristecía enormemente no poder velar el cuerpo de Chris, supuso que el desconocimiento de su causa de muerte a futuro, sería una razón más de alivio para ella.
Era mejor así.
Las instalaciones del segundo piso, mejor conocido como el ala militar de la institución, eran una gigantesca escena del crimen con un camino serpentino de sangre que se extendía como una alfombra roja ante sus pies. Había cadáveres degollados y mutilados en todas las direcciones posibles, y de todas las maneras probables. No había un solo muerto que hubiese sufrido una muerte lenta e indolora, y todos habían padecido bajo el poder barbárico de un mismo individuo, o de una serie de individuos. Ninguna de las dos cosas tranquilizaba a Jake Muller. Pues por un lado, temía encontrarse con una especie de Ustanak, al que sería poco menos que imposible reducir, y mucho menos a golpes en un entorno tan cerrado y conspicuo como aquel, pero no le parecía mucho mejor encontrarse con un ejército de Ustanaks. Sin embargo, esto último le parecía sumamente improbable, si se tomaba en cuenta la pasividad, el silencio y el post-alboroto que el mismo Jake dilucidaba que no tendría mucho de haber ocurrido.
Dio el primer paso, y para él fue como arrastrar un saco de ladrillos, en lugar de la bota derecha de su pie, y cuando lo hizo, fue que escuchó el primer estruendo.
Una figura metálica de luminiscentes aureolas plateadas que rodeaban su cuerpo como los flashes fugaces de varios paparazzi, atravesó una pared de vidrio con la misma tenacidad de un maratonista, y se llevó empalado a uno de los soldados de Leon. Pasó a centímetros del Director de la D.S.O. y a espaldas de Carlos Oliveira, quién apenas había dejado de prestar atención a Jill, para presenciar la enorme figura que se dedicó a terminar de mutilar al pobre diablo que corrió con la suerte de estar en el camino de aquel B.O.W.
Aquello, fue una advertencia lo suficientemente importante como para hacerles comprender que no podían estarse acordando mucho tiempo más de la muerte de Chris Redfield. Debían avanzar, y debían avanzar a consciencia de que seguirían encontrándose criaturas tan misteriosas e impredecibles como aquella.
Formaron un círculo en torno a un eje vacío y fueron avanzando rápidamente, aprovechando con un gran sentido de la culpabilidad, el sacrificio de aquel soldado ya sin extremidades que le permitía a su asesino ignorar parcialmente la presencia del otro grupo numeroso de soldados que estaban delante de él. Se escuchaba el sonido desarticulado y desmedido de la carne cuando se separaba y la intención poco ortodoxa del astronauta que no la devoraba. Para él, el hecho de poder sentir el tacto rugoso y áspero de la piel que comienza a entrar en un estado de putrefacción lento y agonizante, era un catalizador lo suficientemente fuerte como para no conformarse con solamente eso. Sino buscar mucho más y precisamente por eso, porque el astronauta no era un ser biológico tonto diseñado para matar, sino por el contrario, porque era astuto y muy traicionero, era que se quedaba dónde estaba. Jugando con el hecho de saber que sus futuras presas desconocían el paradero de su hermano Edwin, que los acechaba agazapado contra uno de los muros poco transparentes que les brindaban a los agentes una relativa seguridad.
¿Qué bastaría para desarticular por completo su elaborada y muy profesional formación? Había que recordar, que al igual que los soldados, desconocían el paradero de Edwin, tampoco tenían conocimiento del material en base al cual estaban conformados los astronautas. Eran una masa de polímeros que funcionaba como una suerte de tejido, envuelto en una cáscara de metal líquido, producido como parte de una aleación de hierro, níquel y litio en estratos lo suficientemente delgados como para no perder su valor estético, y lo suficientemente flexibles como para no ignorar por completo el sentido ágil de su orientación asesina. Por dentro, el astronauta contaba con un sistema compacto muy similar al de los seres humanos, salvo por el hecho de que no contaba con un aparato endrocrino, exocrino, ni reproductor. Su metabolismo y su auto-naturaleza a prueba de fallas orgánicas, le permitía bombear su propia sangre, entremezclada con nanobots y suertes de rastros de Virus-A, de Apollo, como la misión espacial que había llevado a los hombres por primera y única vez a la luna, por eso, también era el nombre de los cuatro componentes que conformaban el proyecto que daba a vida al dichoso virus, y que consistía en crear un ecosistema de seres extraños y capacitados para sobrevivir en condiciones sumamente adversas. Por ende, los astronautas, eran el principio. La génesis de una red de grafos de súper soldados destinados a sobrevivir en ambientes sumamente hostiles, como la fuerte e inclemente presión de una fosa marítima, donde inclusive podían desplazarse tranquilamente por sus propios medios y defenderse y degenerar sus extremidades y su cuerpo hasta alcanzar las formas abyectas que usaban para empalar y descuartizar a sus enemigos. Podían superar los treinta kilómetros por hora en entornos similares. También eran capaces de mutar en presencia de altas temperaturas. No tenían el mismo problema que Albert Wesker con el imperfecto Virus-Uroboros, que buscó en su momento rellenar los espacios de información genética de los cuales carecía y que su propio hermano Alexander le negó, cuando llegó a descubrir el potencial genético y darwiniano de las luciérnagas de la Selva brasileña pasada a mejor vida.
Podían soportar embestidas naturales de grandes magnitudes sin deformarse de mayor forma, y si llegan a hacerlo, los nanobots y su inteligencia directa y precisa, les permitían fragmentar en pequeños y minúsculos trozos con forma de charcos de metal chorreante y espumoso su contextura, con el único fin de reintegrarse más fuertes y más violentos, a sabiendas de que su integridad, y la integridad de la misión, estaban en juego.
No lo habían puesto en prueba, pero la teoría afirmaba, que la aleación de metales y la conformación genotípica de los astronautas, les rendía honor a su nombre y también eran capaces de sobrevivir en ambientes muy hostiles y desprovistos de aire, de presiones atmosféricas y repletas de radiación, como lo era el espacio sideral. No infinitamente, claro está, antes de que sus órganos vitales comenzaran a fallar y achicharrarse, los científicos a cargo del Virus-A, estimaban que los astronautas tendrían un tiempo de vida útil en el espacio de al menos un mes a la intemperie, y podrían desplazarse y calcular gravedades y presiones atmosféricas, por medio de su singular red de inteligencia neuronal y artificial.
Todo esto, por supuesto, era un método de una súper computadora, con una inteligencia semi-humana, desprovista de todo tipo de comprensión sentimental y compasiva como lo era Alice. Los extractos de esta red neuronal de inteligencia auto-inducida y hasta cierto punto, con algo de vida propia, era un fragmento de lo que había quedado de la Umbrella post-renacimiento y post-Racoon City y Rusia, que a su vez había significado un antes y un después y un expandimiento y usurpación de la otrora compañía en terrenos mucho más fértiles, pero a su vez, ignominiosos en el campo de la genética, que comprendía las bio-armas.
Cierto era, que Umbrella había comenzado emprendiendo su camino con la finalidad de buscar un Virus primitivo que derivara en todas y cada una de las enfermedades conocidas para el comienzo de la segunda mitad del siglo XX con el fin de encontrar una cura base para todas y cada una de esas patologías, pero su camino comenzó a torcerse alrededor de la década de los años setenta y ochenta con la proliferación de eminentes mentes personificadas en los inmensos intelectos de la familia Birkin y la dinastía Wesker, emparentados hasta cierto punto con la ambición del patriarca de la familia Ashford. Todo esto, buscó entonces como meta, no solo la proliferación de la medicina como un método que buscaba la preservación de la raza humana, ante agentes externos patológicos que pudieran poner en tela de juicio su futuro en el planeta tierra, sino además, un paso gigantesco en la escalera evolutiva de la comprensión racional y lógica que terminara derivando en la perfección y posterior inmortalidad. Esa era una meta que Edward Ashford, en compañía de Axel Wesker, habían tazado para la década de los años cincuenta, que comprendía el siglo XXI y que aún se hallaba como un horizonte muy lejano y difícil por la situación geopolítica del mundo aun en ese entonces, y notoriamente intensificado en estos momentos. Salvo la caída del comunismo, y la proliferación de gobiernos bananeros en Latinoamérica que facilitaban el trabajo para Estados Unidos, China, Japón y la Unión Europea, no mucho había mejorado por el mundo en ese entonces. Muchos de los recursos naturales que se usaron para desarrollar el Virus-A, por ejemplo, estaban en territorios socialistas de Suramérica que no podían ser usurpados por compañías que no fueran de otro tipo sino petrolíferas. Por ende, la creación de PetroUmbrella, a cargo también de Ozwell E. Spencer durante los años noventa, supuso una difícil apuesta que no vio resultados palpables hasta la primera década del presente siglo, y cuya única misión era, extraer importantes minerales y productos ecológicos de tierras vírgenes latinoamericanas, con el fin de procrear nuevas cepas de importantes y poderosos virus.
Hijos de la tierra y de la maldad innata e inherente del hombre, los astronautas estaban muy en la cima de la cadena alimenticia en cuanto a rastros genéticas e ingenio humano pueden acontecer en un solo ser cuyo únicos talones de Aquiles, eran las bajas temperaturas de una cápsula criogénica, y el eslabón poco fortificado que se hallaba a la altura de su omoplato izquierdo, como una medida de emergencia, en caso de contingencia. Aunque esto último era un secreto, y por supuesto que no estaba en conocimiento de ninguno de los presentes. Ni siquiera de Claire Redfield, quién por el contrario, era la que más creía que esos monstruos eran simplemente invencibles.
Con respecto a las bajas temperaturas, era una medida cautelar para poder transportar y vender a los astronautas de una manera relativamente eficiente. De lo contrario, su contención era prácticamente imposible, ya que volverlos a introducir por la fuerza en los tubos criogénicos, era literalmente inverosímil. Por ende, se debía hacer una interferencia a su red de inteligencia que cominara al astronauta a retornar a su punto de criogénesis, o ingresar a los soldados desde el momento mismo de su creación y posterior inactividad.
Todo eso no aplicaba en momentos como ese a los astronautas que ahora acechaban a los desprovistos de toda gracia, agentes de la D.S.O. que fueron cayendo paulatinamente. El segundo, producto de un empalamiento que surgió como una raíz maligna de la pared y se extendió como si se tratara de una viga de concreto que se auto-constituye de la nada, destrozando su cuerpo en dos y poniendo en tela de juicio la poca cordura y estabilidad que aún le quedaba al grupo que Jake Muller y Leon S. Kennedy trataban de liderar.
Solo quedaba una mujer, agazapada contra la humanidad de Mark Crackhorn a quién Leon había traído inicialmente como parte de su comitiva para intentar reparar el desastre en que se había tornado la destrucción del edificio de operaciones de la B.S.A.A.; dicha mujer lloraba, gimoteaba y hasta cierto punto, si Mark hubiese tenido más tiempo y cabeza fría para dilucidar, hubiera podido jurar que se había orinado encima del miedo, de la impotencia. Sus piernas temblaban como gelatina. El guardaespaldas del fallecido Chris Redfield la mantenía trabajosamente sostenida de uno de sus brazos, impidiendo de alguna manera que se derrumbara como una torre de legos humana, pero dudaba que pudiese hacer mucho más por ella, cuando vio al primer astronauta cubierto de un líquido carmesí que evidentemente no correspondía a él mismo, y al segundo, autor del empalamiento repentino y desvergonzado, emerger a través de un boquete que se hallaba a poco más de diez metros de ellos. El ascensor que simbolizaba la salida, no lo encontrarían sino hasta doblar la esquina del alargado pasillo que ahora lucía terriblemente lejos e inaccesible.
Mark tragó en seco, Leon le gritó a todo pulmón a Claire que se agazapara a su espalda mientras ella demandaba desesperadamente munición para su pistola ante la impaciencia de Leon, Jake miraba hacia un lado y hacia el otro. Su fuerza sobrehumana nunca alcanzaría para matar a dos astronautas al mismo tiempo. Jill permanecía casi impasiva, parecía drogada, y a diferencia de la soldado de la D.S.O., ella no parecía tener ningún problema con que la mataran, mientras que Carlos, al borde de un paro cardíaco, no dejaba de relacionar su desgraciada suerte con el karma que le impidió salvar a Chris Redfield de una muerte prematura, mientras sus verdugos atenazaban ambos extremos del pasillo y les iban cercando el camino a fuerza de zancadas prepotentes y narcisistas de terror absoluto. Por su parte, Rebecca buscaba puntos débiles, pero lo único que llamó su atención fue una siniestra silueta que se tornaba cada vez más lúcida al fondo del pasillo por el que ellos habían ingresado al segundo piso.
El primero en caer fue Michael. Un boquete del tamaño de una pelota de tenis, le fue aperturado a la altura del pecho y para la impaciencia y posterior incredulidad de Michael, para cuando este se volteó. Una granada le había sido insertada a la altura de sus inexistentes labios, mientras una sombra de ojos rojos le pasaba rodando por el costado izquierdo como si se tratara de un armadillo sumamente veloz y oscuro. Michael estalló en mil pedazos, pero Hunk sabía que no tardaría mucho más en reconstituirse. Abrió la puerta que estaba a su izquierda de una patada y luego descargó el resto de su escopeta en Edwin quién era indiferente al dolor de su hermano, quién ya tenía la forma de una maceta en proliferación.
Rebecca se quedó impactada y Jill creyó que estaba viendo un fantasma. El resto de los agentes, simplemente se limitó a seguir a Hunk a través del nuevo pasillo que acababa de descubrir. El aspecto de aquel individuo de traje terrorista y casco anti-motín de extensos, mortuorios y pesticidas ojos ambarinos de ocaso nuclear, le trajo lapsus fugaces de incomprensión y familiaridad a Leon que no se sentía en posición de juzgar el único factor sorpresa con el que al parecer contaban en ese momento.
Hunk se posicionó al mando de un panel de computadoras, pero no tardó mucho en gritar enérgicamente que todos se tumbaran al suelo, cuando otra raíz de platinada de chorreantes gotas metálicas surcó el aire y partió el entorno en dos, amenazando con desmembrar todo lo que estuviera a su alrededor. Iba con dirección clara hacia Hunk quién desde el suelo, despedazó los tobillos de Edwin con un la fuerza precisa y mortal de su ametralladora.
Por desgracia, además de eso y una pistola de la serie Tyson, Hunk no contaba con absolutamente más nada que pudiera detener a los astronautas, salvo el equipo humano que en reiteradas y reconocidas ocasiones, había sobrevivido a hecatombes de esta magnitud.
Tendría que valerse de eso, pues los comandos de computadora en los que había pensado inicialmente para frenar la masacre, habían quedado reducidos a un muñón de chatarra ininteligible.
-¡Tú, tú y tú! - Dijo Hunk, mientras señalaba a Leon, Jake y Rebecca, notablemente sorprendida, pero no de la misma manera ofendida - ¡Vengan conmigo, ahora!
Lo siguieron sin rechistar. Hunk tomó a Rebecca de la muñeca con agresividad, causándole un daño del que se quejaría notoriamente solo si llegaba a sobrevivir al episodio de horror para el que ella misma se reconocía internamente que no estaba preparada. Jake y Leon permanecieron del costado opuesto de la habitación, mientras que Leon leía con espasmo las indicaciones de Hunk.
El plan era utilizar a Claire y los demás como señuelo. A Leon aquello le pareció inconcebible, porque del reducido grupo que había quedado acumulado en torno a los escombros electrónicos de bits y restos de tarjeta madre de la computadora, la única que parecía tener una pistola en mano con la intención de intervenir en caso de emergencia, era Claire. Mark, por su parte, tenía sus propios y vergonzosos problemas con la soldado que se aferraba a él con la prepotencia de no querer morir.
Hunk no se quitó la máscara en ningún momento. Símbolo de suerte, o simple vanidad, Jake le echó un vistazo largo, y creyó descifrar a través de su frialdad de soldado ruso, que Hunk se encontraba lo suficientemente concentrado en su treta, como para ignorar por completo que Jake Muller tenía un ojo en donde debería de haber una cuenca vacía.
Edwin se asomó con su cuello alargado y sus manos alargadas que se aferraban al concreto y lo destrozaban y formaba raíces de yeso y cabilla que se habrían en torno a sus maliciosos dedos puntiagudos. Fue en ese momento cuando Leon le disparó al rostro reiteradas veces, hasta dejárselo tan torcido como un tornillo desmembrado.
Hunk dio una media vuelta y quedó de frente ante el cuerpo taciturno de Edwin que buscaba reintegrarse, pero no a tiempo para recibir una ráfaga de disparos que terminó por vaciar el cartucho de Hunk en el costado izquierdo de su hombro.
Edwin se vino abajo como una cascada de metal que se ha quedado sin líquido y no tardó mucho tiempo, antes de que su hermano Michael intentase vengarlo.
Hunk no lograría destrozar la placa de vinil que había cubriendo el único punto débil del astronauta, sino contaba con una pistola con silenciador de alta precisión y perforación como la que tenía Ada Wong o Nicholai Ginovaef.
Intentó agredir a Michael con las poca fuerza de artillería que le quedaba, esperanzado en concebir un plan en cuanto el astronauta estuviera demasiado feliz recibiendo los disparos de Hunk. Y así lo hizo. Michael fue acribillado por todos los costados, pero apenas quedó reducido a una torre de hielo que se mecía de lado a lado como si todo su cuerpo sufriera de una artritis severa, pero inclemente. No dejó de moverse. Sin embargo, lo que quedaba de su brazo izquierdo, se estaba regenerando en torno a una peligrosa cuchilla que amenazaba con terminar el molesto trabajo que ninguno de sus hermanos había podido hacer. Michael estaba deseoso de poder culminar esa empresa.
Hunk le arrojó el cuchillo de combate en el punto preciso del hombro izquierdo sin producir mayores contratiempos en Michael, pero Claire entendió el mensaje.
Le arrebató la pistola a Jill, y disparó no una, sino cinco, seis y hasta diez veces hasta que el cuchillo se deformó en una esquirla de acero que se incrustó con violencia en el costado izquierdo de Michael, quién le dedicó una última mirada de asombro a Claire, antes de desvanecerse en la neblina amniótica de líquido extraño en la que solía regenerarse cuando se le infringía una falsa muerte.
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Andrew llevaba al menos unos cuarenta y cinco minutos rondando el primer piso con una paciencia digna de los dioses. Tenía acceso a las cámaras de seguridad de Neo-Umbrella, a través de un equipo móvil que había tomado de un pobre cadáver bueno para nada, que Francesca le había dicho que serviría sin lugar a dudas para configurar una red de espionaje con los códigos que Arista había introducido antes de inmolarse con el resto de sus creencias infundadas.
Francesca permanecía con un fusil de asalto dentro del ascensor de plomo, a la espera de noticias de su líder, mientras él buscaba con mayor temperamento el cadáver todavía no maloliente de Chris Redfield.
No tenía memoria fotográfica para los mapas, por eso, se perdió al menos un par de veces durante un buen tiempo, antes de dar con la habitación de escobas que fungía como pompa fúnebre para el Capitán Redfield. Lo encontró como un viejo muñeco de estopa con el brazo roto y un relleno podrido surcándole alrededor de una herida que ya casi lo dejaba sin su brazo derecho. A su costado, una figura raquítica y casi desprovista de músculos que otrora había sido un perro de tíndalos, se descomponía a pasos agigantados a causa de la erosión que producía su propia sangre tóxica, cuando entraba en estado de putrefacción perenne.
Andrew tuvo cuidado de no pisar las manchas de sangre que por suerte no eran demasiado extensas del perro de tíndalos. Llegó hasta el cuerpo de Chris y palpó su cuello. Comprobó un leve movimiento cardiorrespiratorio, que no se intensificaría hasta dentro de unos mil años sino había intervención de algún tipo de electrochoque. Para bien o para mal, Andrew necesitaba a su principal adversor ideológico con vida para terminar de demostrar de una vez por todas, su teoría. Era importante, que Chris Redfield viese con sus propios ojos lo que Jake Muller le había heredado, y por supuesto, tenía que comprender que el poder de una bomba atómica que arrasara con todo, era por completo necesario, una vez que comprendiera la magnitud de lo que se estaba cocinando en el quinto piso.
Solo quería comprobar que el efecto de la sangre del Proyecto W, que ahora corría por las venas de Chris Redfield hubiese surtido efecto. Tenía miedo de que el intento de Jake Muller resultara en tragedia, pues el Proyecto W, apenas funcionaba en una de cada quince mil personas. Pero al parecer, el Capitán Redfield tenía una suerte de irlandés para lo que a sobrevivir se refería.
Ahora sería aquello que había jurado erradicar de la tierra. Era como si fuese pariente lejano de Albert Wesker, cosa por demás jocosa, ya que Andrew era un fan declarado de la enemistad de ambos soldados, devenidos en súper hombres después de los episodios de Racoon City.
Afortunadamente, se encontraba en una especie de laboratorio de pruebas víricas y había equipos de primeros auxilios y parrillas de rehabilitación portátiles colgadas en todas las paredes, clamando ser utilizadas.
-Algún día sabré de donde sacas toda esa endemoniada suerte para no morirte.
Tomó las dos planchas, las frotó con morbosa emoción – Siempre había querido hacer eso – Y luego procedió a decir con la misma intensidad de un niño.
-¡Despejen!
El cuerpo de Chris saltó al menos un par de metros, como lo harían esos muñecos inflables que utilizan para patrocinar auto lavados y ventas de neumáticos, y a pesar de que había comenzado a toser espasmódicamente, liberando una gran cantidad de espuma rosácea, a la vez que sufría de un intenso dolor porque su brazo izquierdo, en su intento natural por regenerarse, escocía y ardía como los mil demonios, Andrew pensó que la oportunidad era demasiado buena como para dejarla pasar y le aplicó un par de electrochoques más.
Chris, muerto del susto, y a punto de perecer por segunda vez producto de la alta intensidad eléctrica que amenazaba con achicharrarle los órganos internos y la piel, y producirle además un para cardíaco, observó con los ojos muy abiertos a Andrew por un buen rato, que se reía como un bravucón de secundaria.
-¡Deberías de ver tu cara! ¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!
Chris no se movió por al menos cinco minutos, que fue lo que duró la risa intensa y desmedida de Andrew, hasta que comprendió que estaba vivo, y que estuvo en coma, o clínicamente muerto y muerto completamente durante casi una hora, producto de un virus que se había repartido por su torrente sanguíneo con la misma velocidad de un cohete espacial.
-¿Tú?
-En realidad fue Carlos Oliveira, y nuestro querido amigo Firulais que está tomando su siesta por allá – Dijo Andrew – Si te refieres a sí fui yo quién te revivió, solamente hice el trabajo sucio. Si no fuera por Jake Muller, y en parte por Albert Wesker, seguirías tan muerto y aburrido como Barry Burton.
Chris estaba tan absorto y sorprendido, que no tuvo fuerzas para echarse encima de Andrew y molerlo a golpes. Mucho menos matarlo, ahora que lo había revivido, pues dudaba que fuera el tipo de persona que perdía el tiempo con tonterías rebuscadas de ese estilo solo para volver a matar, aunque pudiese sonar tentador.
Le tendió una mano que Chris aceptó, antes de volver a caer sin fuerzas, producto del intenso electro-shock que aun circulaba por sus piernas, adormecidas y con una sensación de cien hormigas africanas recorriéndole cada fibra de los muslos y de las pantorrillas.
-Párate ya, tienes que acostumbrarte a esto. Ahora eres un súper humano, así que será mejor que empieces a aprovecharte de eso.
-¿Por qué? - Dijo Chris, casi sin fuerzas.
-¿Por? – Preguntó Andrew retóricamente – Es obvio, ¿No? Jake conocía las facultades de su sangre, que posee el virus más poderoso jamás creado, e intentó en un golpe de suerte administrártela para que pudieras revivir. Tuviste mucha suerte a decir verdad. El Proyecto W, solo funciona en una de cada quince mil personas. Casi me siento tentado a decirte que es muy probable que tú mismo seas fruto de algún experimento fallido de laboratorio, pero no. Resulta que toda esta telenovela es puramente natural. Al parecer Darwin ya había escrito sobre esto antes, así que no hay nada más que formular.
-¿Me estás queriendo decir, que ahora tengo la sangre de Albert Wesker en mis venas?
-Y su capacidad sobre humana, regenerativa y también la sangre de los perros de tíndalos, por lo que es posible que ahora desees comer carne cruda en lugar de huevos y pan tostados para el desayuno, pero no te preocupes, tu mal genio sigue igual que siempre.
Chris finalmente se puso de pie, y comprobó sus reflejos enmarcándole la mirada del revólver a Andrew justó en la frente.
Pero su enemigo no se movió ni un centímetro. No sonreía, no expresaba nada. No parecía ansioso como un maníaco, ni confiado por la displicencia de Chris para jalar el gatillo.
Solo tenía mucha curiosidad.
-Adelante. Pero por favor, recuerda que lo que está en el quinto piso, solo puede destruirse con una bomba atómica, a expensas de las pobres almas inocentes que solo propiciarían el escape de una verdadera plaga extintiva que acabaría con la raza humana. La razón, la tienes en tu bolsillo.
Chris bajó la mirada de la pistola. Era evidente que Andrew conocía las instalaciones, o al menos tenía una muy buena orientación de la misma. Por ende, lo necesitaría si quería encontrar a sus compañeros de nuevo, y de plano, llegar al quinto piso.
-Andando – Dijo Chris a secas.
Residente Evil CAPCOM
