.
.
Tuve que ponerme la camiseta que le había quitado a Sasuke la noche anterior para que no se me congelara el trasero al salir de la cama. Estaban llamando a la puerta insistentemente y había perdido contra Sasuke en un Piedra, papel o tijeras.
Con la mejor cara que podía poner en las mañanas, abrí la puerta. Naruto saltaba de un pie a otro, en bóxers.
—Sakura—sin pedir permiso, entró al departamento de Sasuke y corrió a acurrucarse en el enorme sofá. El frío seguía matando pasiones en el país.
Con fastidio lo seguí hasta la estancia. Sasuke apareció por el pasillo en trusa negra y tallándose los ojos.
—¿Qué haces en mi casa Naruto?—el rubio, muy ocupado tratando de recuperar su calor corporal se pegó a mi cuerpo hecho bolita.
—Correo—levantó en la mano tres sobres de la universidad. Las notas.
—Prende la chimenea—Le pedí a Sasuke. Gruñó pero lo hizo, sentándose frente a nosotros después.
—¿Por qué razón abriste mi buzón?—aceptó el sobre que le tendió el rubio, al igual que yo.
—Quería que lo viéramos los tres—Se sentó estilo indio, aun sin separase de mi. —A la cuenta de tres.—se escuchó el ruido del papel romperse. Me reí al puchero que le hizo Naruto a Sasuke por adelantarse.
Yo hice lo propio, y un poco decepcionado, procedió a revisar su desempeño académico.
—Bueno, al menos tengo un promedio aceptable—se resigno Naruto. Era de esperarse.
Revisé a conciencia mis resultados: Desde farmacología hasta patología, había tenido una calificación perfecta. La mandíbula se me cayó.
Y el anexo…
También con una calificación inmejorable. Miré a Sasuke sobre el borde de mi correo sin poder creerlo. Yo sabía que había prometido sacarme esa nota, solo si la merecía. Y…tanto estudio había valido la pena.
—¡SASUKE!—Salté lanzado mi papel al aire y corrí a saltar sobre su regazo. En una terrible caída donde le pegué en las costillas y brazos con las rodillas, me aplasté las mejillas con las manos y le planté un sonoro beso sobre los abultados labios.
Me empujó casi al tiempo que lo hacía.
—¡Sakura!—me regañó. Poco me importó y le llené la cara de besos. Me empujó e hizo mala cara. Lo abracé del cuello hasta dejarlo sin aire y volví a saltar, esta vez para correr hacia Naruto que tenía cara de estar enfermo del estomago, un drama por la escenita con Sasuke.
Me acomodé sobre Naruto y también le llené las mejillas de besos.
—¡Sakura Haruno!—volvió de reñirme Sasuke mientras Naruto aceptaba sin quejas mi ataque de amor. Lo ignore.—¡Se te está subiendo la camiseta y no llevas bragas!—como de película, Naruto y yo bajamos la mirada.
Me empujó de su regazo y corrió a la puerta gritando melindrosamente.
—¡Sakura pervertida!—estaba más avergonzado que yo.
Me levanté jalando de la camisa para abajo.
—Tonta—me insultó cerrando los ojos y masajeándose las sienes. Caminé a su lado tratando de buscar mi papel. Lo encontré sobre la mesa.
—Ups—no era el mío era el de Sasuke, iba a dejar lo justo donde lo encontré cuando de un rápido vistazo vi algo que me dejo helada.—Apenas pasaste—de nuevo me llevé una sorpresa ese día.
Reacciono a velocidad supersónica, arrancándomelo de las manos.
—¿Sasuke?
—Hoy tengo un compromiso, lo mejor será que te vayas
.
Ahora fue él quien me evitó el resto de la semana. Tampoco es como que hubiese hecho un esfuerzo muy grande por verlo. Lo veía en los pasillos y a veces lo notaba pasar junto a Naruto con dirección a la alberca cuando yo estaba en el club de tenis.
No había hecho el esfuerzo de hablarme, así que tampoco me molesté en buscarlo.
Le restregué a Ino mis perfectas calificaciones cada vez que tuve oportunidad. Habíamos llegado a la conclusión que mi estado emocional me había metido en un "modo emergencia" de la que mi subconsciente se encargo de mis exámenes y de toda la información guardada en mi cerebro.
Tal vez debería tener una pelea con Sasuke o huir de Kakashi cada vez que tuviese exámenes.
Naruto se hizo mucho más consciente de mi presencia, cada vez que comíamos o pasábamos el rato juntos, siempre tenía esos segundos incómodos donde recordaba la vista de mis genitales y se sonrojaba. Yo ya lo había superado y solo me burlaba de él.
—¿Sigue evitándote hum?—Naruto me saludó al pasar, pero Sasuke no se digno ni a mirarme.
—Mejor por mí—me encogí de hombros secándome el sudor.
—¿Tienes clases con él hoy?
—Sí
—No tienes que estar tan desanimada. Dijiste que no lo habías visto llegar a casa temprano, algunos chicos me dijeron que había estado en la biblioteca de la facultad de ingeniería.—me palmeo la espalda cuando nos dirijamos a las duchas.
—¡No estoy desanimada!—rodó los ojos.
—Cariño, empieza a cansar este pequeño juego que tienen entre ustedes. Él se ve tan miserable como tu desde hace una semana. Es obvio que quiere ser el padre de tus hijos y tú la que le caliente la cama todas las noches.
—Calla cerda—le lancé mi toalla a la cara.
.
Había pasado otra semana en la que Sasuke dio su clase ausentemente. No me había necesitado para más de su desayuno y cualquiera de mis insinuaciones eran rechazadas sin piedad.
—Estoy estudiando—decía sin despegar al mirada del libro. Siempre estaba leyendo algo últimamente.
Era sábado y Naruto había salido a un bar con sus amigos. Yo saldría con mis amigas al parque de diversiones. Entraron a mi departamento a beber un poco de ginebra—ellas eran las borrachas, no yo— y salir candorosas a la calle.
Estaba cerrando la puerta detrás de mí, escuchando el escándalo que armaban mis amigas bajando las escaleras bastante animadas, la puerta de Sasuke se abrió.
Estaba ojeroso, pálido, vestido todo de negro y cansado.
Me detuve a unos pasos de las escaleras, Ino se detuvo con Tenten en el descanso de las escaleras para buscarme con la mirada.
Sasuke se quedó en silencio, viéndome en silencio y con un mensaje debajo del cansancio. Asentí dándome por vencida.
—Ino, las veo luego—consciente de lo que se trataba, se burló de mí y siguió con el camino de juerga.
Me acerqué y lo bese suavemente antes de pesar al departamento.
Solo me había ausentado dos días y la cocina era un desastre, había libros regados por la mesa de la estancia y una manta en el sofá.
—¿Por qué no haces eso en tu estudio?—señalé los libros—¿Y por qué estas durmiendo aquí?
—Me enojé contigo porque nuestros problemas durante los exámenes me distrajeron de mis materias. Lo siento—Se quedó de pie a una distancia prudente y detrás de mi.—Mi habitación y el estudio son muy oscuros. He estado estudiando en las noches también—mencionó acercándose a mi espalda.
—¿Ya te recuperaste?—asintió contra mi cuello, abrazándome desde atrás—No me abraces tan gentilmente si no quieres sentimentalismos—contrario a lo que pedía, acaricie el dorso de sus manos sobre mi cintura. Buscando su calor, ladeé el cuello contra él.
Era increíble como lo indignada, molesta y herida se me había pasado tan solo verlo suplicar en silencio que no me fuera. Lo odiaba por eso.
—Solo por hoy—Me empujó hasta la habitación sin hacer nada más que abrazarme. Me echó a la cama y se recostó junto a mí, cubriéndonos con las mantas—Estoy muy cansado.
—Pues duerme entonces—se durmió antes de que terminara de decirlo. —Se el bastardo de siempre si no quieres sentimentalismos
.
Sasuke se puso mucho más dócil desde la tarde que pasamos en la cama, sin más que hacer que dormir. Se levantó en silencio, le hice la cena y volvió a dormirse. Me fui a mi departamento y también me encargue de Naruto que tenía unas poquillas copas de más encima cuando llego.
Ya habían pasado tres meses de eso—y con ello otra evaluación que ambos pasamos orgullosamente— y teníamos una relación muy amena. Ya no me hacia usar el uniforme—ahora si quería lo usaba y si no, pues no— aunque la gargantilla era algo de todos los días. Me había aprendido su horario y él el mío. Desayunábamos juntos, comíamos con Naruto casi nunca cenábamos y de vez en cuando me ayudaba con algunas cosas de matemáticas. Nos iba bien, aunque no podía decir que traspasáramos los límites de nuestro acuerdo—para mi mala suerte que estaba empezando a agradecer la compañía del moreno— teníamos sexo, comíamos y me encargaba de esto o del otro en su departamento. No había palabras bonitas, ni besos tiernos, ni abrazos largos, y cuando dormíamos en la cama cada quien tenía su lado.
Yo había ganado la apuesta, así que no podía tener sexo en ningún lugar que no fuese el departamento. Aunque rápidamente ambos la olvidamos cuando nos encontrábamos con horas libres y teníamos un auto a nuestra disposición.
En la universidad éramos las mismas lacras venenosas el uno con el otro. Ahora ya no me parecía molesto, era algo de todos los días y lograba sacarme una sonrisa siempre que nos insultábamos cuando nos veíamos en los pasillos.
Hubo algunos rumores sobre nuestra relación pero nadie nos había preguntado directamente, entonces no habíamos entrado en terreno peligroso. Sobre todo porque éramos "meticulosos" y nadie tenía una jodida idea de la cochinada que eso significaba. Pero también era que no quería pensar en lo poco que tenía yo de nuestra relación, si podía llamarla así.
Lo quería.
Me gustaba estar con él y aunque no fuéramos unos románticos, me gustaría poder decir que era mi novio y salir a cenar de vez en cuando. Besarnos en los pasillos y hacer guarradas en las esquinas oscuras de la universidad por la noche.
Pero no, incluso si hice insinuación sobre un avance entre nosotros, solo conseguí un rotundo:
—Así estamos bien. No te veo seriamente—sabía que no lo decía con intensiones de herirme, pero era inevitable que se me estrujara el corazón cada vez que dejaba bien en claro que lo nuestro era sexo e insultos.
Itachi ya había regresado y esa noche me había invitado a cenar—obviamente no se lo había dicho a Sasuke—.
Naruto y el Uchiha habían estado jugando en la casa del último desde hacia unas horas. Me iba a ir como una vulgar ladrona, con los zapatos en las manos y en puntas de los pies, pero llamaron a la puerta escandalosamente.
Corrí a atender antes de que alguno de los dos saliera a revisar la razón del ruido.
—Itachi te dije que…—la frase se me atoró al ver unas torneadas piernas femeninas. —Temari
—Hola prima, tía quiere verte. He venido por ti.
—¿Sakura?—ambas cabezas se asomaron por la puerta.
Y lo había olvidado por completo.
El mensaje de papá sobre mi madre.
.
.
Bye-bye.
