La mañana se abrió paso con lentitud dentro del cuarto de chicos en la torre de Gryffindor. Los rayos del sol eran débiles dejando ver que sólo durarán unas horas antes de que el cielo se cubra de nubes por completo, sin embargo a Ronald Weasley no le importaba en absoluto el clima. Tal y como lo había predicho, esa noche no había pegado el ojo ni por un minuto, lo cual era bastante inusual en él quien disfrutaba de buenas noches de sueño. Rara vez le daba insomnio de esa manera, y siempre habían sido por situaciones difíciles que no le gustaba recordar.
Al ver que ya había amanecido, Ron decidió salir de la habitación antes de que sus compañeros y su mejor amigo se levantaran, no quería dar excusas sobre sus oscuras ojeras. Se levantó de la cama para acercarse a la ventana y poder recibir la luz del sol en el cuerpo, cerró los ojos inmediatamente sintiendo la calidez invadiendole el cuerpo, su única compañía durante horas fue el frío de la noche por lo que le resultaba reconfortante la sensación del sol sobre él.
Por primera vez en horas, pudo tener la mente en blanco. El pelirrojo había pasado toda la noche pensando y aún así no tenía las cosas muy claras, él no es una persona que le gustase pensar en retrospectiva para averiguar desde donde comenzó a cometer errores. Odiaba aceptar que había fallado y tomado malas decisiones, pero tampoco podía ignorarlos, mucho menos después de las palabras de su hermana y su madre.
También ayer se había dado cuenta de lo mucho que extrañaba los momentos que pasaba con Harry y Hermione. Sus dos mejores amigos, con quienes hablaba de todo y a veces de nada; con quienes podía compartir sin fin de bromas así como de enojos y tristezas para luego saber que todo el colegio podría darle la espalda menos ellos. Porque desde el primer año en Hogwarts, con la presencia de ellos dos, se sentía en casa y con el sentimiento de permanecer en algún lugar. Ayer cuando Hermione y él decidieron arriesgar una vez más su vida junto con Harry, sintió una terrible nostalgia porque ya no eran lo mismo. Al principio culpaba a Draco Malfoy por poner esa enorme barrera entre su amistad, pero sólo lo pensaba como una excusa para no admitir que realmente el slytherin no tenía por completo la culpa. Si alguien puso una barrera enorme, habían sido él y Harry.
Mientras Ron se cambiaba en silencio, recordó la enorme sorpresa que se había llevado al ver a Malfoy imponente enfrente de la Orden diciendo: "Quiero pertenecer a la Orden". Por supuesto que se había enojado, creía que aquello tendría que ser una trampa, un engaño de parte del slytherin para conseguir información para Voldemort, pero había juzgado mal… Creía que cualquier tipo de relación entre Malfoy y Hermione era por puro capricho del slytherin, no obstante, no hay ningún capricho que valga la pena para arriesgar la vida de esa manera. Después de eso, no hubo duda de los verdaderos sentimientos de Malfoy y el hecho de pensar que aquel maldito arrogante tenía alguno lo hacía pensar en lo raro que podía ser el mundo y ni se diga cuando sabía que esos sentimientos eran dirigidos a la persona menos esperada.
Ahora entendía cómo la vida podía dar giros inesperados y nadie realmente está preparado para ello.
Una vez listo, Ron salío de la habitación sigilosamente, bajó las escaleras de piedra hacia la sala común sin sorprenderse de su silencio y vacío. Salió de la torre de Gryffindor encaminándose hacia los terrenos del castillo, el frío de los pasillos fueron como un respiro para el pelirrojo, así que con paso lento siguió su camino. Últimamente hacia cosas que no eran comunes en él, como por ejemplo, las caminatas mañaneras, él prefería despertarse a tiempo para bajar a desayunar pero desde hace unos días había hecho un paseo con Luna Lovegood. Pensar en ella le resulto reconfortante, a pesar de todo la única buena decisión que había tomado ha sido volver a ganarse la confianza de la ravenclaw.
Justo cuando bajaba los últimos peldaños de las escaleras hacia el Hall, Ron divisó una cabellera rubia bastante familiar. Sonrió.
–Luna –exclamó enseguida.
Luna Lovegood se llevó un pequeño susto al escuchar su nombre, creía que no había nadie aún despierto en el castillo. La rubia se detuvo y volteo a ver a Ron con una sonrisa.
–Buenos días, Ron –saludó Luna.
El pelirrojo no pudo evitar sentir un cosquilleo en su cuerpo cuando la vio sonreír. Luna lo miraba con sus brillantes ojos azules, su aura soñadora enseguida lo envolvió dejando a un lado todo lo que ocurría en sus pensamientos.
–Buenos días –respondió algo torpe.– ¿También pensabas dar un paseo? ¿Puedo acompañarte?
–Por supuesto –contestó Luna sin borrar la sonrisa de su rostro.
La última vez que habían estado juntos había sido cuando Luna lo llevó a su lugar preferido en los terrenos del castillo, después de ello se habían enterado de la masacre a las familias de nacidos muggles y todo fue un desastre… No hubo necesidad de decirlo, ambos estaban recordando ese momento mientras caminaban en silencio. Sin ponerse realmente de acuerdo, ambos caminaban hacía el lugar que habían ido aquel día.
–¿Cómo has estado? –preguntó Ron después de un rato.
–Bien… ¿tú? –respondió Luna intuyendo la respuesta, a pesar de que el pelirrojo actuaba con normalidad, su semblante estaba lleno de preocupación.
Ron sintió la necesidad de desahogarse, confiaba plenamente en Luna.
–Anoche no pude dormir, estuve pensando toda la noche –admitió inquietante.
Después de decir eso, la tranquilidad que había logrado sentir comenzaba a esfumarse. Sin embargo, Luna lo miró con ternura, mirando más de cerca las ojeras que tenía Ron en el rostro.
–¿Es por el ataque que ocurrió? –preguntó ella sin usar un tono serio.
Ron asintió mirando ahora al lago, de esa manera podía expresarse mejor.
–En parte, ha sido una total locura después de ello y… –se interrumpió a si mismo, no sabía si era prudente hablarle de Hermione y Malfoy.
–Es malo quedarse con las preocupaciones, envenenas tu mente –respondió Luna con una sonrisa animándolo a seguir hablando.
Ron la miró, el viento jugaba con su cabello y ella no parecía molestarse por ello. Luna alzó su mano tocando las hojas de los árboles chicos que había alrededor para luego levantar la vista y deleitarse viendo las aves sobrevolando el lugar. Ron no pudo evitar pensar que Luna era hermosa a su manera. Nunca lo había notado con tanta claridad y por primera vez, se sentía totalmente hipnotizado por ella.
–También estoy preocupado por Hermione… siempre he confiado en ella pero creo que esta vez, no está tomando las decisiones correctas, está en una situación de la cual hay consecuencias graves y no sé si ella lo ve de esa manera –admitió Ron hablando atropelladamente, había demasiadas cosas en su mente, Luna lo miraba con paciencia.– Ella cree estar enamorada de una persona de la cual creo que sólo la está utilizando… o bueno al menos eso había pensado pero, tengo miedo que el camino que ella elija no la lleve a un final feliz.
–Hablas de Hermione y Malfoy, ¿no es así? –preguntó Luna más directa, salvando a Ron de enredarse con sus palabras.
El pelirrojo se detuvo y la miró sorprendido, no sólo porque Luna ya sabía sobre Malfoy y Hermione desde quien sabe cuanto tiempo sino, por la naturalidad con la que lo preguntó.
–¿Cómo…? ¿Te lo dijo ella? –preguntó el pelirrojo desconcertado.
–Ella no me ha dicho nada –contestó Luna.
–Entonces, ¿cómo…? –quiso saber.
Ron no podía dejar de mirarla, Luna también se había detenido pero desviaba su mirada para admirar ciertas cosas de su alrededor, en verdad no parecía preocuparle la situación entre Hermione y Malfoy… simplemente seguía en su propio mundo. No sabía como interpretar su comportamiento.
–Al principio, noté ciertos cambios en Hermione, creí ver una vez un par de wrackspurts sobre su cabeza pero fue demasiado rápido hasta que los volví a ver en Malfoy y me quedé sorprendida –comenzó a contar la ravenclaw como si fuera un cuento.– Después, sólo tuve que poner un poco más de atención para confirmarlo.
Ron la miró sin comprender mucho pero captó lo principal, ya estaba acostumbrado al modo de ser de la chica pero le sorprendió que también fuera gran observadora. De pronto, le llegó un recuerdo a su mente, cuando ellos dos iban saliendo del castillo y Hermione había pasado junto a ellos de largo muy rápidamente, Luna en ese momento había dicho: "¿Te diste cuenta? Hay algo diferente".
–Aunque, no tienes por qué preocuparte –interrumpió Luna sus recuerdos.
Aquello fue demasiado para el pelirrojo, le dio la espalda por unos segundos mientras pasaba sus manos por su cabello, de pronto se sentía enojado.
–¿No preocuparme? –preguntó Ron mientras la encaraba.– ¿Sabes de quienes estamos hablando? Por Merlin, estoy cansado de esto… ¿Y si Malfoy está tramando algo?
–¿Tienes pruebas? –interrumpió Luna poniendo seria.
–No, pero no confió en él –respondió como si aquello tuviera que ser suficiente razón.
–¿Eso es todo?
Ron la miró con dureza, ¿cuál era el punto de Luna?
–Claro que no –exclamó.– Al parecer Hermione ha olvidado los años anteriores en los que Malfoy la humillaba y la llamaba sangre sucia, cuando buscaba cualquier razón para molestarnos a mi y a Harry…
–Entonces, ¿Hermione no puede estar con él porque tú no puedes superar una enemistad de la infancia? –soltó Luna con dureza, rara vez ella agarraba una actitud tan seria, pero necesitaba que Ron viera su error.
–¡Es un mortifago! –soltó Ron con coraje.– ¿Por qué se empeñan en creerlo un santo? ¿En una pobre víctima? ¡Ha torturado, incluso tal vez matado!
–No estoy diciendo que sea un santo, pero no es la persona que crees –respondió Luna sin alzar la voz como el pelirrojo.– Estoy segura si fuera realmente un asesino o un fiel mortifago, Hermione no estaría con él…
Ron calló sin saber que contestar, respiraba con agitación a causa del enojo y de las palabras de Luna, porque sabía que ella tenía razón pero era demasiado necio para aceptar eso como si nada.
–Mira, las personas no se dividen en buenas y malas, no puedes dividir todo en blanco y negro –siguió hablando Luna sin despegar su mirada de él.– Creo que dentro de Malfoy siempre ha habido algo bueno y Hermione lo ayudó a desarrollar esa bondad, quien sabe… En cualquier caso, para las personas verdaderamente malas no puede existir un cambio así.
–¿Cómo estás tan segura de ello? –cuestionó Ron.
–Son cosas que uno puede observar –dijo Luna encogiendo los hombros.
Ron soltó un suspiro, mientras acortaba la distancia entre ellos y ponía ambas manos en los hombros de la chica.
–Luna, sé que te gusta ver lo positivo en todas las cosas, pero esto es la vida real…
Luna Lovegood muy pocas veces se mostraba enojada y esa era una rara ocasión, de un movimiento se deshizo del agarre de Ron.
–Soy una persona positiva pero no soy estúpida –dijo Luna sin alzar la voz ni mostrarse fría, sólo seria.– Ronald, no puedes seguir con la mente tan cerrada porque estoy segura que ya te diste cuenta de la verdad solo que no puedes aceptarla y te estás aferrando a seguir creyendo que Malfoy es una persona mala cuando lo único que estás logrando es perder a tu mejor amiga.
Ron la miró desconcertado y una vocecilla en su interior le advirtió que lo había leído totalmente. Tenía razón en que no podía aceptarlo pero en la manera en que lo dijo Luna, simplemente lo dejó desarmado. Miró los ojos azules de la rubia y sintió vergüenza, una vergüenza no sólo por lo que ella le dijo, sino también rememorando todo lo que le hizo y dijo a Hermione. Agachó la mirada apenado.
–Hermione te necesita aunque sea orgullosa para decirtelo. Ella a pesar de todo, te ha apoyado bajo cualquier circunstancia… y el mundo mágico está en una situación grave, lo sabes, así que el enemigo no va sólo atacar de frente, sino desde los puntos más débiles de su contrincante –contestó Luna enojada a pesar de ver la expresión de Ron.
El pelirrojo no supo que contestar nuevamente, se sentía avergonzado… Ginny, su madre y ahora Luna le hablaron sobre cómo estaba arruinando su amistad con Hermione, ¿y por qué? ¿Por qué odiaba a Malfoy? Ya no parecía una razón suficiente para tratar de la manera en que ha estado tratado a su mejor amiga; quizás ¿por qué no confía en Malfoy? Sin embargo ha demostrado arriesgar su vida por Hermione y no sólo cuando se presento ante la Orden, sino también hace meses en el ataque de Hogsmeade… Se llevó una vez más las manos al cabello, se sentía un completo imbécil. Había dicho que apoyaría a su mejor amiga y lo único que ha hecho es lastimarla una y otra vez, sin darle tregua a defenderse.
Aún no estaba dispuesto a aceptar a Malfoy por ser un mortifago, mucho menos cuando admitió su participación en la masacre de hace unos días -información que prefirió mejor no decirle a Luna-, pero no es con Malfoy quien busca hacer las paces, sino con Hermione. Y lo haría, a pesar de correr el riesgo de ser rechazado y que todo sea demasiado tarde para ellos.
Respiró hondo una, dos y tres veces. Gracias a Luna, por fin había tomado una decisión. Con lentitud giró sobre si mismo para mirarla otra vez, ambos ya no estaban enojados y ella le regalo una sonrisa tímida. Entonces, Ron la abrazo.
–Perdoname… fui un imbecil –susurró de pronto Ron sobre su cabello.
Luna no dijo nada, no entendía bien a qué se refería. Y el pelirrojo como adivinando sus pensamientos, añadió:
–Fui un imbécil contigo, no quise hacerte daño de esa manera… yo… perdón –admitió, Luna lo abrazó con más fuerza sintiendo un nudo en la garganta.– Eres una mujer extraordinaria y lo eché a perder por algo que no valía la pena, entiendo si sigues enojada conmigo por ello.
Ron le hablaba de cuando regresó con Lavender a pesar de reconocer que él y Luna tenían sentimientos entre ellos. Sin duda, Luna había sufrido, al principio no supo si fue por el coraje, la tristeza o la decepción lo que sintió por dentro, sólo supo que le dolió muchísimo. Sin embargo, se tragó las lágrimas en su momento porque por mucho que le afectara ver a esa persona que quiere con alguien más, no iba a sumirse en una depresión de la cual ella tuvo parte de la culpa por no decirle a Ron lo que sentía. Por ello, ella puso sus manos en el pecho del pelirrojo para apartarlo y se arrepintió de haberlo hecho al ver la mirada de él.
–Eso ya quedó en el pasado… ahora hay cosas más importantes de las cuales ocuparse – dijo Luna sin mostrar alguna tristeza en su voz, manteniendose firme con su sonrisa.
Ron sintió que le faltaba el aire, sujeto ambas manos de la rubia con cariño y necesidad.
–No lo entiendes, por esas "cosas más importantes"… quiero pedirte que me des una oportunidad. Ver a Malfoy y Hermione me han hecho dar cuenta de que no vale la pena esperar hasta que todo haya pasado porque no estamos seguros si sobreviviremos. El momento y las oportunidades se presentan ahora y…
Luna enseguida lo abrazo, demasiado emocionada y apenada para besarlo de momento aunque tampoco quería decirle que si en seguida. Ron le devolvió el abrazo como si fuera alguna clase de salvación, no sabía en que momento se volvió a fijar en Lavender Brown pero casi enseguida se había arrepentido de ello y creyendo que Luna lo odiaría prefirió dejar las cosas así, hasta este momento.
–Por ahora, quiero que seamos como antes –le susurró Luna sin mirarlo.
Al principio creyó no haberla escuchado bien, después supo exactamente a lo que se refería con ello. Ella quiere asegurarse de que él no le hará lo mismo de nuevo y lo entendió. Esta vez estaba esforzándose por hacer las cosas bien, era hora de empezar a tomar las buenas decisiones.
Ambos se separaron e impusieron una distancia entre ellos, Luna lo miraba dudosa por la reacción del pelirrojo, sin embargo él le dedicó una sonrisa segura y ella se sintió totalmente aliviada.
–¿Vamos adentro? –susurró Ron con cariño.
Luna aceptó sabiendo que por ahora, todo estaría bien entre ellos.
Harry Potter llevaba varios minutos sentado en su cama, sus otros compañeros ya habían bajado a la sala común dejandolo solo. Harry no se sorprendió de ver la cama de su mejor amigo hacia, cuando ambos se fueron a dormir había visto un semblante raro en el pelirrojo, lucia preocupado y demasiado callado y la verdad no lo culpaba, el día anterior habían pasado demasiadas cosas.
Él casi no había dormido tampoco, aunque estaba más que acostumbrado, muchas veces sus pensamientos, sus miedos y su extraña conexión con Voldemort le brindaba noches de insomnio. Esta vez el motivo era obvio: Hermione. Harry aún no podía creer que hubiese llevado a Draco Malfoy ante la Orden del Fénix, sin haberle dicho nada, aunque últimamente más que hablar discutían. Era una horrible costumbre, una costumbre que ya no soportaba… tenía la sensación de que poco a poco estaba perdiendo a su mejor amiga y eso lo inquietaba demasiado.
Las cosas más o menos se habían calmado hasta el ataque a las familias de nacidos muggles, después de eso, la brecha entre él, Ron y su mejor amiga se abrió más. Un muy delgado hilo aún los unía ya que nuevamente participarían en una misión para obtener un horrocrux pero estaban muy lejos de reconciliar las cosas. Y en gran parte era su culpa. Ponía demasiado sus sentimientos por Hermione y su rivalidad hacia Draco Malfoy que poco le importaba el daño que causaba, hasta después que venía el arrepentimiento. Y sólo después de las palabras que Ginny les dijo a él y Ron, el arrepentimiento creció mucho más…
Harry cubrió su rostro con sus manos, de pronto sentía un enorme peso sobre sus hombros. La pronta guerra, encontrar y destruir horrocruxes, su conexión con Voldemort, Hermione… todo lo sentía como una horrible presión que no lo dejaba respirar con tranquilidad, ni pensar bien. Se terminaron los días tranquilos en Hogwarts, donde siempre tenía la sensación de que ahí dentro podía ser un chico normal, pero las cosas han cambiado y ahora tendrá que demostrar más que nunca su fortaleza y valentía para derrotar al mago más tenebroso en los últimos tiempos.
Más tarde se reuniría en la oficina de Dumbledore para aprender más acerca de los horrocruxes y el pasado de Voldemort, después tendría que trazar un plan para entrar a Gringotts, sin embargo por ahora, buscaría la manera de arreglar las cosas con Hermione.
El Gran Comedor estaba ocupado por pocos estudiantes, apenas había empezado el desayuno y a decir verdad, el ambiente no ha logrado volver a ser el mismo desde hace días. Parecían muy lejanos los días en que la mayor preocupación del colegio eran los próximos exámenes, ahora la mayor preocupación era la guerra no siempre uno tiene que estar en medio de una batalla lanzando hechizos a diestra y siniestra contra el enemigo para saber lo que es una guerra. Porque el enemigo nunca te va atacar solamente en el campo de batalla, él te atacara en cualquier punto y en cualquier momento sin necesidad de usar su varita.
Cuando Ron y Luna llegaron a la entrada principal, el pelirrojo reunía valor para enfrentarse a Hermione preparando mentalmente un discurso. Siempre ha sido muy malo expresandose con palabras, pero tenía que intentarlo. No obstante, de pronto vio a su mejor amiga bajando las escaleras, ella iba tan distraída con sus propios pensamientos que no se dio cuenta de sus presencias. Sin pensarlo, Ron corrió hacia ella y un par de metros antes de que cruzara la puerta del comedor, la jaló del brazo sin ninguna delicadeza y la llevó lejos de miradas curiosas.
–¡Ronald Weasley, ¿qué rayos te ocurre?! –exclamó Hermione desconcertada por su acción.
–Yo… Me adelantaré –dijo Luna sabiendo que su presencia era totalmente innecesaria.
Sin esperar respuesta, Luna caminó hacia el Gran Comedor cuando diviso a cierto slytherin mirando la escena completamente tenso. Se encontraba en el último escalón, al parecer igual iba de camino para desayunar. Luna se acercó a él como si fuesen amigos.
–No le va hacer nada, déjalos –le dijo Luna con una sonrisa.
Draco Malfoy hasta ese momento no se había dado cuenta de la presencia de la ravenclaw, por un momento la miró con sorpresa al verse descubierto aunque enseguida compuso su expresión y la miró con desdén y frialdad.
–¿Qué te hace pensar que me importa lo que la comadreja haga con la sabelotodo? –le preguntó Draco con total desagrado en su rostro.
–En tu forma de mirarla, creeme, debes mejorar tu actuación –contestó con tranquilidad.
Nuevamente, sin esperar respuesta, Luna caminó hacia el gran comedor. Draco alzó las cejas incrédulo por la respuesta de la chica. Todo el mundo -él mismo incluso- habían dicho que aquella chica era una completa chiflada, bien dicen que "La locura, a veces, no es otra cosa que la razón presentada bajo diferente forma." Después de aquel curioso momento, fijó su vista en Hermione y la comadreja, no sabiendo si dejarlos solos o no.
A varios metros lejos, Ron finalmente soltó a la castaña y ahora estaban frente a frente, aquel era el momento sin embargo Ron se sentía inseguro no era absolutamente bueno con las palabras y menos cuando tenía tanto que decir.
–¿¡Y bien?! ¿Ya me vas a decir por qué te comportaste como un salvaje y me arrastraste aquí? –exclamó Hermione bastante enojada por la forma en que había sido tratada.
Ron la observó. Hermione tenía ambas manos en la cintura adoptando esa postura que usaba cuando lo regañaba por dejar los deberes a lo último; moviendo el pie de manera impaciente esperando siempre una defensa de él. Hacia mucho que no se comportaba con él de esa forma y se atrevió a mirarla directamente a los ojos. Su mirada azul se detuvieron en los ojos miel y se dio cuenta que no sólo se encontraba enojada, sino también, estaba a la defensiva, como si él fuera una clase de enemigo para ella, darse cuenta de ello fue como una punzada dolorosa. Ron nunca deseó convertirse en eso para Hermione ni viceversa.
–Justamente te estaba buscando –fue lo único que pudo decir Ron.
Hermione no supo como contestar esperando a que el pelirrojo siguiera, ella misma notó como se esforzaba por encontrar las palabras y aunque no pareciese decir algo malo, no bajó la guardia.
Ron enseguida se dio cuenta de esa actitud y por un momento se quedó desconcertado, había algo en ella ahora que a pesar de no demostrarlo por completo, podía verlo en su mirada… algo que sólo en ciertas situaciones había visto, como en primer año cuando se aventuraron con Harry para detener a Snape de que obtuviera la piedra filosofal y prácticamente Ron se sacrificó en el juego de ajedrez; en segundo año cuando él y Harry trataron de enseñarle lecciones de vuelo; en tercer año cuando el profesor Lupin se transformó en hombre lobo frente a ellos; en cuarto año cuando un Harry pálido y muerto de miedo exclamó "Voldemort ha vuelto"… Podría seguir con la lista pero ya no tenía caso porque ahora lo podía ver claramente. Hermione le tenía miedo, no a él en sí… sino a sus palabras, tenía miedo a que la hiriera con crueldad una vez más como últimamente lo ha hecho. Por primera vez, Ron se odio a si mismo.
Y darse cuenta de ello, fue suficiente para tener el valor de decirle todo.
–Yo… he sido un completo imbécil. Eché a perder años de amistad… –comenzó a balbucear Ron incapaz ahora de mirarla.
–Ron… –susurró Hermione sorprendida por el repentino cambio del pelirrojo.
–No digas nada, ya no tienes que seguir defendiéndote ni estar a la defensiva conmigo, sólo… quiero que me perdones –comenzó a decir Ron mirándola a los ojos.– Ayer pude comprender en lo equivocado que he estado, nunca debí dejar de confiar en ti y en lo que haces, cerré mi mente de tal manera de nunca dejé explicarte del todo. Me cerré por completo a ti aunque sólo abría la boca para herirte constantemente y me arrepiento profundamente de ello –continuo Ron, viendo como la expresión de Hermione cambiaba a total sorpresa.– Todo este tiempo le echaba la culpa a Malfoy por haberte separado de nosotros, cuando fui yo quien se empeñaba en elevar un muro entre nosotros. Creí que eras un capricho para Malfoy o parte de un plan para acabar con Harry pero ayer, me di cuenta de que juzgué mal porque él corre en peligro su vida por ti demostrando cuánto te quiere y aunque me resulta de lo más incomodo pensar en eso… tu también lo quieres, noto lo feliz que eres y eso para mi, es suficiente para pensar que estás a salvo.
Hermione sentía como un nudo en la garganta se le formaba con cada palabra que él decía, no hubo cómo impedir que sus ojos se llenaran de lágrimas y cuando salió el primer sollozo de sus labios. Se lanzó sobre Ron para abrazarlo. Sabía que esta vez no se echaría para atrás, sabía que finalmente se estaba disculpando con sinceridad -sin duda le costó trabajo-, al igual que aceptaba su relación con Draco. Comenzó a llorar como niña pequeña mientras se refugiaba en los brazos de su mejor amigo, quien le dio un beso en la frente y le acariciaba el cabello para que se tranquilizará.
–¿Entonces… ya estás de acuerdo lo mío con Draco? –preguntó Hermione entre sollozos, necesitaba escucharlo directamente.
–Algo así… pero no esperes que a él también lo abrace –respondió Ron sacando una carcajada a la castaña, quien la estrechó con más fuerza en sus brazos.– Te extrañe…
–Ay Ron… –sollozó rompiendo aún más en llanto.
Tenía tanto miedo porque llegará el día de la batalla final y ella estuviera separada de su mejor amigo, sabiendo que estaban peleados y podría pasar cualquier cosa que hiciera que se arrepintieran de no arreglar sus problemas. Después de varias semanas, finalmente sentía que una parte de ella, regresaba en su lugar.
–Perdóname Hermione –repitió Ron, la voz se le rompió.
–Todo estará bien, ¿verdad? –preguntó Hermione.
Ron la sujetó de los hombros para apartarla, le limpió las lagrimas de su rostro y la miró con los ojos brillantes.
–Si, todo estará bien –contestó y le sonrío por primera vez en semanas.
A varios metros de ellos, Draco permaneció inmóvil durante la escena, se quedó para asegurarse de que la comadreja no la hiriera nuevamente pero al parecer de ahora en adelante estaba dispuesto a darle el beneficio de la duda. Camino hacia el Gran Comedor con una sonrisa en sus labios, en verdad le alegraba que Hermione pudiera arreglar las cosas. Aunque ella fuera feliz a su lado, siempre podrá complementar más esa felicidad con el apoyo de sus mejores amigos.
Pansy Parkinson se sentía ansiosa, había mandado a un compañero unos años más chico para que revisara si Draco Malfoy estaba en su habitación y como lo intuía, al parecer ni siquiera había dormido ahí. ¿Qué rayos estaba pasando con el rubio? Por un parte temía que estuviera con otra chica, quizás finalmente alguien se había ganado su amor pero luego pensaba en lo que había hablado con Blaise y Nott durante la madrugada y no sabía que era peor. Pansy había ido al Gran Comedor temprano para esperar a Draco y hablar con él, sacarle cualquier información que tranquilizara un poco sus nervios.
Si al final de todo fuera por una chica, entonces eso lo podría arreglar con facilidad, pero si resultaba algo más… Draco ha sido su amigo durante años, además del tiempo en que han salido, sin embargo si en algún momento el rubio estuviera en malos caminos como ella sugirió a sus amigos, tendría que tomar una gran decisión. Pansy Parkinson ante todo era fiel seguidora de los ideales sobre la sangre pura y sus reglas, no por nada también tiene un gran número de personas a sus ordenes dentro de la casa de Slytherin.
No obstante, si Theo estuviera en lo cierto y le encomendaran la misión a Draco de matar a Dumbledore, lo ayudaría. Cualquiera que fuera la situación, necesitaba saberlo.
–Vaya, luces tensa –interrumpió una voz sus pensamientos.
Theodore Nott se sentaba a su lado con una sonrisa burlona dibujada en su rostro.
–Estoy esperando a Draco –contestó ella con cara de pocos amigos.
–Creo que lo mejor es dejarlo en paz –respondió otra voz, Pansy volteo para encontrarse con Blaise quien se sentaba frente a ella.
–Ya lo he dejado en paz mucho tiempo –añadió.
–Conocemos a Draco, si lo presionas demasiado puedes salir lastimada –dijo Theo mientras se servía su desayuno.
Pansy lo ignoro, por supuesto que lo sabía, Draco nunca fue precisamente una persona que le gustara compartir sus sentimientos, si algo lo tenía sumamente preocupado lo escondía de todos a la perfección. Una de las tantas habilidades que la mayoría de la casa de Slytherin aprende durante su infancia, y por eso realmente no tenía nada que perder, ella también sabía cómo jugar.
Justo en ese momento, Draco Malfoy entraba al Gran Comedor. Desde su asiento Pansy lo vio serio e indiferente pero no fue hasta que estaba cerca que vio una ligera sonrisa en su rostro, estaba de buen humor, un cambio importante después de los últimos días.
Draco se sentó al lado de su amigo Blaise, saludando a los demás.
–Hoy pareces de buen humor, Draco –dijo Theo notando lo mismo que Pansy.
–No te acostumbres tanto –respondió Draco evitando dando su razón.
Blaise y Theo se rieron, mientras el rubio se servía algo para desayunar, Pansy lo observaba con poco disimulo. Dispuesta a encontrar una señal de que las cosas estaban mal, pero su amigo no tenía ojeras marcadas, no estaba demacrado o con la mandíbula tensada.
–¿Ya te enteraste que descubrieron a Millicent Bulstrode saliendo con uno de Hufflepuff? –comentó Blaise mirando a Millicent desde su lugar, quien desayunaba sola ignorando la mirada de sus compañeros.
–¿Uno de Hufflepuff? –preguntó Draco haciendo una mueca de desagrado.
–Y mestizo –añadió Theo, notando como Draco alzaba las cejas sorprendido.
–¿Cómo rayos no escuchaste eso? Fue todo un escándalo ayer –preguntó Blaise más en sentido de broma, realmente no era Pansy obsesionada por los movimientos de Draco, él mismo oculta ciertas cosas ¿por qué tendría que exigir honestidad?
Draco no contesto, miró también a su compañera en un extremo alejado de la mesa de Slytherin, podía ver que trataba de aparentar indiferencia pero no estaba teniendo éxito. Un sólo descuido podría llevar graves consecuencias, no sólo con tus compañeros de casa sino también con tu familia. Sintió lastima por Millicent.
–¿Donde estuviste anoche Draco? No, de hecho ¿donde has estado últimamente? –pregunto de repente Pansy sin soportarlo más.
El ambiente entre los cuatro se puso inmediatamente tenso, Theo y Blaise no podían creer que se haya atrevido a enfrentar a Draco en un lugar tan público. Draco Malfoy dejó de mirar a Millicent, dedicándole una mirada fría a Pansy, ya no había rastro de su buen humor.
–No dormiste en tu habitación y creo que ya son varias noches que no lo haces –siguió diciendo Pansy demostrándole que no le tenía miedo, aunque por dentro su corazón latía con rapidez.
–¿Me has estado espiando, Pansy? –preguntó Draco con el enojo contenido.– ¿Tan aburrida estás de tu vida?
–No evadas las preguntas –respondió Pansy alzando un poco más la voz.
Inmediatamente Theo sujeto el brazo de Pansy.
–No es el lugar para esto –le advirtió Theo en voz baja, mirando a sus compañeros de casa.
–Déjala –ordeno Draco.– Realmente no tengo por qué darte explicaciones de lo que hago o a donde voy, Pansy. Si fuera tú, dejaría de insistir…
–Estas equivocado –interrumpió Pansy soltandose del agarre de Theo.– Te recuerdo que no eres el único bajo las ordenes de Voldemort, tal vez no somos tan importantes como tú pero también tenemos ciertas tareas, como presentar informes de lo que sucede en el castillo…
En cuanto pronunció lo último, se arrepintió. Draco Malfoy la miró como nunca lo había hecho antes, había cruzado la línea y no había marcha atrás. Incluso Blaise y Theo sabían lo peligroso que había sido esa jugada, si ella no cuidaba sus palabras pronto tendrían que defenderla de la furia de Draco.
–¿Me estás amenazando, Parkinson? –preguntó con cierta burla Draco, mirándola como si ella no fuera nadie.– No te gustaría tenerme como enemigo, Pansy. ¿No has escuchado lo que hago con mis víctimas?
Pansy palideció, no podía estar hablando en serio que él la trataría como una de las pobres víctimas… No podía estar hablando en serio.
–Tus chismes me tienen sin cuidado, pero si me doy cuenta o me entero que me sigues espiando… tal vez unos días sola en el Bosque Prohibido no te hagan mal –añadió Draco con crueldad, le importaba poco si Pansy había sido su amiga desde primer año, podía ver que ella estaba dispuesta a delatarlo y traicionarlo. No podía confiar en ella.
Pansy le sostuvo la mirada hasta que sus ojos se llenaron de lágrimas, después de ello se levantó de su asiento y se fue del Gran Comedor. Draco soltó un suspiro y trató de seguir con su desayuno.
–¿No crees que fuiste algo rudo con ella? –preguntó Blaise después de unos momentos.
–Sólo así me dejaría en paz –respondió Draco cortante.
–Pero ella tiene razón –dijo Theo con una expresión seria.– No nos interesa que haces o con quien, pero deberías tener más cuidado… A Millicent su descuido hizo que la atraparan en una relación con un mestizo, a partir de ahora los demás de slytherin le darán la espalda y créeme que su familia la va a castigar por esto.
Draco se tensó, sabía que Nott no tenía idea de su relación con Hermione y aún así la comparación que estaba haciendo era acertada.
–Pero un descuido para ti, puede costarte la vida… –finalizó Nott.
El rubio sabía que tenía razón, seria una gran estupidez que a estas alturas, pudiera cometer un error y exponer su relación con Hermione. Incluso ya estaba arriesgando todo al formar parte de la Orden del Fénix, su participación con ellos era un secreto pero ¿por cuánto tiempo? ¿Y si uno de ellos era torturado y decía todo lo que sabía? ¿Si uno de ellos fuera forzado a tomar veritaserum? Necesitaba matar cuanto antes a esa serpiente.
En ese momento, las lechuzas del correo llegaron al Gran Comedor. Todos estaban ansiosos por leer El Profeta aunque no era ningún secreto que ocultaba información sobre las noticias en el mundo mágico, aquel periódico estaba controlado por el Ministerio pero aún así, era eso o seguir sin noticias. El momento de tensión ya había pasado entre Draco, Blaise y Theo, cuando una lechuza marrón se poso delante del rubio.
Draco le quitó la carta y sin esperar respuesta, la lechuza se fue. Estaba intrigado, aquella lechuza no era la de su madre y no recibía cartas de nadie más. Con calma la abrió, reconociendo la letra inmediatamente, en el pergamino estaba escrito pocas lineas.
No puedes enfrentarte al peligro sin preparación alguna, después del desayuno ve a mi despacho y hablaremos.
D.
Hermione Granger se sentía plena, por un rato pudo olvidarse por completo de los problemas de los últimos días. Había disfrutado de un buen desayuno, sin sentirse presionada o tensa por la presencia y comentarios de sus amigos, por primera vez desde que regresaron de las vacaciones de invierno pudo volver a reír junto con Ron, Ginny y Neville. Harry no había bajado a desayunar, por ello Ginny se ofreció adelantarse a la sala común para llevarle algo de comer.
Era un domingo nublado pero aquello no le importó a Hermione. Creía que al menos por ese día, nada podría quitarle el buen humor… sólo por ese día.
–Entonces, ¿tu y Luna? –preguntó Hermione a Ron mientras caminaban por los pasillos.
La castaña iba caminando al lado de Ron enredando su brazo con la de ella, habían estado caminando así desde que salieron del Gran Comedor y ahora platicaban sobre todo lo que se habían perdido en las últimas semanas.
–Ahm… si, algo así –contestó Ron poniendose colorado.
–Me lo imaginaba –respondió Hermione sonriéndole.– Supongo que ya te perdono lo de Lavender…
–Creo que si, igual le pedí disculpas –dijo Ron con nerviosismo, no estaba acostumbrado hablar de sus sentimientos.
–Me alegro por ti, Ron –dijo Hermione sinceramente.
Ambos intercambiaron sonrisas, parecía como si su distanciamiento de las últimas semanas hubieran desaparecido. La castaña sentía como poco a poco recuperaba algo dentro de ella, haciéndola sentir menos sola y más fuerte.
–Ojalá Harry estuviera también con nosotros –murmuró la castaña después de un rato.
Ron soltó un suspiró, él también quería que estuvieran los tres juntos.
–Es más complicado… –contestó Ron tratando de elegir bien sus palabras.– Él aún tiene sentimientos por ti, aunque creo que más bien está confundido.
–¿Cómo confundido?
–Bueno, él estaba seguro que este año tendrían una oportunidad pero ahora creo que prefiere recuperar tu amistad que tu amor –respondió con una extraña seriedad en él.– Supongo que al final es más importante tenerte como amiga a perderte por completo…
Hermione miraba al suelo mientras caminaba, no sabía realmente que decir ante esas palabras, ella igual había creído que ese año tendrían una oportunidad de estar juntos pero las cosas cambiaron por completo. Ahora entendía que sus sentimientos por Harry eran producto de tantos años de amistad, tenían muchas cosas en común y prácticamente pasaban todo el tiempo juntos, quizás por eso creyó que sentía algo más que amistad por él.
–Tienes que darle un poco más de tiempo, para él las cosas son mucho más complicadas –interrumpió Ron sus pensamientos.
–Tengo miedo… –confesó Hermione incapaz de mirar a su mejor amigo.– De que sigamos distanciados y se desate la batalla final, si algo malo me pasara o a él estando enojados…
–Lo sé, yo también he tenido ese miedo –respondió Ron con cierta tristeza en su voz.
Ambos siguieron caminando en silencio, cada uno perdido en sus pensamientos. Algunos alumnos de otras casas los miraron algo sorprendidos, había pasado mucho tiempo desde que los vieron juntos aunque ambos amigos ignoraban las miradas, la situación en el mundo mágico opacaba cualquier chisme sobre ellos.
Fue cerca de la biblioteca cuando vieron a un grupo de slytherin rodeando a un alumno de séptimo de Hufflepuff. Hermione vio con horror como uno de slytherin propinaba un puñetazo a la mandíbula del chico y los otros comenzaban a patearlo en el suelo.
–¡Maldita escoria!
–¡No perteneces a este mundo!
–¡Los de tu sangre no deben mezclarse con nosotros!
Hermione libero su brazo del de Ron y sacó la varita inmediatamente, acercandose al grupo con rapidez.
–ALTO –ordenó con dureza al tiempo empujaba a los de slytherin para que se apartaran del chico, Ron igual la ayudo inmediatamente.– ¿QUÉ RAYOS CREEN QUE ESTÁN HACIENDO?
–No te metas en esto –contestó uno de slytherin.
–Soy Premio Anual, por supuesto que puedo meterme –contestó la castaña sin dejarse intimidar, lo miraba igual de desafiante.– Estan prohibidas las peleas, esta en el reglamento.
–¡Esto no tiene nada que ver con una riña escolar! –exclamó otro de slytherin, era igual de alto que Crabbe o Goyle, aunque lucía más inteligente.– No sabes nada, así que apártate o…
–¿O que piensas hacer? ¿Pegarle? –interrumpió Ron con coraje, poniendose al lado de su amiga.
Lentamente Ron, Hermione y el chico de Hufflepuff estaban rodeados por los de slytherin, eran al menos seis y ninguno parecía tener intención de dar por terminado el asunto.
–Si no tengo otra opción… –contestó el chico con amenaza.
Ron estuvo a punto de contestarle pero Hermione alzo la mano para que no dijera nada, aquello no iba ayudar en nada, sólo haría que la situación se saliera de control.
–Se los pediré de buena manera una vez –dijo Hermione mirando a cada uno con dureza.– Déjenlo en paz y váyanse.
–Tú no eres nadie para ordenarnos que hacer, sangre sucia –respondió el slytherin al tiempo que daba un paso hacia delante.
–Levicorpus –escucharon una voz exclamar, inmediatamente el slytherin quedó boca abajo en el aire, como si una cuerda invisible lo hubiese jalado.
Todos voltearon a mirar quien había conjurado el hechizo, en un extremo del pasillo estaba Anthony Goldstein con la varita en alto y una expresión seria que nunca había visto Hermione en él. Varios alumnos también habían presenciado la escena, mirando asustados.
–Déjenlos en paz –ordeno Anthony alzando la voz, lucia imponente con la varita en alto y la expresión seria.
Los otros de slytherin sacaron sus varitas, ocasionando que los alumnos que estaban cerca exclamaran un grito ahogado.
–Estoy cansado de todos ustedes… –dijo al tiempo que se preparaba para echar un maleficio, cuando Hermione lo desarmó con un hechizo no verbal.
–Maldita sangre sucia –exclamó el más cerca de Hermione y camino hacia ella, pero Ron se interpuso sujetándolo de la camisa y empujandolo contra la pared.
Todo sucedia tan rápido que Hermione se vio en medio de una pelea que había tratado de evitar, estaba dispuesta a alzar nuevamente su varita cuando una voz interrumpió.
–¿¡Qué esta sucediendo aquí!? –exclamó la profesora McGonagall del otro lado del pasillo, iba en compañia del profesor Flitwick.
Todos se quedaron sorprendidos.
–Los de slytherin golpeaban a este chico de Hufflepuff –respondió enseguida Hermione, señalando al de Hufflepuff quien seguia en el suelo.– Traté de detenerlos pero…
–Tuve que intervenir también o atacarían a Hermione y Ron –interrumpió Anthony aún con la varita en alto.
–Haga el favor de bajar a su compañero, por favor –contestó la profesora McGongall sorprendida de los actos de los alumnos.– Y ustedes también guarden sus varitas.
Los alumnos de slytherin de mala gana guardaron sus varitas, mientras Ron soltaba con despreció al que estuvo a punto de golpear.
–Alguien vaya a buscar al profesor Snape inmediatamente –ordenó la profesora McGonagall.
Al ver que la situación se había calmado finalmente, Hermione miró al de Hufflepuff, estaba doblado del dolor a causa de las patadas que le alcanzaron a darle, de su boca salía sangre por el golpe pero en general parecía estar bien. Era demasiado raro, los de slytherin no eran conocidos por ese tipo de ataques, solían ser más discretos o mínimo buscaban venganza de otra manera para no ser descubiertos por el profesor. "Los de tu sangre no deben mezclarse con nosotros", le habían gritado con desprecio ¿qué rayos había pasado?
–¿Estás bien? –preguntó Ron mirándola con cautela.
Había sido llamada sangre sucia con demasiado desprecio, sin embargo ya no le importaba a Hermione, hacia mucho tiempo que no se dejaba humillar o sentir mal por esas palabras.
–Si, gracias –contestó esbozando una ligera sonrisa.
Después de varios minutos, el profesor Flitwick se llevo al de Hufflepuff para la enfermería mientras el profesor Snape llegó y al escuchar la situación, se llevó a sus alumnos inmediatamente con un rostro aún más severo que de costumbre. Antes de eso, la profesora McGonagall les bajó 100 puntos a cada uno y ella también les aseguro un castigo. Luego habló con Anthony, Hermione y Ron, acerca del ataque y que seguramente no sería el último, las cosas estaban tensas y los alumnos buscarían desquitarse. Durante ese rato, Hermione miró a Anthony quien aún tenía el semblante demasiado serio, había algo más que lo perturbaba.
–Estén atentos, ya pueden irse –dijo McGonagall finalmente, sin esperar respuesta se alejó enojada del pasillo.
–Gracias por ayudarnos –dijo Hermione mirando a Anthony.
Esperando una sonrisa o alguna otra reacción, se sorprendió cuando su amigo le devolvió la mirada con enojo.
–No puedes enfrentarte así como si nada a un grupo de slytherin –contestó el ravenclaw conteniendo su enojo.– Estuvieron a punto de golpearte también, eran tres contra seis…
–Calmate Goldstein –intervino Ron con dureza.
–¡Eres una tonta! –exclamó Anthony con enojo, mirando a Hermione.
–Cuida tus palabras… –contestó Ron dando un paso al frente hacia el Premio Anual.
Sin embargo Hermione le puso una mano en el pecho para que se detuviera.
–¿Qué es lo que ocurre? –preguntó la castaña igual de seria que su amigo, enfrentandolo.
Anthony soltó un suspiro de frustración, miró a su alrededor asegurándose que no hubiera nadie cerca para escucharlos.
–¿Sabes quien era ese chico de Hufflepuff y por qué los de slytherin lo atacaron? –preguntó Anthony con enojo, la castaña negó con la cabeza.– Era Hopkins Wayne, ayer lo descubrieron con Millicent Bulstrode.
Hermione se sorprendió al tiempo que Ron tensaba la mandíbula, entendiendo ahora el enojo de Goldstein.
–Le estaban dando una lección… –dijo Hermione desconcertada.
–Los sangre mestiza no deben mezclarse con los sangre pura –completó Anthony mirándola aún serio.– Espero que ahora entiendas lo cuidadosa que debes ser, Hermione, porque si lo tuyo sale a la luz… los de slytherin irán por ti.
Draco Malfoy se encontraba en el despacho del director. Las piernas le fallaban haciendo que cayera al suelo de rodillas por el cansancio, el sudor surcaba su rostro mientras intentaba jalar el aire posible para recuperarse, llevaba al menos dos horas y media intentando un nuevo hechizo muy peligroso pero a la vez poderoso, finalmente había logrado hacerlo pero requería mucho de su energía. "Sumamente extraordinario…" había dicho el profesor Dumbledore luego de ver el rápido progreso de su nuevo discípulo, haciendo que Draco sonriera con arrogancia sobre sus propias habilidades. Al principio el slytherin no tenía ni idea para que lo llamaba nuevamente Albus Dumbledore cuando ya habían acordado en que él lo vería en su despacho una vez que supiera sobre la próxima reunión con Voldemort, por ello se sorprendió cuando llegó la lechuza durante el desayuno.
–Es muy importante que controles esa última parte porque puede llevar graves consecuencias, tu misma muerte por ejemplo –dijo el profesor Dumbledore mientras le brindaba un merecido descanso.– No te preocupes, practicaras conmigo hasta que llegue el momento.
Dumbledore observaba a Draco. Después de escuchar cómo él se ofrecía para liquidar a Nagini, no podía simplemente dejarlo ir sin ninguna preparación y advertencia a lo que podría suceder. Le impresionó la determinación y el coraje del muchacho, lo cual nunca creyó tener -sin ofender-. Desde la primera vez que lo vio, supo que Lucius lo había educado de una forma equivocada, haciéndolo un fanático de la sangre pura y egocéntrico, sin embargo mientras crecía, también notó que el chico había recibido una educación especial para desarrollar grandes habilidades con la varita, cosas que muy pocos magos sabían controlar o hacer en toda su vida. Después notó ciertas características de la personalidad de su madre, Narcissa Black, y fue cuando supo que aquel chico estaba destinado a sobresalir fuera de su apellido. Aquel niño pálido, escuálido y presumido de su procedencia había desaparecido, ahora tenía ante él un joven hábil, calculador, inteligente, con gran poder mágico y últimamente, valiente.
–Lo tomaré en cuenta –jadeó Draco ante lo último que dijo el director.– ¿Está seguro que con esto, podré asegurarme de la muerte de la serpiente?
–Nagini es un horrocrux. Para poder destruir uno tiene que ser algo que inflija un mal tan grande al horrocrux que la magia residente en él no pueda recuperarse –contestó el profesor Dumbledore explicandole un poco más acerca de ésta magia oscura.– Para ello, hasta ahora sólo sé de dos maneras de destruirlo: con el veneno de basilisco y…
–El fuego maldito –terminó Draco por él.
Draco nunca creyó que el profesor "fanático de los muggles" Dumbledore, pudiera enseñar este tipo de hechizos poderosos a sus estudiantes pero claro, dada las circunstancias tenía que asegurarse de alguna manera que esa serpiente termine hecha cenizas. El slytherin no tuvo problemas para convocar aquel fuego maldito, lo increíblemente difícil es la parte del control, porque no sólo era para invocar unas cuantas llamas sino era algo realmente espectacular y poderoso que estaba seguro ningún aguamenti podría extinguirlo. Tenía suerte que el profesor lo dominara completamente como para evitar que quemara todo su despacho y ambos se quemaran también.
–Ahora que aprendas a dominarlo, úsalo sabiamente –advirtió Albus con seriedad.
Draco asintió con la cabeza mientras por fin recuperaba algo de fuerzas y se levantaba, gracias a ese hechizo ya se sentía un poco más seguro al menos cuando se encuentre frente a Voldemort podría prender el lugar en llamas poderosas y salir huyendo.
–Lo sé, no es para niños –dijo Draco asegurandose de tener la confianza del profesor.
Dumbledore sólo asintió con la cabeza, tenía esperanzas en ese chico de la misma manera en que las tiene en Harry Potter. Ambos están destinados a hacer algo increíble que cambiará el rumbo de la guerra a favor de ellos, por ahora era lo único que podría enseñarle a Malfoy por el poco tiempo, confiaba plenamente en sus habilidades.
En ese momento, se vieron interrumpidos por unos golpes en la puerta, el director murmuró "pase" mientras caminaba hacia la silla detrás de su escritorio para tomar asiento. Draco recompuso su aspecto y espero. Severus Snape entró al despacho del director con aire totalmente serio, se detuvo un momento al ver a Malfoy ahí pero no comentó nada.
–Si está ocupado puedo regresar en otro momento –dijo Snape mirando al director y luego a Draco.
–No es necesario, el Sr. Malfoy ya se iba –contestó Dumbledore con una sonrisa.
Draco Malfoy se despidió de ambos profesores y salió de ahí dispuesto a ver a Hermione. Cuando los pasos del chico se dejaron de escuchar, el profesor Snape miró interrogante al director del colegio, no era nada normal ver a Malfoy en el despacho del director ni siquiera cuando resultaba castigado. Sin embargo esperaría a que el mismo director le contara antes de preguntar.
–Sientate Severus –lo invitó el director amablemente.
Snape lo obedeció esperando, independientemente de los asuntos de Malfoy, el director lo había citado con urgencia y a pesar del semblante del anciano, Severus no veía ningún peligro cerca.
–Las cosas no salieron como nosotros pensábamos, de hecho, resultaron mucho mejor –comenzó a decir Albus con complicidad, sin embargo Snape no entendía a lo que se refería.– Hace mucho tiempo, supe que Lucius Malfoy criaría a su hijo de la mala manera, metiendole ideas ortodoxas y con el único propósito de que siguiera sus pasos, creí que el muchacho se convertiría en un mago miserable. Pero no fue así, al parecer Narcissa ha tenido mucha influencia en el chico porque por fin está tomando las decisiones correctas…
Snape alzó una ceja interrogante, ¿por qué le daba toda esa información? Él mismo había pensado eso pero ¿por qué venir hasta su despacho para escuchar eso? Algunas veces el profesor creía que el director ya había perdido la cabeza o su edad comenzaba a pegarle.
–Draco Malfoy, decidió ser parte de la Orden… –enseguida esas palabras llamaron nuevamente la atención de Snape.
–¿Cómo dice? –preguntó creyendo haberse imaginado lo que dijo.
–Lo sé, cuesta creerlo pero el Sr. Malfoy está de nuestro bando –contestó Albus estudiando la reacción de su colega.
Durante los siguientes minutos, el profesor Dumbledore se dedicó a explicarle todo acerca de la decisión de Draco, incluso le contó su misión suicida sobre acabar con algo muy personal de Voldemort y cómo se suponía que lo conseguiría. Conforme Snape escuchaba, no sabía si ponerse furioso con Malfoy por hacer algo tan insensato o admirar al chico que por años no hubiera puesto ni un dedo por nadie más que no sea él mismo.
–¿Entonces, está de acuerdo en que no sobrevivirá a su misión suicida? –preguntó Snape con incredulidad en su voz.
–El Sr. Malfoy aún tiene mucho para sorprendernos –contestó el profesor Dumbledore, creyendo que en realidad existía un 50/50 de probabilidades de que sobreviviera o no.
Snape no pudo evitar reconocerse en las decisiones de Draco. No era ningún secreto del por qué el slytherin había tomado esas decisiones y por esa parte a Severus no le sorprendió. Hace muchos años, él mismo habría sacrificado su vida con tal de salvar la de alguien más, y también acepto ser espía del bando contrario, todo por la persona querida, porque él mismo sabía que uno haría cualquier cosa por ello y sin importar el bienestar de uno… que su historia haya terminado en tragedia, no quiere decir que Malfoy vaya por el mismo camino y así, en ese momento, Severus Snape se prometió a si mismo ayudar a Draco, si él no pudo tener un final feliz, Draco lo tendrá.
–Es importante que él aún no sepa de tu verdadera lealtad, será mejor que las cosas sigan así –le indicó el director.
El profesor Dumbledore no necesito pedirle que ayudará a Draco, ambos sabían perfectamente sus razones y no había necesidad de mencionarlos. Cuando Snape salió de su despacho, el director se sintió sumamente cansado y se quitó los lentes para masajearse el puente de la nariz. Algo en su interior le decía que faltaba poco tiempo, si Draco lograba su misión, él podría irse más tranquilo… Ya había enseñado todo lo que estaba a su alcance y conocimiento para que Harry Potter terminará su trabajo. Faltaba poco para que finalmente pudiera descansar.
Hola,
Sé que el capitulo es corto en comparación con los otros pero tenía que cortarlo aqui. No se preocupen el próximo va a ser largo largo largo, ¿adivinan qué es lo que viene? Por eso decidí subir este antes, un poco tranquilo de lo que ha pasado y porque en el próximo van a sufrir... Es todo lo que puedo adelantarles hahaha.
Muchisimas gracías por sus comentarios y por sus favoritos, también gracias quienes me leen en las sombras haha. También gracias por sus felicitaciones :)
Para el próximo capitulo no tardaré tanto, ya tengo la mitad listo por lo que no esperaran tanto.
Gracias por su paciencia, espero sus comentarios y sus teorias.
Besos
