=Cap 36=

Maura se quedó pasmada. El tiempo, los planetas y el mundo en si se detuvieron en el instante en que sus ojos se posaron en ella.

La puerta del baño de su habitación se abrió luego de un largo rato donde lo único que le daba pistas sobre lo que ocurría en su interior eran las contiguas quejas de Jane que le ofrecían cierta idea de lo que pasaba pero al verla salir tuvo la certeza. La morocha vestía su uniforme de gala, ese, de pantalón oscuro y camisa blanca que solo le había visto en una ocasión y tal vez por la tristeza que los había rodeado no logro vislumbrar su elegancia, su potente atracción de la que era víctima en aquel momento, se sabía amante de los uniformes pero en ese instante su cabeza simplemente dejo de funcionar. El cabello oscuro sujeto en un sencillo pero atractivo moño alto que no le permitía escapar a ni uno solo de sus rizos enmarcaba su rostro de tersa piel que incitaba a las amorosas caricias. Un maquillaje tenue resaltaba aún más su belleza y que se transformó en magnifica gracias al porte de la que hacía gala conforme caminaba hasta situarse frente al espejo completo de la habitación.

Angela la siguió recargándose en el marco de la puerta dejando escapar un suspiro agotado, como siempre su hija no se la había puesto fácil pero mirando el resultado sonrió satisfecha a la vez que un atisbo de orgullo brillaba en su mirar. Por un momento solo la observo mientras esta hacia lo mismo en el espejo checando que no fuera demasiado para ella, pero la mirada de su madre lentamente la abandono para fijarse en la mujer que veía a su hija como si fuera la cosa más maravillosa del mundo y sonrió llena de ternura y alegría. Sin decir ni una palabra, abandono la habitación murmurando que también debía terminar de alistarse.

La pareja se quedó sola y mientras Maura simplemente se había quedado estática junto a su vestidor. Su novia la miraba de reojo sintiendo como el aire la abandonaba en un instante mientras la recorría lentamente con su mirar, el hermoso vestido rojo de corte elegante con un sutil escote era arrollador pero su sistema fallo no por el sino por la que lo portaba. Asegurándose en un momento que estaba con la mujer más bella del planeta a la vez que se preguntaba como lo había logrado.

Noto el instante en que la cobriza despertó con cierta sorpresa de su ensoñación saltando levemente a la vez que daba un respingo como silenciosa reprimenda, ella hizo lo propio y se concentró en mirar su reflejo y haciéndose la que no pensaba nada cursi, comenzó a acomodar detalles insignificantes de su blusa hasta levantar su cuello y cerrar el ultimo botón que lo ajusto alrededor de este, luego paso su corbata oscura tras el y con su mirada fija en la tela trato de anudarla aunque sus dedos aun eran demasiado torpes.

Los descalzos pies de Maura se deslizaron lenta y sutilmente, casi dando la imagen de flotar hasta llegar a un lado de la morocha. Con una sonrisa y sus manos extendidas sin presionar con su mirada solicito la autorización a continuar su movimiento, sus ojos aceitunas brillaron demostrando su entusiasmo al ver como la morocha le sonreía con ternura a la vez que sus manos le entregaban la corbata.

En silencio, Jane observo el semblante satisfecho de su amada mientras le acomodaba el cuello y sonrió sin poder evitar que su mano se deslizara por la mejilla de la mujer que dejo de bajar el cuello de su camisa para mirarla con duda sin alejar su agarre.

-¿Rojo?

Maura sonrió –Es una fiesta en tu honor, supuse que lo ideal es que usara algo que te gustara... ¿lo hace?

Susurro lo último mientras se giraba en su eje mirando a la detective con visible coquetería y picares en sus ojos. La morocha no pudo evitar recorrerla con su mirada a la vez que sus manos ansiosas temblaron y sus labios fueron remojados sutilmente.

-Me encanta –. Dio un paso hacia la cobriza colocando sus manos sobre sus caderas a la vez que esta rodeaba su cuello –Mas tu que el vestido en si –. La forense se sonrojo –No sé cómo hare para ponerle atención a la ceremonia contigo a mi lado...

-¿Quieres que use otra cosa?

La morocha negó acercándose a los labios de su amada que se dejó hacer –Aunque estuvieras vestida de vagabunda seguiría ocurriendo.

Maura sonrió y traviesamente mordió levemente el labio inferior de su novia –Parece que tendrá una noche difícil, detective.

-Oh, no tiene idea doctora...

Jane acorto la distancia uniendo sus labios a los de la cobriza, la intensidad se hizo evidente desde el primer instante y aun cuando la fashionista interior de la forense quería bajar el ritmo al final sucumbió a la energía de su amada que la aferraba contra su cuerpo sin importarle las arrugas que esto pudiera ocasionar en las prendas de ambas. Maura trataba de no tocar de mas, ella si estaba consciente de las ropas pero aun así sus manos se deslizaban marcadamente por la espalda, la cintura y el abdomen de la blusa blanca de la detective que juguetonamente amaso un poco uno de los glúteos de su novia que salto entre sus brazos provocando su risa que le contagio.

Un par de golpes las interrumpieron dejándolas congeladas en su agarre y con cierto terror voltearon a ver hacia la puerta rogándole a cualquier deidad que no fuera a ser abierta.

-¡Jane! ¡Maura!... es hora de irnos –. Grito Angela sujetando el pomo tentativamente.

-¡No abras! –. Respondió su hija al instante mirado a su novia que lucía aterrada en especial cuando notaron el aire desordenado de sus ropas que por suerte no llego a los cabellos de ninguna.

-Pero...

-Shhhh... no voy... yo... ocupada... –. Respondió torpemente la morocha a la vez que depositaba múltiples besos juguetones en el cuello y rostro de Maura que trataba de negarse a la vez que reía por lo bajo.

De golpe la puerta se abrió y la pareja detuvo su juego al instante sintiendo como el sonrojo subía y subía pero Angela lo ignoraba por completo –¡Jane Clementine Rizzoli ¿cómo te atreves a decirme "shh"? ¿Y qué es eso de que no vas?!

La detective solo pudo reaccionar a girarse cubriendo a Maura con su cuerpo dándole la espalda a la italiana mayor –¡Ma! –. Grito llena de vergüenza y algo de molestia mientras sentía como su novia escondía su rostro contra su pecho.

Al ver el movimiento de su hija, Angela comprendió que es lo que ocurría y lo que había interrumpido, los colores se le subieron al instante pero no dejo de mirarlas -Oh, lo siento, queridas... bueno... apresúrense. Todos estamos listos y no es cortes llegar tarde.

-Ya se, ma... ¡fuera!

Angela salió de la habitación riendo pícaramente por lo bajo...

Las luces contra su rostro la cegaban dejándole percibir solo flashes desde la decena de periodistas que se apretujaban frente a ella bajo el escenario. Voces de la nada no dejaban de pedirle o casi exigirle una sonrisa pero era incapaz de mostrarla y no a causa de su timidez, las palabras de un discurso que debía cubrirla de honor por el agradecimiento de su ciudad en su lugar la ahogaban en una profunda molestia y hasta vergüenza que era evidente para todo aquel que la conociera como sus múltiples compañeros de recinto que casi esperaban su explosión en cualquier instante.

Rafael le había advertido cuando le confió sus inseguridades de ser amonestada en sus acciones por asuntos internos. Fue el único que tuvo el valor o la ocurrencia de aliviar sus preocupaciones mostrándole lo que los medios informativos habían dicho sobre el caso y que el mismo alcalde de la ciudad había confirmado. Su labor contra Wells había sido caricaturizada como la persecución de un infame delincuente de planes malévolos que no solo aterrorizo a la ciudadanía con asesinatos sino iba agregar el atentado contra un símbolo de ciudad volándolo en pedazos con lo que casi dijeron era una bomba nuclear, ella fue expuesta como una detective de valor incansable casi al nivel de un padre fundador exponiendo su integridad misma para detener al malo malísimo de la historia. Una sarta de estupideces que por el resto de su vida se encontraría en su expediente gracias a las próximas fechas electorales.

Sus puños se apretaron y su mirada avergonzada busco aquel vestido rojo que sabía que le apaciguaría pero no lo encontró, las luces ni siquiera le dejaron ver a los integrantes de las primeras mesas que la observaban con copas de champagne en sus manos mientras su respiración molesta iba en aumento.

Cuando sintió que no podría soportar más, en ese preciso instante hubo un movimiento a su espalda haciéndola girar y frente a sus ojos adoloridos el telón se elevó mostrando un gran grupo de niños que llevaban toda la parte trasera del escenario sobre el que se encontraba de pie. De entre ellos, un pequeño se fue haciendo camino hasta mostrarse a ella.

Jane sintió como el aire le era arrebatado de golpe a la vez que sus ojos comenzaron a brillar peligrosamente al ver al pequeño niño que aun rondaba sus pesadillas.

Jack dio unos pasos más hacia ella sujetando entre sus brazos la placa inmerecida, a su parecer, que la glorificaba pero ni siquiera la miro. Clavo una rodilla en el suelo sin importar su uniforme y le sonrió al pequeño que la miro con alegría hasta lanzarse a sus brazos donde lo siguieron más flashes que ambos ignoraron.

-Hola Jack –. Susurro la detective con su voz entrecortada.

-Hola detective –. El pequeño sonrió aferrándose a ella con firmeza.

Hubo un largo silencio entre ellos que el mundo admiro con ternura; Jane le acariciaba la espalda una y otra vez en especial desde que noto los leves sollozos del niño.

-No te hirió ¿cierto?

El pequeño negó entre sus brazos –Y-yo sé que a ti... si...

La detective suspiro –Así fue... pero ahora ya estoy mejor.

-¿N-no te duele? –. El tono de Jack se escuchó tenso y verdaderamente preocupado.

-Solo cuando no como dulces –. Respondió Jane con un tono animado tratando de confortar al pequeño que sonrió.

-Entonces yo te conseguiré muchos –. Afirmo Jack soltando el agarre para dejarle ver a la oficial su rostro que suavemente fue limpiado de rastros de lágrimas por las manos de esta.

-Los estaré esperando.

Ambos se sonrieron y se miraron en silencio preparándose para el porvenir; Jack le entrego la placa y volvía a abrazarla depositando un beso en su mejilla, Jane se dejó y con un bufido tuvo que obedecer la indicación de posar junto al pequeño que con poco agrado también forzó su sonrisa.

-Ahí esta, damas y caballeros... la heroína de Boston, la detective Jane Rizzoli –. Exclamo el alcalde señalándola con su mano para luego comenzar a aplaudir seguida por el público general.

Jack hizo que la detective girada a ver a los niños a su espalda –¡Gracias, detective Rizzoli!

Dijeron a la vez sorprendiéndola, su mente puso poca atención a la palabrería política del alcalde que continúo enalteciéndola pero alcanzo a distinguir que esos y muchos más niños había salvado en aquel "fallido ataque a la inquebrantable ciudad de Boston".

Supuso que así se titularía el diario del día siguiente...

Interminables presentaciones con los altos mandos de la sociedad y del gobierno le impidieron escapar aunque en múltiples ocasiones lo intento. Interminables manos estrecharon sin o con demasiado énfasis la propia que simplemente iba levantada en todas direcciones. Estaba convencida de que todo aquello era un pérdida de tiempo a fin jamás volvería a reunirse con aquellas personas que hipócritamente le sonreían y pretendían tener interés en ella o en sus palabras.

Lo peor de todo es que no había tenido ni un solo instante para ir con su doctorada favorita y al principio eso fue lo peor hasta que se encontró en una posición del salón que sin problemas le permitía observar el lugar donde sus compañeros y familiares permanecían.

Ahí, como una luz en la oscuridad el brillo del vestido la llamaba por inercia y solo ver su perfil sonriente le robo el aire con un golpe rotundo que nublo sus pensamientos pero el aire volvió en un instante, con la misma violencia con la que su pecho empezaba a retumbar y es que su novia no se encontraba sola sino le sonreía aún desconocido lo suficientemente valiente para acercarse a hablarle. Apretó los puños casi por inercia pero no se encamino hacia ellos, sabía que no debía dar un espectáculo o peor aún, dejarle entre ver a su amada que no confiaba en ella porque realmente lo hacía pero no era lo mismo con los demás seres del planeta.

Jane respiro profundo y soporto en silencio su suplicio que solo siguió empeorando al pasar el tiempo. Aquellas personas la mayoría eran gente perteneciente a la alta sociedad y aunque usualmente lo olvidaba, aquel día era muy evidente que el lugar de Maura era entre ellos. Una sonrisa elegante alumbraba su rostro mientras con delicado agarre sostenía su copa a la que solo bebía cuando se sentía incomoda o al menos eso dejaba entre ver su mirar que huía de su interlocutor que bien podían cambiar pero la mayoría se encontraban embelesados por la preciosa dama así que permanecían a su lado es más tiempo posible.

Al final, Jane opto por girarse levemente para no encontrarse de frente a la cobriza, huyendo de esta manera de sus conocidos coquetos aunque el perfecta posición para de reojo observar por si era necesaria su intervención. Esta llego cuando uno de estos "caballeros" con demasiado valor se atrevió a posar su mano en la cintura de la doctora que riendo fingidamente se apartó de inmediato retrocediendo un paso lo más sutilmente posible.

La sangre de la morocha en un instante se acumuló en su rostro a la vez que por suerte era al fin dejada sola y sus puños se apretaron mientras su cuerpo giraba listo para dirigirse hacia aquel hombre que no dejaba de tratar una cercanía. Solo pudo dar un par de pasos hacia ellos cuando una mano la aferro del brazo regresándola en un instante.

-No hagas un escándalo, señorita celosa –. Susurro Gabriel sonriéndole a la mujer que gruño por lo bajo.

-Pero…

-Janie... ella es una niña grande y si te necesita, te aseguro que te lo hará saber –. Carol rodeo con sus brazos a la morocha reconfortándola a la vez que evitaba que fuera a golpear a alguien, la soltó para mirarla a la cara y le sonrió –Si es necesario, yo lo sujeto.

Jane inhalo profundamente y aflojo un poco la fuerza de sus puños –Esta bien… debo aprender…

-Exacto –. Gabriel le sonrió palmeándole el hombro –Es tu fiesta y no puedes arruinarla… en especial cuando están discutiendo tu ascenso por ahí…

Jane lo miro sorprendida –¡¿Cómo dices?!

Carol sonrió al ver su sorpresa –Tu expediente tiene bastante en la mira… hasta en nuestros círculos.

Jane asintió con cierta duda, de pronto una mano suavemente recorrió su mentón haciéndola girar hacia un lado y enseguida unos labios bien conocidos se apropiaron de los propios con dulzura. Maura se sujetó con su mano libre a la de su novia que la miro con cierta sorpresa pero solo recibió una sonrisa amorosa como respuesta para luego darle otro beso casto.

-Hola ¿Qué tal se encuentran? –. Saludo la doctora sin soltarse de Jane aun cuando se encontraba saludando con un abrazo a Carol y Gabriel.

Mientras tanto, la detective noto una clase de presión a sus espaldas y al mirar de reojo se dio cuenta de los múltiples susurros y miradas que se encontraban dirigidas hacia ellas; en especial de los caballeros que anteriormente se habían acercado a su novia y que ahora parecían molestos, bueno, algunos parecían estar pensando o imaginando cosas traviesas pero a esos mejor los ignoro. No supo porque pero solo pudo sonreir con orgullo hasta que una idea paso corriendo por su mente haciendo que el pánico la golpeara.

Aprovechando que Carol y Gabriel habían tenido que girarse a saludar a alguien un momento; Jane apretó levemente la mano de la cobriza en cuanto sintió flashes a sus alrededores, quiso soltarse pero la forense se negó mirándola con una sonrisa dulce.

-Maur… si nos fotografían tus padres…

La cobriza suavemente acaricio su mejilla –Jane, yo te amo y a ellos también pero realmente no tienen voz en lo que siento ni podrán cambiarlo si quisieran.

La morocha asintió de acuerdo –Pero no es justo que se enteren por los medios o las comidillas de la gente.

-Creo que en eso tienes razón –. Maura asintió y luego tomo su teléfono donde tecleo un par de ocasiones, al levantar la vista su novia la miraba confundida –Mi madre no alcanzo a llegar al evento pero ya arribo a la ciudad.

-Ah –. Fue lo único que pudo decir Jane mientras sonreía con muy poca energía, el teléfono dio un tono y su color desapareció –Y…¿eso?

La doctora que miraba el móvil sonrió con tranquilidad –Mi madre nos esperaba a almorzar mañana.

-Ok…

Permaneció estática con su mente dando vueltas a toda velocidad sintiendo como el pánico y la ansiedad comenzaban a fluir vertiginosamente, y esto fue más que obvio para su novia que solo rio por lo bajo un momento para luego hacerla que la mirada de nuevo. En un instante todo se detuvo, todo dejo de importar y Jane solo pudo sonreir de la manera más enamorada y tonta, como jamás lo había estado y dejo escapar un suspira inhalando enseguida la esencia suave y elegante de su amada que le sonrió con infinito amor.

-Todo estará bien –. Susurro Maura aferrando con mayor seguridad la mano de la morocha que frunció levemente su ceño.

-Eso espero y realmente, eso es lo que quiero... son tus padres y yo no quisiera que por mi causa te apartaras o los alejaras... se lo imp...

Maura coloco uno de sus dedos sobre los labios de su novia, silenciándolos al instante –Y por esto, y muchas cosas más... te amo –. Jane le sonrió aunque con cierta confusión ya que no entendía a lo que se refería y la cobriza sonrió acercándose más a ella –Eres la persona más noble que conozco y sé que harías todo para que yo no sufriera, a pesar de tu propio dolor... pero no lo permitiré en esta ocasión... Jane, sin ti yo solo soy de hielo... un cadáver en movimiento así que defenderé contra quien sea a mi corazón, que eres tú.

Jane no pudo más y sin importarle sus alrededores, tomo a la cobriza por la cintura aferrándola a su cuerpo para luego besarla profundamente tratando de demostrar todo aquello que sentía y que Maura le retornaba con la misma intensidad. Aun cuando el aire se acabó y sus labios tuvieron que apartarse, sus miradas y frentes permanecieron unidas mientras sonrisas brillantes alumbraban sus rostros.

-Detective Rizzoli, lamento interrumpir.

La pareja dio un salto en cuanto notaron la presencia del desconocido y confusas se soltaron para mirar al hombre de edad que las observaba con un semblante serio pero afable. Tras este se hallaban Carol y Gabriel que rieron por lo bajo al notar el sonrojo de la pareja que solo pudo sonreir como respuesta.

Gabriel dio un paso al frente –Jane... Maura... permítanme presentarles al señor William Bell, mi jefe y de toda la oficina del FBI en Boston.

De inmediato, Jane dio un leve salto colocándose en posición de firmes para luego extender su mano hacia el hombre con la mayor solemnidad de la que era un capaz –Un placer, señor.

-Lo mismo digo –. El hombre estrecho su mano con seriedad para luego tomar con mayor delicadeza la de la forense –Y también a usted, señorita Isles.

Maura sonrió con elegancia aunque su cerebro ya formaba rápidas hipótesis sobre el porqué del acercamiento del hombre –Igualmente, señor Bell.

El hombre sonrió mirando a la pareja y supuso de inmediato que no se iban a alejar así que ni trato que ocurriera –Es bueno ponerle voz y pensamientos a un expediente tan extraordinario como el suyo, detective.

-Gracias pero realmente solo soy una policía más que hace su trabajo –. Afirmo Jane mirando a su alrededor –Nada de esa tontería de superheroína.

El hombre dejo escapar una carcajada –Ya me imaginaba que no le gustaría tanto circo pero así es la política... ya lo aprenderá ahora que está en boca de todos.

-Espero que no –. Susurro suspirando la morocha.

El hombre sonrió mirándola fijamente –Si me disculpan mi franqueza, iré directo al grano... no vine a este evento por las luces y la gente, vine por usted detective –. Jane centro toda su atención en él y sus palabras aunque se había sorprendido un poco por ellas mientras a su lado, Maura enseguida sintió temor al ver como su hipótesis se volvía realidad –Jane, si me permite llamarla así, la quiero... la quiero en mi agencia...

Jane se quedó estática –¿P-perdón?

-Le estoy ofreciendo trabajo, detective –. El hombre sonrió con satisfacción –Su expediente es espectacular por más que trate de cubrirlo con modestia y eso que aún es bastante joven... vine aquí a ofrecerle mayores retos, si está dispuesta a aceptarlos. Claro.

Un sentimiento de orgullo floreció en la detective en un instante a la vez que cierta tristeza en la forense que permanecía firmemente sujeta a ella...


Feliz año nuevo, les deseo lo mejor y espero que ustedes también me deseen algo mas que tomatazos xD