Reload
No sé de dónde conseguí sacar fuerzas para poder conducir y llegar a casa sana y salva.
Al no encontrar a nadie en casa, tomé una ducha lenta para desahogarme de todo lo que estaba sintiendo.
Solo podía pensar en Emma, y si había hecho la mejor elección.
Una voz en mi cabeza no dejaba de repetirme lo equivocada que estaba.
Me puse mi albornoz, enrollé una toalla en mi cabeza y me quedé mirándome en el espejo.
Mis ojos estaban hinchados y enrojecidos, y una expresión tan acabada que era imposible que no fuera notada.
Salí del baño de mi habitación, me encontré a mi hermana, sentada en el borde de mi cama con sus ojos clavados en mí.
Debería haber imaginado que Ruby enseguida le iría a contar.
—Zel, por favor, no estoy con ánimos para discutir. ¿Dónde está Henry?
—Está jugando a la play— respondió mientras se ponía en pie —¿De verdad estás segura de que quieres hacer esto? ¿Crees que Emma lo merece?
Reviré los ojos y suspiré.
—¡Emma no merece estar en esa cama por mi culpa!— dije rabiosa — ¡Eso es lo que no se merece!
—Si fuera Ruby, no me apartaría de su lado por nada del mundo.
—Pero no lo es. No hables como si fuera fácil.
Mi hermana soltó una risa sarcástica.
—¿Y lo que nuestra madre me hizo a mí fue fácil? Ruby me ha dicho que Belle tuvo que hacer lo que hizo para proteger a nuestra hija— fruncí el ceño —¡Eso es, Regina! Belle no abortó. ¡Tengo una hija y para protegerla, yo no podía enterarme! ¡Tiene cinco años, Regina! ¡Cinco años perdidos en la vida de mi hija por culpa de Cora!— se enjugó las lágrimas que resbalaban y de nuevo tomó aire —Soy una completa extraña para ella. ¡Ni siquiera sé a quién se parece! ¡Así que, si crees que eres la única con problemas por aquí, estás muy equivocada, hermanita! ¡No seas cobarde, Regina! Quieres mantener oculto que eráis novias para protegerla, muy bien, pero no desaparezcas de su vida. Sé amiga y compañera, es todo lo que ella ahora necesita— una pausa —Pero si desapareces, Cora consigue lo que quiere. ¿Quieres que una vez más ella gane?— negué con la cabeza —Bien, entonces ya sabes lo que hacer.
—David no me va a querer por allí
—Pero Mary sí. Ella imploró para que no le dieras la espalda a Emma. Cosa que ni necesitaba hacer, ¿no, Regina?
Me sentí avergonzada de lo que había hecho.
Solo de imaginar lo decepcionada que debe haber quedado Mary para haber implorado eso.
Y mi hermana tenía más razones que yo para estar enfadada.
No puedo dejar que Cora venza.
—Sabes que ella te ama, ¿o no?
—Lo sé.
LO SÉ
Mis ojos se llenaron de lágrimas al recordar la última vez que lo dije.
La última vez que Emma me dijo que me amaba, yo le respondí con la frase de su película favorita, con LO SÉ.
Recordé nuestros momentos, su cariño, la sonrisa más linda del mundo, con sus hoyuelos, sus cabellos rubios, suaves y perfumados. Recordé cómo ella hacía que me sintiera la persona más amada del universo.
—¿Cómo pude creer que esto era lo mejor para ella? Soy una idiota, Zel.
Caí en un llanto desesperado y mi hermana me envolvió en sus brazos.
—No eres idiota, Regina. Solo tenías miedo, y necesitabas que alguien te trajera de nuevo al Planeta Tierra.
—¿Qué sería de mí sin ti?
Zelena se echó a reír.
—Un montón de mierda.
La miré incrédula.
Le di una palmada en el hombro cuando deshice el abrazo.
—¡Ay! Es verdad, Regina, te encanta hacer tonterías, menos mal que tienes a esta pelirroja linda, maravillosa y sexy para mantenerte en la línea.
Reviré los ojos y resoplé.
—Será menos, Zelena, será menos
Ella pestañeó y sonrió.
—¿Entonces? ¿A qué hora vamos a ver a nuestra rubia desmemoriada?
Le di otro golpe en el hombro.
—¡Ay! ¿Y esta a qué viene? ¿Puedo saber?
—Esa palabra fue insensible.
Fue el turno de Zelena de revirar los ojos y resoplar.
—¿Desmemoriada fue insensible? ¿Y tú pensando en apartarte de ella no lo ha sido?
Me crucé de brazos, rabiosa.
—¿Quieres que lo admita en voz alta? Yo, Regina Mills, soy una completa idiota, que ha dejado que el miedo hable más alto, e iba a hacer exactamente lo que mi diabólica madre quería, iba a dejar de lado a la mujer que tiene mi corazón en sus manos, creyendo que era lo correcto, pero mi maravillosa hermana, esa pelirroja adorable que se llama Zelena, me ha hecho despertar a la realidad. ¿Está bien así?
Zelena aplaudió y soltó un gritito de alegría.
—¡Está genial! Me gustaría pedirte que lo repitieras para grabarlo, pero creo que ya es pedir demasiado, ¿no?
—Ni se te ocurra, Zelena
De nuevo ella rió, y me dio un beso en la mejilla.
—Cuando estés lista, avísame, nos vamos a ver a Emma.
Asentí en silencio.
—¿Zel?— la llamé haciendo que se detuviera —Siento mucho lo de tu hija. Espero que todo salga bien.
—Yo también— me dio una sonrisa triste y salió de mi cuarto.
Mi madre tenía que pagar por todo lo que había hecho.
No era justo conmigo.
Y mucho menos con Zelena.
Le pedí a Zelena que llamara a Ruby para saber si Emma ya se había despertado, pero según los enfermeros solo despertaría al día siguiente debido a la dosis de medicamentos que tuvieron que administrarle.
Aproveché para dedicarle ese tiempo a Henry para tranquilizarlo sobre todo lo que estaba pasando en nuestras vidas. Obvio que no podía ocultárselo para siempre, pero de momento, si él no me preguntaba, yo le contaría una versión más edulcorada para un niño.
Me pasé toda la noche pensando en Emma.
Pensando que podía estar allí con ella, aunque no supiera quién era yo, haciendo de todo para conquistarla de nuevo si fuera necesario.
Recodé cuando le pedí a Graham ayuda para localizarla…¡Espera! ¡Eso es!
Me acuerdo del modelo del coche y del final de la matrícula, ¿será suficiente?
Comprobé la hora, ya era casi la hora de salir hacia la compañía.
Tomé una ducha rápida y me vestí corriendo, lo más rápido que pude.
Sin pensar, me dirigí al cuarto de mi hermana, abriendo sin llamar.
Esta vez, juro que fue sin querer.
Ella y Ruby se llevaron tremendo susto. Zel salió de encima de ella, dirigiéndome una mirada rabiosa.
Pero por lo menos estaban vestidas, eso significaba que me he entrometido solo en los preliminares, ¿no?
—¡Discúlpame!— dije avergonzada —¿Por qué no cerraste con llave? ¿Y si fuera Henry? No sabía que Ruby estaba aquí. ¡Perdónenme!
—Estoy esperando una buena justificación, Regina — dijo Zelena con cara de enfado.
Ruby, por su parte, se aguantó la risa por lo estresada que había dejado a mi hermana.
—He tenido una idea para saber dónde está Cora. En realidad, no sé si saldrá bien, pero al menos podemos intentarlo.
—Desembucha— Ruby se puso en pie, y se puso sus zapatos.
—¿Te acuerdas el día en que Emma desapareció cuando yo di un espectáculo de celos?— las dos dijeron que sí con la cabeza —Conseguí encontrarla con ayuda de Graham. Recuerdo el final de la matrícula, y el modelo del coche, quizás sea bastante.
—¿Y a qué estamos esperando para ir a hablar con Graham?— preguntó Ruby
—¿Quién nos garantiza que no ha cambiado de coche?— intervino Zel —Y además, no debe tener solo un coche.
Ruby la reprendió con la mirada.
—Le disparé, Zel, así que probablemente salieron desesperados buscando a alguien de confianza para sacar la bala.
—¿Le disparaste a Cora? ¿Y no me lo has contado?
—¡Zelena, ahora no!— Ruby protestó —¡Venga, rápido! ¡Vamos atrás de ese Graham!
Me llené de esperanzas ante la fe de Ruby en mi intento. Me hizo sentirme más útil, y no un peso muerto.
Después de dejar a Henry en el colegio, nos dirigimos a la Fundación Mills y de ahí derechas al despacho de Graham.
—¡Vaya! ¿A qué debo el honor de tener la visita de estas diosas en mi despacho?— dijo con una sonrisa galanteadora en su rostro.
Le expliqué a Graham lo que había sucedido y lo que teníamos para rastrear el coche de Cora.
—Bien, no digo que no sea posible, pero va a tardar, y mucho. Cuando lo del escarabajo, teníamos la matrícula completa. Si quieren dejar a esta belleza haciéndome compañía, lo agradezco, y mucho— pestañeó a Ruby.
Zelena resopló.
—¿De verdad le estás tirando los tejos a mi mujer delante de mí?
Graham frunció el ceño así como nosotras.
Ella enfatizo bastante el mi mujer.
—¿Tu mujer? Lo siento, jefa, pero no vi la alianza, así que de nada sirve que te abalances como toro bravo sobre mí— soltó su típica sonrisa engreída, giró su silla y se centró en su ordenador —Decidme la dirección del sitio donde visteis por última vez el coche. Será más fácil que me meta en las grabaciones de ayer de las cámaras e ir rastrando por dónde ha pasado el coche.
Le pasamos la dirección y Graham centró su atención en no sé qué en su ordenador, tecleando y tecleando.
—Solo una pregunta, mis adorables jefas. Si tumbo el sistema de seguridad de algunas cámaras, no seré encarcelado, ¿verdad?
—No, no lo serás— la voz de David surgió y todos nos giramos hacia él. Entró y se puso al lado de Ruby —He dicho que estás trabajando con la policía en un caso, y hemos conseguido autorización, así que no serás apresado, a menos que no quieras trabajar con nosotros.
Graham detuvo su mirada en mí.
—¿Voy a tener un aumento por trabajar con la policía?
—El doble si consigues encontrar a Cora— respondí
Él sonrió, estiró sus dedos y volvió a centrarse en el ordenador.
Los otros monitores de la sala comenzaron a reproducir imágenes de las cámaras, incluso las que están integradas en los semáforos.
—Le pedí a Ruby que lo avisara— Zel me susurró —Creí necesario apoyo policial para que Graham no fuera acusado de nuevo.
—Has hecho bien, Zel
David carraspeó, llamando mi atención.
—¿Puedo hablar contigo?— dije que sí y lo conduje a la sala de al lado —Emma despertó, le repitieron algunos exámenes, está todo bien, a parte de la amnesia— antes de poder decir algo, él se anticipó —Yo me voy a quedar aquí con tu empleado para poder comunicar a mis compañeros cualquier novedad— una pausa —Gracias por estar cooperando en la búsqueda— una vez más habló antes que yo —Ella ha preguntado por ti— fruncí el ceño sorprendida —Preguntó si su reacción de ayer te asustó y si eras alguna amiga.
Estaba feliz.
Que se preocupara por mí significaba algo. Un buen presagio.
David continuó.
—Mary le dijo que eras una amiga, como acordamos.
—¿Puedo ir a verla?
Su mirada me estudio atentamente,
Cogió aire y lo soltó lentamente.
—No hagas que me arrepienta, Mills.
—No lo harás, te lo prometo.
Volvimos a la sala, David se iba a quedar con Graham según lo acordado, y yo podía ir a ver a Emma con el consentimiento de su padre. Ruby me acompañó, mientras Zel creyó mejor quedarse en la empresa y encargarse de todo lo que había acumulado.
Sentía un escalofrío mientras caminaba por el pasillo del hospital. Intentaba calmar mi mente para no pensar en las posibilidades de que mi visita acabara mal, y solo centrarme en cosas positivas.
Mary vino a nuestro encuentro en cuanto llegamos a la sala de espera.
Aún parecía bastante destrozada con todo esto. Las ojeras denunciaban una noche mal dormida, y la palidez, síntoma de la extrema preocupación que debía sentir.
—Gracias por venir, Regina
—Perdóname por hacerte pensar que no me importaba tu hija.
Ella balanceó negativamente la cabeza y me sonrió débilmente.
—Yo también perdería la cabeza en tu lugar. Si mi madre fuese la culpable de todo lo que está pasando, yo ya estaría en un psquiátrico, Regina. Ahora, ve a verla, Ruby y yo vamos a esperar aquí.
Concordé con la cabeza.
Y más pasillos para volverme loca.
Disminuí los pasos cuando divisé la puerta del cuarto donde ella estaba.
Espié antes de entrar, no había nadie en la cama. Entonces me quedé en la puerta para poder ver, y allí estaba ella. Observando la vista desde la ventana y desviándola de vez en cuando hacia el collar que sujetaba entre sus dedos.
Me sentía feliz al ver que era el que le había dado en su cumpleaños.
Una suave brisa invadió el cuarto, la vi cerrando los ojos y cómo en sus labios brotaba una tímida sonrisa.
—Pensé que no la vería más, después de mi ataque— Emma captó mi atención. Se giró hacia mí, y me dio aquella sonrisa de hoyuelos que tanto amaba —Su perfume, tiene un aroma a manzana, delató que estaba ahí parada, Srta. Mills.
No pude dejar de sonreír.
Aunque no supiera nada de mí, me confortaba presenciar que sus dulces maneras, de las que me enamoré, aún seguían en ella.
—Yo he tenido ataques peores, Swan, y tú no huiste, así que, tampoco yo voy a huir.
Su sonrisa se ensanchó más, y mi corazón parecía que iba a salirse del pecho.
Ella se sentó en un sillón y señaló otro para que yo me sentase.
Su mirada acompañó mis pasos, haciéndome más feliz aún porque parecía estar admirando mi cuerpo, intentando ser discreta.
Emma me mostró el collar en sus manos y centró su atención en mí cuando me senté.
—¿Sabe quién me lo ha dado? Siento como si fuera de alguien importante.
—¿Eso sientes?— afirmó con la cabeza —Entonces yo soy alguien importante, Emma, porque fui yo quien te lo regaló
No pareció sorprenderse, pero se puso feliz con lo que había dicho.
Nos quedamos mirándonos la una a la otra, de esa misma manera con la que parecía observar mi alma.
—¿Cómo va la memoria?— pregunté
—Mi madre me ha contado muchas cosas. Recuerdo algunas cosas de la infancia. Recuerdo la facultad de periodismo. Pero es como si fueran flashes, ¿sabe? Incompletos. No se puede entender nada.
—Pero ya es un paso enorme, Emma
Ella contuvo una risa y balanceó la cabeza en asentimiento.
—¿Qué ocurre?
—No sé por qué, pero me gusta tanto su voz diciendo mi nombre.
Mis mariposas en el estómago montaban una fiesta.
Ah, Emma…Te amo tanto.
