Hermione tuvo que agitar a Sophie varias veces antes de que la chica diera señales de estar despertándose. Con resignación se levantó de la cama y se metió en la ducha, poniendo el agua lo más fría que su cuerpo fue capaz de soportar. Necesitaba espabilarse como fuera si no quería quedarse dormida en medio del castigo.
Había pasado una noche horrible. Por primera vez en mucho tiempo, no le costó quedarse dormida, pero la cosa empeoró después. Los sueños extraños volvieron. Esta vez había soñado con una gran mansión y un señor mayor que la cuidaba. Ella veía todo a través de los ojos del anciano, que entraba en la casa después de ver luces en su interior. Dentro de la mansión descubría a un hombre horrible con cara de ratón discutir con alguien a quien no veía sobre sus planes para asesinar al "chico". Sophie despertó del sueño sobresaltada en el momento que el otro hombre se daba la vuelta y le lanzaba un "Avada Kedabra" al hombre. Después de eso le costó volver a dormir de nuevo.
Ahora en la ducha pensaba en el sueño. Ese hombre que había visto era Peter Pettigrew, esa despreciable sabandija que había traicionado a los Potter. Y pudo adivinar que la otra "persona" (si es que ese ser podía ser considerado como tal) era Voldemort. Hablaban sobre Harry. Pero ¿qué narices significaba aquel sueño? Parecía tan real…
Se secó y, vistiéndose, decidió que iría a hablar con Dumbledore después del castigo, en su hora libre antes del almuerzo. Tal vez él sabría explicarle.
Cogió de la mesilla su varita y miró los girasoles. Habían pasado semanas y aún estaban como el primer día, aunque el autor seguía sin hacer acto de presencia.
En el comedor se sentó al lado de Ginny y Hermione, con los dos chicos en frente. Sophie desayunaba rápido mientras preguntaba la hora a Hermione.
-¿Por qué tienes tanta prisa?
-Mi castigo por el "incidente" con Malfoy es ayudar en las clases a la profesora McGonagall. Y me toca justamente ahora.
-Bueno, piensa que al menos no te ha obligado a pasar otra noche con ese asqueroso hurón saltarín - dijo Ron.
Todos rieron y comentaron cuando el rubio de Slytherin fue transformado en hurón por el falso Alastor Moody. En ese momento Pansy pasaba por detrás y, habiéndoles oído posiblemente, les dedicó una mirada llena de repugnancia. Sophie miró a la mesa de Slytherin pero no vio a Draco. Los de primero se estaban levantando, así que es probable que ya se hubiera ido al aula de Transformaciones.
-En fin - dijo, levantándose -, será mejor que me vaya si no quiero llegar tarde y hacer que ese imbécil quede bien a mi costa. Nos vemos en Pociones.
Hizo ademán de irse, pero Harry le sostuvo el brazo, parándola. La chica se giró y miró a Harry, que estaba un poco rojo. Todos les miraban, atentos a la escena y notó como ella misma se ponía roja.
-Oye, Sof… Me estaba preguntando que qué ibas a hacer en la hora libre antes de la comida. Es que… me gustaría… hablar contigo.
Sophie arqueó una ceja. ¿Qué pasaría? Aunque poco importaba. La idea de estar un rato con Harry resultaba apetecible. Estuvo a punto de decirle que si cuando recordó que tenía pensado ir a ver a Dumbledore.
-Oh, es que pensaba… Emmm… Ir a hablar con Dumbledore. Mejor esta tarde, ¿vale?
Ahora todos la miraban a ella.
-¿Con Dumbledore? - preguntó Hermione -. ¿Por qué?
-Chicos, es largo y tengo prisa. Prometo que después de hablar con él os lo contaré - dijo, suplicándoles con la mirada.
Todos le dieron su gesto de aprobación y Sophie salió del Gran Salón. Cuando llegó al aula, la puerta ya estaba cerrada. Esto hizo que la chica soltara más de una palabrota al puro estilo muggle. Resopló y, tocando varias veces en la puerta a modo de llamada, espero a que le dieran permiso a entrar.
Cuando la puerta se abrió con un movimiento de varita de McGonagall, Sophie apareció por la puerta con gesto de disculpa. Se excusó con la profesora y pidió disculpas por interrumpir. Avanzó por la clase, con la atenta mirada de todos los críos de primero, que la observaban como si nunca hubieran visto a una chica. Sophie sonrió a unas niñas de su casa y se puso al lado de Draco, como la profesora había indicado. No le dedicó ni una mirada y Draco hizo lo propio y fingió no prestarle atención. Pero a esa distancia le inundaba su perfume de frutas, que hoy resultaba bastante dulce. Le miró de reojo. Llevaba el pelo algo húmedo y se lo separaba con los dedos distraída. Posiblemente acabara de salir de la ducha. Le chica bostezó y Draco se fijó en lo cansado que parecía su aspecto, con dos medias lunas oscuras descansando debajo de sus ojos. McGonagall pareció darse cuenta también y posó el brazo en el hombro de la chica.
-Querida, tiene usted un aspecto muy cansado. ¿Se encuentra bien?
-Una mala noche, profesora, nada más. Estoy bien - dijo, sonriendo y quitándole importancia, como siempre hacía. Hasta que su memoria alcanzaba, la Gryffindor siempre quitaba importancia a todo lo relacionado con ella e intentaba dirigir la atención a cualquier cosa menos a ella. Era tan introvertida. Todo lo contrario a él.
-Bien, entonces comencemos - le dijo McGonagall, dedicándole una sonrisa -. Como iba diciendo - empezó en un tono más alto, dirigiéndose a los alumnos de primero -, la Transformación en primero es bastante básica, así que no tienen de qué preocuparse. Además, durante sus primeras semanas, van a contar con la ayuda de dos de los mejores en la asignatura: Draco Malfoy y Sophie Slumber, que cursan su sexto año, como muchos ya saben. Estarán aquí para las demostraciones prácticas y para ayudarles en sus primeros intentos con los conjuros, ¿entendido? Bien, comenzaremos con algo bastante fácil. Señor Malfoy, ¿recuerda el conjuro Cerilla a aguja?
-Por supuesto, profesora. Era bastante simple - dijo, en un tono prepotente muy propio de él.
-Muy simple no era si para lograrlo tardó dos semanas, si no me equivoco - dijo. A Sophie esta forma de cerrarle la boca a Draco pareció divertirle y soltó una risita -. Usted no se ría tampoco, Slumber. Creo recordar que tampoco lo consiguió a la primera. Bueno - suspiró, dirigiéndose de nuevo a los alumnos de primero -, este conjuro es de los más simples, como bien ha dicho el joven Malfoy, pero no por eso significa que no requiera concentración y destreza para realizarse…
Mientras la profesora explicaba a los alumnos la teoría necesaria para realizar el hechizo, Draco se apoyó en la mesa con aire despreocupado y miró a Sophie, que estaba haciéndose una trenza con su melena húmeda. Estaban bastante cerca y cada vez que Sophie movía un poco su pelo, un olor a naranja le llegaba a Draco. "Bonito champú, Slumber" pensó.
-Bien, ahora veamos cómo se hace. Señorita Slumber, un paso adelante, por favor.
La chica obedeció y se puso al lado de la profesora. McGonagall le señaló una cerilla puesta encima de un taburete y le pidió que usara el conjuro. Sophie asintió y sacó su varita de la parte de atrás de su falda, levantando su túnica. Draco no pudo evitar que sus ojos se posaran en sus piernas, carentes de medias y cubiertas únicamente hasta la rodilla por unos calcetines blancos. Antes de que la chica lanzara el hechizo, la profesora puso su mano en la varita de la Gryffindor.
-Sophie, sé que para usted es fácil realizar magia no verbal, pero le pediría que realizara el conjuro como si fuera una bruja principiante.
-Claro.
La profesora se apartó y Sophie se aclaró la garganta y volvió a subir su varita.
-Cerilla en aguja - dijo en tono suave pero firme.
Como era de esperar, la cerilla se transformó en una brillante y fina aguja. La profesora le dio las gracias y separó a la clase en dos grupos, de forma que Sophie se ocupara de ayudar a la mitad y Draco al resto.
El chico se pasó el resto de la clase bastante malhumorado. No solo había tenido que madrugar para ir a esa aburrida clase, sino que no había logrado siquiera que la Gryffindor le prestara un segundo de atención.
Cuando terminaron la clase, la profesora les pidió a Malfoy y a ella que se acercaran a su mesa.
-Sé que para ambos estas clases son demasiado fáciles y que no les ayudan mucho para sus ÉXTASIS, especialmente los prácticos. Así que he pensado que podrían también acudir a ayudarme con los alumnos de cuarto. He mirado sus horarios y pueden asistir perfectamente.
Sin esperar respuesta de ninguno de los dos, se encaminó hasta la puerta. Antes de salir se giró y dijo:
-Esta tarde a las tres, después de la comida, ¿de acuerdo?
Y, diciendo esto, desapareció, dejando a los dos alumnos solos en el aula.
