wow no puedo creer que esta magnifica historia haya FINALIZADO... les kiero dar las GRACIAS a tds ls ke la siguieron hasta el final.. gracias x las alertas lo favoritos sus magnificos y alentadores reviews... espero me sigan en la siguiente y ultima historia que biene jejeje xq a esta historia le hace falta algo no creen? o alguien jejeje muuy pronto Cordina 3: "Un principe muy atractivo y una dama muy misteriosa" acerca de Rose y Emmett
recuerden de ke nada me pertenece
Capítulo 36
Jasper le llevó campanillas azules todos los días. Y, cuando le permitieron abandonar el hospital dejándola al cuidado de una enfermera privada, se las llevó a su habitación. Tras la primera semana de convalecencia, ella comenzó a inquietarse por la compañía. Y, al comprobar que así era, Jasper sintió que el pequeño nudo de miedo alojado en su interior se deshacía. Alice se estaba recuperando.
La prensa la ensalzaba como a una heroína. Emmett le llevaba los artículos y se los leía, levantando los ojos al cielo ante los elogios y diciéndole en broma que era como un sabueso que perseguía la gloria. Alice insistió en que se estrenara la primera obra, pero luego empezó a preocuparla que las cosas salieran mal si ella no estaba allí para arreglarlas.
Leyó las críticas en los periódicos, diseccionando cada palabra. Le causó una profunda emoción que la obra fuera bien recibida, y sintió alivio al comprobar que l suplente de Russ había hecho una actuación impecable. Pero la deprimía no haberlo visto con sus propios ojos.
A medida que el tiempo pasaba, se sometía cada vez con mayor impaciencia a los exámenes médicos.
- Doctor Franco, ¿cuándo dejará de incordiarme con agujas y sus análisis? Yo me siento bien.
Estaba tumbada boca abajo mientras el médico le cambiaba el vendaje de la herida. Los puntos de sutura se habían caído el día anterior y la herida estaba limpia.
- Me han dicho que no duerme bien por las noches.
- Eso es porque me aburro mortalmente. Un paseo por el jardín es todo un acontecimiento. Quiero volver al teatro, doctor. Me he perdido el estreno de la primera obra. No quiero perderme también el de la segunda, maldita sea.
- Mmm. También me han dicho que se niego a tomarse la medicación.
- No la necesito -apoyó la cabeza sobre las manos y frunció el ceño-. Ya le he dicho que me encuentro bien.
- Siempre he dicho que, cuando un paciente refunfuña, es señal de que se está recuperando -dijo él suavemente mientras la ayudaba a darse la vuelta.
- Creo que no soy una buena paciente -se cerró la chaqueta del pijama que su padre le había llevado.
- No, la verdad es que no lo es.
Ella sonrió.
- Puede que no, pero es que todo el mundo anda a mí alrededor, agobiándome. Doctor Franco, no se imagina usted lo que es que todo el mundo te mire con preocupación. Si Chris no hubiese convencido a mi padre para que regresara a Houston, me habría vuelto loca. Se ha portado muy bien, naturalmente. Igual que todos los demás. Los niños me han hecho dibujos. Dorian hasta me ha regalado un gatito a escondidas. Aunque se supone que usted no debía enterarse.
- Lo consideraré información privilegiada.
- El príncipe Carlisle ha venido a verme todos los días. Me trajo esta caja de música -extendió el brazo y tocó una pequeña caja de plata labrada que había sobre la mesita de noche-. Perteneció a su esposa. Él se la regaló cuando nació Jasper, y me dijo que quería que yo la guardara.
- Porque usted, al igual que su esposa, le ha dado la vida a su hijo.
- Doctor Franco, yo no me siento como una heroína -de nuevo se le llenaron los ojos de lágrimas, como le había ocurrido a menudo durante los días anteriores. Odiaba las lágrimas, odiaba sentirse tan indefensa ante ellas.-Me siento como una piltrafa. Necesito recuperar mi vida y dejar que la gente continué con la suya. Aquí tumbada tengo demasiado tiempo para pensar.
- ¿Y sus pensamientos la preocupan?
- Algunos sí. Necesito distraerme de algún modo.
- ¿Por qué no hacemos un experimento?
- Mientras no incluya más agujas...
- No. Esta tarde, se echará la siesta.
- Doctor...
- Ah, espere a oír el resto del trato antes de quejarse. Esta tarde dormirá -repitió-. Y esta noche, se levantará y se pondrá su vestido más elegante. Le sugiero que, por el momento, se ponga uno sin escote a la espalda. Irá al teatro... -hizo una pausa al ver que los ojos de Alice recobraban su luz-. Solo como espectadora. Y después de la obra volverá directamente a palacio. Quizá podamos permitirnos una cena ligera. Y luego, al igual que Cenicienta, volverá usted a la cama a medianoche.
- Trato hecho -ella le tendió la mano. Mientras sellaban el trato, se prometió a sí misma que volvería al trabajo antes de que acabase la semana.
Chris y Bella la ayudaron a vestirse. Mientras lo hacían, Alice se ponía a prueba, preguntándose si el proceso de vestirse la cansaba. Y descubrió que no era así.
Se sentía intensamente feliz. Tras mirarse al espejo con su ceñido vestido blando y su chaqueta de lentejuelas, decidió que tenía mejor aspecto que antes del incidente. Estaba descansada, tenía buen color y las ojeras habían desaparecido. Se recogió el pelo hacia atrás con horquillas de plata, se roció de perfume y se sintió de nuevo como una mujer.
- Estás preciosa -Jasper la tomó de ambas manos cuando fue a buscarla para acompañarla al vestíbulo. Iba vestido de gala y llevaba en la mano un pequeño ramillete de campañillas azules.
- Eso era lo que quería que pensaras -sonriendo, ella tomó el ramillete y aspiró su olor-. Es la primera vez desde hace días que no me miras como si estuviese debajo de un microscopio. No, no digas nada. Me siento como una prisionera a punto de escapar de su cautiverio.
- Entonces, debes hacerlo con elegancia.
Le apoyó la mano sobre su brazo y la condujo escaleras abajo. En el exterior los esperaba una limusina con el motor encendido. Alice le lanzó a Jasper una sonrisa radiante al entrar en el automóvil. El champán estaba enfriándose. La música de Beethoven sonaba suavemente.
- Es coche perfecto para escapar -murmuró ella mientras Jasper descorchaba la botella.
- Esta noche, pienso asegurarme de que todo sea perfecto.
Entrechocaron las copas y luego Alice le dio un leve beso en los labios.
- No puede haber nada más perfecto que esto.
- Ya veremos -él abrió un pequeño compartimento y sacó una caja larga y estrecha-. Quería esperar hasta que estuvieras recuperada para darte esto.
- Jasper, yo no necesito regalos.
- Pero yo necesito hacértelos -él le abrió la mano y le puso la caja encima-. No me desilusiones.
¿Cómo iba a contrariarlo? Alice abrió la caja y miró boquiabierta el collar de diamantes y zafiros. Las gemas parecían colgar de hilos de plata derramándose en dos hileras de lágrimas. Era un collar digno de una princesa, de una reina, no de una mujer corriente, pensó. Incapaz de resistirse, lo alzó y observó cómo brillaban las piedras entre sus dedos.
- Oh, Jazz, es maravillosos. Me ha dejado sin aliento.
- Lo mismo me pasa a mí contigo. ¿Te lo pondrás esta noche?
- Yo... -casi la asustaba la belleza, la elegancia del collar. Pero él se lo había preguntado casi como si esperara que fuera a negarse-. Me encantaría. ¿Quieres ayudarme a ponérmelo?
Él le desbrochó el collar de oro que llevaba puesto y lo reemplazó por el que acababa de regalarle. Involuntariamente, Alice alzó una mano y toco el collar mientras él se lo abrochaba. Estaba frío, pero ya empezaba a contagiarse del calor de su carne.
- Creo que voy a estar más pendiente del collar que de la obra -se inclinó para besarlo, y él le devolvió el beso con sorprendente delicadeza-. Gracias, Jasper.
- Espera a que acabe la noche para darme las gracias.
Estaba nerviosa cuando entraron en el teatro. se quedó asombrada cuando, al entrar en el palco real, el público se puso en pie para recibirla con un aplauso. De pronto, se dio cuenta de que Jasper le había tomado la mano. Había una sonrisa en sus ojos cuando se inclinó para besarla. A pesar de que sintió una oleada de emoción, ella logró sonreír y, dejándose llevar por él, saludó a la multitud inclinando la cabeza.
Jasper le sostuvo la silla para que se sentara, sintiendo una profunda satisfacción. Alice aún no lo sabía, pero acababa de cumplir su primer deber oficial.
- Espero que todo salga bien -intentaba estarse quieta mientras aguardaba a que se alzara el telón-. Ojalá pudiera deslizarme entre bastidores aunque fuera solo un minuto y ver si...
Las órdenes del doctor fueron muy estrictas, chérie.
- Lo sé, pero... Oh, Dios mío, ya empieza.
Le apretó la mano con fuerza durante todo el primer acto. De cuando en cuando, sentía un nudo en el estómago. Hizo mentalmente una lista con todos los pequeños defectos que notó en la puesta en escena. Y se le ocurrieron unos cuantos cambios para mejorarla.
Pero la gente se reía. Y ella sentía orgullo por la compañía, y por sí misma, cada vez que oía aquellas risas. Los diálogos eran agudos, a menudo ácidos y muy americanos, pero el tema, un enredo amoroso, era universal. Cuando la representación acabó. Alice contó las veces que los actores salieron a saludar.
- Doce -se volvió hacia Jasper, riendo-. Han salido doce veces. Ha sido fantástico. De verdad, fantástico. Quiero cambiar un poco el decorado del segundo acto, pero...
- Esta noche no debes pensar en el decorado -él la tomó de la mano y la condujo fuera del palco. Tres guardias permanecían apostados a la entrada. Ella intentó no mirarlos y pensar solamente en la obra.
- No sé si podré esperar a que aparezcan las críticas. Jasper, ¿no podríamos ir un minuto a los camerinos para qué...?
- No, esta noche no -él la condujo escaleras abajo mientras los guardias los flanqueaban. Había muchos periodistas, pero los guardias consiguieron mantenerlos a raya. Antes de que los de Alice se aclararan tras el deslumbramiento de los flashes, estaban de vuelta en la limusina.
- Se me ha hecho muy corto -se reclinó en el asiento, intentando calmarse-. Quería que durara y durara, a pesar de que estaba muy nerviosa. Me daba la impresión de que todo el mundo nos miraba.
- ¿Te has sentido incómoda?
-Solo un poco -eso ya había pasado-. Voy a convencer a Franco para que mañana me deje mirar entre bastidores.
- ¿No estás cansada?
- No. De verdad -ella sonrió y dejó escapar un profundo suspiro-. Me siento de maravilla. Supongo que Cenicienta se sentía igual cinco minutos antes de medianoche.
- A ti todavía te queda una hora. Y me gustaría que la pasaras conmigo.
- Hasta el último minuto -le prometió ella.
El palacio estaba en silencio cuando volvieron. Jasper la condujo escaleras arriba, pero en lugar de dirigirse a las habitaciones de Alice, se dirigió a las suyas.
Había una mesa puesta para dos, con velas encendidas sobre candelabros de cristal. La música era de violines, sensual y romántica.
- Ahora sí que me siento como Cenicienta.
- Pensaba hacer esto antes, la noche... la noche que debía encontrarme contigo en el teatro.
Ella se acercó a la mesa y tocó los pétalos de las flores colocadas en un cuenco bajo.
- ¿De veras? -se giró hacia él con una mezcla de sorpresa y de nerviosismo. ¿Componía un hombre semejante decorado para romper un romance? No lo creía, ni siquiera aunque ese hombre fuera un príncipe-. ¿Por qué razón?
- Al parecer no he sido muy romántico, porque pareces sorprendida. Y eso también es algo que piensa arreglar -se acercó a ella, la atrajo hacia sí y la beso apasionadamente, como deseaba desde hacía días-. He cometido muchos errores contigo, pero aquello...
- Jasper, no. Si no quieres que me culpe a mí misma por haber traído a Russ a Cordina, ¿cómo puedes culparte tú por lo que hizo?
- Y por lo que hiciste tú -apartó las manos de las de ella y las acercó a su cara-. Mientras viva, recordaré siempre el instante en que te colocaste delante de mí. Sueño con él, pero en mis sueños siempre te aparto a un lado.
Había tanto dolor en su voz, tanta amargura, que la verdad salió a la luz sin que se interpusiera el orgullo.
- Si hubieras muerto, ¿crees que habría querido seguir viviendo? Tú eres lo único que me importa. Te quiero desde mucho antes de comprender lo que era el amor.
Él dejó escapar un leve suspiro. No más errores, se prometió. Aquello lo haría bien. Alice no solo le había dado la vida. También podía darle una razón para seguir viviendo.
- ¿Quieres sentarte? -le preguntó.
- Por favor, no me des las gracias otra vez. No podría soportarlo.
- Alice, siéntate -dijo él con impaciencia. Ella obedeció.
- De acuerdo, ya estoy sentada. Pero no te permitiré que me atiborres a comer.
- Comerás lo que te apetezca cuando haya acabado -los nervios lo reconcomían. Espero un momento, hasta que consiguió dominarlos. Cuando se arrodilló a sus pies, Alice lo miró con los ojos muy abiertos-. Te dije que no me arrodillaría ante ti. Pero, por esta vez, me parece lo más apropiado -sacó la cajita del bolsillo y cerró la mano sobre ella.
- Jazz, ya me has dado un regalo esta noche -su voz, normalmente tan firme y suave, se estremeció.
- Esto no es un regalo. Es una petición, la más importante que podría hacerte. He querido pedírtelo antes, pero me parecía demasiado esperar.
Alice sintió que el corazón le martilleaba en el pecho, pero mantuvo las manos unidas.
- Uno no sabe lo que puede esperar hasta que no pregunta.
Él se echó a reír y, tomándola de la mano, le abrió los dedos.
- Siempre me enseñas algo nuevo. Alice, voy a pedirte mucho más de lo que podré darte nunca. Solo puedo decirte que, si aceptas, haré todo lo que esté en mi poder para hacerte feliz.
Le puso la cajita en la mano y esperó. Ella respiró hondo. Muy hondo. No era una aristócrata. No tenía sangre real. De igual a igual, le había dicho. Recordó su propia exigencia y comprendió que tenía la oportunidad de cumplirla.
Abrió la caja y vio un anillo con el mismo diseño de zafiros y diamantes que el collar que llevaba. No era un regalo, pensó, sino una petición.
- Era de mi madre. Cuando le dije a mi padre que pensaba pedirte que te casaras conmigo, me pidió que te diera esto. Es más que un anillo, Alice. Creo que ya sabes algo sobre los deberes y las expectativas que conlleva, no solo respecto a mí, sino también respecto al país que también será el tuyo. Por favor, no digas nada aún -había nerviosismo en su voz, algo que ella nunca había notado antes. Y ello le daba ganas de extender los brazos y reconfortarlo. Sin embargo, se quedó quieta-. Hay tantas cosas que tendría que pedirte que dejaras atrás... Houston sería solamente un lugar donde ir a pasar unos días. Respectó a la compañía... Aquí hay un teatro. Podrías montar una nueva compañía en Cordina, pero lo demás tendrías que dejarlo. Tu libertad quedaría limitada de una forma que ni siquiera puedes imaginarte. Y tendrías muchas responsabilidades, algunas de ellas de vital importancia. Otras, increíblemente tediosas. Lo que hagas, lo que digas, se hará público de inmediato. Mientras Aro siga vivo, siempre correremos peligro. Hemos puesto en marcha una operación, pero pasará mucho tiempo antes de que Aro deje de ser una amenaza. Tienes que pensar en todas esas cosas. Y debes sopesarlas detenidamente.
Ella lo miró fijamente y después observó el anillo, todavía incrustado en su lecho de terciopelo.
- Parece que intentas convencerme para que te rechace.
- Solo quiero que sepas lo que te estoy pidiendo.
- Eres un hombre justo y pragmático, Jasper -mientras respiraba hondo, algo más allá del hombro de Jasper llamó su atención, avivando su imaginación. Sin embargo, no sonrió aún-. Considerémoslo pues desde un punto de vista justo y pragmático -extendiendo un brazo, acercó la pequeña balanza-. Veamos, tenemos por un lado los deberes y las responsabilidades de estado -había algunas bolitas de cristal en un frasco. Tomó un puñado y puso dos sobre uno de los platillos de la balanza-. Luego, está la falta de intimidad -añadió otra canica.
- Alice, esto no es un juego.
- Por favor, estoy intentando llegar a una conclusión. Está por otra parte el hecho de que ya no podría vivir en mi país -añadió tres bolitas-. Y el hecho de que posiblemente me aburriría como una ostra en muchos de esos actos oficiales a los que ahora asiste tu hermana. Y luego está la prensa, y el papeleo, creo que de eso te habías olvidado, y las costumbres que tendría que aprender... Y, además está Aro -volvió a mirar a Jasper-. Pero por Aro no pondré ninguna canica en el platillo. Aunque yo acepte o rehúse, Aro seguirá siendo quien es. Ahora, Jasper, debo hacerte una pregunta. ¿Por qué quieres que acepte este anillo y las responsabilidades que implica? ¿Por qué me estás pidiendo que me case contigo?
- Porque te quiero.
Ella sonrió por fin. Echó el resto de las bolas sobre el otro platillo de la balanza, haciéndolo bajar.
- Parece que con eso se equilibra la balanza.
Él la miró, estupefacto.
- ¿Solo tenía que decir eso?
- ES lo único que tenías que decir -rodeándolo con los brazos, lo atrajo hacia sí y le dio un beso para sellar aquel pacto, aquella vida que comenzaba. Se echó a reír y apretó los labios contra su garganta-. Es como un cuento de hadas -dijo casi para sí misma-. Y yo que había dejado de creer en ellos...
- Yo también -volvió a besarla en los labios-. Pero ahora sí que creo. Esta noche, me has devuelto hasta eso.
- Oh, escucha -el carrillón del reloj del pasillo empezó a sonar-. Jasper, ponme el anillo antes de que el reloj dé las doce.
Él le deslizó el anillo en el dedo y luego besó delicadamente la piel por encima de las gemas.
- Mañana lo anunciaremos a los cuatro vientos, pero esta noche es solo nuestra -se puso en pie, atrayéndola hacia sí-. Aún no te he dado de cenar, y es más de medianoche.
- Podría cenar en la cama -ella apoyó la mejilla contra su pecho-. Al fin y al cabo, Franco no dijo que tuviera que dormir sola.
Él se echó a reír, tomándola en brazos.
- A Cordina le esperan muchas sorpresas.
- Y a ti también -musitó ella.
FIN
Adelanto de la proxima historia que tratara de Emm y Rose Disfruten y me dejan su opinion en un review...
—Lamento interrumpir. Me han dicho que querías verme.
—Sí —Carlisle dio un sorbo a su té—. Quería verte hace un rato. Emmett, quisiera presentarte a lady Rosalie Hale.
—Alteza —ella hizo una reverencia y bajó la mirada.
—Es un placer, lady Rosalie —Emmett la tomó de la mano y la hizo levantarse, calibrándola en cuestión de segundos. Era discretamente atractiva. Él prefería a las mujeres menos sutiles. Era británica, por su acento. Él sentía predilección por las francesas. Delgada y esbelta. A él, invariablemente, le llamaban la atención las mujeres más voluptuosas—. Bienvenida a Cordina.
- Otra parte -
Rosalie escondió de nuevo el cuaderno y volvió a colocar el falso fondo. Cerró con llave el joyero, pero lo dejó a la vista, por si alguien se molestaba en registrar su cómoda.
Estaba dentro, se dijo con creciente expectación mientras contemplaba la habitación. Cuando Aro saliera de prisión, dos días después, se sentiría muy pero muy complacido…
En el rostro de Rosalie se dibujo una sonrisa.
interesante?' tiene preguntas, opiniones? sera ke Rose esta de aliada kn Aro para perjudicr a la familia real? jejej se ke les va a encantar jejeje si kieren saber de q trata esa preciosa historia solo djenme un review y kn eso bastara...
bueno hems llegado al final, como les dije al principio les agradezco todooooo chiks miles de gracias espero me sigan en la siguiente que la subire si me dejan muchos reviews en este ultimo cap jejejeje
cuidence nos leemos prontoo...
;)
