Segundo Harry Potter a la derecha, y derecho hasta JK Rowling. O si se detienen un poco antes, llegan a White Squirrel

Notas de la traductora: Disculpen la tardanza. La página me dio problemas para actualizar el sábado y ya no tuve más tiempo de hacerlo hasta ahora. También, por alguna razón, no pude crear las separaciones de escena, así que las marqué como pude y las editaré después.

En fin, ¡disfruten de este capítulo!


Capítulo 36

Con el partido de quidditch contra Hufflepuff acercándose rápidamente, todos los Gryffindor se estaban poniendo cada vez más nerviosos. Incluso Hermione, quien no era una gran fan de los deportes, estaba preocupada por la participación del profesor Snape, y todos los demás pensaban que Snape encontraría alguna manera de forzar la victoria de Hufflepuff y eliminar a Gryffindor de la oportunidad de ganar la copa de quidditch. Incluso Harry no podía pensar en una mejor explicación, así que el día antes del juego, decidió tomar acción: se quedó después de la clase de Pociones.

–Profesor –dijo mientras se acercaba al frente del aula, ignorando los gestos frenéticos de Hermione para que se detuviera–, ¿puedo preguntarle algo?

El profesor Snape lo miró con desdén.

–Puedes preguntar –respondió.

–¿Por qué será el árbitro del partido de quidditch mañana?

Hermione se acercó a Harry, temblando, con sus dedos listos para chasquear y sacar su varita de su funda.

Snape elevó una ceja con sospecha.

–¿Hay algún problema con que sea el árbitro, Potter?

–Bueno, profesor… es sólo que… muchos en Gryffindor nos preguntamos si es un conflicto de interés.

Snape estaba sorprendido, aunque no lo mostró. Era más calmado de lo que esperaba del niño. Quizás podía dejarlo continuar un poco más para ver que ocurría.

–¿Y por qué sería un conflicto de interés? Slytherin no jugará mañana.

Harry tomó una bocanada de aire.

–Pero como jefe de casa es patrocinador de un equipo, señor, y la posición de Slytherin en la clasificación será afectada por el resultado del juego.

–¿Y por eso creen que soy incapaz de actuar de manera imparcial? –dijo Snape con tono amenazante–. ¿Es eso, Potter?

¡Es una trampa! Pensó Harry. Intentó echarse para atrás.

–Yo… no… no creo que sea un secreto que muchos estudiantes se sienten de ese modo, profesor.

–Lo cual obviamente te incluye a ti, o no estarías aquí en este momento. –Harry se estremeció y dio un paso atrás. No importaba que la evaluación del niño era cierta, pensó Snape. Estaba disfrutando esto bastante. Decidió mover la navaja–. Y resulta que esto es para tu beneficio, Potter. El director sintió que sería bueno tener a alguien más familiar con las artes oscuras cerca en caso de que tu escoba "dejara de funcionar" de nuevo…

–¿Pero no sería el profesor Quirrell una mejor opción? –soltó Hermione. Harry se dio la vuelta y le lanzó una mirada molesta.

¿Qué es esto? Pensó Snape. ¿Una diferencia de opinión? Quizás ella es la instigadora en todo esto. Y si ese es el caso, parece que los instintos de su hermano son mejores que los suyos. Estaba tentado a usar Legilimancia, pero eso no iría ben con Albus. Y de cualquier modo, era más listo que eso.

–El director confía en mi juicio en este asunto, señorita Granger. Si prefieren que el profesor Quirrell sea el árbitro, es algo que deberán hablar con él –dijo.

Y ahí estaba. Una breve expresión de terror cruzó el rostro de Potter cuando sugirió que Quirrell tomara su lugar. Parece que sí lo juzgué mal. Su mente no está tan enfocada en el quidditch como la de su padre. Le informaré a Albus que el niño también sospecha de Quirrell.

–Yo… lo discutiré con el equipo, profesor –dijo Harry nervioso, aunque Snape sospechaba que no tenía intención de hacerlo–. Gracias por informarme de la situación.

Snape asintió con cortesía.

–Si eso es todo… –Harry rápidamente tomó a su hermana y salieron de la habitación. Justo antes de que se fuera, Snape murmuró en voz baja para que no lo escucharan–, un punto para Gryffindor por vigilancia constante. –Técnicamente cumplía con el requerimiento de ser dicho en su presencia, pero los tontos leones se preguntarían todo el día porque su cálculo no tenía sentido.


Hermione no le habló a Harry el resto del día ya que él tercamente se rehusaba a hablar con Dumbledore o el resto del equipo sobre cambiar árbitros, incluso cuando él mismo dudaba que Snape sería imparcial. Él deseaba poder encontrar evidencia en contra de Quirrell para convencerla de que no era una buena persona. La lección de pistolas la había hecho desconfiar un poco, pero aún insistía en que sus intenciones eran buenas. Por supuesto, él sabía que Hermione se sentía igual sobre Snape, y Sirius obviamente estaba de su lado cuando le hablaban el tema.

Incluso sus padres tenían un problema con Snape, aunque el de ellos estaba basado en su calidad como maestro, algo con lo que Harry estaba de acuerdo, y ellos estaban adecuadamente furiosos sobre la lección de armas de Quirrell y se habían unido a sus hijos en su queja, al igual que los Finch-Fletchley cuando los contactaron.

–Y ahí van, con Angelina Johnson tomando la quaffle para Gryffindor –comentó Lee Jordan.

Hermione observó cómo Harry se elevaba en el aire y comenzaba a dar círculos alrededor del campo a una distancia segura de Snape.

–¡Auch!

Draco Malfoy le había dado un codazo a Ron en la cabeza mientras él y sus secuaces llenaban la fila detrás de ellos.

–Oh, lo siento, Weasley, no te vi ahí.

–Sí, claro –murmuró Ron mientras observaba el campo.

–Oye, Granger, se supone que tu "hermano" es rico –molestó Malfoy–. ¿Por qué no compró una escoba que funcione?

Hermione respiró profundamente y se obligó a ignorar el ataque, sus ojos en Harry.

–¿Crees que tendrá suerte y no se caerá de nuevo?

No dijo nada y se enfocó en los comentarios de Lee Jordan.

–Bell la pasa a Spinnet… ¡Oh! ¡Interceptada por Truman! Y George Weasley golpea la Bludger hacia Truman… ¡Oye! ¿Desde cuándo eso es una falta?

Malfoy se rio mientras Snape otorgaba un penal a Truman, bajo las miradas molestas de los Gryffindor, pero en el campo, ni siquiera Wood intentó discutir la decisión.

–Fue una gran idea que el profesor Snape fuera el árbitro –continuó–. Apuesto a que si hubiera sabido que Dumbledore la aceptaría tan fácilmente, lo hubiera hecho hace años. La manera más rápida de eliminar a Gryffindor del torneo… además del mismo equipo de Gryffindor.

–Lárgate, Malfoy –dijo Ron al rubio. Hizo un círculo con sus manos y lo llevó a su boca para gritar–. ¡Harry Potter es nuestro rey!

Los Gryffindor repitieron.

–¡Harry Potter es nuestro rey!

–¡Potter puede atraparlo todo! –Ron gritó la siguiente línea, esta vez con Hermione y Neville uniéndosele. Y con eso, el canto se escuchó con fuerza.

–Suena a que hay muchos fans de Potter aquí hoy –dijo Lee Jordan–. Dio un gran espectáculo durante el primer juego. Veamos si puede hacerlo de nuevo.

Harry saludó a la multitud mientras daba círculos al campo, lo cual fue recibido con gritos y aplausos, los cuales crecieron aún más cuando Katie Bell anotó contra Hufflepuff. Pero entonces, Snape ordenó un penal en contra de ella sin razón alguna y el cazador de Hufflepuff anotó.

–¡Ni siquiera hizo nada! –gritó Lee Jordan.

–Sabes, Theo –dijo Malfoy en voz alta en dirección a Nott–, creo que Gryffindor elige a personas por las que siente lástima. Quiero decir, están los Weasley, quienes no tienen dinero, y después Potter, quien está loco. Oye, Longbottom, ¿por qué no haces la prueba? Los squib pueden volar en escoba, ¿verdad?

–Te mostraré quien es un squib, Malfoy –dijo Neville, sacando su varita, pero los Slytherin se rieron de él.

–Es mala suerte que no pudimos conseguir la escopeta esa de Quirrell –continuó Malfoy–. Quizás podríamos ahuyentar a Potter fuera del campo.

Eso fue suficiente. Hermione, para la sorpresa de todos a su alrededor, se dio la vuelta y dio una cachetada con fuerza a Malfoy, haciendo un hechizo punzante sin varita al momento en que su mano hizo contacto para énfasis adicional.

–¡Eso no es gracioso, Malfoy! –gritó.

Malfoy se tambaleó y gritó con dolor, sobándose su mejilla.

–¡Tú tonta san…! –Intentó lanzarse contra Hermione, pero Neville, para su sorpresa, se acercó y empujó a Malfoy con un golpe de karate (aunque no uno bueno), con el que se lastimó el brazo tanto como había lastimado a Malfoy. Entonces, los demás Slytherin se unieron…

Harry ignoraba todo eso ya que mantenía su mirada fija en el juego. Necesitaba atrapar la snitch antes de que Snape ayudara a Hufflepuff lo suficiente. De pronto la vio, flotando detrás de la cabeza de Snape de todos los lugares. No pudo creer su suerte. La snitch estaba encantada para ser difícil de encontrar al principio del juego. Capturas tan rápidas usualmente eran por accidente. Se lanzó en picada.

–Y Potter ha visto algo –dijo Lee Jordan–. Está cayendo…y... ¡¿va contra Snape?!

Una expresión de terror apareció en el rostro de Severus Snape mientras levantaba la mirada y veía la imagen de su némesis lanzándose directamente hacia él, pero no tuvo tiempo de decir algo antes de que el niño pasara a su lado, a sólo unas pulgadas de distancia.

–Esperen… él… ¡LA TIENE! ¡POTTER ATRAPÓ LA SNITCH! –Hubo un rugido ensordecedor entre la multitud–. ¡Sorprendente! ¡Menos de cinco minutos! ¡Eso debe ser un récord! ¡Nunca he visto nada como eso!

Hermione levantó la mirada desde donde ella y Ron estaban sosteniendo a Malfoy y a Nott. En un instante, la pelea se detuvo por completo mientras los Slytherin veían lo ocurrido.

Harry aterrizó a la adulación de sus compañeros de casa e incluso unas palabras amables del profesor Dumbledore. Snape lucía bastante molesto, pero por lo menos la escoba de Harry no fue embrujada. Entonces, McGonagall confirmó que esa era la captura de snitch más rápida en la historia de Hogwarts desde que los registros históricos eran mantenidos. Sus compañeros de casa estaban tan emocionados que bajaron con rapidez al pasto húmedo que rápidamente se estaba convirtiendo en lodo. No esperaba ensuciarse más después del juego que antes, pero valió la pena.

Entonces su hermana corrió a él, su cabello aún más alborotado de lo normal, seguida de Ron con una nariz sangrienta y Neville con un ojo morado.

–¿Qué te pasó? –dijo.

–Te explicamos luego –dijo Hermione algo avergonzada.

–De acuerdo… adelántense. Tengo que arreglarme en los vestidores.

–Claro. Buen trabajo. –Lo abrazó y comenzó a caminar de regreso al castillo.

Mientras tanto, Draco Malfoy caminó con fatiga al castillo detrás del grupo principal de estudiantes, su rostro aun ardiendo. Esa no había sido su mejor acción. Aparentemente, los hijos de muggles en verdad eran sensibles sobre las pistolas. También, Granger parecía tener un buen brazo. Aun así, el conocimiento sería útil. Si podía crear la impresión de que Potter y Granger eran peligrosos e inestables… Sí, eso sería algo que valdría la pena sugerir a su padre.

Harry se tomó su tiempo limpiándose el lodo, disfrutando la gloria de su captura récord. Fue el último en dejar los vestidores, caminando al almacén de escobas para dejar su Nimbus antes de regresar al castillo y realizar una dramática entrada tarde a la fiesta.

Pero justo cuando llegó al almacén vio algo: una figura en túnica oscura salió del castillo. Estaba jorobado y tenía su túnica cubriéndolo completamente, como si intentara ser conspicuo, pero Harry reconoció la cabeza enorme de inmediato: el turbante de Quirrell. Iba en dirección al bosque prohibido.

La curiosidad de Harry le ganó. ¿Por qué Quirrell iba al bosque cuando todos estaban almorzando o celebrando? Se montó en su escoba y siguió a Quirrell desde arriba.

Apenas y podía seguir a Quirrell entre los árboles. El profesor de Defensa caminó un poco hasta llegar a un espacio abierto, y parecía estar esperando. Harry aterrizó lo más silencioso que pudo en una haya para ver desde arriba.

Unos minutos después, otra figura oscura llegó al lugar. Este Harry lo reconoció por su andar merodeador: Snape. Curioso y más curioso, pensó.

Snape comenzó a decir algo, pero Harry no podía escucharlo. Decidiendo arriesgarse un poco más, se transformó en gato para poder escuchar mejor, sosteniendo su escoba contra la rama con una pata. Mientras una brisa repentina no lo golpeara, debería de quedarse quieta.

–De acuerdo, Severus, estamos aquí –dijo Quirrell con impaciencia–. ¿Por qué quisiste reunirte tan lejos…?

–Oh, pensé que sería mejor si fuera privado. –Snape sonaba más sarcástico de lo normal–. No sería bueno que habláramos de la piedra filosofal donde pudiéramos ser escuchados, ¿verdad?

–¿Y qué de eso? –preguntó Quirrell. Bajó la voz y Harry apenas pudo escuchar con su oído felino–. Está a salvo detrás de nuestras trampas, y la de Dumbledore…

–¿Y ya descubriste cómo pasar a la bestia de Hagrid? –interrumpió Snape.

–¿Qué, Fluffy? ¿Por qué no lo descubres ? –se burló Quirrell–. Si mal no recuerdo tú eras quien lo necesitaba.

–Como si tú no estuviste detrás de todo el incidente. Esperaría tal traición de un profesor de Defensa promedio, pero se supone que tú fuiste un colega leal por años. Déjame ser claro: no me quieres como enemigo, Quirrell.

–¿Por qué deberíamos ser enemigos? –dijo Quirrell con voz suave–. Ambos queremos lo mismo, ¿no?

–Sabes perfectamente lo que quiero decir –explotó Snape. Una lechuza ululó cerca, pero Harry no se perdió la voz de Snape–. Dime para qué quieres la piedra. ¿Qué? ¿Crees que no fue obvio cuando usaste un simple troll para tus trucos? Estoy esperando.

–No sé de qué estás hablando, Severus. Quiero proteger la piedra, igual que tú, y sabes que Dumbledore aprobó todas las protecciones de todos modos.

–¿Insistes en hacerte el tonto conmigo, Quirrell? Muy bien, tendremos otra charla pronto, una vez que hayas decidido donde yace tu lealtad y tengas algo para demostrarlo. –Snape se cubrió la cabeza con su capa y caminó lejos del espacio abierto.

–Quizás tú eres quien necesita reevaluar tu lealtad, Severus –dijo Quirrell detrás de él. Snape no reaccionó.

Harry llegó bastante tarde a la fiesta cuando finalmente regresó a la torre de Gryffindor, pero no le importó. Tenía que decirle a Hermione y después a Sirius y a Remus lo que había escuchado.

Hermione no estaba feliz.

–¿Harry, dónde estabas? –chilló cuando regresó a la sala común.

–¡Harry, eso fue increíble! –interrumpió Ron–. Rompiste un record de la escuela, y yo le dejé el ojo morado a Malfoy. Y Neville se enfrentó a Crabbe y Goyle, ¿no, Nev?

–Sí –gruñó Neville, aparentemente sufriendo de un dolor de cabeza.

–¿Qué ocurrió? –dijo Harry.

–Malfoy ocurrió –dijo Hermione simplemente–. ¿Qué estabas haciendo? Me estaba preocupando que Snape te hubiera hechizado o algo.

–Pues, Snape estuvo ahí, pero no fue eso –dijo Harry crípticamente–. Necesito hablar contigo en privado… –Observó a Ron y Neville–. Ustedes también pueden venir. –Bajó la voz hasta que era un susurro–. Es sobre ya saben que en el tercer piso.

Los ojos de Ron y Neville se abrieron como platos. Harry había mencionado lo de la piedra filosofal poco después de Navidad. Se miraron el uno al otro, y se levantaron para seguirlo.

Después de una vuelta rápida en la fiesta, Harry tomó su espejo y llevó al grupo a un aula vacía, asegurándose de que Peeves no estaba alrededor antes de cerrar la puerta.

–Harry, ¿ese es un espejo de doble sentido? –dijo Neville con asombro–. Son muy raros.

–Sí. Me lo dieron en Navidad… aunque apreciaría que no mencionaran que lo tengo. –Los niños asintieron–. Sirius Black.

Por supuesto, lo primero que Sirius y Remus quisieron saber era como estuvo el partido de Quidditch, y les tomó bastante tiempo terminar de celebrar la captura en récord de Harry. Entonces, Hermione tuvo que contar la historia de lo que los Slytherin habían hecho, para las risas y regaños de que tuvieran más cuidado de parte de los supuestos adultos en la conversación.

–No tuviste que hacer eso por mí, Mione –dijo Harry–. Aunque es bastante gracioso.

–Sí, lo sé. ¿Y cuál es tu historia? ¿Por qué regresaste tan tarde?

–Cierto. Escuchen. Cuando estaba regresando al castillo, vi a Quirrell caminar al bosque, y pensé que era sospechoso, así que lo seguí en mi escoba.

–¡Qué! –gritaron los otros niños.

–¿Volaste al bosque prohibido en pleno día sin que te vieran? ¡Excelente! –agregó su padrino.

–¡Esto es serio!

–Creo que tus amigos saben cómo soy.

–¡Ah! Vi a Quirrell reunirse con Snape en el bosque. –Y Harry les dijo sobre la conversación que había escuchado–. Así que eso quiere decir que Quirrell está intentando robar la piedra filosofal, y Snape está tratando de detenerlo.

–No lo sé, cachorro –dijo Sirius con sospecha–. Es difícil de saber basado en lo que tú acabas de decir. Suena a que quizás Snape estaba intentando que Quirrell se uniera a su plan.

–O Quirrell es inocente y Snape sólo piensa que va tras la piedra –sugirió Hermione.

–No –dijo Remus–, apostaría mucho dinero en que el profesor de Defensa trama algo.

–¿T...tenemos que decirle a alguien, no? –dijo Neville.

–¿Qué? –dijo Harry sorprendido–. ¿A quién podríamos decirle? Se supone que no debemos saber sobre esto.

–Tiene razón, Harry –respondió Remus–. Si la piedra filosofal está en peligro, es muy importante como para dejarlo ser.

–Bueno, quizás, ¿pero a quién? McGonagall me desgarraría si se entera que volé al bosque.

–Y apuesto a que sabe más de una manera de hacerlo –dijo Sirius.

Harry le lanzó una mirada molesta e hizo un gesto molesto en dirección a Neville.

–Lo siento.

–Harry –dijo Hermione de repente–. Hay una persona que ya sabe que sabemos… Hagrid. Podríamos advertirle, y él podría decirle a Dumbledore.

–Sí, esa es una buena idea –dijo Harry en acuerdo.

–¿Puede esperar hasta después de la fiesta? –dijo Ron–. Quiero comer algo más.

Los demás sacudieron la cabeza, pero estuvieron de acuerdo.


–Descubrimos lo que hay en el tercer piso –le dijo Harry a Hagrid después de que narraron de nuevo el partido de quidditch jugada a jugada. El hombre enorme se tensó–. Es la piedra filosofal.

–Sí, no lo estén contando en todos lados –gruñó Hagrid–. Es ultra secreto. Y no lo escucharon de mí.

–De acuerdo, pero Hagrid, creemos que hay un problema… –comenzó Harry.

–Creemos que uno de los maestros está intentando robarla –soltó Ron.

–¡Tonterías! –bramó Hagrid–. ¿Quién haría algo así?

Harry y Hermione intercambiaron una mirada molesta.

–Snape o Quirrell –concedió Hermione–. O quizás los dos.

–Eso es ridículo. Ninguno de los dos haría algo así.

–¿Ni siquiera Quirrell? –presionó Harry–. Tú sabes, ¿el profesor de Defensa?

–No lo haría. Lo conozco de años. ¿De dónde sacaste una idea como esa?

–Yo… prefiero no decir –dijo nervioso–. Pero tengo una buena razón. Podrías, por favor… ¿decirle a Dumbledore por mí?

–Bueno, supongo que puedo… pero aún creo que están equivocados.

Pero Neville habló de pronto.

–¿Hay algún otro profesor protegiendo la piedra?

–Por supuesto que sí. –El semi-gigante contó con sus dedos–. La profesora Sprout, el profesor Flitwick, la profesora McGonagall, y el mismo Dumbledore hizo algo. Por supuesto, nada pasará a Fluffy –terminó con orgullo.

–Bueno, eso es algo –admitió Harry.

–¡Espera! –Hermione recordó algo–. Ahora que lo pienso, creo que nadie ha puesto un encantamiento más poderoso para asegurar la puerta –recordó Hermione–. ¿Dumbledore hizo algo sobre eso?

–Eh… no. No lo creo –dijo Hagrid–. Dijo que no era necesario. Después de todo, nadie ha sido lastimado ahí.

–Aún parece bastante peligroso. Y si alguien puede entrar y salir todo el tiempo, quizás le sea más fácil encontrar una manera de pasar a Fluffy.

–¡Imposible! Ningún alma sabe excepto Dumbledore y yo. Le diré lo que están pensando, pero se están preocupando por nada.

Harry aceptó su comentario por el momento, y los niños regresaron al castillo. Pero mientras caminaban, algo más estaba molestando a Harry: Quirrell había dicho que Dumbledore aprobó todas las protecciones. ¿Por qué aprobaría un "simple troll" si Snape pensaba que no era suficiente?


Mientras tanto, en cuanto Neville tuvo ganas de nuevo, regresó con Harry y Hermione al pasillo sin uso del séptimo piso para practicar karate. O más bien, Harry y Hermione practicaban karate y Neville los imitaba. Nunca lo habían interrogado sobre lo que estaba haciendo, y él nunca lo había mencionado; y más al punto, nunca lo habían ayudado mucho, incluso si podían.

Eso quería decir que Neville había mejorado un poco, pero lento. Sólo ir una vez a la semana y sin instrucción formal no era una buena manera de mejorar. Hasta ahora, Harry y Hermione simplemente habían seguido la corriente a cualquiera que quiso unirse y habían explicado los kata, o quizás más si iban con frecuencia, pensando que cualquier interés era bueno. Pero después del intento de Neville de pelear durante el partido de quidditch, se preguntaron si le estaban dando una falsa sensación de seguridad.

–Oye, Neville… –dijo Harry con cautela–. No que nos moleste o algo, ¿pero por qué vienes a practicar con nosotros?

Neville bajó la mirada sonrojado.

–Pues… verán… –tartamudeó–. Mi abuela quiere que me vaya bien, que saque buenas calificaciones y todo, especialmente en Defensa, y creo que en verdad quiere que algún día sea un auror, como mis padres. Pero no soy tan bueno en clase, y sé que tampoco soy tan bueno luchando… quiero decir, Crabbe y Goyle me destrozaron. No soy fuerte ni estoy en forma. Pero ustedes dos, son buenos. No pude creerlo cuando rompieron esas tablas con sus manos. Así que pensé… si los copiaba, algo…

–Oh, Neville… –dijo Hermione con simpatía.

–Mira, amigo –respondió Harry–, es bueno que quieras aprender, pero no estamos calificados para enseñar… Quiero decir, podríamos enseñar lo más básico, pero…

–¿Cómo lo aprendieron ustedes?

–Tuvimos un muy buen maestro muggle… y fuimos a clase tres veces a la semana por cinco años.

Los ojos de Neville se abrieron más, y palideció.

–Un cinturón negro es como una buena calificación en un TIMO de Defensa –explicó Hermione–. Excepto que es más impresionante para los muggles porque pocos lo aprenden. Pero es la misma cantidad de trabajo.

–Y esa no es la razón por la que lo hacemos todos los días –agregó Harry.

–¿Entonces por qué? –preguntó Neville con confusión.

–Pues, yo creo que es una habilidad importante –dijo Hermione–. Pero honestamente, esto es más como ejercicio, y para mantener nuestros reflejos –dijo Hermione–. No es entrenamiento real. Preferiríamos pasar más tiempo aprendiendo duelos, pero no hay un lugar donde poder hacerlo.

–Sabes, me pregunto si deberíamos cambiar nuestra rutina para que sea ejercicio más serio –comentó Harry–. Los kata son buenos, pero creo que no nos mantienen en forma tan bien como podrían.

Hermione inclinó la cabeza mientras lo pensaba.

–Vale la pena considerarlo… Aunque no quiero perder la práctica. El karate aún es un buen talento.

–Siempre podemos ir los veranos a ver a John-sensei. Creo que nos dejaría atender por un mes o dos. Y no es como si tuviéramos a un sensei aquí para mantenernos en buena forma. Además, el duelo va a ser más importante una vez que comencemos con eso.

–Sí, también está eso. Supongo que deberíamos enfocarnos más en las habilidades que son importantes con magia. Podemos escribir a mamá y papá para pedir su consejo para una rutina de ejercicio.

–Genial –respondió Harry–. Y Neville, puedes unirte si quieres estar en forma. Será más fácil con una rutina estándar de ejercicio. Pero necesitarás venir más seguido para que sea bueno… no todos los días, pero quizás tres veces a la semana.

–V...vaya, gracias, Harry –dijo Neville–. Lo… lo pensaré.

–Y no creo que eres tan malo en clase, Neville –lo animó Hermione–. Como encantamientos. –Y era cierto, aunque no podría decirse que era mucho mejor que el promedio–. Y eres competencia seria para nosotros en Herbología.

–Bueno, para mí –dijo Harry–. No para Hermione.

Neville se puso rojo y murmuró su agradecimiento.

Durante la siguiente semana, Harry y Hermione refinaron su rutina de ejercicio, y Neville se apareció tres veces, aunque estaba agotado al final de la rutina cada día. Si no tenía el talento, ciertamente tenía la dedicación. Después de todo, por algo el sombrero seleccionador había debatido si ponerlo en Hufflepuff por cuatro minutos.


Queridos Harry y Hermione:

¡Felicidades a Harry por ganar el partido de quidditch y romper un récord de la escuela! No sabemos cómo logras cosas como esa, pero estamos orgullosos de ti.

Sin embargo, también estamos decepcionados de ti, Harry, por volar al bosque de ese modo. Fue sólo suerte que no te descubrieron, y que aprendiste algo importante.

Sea como sea, el problema con el profesor Snape y Quirrell es lo más importante del cual preocuparnos. Te aconsejamos que vayas directamente con el profesor Dumbledore, la profesora McGonagall, o alguien en quien confíes para hablar de tus preocupaciones, y diles la historia completa, aún si significa meterte en problemas. Por lo que dijo Sirius, suena a que es más importante.

También queremos que no se peleen por eso. Deben de tener cuidado alrededor del Profesor Snape y del profesor Quirrell si creen que ambos están planeando algo malo. Ni ignoren la evidencia de ninguno.

Ahora, la otra cosa de la que queríamos hablar con ustedes es sobre hacer algo sobre el profesor Snape y su capacidad como maestro. Hemos comparado notas con los Tonks y pensamos que tiene varios problemas. Uno es que sólo acepta estudiantes con Es al nivel EXTASIS cuando la mayoría de los maestros aceptan S, lo cual significa que sólo la mitad de las personas lo logran. El segundo problema es que no intenta enseñar de verdad, y el tercero es que es un maestro tan injusto que hace que muchas personas odien la materia. El hecho es que él solo está limitando el número de solicitantes para aurores y sanadores y algo se tiene que hacer.

Pensamos que podríamos publicar una carta anónima al Consejo de la Escuela en el Diario el Profeta, explicando los problemas que tenemos con el profesor Snape y para alentar a otros padres y antiguos estudiantes como Dora a hacer lo mismo. Entonces quizás podamos ver algo de acción. Pero queríamos asegurarnos de que estuvieran de acuerdo… especialmente por su relación tensa con Harry, sin mencionar Remus y Sirius, además de sus otras preocupaciones.

Esperamos que las cosas sigan yendo bien y que no tengan más de estos problemas. Y Harry, no busques problemas tampoco.

Con amor,

Mamá y papá.

Nadie mencionó la pelea de Hermione con Malfoy, lo cual probablemente era algo bueno considerando todo lo demás por lo que tenían que preocuparse.

–La cosa es, no estoy seguro de Dumbledore en ese momento –dijo Harry mientras discutían la carta con su padrino y su tío honorario.

–¿Por qué no? –dijo Remus con sorpresa.

–Es sólo que parece tan… despreocupado de todo esto… como cuando no puso un encantamiento más poderoso en esa puerta. No entiendo su juego.

–Bueno, ¿y qué tal la profesora McGonagall? –dijo Hermione–. Confías en ella, ¿no?

–Sí, pero… no lo sé. Tengo un extraño presentimiento sobre todo esto.

–¿Extraño cómo? –dreguntó Sirius con preocupación.

–Esa es la cosa. No puedo entenderlo, ni siquiera en forma felina. Es sólo que algo no se siente bien… Y no es sobre no meterse en problemas, de veras. Es sólo que no estoy seguro de en quien confiar… Y sí, Hermione, sé que estoy siendo paranoico. No puedo evitarlo. Quizás viene con todo lo felino.

–Puede ser –dijo Remus–. Puedo olfatear problemas en alguien al momento en que los conozco, y Canuto también es bueno, normalmente.

–Pero mamá y papá tienen razón, Harry –dijo Hermione–. Tenemos que decirle a alguien… Deberíamos poder decirle a la profesora McGonagall. También es un gato animago.

–Lo sé, lo sé –dijo Harry–. Y creo que lo haré. Pero… por favor, déjenme intentar entender esto primero. Algo no tiene sentido, y no me gusta.

Su hermana suspiró.

–De acuerdo, lo haré. Pero no esperaré por siempre.

–Gracias… ¿Y qué piensan de la Operación Snape?

Sirius sonrió.

–Yo le entro a cualquier plan que haga sufrir a Quejicus –dijo el perro.

–Tranquilo, Canuto –murmuró Remus–. Yo investigué un poco sobre el tema. Las quejas contra Snape se acumulan cada año. Los resultados de los exámenes por sí solos muestran que la calidad de enseñanza ha decaído con él…

–Y aún después de escucharlo por cuatro meses no puedo imaginarme a ese hombre como maestro –terminó Sirius–. O por lo menos no como uno bueno.

–Quizás tengamos prejuicios pero parece que cualquier cosa que se pueda hacer para mejorar al profesor Snape… –concluyó Remus.

–O removerlo… –interrumpió Sirius.

–... sería un beneficio para la escuela en general. Y ese tipo de cartas probablemente sean la mejor oportunidad. El dinero no ayudaría con Lucius Malfoy liderando el Consejo. El único problema es, no sé si El Profeta publique ese tipo de cartas. –Sirius tenía una respuesta para eso.

–Bueno, si no lo hacen, aún tengo una buena relación con el tipo del Quisquilloso, Lovegood, y estoy seguro de que lo publicaría. El Quisquilloso no está muy establecido… –Remus soltó una risotada–... pero es mejor que nada.

–A mí me suena a una buena idea –dijo Harry–. A Snape no le gustará, pero será anónimo. Así que, ¿qué es lo peor que puede pasar? –Vio el rostro pensativo de Hermione–. No me contestes.