Disclaimer: Los personajes de Harry Potter no me pertenecen sino que lo hacen a la maravillosa J.K. Rowling.

36/38

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Como verán, hoy también subí el capítulo más temprano (bastante más temprano, de hecho) pero dado que me voy a un lugar donde no hay internet y no iba a poder subir el capítulo cómo y cuando correspondía, decidí subirlo antes para asegurarme el no faltar a mi palabra. Así que, aquí lo tienen y espero que lo disfruten. Como siempre, también, y para no perder la costumbre, quisiera decirles gracias, a todos los lectores que llegaron hasta aquí, y lo digo de corazón.

Muchísimas gracias, especialmente a: Lucia991, reia92 (aww... bienvenida de regreso entonces, me alegra tenerte por aquí y respecto a tu pregunta, sí. Siempre que subo una historia sea del largo que sea, del fandom que sea o de la pareja que sea actualizo todos los días, y me aseguro de poder cumplir esa promesa =D) Guest, GabriellaGroff, Ayda Merodeadora, TeddyMellark (gracias y gracias =D Me alegra que el beso te haya gustado. Admito que me tomo mi tiempo a veces pero cuando los escribo me aseguro de que no sea simplemente una línea de "lo besó" y listo sino casi un capítulo, ¿para compensar la espera? =)), LilyScorfan, Euge, Julieta, AmJMatter, ania-coug (jaja, pobre Lily, sí es bastante terca y ciega pero bueno, supongo que es entendible considerando que él tiene 17, casi 18 y es mucho más maduro que ella, que tiene únicamente 15, por lo que no sabe manejar la situación tan bien, especialmente cuando le cayó -como diríamos por aquí- de sopetón, de golpe. Me alegra que te guste =)), Alice Phantomhive011, Testudine Black, Lorena (sip, lo frustrante es que los dos manejan muchos pre-conceptos como estatus de sangre y enemistades pasadas y por ende no pueden ser objetivos respecto el uno del otro. Gracias por el tan bonito cumplido, me hizo feliz), Carolina,lizairy cullen, Mio uchiha, Patty, katnispotter15, krismery (auch, ¿sabes? mi hermana dice que no tengo corazón, cuando escribo XD. Lamento haberte dejado en suspenso pero ya falta poquito. Y mil, mil gracias, me hace muy feliz que pienses eso), Valitahh.15 y pucca. chokolatito (qué bueno, de verdad, mil, mil gracias, me hace muy feliz saber que mi historia te anima los días =)). Y, si no es mucha molesta ni un abuso de su tiempo, me encantaría saber qué les parece. ¡Nos vemos y besitos!


Aversión a primera vista


XXXVI

"Cada cosa valiosa del mundo"


Lily espiró, tomando aún otro libro más y echándolo en el fondo de su baúl sin dedicarle más que una mera ojeada. El año había terminado –otro más, pensó, otro más cerca del último- y, por primera vez en mucho tiempo, no se sentía muy animada. Abajo se oían las risas, los vítores, las bulliciosas conversaciones y el sonido de la vajilla tintineando en el gran banquete de despedida al cual Lily siempre asistía alegre para atiborrarse por última vez de la deliciosa comida del colegio antes de tener que marcharse a casa para volver el año que viene. Porque volvería, sabía. Aún le quedaban dos años y Hogwarts era su segunda casa para ella y habría otros banquetes también, varios más de hecho, así que no importaba, era mejor de esa forma, de todas formas. O eso se decía. Aún cuando sabía que debería estar abajo, con el resto, dado que aquel era el último banquete de su hermano Al y de su prima Rose y de Reg también y era únicamente lógico y correcto de su parte el acompañarlos mientras McGonagall seguramente dedicaba unas solemnes palabras de despedida en honor a los estudiantes de último año que ya no volverían. Pero Lily no quería saber nada con los estudiantes de último año. Así que mintió y se quedó en el cuarto de chicas, en la torre de Gryffindor, alegando que no se sentía bien del estómago y que de todas formas debía empacar todavía. No era mentira, por un lado, y no era cierto tampoco, por el otro. Llevaba veinte minutos metiendo y sacando los mismos libros del baúl.

Bufando, tomó el libro que acababa de meter y lo retrajo del fondo del baúl, examinando su ligeramente desmejorado lomo y el título prolijamente impreso en letras doradas. Era su libro de pociones, el mismo que había usado para estudiar para sus TIMOs, que habían terminado una semana atrás. El mismo que Lily sabía contenía los trazos de él. Resignada, abrió el mismo hasta la página en cuestión y contempló el dibujo un largo rato, con curiosidad. La Snitch, de tinta negra, continuaba como siempre aleteando alegremente alrededor de los márgenes y lanzándose en picada y volando como un borrón negro entre y a través de los distintos párrafos, como si se tratara de los postes del campo de Quidditch. Recordándole a la Snitch dorada que él solía llevar consigo y con la que solía jugar cuando estaba aburrido o sin nada que hacer, algo que la había irritado sumamente durante sus horas de estudio para los TIMOs.

—¿Quieres parar con eso? —había mascullado en una ocasión, cuando hacía ya media hora que intentaba leer la misma página y él continuaba arrojando la snitch al aire y viéndola revolotearle alegremente alrededor antes de regresar a su palma. Su rostro cubierto por un libro abierto que ni siquiera estaba leyendo.

Apartándoselo de la cara, la había observado con ambas cejas enarcadas —¿Qué sucede, Potter? ¿Ya es ese momento del mes?

Lily había enrojecido violentamente, indignada, y había tomado un almohadón del sofá y se lo había arrojado en su dirección, dándole en el rostro —¿Sabes? Te vez más bonito cuando no abres la boca, así que ciérrala.

Una sonrisa arrogante se había dibujado en sus finos labios —Gracias, Potter. No sabía que me encontraras "bonito", aunque apreciaría adjetivos que no ofendieran mi masculinidad.

—No era un elogio, Malfoy —molesta y ligeramente avergonzada—. Bájate del Hipogrifo.

El rubio simplemente había colocado ambos brazos tras su cabeza y mirado el techo, sin dejar de sonreír con arrogancia —O podría dejarte montar mi Hipogrifo —para luego verla por el rabillo del ojo entretenido. Su rostro estaba tornándose de un rojo bastante vibrante.

Lily le arrojó otro almohadón que también impactó en su presuntuoso rostro —Cierra la boca —volvió a decirle—, pervertido.

Pero Scorpius no se había inmutado —Otra vez, no sé de qué hablas, Potter. Simplemente te estaba invitando a dar una vuelta en mi Hipogrifo para que cabalguemos juntos hacia el atardecer... —se mofó, dramatizando—. Para alguien sumamente inocente, tienes una mente bastante...

—Oh, cállate —le espetó, ruborizada, amenazando con arrojarle el tercer y último almohadón al rostro. El previo le había alborotado parcialmente el cabello rubio, haciendo que ya no permaneciera pulcra y prolijamente acomodado hacia atrás. Lily pensó que lucía mejor de esa forma, pero rápidamente borró el aberrante pensamiento de su cabeza.

Sentándose de un movimiento, Scorpius se pasó la mano por las pálidas hebras platinadas, codos en las rodillas —...madura —y terminó su frase, ignorando por tercera vez la orden de que se callara.

—¿No tienes que estudiar? —farfulló, clavando los ojos caoba en el libro. Malfoy era indignante.

El rubio enarcó ambas cejas —No me digas, Potter, que te incomodé —entretenido. No era una hazaña común, sabía. La menor de los Potter era demasiado orgullosa, de carácter firme y rápida a la hora de pensar respuestas mordaces para dejarse a apabullar, especialmente por quienes despreciaba, como él. Su padre había mencionado algo similar respecto a Ginny Weasley, creía... Suponía que corría en la sangre.

—Ya quisieras, Malfoy —masculló, con la mayor cantidad de dignidad posible, alzando la vista del libro y odiando que el color de sus mejillas la traicionara.

Malfoy sonrió y volvió a recostarse en el sofá, una vez más jugando con la snitch —Como digas... —mientras que ella había vuelto a bajar la mirada e intentar concentrarse en su libro, ignorando a la otra persona presente. Al menos en eso había estado, cuando había sentido el ligero aletear de algo, como una delicada caricia, en su nuca. Creyendo que se trataba de un insecto, lo había manoteado, solo para atrapar, con fastidio, la snitch dorada del Slytherin batiendo sus pequeñas alas plateadas contra la piel de su nuca desnuda, dado que al momento había acomodado todo su cabello rojo a uno de los lados, por delante del hombro. Ahora, en la luz de nuevos eventos, no podía evitar preguntarse si no habría tenido otros motivos, en vez del que ella había sostenido siempre, que era el de fastidiarla.

Tomando el libro abierto entre sus manos, se sentó en el suelo de la habitación, contemplando por otro instante la snitch de tinta aletear alegremente por los márgenes. Luego, distraída, comenzó a leer las anotaciones que había hecho en su pulcra y esbelta caligrafía. La mayoría eran correcciones a las instrucciones de la poción o meras sugerencias. No obstante, había un pequeño garabato al otro lado de la hoja que no había visto previamente. Era el nombre de él; Scorpius H. Malfoy, trazado en tinta con finas florituras y elegantes arabescos, por otro lado, sumamente innecesarios. Pero suponía que tenía sentido, siendo él el idiota pomposo que era. Pasando los dedos por los trazos, suspiró, cerrando finalmente el libro de un golpe y volviendo a arrojarlo al fondo del baúl, por quinta o sexta vez. Ya no recordaba. James, su Micropuff morado que la observaba desde su jaula, arriba de la cama, debía de pensar que estaba perdiendo la cabeza. Lily no lo descartaba. Después de todo, sí estaba encerrada en la habitación empacando cuando debería estar abajo, en el banquete de fin de año, disfrutando con su familia y amigos. No obstante, no podía obligarse a bajar, porque entonces tendría que enfrentar algo que no sabía cómo enfrentar.

Puso los ojos en blanco, hasta allí llegaba su gran valía de Gryffindor —Quizá sí hubiera estado mejor en Slytherin —farfulló como pensamiento en voz alta, malhumorada, para sí misma; dado que estaba sola. Su Micropuff dio un chillidito—. Sí, lo sé. Es lo que el idiota dijo, y no quiero darle la razón... —pero no estaba actuando con mucha gallardía, tampoco. Después de todo, sí estaba allí en vez de en el Gran Salón, prácticamente ocultándose de todos y el mundo.

Tomando otro libro, lo dejó caer en el fondo del baúl, decidida a dejar ir finalmente el asunto. No tenía sentido darle vueltas ya, no cuando en pocas horas estarían regresando y él seguiría con su vida y ella con la suya y todo dejaría de importar siquiera, beso incluido y estaba bien así también, porque entonces nada significaría nada y finalmente podría dejar de pensar en ello. Además, se trataba de Malfoy, después de todo. Scorpius Malfoy. Y no podía simplemente olvidar años y años de aversión, de haber sentido ésta a primera vista, aquella vez en el expreso de Hogwarts cinco años atrás, por algo como un beso. A fin y al cabo, Lily no era ingenua. Y sabía perfectamente que los besos no poseían las habilidades mágicas que los cuentos Muggles les concedían. No, no había nada de mágico en ellos y no podían despertar a alguien que hubiera bebido filtro de los muertos o quitar la licantropía (convirtiendo a la bestia en algo bello) y ciertamente no podían borrar los efectos de un Avada Kedavra. Y aún así, tenía que admitir, al menos a sí misma, que nadie –nadie, nadie, nadie- la había besado de la forma en que lo había hecho él –como si cada cosa valiosa del mundo no valiera nada en comparación con ella, como si nada tuviera más sentido-, nadie había logrado jamás quitarle el aliento de la forma en que él tan fácilmente lo había logrado, en tan solo segundos. Ni siquiera Lorcan.

Molesta consigo misma, tomó el resto de los libros y los arrojó sin demasiados miramientos en el baúl. No importaba, se repitió, no importaba. Porque él se iría y ella seguiría y todo perdería sentido. No obstante, el pensamiento no era tan alentador como debería haberlo sido. Y no debería importarle tampoco, porque por qué demonios debía importarle a ella Malfoy, de todas las personas. ¿No había dicho más de un billón de veces que no era más que un arrogante, narcisista, ególatra, elitista e idiota Slytherin? ¿No lo había dicho recientemente también? ¿No lo pensaba la mayor parte del tiempo? ¿No lo aborrecía? No, sabía que no. No lo aborrecía. Quizá lo había hecho, quizá había sido aversión, inicialmente, quizá aún lo era, en ocasiones, pero no lo odiaba. No realmente. Suspiró. Aquello no se suponía que pasara, él nose suponía que la besara, en primer lugar, arruinándolo todo, arruinando su cabeza. ¿En qué demonios había estado pensando?

Aún más molesta, tomó los trozos de pergaminos sueltos y esparcidos alrededor de ella y los arrojó todos al baúl también, sin detenerse a ponerlos de forma acomodada. Quería irse de Hogwarts ya. Quería marcharse lo más lejos posible y regresar al 12 de Grimmauld Place y permanecer allí todo el resto del verano, olvidándose de que Malfoy alguna vez había existido, de que la había besado, olvidándose de su entera e importuna existencia. Sí, eso haría. Tomando unas plumas y el tintero, los arrojó también en el interior y luego puso adentro su túnica, un montón de ropa que había yacido hasta el momento sobre su cama y lo cerró de un golpe, sobresaltando al pequeño Micropuff que estaba aún en su jaula sobre la cama.

—Lo siento, James —se disculpó Lily, con una sonrisa. Pero ésta rápidamente se esfumó de sus labios. Sintiéndose súbitamente desinflada, se dejó caer en la cama junto a la jaula, acariciando distraídamente los barrotes como si acariciara a su mascota, y observando la habitación decorada de dorado y escarlata en silencio.

—Es triste, ¿verdad? —sonrió con tristeza Rose, que ingresaba en ese momento, seguramente buscándola a ella. La chica Weasley pasó sus dedos por uno de los pesados doseles escarlata—. Bueno, supongo que no tanto para ti, ya que volverás el año que viene. Pero para Al y para mí...

Lily asintió, comprendiendo, y preguntándose si también Scorpius extrañaría Hogwarts. Entonces se mordió el labio inferior, recordándose que no importaba —Siempre puedes volver como profesora —sonrió, intentando alentar a su prima. Rose definitivamente sería una excelente profesora, aún cuando Lily sabía que no estaba en su rango de ambiciones.

Rose sonrió —No, creo que intentaré seguir con la defensa de criaturas mágicas. No solo los elfos domésticos son incomprendidos y menospreciados por los magos. Quiero colaborar con la causa que comenzó mi madre. Al dijo que irá a hacer el tradicional viaje por el mundo.

—Sí... Eso suena a Al... Papá no pudo hacerlo, porque no volvió su último año a Hogwarts y como dijo que había estado viajando para derrotar a Voldemort... Bueno, creo que tuvo suficiente de viajar... Eso es todo... —sonrió con nostalgia, repitiendo las palabras que su madre le había dicho— Pero Al siempre quiso hacerlo, tomarse un año antes de entrar al programa de Aurors. ¿Reg?

—Viajará con sus padres a Rumania, creo. Y luego entrará junto con Al al programa de Aurors —se encogió de hombros, sentándose en la cama junto a Lily.

—Lo siento —dijo, sabiendo que su prima lo extrañaría.

—Yo no. Nos escribiremos seguido y cuando esté asentado dijo que podría ir a visitarlo —sus mejillas se tiñeron de un ligero tono rosado, mientras retorcía entre sus manos un puñado de tela de su túnica de la falda—. Quiere que conozca a su familia.

Lily apoyó las manos en la cama y tiró la cabeza hacia atrás, mirando el techo, con una pequeña sonrisa —Al tío Ron le dará un ataque.

Rose rió —Bueno, al menos no es Scorpius Malfoy. Entonces sí le habría dado uno grande... —al notar a su prima súbitamente callada, la miró de reojo y se apresuró a decir— No que Malfoy fuera malo... Es decir... Ya sabes...

—Sí... —musitó, volviendo a sentarse derecha—. No, tienes razón. Que fuera Malfoy definitivamente sería malo... —sí, lo sabía. No necesitaba que Rose se lo dijera, aunque no parecía venirle mal tampoco.

La Weasley suspiró —Lily... Malfoy no... Sucedió algo, ¿verdad? —llevaba semanas pensándolo. Y el que su prima no hubiera descendido al banquete de fin de curso, que solía ser uno de sus favoritos, sumaba a sus ligeras sospechas.

—No, nada —mintió. No era nada, de todas formas. No significaba nada. No cambiaba nada.

—No parecía muy animado hoy, en el banquete —comentó entonces, como quien no quiere la cosa, examinando la reacción de su prima—. ¿Sabes? Puede sonar ridículo, pero creo... y sí, es otra teoría... que Malfoy también tiene un corazón.

—Tienes demasiadas teorías. Aunque esa sí es una graciosa —replicó, Lily, forzándose a sonreír—. Los dementores no tienen corazón, Rose. Creí que lo sabías por leerlo en un libro.

Rose sonrió y se puso de pie, alisándose los pliegues de la túnica allí donde se habían arrugado por estar retorciéndolos entre sus dedos —Bueno, hay cosas que no están en libros, supongo —admitió, para sorpresa de Lily, que sonrió ésta vez con sinceridad.

—¿Quién eres y qué le hiciste a Rose Weasley?

—Oh, por favor —espiró—. Hasta yo sé eso, Lily. Aunque leer uno que otro no te heriría tampoco —sonrió—. Solo... no les digas a Al y Reg que dije eso. Y piénsalo.

—No hay nada que pensar, Rose —insistió. Ya había hecho más que suficiente de eso en las últimas semanas, y nada bueno había salido de ello. Además, ya había tomado su decisión; la decisión cobarde de no tomar ninguna. Y así estaba bien.

—Como digas. Solo... no te demores demasiado. Pronto partirán los carruajes y tenemos que tomar el expreso de regreso a casa —se detuvo y observó una última vez la habitación de chicas de Gryffindor, completamente vacía ahora, salvo por los baúles cerrados y las jaulas con lechuzas y mascotas diversas que aguardaban a ser transportados. Tras una última triste sonrisa, dejó deslizar hacia abajo sus dedos por el tapete escarlata y dorado junto al marco de la puerta y la abandonó, para siempre.

Lily, cerrando el suyo con un movimiento de varita, lo dejó armado a los pies de su cama y se apresuró a bajar también, procurando dedicar igualmente una mirada nostálgica al cuarto. Lo extrañaría, aún cuando fuera a volver el año que viene. Después de todo, ese había sido su hogar por la mayor parte del año, y extrañaría los ronquidos de Kayleigh Finnigan durante las noches, así como los cantos obscenos de Peeves en los corredores y las cosas aleatorias y sorpresivas que solían aparecer en el castillo ocasionalmente, como la sala multipropósitos. Una vez, inclusive, se había topado con una armadura inusual que solía aparecer esporádicamente y sin razones en distintos lugares del castillo, entonando villancicos fuera de época. Suspirando, salió por el hueco de la dama gorda y se despidió de ella hasta el año entrante. Luego, sin más, bajó al vestíbulo, donde todos los estudiantes se congregaban aguardando a que los guiaran hasta los carruajes sin caballos que los llevarían a la estación. Lily sabía, no obstante, que sí había caballos jalando de éstos, solo que no eran accesibles para el ojo común. Y Lily estaba agradecida de aún no poder verlos.

—Los estudiantes de primero vayan con Hagrid —oyó a la profesora Marchand y, por encima de las cabezas, vio la cabeza peluda y el rostro barbudo de Hagrid, que se hacía paso entre la multitud gritando—. Los de primero. ¡Ah, Albus, Lily! Tengan buenas vacaciones. Y mándenle mis saludos a Harry, Ron y Hermione.

—Tú también, Hagrid —sonrieron ambos. Y el semi-gigante se marchó con un grupo de alumnos de primero siguiéndolo. Como era costumbre, irían en los botes y no en los carruajes. No hasta que fueran alumnos de segundo, al menos.

—Los demás vengan por aquí, síganme —gritó otra vez la severa voz de la profesora Marchand, haciendo que la muchedumbre empezara a movilizarse en la dirección en que los guiaba. Entre la multitud, Lily estuvo segura de ver una pequeña mata de cabello rubio platinado, pero tal como creyó verlo, desapareció. Negando para sí, continuó caminando hasta uno de los carruajes, que abordó con Hugo, Rose, Albus, Reginald, Lucy y Louis. Todos conversando animadamente, salvo ella, que solía espaciarse en las conversaciones.

Lucy rió —Ahí va la novia de Hugo —y las orejas de Hugo adquirieron un considerable color escarlata. Con curiosidad, todos miraron en la dirección que Lucy señalaba.

—No es mi... —dos carruajes más allá, viajaba una chica de Slytherin con largo cabello castaño. Lily la reconoció al instante como la chica que había conocido cuando había ido a buscar a Malfoy a la sala común.

—¿Temple Higgs? —dijo, recordando el nombre.

Hugo se volteó tan rápidamente a ella que Lily pensó que se rompería el cuello —¿La conoces?

—Sí, no te gusta —terció con sarcasmo Reg.

—En absoluto —rió Albus, acordando con su amigo.

El pelirrojo enrojeció aún más —No...

—Es agradable, me agrada —aprobó Lily—. Aunque... ¿No le dará al tío Ron un ataque? Entre eso y Rose visitando a Reg en Rumania... Lo matarán...

—¿Eh? —inquirió Hugo de forma sobreprotectora, mirando a su hermana—. ¿Iras a Rumania?

Rose se sonrojó —¡Lily!

—Lo siento, Rose. No sabía que fuera un secreto —se disculpó rápidamente, riendo.

—Y no es asunto tuyo, entrometido —le espetó Rose a su hermano.

—¡Claro que es asunto mío! Soy tu hermano y es asunto mío si mi hermana irá a visitar a su novio a Rumania... ¿Saben mamá y papá de esto?

Rose se mordió el labio inferior —Mamá sabe y hablará con papá. Y sigue sin ser asunto tuyo, enano. Preocúpate por tu novia de Slytherin. ¿Papá sabe? Eso sí le dará un ataque.

Fue el turno de Hugo de lucir azorado. Riendo, todos descendieron del carruaje y hacia la estación, donde aguardaron que arribara el tren, el cual llegó en minutos, silbando y escupiendo humo blanco al aire. Lily, algo rezagada, miró la multitud a su alrededor, notando una alta figura rubia y pálida que sobresalía del resto. Llevaba su túnica de Slytherin, notó. Y dado que era un día frío, a pesar de ser ya primavera, su bufanda verde y plateada enroscada alrededor del cuello, manteniéndolo caliente, le daba un ligero tono rosado que usualmente no agraciaba sus pálidas mejillas de pómulos altos. Sus finos labios, como siempre, presionados en una fina línea. De entre éstos espiraba vapor.

—Va a llover —dijo Rose a su lado, fingiendo que contemplaba el cielo lleno de nubes grises—. ¿No crees? —y Lily se volvió rápidamente a su prima, avergonzada de haber sido atrapada viendo a Malfoy. Pero Rose no dijo nada al respecto.

—A-Ah... Sí... —balbuceó, queriendo dar una última ojeada en dirección al rubio, pero rehusándose a hacerlo mientras su prima estuviera pendiente de ella.

—Reg, Al y el resto fueron a buscar un compartimiento. Iré adelantándome. No tardes demasiado, o quizá no haya lugar y tengas que compartir compartimiento con alguien más —y, sin más, se marchó, con una calma y comprensiva sonrisa en los labios. Lily entendió qué había querido insinuar, pero no sería así. No. No lo buscaría. Eso había decidido.

Suspirando, volvió a mirar una última vez –porque una última vez no podía herir a nadie, se dijo, mintiéndose a sí misma. No obstante, él ya no estaba allí. Ya había ingresado al tren, suponía, ascendido al vagón que se había detenido delante suyo y en su lugar no quedaba más que el hueco entre la multitud que había ocupado segundos atrás. Y se sintió decepcionada, y desconcertada, porque no debería sentirse decepcionada para empezar. Y porque su corazón no debería sentirse así tampoco, como si se hubiera desprendido y caído al fondo de su estómago, y los ácidos estomacales lo estuvieran corroyendo en aquel preciso instante en que su decepción se esparcía por su boca con un sabor amargo. Ignorándolo completamente, y negando con la cabeza para acentuar la impresión de sacudirse la sensación, subió también al tren y se marchó tras Rose, que acababa de ingresar a un compartimiento y la aguardaba de pie con la puerta abierta.

Al verla quieta e inmóvil en el pasillo, enarcó ambas cejas rojizas —¿No vienes?

Lily dudó. Uno, dos, segundos. Y negó una vez más con la cabeza, observando el interior del compartimiento —No parece haber mucho lugar para mi, ¿no? —sonrió tentativamente.

Rose le devolvió la sonrisa, amplia y radiante —Ahora que lo mencionas, no, no parece haber mucho lugar para nadie más.

Asintió, comprendiendo —Entonces... me temo que tendré que buscar otro compartimiento.

—Me temo que sí. Aunque... creo que debe haber uno bastante vacío unos vagones más allá. La persona que lo ocupaba no parece gozar de mucha compañía estos días. De hecho, se lo veía bastante solitario...

Lily sonrió más ampliamente —Bueno, si no tengo otra opción...

—No la tienes —aseguró—. Hugo comió mucho en el banquete y parece un snidget dorado. Ocupa mucho espacio.

Desde adentro, Hugo exclamó —¡Ey! No comí mucho. ¿Verdad? —volviéndose con inseguridad a Albus, que negó con la cabeza, conteniendo la risa. Rose y Lily lo ignoraron, el tren traqueteó y comenzó a avanzar.

Lily, asintiendo una última vez, sonrió y se marchó. Rose volvió a ingresar al compartimiento.

—¿Qué fue eso? —inquirió Hugo, desconcertado.

Pero Rose solo sonrió ampliamente, observando por la ventana al instante en que comenzaba a llover —Algo que hará que a papá, al tío Harry y a James les dé un ataque.

, había tenido razón. Como siempre.