Aclaración: El capítulo tal como lo pensé quedó extremadamente largo, aún no termino de escribirlo, pero puedo asegurar que tendrá la extensión de tres capítulos, así que decidí cortarlo y publicarlo parte por parte. Disculpen las molestias, pero aún faltará un poco para que acabe. Gracias por su tiempo.


Bad end (parte 1)

Capítulo 37: Adiós vieja amiga.

Entraron a la base cuando comenzaba a atardecer... Para su tranquilidad la única allí era Mary, ninguno de los tres sabía bien como explicarle al grupo entero, el por qué cargaban un cadáver de aquí para allá.

–Seto, Kido, Kano. ¡Bienvenidos!– los saludó la albina con ternura abrazando al más alto –¡¿Quién es ella?!– preguntó una vez que dejaron el cuerpo de Takane sentado en el sofá.

–Ella era... Pues...– murmuró Seto sin saber bien como explicarlo.

–¿Está dormida?– preguntó acercándose –¿Por qué lleva tu sweater, Kido?– miró a la susodicha que se había recostado en el otro sofá, con un brazo sobre sus ojos en claro signo de cansancio y pesar –¿Está desnuda bajo la ropa?

–Todos lo estamos– comentó Kano sentándose a un lado del cuerpo –, y no está dormida, está muerta.

–¡¿Qué?!– miró a Seto de inmediato, buscando alguna pista de que aquello era una broma de mal gusto.

–Ese monstruo que posee a nuestro padre lo hizo...– murmuró él mirando a un lado apenado –Kido pensó que debíamos darle un entierro digno, así que la trajimos hasta que logremos decidir de que forma haremos eso.

–¡Oh... Cielos!– exclamó cubriéndose la boca mientras veía a esa chica muerta. No tardó más que unos segundos en girarse para enterrar su cabeza en el pecho de Seto y sollozar.

Kano observaba de reojo como su hermano la consolaba... Si a Mary, que no conocía de nada a esa chica, no al menos en su forma humana, le afectaba tanto, no quería ni imaginar como sería con los demás.

–Oye, ¿a dónde vas?– llamó a Kido cuando la vio dirigirse a la cocina –Fue tu idea traerla, no huyas ahora.

–¡No estoy huyendo de nada! ¡Simplemente debo preparar el almuerzo! Llámame cuando lleguen los demás y asumiré toda la responsabilidad– le dijo cansada y de mal humor, sintiendo tal vez no fue buena idea llevársela... Pero al mismo tiempo sabiendo que tampoco lo era dejarla allí.

–Y... ¿Dónde están los demás?– le pregunto Kano a Mary, dejando en paz a Kido quien se metió a la cocina.

–Fueron de compras, yo me quedé aquí esperándolos– respondió ella separándose un poco de Seto –, Iba a preguntar si les fue bien en su paseo, pero ahora no sé...– murmuró confundida viendo de reojo el cadáver.

Por si acaso habían ocultado su misión de los demás, pero regresar a la base con un cadáver luego de una salida de hermanos le resultaría sospechoso a cualquiera.

–Nos fue bastante bien– le sonrió Seto acariciándole la cabeza –. Gracias por esperarnos– la llevó con él a sentarse en el sofá libre.

–¿C-Cuánto tiempo crees que... Se quede?– preguntó Mary señalando a Takane –Me da tristeza y miedo...– confesó.

–En pocos minutos anochecerá por completo, así que imagino que lo más inteligente sería ocuparnos de ella mañana a primera hora... Debemos investigar y consultarlo con los otros, realmente nunca he pensado en qué se debe hacer en estas situaciones...– murmuró rascándose la cabeza bastante preocupado.

–No tienes que asustarte Mary– comentó Kano pasando un brazo por los hombros de Takane –. Considérala como una amiga más, un poco callada y muy tranquila... Además si incluso la gatita miedosa del grupo se atrevió a traerla hasta aquí en su espalda, tú no deberías tener nada que temer– sonrió con toda la falsedad de la que era capaz.

–Por favor Kano, no juegues con ella– murmuró Seto tragando duro –, debemos respetar a los muertos.

–¡Seto tiene razón, su espíritu podría venir a vengarse!– asintió Mary muchas veces.

–¿Su espíritu...?– preguntó levantando una ceja –Puede que tengan razón...– se alejó un poco del cuerpo –Tendré que mantener mi celular bloqueado...– murmuró para sí mismo.

–¿De qué hablas?– preguntó Seto mientras se escuchaban algunas voces fuera de la base y alguien comenzaba a abrir la puerta principal.

–En unos momentos lo sabrás– murmuró levantándose y yendo a recostarse en una pared a ver lo que sucedería.

Los primeros en entrar fueron Shintaro y Konoha, por los gritos que se escuchaban afuera al parecer Momo y Hibiya discutían sobre alguna cosa como era su costumbre.

–Maldito supermercado lleno, y malditas chicas que nos obligan a cargar todas las bolsas– murmuró Shintaro arrastrando los pies, cargando tres bolsas en cada mano, dos menos que las que llevaba Konoha.

–¿Quién es?– preguntó el albino al ver a la chica nueva dormida en el sofá.

–¿Quién es quién?– preguntó Shitnaro deteniéndose a un lado de su amigo para verlo con intriga, y luego seguir la línea de su mirada hasta aquella persona...

Esa persona...

Las bolsas del supermercado cayeron olvidadas en el momento en que él se paralizó.

–¡Takane!– murmuró Shintaro casi sin aliento, logrando salir de su shock inicial y corriendo hacia ella –¡Takane, ¿dónde estuviste todo este tiempo?!– exclamó cayendo de rodillas frente a ella al tiempo que la tomaba de ambos brazos y la sacudía –¡Despierta!

Seto y Mary veían la triste escena sorprendidos por el hecho de que Shintaro conociera a esa chica. Kano y Kido, quien salió de la cocina por el alboroto, se veían con pena. Finalmente fue el rubio quien habló.

–Déjala... Ella ya no va a despertar...

–¿Qué...?– Shintaro lo miró confundido –¿Cómo que no...?– volvió a mirar a Takane liberando sus brazos con lentitud, y el cuerpo cayó a un lado como lo que era, un cuerpo muerto.

Sabía que ella había desaparecido después del día en que Ayano y Haruka murieron, su depresión había sido tal que no se molestó en averiguar su paradero... O tal vez le atemorizaba averiguarlo, no quería enterarse de que todos sus amigos habían sufrido el mismo destino...

Guardaba la esperanza de que al menos ella...

–¡AHH!– el chillido de Ene lo hizo salir de sus pensamientos –¡¿Qué hace mi cuerpo ahí?!– exclamó la chica cibernética dentro del celular de Momo quien acababa de entrar unos segundos antes.

Luego de una exclamación generalizada, Ene se ganó todas las miradas sorprendidas, a excepción de la de Kano que ya lo sabía, y Shintaro que seguía estático arrodillado frente al sofá, con sus ojos llenos de lágrimas, intentando comprender lo que sucedía... Demasiada información en tan pocos segundos.

–¿T-Tu cuerpo...?– Momo fue la primera en preguntar –Ene, ¿qué intentas decir? ¿Qué está sucediendo? ¿Quién es esa chica?

–Pues...– comenzó a decir Ene, sintiéndose un poco triste y bastante incómoda, no era sencillo tener que explicar aquello y menos a un minuto de haber visto su propio cuerpo después de tanto tiempo –Para hacerlo sencillo, ese es mi cuerpo de cuando yo era una... Humana...– murmuró no muy segura, aún se consideraba humana, aunque ya no estaba segura de si esa definición podía seguir aplicándose a ella.

El silencio sepulcral que se extendió varios minutos después de aquella declaración fue roto por Shintaro, quien se puso de pie lentamente sólo para girar a ver el celular de su hermana donde permanecía aquella chica...

Aquella traidora...

–Imagino que te divertiste mucho burlándote de mí– murmuró caminando hacia ella.

–¡Y-Yo no...! A-Amo...– balbuceó Ene asustada por el sombrío rostro de su amigo.

–¡NO VUELVAS A LLAMARME DE ESA FORMA!– le gritó él, completamente dolido.

Ene y Momo cerraron sus ojos ante el grito, esperando su siguiente acción, lo menos que esperaban sería que lanzara el celular contra una pared... Sin embargo sus pasos no se dirigían a ellas, sino a la puerta tras ambas.

El portazo hizo temblar los cimientos.

–Sabía que no debíamos traerla...– murmuró Kano exhalando resignado.

–Lo supiste todo el tiempo...– le reclamó Kido viéndolo con seriedad –Ve tras Kisaragi y evita que haga alguna estupidez– ordenó señalando la puerta.

–¡¿Ehh?! ¡¿Por qué yo?!

–Porque Ene tiene mucho que contarnos, y tú eres el único que, como siempre, ya conocía la situación, así que no necesitas oírlo.

–Pero líder, no creo que yo sea el mejor para...– intentó razonar con ella, pero desistió de inmediato al ver esa expresión asesina en su rostro –Como digas...

Una vez que Kano se marchó, acomodaron el cuerpo de Takane en el sofá y pusieron a Ene a su lado, de esa forma todos se sentaron frente a ella esperando por su historia.

–Chicos... No sé qué esperan que les diga...– murmuró ella incómoda mirando hacia un lado donde yacía su cuerpo –Y líder, agradezco que me cubriera con su sudadera, pero podrían haberme puesto algo debajo también...– murmuró avergonzada –Un pantalón por ejemplo...

–¿Qué te hizo nuestro padre?– preguntó Kido directamente.

–¿Cómo terminaste de esa forma?– esta vez fue Mary quien la veía con curiosidad.

–¿Por qué no nos contaste que tenías un cuerpo? Podríamos haber ido por él antes– reflexionó Seto.

–¡Es verdad!– gritó Momo de la nada asustando a los que estaban sentados a su lado –¡Debe haber una forma de devolverte a tu cuerpo!

–Ni siquiera sabemos si ella quiere volver...– murmuró Hibiya viendo de reojo a Momo.

–¿Ya está la cena?– preguntó Konoha a Kido.

Ene los miró enternecida por su preocupación... Hasta escuchar aquel último comentario, realmente tenía la esperanza de que al ver su verdadero cuerpo, ese con el que compartió tantas cosas con él, recordara algo... Una memoria fugaz, un sueño borroso... Algo...

Pero no, definitivamente no quedaba ni una pizca de sus recuerdos en él... Sólo algunos rasgos de su personalidad, como su amabilidad, y ser un cabeza hueca, pero aquello no lo hacía Haruka...

–Ene... ¿Te sientes mal?– preguntó Momo ladeando el rostro preocupada.

–N-No... ¡Estoy bien!– aseguró secándose las lágrimas que habían comenzado a caer sin que lo notara –Verán, cuando estaba, pues... Viva, sufría de una enfermedad, que no era muy grave, pero ese día sufrí un ataque y me desmayé, lo siguiente que supe fue que desperté en la computadora del laboratorio del profesor Tateyama, y mi cuerpo estaba en un recipiente gigante...– comenzó a explicar –No entendí nada en un inicio, pero no tenía a dónde ir, así que me metí a la computadora de Shintaro, y como jamás creería mi historia, entonces no dije nada...– resumió evadiendo el tema de Haruka, la promesa que le hizo a Ayano y cualquier matiz emotivo en su historia.

–¡Entonces no estás muerta! Simplemente estás fuera de tu cuerpo– dedujo Momo yendo hacia el celular y tomándolo –. ¡Tiene que haber una forma de devolverte!– exclamó acercando el celular al rostro de Takane –¡Haz el intento de pasarte a tu cuerpo!

–N-No creo que funcione así...– murmuró Ene algo incómoda por como Momo presionaba el celular contra su cuerpo en distintas zonas como si intentara introducir un CD o algo por el estilo.

–Quizás si...– murmuró la rubia pensativa antes de abrirle la boca e intentar meter el celular.

–¡Hermanita no hagas eso!– chilló desde el celular.

–¡Deja eso Momo!– exclamó Kido con dureza, tal vez la única capaz de conseguir que la chica obedeciera sin dudarlo.

–Como diga, líder...– murmuró dejando el celular en su lugar y alejándose.

–Aún no sabemos qué hacer con el cuerpo– comentó Seto –, si existiera la posibilidad de que Ene regrese a él deberíamos conservarlo, pero en caso contrario...– no terminó la frase.

–Háganlo– asintió la chica cibernética bajando la mirada. No podía negar que su más grande sueño, después de volver a ver a Haruka y Ayano, era volver a su cuerpo. Pero sabía perfectamente que no existía esa posibilidad –. Pero que sea un lugar lindo... ¡Odio los cementerios!

La charla que siguió fue demasiado triste... Era como resignarse a la muerte de una amiga muy preciada... y tener que pensar en un sitio donde enterrar su cuerpo era como echarle sal a una herida muy reciente y profunda...

Aquello fue muy duro para todos...


Se agotó por tener que correr tanto, pero finalmente lo alcanzó, ese virgen estúpido, que hacía poco o ningún ejercicio físico, era demasiado veloz cuando estaba molesto.

–¡Shintaro espera!– le gritó interponiéndose en su camino.

–¡¿Qué demonios quieres?! Ene... Quiero decir, Takane ya se burló de mi lo suficiente, no necesito aguantarte ahora a ti– murmuró intentando evadirlo.

–¡Oye, esta vez no vine a eso!– negó con sus brazos extendidos moviéndose a los lados en un intento por no dejarlo pasar –Y no creo que ella lo haya hecho para burlarse de ti...

–¡Claro que no! ¡Ella jamás hizo algún esfuerzo por burlarse de mí!– exclamó con todo el sarcasmo que era capaz de expresar.

–Bueno, jeje...– el rubio se rascó la cabeza –Tal vez sí lo ha hecho en muchas ocasiones...– admitió.

–¡¿Muchas ocasiones?! ¡Lo ha hecho desde que cometí el error de abrir aquel estúpido mail!

–Lo sé, lo sé...– asintió –Pero créeme... Nadie se desprendería de su cuerpo sólo por burlarse de ti...

–¡Entonces, ¡¿por qué demonios no me lo dijo desde un inicio?!

–Eso es algo que deberías hablar con ella...

–¡¿Lo ves?! No hay otra explicación... ¡Se ha reído de mí a mis espaldas durante tres malditos años!

–¡Jajaja!– rió con fuerza en un intento por molestarlo, mientras se recostaba en la pared –¡Eso ni tú te lo crees!– aseguró logrando que su interlocutor mirara a un lado sin dar el brazo a torcer –Simplemente no quieres reconocer que ella murió y dedicó su nueva vida a sacarte de tu depresión.

–Déjame en paz...– murmuró aún sin mirarlo, haciendo un esfuerzo sobre humano por no permitir que las lágrimas cayeran.

–Está bien...– exhaló Kano con una media sonrisa –Tómate tu tiempo, pero prométeme que no cometerás ninguna locura si te dejo solo.

–No volveré a hacer eso– murmuró entre dolido y molesto, probaba el filo de esas tijeras en sus muñecas apenas una decena de veces y ya todos lo consideraban un patético suicida.

–En ese caso nos vemos luego...– se despidió Kano emprendiendo el camino de vuelta –Por cierto– se detuvo luego de unos pocos pasos –, probablemente enterremos el cuerpo mañana, tal vez quieras estar allí...– comentó para luego retomar su camino.

–¿Enterrarla...?– preguntó en un susurro viendo como el chico se alejaba.

Le tomó alrededor de una hora transitar esas cinco cuadras que lo separaban de su casa, memorias y sentimientos de tristeza, agradecimiento, resentimiento y anhelo se entrecruzaban en su mente...

Takane no era su amiga más cercana, pero la estimaba lo suficiente para disfrutar un poco de su compañía y bastante de sus discusiones... Y Ene era la piedrita en su zapato, era molesta y hacía que cada caminata en su vida fuera diferente a la anterior, fuera recordable... Le daba emoción a su vacía vida...

Le debía mucho...

Al llegar a su casa se encerró en su habitación y lloró con el alma a su amiga muerta... Recordando las charlas con Ene en las que él se quejaba sobre su pasado sin saber que estaba quejándose frente a alguien que no sólo perdió sus amigos como él, sino que también perdió su vida como humana... Se sentía un maldito egoísta desconsiderado.

Rato después escuchó la voz de Momo desde el otro lado de la puerta –Shintaro, ¿estás bien?

–Sí, lo estoy... ¿Ene vino contigo?– preguntó sin moverse de su posición en la cama abrazando sus rodillas.

–Ahm... Pues...– balbuceó ella viendo en su celular como Ene le suplicaba que respondiera que no –¿Estás muy enfadado con ella?

–Si la ves... Dile que necesito hablar con ella...– pidió evadiendo la pregunta, ni él mismo sabía como se sentía en esos momentos.

–Está bien... Buenas noches– se despidió ella yendo a su habitación mientras observaba como Ene se ocultaba de una forma bastante torpe tras un ícono –. Ve a hablar con él, no parece enfadado– la animó.

–¡Nooo!– chilló abrazando el ícono como si fuera una almohadón –¡Va a gritarme y luego intentará borrarme!

–Mi hermano no haría eso... Al menos no la segunda parte, y recuerda que hablamos de Shintaro... ¿O será que le tienes miedo~?– preguntó Momo dejándose caer en su cama con una sonrisa de lado.

–¡Claro que no le tengo miedo!– chilló Ene lanzando el ícono fuera de la pantalla –Pero le mentí todo este tiempo...– murmuró viendo a un lado –Debe odiarme...

–¡¿Qué dices?!– se sentó en la cama sacudiendo el aparato como si así pudiera hacerla entrar en razón –¡Mi hermano te quiere mucho aunque no lo demuestre! ¡Y estoy segura de que cuando eras Takane también lo hacía!

–Je...– murmuró con sarcasmo –Dices eso porque nunca nos viste juntos en el pasado...

–Pero cuando entramos a la base y él estaba arrodillado frente a tu cuerpo... ¿No había lágrimas en sus ojos?– preguntó con seriedad.

–También lo vi– admitió bajando la mirada –Se podría decir que él fue la única persona que lloró mi muerte...

–Ve y charlen sinceramente, estoy segura de que mi hermano entenderá tus motivos– le aseguró con una sonrisa.

–Eso espero– levantó la mirada respondiendo la sonrisa –. Gracias hermanita.

–¡Adelante tú puedes! ¡Ene! ¡Ene~!– exclamó Momo moviéndose como una porrista.


–¿Puedo pasar am... Digo, Shintaro?– preguntó la chica cibernética abriendo uno de los puertos de la computadora y asomándose por un lado del monitor.

–Nunca pediste permiso... No lo hagas ahora.

–Está bien...– murmuró caminando por encima de la barra de inicio hasta llegar al centro de la pantalla –La hermanita me comentó que querías hablar conmigo...– dijo en actitud sumisa, tan rara en ella.

–Sí, ¿por qué lo hiciste?– preguntó dignándose a levantar la cabeza y mirarla.

–¿Por qué te lo oculté...?

–No, ¿por qué decidiste vivir conmigo? Eso es lo único que quiero saber.

–Verás...– comenzó a decir con una incómoda sonrisa –No tenía muchas opciones... Hacía tiempo que había perdido el contacto con mis padres, mi abuela no prendería una computadora aunque la vida de su nieta dependiera de ello y, el resto de mis amigos... Ya sabes– murmuró lo último bajando la mirada.

–Entonces era eso...– dijo él sin dejar de verla, comenzando a comprender un poco la situación.

–Y, hubo algo más...– continuó ella ganándose su curiosidad –Ese día hace tres años tuve una plática con Ayano... Es algo personal así que no preguntes, pero en ese momento le prometí en secreto que te vigilaría e intentaría ayudar...– confesó rascando su mejilla que por algún motivo se veía más sonrosada que de costumbre.

–¿Lo dices en serio?– preguntó él levantándose lentamente de la cama y acercándose al monitor.

–Sí, y espero que lo hayas escuchado bien, ¡porque no voy a repetirlo!– le gritó lo último con su rostro aún más rojo y sus coletas tensándose.

Él sonrió de lado, con una mezcla de tristeza, ternura y alegría, recordando que le hizo una promesa parecida a Haruka en su momento –¿Hay algo más que quieras decirme?– preguntó volviendo a enseriarse mientras se sentaba frente a su máquina.

–No... Creo que no...– negó varias veces esperando la reprimenda. Había pensado en disculparse, pero enfadado o no seguía siendo Shintaro, y ella no iba a humillarse de esa forma ante él.

–Gracias– fue lo que salió de los labios del chico, logrando que Ene lo observara como si se hubiera vuelto loco –Lamento las veces que me quejé del pasado, no podía saberlo pero eso no quita el hecho de que hablé de cosas muy dolorosas para ti. Sin embargo siempre estuviste ahí para animarme con una sonrisa...– la miró fijamente –Debió ser muy difícil de soportar...

–A-Amo...– sollozó, dejando al fin salir su tristeza acumulada por tantos años –¡Y-Yo no quería engañarte...! ¡Pero nunca me hubieras creído! Temía que me odiaras... Que me echaras... quedarme completamente sola...– lloró con fuerza mientras Shintaro la observaba sintiéndose impotente, en esa forma ni un abrazo le podía dar.

–Lo sé... lo sé...– le susurró intentando consolarla mientras tomaba el ratón y comenzaba a pincharle la mejilla con el cursor en un intento por molestarla hasta que olvidara toda esa tristeza –No estoy enfadado, y ten por seguro que no te vas a quedar sola... Todo está bien ahora– sonrió al verla sacudir sus brazos en un intento por alejar el molesto cursor de su rostro.

–¡Waaaa Déjeme en paz, amo pervertido!– chilló corriendo de un lado al otro de la pantalla riendo mientras él la perseguía haciéndole clic encima como si fuera un videojuego. Hacía mucho tiempo había descubierto que aquello era como cosquillas para ella.

Pasaron largo rato riendo y jugando como los buenos amigos que eran, hasta que la madre de Shintaro le llevó la cena.

–Entonces... ¿Cómo debo llamarte de ahora en más?– preguntó él mientras comía frente a la computadora.

–¡Ene, por supuesto!– dijo de inmediato –Nada ha cambiado para mí en realidad.

Él asintió dejando su comida a un lado para verla con seriedad –Kano me dijo que probablemente mañana...– no supo como terminar la frase.

–Sí– asintió Ene mostrándole una sonrisa llena de resignación –, les dije que lo hicieran...

–¿Por qué?

–Porque quiero dejar un cuerpo joven y hermoso– comentó fingiendo coquetería –. Además... No hay forma de que pueda volver a usarlo, así que lo más lógico es enterrarlo.

–Entiendo– asintió –Vamos a dormir, mañana será un día muy largo.

–Bien...


El día siguiente fue largo en efecto, sin embargo tomaron aquel triste evento como una oportunidad más para realizar una misión en conjunto. Cada uno puso de su parte; las chicas vistieron el cuerpo de Takane obsequiándole prendas personales. Momo un par de pantalones cortos, Kido una remera que irónicamente le tapaba las piernas aún más que los pantaloncillos, y Mary unos calcetines de animalitos con volados.

–¡Gracias chicas!– exclamó Ene enternecida por tan dulce gesto.

–¿Estás segura que quieres que en cincuenta años encuentren tu cuerpo vestido tan ridículamente?– preguntó Kano riendo de los calcetines, y la enorme remera en la que el cuerpo de Takane se perdía.

–¡Al menos nosotras aportamos algo!– se quejó Kido viéndolo feo.

–¡Oye, yo estoy haciendo mi trabajo!– se defendió él volviendo su cabeza a Konoha, quien cavaba un pozo bajo la supervisión y órdenes de Kano y Hibiya que lo único que sabían hacer era decirle que cavara más profundo e hiciera la fosa más grande.

Haruka está cavando mi tumba... Ni en mis peores pesadillas hubiera imaginado esto...– pensó Ene observando la escena.

Seto había escogido el lugar, un precioso claro en el bosque, cercano a donde yacía la madre de Mary, rodeado de verde y flores,ella no podía quejarse, el lugar era hermoso.

Shintaro fue quien trasladó el cuerpo desde la base hasta el bosque, por ese día evitó sus comentarios quejumbrosos acerca del calor, la distancia, el cansancio o lo pesada que era la chica. Los demás lo estaban tomando con bastante naturalidad, él parecía ser el único que guardaba cierta solemnidad.

Ene lo soportó estoicamente, creyó que le sería mucho más difícil aceptar darle el último adiós a su cuerpo, y con él a sus posibilidades de volver a tener una vida "normal". Aún así ver su propio sepelio era algo un poco perturbador... Era una pena que nunca pudiera tener nietos para contarles que probablemente era la única persona en el mundo que pudo vivir algo así.

Aquella experiencia aunque no grata, ayudó a unificar aún más el grupo, y aunque ninguno lo mencionara... A ser más conscientes de lo frágil de su existencia.

Aún así ninguno imaginaba el terrible destino que les esperaba en apenas tres días.

Continuará.

Antes que nada, pido disculpas por lo mono-temático del capítulo. Nunca pensé que este evento llevara tantas páginas. Pero no se preocupen, pronto estará el siguiente. Sólo quiero advertirles que estará lleno de fanservice y shippeos intensos de la autora... Lo siento, no pude evitarlo... u.u.

Muchísimas gracias a quienes comentaron, paso a responder.

Yin-princesa-del-olvido: Me alegra que te haya gustado, y agradezco el comentario porque realmente me dio bastante trabajo hilar esa historia y convertirla en algo mínimamente coherente. Muchísimas gracias por leer y comentar, besos.

Gracias por leer.

Próximo capítulo: Amarga espera.

Hasta la próxima.

Trekumy.