Castiel miró a Sam, aunque este parecía haberse olvidado de la presencia del ángel. El cazador tenía la mirada puesta en su hermano. "Se pondrá bien. ¿No se lo has dicho a tu hermano verdad?"

Sam apenas le estaba escuchando, al fin y al cabo, viendo a Dean en el suelo, inconsciente, no podía pensar en que le hubiera ocurrido algo realmente grave.

"¿Decirle el que?"

"He visto lo que has hecho. Todavía tienes el poder que te dio Azazel y tu hermano no lo sabe. Si fuera así, no creo que se sintiera muy feliz." Arrodillado junto a Dean, Sam se volvió hacia Castiel, sin apartar las manos de su hermano, acarició su frente intentando que le reconociera, que recuperara por fin el conocimiento.

"No te metas en mi vida, que nos hayas salvado es una cosa, pero por mucho que seas un ángel, es no te da derecho a juzgar lo que hago."

"En realidad si que puedo, aunque prefiero que sea el propio ser humano el que tome sus decisiones.

"Entonces déjame que haga las cosas a mi manera y ni se te ocurra decir le a Dean lo que has visto, cuando sea el momento apropiado, se lo diré yo mismo." Sam se concentró en Dean, aunque no le hacía falta mirar a Castiel, para saber que este no se había creído ni una palabra.

No tenía ninguna intención de contarle a Dean que podía acabar con los demonios y también desarmar a los ángeles. Su relación estaba bien tal cual era, sin cazas, sin criaturas sobrenaturales y sobretodo, sin el miedo de Dean a que su hermano se volviera el Anticristo.

Sam quería seguir así, sin cambiar nada, simplemente ser feliz con su hermano y olvidarse de lo que había ocurrido. Mercal era el que quería que entraran en aquella guerra entre ángeles y demonios y ahora que lo habían echado de sus vidas, no tenían porque continuar, podían seguir con su vida como si nada hubiera ocurrido.

Levantó el cuerpo de Dean, aunque la hacerlo, le escuchó quejarse. Por fin estaba volviendo en si. "No comprendo ni apruebo vuestra relación, pero como he dicho, quiero actuéis por vosotros mismos."

"¿Podrías dejarnos? Dean necesita descansar, lo sabes muy bien y yo tengo que… sólo déjanos." Sam dejó a su hermano tumbado en la cama y comenzó a comprobar que no hubiera nada roto.

No escuchó nada cuando Castiel se fue, pero estaba seguro que no sería la última vez que iban a verlo en sus vidas. Sin embargo, en ese momento le daba igual. Pasó sus manos por el cuerpo de Dean y al llegar a su pierna derecha lo escuchó gemir por el dolor.

"No está rota, buena señal. Tal vez sea el golpe." Entonces notó el calor que desbordaba la pierna de Dean. "¿Qué demonios es esto?" Le subió la pernera del pantalón para poder ver y entonces vio una marca que antes no estaba allí.

"Sammy." Dean abrió ligeramente los ojos, aunque el dolor de cabeza, apenas la permitía pensar con claridad. Recordaba a Mercal, recordaba sus amenazas y se preguntó porque no estaba muerto.

"Bienvenido, ¿Cómo estás?" Sin dejarle contestar, Sam le besó. No le iba a decir que había temido perderle o que cuando no había despertado, se había temido que el golpe en la cabeza hubiera sido demasiado fuerte. No se lo iba a decir, porque simplemente estaba feliz de tenerlo otra vez entre sus brazos, mirándole con sus hermosos ojos verdes.

"¿Qué ha pasado?"

"Ya sabes, los viejos tiempos. Un pequeño exorcismo, un poco de sal y boom, el ángel se ha marchado. Es sorprendente que los mismos métodos sirva para ahuyentar tanto a ángeles como a demonios."

"Sam, no me vengas con esas. Se que no ha sido así, ¿Te ha ayudado Castiel o has hecho algo fuera de lo normal?" Sam odiaba que su hermano lo conociera tanto, porque no le podía contar ni la más pequeña mentira sin que le pillara. Aún así, decidió distraerle.

Se recostó a su lado, rodeando su cintura con ambas manos, lo apretó tanto contra su cuerpo que Dean podía escuchar lo rápido que latía su corazón. El mayor de los hermanos se preguntó si eso sería a causa de lo que no quería contarle o de que se alegraba de verle, pero no preguntó.

Sam volvió a besarle, aunque no podía quitarse de la cabeza la extraña marca en la pierna de su hermano. Se recostó sobre él. "Ese maldito ángel. No fue mala idea dejar todo esto de la caza. Creí que te perdía, otra vez y todo por meternos en esa estúpida guerra." Tomó el rostro de Dean entre sus manos y se apoderó de sus labios como si hiciera años que no lo hacía.

Dean suspiró con fuerza al notar las manos de Sam sobre su pecho, pero algo le llamó la atención, algo que estaba dentro de su cabeza, algo que le hablaba y que no podía apartar de sus pensamientos.

"Yo no… no…"

Sam se separó de él y le miró. "¿Dean estás bien?" Su hermano lo miró y por un momento Sam se asustó como pocas veces lo había hecho. La mirada de Dean estaba completamente vacía, no había nada, ni vida, ni miedo, ni nada, simplemente le miraba con unos ojos que no decían nada. "Dean."

"No podemos dejarlo, no puedo dejarlo, esta guerra nos matará a todos."

"Dean, vamos no asustes así." De repente el cuerpo de Dean se agitó con violencia, tanto que estuvo a punto de derribar a Sam que estaba sobre él. su hermano tomó de nuevo su rostro tratando de llamar si atención, pero todo fue inútil, era como si en el interior de su cuerpo no estuviera Dean.

"Es la marca." Sam se dio la vuelta. Castiel estaba otra vez allí, parecía que en realidad no se hubiera ido. Los miraba como si estuvieran viendo una película, sin meterse en medio, sin actuar, tan sólo diciendo lo que para él era totalmente obvio.

"¿De que estás hablando?" Castiel tan sólo señaló a la pierna de Dean. "¿Qué marca? ¿Quién le ha hecho eso, Mercal? ¿Por qué?"

"Necesita nuevos soldados y cuando los humanos descubren cual va a ser su verdadera función en esta guerra, quieren irse, pero para entonces ya es demasiado tarde." Castiel ni siquiera se inmutó lo más mínimo mientras hablaba. Parecía que no le importara ver el sudor frío en la frente de Dean o como no era capaz de decir una frase seguida, para él tan sólo era un humano más

"¿Y tu para que has venido, para darme la información o para ayudarme? Porque si tan sólo querías decirme que estamos metidos en esto hasta el cuello, ya lo se, ya te puedes marchar otra vez para verlo todo desde tu primera fila del cielo."

Entonces lo vio, Sam se sorprendió de lo rápido que cambió la expresión del ángel, pues ahora, sus ojos decían algo muy distinto, algo que parecía casi una emoción humana, muy cercana a la pena.

"Debería haberos avisado antes, pero creo que os puedo ayudar." Castiel se quedó callado y durante un momento miró a su alrededor, parecía esperar que ocurriera algo, que no sucedió.

"No deberías estar aquí ¿verdad? Se supone que los ángeles no os involucráis en esta cosas, ¿cierto?"

Sam no escuchó la respuesta del ángel pues Dean se removió de nuevo en la cama y dijo casi gritando. "Duele mucho, la pierna, me está… está ardiendo y no lo puedo aguantar, Sam por favor, ayúdame."

"Dean tranquilo, estoy…" Su hermano levantó la mirada hasta encontrarse con los ojos azules de Castiel. "Estoy haciendo todo lo que puedo." El ángel se agachó junto a la cama y contempló la herida. Sam lo miró en silencio, mientras Dean estuviera consciente, no iba a preguntar nada que pudiera asustarle.

Castiel levantó la mano y para sorpresa de Sam su hermano quedó inconsciente otra vez. "¿Qué has hecho?"

"Evitarle el sufrimiento, porque esto se va a poner peor. Necesitamos a Mercal él es único que puede ayudarle, pero para eso, te pedirá algo a cambio no es alguien que haga las cosas gratis."

"Da igual, que pida lo que quiera; si puede ayudar a Dean, por mi vale." Incluso en sueños, Dean se quejó con fuerza. "Tranquilo… shhhh." Sam le acarició el cabello y le besó los labios tibios, con la esperanza que Dean lo sintiera cerca.

"Uno de los dos tendrá que unirse a su ejército y después de lo que te ha visto hacer estoy seguro a quien elegirá." Sam intentó matenerse serio, aunque no fue fácil, teniendo en cuenta lo que le estaba diciendo el ángel.

Durante toda su vida, su padre y su hermano habían estado luchando para que él no se convirtiera en una criatura demoníaca, y ahora si quería salvar, tenía que convertirse en seguidor de un ángel que tenía sus propios planes para el mundo.

"No le queda mucho tiempo. Es marca es un veneno muy poderoso que se esparce por su cuerpo, provocando el más intenso de los dolores. No hay remedios, ni curaciones que yo pueda hacer, porque sólo el que ha provocado esto, lo puede evitar."

"Llámale, convócale, haz lo que sea necesario para que Mercal venga aquí."

"¿"stás seguro?"

Como toda respuesta, Sam besó de nuevo a Dean, ahora estaba seguro que podía hacer algo para salvarle y sin a cambio tenía que sacrificarse él, entonces le precio a pagar merecería la pena.

"¿Alguien me llamaba? Sam que alegría volver a verte, ¿hay algo que pueda hacer por ti?"