Disclaimer: Fullmetal Alchemist no me pertenece. Y ésta es una traducción del fic original escrito en inglés por la talentosa Nike Femme.
Agradezco a Lady Seika Lerki por ayudarme revisando mi traducción.
xXx
Comentario de la Autora:
…As for a few of the more common questions I got on the last chapter, a few answers: the qilin is an actual creature of mythology, found in Chinese, Japanese and Korean lore. However, the finer points of the relationship between a ruler and qilin were the product of an overactive imagination. I've been told by a couple of people that a similar concept is used in an anime series called Twelve Kingdoms in case anyone's interested. Within the context of Full Circle though, the reference is more symbolic of who and what Ed is to Roy and to Amestris, so don't worry, I don't think Ed's going to turn into a unicorn-like creature any time soon. He has his hands full enough with who he is right now!
…En cuanto a algunas de las preguntas más comunes que recibí del capítulo anterior, algunas respuestas: el qilin es una criatura real de la mitología, encontrado en las tradiciones chinas, japonesas y coreanas. Sin embargo, los rasgos más finos en la relación entre gobernante y qilin fueron el producto de una hiperactiva imaginación. Algunos me han dicho que un concepto similar es utilizado en un anime llamado Twelve Kingdoms en caso alguien esté interesado. Dentro del contexto de Full Circle, sin embargo, la referencia es más simbólica de quién y qué es Ed para Roy y para Amestris, así que no se preocupen, no creo que Ed se vaya a convertir en una criatura parecida a un unicornio en un futuro cercano. ¡Él ya tiene las manos llenas con lo que es en este momento! Nike Femme
Full Circle
(Círculo Completo)
Capítulo 34: Palabras y Acciones
Maes Hughes pensó que iba a llorar. No, retira eso, él sabía que iba a llorar. Esto era simplemente tan…tan…hermoso. No tan hermoso como Alicia, por supuesto, pero aún así…realmente muy bonito. Hinchó su pecho y levantó los anteojos firmemente en su nariz mientras miraba a su alrededor con orgullo.
Todos los edificios dañados habían sido restaurados eficientemente por los equipos de reconstrucción bajo las órdenes de un tal Mayor Alphonse Elric, trabajando día y noche para asegurar que el área esté en buen estado y a tiempo para la investidura, las fachadas de piedra blanca, lisas e inmaculadas bajo el sol de la tarde. Él no se había perdido las miradas impresionadas de los dignatarios foráneos – después de todo, él sí tenía sus raíces en Inteligencia – el cual era exactamente el efecto al que había estado apuntando: Amestris no iba a ser considerado una nimiedad, el Estado todavía se encontraba fuerte a pesar del reciente conflicto sangriento e iba a reconstruirse con sus propias cenizas de ser necesario; cualquier intento de querer tomar ventaja de la actual debilidad del Estado iba a fallar. Al igual que Roy, él entendía el poder de las apariencias. Con excepción de que éste lo había aplicado a una escala mucho más amplia que su viejo amigo, lo cual sólo era lo correcto y apropiado después de todo: la tarea de Roy era la de mantener su imagen a los ojos del pueblo – y en ello el hombre había hecho un trabajo excepcional – mientras que la de Maes era la de mantener la imagen del Estado. Un ojo aprobador barrió a los hombres concentrados en perfecta posición de 'firmes' ante él. Las resplandecientes medallas que pendían perfectamente derechas en los oscuros uniformes formales guiñaban brillantes a la luz del sol al tiempo que los que las portaban respiraban en armonía, ni un músculo se movía de otra forma mientras permanecían alineados ante el masivo tramo de escaleras que se elevaban hasta encontrarse con las curvadas columnas del Gran Salón donde se iba a llevar a cabo la investidura.
La culminación de todos sus esfuerzos desde Ishbal. Todo iba a cambiar a partir de hoy. Era imponente. Era hermoso. Era perfecto. Era…
"…estrafalario" gruñó el rubio a la altura de su hombro mientras se movía incómodo dentro de su uniforme, recorriendo un dedo alrededor del cuello alto en un vano intento por aflojarlo. La rigidez del material le estaba dando comezón. "Qué es lo que pasa con ustedes militares y toda esta…esta…." Una mano de guante blanco ondeó irritada hacia el escenario frente a ellos como si las palabras le faltaran al Teniente Coronel.
"¿Hmm?"
"Pompa y Solemnidad," logró decir finalmente Ed, haciendo que las capitalizadas palabras sonasen como si estuviera maldiciendo. "¿Por qué no una ceremonia más pequeña? ¿Algo digno? Sólo algunos dignatarios importantes…." El Alquimista de Acero pareció estar mirando con odio al embajador de Xing quien se encontraba no muy lejos junto con los otros embajadores, y el pelinegro sonrió ampliamente y le saludó discretamente con la mano. Los ojos de Ed se entrecerraron aún más, y las cejas de Maes se elevaron cuando Su Excelencia Ling Yao le lanzó un beso volado al rubio, el Brigadier hizo una nota mental de hacerse de la historia más adelante. "O mejor no. Tal vez vez una ceremonia privada en el Ayuntamiento para que así todos regresemos a trabajar un poco más rápido. Y definitivamente ningún embajador presente."
Maes rió discretamente. "Ten cuidado Ed, suenas como si estuvieras hablando de una boda. ¿Roy y tú llegaron a alguna clase de entendimiento luego de la cena que yo debería de saber? ¿Debería de empezar a convocar a una conferencia de prensa? Tú sabes que siempre es mejor coger al toro por las astas cuando se trata de manejar a la prensa. Oh, y tienen que darme el nombre de un buen joyero…aunque si fuera tú, dejaría que Roy se encargase de ello, él tiene un gusto exquisito en esa clase de asuntos…."
La mirada fulminante que recibió no tenía precio. Oh, ¡dónde había una cámara cuando necesitabas una! "¿Por qué mi vida privada de pronto se volvió el tema favorito de conversación?"
"No es privada si está en la portada de cada diario de mayor circulación," señaló Maes de manera engreída. "Fotografía recogida del Central Times, por cierto, ellos siempre consiguen tu mejor ángulo, y Roy luce tan serio mientras te toma la mano. Y a tu pregunta…si tuviera que arriesgarme por adivinar una respuesta, diría que sería porque los dos solteros más codiciados han decidido finalmente ponerse serios – el uno con el otro. ¡Ah, el sonido de todos los corazones hechos pedazos por todo Amestris!" Estampó sus manos dramáticamente sobre su corazón, echándole un vistazo a Ed por el rabillo del ojo para asegurarse de que alquimista no esté a punto de volar algo por los aires.
Aún ningún sonido. La postura rígida, pero las manos no se movían para juntarse. Claro, el hecho de que una de ellas estuviera ocupada sujetando la enorme copia encuadernada en cuero de la Constitución podría tener algo con eso. Aunque había un definido tic bajo el ojo izquierdo. "Um, Ed…."
"No. Digas. Nada. Más."
El General de Brigada Maes Hughes retornó a su inspección, mordiéndose la parte interior de su mejilla para que una sonrisa estúpida no se extienda por su boca. A la distancia, doblando la esquina, ya podían divisar el vehículo oficial que traía a Roy Mustang – y estaría aquí en más o menos un minuto – y aún si no hubieran tenido una buena vista desde su posición privilegiada, el clamor de aprobación y júbilo proveniente de la multitud les habrían hecho saber de su arribo. Por seguridad, Ed había insistido que la ruta del desfile sería más corta de lo usual, y Roy había consentido con sorprendente buena disposición. ¿Acaso su pequeño sermón en su sala sobre sus respectivas responsabilidades había surtido algún efecto después de todo? Volvió a mirar con disimulo al alquimista, quien parecía estar un poco relajado al tiempo que sus ojos dorados seguían el insoportablemente lento andar del vehículo dirigiéndose hacia ellos, vacilante, volvió a hablar, el tono de burla había desaparecido de su voz. "Roy te ama, sabes – de otra forma él no estuviera tan deseoso de exponerse en público como lo hizo. Él siempre ha sido un maestro dominando la prensa…ellos ven lo que él quiere que vean. Pero ésta es su vida privada – y también la tuya, así que para que él haya hecho eso dice mucho sobre lo que siente – es su manera de demostrarlo en vez de decirlo. Roy nunca es bueno diciendo las cosas…um…en la forma más directa."
Un sardónico resoplido.
Maes hizo un puchero. "Bueno, tú también eres un Alquimista Estatal, ¡tú no deberías hablar!" Eso le ganó un gruñido – cómo Ed era capaz de comunicarse sin tener que realmente verbalizar, Maes nunca lo comprendería – y suspiró. "Mira, no estoy tratando de interferir ni nada de eso, pero Roy es mi amigo más cercano, y tú sabes que siempre me he sentido, um, paternal contigo y con Al…él estuvo muy mal cuando te fuiste…pienso que…, lo que trato de decir es que yo sólo quiero que ustedes dos sean felices…oh cielos…." Maes dejó de hablar. El vehículo de Roy paró al pie de las escaleras y una gran ovación saludó al Fuhrer-electo mientras éste bajaba del vehículo y saludaba graciosamente a la multitud, antes de lentamente poner su pie en el primer peldaño y empezar el lento ascenso. Los flashes se disparaban a la derecha e izquierda mientras la guardia de honor que alineaba la ruta de Roy se ponía en atención con un fuerte golpe de botas y el brusco palmazo de manos enguantadas sobre rifles. El Brigadier se enderezó, levantando su mentón con orgullo mientras observaba a su viejo amigo avanzar hacia ellos.
Pero saltó en cuanto el ronco barítono de Ed habló suavemente tras de él. "Lo sé. Y lo somos. Y yo también lo amo. No te preocupes por nosotros, Maes." El Alquimista de Acero se paró más seguro en el súbito viento que sacudió sus mechones e hizo que las banderas y estandartes a su alrededor flamearan con fuerza, su cabello brillando a la luz del sol. Lucía algo así como una especie de ángel, pensó Maes aturdido, no del tipo de suave querubín rosa que era Alicia, indudablemente, pero tal vez uno de esos con espadas y flamas – ¿qué eran?, ¿serafines? ¿Arcángeles? Algo por el estilo. Y luego toda noción de comportamiento angelical se disipó cuando el rubio se volteó hacia él con un destello malicioso en sus ojos. "Aunque…si Roy está viniendo hacia mí, ¿eso no lo convierte en la novia? ¿Y eso significa que tengo una larga luna de miel a solas con él después de todo esto? Porque ya se aproximan mis vacaciones…."
Maes resopló al tiempo que Roy llegaba y se paraba frente a ellos, dándoles a su mejor amigo y a su amante una mirada curiosa. Ed lo miró inocentemente por un momento antes de que sus ojos revolotearan hacia un punto por encima del hombro de Roy mientras Maes levantaba un tembloroso brazo para hacer un saludo militar, sus labios presionados fuertemente para contenerse de estallar en un ataque de risa. Un extremo de la boca de Roy se movió nervioso mientras regresaba el saludo. "Brigadier. Coronel."
"¿Señor?"
"¿Tienen algo gracioso que deseen compartir conmigo?"
"No señor. Por aquí." Gesticuló Maes elocuentemente. De pronto Ed ladeó su cabeza en una forma nada militar y Maes suspiró para sus adentros. ¡Hasta este momento les había ido tan bien haciendo que Ed cooperara con el protocolo militar!
"¡Hey, Coronel bastardo!"
Una momentánea mirada de sorpresa ante la súbita…íntima…forma de dirigirse hacia él. "¿Sí, Acero?"
"Agáchate." Y luego Ed estaba empujando la cabeza de Roy hacia abajo y hacia un lado con una mano, su cuerpo girando grácilmente mientras que su otro brazo se estiró hacia atrás, luego hacia delante y arriba, en un arco impecable… y arrojó la pesada copia de la Constitución a un fotógrafo, quien de pronto había sobrepasado a empujones la alineación de la prensa. El ornamento de la hebilla del libro se mantuvo cerrado mientras volaba por los aires como un disco rectangular, golpeando al hombre por la espalda. La cámara que había estado llevando salió volando de sus manos y se hizo trizas en los peldaños entre gritos de conmoción y horror, al romperse la cubierta para revelar un mecanismo oculto de revólver en su interior, y prontamente siguió una reyerta en cuanto la guardia de honor rompió filas y se abalanzó sobre el desventurado supuesto asesino.
Mientras Roy se enderezaba, tirando de su arrugada chaqueta y tratando de ordenar discretamente su cabello, pudo captar a un encantado Ling Yao vociferando palabras a un disgustado Alquimista de Acero mientras apuntaba un dedo en dirección al tumulto cerca de las escaleras. Algo sobre castigar el mal…lealtad…rey…¿y qué diablos era un qilin?
"Créeme, no querrás saberlo," musitó Ed, y Roy se dio cuenta que debió haber dicho eso último en voz alta.
Maes se encontraba recorriendo sus dedos por su cabello. "No puedo creer que esto esté sucediendo. Todo estaba transcurriendo tan…tan…perfec…."
"¿Puedes por favor dejar de decir eso?" Refunfuñó Ed. "Además, siempre hay un lunático en esta clase de espectáculos públicos que, o quiere tratar de matar a alguien o quiere hacer alguna sentimentalona declaración de sus afectos en frente de miles de personas. Lo cual es la razón por la que esa ceremonia privada de la que estuve hablando hubiera sido mucho mejor. Recuérdame que te cuente de la vez en que Alp y yo tuvimos que hacernos cargo de una idiota que decidió que una coronación sería el momento perfecto para proclamar su amor eterno hacia un príncipe de un estúpido reino…completamente desnuda."
Roy parecía como si estuviera considerando los méritos de que ese evento ocurriera, pero quitó rápidamente eso de su rostro con excepción de una leve sonrisa maligna al momento que Ed le lanzó una mirada asesina. Durante el incómodo silencio que siguió, uno de los soldados corrió vacilante con el libro que Ed había lanzado, y el alquimista lo aceptó distraídamente, quitándole cuidadosamente el polvo con la pierna de sus pantalones. Había una pequeña rasgadura en el suave cuero de su tapa, pero aparte de eso parecía intacto.
"¿Qué pasó con el muchacho que no podía tratar a los libros con suficiente respeto?" Dijo Maes en un suspiro.
Ed se encogió de hombros como para elaborar indiferencia. "Creció y se dio cuenta que habían otras cosas que también importaban. Además, éste no es un texto de alquimia – al menos esos son más útiles. Y perdóname por tratar de salvar la vida de nuestro Fuhrer, pero no podía alcanzar ninguna de mis armas mientras cargaba esta cosa, ¿cierto? Ahora ¿podríamos por favor continuar con esto? Algunos tenemos que llegar a nuestras ubicaciones, sabes."
"Por supuesto," dijo Roy con una sospechosa calma para un hombre que acababa de escapar de que le disparen por la espalda. Una vez más. "Sólo una cosa, Acero."
Ed rodó sus ojos. "¿Sí?"
"Dada tu manchada historia cuando se trata de seguir las reglas…no puedo creer que acabaras de lanzarle un libro a alguien."
"Cierra el pico, bastardo."
Pues sí, este día definitivamente estaba deteriorándose cada vez más rápido, en opinión del Alquimista de Acero.
"No puedo creer que vengas a mí con esto," musitó Ed, sobándose la frente cansadamente. Su cabello era una maraña de rubios mechones enredados que eran claramente el producto de haber recorrido agitados dedos por él demasiadas veces. "Te das cuenta que soy menor que tú por más de diez años. ¿Correcto?"
"Sí."
"Y que quedé huérfano a una temprana edad, que llevé a cabo una transmutación humana, que pasé la mayor parte de mi juventud corriendo de un lado a otro buscando una forma de reversar sus efectos, que nunca tuve tiempo de adentrarme en los misterios de las normas sociales y refinamientos."
"Sí."
"Y que no tengo ninguna experiencia con el feliz estado en el que esperas entrar finalmente, ni de atender obligaciones familiares. Eso es asunto de Al."
"Sí."
"Y que en estos momentos me encuentro envuelto en una relación que es improbable que llegue a ese feliz estado, a pesar de la abundancia de compromiso."
"Sí."
"¿Y que jamás, ni en el sueño más descabellado de nadie, he sido proclamado como el epítome de gracia, tacto y sutileza?"
"Sí."
Ed suspiró con exagerada paciencia. "Entonces déjame decirlo sin rodeos: repíteme ¿por qué me vienes a pedir consejo sobre cómo proceder con tu vida amorosa?"
Jean Havoc arrastró los pies incómodamente, deseando que se abra el piso y se lo trague. "Bueno…tú eres mi comandante en jefe…y confío en ti…y nos conocemos de años…y tú fuiste realmente quien nos unió…y no quiero pedirle consejos a Hughes, él es demasiado efusivo…¡y no le puedo preguntar al Fuhrer!" Miró fijamente el extremo del escritorio, no queriendo encontrarse con la incrédula mirada aleonada. En su momento había parecido una buena idea, el ir donde Ed con todas sus preocupaciones sobre la forma en que Riza se estaba comportando desde que sus padres habían llegado para la ceremonia de investidura, dado que Auric de alguna forma había sido un oído comprensivo y sorpresivamente servicial en el pasado, pero Havoc se acababa de dar cuenta de el sarcasmo y la fría y vigilante compostura de Auric, y la temible agudeza de mente de Ed y su voluble temperamento, era absolutamente tan aterrorizante como el Fuhrer en uno de sus momentos más ácidos.
"Roy no va a dejar de ser tu amigo por el hecho que ahora es Fuhrer, Jean," razonó Ed tan calmadamente como le dejaba su latiente jaqueca. Todo lo que él quería en estos momentos era terminar con los protocolos de la seguridad para esta noche, con suerte a tiempo para tomar una rápida siestecita en el Cuartel de Oficiales antes del baile de investidura. Su traje de gala colgada detrás de la puerta de su oficina en un porta-traje de lona que Maes le había dejado temprano muy alegremente. Al menos no tenía que preocuparse con que el uniforme no le quedara – el hombre era demasiado perfeccionista para permitir que eso pasara. "Y él está mucho más familiarizado con los ires y venires de la sociedad educada – incluso ha conocido antes a los padres de Hawkeye, él sabrá cómo persuadirlos. No olvides que estamos hablando de Roy Mustang, Maestro de la Manipulación."
"No es eso," se burló el larguirucho Capitán. Sus dedos se doblaron esperanzados hacia la abollada cajetilla de cigarros en su bolsillo, pero el ceño fruncido del menudo rubio ante cuyo escritorio se encontraba parado lo hizo desechar de esa idea inmediatamente. "Él va a…él…él…."
"…tiene mucha más experiencia en esos asuntos que yo," dijo Ed firmemente, como si eso pusiera punto final. Su subordinado se movió nerviosamente de manera miserable.
"¡Él es el hombre que se robó cada novia que tuve! ¡Y se rió de ello!"
Ed rodó sus ojos. "¿Tuviste más de una cita con alguna de esas mujeres, Jean? ¿Y él las atrajo hacia él o ellas simplemente te dejaron por él?"
"No, pero…oh, vamos, Jefe, ¡tenga corazón! Tú me entiendes, ¿no es cierto? Riza ha estado…distante, desde que anoche recogimos de la estación al anciano Barón. Ella ni siquiera me mira, como si estuviera avergonzada de sí misma…de nosotros…" y dejó de hablar, sus piernas se empezaron a tambalear. "Oh Dios, ella…ella se avergüenza de mí. Ella es noble y yo no soy nad…."
"¡Siéntate!" vino la orden en un grito, y Havoc se sentó, o se cayó, casi, en la silla que Ed le lanzó. "Y si usted va a hacerme perder el tiempo con todo esto, Capitán, al menos tenga la decencia de mirarme." Havoc levantó mudo la mirada y vio los ojos dorados que trataban de ser al mismo tiempo irritados y compasivos. El Alquimista de Acero se sentó inclinándose hacia delante en su asiento, apuntando su dedo índice a su nominal subordinado. "Escucha muy atentamente, porque sólo voy a decir esto una vez más. Hawkeye. Te. Escogió. Porque ella ve algo en ti. Porque tú ves algo en ella. Porque al estar el uno junto al otro, hacen de cada uno una mejor persona. Tú sólo tienes que estar ahí para ella y mostrar un poco de fe en su habilidad de tomar sus propias decisiones. Y francamente Jean, la única persona que puede hacerte sentir que no eres nada eres tú mismo. ¿Alguna vez se te ocurrió que ella pudiera estar captando esa ambivalencia acerca de conocer a sus padres?"
"Es fácil para ti decirlo," musitó Havoc, aunque se sentía un poco mejor. El Jefe irradiaba convicción, y cualquiera que estuviera de receptor de uno de los forzados discursos violentos de Ed sabía que era inútil resistirse al rubio cuando tenía su mandíbula así de apretada. ¿Realmente éste era el pequeño muchacho arrogante que había subido los peldaños de Central años atrás? En ese entonces había pensado que el muchacho era sólo otro peón en los juegos de Mustang, un pequeño juguete para ser mostrado, pero había aprendido rápidamente quién era Edward Elric – todos lo habían hecho. Y luego el adolescente había desaparecido – y había regresado a ellos como un hombre.
"Lo es," afirmó Ed irritado, haciendo sobresalir su mandíbula de una forma que confirmaba las reflexiones de Havoc. "Pero es pesado tener que repetirlo una y otra vez – yo no soy tan paciente como Auric. Así que si vienes a mí mirando a las musarañas como una vaca enamorada una vez más, te voy a transmutar de adentro hacia afuera la próxima semana. ¿Estamos claros? Ahora levanta ese lomo, ponte tu traje de gala y ve a ganarte a tu chica. Pero usted va a acordarse de enviar su trasero al pabellón de la ceremonia de investidura y supervisará el último recorrido de la seguridad, ¿no es cierto, Capitán?" y con esto, Ed había pasado de amigo de vuelta a oficial superior. Havoc saltó al tiempo que el joven Teniente Coronel retornaba abruptamente a su papeleo, murmurando algo para sus adentros sobre gente mayor idiota que necesitaba que se choquen sus cabezas, y de que no tenía tiempo para esto en estos momentos, y de que pensaba que el Coronel bastardo había encontrado alguna manera de asegurarse que Havoc ni pensara en acercarse a él con esos problemas sin importancia, que se había hecho Fuhrer sólo para escaparse de esta clase de….
"Bueno, técnicamente tú lo hiciste Fuhrer, Jefe," ofreció Havoc incautamente, arrepintiéndose de inmediato cuando Ed levantó la vista y la fijó en él con una mirada siniestra. "Tú sabes, con lo del juramento y todo eso." Demonios, el Jefe estaba empezando a ponerse rojo. "Por cierto, excelente ceremonia, te veías realmente bien en tu uniforme – um, no le digas eso a Roy – y eso del libro, buena puntería…."
Hizo una mueca horrible cuando un palmazo hizo eco en la oficina de Ed, abrió un ojo y suspiró aliviado cuando se dio cuenta que el sonido había venido de Ed lanzando su palma abierta sobre la mesa. "Fuera." El destello salvaje en los ojos de Ed prometía que la próxima vez que el sonido volviera a escucharse, iba a involucrar un impresionante juego de alquimia sobre la persona de Havoc.
"¡Sí, señor! ¡Voy, señor!" y Havoc huyó antes de que el rubio alquimista finalmente juntara sus manos y decidiera transmutarlo en un nabo o algo igual de horrible. El padre de Riza no estaría impresionado de que su hija fuera cortejada por un rústico…literalmente hablando.
Oh, por el amor de Flamel (1)…¿alguna vez podrá salir de esta oficina y llegar al maldito baile? No que disfrute de esa clase de cosas, pero Roy iba a estar allí y tenía que pasar algún tiempo con el hombre, aparte de sus breves interacciones en condiciones puramente oficiales. Ed gruñó ante la ironía de todo esto – había pasado semanas huyendo de Roy, y justo cuando había resuelto finalmente las cosas, ¡el universo parecía estar conspirando con mantenerlos separados!
"Vamos, Ed. ¿Azul o rosa? El azul va bien con el uniforme de Al, pero a mí me gusta el rosa…" dijo Winry Rockbell Elric mientras mantenía en alto dos vestidos que parecían completamente idénticos a los ojos de Ed. Ambos eran largos, con mangas ondeantes y drapeadas, entallados y de colores pastel. Pastel. Consideró brevemente decir que era daltónico.
"Winry. ¿En dónde estamos en estos momentos?" Ed bajó su bolígrafo muy, pero muy despacio, porque si no lo hacía, probablemente iba a lanzárselo a su amiga de la infancia, y eso acabaría en objetos metálicos voladores, moretones, y tumulto general, y él pensaba que un ojo morado no iría para nada bien con el uniforme de gala.
Su invitada que había entrado sin anunciarse lo miró fijamente. "Tu oficina, obvio. ¡Ya deja de hacerte el gracioso y respóndeme!"
"Exacto. Mi oficina. ¿Por qué estás aquí?" Imploró cansadamente Ed mientras se sobaba las sienes. ¿Acaso tenía un cartel en la puerta que decía 'Edward Elric: Terapeuta, Consultor y Solucionador de Problemas de Toda Índole'? Ésa era la única explicación viable del por qué todo el mundo parecía pensar que él era la persona indicada a la cual acudir con sus problemas. Fury temprano en la mañana, Havoc, un par de jóvenes Tenientes quienes habían querido consejo sobre cómo comportarse en el baile – y por qué diablos pensaron que dentro de todas las personas Ed lo sabría estaba más allá de su propio entendimiento – y ahora su cuñada. Si esto era lo que pasaba al convertirte en Coronel, Roy podía quedarse con sus malditas promociones, punto final. Se preguntó brevemente si Mustang había tenido que darse abasto con situaciones similares anteriormente, y un extremo de su boca se arqueó hacia arriba cuando se dio cuenta que Roy había tenido la adicional complicación de lidiar con cierto mal carácter de un Alquimista Estatal, el más joven de la historia.
Ah, los viejos buenos tiempos. Cuando todo en lo que tenía que preocuparse era de restaurar el cuerpo de Al. Sin pequeñas riñas, sin necios subordinados enamorados, sin molestos periodistas…si le llegaba otra solicitud solicitando una declaración pública sobre su relación con el Alquimista de Fuego, iba a gritar. Ésa era la razón por la cual su teléfono estaba descolgado en estos momentos.
"¡Porque necesito ayuda con mi vestido! ¿Cuál debería ponerme?" Los ruegos de Winry penetraron en sus reflexiones y suspiró, esforzándose por permanecer calmado. Después de todo le había otorgado unos minutos a Jean Havoc, se supone que ella se merecía lo mismo.
"Winry, ¿Por qué me preguntas a mí sobre tu vestido y por qué no le estás preguntando a Al en primer término dado que él fue el idiota…digo, suertudo que se casó contigo? ¿Por qué me estás retrasando de llegar a un baile que va a llevarse a cabo en," Ed sacó su reloj de bolsillo, "menos de una hora, y para el cual todavía no estoy listo?"
"Porque se supone que será una sorpresa, tonto," resopló Winry. "Sabes que me voy a encontrar con Al en la puerta ya que él ya se encuentra aquí. Y además, si de verdad estás…um…con el General Mustang – lo cual por cierto todavía no entiendo por qué no me contaste antes – seguramente algo de su buen gusto se te debe de haber pegado." Ella se ruborizó ante la mirada de mezclado horror e incredulidad de Ed. "¡Qué! Él sí tiene buen ojo para esta clase de cosas. Pero," y le echó un vistazo a la desabotonada y arrugada chaqueta del uniforme de Ed, a un par de guantes manchados con tinta que sobresalían de uno de sus bolsillos, de las mangas dobladas descuidadamente y al cabello cuyas puntas paradas estaban por todas partes, "si se te ha pegado, de seguro no lo demuestras."
Los ojos dorados se sacudieron para encontrarse con los de ella y ésta se sorbió un respiro ante el penetrante indicio de diversión que brillaba en ellos, la expresión parecía tanto la de un extraño como la de Ed. "Por supuesto que no. Yo me bañé esta mañana donde Roy antes de salir, sabes."
"¡Ick. Ick! ¡Edward Elric, termina con esos pensamientos malpensados ya mismo!" Winry dio un alarido cuando entendió la insinuación. "Puede que Al acepte lo tuyo con el General, y creo que yo también, ¡pero no necesito conocer los detalles! ¡Oh, es obvio que él es una mala influencia para ti!" Ella estaba más que roja, sus ojos se lanzaron nerviosamente hacia los costados mientras ondeaba vigorosamente una mano frente a su rostro como si tratase de borrar la imagen de su mente. "¡Nunca más vas a ser de niñero de Winnie!"
"Tú empezaste." De nuevo ese extraño cambio de extremo a extremo, de adulto a chico petulante, todo en un instante. Ed enterró su rostro en sus manos. Se sentía tan cansado. "Winry, por favor. No quiero estar aquí por más tiempo del que debo estar. Me duele la cabeza. Ha sido un día muy largo. Y me esperan en un baile al cual no quiero asistir vistiendo ropas que no me quiero poner, en donde tendré que hablar con gente con la cual no quiero hablar sólo para poder ver a la única persona que sí quiero ver. No que no quiera verte a ti a Al, por supuesto," añadió rápidamente – tú nunca sabes dónde pueda que Winry esté guardando sus llaves inglesas. Él sabía que sonaba quejoso y desolado, pero ésta era Winry – ella lo había visto en su peor momento – y en estos instantes, francamente…no le importaba. Se sentía asediado, molesto y desconcertado, todo a la vez, y por primera vez en mucho tiempo, deseaba tener una madre a quien acudir. Esto de ser un adulto era difícil, especialmente cuando parte de ti todavía pensaba que tenía dieciséis en vez de veinte. Pero igual, pensó sarcásticamente mientras se fregaba el rostro con la parte baja de sus palmas, ¿alguna vez había sido realmente un niño?
Winry miró a su cuñado sorprendida. Aunque estaba acostumbrada a los ataques melodramáticos de Ed, esto era diferente. Éste era Edward Elric, el chico que se había arrancado su propio brazo para fijar el alma de su hermano, quien se había acoplado al automail a la edad de once años sin emitir ni un sonido a pesar del hecho de que el procedimiento generalmente hacía que los hombres adultos maldijeran y gritaran grandes cantidades de temblorosa agonía, el adolescente que se había sacrificado a sí mismo sin pensarlo dos veces para traer a su hermano de vuelta, el hombre que había, a fin de cuentas, muerto y básicamente se había levantado de su propio polvo y cenizas. Él era una de las personas más fuertes y más estoicas que conocía, incluso si ella siempre encontraba increíblemente frustrante cuando se rehusaba a contarle qué pasaba en esa linda cabeza suya; y verlo admitir que se sentía menos de lo normalmente adecuado era…bueno…aterrador. Se preguntó brevemente por qué no había preferido decirlo frente a Al, antes de darse cuenta de que Ed siempre iba a insistir en ser fuerte delante de Al porque él era el hermano mayor. Winry, por otro lado, era una amiga que lo había visto en sus momentos de mayor debilidad – y sintió un extraño orgullo secreto al saber que había algo que ella podía hacer y Al no. La incómoda barrera que había existido entre ellos empezó a derrumbarse en el momento en que ella extendió su brazo hacia su amigo por primera vez desde su milagroso retorno.
"Ed…habla conmigo. Por favor." A la luz del sol del atardecer entrando a través de la ventana, y a pesar de la elaborada seda y rostro cuidadosamente maquillado, de pronto Winry volvió a parecer de catorce años, como su antigua compañera de juegos y amiga, sus ojos azules se suavizaron mientras puso cuidadosamente los vestidos a un lado sobre una silla cercana y buscó sus manos, caminando alrededor del escritorio y tomándolas en las suyas mientras se arrodillaba frente a su silla. "¿Qué es lo que realmente te está preocupando? ¿Peleaste con Roy? ¿O Al?"
Ed presionó sus labios, y por un instante Winry pensó que iba a retirar bruscamente sus manos y a gritarle. Pero entonces él pareció encogerse un poco mientras negaba con su cabeza. Ella levantó su mano tentativamente y alisó su mechón que siempre se le paraba mientras pensaba qué otra cosa podría estar preocupando a su amigo. "Si no te sientes bien, Ed, estoy segura de que Roy entenderá si no asistes, o si te retiras temprano. Puedes usar mi habitación en el hotel, eso va a ser mejor que dormir en el Cuartel de Oficiales."
"No, yo no puedo hacer eso – prometí que iba a estar allí," fue la silenciosa respuesta. "Estoy bien, Winry…es sólo que…todo parece estar moviéndose tan rápido, sabes. Hay tanto por hacer…y yo trato de estar metido en todo, pero a veces es tan encabronadamente difícil," y por primera vez la rubia no dijo nada sobre su lenguaje, sólo asintió prudente y continuó escuchando. "Es gracioso, yo puedo lidiar con…con la muerte, la guerra y el dolor, pero son las pequeñas cosas las que te desgastan, ¿sabes? Toda esa gente viniendo a mí con sus pequeños problemas, el constante acoso de la prensa – ¿cómo demonios hace Roy para manejar todo eso? Y éste es sólo un día, y ya me siento cansado…y lo único que quiero hacer es acurrucarme y descansar en los brazos de Roy y no ser el que siempre cuida de las cosas, siempre alerta, siempre el fuerte al que la gente acude por ayuda…pero no puedo hacer eso, él no necesita una cosa más por la que preocuparse." Hizo un sonido de descontento apenas perceptible y arrugó su nariz. "Esto es estúpido. Yo soy el Alquimista de Acero, y aquí estoy quejándome como un niñito."
"Todos lo hacen de cuando en cuando. Y yo pienso que probablemente él se preocupa por ti a pesar de todo, Ed," señaló Winry pragmáticamente. "Así que podrías sacar ventaja de ello y apoyarte en él."
"No quiero parecer débil frente a él, Winry," Ed se encogió de hombros. "Olvídalo, sólo estoy siendo estúpido. Es que…anoche fue la primera vez que pudimos estar juntos desde mi…um…retorno. Y luego hemos estado tan ocupados todo el día de hoy, e incluso cuando estamos en la misma habitación, él es tan cuidadoso y adecuado y de alguna forma distante, y sé que tenemos que estarlo por el bien del decoro, pero…." Suspiró, su ceja oscureciéndose. "Yo sé que le dije que se deje de insinuaciones descaradas, pero una pequeña reafirmación en público tampoco sería malo, y eso mantendría bien lejos a algunos de esos insinuadores." Un tono avergonzado cruzó su rostro mientras sacudía su cabeza desesperadamente. "Mierda, ahora sueno como una chica."
Winry entrecerró sus ojos, lo pensó por medio segundo, luego dejó las manos de Ed, retrocedió un pequeño puño y lo golpeó en el brazo. Con fuerza.
"¿Por qué diablos hiciste eso?" gruñó Ed mientras se sacudía alejándose de ella. "Por todos los cielos, Winry…."
"No, tú escúchame… imbécil," habló toscamente Winry, y el tono en su voz era agudo como el crepitar de un látigo. En esos momentos se parecía casi como la Maestra Izumi, pensó Ed aturdido. "¿Es eso lo que te preocupa? Para ser un genio, Edward Elric, algunas veces eres increíblemente estúpido. ¿Acaso no es obvio lo que él está haciendo por ti? Tú bien sabes que él es de los que hacen que las acciones hablen por él."
Ed parpadeó. "Winry…." Para alguien que no parecía estar totalmente convencida acerca de la conveniencia de la relación entre Roy y Ed, ella estaba un poquito…bastante del lado de Roy.
"¡Aún no he terminado!" y Ed prontamente volvió a cerrar su boca – tenía el presentimiento que decir algo sólo prolongaría el dolor. Bueno, él había deseado una madre…quizá debió haber sido más específico, pensó, mientras un dedo se meneaba en su línea de visión. "¡Tú eres el que está haciendo un escándalo sobre que tu vida privada está salpicada en los titulares de todos los diarios de aquí a Xing! ¿No crees que él sabe cuánto odias eso? Él está siendo discreto porque piensa que eso es lo que tú quieres de él."
"¡Eso es justo lo que quiero de él!" musitó Ed a la defensiva. Bueno, eso era lo que quería. ¿No es así?
"Claaaaro," Winry arrastró la palabra, logrando levantar una escéptica ceja que habría dado una dura competencia a Mustang. "Ésa es la razón por la que estás sentado aquí en un estado de enfado auto-compasivo y martirizante. Madre mía, Ed, si tú lo amas y él te ama, no hay nada de malo en que todos a su alrededor compartan la dicha. Los diarios arman un escándalo únicamente porque tú haces parecer que sí es importante verlos a los dos juntos – ellos pronto se van a cansar de eso. Tú siempre has sido bueno yendo y consiguiendo lo que quieres, así que si quieres que él te preste atención en público, ¡muéstrale que a ti no te importa nada de eso! Sal de esa silla, vístete y ve al maldito baile, en donde lo vas a dejar anonadado y le harás recordar que tú eres el Alquimista de Acero y el amor que esperó por cuatro años, y que te mereces ser adorado por él y que todos lo vean. Si conozco a nuestro Fuhrer, él sólo está esperando una señal para volverte loco de amor, ¡entonces dásela!" y su ceño mientras hacía el berrinche era afirmativamente Elric, aunque sólo por matrimonio. "¡Hombres! Puede que tengan cerebro, pero cuando se trata de asuntos del corazón, todos ustedes no son más que una sarta de tarados."
Atónitos ojos aureados se encontraron con unos azules encendidos. "Yo…um…." Ed volvió a pasar su mano por su cabello, ante la súbita falta de palabras, y Winry rodó sus ojos.
"¡Deja de hacer eso! Ven, déjame a mí," y sacó un peine de algún lugar de su humanidad, levantándose y poniéndose detrás de él. Ed se puso cautelosamente tenso, pero la dejó desatar la cinta que mantenía su cabello hacia atrás. Pudo escuchar la melancólica sonrisa en la voz de Winry mientras desenredaba los nudos de su melena, el cuidado con el que trabajaba era un bálsamo relajante para su cansada alma. Ambos siempre habían expresado su afecto por el otro con obras más que con palabras, desde los juguetes de cumpleaños que él y Al habían transmutado para ella cuando niños hasta la obsesiva atención que ella dedicó a sus miembros de automail cuando él los necesitaba. Ella parecía estar perdida en similares evocaciones, porque lo siguiente que dijo fue, "¿Recuerdas cómo acostumbraba trenzarte el cabello la primera vez que te acoplamos el automail?"
"Sí…tú dijiste que no podías soportar ver ese nido de pájaro sobre mi cabeza por más tiempo," fue la suave risa. "Yo me rehusé al principio, diciendo que eran cosas de niñas. Pero luego me acostumbré, y Al decía que le gustaba más el cabello largo, así que nunca llegué a cortármelo. Y luego en cualquier momento que estábamos contigo y la Abuela Pinako, tú me trenzabas el cabello antes de que partiéramos. Yo acostumbraba esperar por tanto tiempo como me fuera posible antes de soltármela, ¿sabes?"
Un pequeño sonido de regocijo. "Eso fue muy dulce. Desafortunadamente, esta vez tendrá que ser una cola de caballo," suspiró con pesar. "aunque se verá muy bien con tu traje de gala," y diestros dedos acostumbrados a escoger de entre los más diminutos y delicados componentes de automail, tomaron rápidamente sus brillantes mechones en un prolijo puñado y lo amarraron. "Listo, por esto vas a ser la envidia de todo hombre – y mujer. Ahora, anda lávate la cara y vístete. Y ya que me has retenido aquí por tanto tiempo, puedes escoltarme al pabellón." Ella se movió para irse, pero Ed la cogió gentilmente del brazo.
"Gracias, Winry. Por siempre estar allí. Por mantener mi cabeza erguida," y la emoción en la voz de Ed hizo que la rubia mujer llorara y lo volviera a golpear furiosamente en el hombro.
"Mira lo que hiciste, idiota, ¡estás haciendo que llore y arruine mi maquillaje!" se dio ligeros y cuidadosos golpecitos en sus ojos con sus dedos. "Ahora vamos, nunca me diste una respuesta. ¿Rosa o Azul?"
Ed gruñó.
Nota de la Traductora:
(1) Flamel: Nicolas o Nicholas Flamel (Pontoise, ca. 1330 – París, ca. 1413) fue un escriba francés; aunque sin duda un personaje histórico, su vida real está extraordinariamente exagerada en las leyendas, que lo reputan como alquimista de suficiente habilidad para ejecutar las dos obras más complejas del arte alquímico: la transmutación de los metales en oro gracias a la elaboración de la piedra filosofal, y la inmortalidad.
Fuente: Wikipedia.
¡Ah! y en algunos fics en inglés que he leído, el símbolo dibujado en la parte de atrás del abrigo de Ed también se llama 'flamel' justamente en honor al mencionado alquimista.
Y ya sólo faltan dos… ahora vayan y lean Returning Echoes que también fue actualizado hoy...
