Blanch: Damas y caballeros, ya estamos de vuelta con un nuevo cap. Debería de escribir la respuesta para los reviews... pero no me da tiempo, así que mañana se los responderé a los que tuvieran cuenta y a los que no... Pues para el siguiente será!

Por cierto... El 24 de este mes es mi cumple, así como dato... n/n. Ya son 15!


Capítulo 33: Akatsuki y el sirviente del mal (2ª parte)

~ ·· ~ ·· ~ ·· ~ ·· ~

–¡Mira, nii-san, es Kusanagi!- exclamó Sasuke señalando emocionado una espada muy parecida a la suya propia, pero mucho más antigua.

Mientras Sasuke recorría el museo como si fuera un niño pequeño, Itachi lo seguía desde algo más atrás acompañado por el guarda, que trataba de hacerles de guía. Los dos hermanos parecían bastante contentos de estar allí, tanto que el mayor hasta se había olvidado que iba vestido de sirvienta.

–¿Por qué el joven te llama "nii-san"?- preguntó el guarda algo confuso.

Itachi se tensó de repente, encarando al guarda algo nervioso.

–¡Ha dicho "nee-san"!- aclaró de inmediato con voz de chica- Es que lo llevo cuidando desde que era muy pequeño, así que me trata como si fuera su hermana mayor, je, je- explicó llevándose una mano a la nuca.

–Ah, comprendo- asintió riendo convencido.

El Uchiha también rió con él, fingiendo a la perfección que era la joven y risueña sirvienta de Sasuke. En cambio, en su interior sólo podía suspirar aliviado porque no hubieran descubierto el pastel.

"Otouto-baka..."- farfulló en su mente con un leve tic en la ceja-. "Casi se descubre todo por tu culpa. ¡Si tengo que actuar de chica por tus caprichos, por lo menos colabora, maldito hijo de... mi madre!"- tenía que tener más cuidado con lo que pensaba.

De repente, Itachi se fijó en la exposición que en ese momento estaba observando su hermano y, como si estuviera hipnotizado, se acercó hacia Sasuke sin dejar de mirar hacia la exposición. El guarda también se acercó a ellos con curiosidad.

Eran las espadas de los Espadachines de la Niebla: Kiba, Kubikiribocho... y, entre otras, Samehada.

–Estás son las armas más famosa de toda la colección de armas: las espadas de los Siete Espadachines de la Niebla, muy reconocidos en las antiguas aldeas ninjas- explicó el guarda, para justo después señalar una indicación que venía bajo cada espada. En ella se mencionaba el nombre de todos los usuarios que habían tenido-. El más famoso espadachín fue conocido como Suigetsu Hozuki, la Bestia de Agua que logró dominar todas las espadas... menos la Espada Tiburón, Samehada- añadió mirando fijamente a la antigua Samehada-. Estas espadas son toda una reliquia.

Los dos hermanos asintieron medio idos, cada uno en sus pensamientos.

–Samehada, ¿qué hace tú aquí...?- se preguntó Itachi en un murmullo, poniendo una mano sobre la vitrina.

–Así que Suigetsu va a ser el amo de los Espadachines de la Niebla...- susurró Sasuke por su parte, sonriendo de medio lado sin creérselo.

–¿Seguimos?- preguntó el guarda amablemente.

Y, tratando de que Itachi no se diera cuenta, pasó un brazo por su cintura y lo acercó hacia él disimuladamente. El Uchiha, tenso, dejó escapar un suspiro. Tarde o temprano tenía que decirle que no era realmente una chica, ¡y cuanto antes, mejor!

.

.

.

Mientras los hermanos Uchiha seguían viendo la exposición, el resto de los Akatsuki acababan de entrar en el museo en busca de la verdad y la exclusiva (según Zetsu claro).

No llegaron muy lejos.

–¡Samehada-chan!- exclamó Kisame llorando de rodillas frente a la vitrina donde se encontraba la espada- ¡¿Qué te han hecho, mi niña?! ¡Estás muy deteriorada!

–¡Mi guadaña!- gritó Hidan muy enfadado, viendo su arma colgada en la pared protegida por un cristal, justo frente a Samehada- ¡Jashin-sama no querría que estuviera en este lugar inmundo!

–Etto...- murmuró Konan viendo el panorama.

Kakuzu negó ante la ineptitud de sus compañeros. Sentía vergüenza ajena al ver como la gente se alejaba de ellos asustados o riendo por lo bajo. ¿Para que los había dejado entrar en ese museo? Habría sido mucho más rentable dejarlos fuera, así no tenía que pagarles la entrada.

–Oye, Itachi-kun se va- hizo notar Orochimaru mientras señalaba a lo lejos.

–Va a ser mejor que nos movamos- dijo el Zetsu oscuro tocando algunos botones de su cámara de vídeo.

–Vámonos, chicos- ordenó Konan imponiendo respeto, caminando entre sus subordinados para seguir a los Uchiha.

Pero nadie esperaba lo que realmente ocurrió.

Cuando Konan y los Akatsuki estaban a punto de llegar a la salida, Hidan y Kisame parecieron reaccionar de repente, como si le hubieran sacado de una burbuja. Y no tuvieron la mejor reacción del mundo.

Soltando un grito de guerra, los dos se lanzaron en un impulso contra la vitrina de su arma a la vez y le dieron tal puñetazo que los miles cristales salieron volando en todas direcciones, hiriéndolos y llamando la atención de todos por el estruendo. Rápidamente, ambos cogieron su arma con la mano ensangrentada y empezaron a correr hacia la salida.

–¡¿Qué hacen esos idiotas?!- exclamó Konan viendo como se acercaban corriendo.

–Yo no les conozco...- murmuró Kakuzu mirando hacia otro lado.

–¡VIEJO AVARO!- exclamaron los dos ladrones.

Con una vena palpitante en la frente, el tesorero cayó en la trampa y se giró para encararlos más que enfadado y decidido a cantarles las cuarenta.

Y justo a tiempo para ser derribado por los dos.

–¡Ostión del siglo!- exclamó Zetsu oscuro mientras reía y lo grababa todo.

Hidan y Kisame, apurados, se levantaron corriendo y salieron del museo como alma que lleva el diablo, huyendo de la justicia. Y abandonado a la salida del museo estaba el pobre Kakuzu con los ojos en espiral... y las dos armas sobre él. No había tiempo.

Los guardas se acercaban.

–Oh, oh...- musitó Orochimaru llevándose una mano a la boca.

–¡Retirada estratégica!- dijo Konan agarrando al Sannin y a los hermanos y tirando de ellos hacia fuera a toda prisa.

Adolorido, el tesorero se incorporó sobándose la cabeza.

–Tsk, maldito Jashinista...- refunfuñó.

–¡Estás arrestado, ladrón!

Confuso, Kakuzu no pudo impedir que los guardas lo levantaran y le quitaran las armas de encima. No tardó mucho en sumar dos más dos y llegar a la misma conclusión que todos los demás.

–Un momento, ¡se equivocan de persona!- exclamó empezando a revolverse del agarre- ¡Fueron los otros dos idiotas que se van por allí, yo no tengo culpa! ¡Soy inocente!

–Eso dicen todos.

–¡Pero es cierto, por lo menos esta vez!

–Tiene derecho a permanecer en silencio. Todo lo que diga...

–¡KONAN, SÁCAME DE AQUÍ!- interrumpió el tesorero desesperado.

Y, mientras, la chica lo único que podía hacer era huir lo más lejos posible junto a Hidan, Kisame y el resto de Akatsuki. ¡Y sin mirar hacia atrás!

~ ·· ~ ·· ~ ·· ~ ·· ~

¿Cómo podía ser que hubieran acabado así? ¿En qué vida se habría llegado a imaginar que él, Itachi Uchiha, podría acabar en la mesa exterior de un bar...

–De verdad, creo que ha sido amor a primera vista, Itako. Eres tan hermosa...

... con un guarda a un lado intentando ligar con él sin saber que ni siquiera era un chico...

–¿En serio te gusta? ¡Vaya, Itako-nee, aprovecha! Quién sabe cuando encontrarás a otro hombre tan apuesto como él. ¡Ja, ja!

... y con su hermano al otro lado alentándolo a seguir con el juego mientras se descojonaba?

Decir que estaba abochornado y muy, MUY cabreado se quedaba corto.

–Sasuke...- gruñó el Uchiha por lo bajo dándole una patada por debajo de la mesa.

El azabache menor hizo como si no pasara nada y siguió hablando con el guarda sobre lo "buena chica" y lo trabajadora que era. Eso sólo empeoró el humor de Itachi. En serio, ¿cuándo había una mordaza cerca cuando la necesitaba? O un Naruto salvaje, seguramente acababa consiguiendo un resultado muy parecido.

–Itako-nee, no seas tímida, mujer- rió Sasuke como no había reído en muchos años. Él también sabía actuar, y en esa ocasión no costaba mucho-. Demuéstrale al guarda lo grande que eres.

Itachi se quedó mirándolo con una mirada tan fría que sería capaz de congelar el centro de la Tierra. Un instante después, se giró hacia el joven guarda cambiando el semblante totalmente a uno mucho más amable.

–¿Podrías ir a pagar la cuenta, encanto?- pidió con voz de chica acercándose a su oreja.

–¿Quieres irte tan pronto?- se preguntó el joven confuso.

–Así podremos dejar al joven amo pronto en su casa... y podremos ir a un lugar más íntimo- susurró lo último con una sonrisa pícara.

–Ahora vuelvo- dijo el guarda levantándose rápidamente.

Una vez que el joven desapareció al entrar por el local, Itachi se levantó aún más rápidamente que el guarda y tiró de su hermano para que se levantara y le siguiera lejos, muy lejos de es bar, de ese barrio y, si fuera posible, ¡de ese planeta!

–Vaya prisas, nii-san, ¿o debería de decir "nee-chan"?- seguía riendo, aunque le costara adaptarse al ritmo de su hermanos.

–¡CIERRA EL PICO!- exclamó el mayor muy alterado- ¡Juro que esta es la última vez que me disfrazo de mujer en lo que me queda de vida! ¡NI AUNQUE MI VIDA DEPENDIERA DE ELLO!

–Pero, nii-san...

–¡QUE CIERRES EL PICO!

–No me voy a callar, estoy en mi derecho de...

No replicó nada más ante la mirada homicida que decía que si seguía acabaría con la masacre que empezó.

Con algo de miedo (lo cual nunca admitiría), Sasuke decidió obedecer a regañadientes y dejó que le guiara hacia donde quiera que fuera, el cual parecía ser un centro comercial. Cuando se calmara un poco, ya seguiría con la venganza.

.

.

.

–¡Se nos escapan, joder!- señaló Hidan haciendo el amago de empezar a perseguirles.

Pero, antes de que saliera de sus escondite, varios pares de manos le taparon la boca y lo atrajeron de vuelta.

–¿Se te olvida que estamos en "busca y captura"?- preguntó Kisame en voz baja, quitando la mano de la boca del albino- ¿Cómo se te ocurre intentar salir sin la capucha puesta?

–Iba a ponérmela, retrasado- le dijo el albino colocándose la capucha de mala gana.

–Recordad no llamar más la atención, ¿vale?- ordenó Konan asesinando con la mirada a Hidan y a Kisame-. No quiero más numeritos de persecuciones.

Ambos asintieron hastiados.

Y mientras, Orochimaru y Zetsu claro trataban de acomodarse mejor en el escondite, pasando desapercibido en aquella pelea. El otro Zetsu se había visto obligado a ir a buscar a Kakuzu a la comisaría, acompañado de su siempre fiel cámara para mostrar la prueba de que el castaño era inocente.

–¿Listos para salir?- preguntó mirando a todos.

Los Akatsuki, convencidos, asintieron varias veces y se dispusieron a salir del gran escondite en el que estaban.

Un bidón de basura.

~ ·· ~ ·· ~ ·· ~ ·· ~

Un rato más tarde, MUY lejos del bar en el que habían dejado a cierto guarda...

~ ·· ~ ·· ~ ·· ~ ·· ~

–¿Nos podemos ir ya?- preguntó cierta chica... por enésima vez.

–¡Venga, Hana, no seas así!- rió Saori observando todos los escaparates por los que pasaban.

–Pues dejadme aquí leyendo tranquilamente- se quejó inflando las mejillas infantilmente-. ¡Pero no me llevéis otra vez de compras!

–Por Jashin, qué pesada...- masculló Mitsuki.

Aprovechando el buen día que hacía, Hana, Saori, Ami, Azuki y Mitsuki habían decidido quedar todas para dar una vuelta y divertirse. Lo que sucedía era que Hana tenía un concepto muy diferente de "divertirse" al de "pasarse el día de tiendas".

Contrariada, Hana giró cruzándose de brazos y en ese momento se fijó en Ami.

–Ami, ¿qué estás viendo?- preguntó tratando de cotillear su móvil, en el cuál parecía ver un vídeo.

La chicas pegó el móvil contra su pecho rápidamente, adquiriendo un tono rojizo en la cara.

–N-no estaba viendo nada- respondió tratando de disimular.

–Ya, y yo soy emperatriz- dijo Mitsuki sarcástica-. Vamos, cuéntanos, ¿qué es eso que veías tan concentrada y que no nos quieres enseñar?

–Ya os digo que no veía nada- repitió algo más segura, aunque sin borrar del todo el rojo de su cara.

Saori y Hana se unieron a la Uchiha muertas de curiosidad y se acercaron muchísimo a la Yugakure-no, invadiendo su espacio personal más de la cuenta para intimidarla. Por inercia, Ami se echó hacia atrás tratando de no caerse.

–¿QUÉEEEEE VEÍIIIIAAAAS?- preguntaron las tres a la vez.

–Veía Top Chef.

Ami se volvió un farolillo de feria cuando la voz de la sonriente Azuki respondió. Las otras tres chicas se quedaron confusas al principio, pero luego parecieron comprender y volvieron a dejarle su espacio a la Yugakure.

–T-tiene una explicación...- aseguró Ami antes de que pensaran mal.

–Claro, ¡que estás coladita hasta los huesos de cierto rubio cocinero!- respondió Mitsuki riendo pícaramente.

–¡N-NO ES ESO!

–No puedes pasarte ni un día sin verlo, aunque sea en vídeo. Ni la distancia ni el tiempo separará vuestro amor, ¡no podréis vivir el uno sin el otro!- dijo Saori con cara de estar viendo un culebrón de los que ponen a la hora de la siesta.

–¡Es que no me lo puedo creer!- exclamó Hana sorprendida y molesta, actuando como víctima de aquel asunto- ¡Tú también me mentiste! ¡Dijiste que no te enamorarías nunca y me mentiste! ¡¿Dónde quedó ese feminismo extremo que tanto admiraba?! ¡Tú no eres la Ami que yo conozco!

–No me reproches nada, que estoy segura de que tú ves Boom! todas las tardes- contraatacó Ami enfrentando la mirada de la Iwagakure-no-. ¡Y no me vengas con escusas que todos sabemos que no lo ves precisamente por el presentador!

Azuki, sintiéndose apurada en un ambiente tan tenso como ese, miró hacia todos lados en busca de otro tema de conversación, o al menos algo que las distrajera lo suficiente como para olvidarse.

–¡Mirad allí!- exclamó de repente.

Por inercia, todas miraron hacia el lugar que señalaba la pelirroja.

–Vaya, ¿ese no es el tío Sasuke?- se preguntó Mitsuki confusa, viendo no muy lejos al Uchiha hablando con "alguien"- ¿Qué hará aquí él solo?

–Bueno, muy solo no está, el picarón- sonrió Saori-. ¡Parece que está saliendo con una chica! Y muy guapa, por cierto.

Ami alzó una ceja, algo traumatizada.

–Creo que necesito unas gafas mejores- dijo sin poder dejar de mirar hacia Sasuke y la chica-. Por favor, decidme que la chica no es Itachi.

–Ay, mi madre...- musitó Hana llegando a la misma conclusión.

Todas se miraron de reojo, confusas y traumatizadas. ¿Qué se supone que pasaba?

~ ·· ~ ·· ~ ·· ~ ·· ~

Sentados en un banco del centro comercial, Sasuke e Itako- digo, Itachi... En fin, que ambos estaban tomando unos refrescos para tragar lo que había pasado. O al menos en lo que a Itachi se refiere, ya que Sasuke lo único que tenía que aguantar era los gruñidos de queja que soltaba el mayor de cuando en cuando.

–Itachi, ¿estás más calmado?- preguntó Sasuke como quien no quiere la cosa.

–Hmp...

El menor suspiró algo aliviado. ¡Por fin! Ese era un gran avance, hasta ahora sólo le había respondido con una mirada asesina o ignorándolo completamente... o le hacía alguna pregunta del estilo "¿Cuándo podré quitarme esta cosa?". Al menos, esta vez si había parecido el Uchiha pacífico al que todos estaban acostumbrados.

Con una sonrisa divertida, Sasuke se levantó del asiento.

–Bien, creo que voy a dejar que te quites ese traje de una vez- dijo mirando de reojo a su hermano.

–¡SÍ!- gritó rápidamente el mayor, pero al ver la sorpresa de su hermano se dio cuenta de que había exagerado- Ehm... Bueno, ni modo, tú eres el que pone las venganzas aquí- añadió resignado, como si ahora llevara una carga.

Oh, y Sasuke se encargaría de que la llevara.

–No es gratis el cambio de vestimenta- aseguró mirando de reojo a su hermano.

–Ah... Me lo temía...- se quejó Itachi bajando la cabeza con un aura depresiva a su alrededor.

–Venga, no te pongas así, que seguro que lo próximo no es tan... ¿humillante? Eso creo- lo tranquilizó con una sonrisa de medio lado-. Y, para que no sea tan aburrido, voy a apostar algo que puede que te interese.

Interesado, Itachi alzó un poco la cabeza y encaró a su hermano con una ceja en alto, esperando que se explicase.

–Verás, aunque no sea tan humillante como vestir de sirvienta loli, me vas a decir que no lo quieres hacer. Por eso es que te propongo el trato de que, si lo haces...- sonrió como cuando era pequeño-... te invitaré a todos los dangos que quieras.

–Acepto- dijo inmediatamente con los ojos brillando-. ¿Qué tengo que hacer?

–Una cosa- respondió evasivo.

Itachi siguió insistiendo con la mirada, mientras que Sasuke miraba a un punto indefinido entre la multitud. Sabía que se lo tendría que decir tarde o temprano.

–Voy a volver a necesitar ayuda- dijo Sasuke al aire-. La ayuda de esas cinco que se intentan marchar como si no nos conocieran- añadió casi gritando, esperando que se enteraran.

Las cinco aludidas frenaron en seco en la lejanía, sabiendo que ya no había salida. ¡Las pillaron!

–¡Yo no sé de quienes estáis hablando!- exclamó Mitsuki girándose y señalando acusadoramente a Sasuke- Nosotras no sabemos quienes sois, no podéis meternos en tus planes de travestis.

El resto de las chicas se palmearon la frente.

–No llamas la atención, Danna- dijo Hana con muchísimo sarcasmo-. Para nada.

Itachi, al ver a las chicas, se levantó rápidamente del banco y corrió hacia ellas rápidamente como si hubiese visto una diosa frente a él. Y, tan pronto como las alcanzó, se lanzó a abrazar a Mitsuki como si no la hubiera visto en años.

La chica se tensó totalmente, mientras un aura asesina la rodeaba.

–Tío Itachi, esos son mis pechos- le advirtió con voz amenazante, mientras que el Uchiha mayor enterraba su cara con disimulo.

–Un momento más- murmuró abrazando con más ganas a la azabache.

Pero las chicas no parecían dispuestas a consentirlo. Con un trío de golpes certeros en la cabeza (de Ami, Hana y Mitsuki), el mayor se vio obligado a separarse y a ponerse las manos en la cabeza para protegerse.

–¡Sólo quería comprobar que seguía siendo un hombre!- se escusó Itachi alejándose de todas.

–Pues compruébalo con otra, burro- bufó Mitsuki enfadada.

–Buenas tardes, chicas- saludó Sasuke llegando como si no hubiera pasado nada.

–¡Sasuke, vigila mejor a tu hermano!- se quejó Hana sobándose la mano- La próxima vez que haga algo así, ¡no te aseguro que puedas llegar a tener sobrinos algún día!

–Tampoco es que tenga muchas ganas, pero bueno, no venía por eso- dijo el otro negando-. Venía a pedirle ayuda a Mitsuki con Itachi.

Todas miraron inmediatamente a la Uchiha, que apenas alzaba una ceja preguntándose que quería. Luego se giraron hacia Itachi, que apenas suspiraba hastiado mirando a otro lado.

~ ·· ~ ·· ~ ·· ~ ·· ~

–Mierda, los hemos perdido- dijo Konan guiando a todos los Akatsuki por la multitud de gente del centro comercial.

–¡Es por culpa del puto Kisame!- exclamó Hidan- ¡A quién se le ocurre ir a mear en mitad de una misión tan importante!

–Tenía que ir- se escusó el peliazul.

–No os peleéis- ordenó la líder intentando crear un camino entre la multitud.

–¡Que Jashin-sama te maldiga!

Al escuchar esa maldición, Konan frenó en seco y se giró a asesinar con la mirada a cierto albino. En cambio, él no parecía enfadado o contrariado, sino confuso y admirado.

–No te lo creerás, pero no fui yo quien dijo eso- admitió ladeando la cabeza.

–¡¿Quién va a ser si no, Hidan?!- preguntó ella.

–Jashin-sama es el mejor dios de todos, y nosotros, los miseros mortales, tenemos que...

Cuando esa voz que alagaba a Jashin siguió resonando a pesar de que Hidan tuviera la boca cerrada, Konan se asustó y empezó a mirar a todos lados, buscando el origen de esas plegarias Jashinistas.

–¡Viene de allí!- exclamó Orochimaru señalando hacia un círculo de gente.

Llenos de curiosidad, los Akatsuki se acercaron para cotillear. Tuvieron que empujar a mucha gente antes de llegar a la delantera (ignorando totalmente las quejas de todas las persona), pero eso les sirvió para poder darse el lujo de observar ese espectáculo. La cara de todos era un poema.

–Cre... Creo que ya hemos encontrado a Itachi...- dijo Kisame retrocediendo levemente, aturdido.

–Oh... my... Jashin...- balbuceó Hidan con una sonrisa de felicidad aflorando en su cara.

Itachi y Mitsuki estaban juntos en el centro del círculo. Itachi llevaba un pantalón vaquero y ya no tenía ni el vestido, ni el maquillaje, ni las trenzas... Ni siquiera una camiseta. Mitsuki, por su parte, únicamente llevaba una falda y un sujetador, sin camiseta y ambos con un rosario Jashinista colgando de su cuello, adornados por una sonrisa de superioridad absoluta. Parecían muy seguros de sí mismos, y sobre todo no olvidemos el cartel que había frente a ambos: "Si te convencemos, hazte Jashinista". Justo detrás de de ellos, Sasuke y el resto de chicas trataban de aguantarse la risa sin mucho resultado.

Todas las personas, fueran del sexo que fueran, presentes babeaban ante la exhibición de los Uchiha.

–¡Jashin es el puto dios de la muerte!- exclamaba Itachi riendo un poco desquiciado- ¿Qué hay más cierto es esta vida que la muerte, joder? ¡¿Quién querría vivir para siempre?! ¡Dadle las gracias a Jashin-sama de que traiga la muerte a este mundo! ¡Dadle muertes a Jashin-sama!- exclamó dándose una palmada en el pecho.

–¡Así se habla, tío Itachi!- rió Mitsuki cruzándose de brazos, haciendo que se notaran más los pechos.

–Uoh...- dijeron todos los Akatsuki a la vez, flipando.

–Lo quiero... Lo quiero encima mía y lo quiero ahora- decía Orochimaru babeando.

Aún estando flipando, Kisame golpeó al Sannin en la cabeza y lo dejó K.O. en el suelo. Zetsu aprovechó para sacar la cámara de fotos y aprovechar el espectáculo. Y Hidan...

–¡Esto es la polla!- exclamó rompiéndose la camiseta y corriendo hacia el centro del círculo. Abrazó a Itachi- ¡Te quiero, cabrón!

–Hidan, imbécil, ¿qué cojones haces aquí?- preguntó Mitsuki contenta de verlo, aunque nadie lo diría.

–¡Quiero respirar, carajo!- exclamó Itachi metido en el papel de Jashinista.

Cuando logró sacarse al albino de encima, los tres Jashinistas siguieron tratando de atraer a más gente al mundo de Jashin aunque fuera por el cuerpo, lo cual conseguía que todos los que estaban alrededor babearan por ellos. Konan, al ver aquella escena de complicidad entre el segundo líder de Akatsuki y el fanático religioso de dicha organización, negó levemente con la boca medio abierta de la impresión.

Definitivamente, tenía que buscarse subordinados nuevos.

~ ·· ~ ·· ~ ·· ~ ·· ~

Al atardecer, en una tienda de dangos cercana...

~ ·· ~ ·· ~ ·· ~ ·· ~

–Aish, ¡que bien sientan unos dangos después de un trabajo bien hecho!- exclamó Itachi disfrutando de cada dango que tomaba.

–¡E invita el tío Sasuke!- celebró Mitsuki brindando con un dango.

El resto de los Akatsuki rieron y brindaron con ella, felices... Todos a excepción de Sasuke, que hurgaba en su cartera esperando encontrar algo de dinero.

Después de ese repentino encontronazo en el centro comercial, todos llegaron a la idea de seguir un rato más con la pareja de hermanos, sobretodo cuando Itachi comentó que Sasuke le invitaría a dangos a todo el que quisiera. El Uchiha había llegado a la conclusión de que, después de ese día, su pobre cartera no volvería a ser la misma.

–Bueno, Sasuke, cuéntanos: ¿cuál será tu próxima venganza?- preguntó Ami mirando a Itachi de reojo.

Al darse por aludido, el Uchiha mayor se tensó con un dango en la boca. Y él que se creía que ya había acabado todo y que se habían olvidado de las venganzas.

Sasuke se llevó una mano a la barbilla, pensativo.

–Ya no tenía nada más que proponer- admitió mirando hacia la nada, mas luego se corrigió-. Bueno, miento, sí que tengo una cosa en mente, pero es algo absurdo...

Asustados, Itachi y todos los antiguos Akatsuki miraron a Sasuke expectantes.

–¿El qué?- preguntó Itachi impaciente.

Como si se diera valor, el menor cerró los ojos y sonrió infantilmente. Nadie se esperaba lo que vendría a continuación, ni cual sería la petición de Sasuke ni que Itachi casi llorara de la emoción por esa...

–Quiero que cumplas tu promesa.

.

.

.

~ ·· ~ ·· ~ ·· ~ ·· ~

Esa misma noche...

~ ·· ~ ·· ~ ·· ~ ·· ~

En el jardín de la casa, una escena bastante tierna estaba dando lugar por primera vez en mucho tiempo. Itachi y Sasuke entrenaban codo con codo, luchando contra Naruto y Hidan en una pelea bastante igualada. Imbatibles, ambos corrían a la par, con una sonrisa marca Uchiha en el rostro.

El resto de los Akatsuki observaban aquella lucha sentados en el césped, emocionados y esperando a que Kisame terminara de preparar la cena.

–Al final todo ha salido bien- dijo Konan feliz.

–Y yo que pensaba que no volvería a ver a Itachi...- suspiró Sora- Conociendo las venganzas de Sasuke, me esperaba de todo.

–¡Tengo que enviarle a Deidara el vídeo del día!- dijo Zetsu claro girándose a coger su cámara, pero no la vio- ¿Eh? ¿Dónde se ha metido la cámara?- preguntó mirando a todos lados.

–Oye, ¿no nos hemos olvidado de algo?- preguntó Orochimaru con una leve inquietud.

–Sí...

Un estremecimiento recorrió la espalda de todos los que estaban sentados a excepción de Sora. Ella, al contrario de los demás, se giró con algo de curiosidad.

–Os olvidabais de mí...- gruñó cierto castaño con un aura asesina a su alrededor.

–¡Vaya, Kakuzu, Zetsu!- dijo la pelinaranja a modo de saludo- ¿Dónde estabais? La cena ya casi está lista.

Konan se giró también a mirar a Kakuzu con una sonrisa nerviosa. El tesorero parecía en bastante mal estado, y Zetsu a su lado no estaba en mejores condiciones.

–Kakuzu... Juro que tenía la intención de ir a buscarte- se escusó la peliazul con una mano en la nuca.

–¡Y un cuerno!- exclamó.

.

.

.

Continuará...


Extra XXVIII

Volviendo a España

~ ·· ~ ·· ~ ·· ~ ·· ~

Ring, ring...

Sintiendo que era extremadamente temprano, Sasori se levantó todo lo rápido que pudo de la cama del hotel para coger el teléfono... lo cual no era mucha velocidad.

Ring, ring...

-Ya va...- dijo como si alguien le fuera a escuchar.

Con toda la habilidad del mundo (nótese el sarcasmo), Sasori agarró el mando de la tele y lo "descolgó". Le costó un par de minutos comprobar que eso no era el móvil, y otro par de minutos encontrarlo.

-Espera- se dijo a si mismo medio dormido-. Esto no es una llamada, sino un vídeo... Y de Zetsu...

Sin poder aguantar la curiosidad, puso el susodicho vídeo y lo miró atentamente.

-Pffff ¡JAJAJAJA!- empezó a reírse como desquiciado (risa que verdaderamente daba miedo), despertando así a los demás.

Y así todos se enteraron de lo macho que era Itachi... y de las trastadas de Hidan y Kisame.


Mierda de extra, lo sé, y quería ponerlo más largo (Se echan de menos a estos cinco!). No es preocupéis, no les doy más de dos capitulos en España.

Bueno, Chao! Nos leemos!