Hola! Como siempre... Perdón por la tardanza... U.U
Tengo un Dilema... y si aun hay alguien por ahí, me gustaría saber su opinión:
Este podría ser el último capítulo de la historia... podría, no sé, si opinan lo contrario... podría haber uno más o un epílogo, aunque los odiemos... Ustedes mandan...
Muchas Gracias a todos los que siguen el fic todavía, a todos los que le pusieron alerta! y a todos los que lo leen y dicen: "Qué demonios!",
Ha sido difícil y complicado pero es gratificante tener buenos comentarios y lectores tan buenos como ustedes!
Como siempre Gracias especialmente a todos los que se toman la molestia de dejarme un review, créanme que me ha ayudado en estos años a seguir...
Krasni... espero que este capítulo compense un poco tu opinión :S, yo la comparto pero no imagino a un Ron no perdonando a Hermione... saludos! :); DamaNegra90 recuerda que se despertó justo cuando se iban, y en lo que estuvieron perdiéndose en Azkaban llegó :) saludos, Maryel Tonks, salió de alguna celda la loca jajaja saludos :)! LunaAnnabeth muchas gracias por lo de los personajes! y si todo el mundo se sorprende -_- jaja espero te siga gustando, y sin duda leeré tu historia. saludos :) ; Marie Sellory Que bueno que te ha gustado, y aunque me ha costado sangre y sudor ya esta aquí el nuevo capítulo, saludos :); Barbara... ya ! :D saludos!
Espero no haya olvidado a nadie :S que seguramente si pero pierdo el hilo con esta página :(
Gracias a Ov, que es su cumpleaños...
Todos los personajes, lugares y demás cosas Pottericas son propiedad de J.K. Rowling... yo sólo los tomé prestados!.
La Carta con la Pluma
—Eso fue… horrible —chilló Hermione escondiendo la cara en un abrazo con Harry.
—Lo sé… pero hiciste lo correcto —la disculpó su amigo—. Si no la hubieras detenido ella no habría parado hasta arrojarnos a nosotros.
—Más importante aún, ¿Luna? —preguntó Ron mientras miraba a Luna.
—¡Hola! —dijo Luna con su voz soñadora—. Es una lástima que no haya llegado antes, desperté justo cuando acababan de partir; pero sabía que los encontraría…
—¡Luna! ¿Cómo estás? ¿Cómo es que estás aquí? ¿Estás bien? ¿Cómo llegaste?... —dijo Hermione corriendo abrazarla en medio de su torrente de preguntas.
—¡Luna! —Exclamó Theo mientras la abrazaba sin poder creer que ella estuviera ahí.
—Bien, hay muchas preguntas, sin embargo, lo primero es salir de aquí antes de que vengan por nosotros. Suban a los Thestralls, nos detendremos en cuanto podamos…
–Oh, Theo y yo iremos en Buckbeak. Cuando Neville me contó lo que estaba pasando, ustedes se habían llevado los thestralls, así que tuve que traerlo—. Contó Luna con gran tranquilidad, como si estuvieran de paseo por la pradera del conejo Babitty Rabitty y ella hubiera llegado tarde.
Pocos segundos después todos estaban ya volando en dirección opuesta Azkaban. Harry iba un poco al frente guiando a sus amigos, detrás iban Ron, Hermione y junto a ellos se encontraban Luna y Theo montados en Buckbeack.
—Aun no entiendo, cómo es que los demás te dejaron venir así como así —farfulló Hermione mientras volaban.
—La verdad es que no me detuvieron… desperté buscando a Theo, cuando supe que estaba en peligro y ustedes habían venido a buscarlo; tuve que venir— contestó la rubia y se abrazó un poco más a Theo quien conducía al thestrall.
El chico estaba pálido, más pálido de lo que había estado cuando le anunciaron su sentencia o cuando lo llevaron a su celda. Ahí estaba Luna, su Luna, que no sólo había sido herida por su culpa, sino que ahora se había levantado a buscarlo sin importar su salud. No sabía cómo podía merecerla… tal vez lo mejor fuera decirle de una vez cuánto la quería y pedirle que se alejara para no dañarla de nuevo.
—¿Sabes algo de Ginny y los demás? —preguntó Harry, pues si Luna estaba ahí, era posible que los demás fueran en camino o que alguien ya los estuviera buscando.
—Sí —dijo Luna mientras jugueteaba con un mechón de Theo—. Draco insistía en venir, estaba muy alterado y pensé en traerlo conmigo, pero… Astoria y Ginny dijeron que si él salía del castillo solo nos pondría a todos en peligro… al final, Draco quedó… indispuesto y yo me apresuré a salir.
—¿Draco quedó… indispuesto? —preguntó Hermione asustada.
—Sí, Ginny y Astoria juntas son peor que un gremlin con mal carácter,
—¿Un gremlin? –preguntó Ron bastante divertido.
—Una especie de monstruo que los muggles…
—Esperen… ¿qué le pasó a Draco? – insistió Hermione.
–¡Bueno basta! —exclamó de pronto Theo—. No puedo creer que esto esté pasando y estemos todos bien. Aun así, no sabemos cuánto tiempo nos queda antes de que nos alcancen. Deben volver a Hogwarts. Creo que es hora de irme, nunca imaginé tener que agradecerles algo y ahora no me alcanzan las palabras para hacerlo –sonrió Theo al trío que asintió y se retiró un poco— espero que esto no les genere demasiados problemas. Luna, yo creo que lo mejor es que tú y yo…
—Nos apresuremos— completó Luna.
—No, me refiero a que…
—¿No hemos cenado? Descuida, traje panqués de calabaza, me dejaron algunos en la enfermería y pensé que serían tan útiles como mis espectrogafas.
–¡No Luna! Lo que quiero decir es que no puedes venir, tienes la escuela, tu papá, tus amigos…
—No dejaremos de ser sus amigos, nunca —interrumpió Ron, mientras Hermione lo miraba compungida— siempre estaremos ahí para Luna y… para ti también Theodore.
—¡Ron! ¡No podemos dejar que se vayan así como así! —lo regañó Hermione.
—Hermione, si algo he aprendido de todo esto es que hay lazos muy difíciles de romper, aun cuando deseas hacerlo. Por lo tanto, no perderemos a Luna, solo se irá lejos por el tiempo que sea necesario.
—Es cierto —apoyó Harry mirando a la rubia lleno de orgullo—. Luna ha demostrado ser una excelente bruja. Creo que puede cuidarse sola..., aunque ella no está sola, como dijo Ron.
—¡Pero Harry…! —exclamó horrorizada Hermione.
—¿Se han vuelto locos? —dijo Theo aterrado ante la posibilidad de poner a Luna en peligro de nuevo.
—No dejaré que seas un fugitivo tú solo, Theo —le dijo Luna, con una voz poco soñadora y más bien segura y firme.
—Y yo no puedo dejar que te unas a esta fuga, no sería justo.
—En eso tienes razón, no es justo que tengas que fugarte. Nosotros pelearemos tu caso Theodore —le aseguró Harry—; conozco al ministro y debo creer que estará de nuestro lado una vez que las cosas se calmen y logremos hablar con él. Mientras tanto, será mejor que se escondan…, solo no olviden mantenernos informados, ¿está bien?
Theo no sabía qué hacer o decir, estaba conmovido por Luna, por los amigos de la joven, también enojado con la situación y asustado con el futuro; pero la mano de Luna parecía sostenerlo a través de todo aquello y tuvo que aceptar que no podría soltarla.
—¡No puedo creerlo, Luna! —Hermione no pudo más y comenzó a sollozar—. ¡Te extrañaré tanto!
—Oh, nos veremos pronto, sería más fácil si tuvieras tus propias espectrogafas, pero seguro que puedo conseguirte unas. De todas formas les escribiremos cada que podamos —le aseguró Luna—. Si vamos al norte, siempre he querido ver un alphyn. ¡Necesitaremos una cámara mágica, Theo!
—¿Estás segura Luna? —le preguntó Theo, sin poder evitar sonreír pues con Luna todo arecía más una aventura y no algo terrible—; yo comprendería si tu no…
—¡Tan segura, como de que existen los "pumflus maravillosos"!...
—¿Qué más seguridad que esa puedes pedir? —dijo Ron riendo a su vez.
—Llévense a Buckbeak —les dijo Harry sonriendo— él está acostumbrado a esconderse…
Buckbeak pareció entender la conversación porque acto seguido hizo una especie de gesto de asentimiento y emprendió el vuelo hacia el norte, con Luna y Theodore, el nuevo fugitivo de Azkaban, en su lomo.
Mientras que Harry, Ron y Hermione volaban de vuelta a Hogwarts, Harry recordó los momentos que había pasado con Luna, especialmente en quinto año y cómo a pesar de las cosas maravillosas que ella creía siempre resultaba una persona coherente entre lo que pensaba y hacía, especialmente una persona con buen corazón. Entonces, pese a todo, se sintió tranquilo al saber que Luna había encontrado su lugar en el mundo y ese lugar estaba junto a Theo.
Era casi media noche cuando el trío llegó al bosque prohibido y apenas estaban asimilando que todo parecía haber salido increíblemente bien cuando Fang, el perro jabalinero del Guardabosques, los delató con tremendos ladridos.
—¡Por fin! —les habló nerviosamente Hagrid desde la profundidad del bosque— los he estado esperando. En cuanto vi que Buckbeak no estaba, ni los Thestralls, supe que algo pasaba. ¡Ginny tuvo que contarme todo! Vamos, caminen, caminen, esto puede ponerse feo. Alguien dio hace un momento el aviso de que ustedes tres estaban en Azkaban y de que ayudaron a escapar muchos presos.
—Genial, a este paso tendremos que conseguir que Ginny nos libere a nosotros… eso si mi madre no me mata antes— dijo Ron preocupado con la misma cara con la que años antes había recibido aquel vociferador.
—Espera, Ron —dijo Harry—, ¿qué más ha pasado Hagrid?
—Pues, nadie puede aparecerse en Hogwarts, de lo contrario estaríamos perdidos. Después de la alarma en Azkaban no tardaron en llegar unos magos del ministerio, están buscándolos. Sus compañeros han estado encubriéndolos, así como la Profesora McGonagall. Ahora, vengan, se supone que ustedes tres me acompañaron al bosque a vigilar que todo anduviera bien…
Hagrid se paró en seco, la profesora McGonagall junto con Kingsley Shacklebolt y otro par de magos del ministerio se acercaban a ellos enérgicamente.
—Se lo dije ministro —hablaba tranquilamente la profesora McGonagall— ellos le ayudan a Hagrid a dar la ronda nocturna por el bosque.
—¿Ves Cassidy?, no había porque alarmarse —le decía Kingsley al mago de aspecto severo mientras le guiñaba un ojo a los chicos— ellos no pudieron irrumpir en Azkaban.
—¡Los guardias dicen que los vieron! —respondió Cassidy furioso—. ¿Por qué inventarían algo así?
—¡Claro! —le respondió divertido el ministro—, como ahí nadie está loco.
—¡Esto es inaudito! ¡Es nuestra obligación interrogarlos y.,.! —siguió Cassidy.
—Lo inaudito es que quieras interrogar a tres héroes sobre un asunto tan delicado. No, de ninguna manera, bastante hemos hecho ya viniendo aquí. Minerva, perdóname la intrusión a tu colegio, teníamos que asegurarnos.
—Ningún problema ministro —le respondió la directora- es un placer cooperar con el deber mágico.
—¿Y cree que es prudente —siguió Cassidy— confiar en la palabra de este… guardabosques?
Hagrid se sonrojó, Harry, Ron y Hermione estuvieron a punto de hacer alguna imprudencia ofendidos por las palabras de Cassidy, pero la profesora McGonagall los detuvo y con una sonrisa sincera afirmó:
—Señor Cassidy, Ministro, a Hagrid le confiaría mi vida.
A Hagrid le brillaron los ojos, pues McGonagall sería la mejor directora para sustituir a Albus Dumbledore.
Hagrid escoltó al ministro a la salida dejando al trío con McGonagall.
—¿Y bien? —les preguntó la directora apretando sus labios tan fuerte que Harry temió que se quedara así por siempre— ¿No les bastó con la cantidad de problemas que hemos tenido últimamente…?
—Lo siento profesora —le respondió Hermione rápidamente, como si estuviera en una de sus clases.
—El ministro me dio a entender que Theo…— siguió Harry
—Ah, sí, el ministro, –respondió agitada la profesora- y si no es el ministro fue Dumbledore, y si no el profesor Snape o Sirius, o Remus… ¿Qué tal si yo les doy a entender que deben tener cuidado, que aún son solo niños?
Harry y Ron se miraron con complicidad, muy en el fondo sabían que la profesora había estado preocupada por ellos y no sólo por haber roto las reglas escolares.
—… y bien, ¿dónde está Luna Lovegood? La señora Pomfrey ni siquiera tuvo tiempo de examinarla, la pobre sólo despertó y salió corriendo a buscarlos.
Harry dejó de sonreír, sabía que eso no lo tomaría muy bien la profesora.
—Ella decidió —explicó incómodo Harry— irse, fugarse… con Theodore
–¿Qué? ¿Y ustedes, cómo pudieron dejar que hiciera eso? —la profesora McGonagall parecía que iba a reventar— ¿¡Esa niña está chiflada o qué!? En todo caso debería recuperarse bien antes de…
Ron soltó una risita mientras la profesora lo fulminaba con la mirada.
—¡Ah no, no te atrevas a reír Weasley!, Primero tus hermanos, luego tú, ahora Luna… ¿Qué clase de colegio creen que tenemos? ¡Pero ni crean que seré yo la que le explique lo sucedido a Xenofilus!
El resto del camino hacia el castillo lo hicieron bajo la mirada severa y el discurso aleccionador de McGonagall, pero nada más llegar a la entrada del castillo, se encontraron con Neville rodeado de sus otros compañeros. Ginny se acercó tímidamente buscando saber qué había ocurrido y sonrió cuando Harry asintió levemente con la cabeza.
—¿Todo bien…eh, en el bosque, Harry? –preguntó Neville.
—Sí, unos cuantos thestralls alterados y un hipogrifo desaparecido; nada de gravedad, seguro volverá cuando sea tiempo-. Dijo Harry y sus compañeros casi estallan en aplausos, de no ser porque Mcgonagall los detuvo.
—¡Basta! — los calló la directora—, si quieren aplaudir no puedo detenerlos, menos si se meten a esa aula a la izquierda en cuanto yo me vaya, pero mientras ya que los veo aquí: 10 puntos menos para cada casa y ¡50 puntos menos para Gryffindor por permitir desorden entre los thestralls y la fuga del hipógrifo!
—Pero Profesora… —se quejó Justin Finch Fletchley
—No es justo que… —comenzó Michael Corner.
—Den gracias de que volvieron, si hubieran muerto hoy habrían sido 100 puntos, ¡y 200 si los hubieran llevado a Azkaban por esto!
Dicho esto la profesora se perdió a la vista por una escalera, justo cuando un par de figuras verde esmeralda se dirigían al grupo formado en el pasillo.
—¡Vaya! ¡Pensé que no volverías y que tendría que visitarte en Azkaban! —gritó Draco caminando furibundo hacia Hermione y sin preocuparse por quienes la rodeaban— ¡Te largas sin avisar y esperas que me quede esperándote sin hacer nada! ¿Quién te crees?
No es que Hermione esperara que la viera y se echara a sus brazos, pero tampoco que le gritara a mitad del pasillo; así que miró a sus amigos que parecieron comprender, pues Harry pidió a todos que lo siguieran, Ron rodó los ojos en tono de exasperación y se dejó arrastrar por Astoria hacia el aula de la izquierda que era donde Harry los estaba reuniendo.
—¿Quién creo que soy? ¡Soy alguien a quien no puedes gritarle a mitad del pasillo sólo para demostrar que eres un egocéntrico cabezota, Draco!— gritó Hermione en cuanto se vio a solas con el rubio.
—¡En ese caso: no te atrevas a volver a preocuparme así!— le gritó a su vez el chico.
Hermione, que estaba dispuesta a seguir con la acalorada "conversación", se vio de pronto arropada entre los brazos de Draco, quien la sostenía fuertemente.
—No vuelvas a desaparecer sin avisarme.
—¿Desde cuándo te volviste tan controlador?
—Oh, no te engañes, siempre lo he sido. Especialmente de aquello que me interesa. Y tú me interesas, mucho, demasiado, así que… no me hagas ir a buscarte, porque la siguiente ni siquiera esa pequeña pelirroja podrá detenerme.
—Es verdad, ¿qué fue lo que te hizo Ginny? —preguntó curiosa Hermione, pero no alcanzó a recibir su respuesta porque Draco ya la estaba besando.
Hermione no esperaba esa reacción de Draco; no tenía duda de que él se había preocupado sinceramente por ella. Definitivamente durante ese largo año Draco Malfoy había cambiado; sobre todo, había cambiado por ella y para ella… Entonces, se sintió amada por aquel Slytherin, más cuando creyó oírlo susurrarle eso entre besos.
-oOo-
Ya en la sala, Harry permitió que Ron contara cómo había peleado contra casi cincuenta presidiarios de Azkaban, mientras el resto buscaba a Theodore y cómo al final había sido Ron quien los rescató de caer por la cascada.
—Y yo que pensé que solo sabías dar pelea en el ajedrez, Ron— dijo Astoria.
—Pues ya ves que no es así –contestó Ron sonriendo despreocupadamente y acomodándose el cabello.
—Sí, ya oigo… —bufó la chica con evidente incredulidad, pero entretenida con la historia.
Después de casi dos horas de estar relatando lo sucedido, y después contar dos veces (a petición de algunas chicas) la escena de cómo la romántica pareja había escapado a la luz de la luna montados en un hipogrifo, todos se fueron a sus salas comunes.
Harry y Ron subían por las escaleras, Harry sonreía pues era la primera vez que miembros de las cuatro casas de Hogwarts se habían unido en camaradería, cuando los alcanzó Hermione.
—¿Podría hablar un momento contigo Ron? —le pidió la chica.
—¿Es necesario? Es muy tarde y estoy algo cansado —le contestó el pelirrojo sabiendo que sería un momento incómodo.
—Seguro que sí, sobre todo después de pelear contra cincuenta sujetos sangrientos de tu sed… pero sí, es necesario —reclamó ella.
Harry golpeó discretamente a Ron.
—Él hablará contigo… —dijo adelantándose y rezando porque sus amigos no se mataran.
Hermione llevó a Ron a la sala común que ahora estaba vacía, se sentó frente a él en uno delos sillones cercanos a la chimenea y le ofreció un panqué de calabaza (de esos que había mencionado Luna).
—¿Por esto me privaste de mi sueño? —dijo Ron llenándose la boca de comida.
—Lo siento —comenzó Hermione y desde el principio supo que eso no iba a ser fácil porque el chico sólo se le quedó mirando con el bocado a medio tragar—. Sé que te lastimé y tal vez sigo haciéndolo… sólo quiero que sepas que jamás quise hacerlo; eres y serás siempre una de las personas más importantes en mi vida.
El chico pasó la comida de un trago y se quedó en silencio. Mirando al otro lado de la sala.
—Ron, si no quieres volver a verme yo lo entenderé, pero… —Hermione no pudo continuar pues gruesos lagrimones cayeron por sus ojos antes de poder decir más.
—No llores. Mucho menos llores por mí siendo que fuiste tú quien decidió cómo acabar y cuándo.
—Entiendo, y sé que merezco que me hables así… —contestó ella.
—No. Eres muy lista, pero esto no lo has entendido. Me dolió que me engañaras y más que me engañaras con él porque tú no mereces que nadie te hable como él lo hacía o lo ha hecho.
—Todo ha cambiado Ron, él ha cambiado…
—No necesito saberlo. Espero que sea cierto, pero no necesito saberlo.
—Está bien— dijo ella rindiéndose.
—En fin, yo también he cambiado Hermione, no tanto, pero algo. Quise pensar lo contrario, pero hoy me di cuenta de que volveremos a ser amigos, porque también sigues siendo muy importante para mí; aun me costará algo de tiempo, pero creo que al menos me debes eso.
La chica rompió a llorar sin poder contenerse más y él la abrazó como en tiempos pasados, cuando aún todo estaba bien entre ellos tres, con cariño y comprensión. Ella le respondió el abrazo y pasaron mucho tiempo juntos, pidiendo perdón y perdonando en silencio. Quedarían cicatrices, no obstante volverían a ser amigos, había demasiado entre ellos para que fuera de otra forma.
-oOo-
A la mañana siguiente todos en el gran comedor leían emocionados el profeta:
Amor fugitivo
Por Rita Skeeter
El amor ha sido el culpable de muchas acciones mágicas y no mágicas, si lo sabré bien yo, su encantadora corresponsal en cotilleos de El Profeta, Rita Skeeter.
Anoche, se violó la seguridad de la prisión de "alta" seguridad mágica, Azkaban, fortaleza que lo único fuerte que tiene es el nombre presuntuoso, pues en los últimos años dicha seguridad ha sido violentada por aurores, peligrosos mortífagos, hombres lobo y el mismísimo "Quienes-Ustedes-Saben". Con todo, esta vez el ministerio ha quedado en ridículo, pues esta vez logró acceder a la prisión —sin autorización— una joven estudiante de Hogwarts, Luna Lovegood de apenas 16 años e hija del excéntrico director de la poco rigurosa y recomendable revista, "El Quisquilloso"; y todo para rescatar a un joven.
¿Acaso es un plan malévolo trabajado para un nuevo señor tenebroso? ¿O una acción desesperada para llamar la atención de un chiflado padre? ¡Pues no!, Rita Skeeter, su hermosa corresponsal, se dio a la tarea de profundizar en el tema…
—Eran cinco chicos los que contamos —narró un guardia de seguridad de la prisión— pero seguramente eran más.
¿Qué nivel de magia maneja esta chica para crear ese tipo de encantamientos y dejar aturdidos a todos los guardias y aurores de seguridad? ¿Cómo consiguió la ayuda de los chiflados prisioneros que atacaron a dos aurores? Y, sobre todo: ¿qué motivó a esta chica a entrar en Azkaban en busca de un preso?
—Siempre fue una chica rara —nos comenta una coqueta chica que terminó Hogwarts hace un año, Pansy Parkinson— todos la llamaban Lunática; ya sabes de esas que se comen el cabello de los demás y así…
Una chica nada estable y que podía estallar en cualquier momento, siempre relacionada al trío Potter-Granger-Weasel y que participó en la lucha contra los mortífagos en la batalla de Hogwarts. ¿Qué la orilló a realizar semejante acto de desafío al ministerio?
—Oh si mi Luna, ya está mejor —nos comenta un despistado y adormilado Xenophilius Lovegood, padre de la chica— me mandó un mensaje corto donde me decía que tenía que esconderse por un tiempo con su novio porque lo perseguía el ministerio. Es un chico simpático.
¡Si! ¡Novio!, así es como Rita Skeeter llega al fondo de esto: un amorío prohibido, la heroína de una batalla con el incomprendido hijo de mortífagos del otro bando.
—Sus amigos jamás lo entenderemos —nos asegura Pansy Parkinson—. Seguramente ella le dio una poción de amor al pobre chico, después lo obligó a cometer sabe cuántas atrocidades para llevarlo a Azkaban y ahora, para evitar que él la delate, tuvo que sacarlo de ahí.
¿Debemos preocuparnos por la chica, por el secuestro de un joven que ha sido víctima pociones amorosas o preocuparnos de nuestra pobre seguridad mágica? Aun no lo sabemos, pero el ministerio debe estar trabajando muy duro para garantizar nuestra seguridad antes de que en el futuro esta pareja desate caos y muerte en una trágica historia tan conocida y solo equiparable a la de Romeo y Julieta…
Harry prefirió no seguir leyendo, cada vez que se imaginaba a Rita Skeeter le daban ganas de aventar algo; ahora le echaban la culpa de todo a Luna.
—Calma, estoy segura de que ella no corre peligro al lado de Theodore. Él no dejará que nada vuelva a pasarle. Mientras tanto, nosotros debemos hablar con Kinglsey —le dijo Ginny, quien leía el periódico a su lado.
—Lo sé… —dijo Harry apretando la mano de la joven en forma cariñosa.
Otra nota, minúscula, en el diario llamó la atención de Harry. Donde se comunicaba que Dolores Umbridge había sido hallada muerta por caída de la cascada que cubría Azkaban, una foto y datos de la bruja. Harry sintió que se le revolvía el estómago.
—Tuvo una forma horrible de morir —dijo.
—También tuvo una forma horrible de vivir… —agregó Ginny.
Al poco rato de estar desayunando, Harry olvidó todo lo mal que lo había pasado últimamente pues Ginny pasaba gran parte del día a su lado; Ron y Hermione parecían haber firmado una tregua y trataban de actuar con normalidad; incluso, no se le escapó que Neville y Lavander estaban tomados de la mano.
Por otro lado, en la mesa de Slytherin, Astoria y Draco permanecían juntos y medianamente alejados de los demás Slytherin. Harry jamás imaginó que su amiga Hermione terminaría saliendo con Draco, o que Ron se haría tan íntimo de una chica como Astoria; mucho menos que Luna se fugaría con otro Slytherin. Con todo, creía que al igual que el resto de lo vivido, podrían superarlo. Fue entonces que llegó el correo y una lechuza aterrizó frente a él con un pergamino y una pluma blanca; Harry sintió el impulso de echarse a llorar, Sirius solía mandar esas notas…
"Estamos bien, muchas gracias por todo, Amigos."
Harry sonrió y mostró la nota al resto de sus amigos; Hermione fue a comunicarle la noticia a Draco y a pesar de que todos los Slytherin parecieron alejarse cuando se acercó, Harry vio sonreír a Draco y a Astoria.
Todo estaba volviendo a la normalidad o al menos a una nueva normalidad, hasta Seamus Finnigan había incendiado un ponqué al tratar de envinarlo.
La última semana, la profesora Sprout se acercó a cada uno repartiendo los horarios para los EXTASIS, Hermione se puso histérica y corrió a la biblioteca a estudiar.
–Tal parece que McGonagall no nos perdonará los exámenes –le dijo Ron con un gesto de evidente fastidio- ¿qué hace falta para suspender los estudios, que nos maten?
Harry sonrió, feliz de presentar sus últimos exámenes en Hogwarts.
–Probablemente ni así. Hermione no moriría antes de hacer sus exámenes.
-oOo-
La semana de exámenes pasó con increíble rapidez, apenas veían a Hermione por las noches, pues todo el día se la pasaba estudiando para los EXTASIS y ni Ron o Harry, ni siquiera Draco, la pudieron distraer de sus labores.
Harry y sus amigos presentaron los EXTASIS de Transformaciones, Pociones, Encantamientos con una extraña facilidad. Ron podía jurar que Slughorn, Flitwick y hasta McGonagall les habían ayudado con el examen; el examen de Adivinación, como siempre, fueron una serie de inventos muy excéntricos que dejaron encantada a la profesora Trewlaney. Hermione presentó su examen de Runas y Neville el de Herbología, éste último, más animado que nada pues su ambición era ser "Herbólogo", término del que se burlaba constantemente Ron pues lo imaginaba fumando hierbas exóticas con cabello de colores.
El último examen que tuvieron fue el de Historia de la Magia. Hermione se mostraba satisfecha y a punto de explotar por la presión, como Olivia Bubble que literalmente, según juraba Ginny, había explotado en el examen de Astronomía. Harry y Ron no tenían muchas expectativas de aquel examen pues Harry no tenía la más remota idea de las primeras cuarenta y cuatro preguntas de cuarenta y cinco que contenía el examen; la única que parecía saber todo era Astoria Greengrass…
—Estoy dispuesta a convertirme en una experta en medios de comunicación —le platicaba a cierto pelirrojo— la mensajería por lechuza quedará en el pasado, lo puedo augurar, no puedo esperar por estar entrevistando eminencias del mundo mágico…
El profesor Bins primero se pondría a bailar la danza del hipógrifo antes de ayudar a sus alumnos, así que Harry se dio por vencido y se comió uno de los dulces "Soñar despierto" que le había enviado George por motivos de los EXTASIS.
Estimado Señor Cuatro Ojos,
Me permito enviarle un surtido de nuestra recién reabierta tienda de bromas, en vista de que sus próximos exámenes prometen ser una verdadera tortura, nada comparado con lo sufrido a causa de Lord-Kakadura.
Con cariño, el Presidente desorejado
George Weasley
En cuanto Harry se comió el dulce su expresión se relajó hasta tal punto que comenzó a babear, mientras que en su mente se proyectaba un drama al más puro estilo de Broadway con Ginny como protagonista y él bailando y cantando bajo la lluvia.
-oOo-
La cena en el gran comedor fue tranquila y más festiva que de costumbre, pues los EXTASIS habían terminado y ahora esperarían tres meses antes de llorar por sus terribles calificaciones.
A mitad de la cena irrumpieron en el gran comedor Bill y Fleur Weasley con la pequeña Victoire Weasley. Casi todas las alumnas corrieron a ver a la bebé, casi todos los alumnos corrieron a ver a la profesora.
—Muchas ggracias a todos por su bienvenida –les habló la profesora Fleur a todos— lamento no habeg estado en sus exámenes, pego confío que hayan salido bastante bien…
—Y si no —añadió Bill—, estaremos aquí otro año para remediarlo…
—Así Bill logrará romper la maldición que había sobre el puesto de "profesor contra las artes oscuras", ¿verdad? le comentó Ginny a Ron.
—Es un Weasley, ¿qué esperabas? —Respondió un orgulloso Ron.
-Ahoga después de todos los hoggibles sucesos, les pgepagamos a los alumnos del séptimo ggado un pequeño festejo a modo de ggraduación mañana pog la noche, y el domingo el expgesso de Hogwagts los espegaga paga llevaglos de regreso a sus familias. Así que ¡pgepaguen sus vestidos!
Todo el comedor se llenó de murmullos excitados. Hermione volteó y vio a Draco observándola fijamente… Ron en cambio no alzó la vista de su plato.
Fin?
