Hola, ya llegué… como siempre espero que les guste este cap, disfrútenlo C:
Además como siempre, muchas gracias a las personas que comentan, siempre es un honor leer lo que ustedes tienen que decir :)
Elenaa: gracias querida c:
Princesa Kurai: pues, para serte sincera me encanta reventar teorías lo que no significa que no me guste leerlas jajaja cuando haya pasado eso que imaginaste me dices… me mata de curiosidad saber que era lo que te imaginabas y si acertaste o no jaja. Ojalá que nunca te pase eso de los sims… es muy triste :c
Guest: salió rápido porque con este me iba a demorar un poquito C:
Elisa: Gracias querida c:
Midmei: u.u había escuchado antes esa canción pero nunca le había parado a leer la letra jaja… lo que dice se parece a la historia jaja.
Ely: Gracias querida ;D
KatMay: jaja creeme que después de la confesión que Nevra le hizo a Moyra, la pobre ya no va a querer mucho con él así que ya no creo que ande molestando jaja. Y con respecto a Leiftan pues… ya lo verás. xD
Richelleee: me alegra que te gustara el capítulo… y con respecto a las reconciliaciones pues… puede que vengan pronto xD puede… D:
Disfruten, imaginen y comenten.
._._._._._._.
Héroe parte 2
Me levanté temprano para reunirme con el equipo de Buckie, según Valkyon, él sería el líder del entrenamiento, al menos el de mi escuadrón. Valkyon, dentro de lo poco que pudimos hablar, me contó que la guardia Obsidiana estaba dividida jerárquicamente, y que esa jerarquía, se había establecido desde hace muchos años atrás, incluso, mucho antes de que él naciera.
A la cabeza estaba el líder de guardia quien, básicamente, organizaba la Obsidiana en su totalidad; seguido de él estaban los capitanes, eran dos, Melania y Valarian, ellos velaban para que la guardia estuviera "nivelada", se dividían entre aquellos reclutas avanzados y los que tenían habilidades por desarrollar, y en base a eso, junto con Valkyon creaban entrenamientos individualizados y grupales; dentro de las capitanías estaban los jefes de escuadrón, los cuales interactuaban directa y sistemáticamente con los reclutas en los entrenamientos. Yo estaba en el escuadrón de Buckie, mi capitán era Valarian y mi líder era Valkyon.
-Para mañana te quiero aquí desayunada –sentenció mi jefe de unidad. –Sin nada en el estómago no puedes entrenar, te puedes desmayar si no cuidas el cuerpo de fideo que tienes. –Podía ser muy amable, no obstante, Buckie era muy exigente como líder.
-Tú lo agarras de un brazo, dudu lo agarra del otro brazo y yo lo golpeo –apareció mi compañera de unidad, se llamaba Katriel, desde que llegue, lo único que hacía era amenazar a Buckie, mostraba sus grandes músculos y apretaba los puños para tratar de intimidarlo, aun así, ni por muy musculosa que fuera la chica no lograba imponer miedo en Buckie.
-Mira… beriflor – comenzó Buckie.
-No me llames así… barbón -se molestó la chica.
-¿Por qué se ponen sobrenombres si después se enojaran? –me atreví a preguntar mientras me encogía de hombros.
-La verdad es que… no se –Katriel me miró con duda.
-Aquí al único que le gusta el sobrenombre es a dudu –sonrió Buckie -¿cierto dudu?
-N…no es verdad –observé a Andwin quien miraba nervioso. A simple vista era un chico rubio y escuálido, sin embargo, la fuerza que no tenía era compensada por los golpes certeros que daba al momento de una pelea, ni los músculos de mi compañera podían contra Andwin.
-Bueno, como iba diciendo antes de la intervención del beriflor –miró de reojo a la rubia de mi compañera- debes desayunar...
-Si –contesté.
-Bueno –suspiró- creo que tienes otras cosas que hacer, estas en el limbo de la Guardia Obsidiana y de la Guardia Absenta, Valkyon me dijo que solo entrenaras algunas horas con nosotros, no te preocupes, el entrenamiento se hará cada vez más intensivo a medida que te vayas acostumbrando. Puedes irte –sonrió.
-Gracias –asentí.
-¡Espera! –exclamó Katriel- ¿vamos a almorzar juntos hoy? Tú –me apuntó, -dudu y este barbón –apuntó a Buckie.
-¿A qué hora?- pregunté.
-A las 12:30. Nos haces puesto en la fila –Katriel me guiñó un ojo y Andwin sonrió.
Al fin terminé por irme, caminé hasta las duchas y me bañé. La verdad, me sentía contenta, cada vez estaba conociendo a más gente, a más compañeros… me sentía aceptada. Cada vez tenía más confianza con Ezarel, cada día me amistaba más con Mathyz y Eweleïn, la última, a pesar de tener un puesto importante, muchas veces llegaba con bebidas para los tres cuando la enfermería estaba casi vacía.
Ese día, Ezarel tenía una reunión por lo que me pidió que estudiara. Eran dos opciones, o iba a los invernaderos, o me quedaba repasando mis apuntes, debido al cansancio decidí la última opción, me senté en mi sillón y comencé a estudiar, sin embargo, no pasó mucho cuando sentí un golpe en mi cabeza… me había quedado dormida por lo que semi dormida choqué con la mesa. Sin pensarlo mucho, mis pies caminaron directo a la cama donde me recosté quedándome dormida de inmediato.
Abrí de golpe los ojos cuando sentí un portazo que se escuchó quizás por todo el pasillo, seguido de eso sentí un alboroto. Haciéndome la desentendida salí del cuarto para ver que ocurría. Fuera de mi pieza me topé con Ezarel y Miiko, ambos tenían un semblante serio.
-Ezarel –lo llamé, mi curiosidad estaba por sobre mi capacidad de pensar. Al escucharme se detuvo.
-¿Qué ocurre? –pregunté.
El elfo me miró de pies a cabeza, molesto.
-Nada que a ti te importe –respondió duro y se fue.
Con un sabor amargo en el estómago me devolví a mi habitación. No entendía por qué Ezarel me había hablado así. Me senté en el sillón y comencé a estudiar, nos obstante, no podía dejar de pensar en el extraño comportamiento de mi amigo. Al ver mi reloj me di cuenta de que ya era hora de almorzar por lo que me dirigí hasta el comedor para juntarme con mi grupo de entrenamiento.
Cuando llegué ellos ya estaban en la fila, y para mi mala suerte, el grupo ya estaba muy adelante por lo que me ubiqué en la cola y esperé a que avanzáramos para finalmente juntarme con ellos en la mesa.
-¡Erika! –escuché a alguien gritarme. Cuando miré hacia adelante vi a Katriel quien me hacía señas con las manos –¡Ven!
-¡No puedo! –devolví el grito- ¡llegue tarde! –me avergoncé cuando vi que el grupo de chicas Absenta que estaban delante de mí me miraron por encima del hombro. Si mal no recordaba, varias chicas de las que me miraban eran mujeres con las cuales Nevra solía juntarse.
-Deja de gritar ridícula– habló una pelinegra que estaba dentro del grupo.
Apreté el puño, estaba a punto de responderles cuando llegó Katriel donde mí, me tomó del brazo y me arrastró hasta el puesto de la fila en donde estaba mi equipo de entrenamiento.
-¿¡Que!? –preguntó Katriel al grupo de la absenta cuando estas la miraron mal a ella. -¿Tienen algún problema con nosotras?
-No –respondió la azabache- es solo que es injusto que ella haya llegado tarde y que ahora esté delante de nosotras…
-La comida no se va a acabar porque mi amiga se haya adelantado en la fila.
-No, si sé que no se va a acabar, pero…
-Entonces deja de alegar. –la cortó. –Cualquier cosa que te digan estas víboras tú me dices a mí y yo las dejo en su lugar –me miró Katriel mientras me guiñaba un ojo.
Al escucharla comencé a reír.
-¡Esa es mi hembra! –habló Buckie mientras chocaba el puño con Katriel.
-Lo se… soy genial.
Tanto Andwin y yo nos reíamos debido al comportamiento de nuestros compañeros.
-¿Siempre haces eso? –me atreví a preguntarle a la rubia.
-Claro que sí –me miró orgullosa- me caen mal las chicas pesadas como esas.
La fila avanzó rápido y por fin llegamos hasta donde Karuto. Como siempre, el fauno tenía mala cara, pero al verme, su cara se oscureció aún más, se cambió de puesto con otro cocinero para salir de la cocina y caminar hasta mi dirección.
-Pequeñaja vamos a tener una conversación los dos –me tiró una oreja y me llevó hasta dentro de la cocina.
-¡Ay! Karuto –me quejé- deja de tirarme la ore…
-¡Tu! ¿Por qué no has venido a comer?
-¿Qué? ¿Yo? –hablé molesta.
-Si –se cruzó de brazos- ¿Por qué no has venido?
-Pues… -la ruptura con Nevra me había dejado sin apetito, además, el trozo de pastel que me había ido a dejar Mathyz me había dejado satisfecha por lo que no tuve la necesidad de venir hasta la cantina. –no tenía hambre –respondí al fin.
-¿Será que estás engañando al Gran Karuto?
-¿Engañándote?
-Si… con otro cocinero. –me miró serio.
-¡No! ¿Cómo se te ocurre eso? Jamás te engañaría con otro cocinero Karuto. –sonreí divertida por la situación.
-Mmm… -cerró los ojos y suspiró- no quiero que te saltes las comidas niña… a veces me preocupas es todo –se sonrojó al decir eso.
-¿Enserio te preocupas por mí? –abrí los ojos totalmente sorprendida.
-¡Claro que sí! A veces eres tan tonta niña –se volvió para ocultar su sonrojo- me preocupa que te mueras de hambre… no pienses que yo te quiero o que somos amigos… el Gran Karuto no hace amigos. –me pasó la bandeja de manera brusca. –ahora lárgate de aquí. –me sacó de la cocina.
Con mi bandeja en mano, me dirigí hasta la mesa en la que estaban mis compañeros, no fue hasta que me senté cuando vi que Karuto me había puesto un vaso de jalea.
-Wow –habló Buckie mientras miraba mi plato- los de la cocina te quieren- sonrió.
-Pues… al parecer sí.
-¿Me darías una probada de gelatina? –me miró el castaño.
-Te la regalo si quieres… yo no quie… -apenas dije eso vi que Katriel se abalanzó encima del vaso.
-¡Es mía yo la pedí primero! –exclamó Buckie. Ambos siguieron peleándose el postre mientras Andwin me miraba con una sonrisa contenida.
-Siempre hacen eso… también se pelearon el postre extra que me dieron a mí. –al escucharlo sonreí. Sin duda éramos la mesa más ruidosa, sin duda muchos nos miraban por eso, no obstante, yo me sentía feliz, muy feliz de conocerlos…
El término de la comida llegó y todos nos separamos para realizar nuestras actividades.
Yo me fui a lavar los dientes para ir a la clase de Ezarel. Fui hasta mi habitación, tomé mis cosas y caminé hasta la sala de alquimia. Al entrar, vi a Ezarel sentado en su escritorio.
-Ezarel –lo llamé cuando al fin llegué frente a su mesa. –vengo a…
-Lo siento, hoy no te puedo atender- me habló sin mirarme.
-Pero, tú mismo pusiste en el horario que…
-¿Qué no entiendes acaso? Te acabo de decir que hoy no puedo. –habló molesto.
-¿Te ocurre algo conmigo? –lo miré seria.
-Si… no… -al fin enfocó su vista en mis ojos- no sé.
-Pues… tal y como me estas contestando, al parecer si te pasa algo conmigo.
-Me das rabia –lo soltó de pronto, tan de pronto que me quedé pasmada mirando sin entender que estaba ocurriendo. –Dices que quieres a mi amigo, pero te vas con Leiftan y… ¿tan rápido olvidaste a Nevra?
-¿De qué hablas tú? –definitivamente no estaba entendiendo el reproche de Ezarel.
-Te vas a ir por días a una estúpida misión con Leiftan… de eso hablo.
-¿Qué hay de malo en eso?
-Pues… -se calló, al parecer no tenía nada que contestarme- pues… que Nevra se siente mal.
-¿Y eso a mí qué? –me hice la dura. –tu dijiste que pasara lo que pasara me apoyarías.
-Si se lo que dije, pero… me das rabia… él es mi amigo también, siento que estás jugando con él porque…
-¿Me estás hablando enserio? –me ofendí a lo que él se asombró.
-No es por criticarte, pero, Nevra la está pasando mal con todo esto…
-¿Y qué quieres que haga yo? –inquirí molesta.- Ambos sabemos que el que comenzó todo es Nevra, nunca se tomó nada enserio. Si yo –comencé a explicar- iré a una misión con Leiftan es porque desde hace mucho tiempo que, con él, habíamos quedado en ir a donde habitaban las hadas. Si crees que esto lo hago para encamarme con Leiftan o para sacarle celos a Nevra estas muy equivocado Ezarel. –hable enfadada.
-Lo siento –desvió su mirada, al hacerlo, sentí que tenía muchas cosas más que decirme, pero, a diferencia del vampiro quien todo lo soltaba, él, decidió callarse. –comencemos con la clase mejor y dejemos este tema zanjado –se levantó del asiento como si nada hubiera pasado.
-No quiero clases contigo –susurré dolida mientras las malditas lagrimas se acumulaban otra vez. ¿Por qué mis ojos no podían parar de botar lagrimas? –no se para que me tomaste como estudiante si después pondrías malas caras para enseñarme… te comportas igual de pendejo que Nevra.
Salí con mis cosas y me encerré un rato en uno de los cubículos de un baño, allí pasé un buen rato mientras que, molesta, me refregaba una y otra vez la cara. Cuando decidí salir, vi que por horario debía ir a la enfermería por lo que encaminé hasta allá. Por suerte no había nadie enfermo además de Moyra por lo que pensé que podía leer tranquilamente, por mala suerte no estaba Mathyz, y para peor suerte, Eweleïn me mandó a atender a Moyra por lo que no pude estudiar.
Tranquilamente pasé hasta la habitación de la pelirroja hasta que un olor inaguantable llegó hasta mí. La chica estaba recostada mientras que sostenía un gorro de ducha entre sus manos.
-Hola –la salude tratando de no respirar por la nariz. -¿necesitas algo?
-Sí, que te largues. –habló.
-Aparte de eso –respondí molesta, ese día no era mi día.
-Que te mueras.
-Aparte de eso.
No volvió a responder y me ignoró.
-¿Hay algo que te duela? –insistí.
-Sí, la cabeza por escuchar tu estúpida voz.
-A mí también me va a doler la cabeza si sigo oliendo esta habitación. –caminé hasta la ventana para abrirla. -¿quieres agua?
-No.
-Te traeré igual… Eweleïn dijo que debías tomar agua. –hablé molesta.
Cuando llegué con el vaso de agua noté que la pelirroja, quien siempre tenía cara de estreñimiento, estaba llorando. No era psicóloga, nunca fui a la universidad para estudiar esa materia humanista, sin embargo, tenía un diplomado, un magister y un postítulo en ser curiosa.
-¿Te ocurre algo? –dejé el vaso encima del cajón, a un lado de la cama.
-Nada que a ti te importe- gimoteo.
-Mira Moyra… -mi paciencia se rebalsó- bajo el día de mierda que me ha tocado vivir hoy, estoy tratando de entablar una conversación seria contigo. No pretendo ser tu amiga, no pretendo que nos contemos secretos, solo intento que nuestro día, tanto el tuyo como el mío, sea lo más grato posible, ¿por qué?, porque ambas estamos en esta misma habitación, así que, te pido que seas más agradable conmigo para que así, yo también pueda ser agradable contigo… será difícil, lo se… créeme que estoy tratando de contenerme de no lanzarte por la ventana que acabo de abrir, no obstante, sé, que podemos lograr una comunicación semi-normal. –terminé de decir mientras que ella me miraba seria. –Me llamo Erika –comencé a presentarme- soy faelienne, viví por muchos años en el mundo humano. Llegue aquí hace menos de un año, estoy en la Obsidiana y estoy practicando para ser enfermera, ahora si quieres te puedes presentar tú.
-Te faltó decir que te acostaste con Nevra –apostilló con sarcasmo.
-Estoy practicando para ser una enfermera y me acosté con Nevra… ahora si quieres te puedes presentar tú. –repetí.
-Nevra no te quiere –habló molesta.
-Lo sé –alcé la cabeza- a ti tampoco te amó así que estamos iguales. Es tu pelo el que apesta –comente, definitivamente no podía con ella.
-Me alegra que te moleste el mal olor.
-A mí me daría vergüenza que me vinieran a ver mientras desprendo ese olor tan hediondo. –la miré seria.
-No se puede lavar, Eweleïn ya me lo dijo.
-Eso es porque la sangre está pegada. –me acerque para tocarle el pelo. –Mínimo habría que tener cinco días tu cabeza en remojo.
-¿Crees que mi cabeza se arregle? –preguntó mientras bajaba su guardia.
-Pues… yo creo que deberías costarte el pelo… te lo cortaré yo.
-¡¿Estás loca?! … ¡quedaré calva estúpida!
-Eso con agua no va a salir y lo sabes… -tomé unas tijeras y acerqué el basurero hasta la camilla de la chica. Para mi sorpresa, ella se quedó tranquila, impasible, incluso sabiendo que habría lugares de su cabeza en la que tendría que cortar casi de raíz.
Mi enojo se disipó con cada mechón de pelo que iba cortando, no por maldad, sino que más bien, porque el oficio de cortar el cabello era algo sublime que inspiraba paz… al menos para mí. Todo el cabello comenzó a caer dentro del basurero hasta que no quedó nada por recortar. Caminé hasta el casillero en donde cada enfermero guardaba sus cosas personales y tomé la poción que había hecho el día anterior. Tal y como me había explicado Eweleïn, vertí, en una fuente de plata, 10 gotas de poción y dos tazas de agua purificada de 100 ml, finalmente revolví el contenido. En el líquido, fui remojando una peineta y peinando a la vez el cabello liso de Moyra. Fue así como, satisfecha, me fui dando cuenta de que el cabello recién cortado crecía poco a poco hasta tomar buen largo. Por último, le hice una trenza para que el pelo no se siguiera estropeando.
-Cuando salgas de la enfermería le dices a alguien que te corte el pelo a como lo tenías. –le hablé mientras ella se miraba en el espejo que le pasé.
-No esperes que te de las gracias por esto, es tu trabajo después de todo. –apostilló molesta y me devolvió el espejo.
Al escucharla alcé la cabeza y negué mientras se formaba una sonrisa en mi rostro.
-No sé porque… siento que eres una de las pocas personas sinceras que dice lo que piensa desde siempre, sin doble cara. –salí de la habitación dejando sola a la pelirroja. Cuando le dije eso, pensaba en la "sinceridad" de Nevra y de Ezarel.
Pasaron algunos días y cada vez que me topaba con Nevra este solo me miraba molesto sin limitarse siquiera a saludarme. A las clases con Ezarel no volví ir hasta que Eweleïn se enteró, cuando lo hizo, me obligó a que siguiera con mi horario, me preguntó qué había ocurrido, sin embargo, yo solo me limité a responder que estaba un poco estresada. Seguí yendo a ver a Moyra y a pesar de que hablábamos poco, de lo poco que hablábamos entre comentarios sarcásticos y venenosos por parte de las dos… no lo niego, logré sacar algunas cosas, entre ellas supe que Nevra había ido a hablar con ella y que, él había cortado toda esperanza de la chica, por fin algo bueno que hacía.
A veces me encontraba con Karenn quien insistía en preguntar qué era lo que le ocurría a su hermano. Yo por mi parte no quería ser una chismosa por lo que le respondí que le preguntara a él directamente… al decirle eso, entendió inmediatamente lo que había pasado.
-Lo siento –me respondió. -¿Qué ocurrió para que ambos…?
-Pregúntale eso a él también. –me limité a decirle. No iba a contarle mis problemas amorosos a una adolecente de 15 años hermana de mi ¿ex?... si, de mi ex amante.
Durante mis entrenamientos la pasaba muy bien, gracias a mis compañeros supe que a Andwin le decían dudu, porque la primera vez que se presentó comenzó a tartamudear diciendo que se llamaba Anduduin… reí cuando supe eso. A medida que pasaba la semana yo seguí compartiendo con los miembros de mi guardia, conocí a varios integrantes más. Un día Katriel me invitó a la playa en la noche, como al otro día no debía levantarme temprano, la seguí. Al ver el mar me perturbé un poco, sin embargo, me alegré al ver que la guardia Obsidiana había preparado una fiesta en honor a Andwin por su cumpleaños. A mitad de la fiesta me acerqué a él para felicitarlo y a la vez para disculparme por no haberlo felicitado antes, me contestó que no había problema, nos abrazamos y seguimos con la celebración. Todos teníamos una jarra de cerveza en la mano, incluso yo, quien no estaba acostumbrada a beber, finalmente accedí. No pasó mucho, y con ayuda del frío, el alcohol se me fue a la cabeza comenzando a inhibir mis funciones ejecutivas.
Con el paso de los minutos comencé a soltarme más, bailé más de lo normal mientras veía caras riéndose, no de mí… todos se reían de todos. Vi a Buckie y a Katriel agarrándose a besos… con razón se molestaban tanto. Mi cabeza giraba y giraba y yo reía con cada paso que daba… en ese lapsus de tiempo me reconforté en el alcohol para olvidar lo sola y olvidada que en realidad me sentía por dentro. Luego encontré en mi mano otra jarra de alcohol, no me importó, yo estaba feliz así que seguí bebiendo. Vi a Andwin coquetear con un chico de la guardia… al parecer era gay.
Estábamos cerca del fuego cuando de pronto el grupo comenzó a cantar:
-La fideo se curó, la fideo se emborrachó… -se reían… yo me reía.
-Hubo hubo un agarrón, entre el barbón y la beriflor… -nos reíamos mientras la pareja se sonrojaba.
De pronto todos se callaron al ver a Valkyon en la entrada de la playa. El grisáceo tenía los brazos cruzados y la mirada dura.
-¿Qué diablos hacen ustedes?
-Celebramos el cumpleaños de dudu, jefecito –habló un chico a quien se le notaba que estaba borracho.
-¿Ustedes saben que yo no perdono esto cierto? –la mirada de Valkyon se endureció aún más.
-Pero jefecito –habló Valarian- no se enoje que se pone viejo… si usted sabe que nosotros lo queremos… además, la invitación se la dejamos debajo de la puerta, si hasta le trajimos su jarro.
-Sí, pero la invitación la acabo de leer hace algunos minutos… -caminó hacia el fuego- ¡No quiero que esto vuelva a pasar! Una fiesta de la guardia Obsidiana se abre cuando está el jefe –me quitó el trago y bebió todo el contenido.
-El jefe se nos unió –cantó un grupo mientras el resto seguía bailando.
-¡Chicos! –Valkyon alzó la voz- la fiesta se acaba a las 01:00, sino, vendrán los guardias y nos amonestarán a todos. –De entre las rocas sacaron otro de los tantos barriles escondidos, tal parecía que a menudo hacían fiesta por lo que cada cierto tiempo escondían ahí la cerveza.
Las cosas siguieron su curso y la fiesta siguió, no había música, varios cantaban canciones que yo no lograba entender producto del alcohol. Después de que Valkyon se bebiera mi bebida, fui a pedir otra y con gusto me dieron más cerveza. Todos gritaban y hablaban o cantaban, todos cerca de una fogata mientras yo me reía con cada cosa estúpida que veía.
De pronto todos volvieron a callarse cuando vieron a dos guardias de la guardia Sombra, entre ellos estaba su líder quien tenía una sonrisa de oreja a oreja al ver a Valkyon, seguramente venían a unirse al fiestón, sin embargo, su expresión cambió al verme a mí.
-¡¿Pero qué mierda?! ¡Valkyon! –llamó. De entre el grupo salió mi jefe quien se acercó al vampiro y fue así como ambos comenzaron a discutir. De vez en cuando, en medio de la discusión, Nevra me miraba y seguía regañando. Después de esa conversación, Valkyon llegó donde nosotros para decirnos que la fiesta había acabado, que apagáramos el fuego y que guardáramos el alcohol. Yo aún tenía mi jarra en la mano, no me di cuenta que mientras todos guardaban las cosas, yo llevaba el alcohol que me quedaba… tal como una borracha.
Caminamos entre todos hacia la escalera de arenisca para subir hasta el cerro, me detuve al ver que los escalones se me movían de un lado a otro, mi cuerpo no podía mantener el equilibrio… de pronto, sentí que Nevra se me acercó, y bruscamente tomó el jarro, que yo insistentemente sostenía, para derramar todo el contenido. Posteriormente, me tomó de las piernas y me cargó como si yo fuera un saco. Se fue más lento de lo normal pues vi que atrás de nosotros no venía nadie más, y los murmullos sonaban cada vez más lejos.
-Qué vergüenza debería darte estar borracha a tal punto de no poder subir un maldito escalón de una maldita escalera. -comenzó.
-Así me quieres –respondí… no sé porque dije eso.
-No, así de borracha no.
-Como si tú nunca te hubieras emborrachado –las palabras se me arrastraban cada vez que hablaba.
-No delante de ti –apostilló molesto.
-¿Estar borracha es peor que aislarte de la persona a la que prometiste no dejar sola? ¿Estar borracha es peor que coquetear con otras frente a la mujer que era tu nov…? olvida eso… -susurré- borra eso de tu memoria –me enderecé para tocarle insistentemente, con la punta de mis dedos, la cabeza azabache de Nevra.
-¿Qué haces? –aun sosteniéndome de las piernas, tomó mi mano para que yo no siguiera picándole la cabeza.
-Te borro la memoria …lo vi una vez en la tele. –balbucee.
-Al menos yo, cada vez que "coqueteaba", me podía parar tranquilamente y caminar derecho.
-Sí, pero ¿con que cara? –pregunté.
-¿Con que cara vas a mirarme mañana?
-Con la misma que te miro siempre.
-Así mismo miraba a todos mientras caminaba derecho –habló mordaz mientras pasábamos por el cruce de caminos. –los miraba con la misma cara que llevo todos los días.
-Se nota que haces eso… -susurré dolida. –se nota que estás acostumbrado a hacer eso.
-Ándate sola al C.G –se había cabreado por lo que me dejó lentamente en el suelo. –Me voy Erika, o me sigues el paso o te quedas aquí a pasar la noche.
-¡Ándate! –exclamé molesta- ¡nadie te necesita! –Traté de pararme, pero mis piernas me respondían a medias, al final quedé tirada en el piso… en ese momento no conocía lo que era la vergüenza. –¡Ándate! –volví a exclamar- hoy voy a dormir aquí.
-¡Erika levántate ahora! –se notaba a millas que él estaba perdiendo la poca paciencia que le quedaba.
-¡No! Ya te dije que dormiré aquí.
En un movimiento rápido me volvió a cargar en sus hombros.
-No te quedarás aquí… ni sueñes que te dejaré dormir a la intemperie.
-¡Tú no eres mi papá! –lo golpee en la espalda.
-Agradece que no soy tu padre, sino ya te habría llegado de hace rato una palmada en el culo.
-Tú no podrías ser padre… tú no sabes querer a nadie… tú no tienes corazón. –balbucee.
No me siguió respondiendo, solo se limitó a gruñir mientras yo seguía reprochándole cosas.
-No te entiendo… lo único que haces es huir Nevra, ni siquiera entiendo porque me estas cargando ahora si te has encargado de ignorarme toda la semana. –mis brazos perdieron fuerza- Yo… siento haberte dicho lo que te dije el otro día en la enfermería –sentí que su espalda se relajó por un momento- me dio tristeza cuando después me di cuenta de que había actuado mal. Entiendo si no me quieres. –me sequé una pequeña lagrima que se iba asomando y esperé a que me dijera algo, no obstante, no habló, eso me hizo enfadar- Eres un imbécil, ¡idiota mentiroso!… con tu silencio me demuestras lo poco y nada que te importo y que te importé.
Él siguió caminando, mantenía el paso lento. Mi mirada, de estar enfocada en su espalda, pasó a estar enfocada en el camino, fue así como me di cuenta de que estábamos dentro de la ciudad de Eel, directo hacia el cuartel.
Al llegar a los pasillos, entró a mi habitación y me dejó, sin mucho cuidado, encima de la cama. Lo extrañaba y la verdad, quería que se quedara conmigo esa noche, lamentablemente, apenas me tiró a la cama caminó hasta la puerta para irse.
-Ya que me viniste a dejar, mínimo que hagas el trabajo completo y me saques los zapatos… me están matando y están llenos de arena. –susurré. No sabía el motivo, solo sabía que quería provocarlo más, enojarlo y ver que me decía.
-Ay su señoría –comenzó a ironizar- lamento haber sido tan imbécil por dejarle los zapatos puestos –su voz estaba cargada de enojo- yo se los saco, no se preocupe… -Se acercó hasta mi cama para sacarme las botas de un tirón, luego, las tomó y las tiró por la ventana. –ahí está su señoría, aproveche de sacar sus hermosas y costosas botas de cuero de dragón para que así no se ensucie su habitación… mañana enviaré a un plebeyo para que la venga a despertar.
-No es necesario … ya puedes retirarte. –me volví hacia el otro lado dándole la espalda- aprovecha de cerrar la ventana si no me voy a resfriar.
-Mejor si te refrías, así no sales del C.G. –cerró la puerta de manera brusca y casi de forma inmediata me quedé dormida.
Al otro día desperté con una resequedad en la garanta. Mi vista se enfocó en la ventana cerrada y en los zapatos que Nevra había tirado. Tenía una manta puesta encima la cual estaba impregnada con el aroma de él. Me senté cuando sentí que la cabeza se me partía en dos. Al lado de mi cama, encima de mi velador, había un vaso repleto de agua, una bolsita con un polvo verde, y una cuchara, bajo esta una nota.
"Haz esa infusión y lávate la cara de resaca"
-Idiota- susurré.
Tal y como decía la nota, preparé aquel polvillo verde y lo bebí, poco a poco sentí como los malestares comenzaban a desaparecer. Me levanté al fin y salí de la habitación directamente hacia el baño. Lamentablemente, con quien primero me crucé en el camino fue con Nevra. La cara se me caía producto de la vergüenza que sentía. No sabía si sentirme bien o mal producto de su reacción, al verme, no se perturbó, no me saludo, no me miró, pasó por alto mi existencia. Me di cuenta, de que, para él, yo ya no existía.
Lo peor, era que la razón más probable de que él, la noche anterior, me haya ido a dejar a mi habitación era simplemente por lástima.
¿Cómo no iba a sentir lástima por mí, si en mi borrachera no fui capaz ni de pararme del suelo?
Estaba enamorada de él, si, lo estaba… pero, con el pasar de los días, el cariño que yo sentía hacia él se estaba esfumando. Cada vez me sentía más ignorada por aquel que me prometió estar junto a mí por siempre, cada día trataba de buscar consuelo en los demás. Yo no era nada para él por lo que él ya no debía ser nada para mí…
Como los días anteriores, por horario debía ir a clases con Ezarel y nuestras conversaciones se limitaban en su mayoría a la materia de estudio. Sin embargo, dentro de todo, Ezarel trataba de desviarse de vez en cuando.
-Me contaron que ayer celebraron el cumpleaños de Andwin –comentó.
-Si.
-Y… ¿Cómo lo pasaste?
-Bien. –sabía que estaba siendo cortante, pero no me nacía hablarle de otra manera, no tenía ganas simplemente. Así como ellos se aislaban, yo también lo hacía en cierta forma.
-Lamento lo del otro día… yo, no sé qué me pasó. No quiero que pienses que estoy enseñándote obligadamente. –desvió la mirada.
-Sí, entiendo no te preocupes.
-Pues… -miró un reloj que tenía en su bolsillo- ya es hora de que vayas a la enfermería. Espero que te vaya bien –sonrió.
-Gracias, igual a ti –le entregue la mejor sonrisa actuada que pude darle, él lo notó, tanto así que desvió triste su mirada.
El día siguió completándose hasta que por fin llegó el viernes. Todo previo a la inminente salida. Estaba ansiosa, Leiftan ya había pasado por la enfermería para darme algunas indicaciones de lo que debía llevar y de la hora en la que nos debíamos juntar. Según él, debíamos irnos temprano, para no estar viajando con el sol encima de nosotros.
El viernes fue ajetreado, primero fui a entrenar con la guardia, luego nuevamente a clases con Ezarel y por último fui a la enfermería. Ese día, y como todos los días, volví a ver a Nevra. Como los días anteriores, su mirada era rígida, dura. Cada vez que nos cruzábamos, él me miraba por encima del hombro y no era capaz de separar sus labios para saludarme… debo decir que yo tampoco me molestaba en saludarlo, pero, ¿cómo quería que lo saludara si rehuía mi mirada? Su actitud comenzó a desencantarme y eso estaba bien, él quería alejarse y yo quería que él se alejara… al menos, eso me esmeraba por auto convencerme porque, desde los más recóndito de mi corazón, yo lo único que quería era estar entre sus brazos rígidos y besar esos labios que no proferían palabras hacia mí. Era un sueño utópico, lo sabía… pero eso era lo que, en realidad, yo quería.
Bajo ese pensamiento, ya entrada la noche me fui a mi habitación para acostarme cuando de pronto sentí un golpe en la puerta. Al abrirla, sentí como alguien entró a mi cuarto cerrando de un portazo y tomándome bruscamente de los brazos. Era Nevra.
Él estaba frente a mí y a pesar de que no me miró por varios días, en ese momento él me estaba mirando fijamente. Se le notaba nervioso y sus ojos solo destilaban miedo.
-Erika, lamento si te interrumpí pero necesito saber si has cambiado de opinión con respecto al viaje… dime que lo has hecho. –me sacudió levemente mientras sus manos se aferraban más a mí.
-Yo…
-No quiero que vayas… -abrió los ojos- por favor Erika… por favor no vayas.
-Ne…Nevra –balbucee asombrada debido a su repentino comportamiento. –Yo…
-No sé para qué me molesto en pedirte que no vayas a ese viaje si ya tienes todo preparado –miró el bolso que tenía arreglado para la misión- al menos, prométeme que llevarás a Shaitán contigo. –me abrazó con fuerza. Eran sus típicos abrazos protectores, aquellos que yo tanto anhelaba pero que en aquel momento no era capaz de corresponder.
-Yo no puedo llevar a Shai…
-Él ya sabe que debe irse contigo… yo ya le di instrucciones, él es muy inteligente, sabe que debe cuidar de ti. –Me apretó más contra él, más, sin embargo, yo no lo abracé. De pronto me soltó para mirarme fijamente. –Erika quiero ser claro en lo que te diré a continuación –me tomó de los hombros. –Quiero que lo que te diga se te quede grabado en la cabeza –se acercó a mí- si es necesario que dejes a Leiftan solo… hazlo.
-¿Qué? ¿Cómo me pides algo así? –me horroricé.
-Yo velo por ti, no por él… si debes dejar a Leiftan atrás para salvar tu vida, hazlo…
-Pero –replique sin entender porque actuaba así.
-¡Solo hazlo! … -me miró triste- si me necesitas, envía a Shaitán a buscarme y yo te buscaré. No quiero que salgas herida… -de su bolsillo sacó un puñal y lo dejó en mi mano- úsalo de ser necesario –volvió a abrazarme, lo sentí temblar, no obstante, yo y mi terquedad me impedían tocarlo. –Prométeme que harás todo lo que te acabo de pedir…- enterró su cara en mi cuello- promételo.
-Nevra yo…
-Prométemelo y te juro que dejaré de molestarte. –me miró triste- prometo que te dejaré en paz si tú me prometes cuidarte, si tú me prometes usar el puñal si es necesario, si tú me prometes dejar a Leiftan atrás si es necesario y si me prometes enviar a Shaitán si hay problemas. –se despegó de mí para fijar su ojo en mis ojos. –Prométemelo –insistió.
-Yo…
-Erika… prométemelo.
-Te lo prometo –desvié la mirada.
-Dime que me lo prometes mientras me miras… hazlo por favor.
-Te lo prometo Nevra –lo miré al rostro. Estábamos demasiado cerca, tan cerca que sentía su aliento en mis labios. Quería besarlo, quería abrazarlo, quería decirle que no iba a irme con Leiftan si él se quedaba a mi lado, quería tantas cosas… lamentablemente, nada de eso sucedería.
-Gracias Erika. –acercó sus labios a mi frente y la besó con dulzura, aquella dulzura que yo tanto añoraba en él. –Si algo te llegase a pasar yo me muero… -susurró. Lentamente se separó de mí, me miró con tristeza por última vez y se fue.
Con el puñal entre mis manos vi desaparecer su sombra de mi cuarto. Miré aquella reliquia que él me entregó, la acaricié con suavidad y puse la empuñadura de cuero en mi nariz para oler la última esencia de mi Nevra.
.
.
Era sábado de madrugada cuando desperté y lo primero que vi fue a Shaitán al lado mío en la cama. Al parecer, tal y como me había dicho Nevra, el familiar me acompañaría a la misión. Debido a que Shaitán iría conmigo, no vi la necesidad de que Annie me siguiera por lo que, cuando me levanté, me fui a bañar para luego pedirle a Mathyz, aprovechando que estaba de turno de noche, que alimentara a mi familiar durante mi ausencia, menos mal que él accedió inmediatamente.
Caminé hasta mi habitación, le hablé a Shaitán para que despertara cuando de pronto me di cuenta de que llevaba un collar, seguramente Nevra se lo había puesto para la misión, amarrado a la gargantilla había un pequeño paquete, dentro de este habían gallyflores y una nota.
"Recuerda lo que anoche me prometiste"
Sentí la necesidad de ir hasta su habitación para abrazarlo, no obstante me contuve, no podía hacer eso… no quería doblegarme después de su estúpida actitud para conmigo durante la semana. Tomé el bolso y revisé si dentro estaba todo lo que necesitaba, por último, tomé la daga que me había entregado Nevra y la amarré a mi cinturón.
Caminé hasta la puerta de entrada a la ciudad seguida por Shaitán, en ese lugar estaba esperando Leiftan junto a la montura, al vernos se sorprendió.
-¿Qué hace él aquí? –preguntó mirando al familiar de Nevra.
-Pues… Nevra quiso que me acompañara.
-Mmm… le dije a Nevra que yo te protegería –negó mirando al cielo- lo bueno es que es que el Gallytrot es rápido por lo que puede seguirnos el paso. –me sonrió y yo le devolví la sonrisa. –Bueno mi lady, comencemos con la misión, se subió a la montura y me invitó a subirme detrás de él.
El viaje comenzó en silencio, el viento se calaba por mi piel y pronto me di cuenta que me había acercado a la espalda de Leiftan para cubrirme de la fría brisa.
-Erika –comenzó a reír- no me molesta si me abrazas… entiendo claramente si tienes frío, yo también tengo así que no me vendría mal un abrazo. –al escucharlo comencé a reír. Con un poco de timidez pasé mis manos para finalmente rodear la cintura del lorialet. Aquel cuerpo frente a mí desprendía un aura muy distinta a la de Nevra. El cuerpo del rubio emitía un calor inimaginable, un calor agradable para mis sentidos, apegué mi cara a su espalda la cual estaba impregnada de su esencia, una esencia que solo transmitía paz y calma.
-Nevra… –susurré despacio.
-¿Dijiste algo? –el lorialet me miró hacia atrás.
-No –negué rápidamente.
-Nuestro viaje será muy corto gracias a la montura. –volvió su vista hacia el camino- En montura nos demoraremos como 3 horas, no es tanto.
-Pues… no es tanto –sonreí.
-Aun así, nos detendremos a mitad de camino para que el Shau'kobow descanse.
-¡Claro!
Ambos comenzamos a hablar de cosas banales, él me hablaba de su vida y yo de la mía. Al momento de detenernos decidimos comer algo, sentada en el suelo vi que Shaitán también se detuvo a descansar.
-Eres muy rápido amigo –le hablé mientras le daba una gallyflor. –al comer, se recostó muy apegado a mí… al parecer estaba decidido a no dejarme.
-Tal parece que Shaitán te quiere mucho.
-Pues… -omití que nuestra cercanía se debía a que muchas veces, tanto él como su dueño durmieron en mi habitación –si… nos llevamos bastante bien. –acaricie la cabeza del perro mientras este se dejaba acariciar.
-Es raro que los Gallytrot se comporten así con otras personas que no sean sus dueños. Desde hace mucho tiempo que a Nevra se le echó a perder la cerradura de su puerta, no puede cerrar su puerta con llave. Por ese motivo, siempre, a su habitación se metían mujeres a esperarlo, sin embargo, Shaitán siempre las espantaba.
Al escuchar eso, de manera interna le agradecía al perro lo que hacía con las buitres de Nevra.
-Entonces… -el rubio prosiguió- para evitar el mal humor del perro, Nevra comenzó a viajar de habitación en habitación por las noches. –dicho eso, ambos nos quedamos en completo silencio.
¿Por qué me estaba diciendo todo eso?
Al termino de nuestro incómodo desayuno volvimos a viajar rumbo a la tribu de las hadas del sur. En medio del camino, seguimos hablando, yo como siempre, con curiosidad comencé a preguntar cosas de su pasado, su presente y su futuro, trastocando lo íntimo del lorialet, aquella información que me ayudara a conocerlo.
Al llegar, la líder de la tribu nos recibió amable. Su nombre era Gaia, que en su lengua significaba "madre naturaleza". De aspecto juvenil, la joven de cabello celeste agua, afirmaba tener tan solo 75 años de edad. Andaba descalza por la tierra, se cubría la piel con algunas hojas que encajaban perfectamente con su cuerpo, no tan esbelto ni tan robusto. Su modo de hablar no hacía nada más que transmitir armonía.
-Eres una faelienne, mitad humana y mitad… ¿Fenghuang? –me miró.
-Pues… si soy mitad humana pero no sé cuál será mi otra mitad…
-Ohh querida mía –habló con una voz melodiosa- tu otra mitad vive en la ciudad de Eel, eso ya deberías saberlo.
-No entendí… -balbuceé y miré a Leiftan quien tampoco parecía entender.
-Tu otra mitad faérica debe ser de origen Fenghuang… lo veo en tus ojos y en tu corazón… con respecto a tu otra mitad –apuntó a mi corazón- vive en la ciudad donde vives tú… lo veo en ti, y lo veo en el Gallytrot que viene a tu lado, él lo envió contigo porque está muy preocupado.
La miré asombrada mientras que un nombre se me vino a la mente… Nevra.
Al ver lo que estaba ocurriendo, Leiftan decidió intervenir.
-Gaia, traje conmigo a Erika. Ella quería conocer el mundo en el que ahora vive por lo que… -se calló al ver que la chica levantó la mano. No lo podía negar, yo estaba embelesada por su gran belleza y por su aire misterioso, casi hasta divino.
-Lo sé Leiftan… vamos hacia el templo y discutimos.
Comenzamos a caminar mientras veíamos a más chicas y chicos que recogían cosas de entre la vegetación. De vez en cuando se enderezaban para saludarnos amables.
Al entrar al templo, sentí una paz que desde hace mucho no sentía. Era como si la energía que orbitaba el lugar hubiera borrado todo el dolor que Nevra había dejado.
-Erika –de pronto me habló la líder de las hadas- veo que tienes hay mucha curiosidad retenida. Tu amigo –se refirió a Leiftan- y yo, debemos conversar de temas políticos y económicos que lo más probable es que a ti te aburran. Puedes ir hasta nuestra cocina y pedir algunas galletas. Shaitán me contó que estás muy interesada en estudiar plantas –miré asombrada al perro que estaba junto a mí- aquí no tenemos invernaderos como en el C.G, pero hay hadas que trabajan en alquimia, búscalas y sacia esa curiosidad que invade tanto tu corazón.
Al escuchar eso me despedí, me di media vuelta y me fui.
-¿Cómo que le contaste cosas? ¿en qué momento? –miré sorprendida a Shaitán mientras que este se acicalaba una oreja.
Debido a que no había preguntado la ubicación exacta de la cocina, decidí buscar por mí misma en compañía de Shaitán. Al momento de llegar a los comedores, me topé con algunos jóvenes con los que comencé a conversar. Aún era temprano para almorzar por lo que me dieron galletas de vainilla decoradas con pequeñas chispas de colores, eran deliciosas. En el desayuno me di cuenta de que el familiar de Nevra no solo se limitaba a comer su alimento exclusivo, como lo hacían los demás familiares, sino que también comía nuestra comida… con razón Nevra se molestaba de que Shaitán era un goloso.
A diferencia de lo que yo pensé, los y las integrantes de la tribu con los que estaba compartiendo no temían de Shaitán, es más, lo adoraban. Por otra parte, tal como hacía el dueño, el familiar recibía con gusto las atenciones dejándose querer.
-Pensé que tendrían miedo de él. –le susurré a Nifa, una joven de cabellos de oro que estaba muy cerca de mí.
-Claro que no… -su voz resonaba como un eco- él –se refirió al familiar- nos ha contado muchas cosas…
-Eso… no lo entiendo. –la miré incrédula. -¿A qué se refieren cuando dicen que él les cuenta cosas?... donde yo vivía, los animales no hablaban.
-Él tampoco lo hace –aclaró con una sonrisa en sus labios- somos nosotros quienes tenemos la capacidad de ver más allá… es como si viéramos su historia.
-¿Conmigo pueden hacer eso?
-No –cerró los ojos y negó- los animales están mucho más arraigados a la naturaleza que nosotros los seres más racionales… sin embargo –de pronto, sus ojos se llenaron de alegría- hemos podido ver más allá gracias a Shaitán y gracias a él hemos podido conocerte un poco más a ti… es como si nos contará la vida entrelazada de ti y de su dueño. –al escuchar lo último me sonrojé. –No debes sonrojarte –me miró- … el amor y la ruptura son parte de la vida.
Comencé a sonreír nerviosa y al verme todos los que estaban en la sala comenzaron a reír, lo más seguro es que gracias a Shaitán ya se supieran todo el chisme de mi pasada relación.
Ese día lo pasé con Nifa quien era alquimista igual que Ezarel, la joven me regaló algunas raíces que podía replantar allá en los invernaderos del C.G. Ezarel estaría complacido si se las entregaba, quizás así, ambos podríamos reconciliarnos.
-Estas son raíces de Réquiem… -Nifa me tendió una raíz negra- es muy importante, cuando alguien está herido de gravedad, debes moler rápidamente esta raíz y aplicarla en la parte afectada… esto –apuntó al tubérculo que sostenía en la mano- puede salvar una vida.
-Entiendo. –me lo tendió y yo aproveche de guardarlo en mi bolso.
-No –Nifa me tomó del brazo- guárdalo en tu pantalón.
No entendí a lo que se refería, sin embargo, no la contradije y me guardé la raíz en el bolsillo de mi pantalón.
Ente los jardines, y en compañía de Nifa y de otras hadas, Shaitán no se separó de mí, ni siquiera cuando le pedí que descansara.
Durante la cena volví a reunirme con Leiftan y Gaia, ambos se veían complacidos con respecto a las resoluciones que había llegado la guardia con aquella tribu. Ya entrada la noche, una de las chicas nos mostró las habitaciones, la mía quedaba junto a la de Leiftan.
La decoración era preciosa, la cama parecía estar hecha de agua y hojas, y, a un lado de esta, había un pequeño macetero con una planta exuberante que le daba un aire de limpieza y armonía a la estancia. La habitación era iluminada por pequeñas flores flúor que destellaban en la noche. En medio de la pared había un gran ventanal que dejaba traspasar la luz de la hermosa luna menguante.
-Es bellísimo –habló alguien detrás de mí. –Lamento si entre sin tocar- se disculpó Leiftan.
-No te preocupes… -sonreí. – sí, es hermoso esto.
-Mañana nos iremos después del desayuno… no quiero aprovecharme más de la hospitalidad de estas personas. -se acercó a la ventana junto a mí.
-Entiendo… gracias Leiftan –lo miré con una sonrisa sincera- gracias por traerme hasta acá.
-Gracias a ti por acompañarme –me sonrió. Fijamente nos miramos bajo la luna y poco a poco él se fue acercando a mí.
Sus ojos y mis ojos estaban conectados hasta el punto de estar hipnotizados. Su mano fue a parar hasta mi mejilla para acariciarla suavemente, así por unos segundos.
-¿Cómo puedes ser tan bella? –susurró para finalmente acercarse a mis labios y besarme.
Su beso era una caricia suave, tranquila y armoniosa, sensual y sensible a la vez. Sus manos, las que una vez recorrieron mis mejillas, ahora estaban acariciando mi espalda, luego mi cintura, de ahí bajaron hasta mi cadera y de pronto pasaron por mi trasero, acercándome así más a él.
Sus manos y sus labios eran un trance, una droga que no me permitía separarme. No fue hasta que escuché a Shaitán gruñir, que salí de la conexión con el lorialet.
-Leiftan… –murmuré entre sus labios.
-¿Mmm…? –siguió besándome.
-No Leiftan… -puse mis manos en su pecho para empujarlo levemente- lo siento, esto no está bien…
-¿Por qué no está bien? –me miró triste- ¿no me quieres?
-Yo… no se… me caes muy bien, pero…
-¿Es Nevra cierto? –me miró con una pizca de celos.
-No… Nevra no…
-Nevra no vale la pena… lo sabes –miró hacia el lado.
-Yo… -comencé a temblar.
-Yo quiero hacerte feliz pero… -suspiró- Erika… –me acarició la mejilla- él no te conviene. Él… lo conozco desde hace años para decirte que siempre ha sido el mismo, él no cambia… solo le importa lo que a él le convenga. Nunca confíes en un vampiro porque son los más traicioneros Erika. –me miró y me besó la mejilla. De pronto sentí sus brazos alrededor de mi cuerpo otra vez.
-Leiftan –correspondí tímidamente el abrazo.
-Lo siento… tú me gustas, yo quiero hacerte feliz… no sabes hasta qué punto me gustaría hacerte la mujer más feliz del mundo. –me besó los labios por última vez sin importarle los ladridos insistentes del perro. –Mañana conversamos… descansa. –se dio media vuelta y se fue.
Rendida me senté en la cama mientras observaba a Shaitán gruñendo a la puerta, como si el lorialet fuera a entrar otra vez.
Resolví finalmente en acostarme, llamé al perro hasta mi cama y ambos dormimos uno al lado del otro.
Al día siguiente todo marchó bien, ni Leiftan ni yo hablamos de lo que había pasado la noche anterior… yo por mi parte prefería que no recordáramos esa situación. La despedida fue sumamente triste, me hubiera encantado estar ahí por más tiempo, no obstante, Leiftan tenía razón, no podíamos seguir aprovechándonos de ellos.
Nos montamos en el Shau'kobow y viajamos en dirección al C.G. Durante el camino no fui capaz de abrazar a mi compañero para sostenerme, sentía que si lo hacía estaría jugando con sus sentimientos, y realmente, eso era lo que menos quería. Al entrar al bosque de Eel nos detuvimos a descansar un momento hasta que Shaitán se levantó precipitadamente y comenzó a ladrar. Gruñía y ladraba fuerte, incluso comenzó a llorar. Se le veía asustado.
-¡Nos vamos Erika!- se levantó de pronto Leiftan. –Debemos movernos.
Sin aún subirme a la montura vi como Shaitán salió corriendo delante de nosotros.
-Rápido Erika… Si el cobarde sale huyendo, es porque no hay nada bueno en este bosque. –me apuró Leiftan.
Asustada me subí a la montura, la cual de un momento a otro se volvió más rápida.
Los ladridos de Shaitán ya no resonaban en el eco del bosque. Comenzamos a llegar hasta la colina de los guijarros cuando un gran lobo azul se nos cruzó de frente por el camino.
-El Fenrisulfr contaminado –susurró Leiftan- No puede ser…
Recién al ver al animal entendí porque Nevra estaba tan reticente a que yo saliera del C.G.
-¡Sujétate! –Leiftan lanzó una poción que alentó al monstruo mientras que nuestra montura evadió a la criatura. Debíamos escapar y pronto. A pesar del brebaje que Leiftan lanzó, no fue suficiente para que el Fenrisulfr nos perdiera de vista. Rápidamente huimos hasta el bosque profundo cuando nuevamente sentimos, por un lado, a Shaitán quien ladraba y por otro lado al lobo que nos perseguía cada vez más rápido.
Como prometí, saqué el puñal que Nevra me había entregado, sin embargo, el animal finalmente logró darnos alcance dándonos un manotazo que nos volteó a mí y a mi compañero. Producto del golpe, ambos caímos al suelo mientras que el monstruo nos acorralaba. Sus orbes eran de fuego al vivo y su piel tenía grandes manchas negras que simulaban completamente la contaminación que tenía en el cuerpo.
Poco a poco se nos fue acercando más hasta que no quedó espacio entre nosotros. En eso, Leiftan osadamente se levantó para combatir al enemigo mientras que yo no era capaz de levantarme debido al miedo que recorría mis venas.
-¡Erika corre! –gritó desesperado el lorialet.
No podía dejar a mi compañero ahí. Me levanté precipitadamente con el puñal en mano y corrí para ayudar a mi amigo rubio, no obstante, antes de acercarme un paso más, una mano me tomó del brazo y me tiró hacia atrás haciéndome caer. Producto del miedo no había sentido llegar a miembros de mi guardia, y entre ellos, aquel que me había lanzado hacia atrás, Nevra.
-¡Vete de aquí! –me gritó Nevra a la vez que Shaitán no hacía nada más que ladrar furioso.
-No, espera, ¡Nevra no…! -grité cuando lo vi acercarse a la criatura junto a sus compañeros. Corrí hacia ellos hasta que sentí a alguien tomarme del brazo… lo reconocí de inmediato, era Andwin.
-Vamos Erika, esto es peligroso.
Mi mirada se quedó en la batalla mientras que Andwin me arrastraba en dirección al C.G.
-¡No! –exclamé desesperada. –¡Andwin suéltame por favor!
El siguió tirando de mí.
Con horror vi el calor de la batalla, eran siete contra un gran animal. Eran siete y Shaitán quien no paraba de gruñir muy cerca de Nevra, como si lo estuviera alentando. Con horror vi que la criatura era más fuerte. Con horror vi un descuido de Nevra. Con horror vi como el animal se lanzaba encima del vampiro… con sumo horror observé como el hombre que yo amaba sangraba en el suelo.
-¡Nevra! –grité mientras mis ojos se llenaban de lágrimas.
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