Hola :) muchas gracias por seguir mi historia mes tras mes, espero que en verdad estén pasando un rato agradable para variar. Les recomiendo que pasen por mi página en Facebook ( /StarlingShadow) para ver algunos de mis fanarts, algún que otro adelanto y anuncios de otras historias (que no hago pero que pronto haré). También quería agradecer a todos aquellos que me mandan mensajes o que se preocupan por mi salud, espero que todos estén bien, supe que hay muchas cosas malas pasando por el mundo :( les deseo lo mejor y a aquellos que pasan por momentos malos les mando mis mejores deseos, buenas vibras y todo lo necesario.

Es todo por ahora, les dejo el episodio de este mes, no se preocupen que no fallaré el próximo, tengo ya dos episodios adelantados más 1 historia de Darius y Lux (¡otra!) por publicarse pronto, si me siguen en mi página de Facebook podrán enterarse de los detalles antes de estrenarse ;)


Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.

Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 37 – La verdad, la vida y el dolor


Una caricia, la siente cálida y sonríe de mirar quien la visita, cree que sólo es una alucinación pero es real, su amado apoya su cuerpo en la cama, toma su mano entonces y besa su mejilla con suavidad.

- ¿Estoy muriendo? –preguntó Lux.

- No… no sé –dijo confundido Darius- pero estoy aquí, soy real y no dejaré que nada te suceda –era un tonto, diría lo que sea por calmar el malestar de su amada.

- Me dijeron que estabas muerto –contestó ella con los ojos húmedos.

- Yo sé –le besó las manos y besó otra vez su rostro- perdón por tardar tanto.

La rubia agachó la mirada, estaba avergonzada, entristecida y al mismo tiempo conociendo su condición quería evitar llorar los mares que impactaban su corazón, necesitaba guardar toda fuerza que tuviera para su criatura, ¿finalmente podría decirle que serían una familia? Se preguntó acallando sus palabras, tenía sueño y la presencia de su amado le hacía sentir tan en calma como para finalmente dormir en sus brazos, aunque fuera una alucinación, quería creer que ese sueño era realidad.

Darius respiró hondo y dirigió su mirada al médico, el mismo permanecía en el suelo despertando del golpe que le habían dado.

- Habla, ¿quién eres? –preguntó sin soltar las manos de su amada.

- Soy sirviente de la familia Du Couteau. Perdóneme, señor… -hizo una exagerada reverencia.

- Te castigaré luego, ahora infórmame lo que sucede –dijo con severidad.

- La joven ama…

Llegó Katarina e interrumpió la escena, estaba jadeando, quizás habría corrido como loca al ver que el 'intruso' realmente era el general noxiano que clamaron "desaparecido en acción".

- Eres tú.

- Katarina, ¿qué intentabas hacer? –preguntó molesto.

- Yo… me dijeron que moriste y… aquí las cosas… no son como crees –decía tratando de excusar lo que fuera que haya visto.

- Dime todo lo que sucede o tendremos que hablar del asunto fuera de aquí y no seré amable –advirtió.

- No te tengo miedo, sólo estás molesto porque yo cuidaba de tu 'esposa' mientras Draven…

- ¿Dónde está mi hermano? –preguntó dándose cuenta de la ausencia del personaje que prometió cuidar a su convaleciente mujer.

- Supongo que ahogándose en alcohol, ustedes dos son un desastre, ¿cómo pudiste dejar a ese sátiro a cargo de tu casa, tus bienes y más importante, de tu esposa? –preguntó Katarina con una mueca que lucía como una sonrisa maliciosa.

El gigante noxiano soltó la mano de su mujer con delicadeza para ponerse de pie e imponer su presencia a la delgada pero hábil asesina Katarina. No iba a intimidarla pero necesitaba intervenir cuando decía cosas tan peligrosas, iba a medir su lengua porque no permitiría que nadie le faltara al respeto a su hermano y menos en éstas condiciones.

- Tú no me dices cómo actuar. Creo que va siendo hora de que te vayas, te acompaño a la salida –dijo caminando a la puerta pero Katarina no se movió.

- Luxanna está muy enferma, morirá hoy o mañana, eres el único que puede salvarla.

- Haré cualquier cosa por ella, sólo dime qué es.

- Te va a costar entenderlo, sería bueno que habláramos en otro lugar –dijo Katarina sabiendo del problema que provocaría controlarlo en una habitación pequeña como en la que estaban.

- Dímelo –ordenó.

- Es muy difícil –aseguró moviendo inconscientemente su cabeza.

- Me vas a decir que pasa o voy a sacarte con los pies por delante de mi casa –amenazó con molestia aparente.

- Bien. Tu esposa está embarazada –atacó y lanzó la bomba directamente a su humanidad- no es tuyo. Adivina quién se aprovechó de ella –parecía tener un extraño gusto a dolor, Darius giró su cabeza hacia una pared y no se movió ni un milímetro, ni si quiera parecía tener reacción alguna. Al cabo de un minuto Katarina se sintió incómoda por lo mismo dio un paso atrás pero el noxiano sin moverse habló.

- ¿Qué tiene ella? –preguntó con sequedad.

- El embarazo es de alto riesgo, recientemente la atacaron. Swain quería aprovecharse de tu ausencia y mandó a alguien a organizar esto. Supongo que su finalidad era matarla pero sobrevivió al ataque, como consecuencia tenemos esto, ella no puede conservar a esa criatura, es una carga a su vida.

- ¿Y se supone que haciendo que aborte se salvará? –preguntó de inmediato.

- Es su única opción y ella se niega. Cree que es hijo tuyo, mi médico considera que sufre de un trauma y para encubrir el dolor que le provocaron inventó toda esa historia fantástica. Sería… bueno que le envíes de vuelta a Demacia, ya sabes, su familia cuidaría mejor de ella –aprovechó el asunto.

La pelirroja, aunque mal, sólo quería salvar a Lux de males aún peores, quizás haría algo bueno al final, salvarla de las garras de la "Rosa negra", de Draven, de la furia de Darius y sobretodo de su sufrimiento al dar a luz un hijo que produciría tal desacuerdo entre ambas naciones. En lugar de unirlos hará que cada nido de maldad salga para lastimarla.

-Vete de aquí –tomó su cabeza y surcando con sus dedos su cabellera se fue hacia una pared, estaba apoyando totalmente en la misma. Iba a explotar.

- Necesita de mi médico –se acercó a él con los puños hechos- se va a morir y vas a dejarla continuar con esto, ¿qué le diré a Garen? –preguntó furiosa.

- Vete, he dicho. Yo me encargaré de mi esposa –no iba a mirarla.

- Eres un verdadero idiota –se fue llena de rabia.

Su rostro marcado por la guerra, por el horror de la orfandad, por el dolor, el castigo, la pobreza e incluso el desazón de nunca haber sido amado por los propios padres que lo engendraron era nada comparado a su corazón, un cristal dentro de carbón tan duro como la piedra, un cristal que caía a pedazos.

Una reacción normal sería llorar, no podía, honestamente no podía, ¿qué iba a llorar? Si pudiera solucionar algo con sus lágrimas… él mismo se machacaría hasta lograr una sola lágrima y salvar así este amor que lo consumía por dentro. Amaba tanto a esta mujer que yacía en aquella cama que era capaz de pasar por cualquier cosa para seguir haciéndolo, incluso si eso fuera su amor propio u orgullo, no era sano amar así… ¿pero quién podría cambiar todo esto? Nadie era capaz, todos amaban de distinta forma, algunos más despiadadamente que otros.

Dejó de atormentarse y volteó hacia Lux, la miraba desde lejos pensando en todo lo que había pasado hasta ese momento, cómo besó al príncipe para salvarle la vida, como iba a sacrificar TODO por él, incluso su propia vida, ese beso había envenenado su amor propio, le había demostrado que su peor enemigo no eran aquellos ajenos a su nación… era ella, la rubia, la delicada y bella joven ahí presente. Le había dañado tanto que era incapaz de reconocer el límite para alejarse, abandonarla e impedir que siguiera golpeando su corazón como un palpitar.

Siempre se dijo que cada parte de ella le pertenecía, sus labios, sus senos, aquella hendidura en su entrepierna por la cual se habían unido y le había hecho el amor. Selló su vida con la suya, esto era verdadero, entonces… ¿por qué? ¿Por qué quería destruirse en ese momento? Rió para sí, ¿era el hombre más fuerte de su nación? Se miraba a sí mismo, ni si quiera podía reconocerse con sus rodillas temblando ante el desafío, ¿era un hombre si quiera? Amar por sobre la traición, por sobre todo este dolor, ¿era de hombres?

Entonces tomó su decisión, no iba a hablar, no iba a decir nada, necesitaba tiempo para procesarlo pero ahora lo importante era acompañar a su mujer a lo largo de este camino. Finalmente la sombra de la muerte se cobraría su existencia y aun sabiendo que su amor tenía fecha de expiración.

Se paró frente a Lux y suspiró, se acomodó en la cama poniendo a su esposa entre sus brazos, quería amarla lo que durara su luz en extinguirse.

- ¿Estás despierta? –preguntó.

- Hablas muy fuerte para poder dormir –bromeó con aquella voz ahogada- los ojos me pesan –contestó un poco más seria, sentía como el cuerpo de su marido palpitaba ante la respuesta.

- Katarina me dijo todo –dijo, no necesitaba escuchar su versión.

Comenzaba a gimotear, NUNCA arreglaría nada llorando, lo sabía perfectamente bien pero no podía evitarlo, era imposible si quiera guardar una lágrima, no quería decir lo que le hicieron, ni si quiera recordar lo que le provocó.

- No llores… -le dijo con ternura el noxiano abrazando más a su mujer contra su pecho- quizás sólo quería saber.

Se le notaba en la voz, estaba nervioso, no podía hablar de esto pero algo le decía que quería que ella se lo confirmara.

- ¿Vas a tenerlo? –preguntó al no escuchar una respuesta de Lux.

La misma retrajo su cuerpo por la vergüenza de no poder admitir su deseo, sabía que moriría si seguía con esa locura pero no quería perder aquel bebé que con tanto amor esperó tener con su esposo, su mente no concebía tal horror. Había pasado por tanto, ella sólo quería conservar su amor, hay quien diría que ella era joven, que podría tener otros hijos pero ¿quién razonaría con el amor de madre? Por alguna razón, ella sentía amar a su criatura incluso más que a sí misma.

Viniendo de alguien tan culto como ella, dejarse morir era una tontería, tantos años educándose, sabiendo que en esa etapa de su embarazo el bebé era en realidad un feto, no sentía su entorno, no respiraba por sí mismo pero… ¡no se entendía!

- Te fallé… -murmuró Darius- y no quiero perderte, así que decide bien…

Iba a gritarle que era suyo que no tenía que dudar de ello pero algo la paralizó, fueron las imágenes de lo sucedido, la forma en que Draven y ella habían consumado ese falso 'matrimonio', le asustaron las consecuencias, si no hubiera estado embarazada, quizás habría concebido un hijo de aquella tragedia, la manera en que la violaron… llenando su interior, colmando sus deseos en ella, el miedo le quitó la misma respiración.

La verdad era más cruda que unas banales palabras, el desprecio… el helado desprecio de su más grande amor le hizo desistir.

- Quiero estar sola –dijo Lux.

Darius quedó en silencio mientras pensaba por unos segundos la razón, sin entenderlo no quiso apartarse pero Lux interpuso sus manos entre ellos y lo empujó con las pocas fuerzas que guardaba.

- Nunca más –le dijo abrazando a su esposa.

- Déjame estar sola –se encorvó mientras dejaba caer sus lágrimas en aquel fornido cuerpo.

¿Alguna vez se han caído? Pero caído muy duro al piso, al principio no sientes nada, todo pasa rápido, el dolor apenas lo sientes, la adrenalina se ocupa de evitártelo para huir pero luego pasan los segundos, después de aquel desastre ves las consecuencias. Puede haber un hueso roto o más, músculos lastimados, la misma carne se resiente, se ennegrece, duele… duele demasiado.

Y todo lo que solías hacer se siente como la más grande prueba de tu vida, nada es lo mismo de nuevo porque incluso si el cuerpo sana, la mente tarda en recuperar estabilidad y comienzas a recordar todo una y otra vez pudiendo desarrollar un trauma.

- Llamé a mi médico, él sabrá que hacer, Katarina sólo quiere que me deshaga de ti pero yo, ¿sabes? Se que es nuestro hijo porque todo lo que tú me has dado es felicidad y todo lo que me des en un futuro será nuestro, eso me prometí el día que me casé contigo. Por eso, no me apartes, no me impidas estar a tu lado lo que dure nuestro amor. Regresé de la misma muerte para amarte, no una sino dos veces, sólo te pido… amor mío, que luches, sólo un poco…

Y cuando creías que todo estaba perdido, llegaba algo de esperanza y apoyo a tu destrozado ser, sientes la calidez, es como una red de seguridad, cuando ibas cayendo en un abismo de inseguridades llega para sostenerte. Mira a Darius, lo mira otra vez y con los ojos empapados en lágrimas se acerca a él para besarlo con ternura, quiere conservar esto para siempre pero casi no tiene fuerzas.

Aunque suene loco, incluso en esta tragedia ella podía ver algo más que su amor, la figura de una criatura oscura en un rincón de aquella habitación, estaba… observándola, a ella y a Darius.

Ojalá pudiera mantener su cordura, quizás lo que veía ahora mismo era quien la esperaba al otro lado.

Karthus estaba preparándose, afilaba sus dientes y no dejaba de admirar aquella vaga determinación que tenía la rubia, iba a llevársela al otro lado pero ella no dejaba de luchar, no sólo por lo que Darius le hubiera dicho sino también por su criatura, era demasiado pequeña para sobrevivir si ella se dejaba a la muerte, necesitaba darle una oportunidad.

- Es nuestro –le susurró Lux, no quería morir sin decirle la verdad- te lo juro… -lloró de nuevo- perdón por no defenderme, por fallarte, por irme así… pero no puedo matarlo.

- Y por eso ambos vendrán conmigo… -dijo Karthus pero nadie podía oírlo.

- Uno debería sobrevivir, ¿no crees? –dijo Darius.

- Estoy cansada… de todo, de luchar, de defenderme, de intentar cuidar nuestro amor. No nos dejarán ser felices jamás… solo… mira… -decía en un hilillo de voz. Su boca estaba seca y con un sabor a dolor, podía decirse que tenía la mirada perdida también.

- ¿Lux? ¿Qué estás diciendo? –se horrorizó- ¿Lux? –no contestaba aunque tenía los ojos abiertos.

- ¿P-Puedes traer un poco de agua? –preguntó girando sus ojos a él.

- Claro, voy ahora mismo –contestó al instante.

Al irse de la habitación Lux miró al techo y luego a la pared, podía notar esa mancha oscura acechando su vida.

- ¿Quién eres? –susurró la rubia sin entender aquella sensación a muerte en el aire.

Pero no podía escucharlo, él sólo observaba aquella vela extinguirse aunque al final tal vez sólo la apagaría él mismo, odiaba ver la mecha consumirse inútilmente.

El noxiano corrió hacia la cocina para buscar un vaso de agua, no encontraba nada, quizás porque nunca había ido hacia ese lugar, la frustración le hizo romper todo lo que encontraba hasta que cayó al piso, al lado de aquellos cristales rotos, ni un plato había sobrevivido a su rabia.

Se tomó la cabeza con rabia y haló sus cabellos hasta poder esconder esa furia que le recorría, estaba perdiendo a la mujer de su vida y no podía evitar sufrir la pérdida, era una tortura.

Escuchó unos pasos y levantó la mirada para encontrarse con su hermano y todo se congeló, como si alguien hubiera detenido el tiempo, Draven abrió su boca con toda la sorpresa de aquel cruel mundo, no podía creer lo que había encontrado, ¿era él? Se preguntó.

- ¿Hermano? –dijo cuidándose de caer en una mentira de su propia mente.

Darius se quedó viéndolo con esa expresión, esa misma expresión de incertidumbre pero luego se vio a sí mismo en aquella patética situación, en medio de tantas cosas rotas, incluido su corazón.

- Hermano, ¡hermano! –dijo Draven con más ánimo y fue a él para levantarlo del piso y abrazarlo- eres tú –lo sintió y cerró sus ojos al estrechar sus hombros con ambas manos.

- ¿Por qué todos me tratan como un fantasma? –se preguntó a sí mismo pero en voz alta.

- La gente en Noxus dijo que todos habían muerto, cayeron en una mina abandonada, todo se desplomó, fui a ver y no había nada. Todo el terreno hundido hasta desaparecer. Swain envió algunos exploradores pero no habían encontrado más que ruinas.

- Pues aquí estoy –dijo falto de emoción a su hazaña- ¿dónde hay vasos? Necesito agua –dijo recordando su misión.

- ¿Para qué buscas agua? –preguntó curioso Draven y caminó hacia una alacena donde habían un montón de vasos cristalinos, le puso agua y se lo entregó muy rápido, casi como si no le hubiera costado nada- Bebe, debes estar sediento, ¿ya llamaste un médico? No te ves bien.

Preguntaba pero no era la única razón para verse tan decolorado, la misma sangre de su cuerpo le había abandonado y se curaba a paso lento, Draven le miró a los ojos pero su hermano le evadió, estaba tan alegre, sonriendo con la boca abierta, como si… nada de lo que pasó hubiera pasado. Entonces pensó por un segundo que quizá lo que Katarina había insinuado no era verdad pero sí que lo era y cuando su hermano lo recordó cayó en cuenta de su vergüenza.

Se apartó un poco de él pero intentó mantener su misma energía.

- ¡Has llegado para la mejor parte! –le dijo airado y sonriente.

- ¿Cómo dices eso? Lux… ¿sabes cómo está ella? –preguntó intentando hacer que su hermano reflexione- toma en serio esto.

- Lo hago –dijo sin perder su alegría- ¡hey! –llamó a alguien que estaba apenas entrando al lugar.

- ¿Q-Qué? ¿Quién es ella? –preguntó Darius viendo a la joven de pelo azul entrar casi flotando.

- Ella podría salvar a… tu esposa –dijo con algo de dificultad.

- Explícate.

Él no sólo le explicó sus aventuras en la ciudad sino todo lo que pasó antes de si quiera traer a esta artista a su castillo, cuenta las cosas épicamente por lo mismo su hermano no tarda en cortarle el momento de emoción en medio de tantas historias.

- Bueno, creo que es suficiente.

- Ella es capaz de curar todo tipo de dolencias, incluso si son mortales.

- Esas cosas no existen, deja la fantasía. En unos minutos llega el médico, él la revisará y podrá ayudarnos –dijo Darius sin mucho ánimo.

- No lo entiendes… -decía Draven con un ápice de molestia- tu mujer va a morir, ella no quiere…

- Abortar –completó Darius- lo sé. Ella está embarazada, contra todo pronóstico –las pequeñas comisuras de sus labios se movieron, una parte de él era feliz- tendremos un bebé.

- Sí –afirmó de inmediato Draven- volverán a ser la pareja hartante y feliz que eran antes de que te fueras.

- Lo dices como si irme hubiera sido una "opción".

- Me malinterpretas, hermano. Yo también debí ir contigo.

- Te dejé a cargo de todo para que la protegieras, luego me dirás si lo hiciste.

Cuando el noxiano menor volteó atrás de él para ver la artista ya se había marchado de ahí, ¿desde hace cuánto estaban solos? Se preguntó y suspiró para buscarla, quizás fue con Lux. Ambos hermanos corrieron a la habitación aunque Draven no pudo entrar, bajó la mirada y se quedó de pie en el umbral de la puerta.

Ahí estaba Sona, junto a una dormida Luxanna, la miraba amablemente y comenzaba a tocar su melodía, se concentraba y movía su cabeza al son de sus movimientos, como si fuera parte de las olas del mar. Una sensación de paz llenó la habitación y pronto abrió los ojos para indicar con sus manos que la dejaran sola. Darius tardó unos segundos en hacer caso y salió de ahí cerrando la puerta.

Sona comenzó a tocar nuevamente su melodía, ahora era más fina, como una canción dedicada al amanecer, era como si invocara un nuevo día, una melodía que daba inicio a comunicarse con… él.

- "¿Vas a seguir?" –dijo en pensamiento Karthus.

- "Hola" –saludó animadamente.

- "¿Cuánto tiempo ha pasado?" –preguntó.

- "Demasiado, ¿qué haces con ella?" -tenía curiosidad.

- "Mi trabajo, lo usual" –contestó la misma muerte acercándose a Lux y tratando de tocar su frente.

- "Ella tendrá un bebé, trae una nueva vida" –argumentó Sona, la muerte giró su cabeza sin entender- "dijiste que respetabas la vida y quieres consumir su existencia sin si quiera haberle dado una oportunidad".

- "Tiene mi sombra en su contador, jugaba a salvar al noxiano ese. Su hora había llegado y ella se lo arrebató" –contestó Karthus muy molesto- "además, aquella criatura no es del todo inocente, traerá la destrucción"

- "El futuro no nos concierne, eres una criatura atemporal, debes dejar que las cosas de los humanos se resuelvan entre ellos. Además ella no jugaba contigo, siento en su corazón un gran amor, ella lo dio todo por algo más grande que nosotros, además… si perdonas a ésta muchacha, me harías un favor" –pidió Sona con dulzura.

- "Ah… en serio sabes cómo exasperarme" –contestó- "podría darle una oportunidad pero sencillamente no quiero. El amor no es suficiente para salvar una vida" –hizo una pausa- "pero sí dos…" –concluyó mientras suspiraba- "¿Sabes? Llevo años sin sentir la necesidad de capturar el arte de tu música y mi memoria siempre borra uno de los pocos placeres humanos que me colman, ¿podrías tocar esa melodía que tanto adoro?" –dijo sin disimular su leve emoción.

No extrañaba nada de su lado humano, al menos no hasta que la escuchó, sus melodías lo transportaban a otro mundo, era increíble, ojalá Sona fuera distinta, ambos tendrían una vida muy armoniosa, la muerte, la música y su paz.

Karthus abrió sus ojos (o lo que quedaban de ellos) y posó su mano sobre la frente de Lux con sólo su dedo pulgar, empezó a meditar un poco y la dejó, una pequeña mancha dorada había quedado en su lugar.

- "Dejaré esto para recordar que su vida será siempre tu responsabilidad" –dijo la misma muerte.

- "Su espíritu es bueno, ella ama la vida y no merece morir" –añadió Sona tocando otra melodía- "y eso lo sabes" –agregó para despedirse de aquel extraño aliado.

- "No sabes por qué ama la vida ahora, en fin. Espero verte pronto…" –se despidió para ir desapareciendo.

El color en el rostro de la joven rubia comenzó a cambiar, empezaba a estar más rosada, la palidez abandonaba su aspecto, las ojeras oscuras también, se veía menos cansada, Sona sonrió ante su acción pero no dejó de tocar sus melodías para seguir curándola. Necesitaba curar a ambos porque sus cuerpos muy aparte de resentir traumas físicos tenían una nube gris nublando su existencia, quizás el sufrimiento del abuso que sufrieron.

Pero no era sólo ahí, vio hacia la puerta, los hermanos noxianos irradiaban sufrimiento y oscuridad pero en Draven esto era más intenso, así que se concentró un poco más para escuchar sus pensamientos.

Se sorprendió un poco porque creía que aquel sujeto se preocupaba por sí mismo o por su hermano pero su mente estaba sumergida en soledad, desdén, sufrimiento, rechazo y… culpa.

- "¿Vienes?" –preguntó Sona.

Draven no escuchó nada sólo un murmullo pasar por sus oídos, ¿qué podía ser? Estaba junto a la puerta, qué iba a meterse a la habitación, no tenía aquella intención, se quedó pensando, estaba feliz de haber salvado a Lux, sonreía pero lleno de dolor ante las dificultades que podía presentar de ahora en adelante esta situación.

- Hey… -le dio una palmada en el brazo.

- ¿Qué? –salió del trance en el que había entrado.

- Escuché algo, fue como… si te llamara, la mujer que trajiste.

- Debe ser tu imaginación –contestó Draven.

- No, entra a revisar, no me gusta tener ese zumbido en mi cabeza.

- ¿En serio? Yo no siento nada.

- Ah… entra –ordenó sosteniendo nuevamente su cabeza, tenía migraña a causa de las ondas psíquicas que enviaba Sona para comunicarse con Draven.

Aunque alguien tan alejado de ese mundo era incapaz de dejarse entender, la magia y Draven era una combinación extraña, no porque él no quisiera era sólo que él no creía demasiado en ello o sentía cierta repulsión a las artes mágicas debido a Le'Blanc o su antiguo aliado Swain.

A regañadientes entró a la habitación, se vio ante la tenue luz de la misma y vio en dirección a Sona, la cual tocaba una melodía suave, abrió los ojos y fue como si le indicara que se acercara.

No iba a decir nada, no quería despertar a la rubia, no había estado así de cerca y en calma desde hace tanto… suspiró. El dolor que le había producido un sentimiento nacido de la maldad no le dejaba vivir aquel momento; lo peor que la "Rosa Negra" había hecho era provocarle esto, sus sentimientos dormidos por décadas surgían para hacer que quisiera cosas que jamás podría tener.

Sona no iba a hablar con él, sólo quería sentir, escuchar, pensar y disipar la nube gris en sus emociones. Entendía que este hombre había sido forzado a despertar sus sentimientos, que habían quebrado su espíritu, que aquellas emociones dejaron crecer sus afectos en la mujer que ahí yacía durmiendo.

¿Qué clase de magia era esta? Al cabo de unos minutos de dejar su melodía curar al noxiano una especie de cuervo negro se apartó de su corazón para morir inmediatamente, Draven no lo veía, sus ojos estaban cerrados a su lado espiritual, fue cuando notó que aunque el cuervo le había abandonado… en su corazón todavía albergaba aquellos sentimientos, las raíces de aquella magia extraña se extendían en todo su cuerpo pero no era como si él lo resistiera.

- La amo tanto… -dijo suavemente acercando su mano al rostro de la joven dormida, le tomó un mechón de cabello y se lo acomodó- pero nunca podré decírselo –miró a Sona, la misma le mostró una sonrisa amable y algo triste- ni si quiera debería haber permitido dejar surgir esto. Me castigaron haciendo que ame a alguien que jamás me amará, yo y mi gran bocota, Darius siempre me lo advirtió. Ojalá nunca la hubiera conocido, al menos así ella estaría a salvo de lo que hice, ¿puedes borrar lo que siento? –pidió casi en agonía.

Sona negó con la cabeza y extendió sus manos hacia él, quería tocarlo, necesitaba calmar su espíritu, este hombre quería morir, lo deseaba con todo su corazón. Su naturaleza era así, exuberante, banal, intenso, alocado, viviendo siempre al límite, temerario y… cortaban su vida con esto. Por decisión él nunca hubiera desarrollado un sentimiento por la mujer equivocada.

Desde un principio sintió esa necesidad, cuando la cazó como un animal le gustó tenerla, abusarla, lastimarla pero luego cuando quiso consumarlo notó que su hermano sentía cosas, sacrificó sus deseos superficiales por ello pero con eso la conoció. Su personalidad, sus defectos, sus virtudes, sus… afectos colmados de ternura, si no la hubiera conocido así jamás hubiera revelado que en su corazón él la deseaba.

No, Draven no tomó las manos de Sona, la miró por un segundo y se dijo a sí mismo que no lo merecía, la paz que tanto anhelaba estaba lejos de obtenerla por estos medios, bajó la mirada y dio media vuelta para salir de ahí, no soportaba tenerla cerca, verla e incluso… ser guardián de sus sueños. Había fallado de tal manera que le era imposible recuperar aquel estatus, además su hermano estaba a un paso de descubrir la cruda realidad, rogaba porque no lo hiciera pero si no lo sabía ahora… lo sabría todo muy pronto.


Fin de Episodio 37