Buenas noches, mis lectores:
¿Pueden creer que tengo ya el nuevo capítulo? esto es algo que no sucedía hace años. Pero sí, antes de seis meses ha salido capítulo de "El cazador" reciencito del horno.
Y espero que les guste mucho.
Quiero mandar los saludos a todos los que siguen leyendo. Quiero agradecer a mi querido Tuc por sus análisis de personajes tan entretenidos y que sigo esperando con ansias. ya llevamos a Draco, Nott y Zabini. Pero yo quiero también un análisis de Foster , Lestrange, Krum, Ron… etc. jejje
Para el final, quiero desearle un feliz cumpleaños a mi amiga Love Dreamer, que ha esperado toda la tarde a que termine su regalo de cumpleaños. jejjee espero te guste, loca querida.
Y bueno, es hora de leer.
Saludos
Yaem (enamorada y herida) Gy.
P.E. Les dejo la canción. All I Need - Within Temptation.
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Capítulo 37 : Amarle
"Susan, no termines mi paciencia. No quiero hijos y punto. Si tú los quieres, la puerta está abierta. No voy a coartar tu deseo. Pero no intentes obligarme a algo que no quiero"-
Acariciaba su vientre amplio. Unas lágrimas bañaban su cara. Era la millonésima vez que lloraba recordando las crudas palabras de Ron. Sollozó y se tapó los ojos con la mano libre.
Allí estaba, acostada, delicada, luchando por mantener en su vientre al hijo del hombre que amaba. Pero también estaba aterrada de su reacción, de lo que él hiciera cuando la enfrentase.
Porque si algo había conocido Susan en los tres años que había vivido al lado de Ron, era que él no perdonaba.
Pero ¿era una traición desear ser madre de su hijo y hacer lo que fuera por conseguirlo?
Siempre le había gustado, desde que estudiaban en Hogwarts le había divertido la forma distraída del pelirrojo, su humor, sus ojos y su linda sonrisa. Claro, en ese entonces solo asumía que le gustaba, porque era muy niña y no sabía bien lo que era amar. Además, sabía que con Granger no podía pelear. Cualquier batalla estaba perdida.
Lo presenciado al ver la fea derrota de Lavender.
Y en ese tiempo lo dejó pasar. Se dedicó a sus cosas, a conocer a otras personas. Luego, la guerra lo abarcó todo y ya no tenía tiempo en pensar en amor. Sólo se sabía muy asustada y lo único que quería que ella y su familia sobrevivieran al horror.
Pero la noche de la gran batalla, en la cual había participado a pesar de todos sus miedos, Susan sintió que su corazón se destrozaba. Había visto a su amor platónico desgarrado por el dolor. Le había visto enloquecido, desesperado.
Roto… completamente roto.
Y ella, como varios otros, se había acercado a darle cariño y consuelo.
Había estado atenta, como amiga al principio, de la salud física y mental de su antiguo compañero de colegio. Desde prudente distancia observaba, ya que había sido testigo de como el simpático Ron que ella había conocido, se estaba transformando en un ser atormentado, ahora irascible, ahora incontrolable.
El Ron que a ella tanto le gustara en el pasado, se desvanecía. El hombre que maduraba en el cuerpo del pelirrojo era otro. Y eso a ella le había afectado demasiado.
Sabiendo que su apoyo podría ser rechazado, había preferido mantenerse en la sombra. Esperando un momento en que el demonio que desgarraba el alma de Ron le permitiera un respiro. Y así, poco a poco, con una paciencia increíble, Susan se acercaba pasito a pasito.
Por supuesto, su intención inicial era muy pura y transparente. Era una amiga en pos de ayudar a un viejo amigo. Sin intenciones ocultas, sin esperara recompensas extras. Había intentado ocupar el espacio de Hermione en el Instituto de Aurores, estudiando codo a codo con Harry y Ron. Se sabía una usurpadora, ambos muchachos, tal vez sin intención, se lo habían dejado claro más de una vez. Pero era sobre todo Ron el que rechazaba más el hecho que ella quisiera ser Hermione.
Y Susan tuvo que aceptar que no debía pretender ser quien no era.
Los años de estudios fueron arduos. Pero lo que a ella le impactó, fue el cambio rotundo de ese Ron flojo y apático a una máquina que buscaba aprender a toda costa. Ron había manifestado un hambre insana por perfeccionarse, por entrenarse, por pulirse a toda costa. Parecía que el joven estaba obsesionado por ser Auror a como fuera lugar. Y era en las clases de lucha en donde descargaba ese veneno que rezumaba en sus venas.
Para cuando se titularan (A Ron lo habían titulado a la fuerza sólo por deferencia a Harry, pues el pelirrojo parecía un monstruo y no un auror), Susan había visto por sus propios ojos que de ese chico divertido ya no quedaba nada. Pero también, había descubierto que sus propios sentimientos también habían cambiado. Se había enamorado perdidamente de ese monstruo.
Había sufrido y para su propio pesar, amado la metamorfosis de él. Ella había contemplado como su mirada se oscurecía, como su voz se tornaba áspera, como su cuerpo se volvía de acero. Y como una bestia horrorosa había tomado posesión de todo en él, devorando su paz, su alegría, su esperanza.
Cuantas veces se había quedado despierta en la noche, llorando en la desesperación de no saber cómo ayudarle a salir del infierno que él mismo se había creado. Sabiendo también que Ron no deseaba escapar de ese infierno.
Y en ese instante había callado. él hubiese tomado su amor y lo hubiera hecho pedazos ante sus ojos.
Había preferido dejarle. Por segunda vez había decidido asumir sus propios asuntos y aceptar que Ron no la quería en su vida. Se dedicó entonces a su trabajo, a sus padres. Y poco a poco empezó a escuchar rumores. Muchos, muchos rumores.
Una bestia había nacido, era el terror de todos los mortífagos, era el demonio que despedía fuego de los comentaban que había surgido el mejor Auror de todo Reino Unido, eficaz, sagaz, casi letal. El, ahora llamado "Cazador", ganaba fama y miedo en proporciones abismantes.
Al volver de su retiro anticipado, Susan demostró a todos que también era buena en lo suyo. Había empezado a escalar posiciones, a trabajar muy duro. Harry poco a poco había valorado sus esfuerzos. Primero trabajó con él a solas, después retornó al trío con Ron, aunque éste protestara por su irritante indulgencia con los capturados. Más tarde, se le había asignado a otro equipo, con Mclaggen entre sus compañeros. Cuando los desmadres de Ron empezaron a escapársele de las manos a Harry, el recién ascendido jefe de aurores, había decidido poner un freno a las solitarias incursiones de El Cazador. Y fue entonces que la emparejó con el pelirrojo. Cuando ella entrara como tromba a su despacho a preguntarle el porqué de esa decisión, Harry había cerrado la puerta y la había tomado de los hombros, mirándola profundamente a los ojos.
Mi hermano está enfermo. Lo sabes. Tengo tanto miedo que un día se haga daño a sí mismo. Más daño del que ya se ha hecho. No podría soportar la culpa de no haber impedido una tragedia-
Pero, ¿que tengo que ver yo en todo esto?- le había dicho ella, demudada ante la potencia en la mirada de El Elegido.
Suelo ser un poco distraído, pero con los años he podido descubrir el secreto que has guardado con tanto celo. Te he visto mirarle. He visto que sufres por él como todos los que le amamos.-
No te entiendo- había intentado ella resguardarse.
No me hagas decírtelo. Es más, ninguno de los dos tiene que decirlo. Solo sé que eres una mujer fuerte, determinada. Que puedo confiar la vida, la mente y el corazón de Ron en tus manos. Que tú podrías ser el muro salvador que contenga todo este huracán que lo está llevando a lo profundo del acantilado.
Ante esas palabras, ella había quedado traspasada. Estaba aterrada de enfrentar directamente la fuerza avasalladora e incontrolable que emanaba de Ron. Estaba aterrada también de no poder controlar ella misma el fuego de su propio tormento.
Pero había aceptado el desafío, no volvería a renunciar a la oportunidad de amarle.
Desde entonces, la vida de Susan se había convertido en un caudal frenético que caía sobre rocas, se alzaba entre tierras fértiles y luego se extinguía entre suelos áridos, para luego pelearle al mundo su derecho a resurgir otra vez. había llorado toda su agua, había reído toda su estridencia y había amado toda su pasión. Ser la mujer de El Cazador era la tarea más difícil que hiciera jamás.
Había vivido buenos momentos, en los cuales la esperanza casi la rozaba con terciopelos, pero pronto los cuadros demenciales de Ron la hundían despiadadamente. Su reticencia a quererla la destrozaba. Su renuencia a formar un hogar con ella, solo agravaba la profunda herida que cada día Ron horadaba en el sufrido corazón de Susan.
Y como una sombra que tragaba sus esperanzas, se alzaba el recuerdo de una Hermione que en vez de difuminarse con el tiempo, se convertía en un coloso indestructible.
Pero Susan había terminado aceptando que solo podía recibir el poco cariño que Ron se dignaba a darle. Que la dueña absoluta del amor del hombre de sus sueños era una muerta.
Sabía que eso era indigno. Que ella rogaba por migajas, pero era tanta su necesidad de sentir el calor de Ron, de sentir el aroma de él en su piel, que se había resignado a su destino.
Ron no le había dado oportunidad alguna de ganarse su amor. Él estaba cerrado, negado a cualquier otra devoción. Le tenía cariño, pero amarla… eso era una quimera.
Volvió a acariciar su pancita. El bebé estaba inquieto. parecía percibir el dolor de su madre. Susan apoyó ambas manos para hacerle sentir que todo estaba bien. Al menos ese pedacito de Ron si la amaría por sobre todas las cosas. Y eso era un gran consuelo para ella.
Pero qué maravilloso sería si su padre también la amara.
Un golpecito en la puerta la alertó. Con rapidez secó el agua de su rostro, pero sus ojos hinchados la delataban. Molly se asomó lentamente con una sonrisa, pero cambió de facciones al verla.
Cariño… no, no llores-
No… no estaba llorando- dijo Susan bajando la cara en infructuoso esfuerzo por esconderse.
Su suegra caminó hasta la cama y se sentó en un costado. Antes de hablar de nuevo, acarició en maternalmente el vientre hinchado.
Sé que mi hijo es un ser difícil. Que no ha sabido apreciar el amor que le tienes. Pero cuando sepa de…-
Cuando sepa de mi embarazo va a estallar de furia- se lamentó la pelirroja.
No va a lastimarte si es eso lo que temes. Mucho menos sabiendo que llevas a su hijo dentro. Además, Arthur y yo lo contendremos antes. No tengas miedo. Ahora esta es tu familia.-
, si Ron entendiera que este hijo es fruto de todo ese amor que siento por él. Que quiero liberarlo de las tristezas y que quiero una oportunidad de hacerlo feliz.-
Cuando te uniste a él, sabías que las cosas no iban a ser fáciles. Que él no ha podido dejar el pasado atrás. Pero no te angusties. A pesar de parecer a veces irracional, mi muchacho aún tiene dulzura dentro. Lo veo cuando juega con el pequeño James.- Molly sonrió- no pienses en fatalidades. Piensa en esa cosita pequeña que crece cada vez un poquito más en esa pancita. Arthur está tan feliz por su nuevo nieto. Ya imaginamos al pequeño jugando por toda la Madriguera-
¿Usted y su marido lo quieren? ¿A mi bebé?-
¿Cómo puedes preguntar eso, niña? Es el hijo de mi pequeño Ron. Lo adoramos desde el momento en que supimos de su existencia. No te desgastes en inseguridades, concentra tu energía en cuidar a mi nieto, cuando nazca, dedícate a amarlo. Ser madre es tan hermoso, hija mía. Ese amor llena tantos vacíos. Y el bebé recompensará todo con risitas y gestos de ternura. No te inquietes por Ron-
¿Cree que alguna vez dejará de amarla?-
Molly suspiró y se quedó pensando un momento. Luego cuidó muy bien sus palabras.
El amor no se olvida de un día para el otro. Y mi Ron la ha amado demasiado. Solo piensa que él intentará ser un buen padre, que cuando vea al bebé, lo amará como a nadie en el mundo. Es su sangre. Ustedes podrán llevarse bien si se concentran en que el ser más importante es su hijo. No puedo decirte que él lleguará a amarte un día como tú lo anhelas, pero te querrá al ver que adoras a su hijo. Además, el amor de un hijo siempre será más valioso que el de un hombre. No te desgastes. Solo disfruta este momento. Es lo más grandioso que puede vivir una mujer.-
La sra. Weasley le dio un beso en la frente, dejó la comida en la mesita de noche y le dijo que la dejaba tranquila para que pudiese dormir luego de comer. Susan le tenía gran cariño, aunque le dolía saber que ella no hablaba de una unión permanente entre Susan y Ron. Que solo le decía que su prioridad era el bebé y no rogar por un amor que lo más probable era que le sería vedado.
Al menos… soy la única que le ha tenido en verdad- se dijo a sí misma.- Ninguna otra ha podido soportar el desafío de amarlo tanto a cambio de tan poco. Y soy la madre de su hijo. Estaré en su vida para siempre-
Secaba infructuosamente las lágrimas que venían sin cesar. Había tomado sus cosas y casi corría a su cuartito. Desesperada. Asqueada.
Al llegar, se miró al espejo. Odió la imagen que vio allí. La mujer que se le presentaba era una desconocida, un ser al que odiaba con todas sus fuerzas.
Me das asco- dijo antes de romper en llanto otra vez.
Se dio una larguísima ducha. Se lavó el cabello tres veces. La piel la tenía enrojecida de tanto tallarla. Se cubrió con las toallas y se secó con minuciosidad. Quería sacar todo vestigio de su humillación.
En su agonía por evadirse, pensó en él. Casi le invocaba con la mente. Deseaba tanto verlo. Hacía días que no sabía nada de su paradero. Quería que su recuerdo le curase. Que su mirada la cubriera.
No sabía cómo había pasado, pero era había enamorado como una niña de él. Se había admirado del halo de fatalidad que lo envolvía. De ese dolor que sonaba en su voz, que se reflejaba en sus ojos. había empezado a desear ese amor que él guardaba y que no quería entregar. Ese amor que solo una vez ella había disfrutado, usurpando el recuerdo de otra.
Se sentó en la cama, le dolía todo el cuerpo. El percibirlo, le hizo maldecirse a sí misma.
Forzó a su mente a recordar la sonrisa de ese extranjero. A recordar el brillo triste de su mirar. Rogó al cielo que le diese una oportunidad más de estar con él, aunque fuera caminando a su lado sin siquiera tocarle. Era a lo más que ella podía aspirar. Porque ahora estaba segura que ella no podía pelear contra la otra.
la otra… era una princesa.
Menos ahora, pues, si antes no estaba a la altura, ahora era estaba por completo mancillada.
¿Cómo él podría quererme si soy una cualquiera?-
Antes ya había sentido vergüenza de sí misma, de la forma en la que se ganaba la vida, pero a pesar de ello, se sentía segura con Heath… o como se llamara… La otra lo había llamado Ron.
Se sentía segura, porque él no la cuestionaba. Habían empezado una especie de amistad en la cual los errores de cada uno no eran tema. Ni ella horadaba en los de él, ni él le recriminaba su oficio. Él no le había llamado con nombres horrendos, le abrigaba con sus palabras. Habían bebido juntos y él le había tratado como si ella fuese una dama. Jamás le faltó el respeto.
Y cuando esa otra se cruzó entre ellos de pronto, él supo mantenerla cerca, no la corrió como si fuera una infección. La presentó como se presenta a una señorita decente. A pesar de que el brillo de sus ojos cambiase en ese instante y refulgiera al verla a ella.
Nadie había sido tan atento con Tania, nadie la había tratado con la delicadeza que él había demostrado. La miraba directamente a los ojos. No había morbo ni perversión en su actuar. Tania sentía que Heath era honesto cuando estaba con ella. Incluso, más de lo que había demostrado ante la otra.
Daba lo mismo que tal vez ese no era su nombre y que tampoco parecía ser ese Ron que creía conocer la otra. Tania sabía que Heath no le escondía nada a ella. Y ella no pretendía buscar verdades que no querían ser confesadas voluntariamente. No las necesitaba.
Solo lo necesitaba a él.
Tania creía que ambos eran iguales. El mundo les reprobaba, pero los demás no sabían las penas que podían vivirse. Y las razones que uno tuviera para actuar de tal entendía sin palabras. Con ella no eran necesarias las mentiras. Él estaba a salvo y podía mostrarse a plenitud.
Y la había tratado como si ella fuese una princesa.
Se acurrucó en la cama. Se abrazó a la almohada. Intentó recordar sus besos. Paladear el sabor de su boca. Borrar los recuerdos de la noche anterior. Quitar la marca de ese otro y evocar el aroma de Heath en su piel.
Estaba rota. Total e irremediablemente rota. No tenía el valor de volver a mirar a Heath a los ojos. Mucho menos a aspirar una sola migaja de su amor. Antes se había sentido sucia, pero ahora se creía una abominación. Nunca antes había aborrecido tanto su condición como en ese momento.
El solo imaginar un beso, una caricia de Heath, le parecía un pecado. Ella no merecía nada. Era una puta, una nauseabunda mujerzuela. No merecía nada. Solo la muerte.
Lloró de nuevo. Se sentía demasiado desdichada. No era justo. No lo era. Ella no había hecho nada tan malo como para recibir tal castigo. Ahora que había encontrado una amistad hermosa, plena, con la cual podía fantasear con un amor maravilloso, la vida la agarraba de la nuca y la azotaba de cara al suelo, recordándole que no podía aspirar a felicidad alguna. Por muy Débil que ésta fuera.
Y no podía ser como ella. La otra era tan linda, tan elegante, tan dama… Tanía no tenía ese caminar tan refinado, esa actitud tan señorial. La otra, al verla con él, no había perdido los estribos ni reclamado nada. Solo le había mirado y parecía transmitirle una especie de compasión por ella. Había sido tan educada, aunque se notaba que le había dolido verlos juntos.
Justo en el instante que se dieran un beso.
Pero él la había llamado con otro nombre, no aquel que había pronunciado la única noche que habían dormido juntos. Tania eso no lo comprendía bien. Porque esa señora era muy parecida a ella. Así como se suponía que era la mujer que vivía marcada a fuego en el corazón de Heath y por la cual había llorado esa noche.
El primer nombre casi no lo recordaba, pero el segundo si. Briana…
Parecía que Heath saboreaba pronunciar ese nombre.
Y aunque él no fuera tras la otra una vez que se marchó. Tania había sentido que le había perdido. Él había ido tras esa Briana en su pensamiento. Se había quedado mudo, mirando como la otra se alejaba. Parecía que cada paso que daba era como una pedrada que él sentía en el pecho. Y ya no estuvo con ella. Solo el cuerpo caminaba a su lado. el resto del Heath se había desvanecido.
Esa desde esa tarde, no le había visto más.
Se quedó dormida. Pasadas varias horas, despertó. Esa noche no tenía que trabajar, así que solo se levantó a buscar algo de comer y se metió a la cama de nuevo. Deseaba que el sueño la atrapara otra vez para alejarla de los recuerdos que volvían a atormentarla.
Pero la vigilia fue lo único que apareció.
Entonces, el infierno de las recientes tres noches cayó encima de ella.
La primera vez que lo vio, no parecía el asqueroso animal que en verdad era. daba el tono de ser un hombre aristocrático, de noble cuna. Sus modales lo revelaban. Estaba enfundado en un rico vestuario. Sus guantes eran de una tela muy fina. Según lo que le contara la regenta después, ese extranjero había llegado escribiéndola específicamente a ella. Había puesto sobre el mesón una buena suma de dinero. La vieja había quedado muy asombrada.
Al comienzo la había tratado bien. Pero sin tocarla. solo le había hecho entender que quería llegar pronto a la habitación. No habló mucho, pero cuando lo hizo, habló inglés. Sólo inglés.
Al quedar solos en el cuarto, el hombre tocó su ropa, y Tania comprendió que quería que ella se desnudara ante sus ojos. Acostumbrada a esa faena, no sintió entonces pudor alguno, sabía que debía hacerlo con toda la sensualidad posible. Pero él no se quitó prenda alguna. Solo sonreía y sacaba de la capa una botella de Brandi y una copa.
Solo una.
Dance- dijo él y se había sentado en un pequeño silloncito - Dance- había repetido.
Tania conocía la palabra y empezó a bailar para él. El hombre se sacó su capa y los guantes, desabrochó su camisa y bebió su copa. Tania pudo ver que sus ojos negros brillaban. después, él se quitaría la chaqueta y el chalequito. Quedaría en camisa,doblando las mangas, para dar paso a unos antebrazos de piel negra y aterciopelada.
Hasta allí todo iba bien, hasta que el extranjero sacara una especie de varita de árbol e hiciera movimientos raros con él, pronunciando unas palabras raras que ella no conocía.
Entonces, todo cambió.
Dejando esa varita en el sillón. la agarró del cabello y empezó a tironearla. la llamó puta en su idioma y le empezó a dar bofetadas en el rostro y en los pechos. La tiró al suelo y se bajó los pantalones. ella había intentado escapar, pero él había puesto su pie encima de la cabeza de la chica. Le había dicho un montón de cosas que sonaban horrendas, aunque ella no entendiese nada. Eran insultos, frases hirientes. La había obligado a hacerle sexo oral.
Luego, sin terminar, la había pateado en el suelo y arrastrado. Le manosearía los senos y la entrepiernas con asquerosa lujuria. Ella trataba de empujarlo, de quitar las manos que la toquetaban y la lastimaban, pero él era más fuerte y la golpeaba.
La había agarrado de la cintura y la había tirado con fuerza a la cama. él terminaría de desvestirse y le atraparía con su cuerpo de ébano. Lo que sucedió después, fue horrible. El miserable reía y bebía mientras la violaba. Le decía tantas cosas, pero ella solo entendió una que otra palabra suelta.
Pero le hicieron erizar los cabellos.
Bitch, You are a stupid Bitch.- le había dicho mientras le lamía el oído- Like her. Like her. Both are brunette hair, the same kind of skin… He is very smart, when he doesn´t take one, take the other-
La golpearía y violaría por interminables horas. Ese hombre parecía no tener techo. Había algo tan abominable en él. Era como una especie de brujo o demonio. No tuvo miramiento alguno. Le había hecho cosas asquerosas. Ella gritaría hasta quedar agotada, pero nadie llegaría en su ayuda. Al final, a poco de la mañana, ese miserable la tiraría de la cama y la dejaría abandonada en el piso. Sangrando, llorando.
Antes de irse esa primera vez, le había obligado a beber de una botellita. Por arte de magia todas sus heridas curaron, pero dolió horrores. Después se había marchado y cuando ella intentara contarle lo sucedido a su regenta, la mujer parecía embrutecida por algo.
Y no le hizo caso alguno.
Ella quiso irse, pero algo le impedía hacerlo.
El maldito hombre volvió las dos siguientes noches y había vuelto a pedirla. Ella se había negado con denuedo, pero nadie escuchó sus protestas, terminaría dentro de esos asfixiantes brazos, sufriendo más tormentos y humillaciones.
Nunca antes alguien la había tratado tan mal.
I'll see you soon. Baby. Prepare for my passion.- Le había dicho esa misma mañana antes de besarla violentamente y dejarle el labio roto.
Tania ahora estaba aterrada. No quería volver al burdel. No quería que ese ni ningún otro hombre en el mundo la volviese a tocar.
Porque estaba sucia, asquerosamente sucia.
Dos días después, ese malnacido no había vuelto. Tania empezó a sentirse más segura. Esperaba que no regresara nunca.
Iba caminando y notó un alboroto en la calle. Apresuró su caminar, ó y pasó al lado de un pequeño callejón. Escuchó un ruido, sus pelos se pusieron de punta. Intentó escapar, pero ya era tarde.
Una mano le tapó la boca, mientras otra la rodeaba por la cintura.
Shhhh- fue lo que escuchó en su oído.
Tembló de terror.
Estaba llena de emociones contradictorias. Tanto había pasado en tan poco tiempo. Ahora todo había cambiado para ella. todo.
No podía parar de llorar, ella no quería, pero era imposible evitarlo. Ya no podía ser dueña de sus emociones. El cuerpo mandaba, el corazón exigía, y la mente… la mente estaba bloqueada.
Hacía días que había roto toda comunicación con Viktor. Sabía que él estaba destrozado. Pero ella ya no podía más. Ya no quería.
Ahora, ella preparaba su maleta, Vasilka la recibiría con los brazos abiertos, a pesar de que le estaba diciendo que cometía un gravísimo error. Pero Briana no podía hacer lo que la mujer le había aconsejado. Eso hubiese sido lo más bajo que ella hubiese hecho en la vida.
No importaba que ahora Ron la hubiera reemplazado con la sola intención de volver a encontrar un nexo para volver a Hermione. Además, Briana sabía que de él no obtendría nada, absolutamente nada.
Hija, aún es tiempo. Hazme caso y todo se solucionará-
Esas habían sido las palabras de su amiga, sabía que ella estaba muy preocupada y que decía las cosas de buena fe, pero seguir con engaños y mentiras solo iba a provocar que, en el momento en que se descubriera la verdad, la catástrofe fuese mucho peor de lo que estaba pasando ahora.
Se sentó en la cama, pasó la mano por su cara para secarla. Respiró hondo. Llorar no solucionaba las cosas. Y ella ya no podía mostrar más flaqueza.
Recordó en día en que los había visto. Briana regresaba de Sophia luego de un extenuante día de trabajo. No había querido irse en el carruaje de la señora Pollak, quería caminar y, aunque ya era un poco tarde, necesitaba despejar su mente. Recién estaba digiriendo la noticia.
Se puso a vagar por la vereda, se había distraído con la débil luz de las estrellas esa bonita, pero aun un poco fría noche. Se acomodó la boina y los guantes, cuando una pareja se cruzó por su camino. Ellos venían caminando lentamente, como queriendo aprovechar hasta el último minuto en compañía del otro. Briana los contempló, envidiosa, porque le recordaba un sueño difuminado, pero cuando ya estaba por pasarlos, la mujer abrazó al hombre del cuello y le había besado delicadamente en los labios. Briana no les hubiese puesto atención, si no fuera que de pronto ellos quedaron muy bien iluminados por el farol y ella pudo ver perfectamente quién era ese hombre.
El gélido filo de un cuchillo la atravesó de punta a punta.
Aunque él llevase los ojos color miel y bajo el gorro se notara un poco de cabello castaño, Briana lo reconoció. Era él.
Se detuvo, en realidad, todo el mundo se detuvo en ese momento. El latido de su corazón, el flujo de su sangre. Los pensamientos, la respiración…
Ron no había rechazado el beso de esa mujer. Se dejaba querer. Condenado.
Pero entonces él había abierto los ojos, de seguro percibía que alguien más estaba allí.
Se alejó de esa otra lentamente, sin quitar la vista de Briana. Ella forzó a su cuerpo a mantener la tranquilidad, aunque estuviera cayéndose a pedazos.
Con una frialdad que Briana había casi olvidado en el, Ron había presentado a esa mujer. Nunca hizo amago alguno de apartarla ni de mostrar aflicción o arrepentimiento, tampoco fue en su busca para dar explicaciones ni pedir clemencia.
Nada. además, ¿por qué tendría que hacerlo?
La chica era bonita, no lo podía negar, pero aunque su primera reacción había sido de dolor y celos, al verla mejor sintió lástima. Ella era casi una copia de Briana…
No… era casi una copia de ella, de Hermione- susurro.
castaña, de casi su misma estatura, de físico muy similar, de piel casi idéntica. Solo los ojos eran distintos, eran azules y estaba brillantes. Y Briana conocía ese brillo.
No valía la pena hacer escándalo alguno, ni un reproche, ni siquiera un leve gesto de molestia. Era obvio lo que Ron estaba haciendo, había encontrado una sustituta casi perfecta. Ella ya no era necesaria.
Pero de todo, lo que le dolió a Briana era ver como él había pasado tan rápido de ella. Solo habían pasado un par de semanas. No habían importado ninguno de esos minutos juntos, ningún beso, ninguna caricia. Efectivamente ella había sido un objeto que Ron había utilizado hasta que se acabara el engaño y ahora… engañaba a otra.
Imaginó lo que esa chica debía estar sintiendo. Debía sentirse en las nubes, así como ella misma se había sentido. Se notaba que aquella mujer estaba feliz al lado de él. Era evidente que estaba muy enamorada, mucho.
Pobre muchacha- susurró- no tiene idea como le van a romper el corazón-
Quizás debía advertirle, pero eso sería tomado como un acto de despecho. No, no quería meterse en más problemas con Ron. No quería verlo, no quería saber ya nada más de él. Era tan bajo lo que él hacía, tan desalmado, usar también a esa chica. Pero aunque Briana le mostrase todas las pruebas, lo más probable es que esa otra solo pensara que ella estaba celosa y despechada.
No, ya lo que hiciera Ron era cosa de él.
Estaba decepcionada, Ron era un grandísimo mentiroso. A ella le había creado toda una ilusión, a la otra… a la otra ni siquiera le había dicho su verdadero nombre. Claro, así esa mujer no podría atar cabo alguno. Ya había aprendido con la desastrosa experiencia con ella.
Quería odiarlo, odiarlo como jamás había odiado a nadie, pero por más que trataba, le era imposible. Ese condenado había entrado hasta lo profundo de su alma. Había marcado su nombre a fuego en su corazón. La había enamorado tanto, había logrado que ella lo amase más que a su vida.
Amarlo… amarlo.
Agitó la cabeza para sacarle de sus pensamientos. Ron ya no tenía derecho a reinar en ellos, había perdido todos sus privilegios. Ahora ella tenía a alguien más importante en quien pensar, alguien que merecía todo su amor.
En medio de la profunda tristeza, sonrió. Estaba feliz, no importaba ya nada de ese dolor que Ron le causara. No importaba que perdiera toda la seguridad que Viktor le entregara. No importaba saberse completamente sola en un país que nunca sintiera suyo.
Ya ni siquiera importaba que Ron nunca la había amado. Ya no… ya no.
Se acarició el vientre. Percibió la poderosa energía que de él irradiaba. Allí, aún muy chiquito, el ser que más amaba en el mundo crecía.
Y era suyo. Y le amaría sólo a ella. Entre ambos nunca existiría la sombra de otra mujer.
Se había enterado tres días antes de verlos juntos esa noche. Ya algunos días después de abandonarlo había empezado a tener sospechas, pero estaba su mundo tan de cabeza que no había podido poner la atención que la situación requería.
Pero cuando su periodo simplemente no volvió, tuvo que enfrentar esa posibilidad.
Desde que empezara esa locura en los brazos de Ron, había perdido la noción de todo, excepto de él. Había olvidado tomar su poción, ya no la volvió a beber y claro, el primer mes nada pasó, pues el efecto del brebaje había demorado en salir de su cuerpo, pero al segundo mes de relación, estaba limpia y fértil. Y toda ella se había entregado a él. Su vientre al fin dio fruto.
Ahora entendía el porqué de esos cansancios, de esa debilidad. Estaba gestando vida y este pequeño invasor le exigía toda su energía, toda su fuerza. todo su vigor.
Exigente… como su padre- sonrió antes de hacer un puchero.
Al descubrirse en cinta, se había asustado. Estaba sola, embarazada de un hombre que no era su marido. Y ese hombre no le amaba y lo peor, no quería hijos de ninguna mujer. De ninguna.
Aun así, Sabiendo que podría ser rechazada, había decidido decírselo. A pesar de ser un desgraciado con ella, el bebé que Briana esperaba era suyo. Y merecía saberlo.
Le había encontrado par de días después de ese desfavorable encuentro. Él estaba arreglando una mochila, parecía apresurado por marcharse y no la había sentido llegar a la cabaña. Tan concentrado estaba en ello que cuando la sintió al fin, había dado un brinco.
Briana- había susurrado, tragando saliva.
Parece que tienes prisa por irte-
Es te… - había mirado su ropa y cosas para luego mirarla a ella- hola-
¿Te vas?-
Ron no había contestado. Dejaría sus cosas tiradas y se aproximaria a ella lentamente, con una especie de brillo en los ojos, pero Briana ya no creía en esos leves gestos. Ya no.
¿Cómo estás? Te ves algo pálida. Pero estás tan bonita- una mano iba directo a su rostro para acariciarlo.
No me respondiste- dijo ella esquivandolo y poniendo toda su atención al tiradero en la cama.
¿Por qué volviste?- un suave susurro llegó a su oído.
¿Te vas?- insistió ella en la pregunta.
Puede que sí… pero… - él la había tomado de la cintura- Pídeme que me quede- la había rodeado y hundido el rostro en el cabello, aspirando el perfume- , pídeme que me quede, preciosa. Vuelve, vuelve conmigo-
¿Y la chica que besabas el otro día?-
Ron había maldecido antes de soltarla. Le había dado la espalda y llevado las manos a los bolsillos de los pantalones. ella le había buscado con la mirada y solo pudo ver una columna de acero que le bloqueaba la vista.
Sabes que ella no significa nada. No me vas a decir que estás celosa-
Sé que ella no te importa. Ni ella, ni la mujer que te espera en Inglaterra con un bebé en su vientre, ni yo… ninguna de las tres te importamos-
Ron se había girado y su mirada se había tornado severa, pero herida.
No es así, tonta- había gruñido- Tú me importas más que nadie. Si no te busqué fue porque creí que necesitabas tiempo para asimilar las cosas, entender cual es tu papel en esta historia. Pero, maldición… no comprendes-
¿Cómo me pides comprender algo tan irracional, Ron? ¿O Heath? Así le dijiste a ella que te llamabas-
La irracional eres tú, Briana. la cosa es simple. Me tienes, mujer, no necesitas más que eso. Solo tienes que ser mía, ser ella y todos podemos ser felices-
No puedo creer que estoy escuchando esto-
Había cometido un estúpido error. Lo mejor era marcharse.
¿Creía que habías comprendido? Sí no viniste a aceptar el trato, ¿a qué viniste entonces?-
Ya no importa-
No. Me lo vas a decir- la había tomado de los hombros y girado para mirarla a los ojos- No sales de aquí hasta que me lo digas-
Siempre se tiene que hacer tu voluntad, ¿cierto? Todas debemos acatar lo que tú quieres, sin importar lo que nosotras sintamos-
Lo has sabido desde el principio. No te he engañado con eso. No me evadas y dímelo-
Pues… yo no soy como las otras, Ron-Briana se había sacudido y zafado. Le miraría con toda esa rabia contenida. - Yo no quiero ser como las demás. Yo no quiero ser solo un reemplazo. No, no quiero-
Que demonios, Briana. Te estoy ofreciendo más que a ninguna. ¿Qué es lo que quieres?-
Ser la única. No puedo… no quiero compartirte. No quiero que cuando me beses, la estés besando a ella. Que cuando me toques, la toques a ella. Yo quiero ser la dueña de tus caricias, no mendigarlas de una muerta. Yo también soy dominante, Ron. Yo quiero a mi hombre mío. Así que elige… ella o yo-
A pesar de que temblaba de pánico, no había dado su brazo a torcer. Quería creer que había logrado un poquito de amor y parte de él y se jugaba su última carta. Aunque con ello lo perdiera todo.
El Rostro de Ron se había desfigurado. Su mirada se había tornado iracunda. Briana estaba casi segura de que él iba a golpearla.
No tienes idea de lo que dices. No debiste siquiera pensarlo. Si viniste convencida de que iba a ceder ante este chantaje, no me conoces bien. No me conoces nada- le había enseñado los dientes- ¿Quieres que elija? pues bien, la elijo a ella. Porque a la única mujer que he amado toda mi vida es a ella. Y por ella soy capaz de todo. Susan pensó que podía sacarla de mi vida preñándose, tú me chantajeas porque sabes que eres idéntica a ella. Pero no… las dos están muy equivocadas. No voy a dejar a Hermione por nadie. Ni por Susan, ni por tí… ¡Ni por nadie! Así que entiéndelo bien. Solo eres un rostro… una voz que solo me recuerda a ella. Será mejor que te marches ahora que aun puedes, antes que yo decida cazarte y atarte a mí, quieras o no-
Bien- había dicho ella- entiendo-
Y ya no había querido escuchar más. Ya no valía la pena decir nada tampoco. Ron había sido más claro y directo que nunca. Ella no importaba. Ella era solo un objeto. Y el bebé que esperaba de seguro sería rechazado y odiado.
Había recogido alas y mantenido la entereza. No lloraría nunca más delante de él. Él no merecía que ella le demostrara cuando la había herido. La retirada era la única salida y se aferró a ella con todas las pocas fuerzas. tan mal se estaba sintiendo que estaba segura que si no salía pronto, se desmayaría. Y ya estaba abriendo la puerta cuando él le tomó del brazo.
Espera… ¿qué haces?-
¿No lo ves?-
No te vayas. No tienes que irte- La voz de Ron había cambiado. De ser dura, cruel y estridente, había pasado a ser dulce, suave.
Suéltame, Ron. Ya dejaste todo muy claro-
¿Por qué no puedes aceptarlo? Ya no seas tan terca-
No es terquedad, Ron. Es dignidad. Por amor hice la última estupidez, con la tonta esperanza de haber conseguido algo del tuyo, pero me lo merezco. Cualquier cosa que te dijera ahora solo me hundiría más. Y ya no quiero seguir siendo humillada. Ahora más que nunca me debo respeto a mi misma. Dijiste que me fuera mientras pudiera… bien… adiós-
Y se había ido. Ron había intentado retenerla, pero ella no había dado marcha atrás. A duras penas se había alejado y al llegar a lugar seguro, se había entregado al desvanecimiento.
El llanto retornaba. El recuerdo iba difuminándose en la penumbra de la habitación.
Días después, él había venido a buscarla, pero le había rechazado con toda su energía. Ron ya había elegido. Después, cuando le confesara a Vasilka su secreto, ella le había sugerido la única opción que para ella había resultado. Que se acostara con Viktor y le hiciera creer que el bebé era suyo.
Hazlo, pequeña. Sabes que él lo único que desea es ser padre. Y si ese otro no te ama, no tienes porque cargar con dolor la cruz que te ha impuesto. Viktor es un hombre maravilloso, tanto a ti como a tu hijo los hará inmensamente felices-
Pero Briana no pudo con ello. Y cuando Viktor la enfrentara, ella ya no pudo seguir mintiendo. Y ahora… ahora se marchaba, se marchaba de Bulgaria para irse lejos, a donde nadie le conociera. Solo eran ella y su bebé, solos en el mundo.
Lo único que rogaba, era que ese pequeño fuera pelirrojo. Sería el mayor consuelo en su vida.
Shhhh-
Quería escapar, pero la mano en la cintura era fuerte. Su boca, tapada, sentía el olor metálico de la sangre, sangre que ahora le cubría el rostro.
Por favor. no hagas ruido. Soy yo-
Aún aterrada, Tania reconoció la voz que le hablaba bajo al oído. Se tranquilizó y entonces él aflojó el agarre.
¿Qué te pasó?-
necesito ayuda-
¿Qué hago?-
Primero- él abrió su chaqueta y con la manga limpió la cara de la mujer- ¿puedes limpiarte mejor?-
Tania le vio apoyarse en el muro y palparse la mancha que salía del costado. Ella se apresuró a atraparlo, pues empezaba a resbalar en el muro.
Heath, ¿qué pasó?-
Necesito una fachada. No puedo salir solo de aquí, me siguen.-
Vamos al burdel-
No… no quiero ir allí. Tengo que ir a mi casa. Allí tengo como… curar-
Yo puedo curarte en mi cuarto. Está cerca. sangras mucho-
¿Dónde queda?-
A solo una cuadra. Por favor. Viajar más lejos te desangrará-
Él estuvo de acuerdo. Se cubrió lo mejor que pudo con la chaqueta y la tomó de la cintura.
Simulemos ser una pareja. Unos hombres muy raros nos interceptarán. Son peligrosos, No puedensaber que soy inglés, solo hazles creer que nos amamos con locura y que solo deseamos irnos a casa-
Tania lo afirmó como pudo. Salieron lo más relajados que pudieron del escondite y a poco andar, él le había besado. A pocos metros se aproximaban unos hombres.
¡Alto!-.
¿Sí? ¿qué sucede?- dijo él en español
Suelta a la mujer y míranos a los ojos-
Él la miró a ella y simuló no entender una sola palabra de búlgaro. Ella entonces intervino en su rescate.
Disculpen, mi novio es… es de - miró un localcito que hacía las veces de club de tango- de Argentina y casi no entiende el búlgaro. -
Argentina, ¿eh? ¿Y que hacen en esta calle a esta hora?-
Heath la miró como preguntándole que decían, Tania sentía que él apenas podía mantenerse en pie.
¿Quienes son ustedes? ¿Porque preguntan?-
Contesta, mujer-
Estábamos tomando unos tragos y nos vamos a mi casa ahora. ¿Nos dejan pasar?-
Los hombres miraron atentamente a ambos, pero Heath solo les sonrió y les dijo un par de barbaridades en español que ni Tania ni ellos entendieron.
¿Qué dijo tu novio?-
Que los encuentra muy raros a ustedes.-
Los dejaron pasar, pero ellos sabían que los espiarían por un buen rato. Tania guió al hombre y ambos cruzaron el umbral del pequeño edificio en donde ella habitaba. Subieron a duras penas los escalones y al llegar al cuarto, Ron se desplomó en la cama.
Heath… Santo cielo-
Le fue quitando la ropa para descubrir una extraña herida en el costado izquierdo. Era como un corte, pero muy raro. Algo que ella nunca había visto.
Solo necesito que pares el sangrado. Luego me voy y todo estará bien-
Tú herida no está bien. traeré lo necesario. No te muevas-
Ella había bajado y corrido a la farmacia que estaba de turno. Trató de apurarse lo más posible. Al llegar, vio que él tenía la herida limpia, pero son paraba de sangrar. Lo curó y lo vendó. Él no se quejaba mucho, pero estaba muy pálido.
Bien. Ahora tengo que irme-
Empezó a vestirse, ahora su ropa extrañamente era otra. Tania no recordaba que tuviera capa ni chaquetón. Ni que sus pantalones fueran de cotelé.
No te vayas. Se te abrirá la herida.
No puedo quedarme. Tengo que llegar a mi casa. Allí tengo con que sanar definitivamente. Además, esos hombres aún están afuera…-
Por eso mismo. No debes salir-
Ellos ya no me reconocerán. Ya no sangro tampoco. Debo irme. ya te he causado muchos problemas-
Llévame contigo. Aún no estás lo suficientemente fuerte para irte solo-
No, Tania-
Te prometo que no haré pregunta alguna. Solo quiero cuidarte-
Vio en Heath la turbación. Él mantenía una lucha interna. Al final aceptó su ayuda, pero le advirtió que desde ese momento, ella vería cosas muy extrañas. Qué solo se avocara a ayudarle y nada más-
Salieron a la calle y vieron que varios hombres con capas custodiaban todas las esquinas. Ellos tomaron un taxi y éste los llevó al centro de la ciudad, el cual también estaba fuertemente custodiado. Heath al salir del taxi, la había llevado hasta un callejón, allí sacó un palito muy parecido al que llevaba ese monstruo, pero luego de moverlo, nada había pasado.
Él se había lamentado en inglés. Luego se había tocado el costado. Gesticuló de dolor.
Tendremos que tomar otro vehículo y de allí caminar por el bosque. ¿vale?-
Así lo hicieron. Tomaron el primer taxi que encontraron. Lo detuvieron a mitad de carretera y de allí se metieron al bosque. Caminaron un buen trayecto, lo que provocó que la herida se reabriera. Heath, manchando su ropa otra vez, no quiso detenerse, aunque se apoyaba en los árboles para reunir fuerzas. De pronto salieron ambos a un clarito cercano a un camino interior y allí él le dijo que le revelaba el secreto de su casa. Acto seguido, había movido esa especie de varita y una clase de nube o algo se disipó para dejarle ver una pequeña propiedad. Tania estaba asombrada, pero una emoción tremenda la llenaba por completo.
Entraron y él volvió a mover esa varita. Tania pudo ver un pequeño lugar, ordenado, pero austero. Unas flores descansaban en un jarrón junto a la ventana. parecían congeladas en el tiempo.
Esto me tomará un minuto. Luego te llevaré otra vez a tu casa-
Él la dejó en la salita, a pesar de sus protestas no quiso que lo ayudase. Se fue apoyando de lo muros y se alejó, dejándola. Al cabo de un rato volvió caminando sin apoyo alguno . Aunque seguía pálido.
Bien, nos vamos-
No, sigues herido-
No, ya no-
Heath se descubrió el costado. Allí ya no había herida alguna. Tania quedó de una sola pieza. Allí había magia.
No preguntes. dijiste que no lo harías. Te doy las gracias por salvarme. Esos hombres iban a matarme. vamos ahora a tu casa-
No, no puedes salir. Ellos aun te buscan. Sería muy tonto que salieras al peligro ahora. -
Pero… ¿y tú? De seguro tienes que trabajar y si no vas te meterás en problemas.-
No quiero volver allí. No me importa-
No quiero que tengas más problemas por mi causa-
Tania se había acercado. Estaba demasiado feliz de estar en lugar seguro luego de los terribles días que había pasado. No quería salir nunca de aquella casita. Alzó la mano y acarició el rostro del hombre que la contemplaba, luego se fue contra él y le besó, agónica. Heath se dejó besar por un momento, pero pronto le tomó de las muñecas, alejándola.
Tania, No te confundas. Te agradezco mucho tu ayuda, pero creo que estás tomando las cosas por otro lado-
No me rechaces, por favor. Yo…- tembló la chica, sus ojos se habían humedecido- yo no busco una manera en que me pagues el favor… yo lo que quiero es sentirme viva otra vez-
Heath la soltó, pero había aplicado distancia. la miró con seriedad.
No creo que este sea el momento ni el lugar-
Solo te pido una noche, Heath. Hoy no quiero ser una prostituta, quiero ser una mujer enamorada. No quiero entregarme a un hombre por dinero, sino que por amor. Yo te quiero. No sé como pasó, pero ya no quiero negarlo. has sido el único que me ha tratado bien, que me mira sin malas intenciones, que me cuida. Heath, yo necesito tu cariño ahora. No sabes… no sabes el horror que he pasado estos días-
Ella cayó al sillón rendida por el llanto. Se tapó la cara, pues se sentía avergonzada por su súplica. Él se aproximó y se sentó a su lado. Le acarició el cabello y ella se acurrucó en su pecho.
¿Qué te pasó? Tania… - le tomó del mentón y la obligó a mirarlo - ¿Qué te pasó?-
Ella cerró los ojos. El río que fluía de ellos era un torrencial implacable.
Me hicieron mucho daño. Me rompieron, Heath. Un maldito hombre me hizo pedazos-
Él la acurrucó de nuevo en su pecho. Le mimó, le consoló. Sentía como él le daba pequeños besos en los cabellos.
¿Sabes quién es él? ¿podrías reconocerlo? Solo dime como es y yo me encargo. No volverá a tocarte de nuevo-
No… no quiero siquiera recordarlo. No quiero venganzas. Solo quiero borrarlo, Heath. Quiero borrarlo de mi mente… de mi piel-
Entonces ella alzó otra vez el rostro y lo miró, suplicante. Él parpadeó, como sopesando cada palabra.
No creo que sea la solución. Lo que necesitas son cuidados, protección-
Lo que quiero es borrar el olor de ese maldito de mi piel. Quiero sentir tu olor. Quiero que sean tus caricias las últimas que me cubran, quiero tus besos sellando mi boca. Por favor, Heath. Bórralo de mí. Arráncalo, amor-
No le importaba rogar. Ella no estaba hecha para dignidades. Eso estaba hecho para las princesas en castillos de oro, a las cuales nadie lastimaba ni ofendía. Ella era un ser humilde, testigo de demasiada tristeza. Rogar por una migaja de amor, era algo que ella podía hacer con la frente en alto.
Tania… no quiero herirte. Te tengo cariño, pero…-
No te pido que olvides a nadie, no te exijo nada, solo te pido que me des un poco de felicidad entre tanta desgracia-
Heath la miró profundamente. Le acarició la mejilla, mojándose los dedos con las lágrimas. Luego se aproximó lentamente, dándole un tierno beso. Ella lo abrazó con todas sus fuerzas, estremecida por la cercanía del hombre que le quitaba el aire.
Él La levantó del sillón y la llevó al cuarto sin dejar de besarla. Ella le acariciaba con toda su ternura, toda su ansiedad, todo su amor contenido.
Heath fue todo lo contrario a esa bestia que la había destrozado. Nunca fue brusco ni violento. La desvistió tiernamente y con esa misma dulzura la fue haciendo suya. Sus manos parecían curar todas las llagas invisibles, eran suaves, atentas, maravillosas. Su boca rozaba la piel como un sueño sereno de primavera. Tania se sentía en el cielo. jamás antes hombre alguno había llegado a tocarle el alma como Heath lo hacía en esos momentos.
Al penetrarla, él había tenido mucho cuidado. Sabía que ella estaba muy delicada y por un buen rato su embiste fue pausado, solo con el propósito de darle a ella todo el placer. Tania estaba loca, sintiéndolo sobre ella, sintiéndolo dentro de ella. temblaba, vibraba. Lo besaba con toda la pasión del mundo. Él le respondía, gemía en sus brazos. Era la primer vez que ella hacía el amor.
El amor.
Estaba tan extasiada de tenerlo, que al comienzo no se dio cuenta que él ya no estaba con ella. El cuerpo de Heath estaba enredado en el suyo, pero el corazón y la mente de él, estaban con otra.
La empezó a llamar con susurros casi imperceptibles, después, ya era claro, no era el nombre de Tania en que él pronunciaba en estallidos de placer. Ella ya no quiso oír, no quería saber que otra se lo había robado en instante tan sublime.
De pronto, Heath se dio cuenta de lo que hacía. Se detuvo y la miró a los ojos. Se veía abrumado, aturdido.
Perdón- susurró- perdóname, yo… perdí el control-
No importa… seré ella si quieres. Solo dame un poquito de todo ese amor que sientes por ella-
Sus palabras parecieron aturdirlo aún más. Se escondió en el hueco de su cuello y no se movió en absoluto por unos minutos. Después, Heath volvió a sumergirse en su sueño personal y, aunque no volvió a nombrar a la otra de nuevo, Tania sabía que estaba en los brazos de ella en su mente.
Dolía, dolía horrores saber que el hombre que amaba soñaba con otra, pero al menos ella lo tenía con ella. Y también se dejó engañar cuando Heath empezó a decirle "te amo" en desesperados susurros.
Al finalizar, él había construido una barrera invisible en la cama. Tania simplemente no podía penetrarla. él miraba al techo, estaba pensando, y su semblante lucía asustado, como intentando asimilar algo importante.
Al llegar la mañana, Él no dejó que volviera a tocarlo. Ella se sintió herida, pero no dijo nada. Heath le pidió que se arreglaran, que era tarde y que tenían que salir pronto.
Antes de marcharse, Ella quiso robarle un beso, pero él la detuvo.
Linda, pasamos una noche muy bella, pero tenemos que despertar. Tenemos que ser muy realistas. Tú amas un sueño perdido, quieres algo que yo no puedo darte. Y yo… yo ya no tengo nada. Solo tengo un caos tremendo dentro de mí. y no sé como sobrevivir a ello. Lo siento-
Sí ella no te quiere, yo puedo darte lo que te niega-
No se trata de amor, Tania. Simplemente destruyo todo lo hermoso que toco. El amor no está hecho para mí-
La acompañó hasta muy cerca de su casa, pero solo le dio un casto beso en la sien. Le dijo que se cuidara y que le enviaría noticias de otro trabajo para que ella no volviese al burdel. Y le entregó una monedita rara, diciéndole que si ese desgraciado volvía, la apretase con todas sus fuerzas y él llegaría en el acto a defenderla.
Luego se despidió y la dejó así, invadida de su aroma, abrazada de sus caricias, pero vacía de su amor.
Y Tania terminó llorando, tan destrozada como al principio.
