Advertencias en este capítulo

Pareja: Italia Romano y España

Otros personajes: Veneciano.

Resumen: No puedo creer que aun no hubiera subido un capítulo spamano a esta historia. Las historias habituales de Romano siempre traen problemas.


Celos

—Ehmmm... —pues España corre por toda la casa más o menos como Estados Unidos, después de cruzarse con Austria y mandarlo al salón con Francia.

Romano está encerrado en su cuarto sin seguro en la puerta.

—Cariñooo —sigue gritando el idiota por todos los pasillos sin entrar al cuarto, porque sobreentiende que si le oye, saldrá al pasillo y correrá hacia él para abrazarle... si será ingenuo.

Romano se sonroja... Y ya.

—Donde estáaas el jefe ha venido a buscarteee ya me han dicho que habéis vueltooo no te escondaaas —sigue montando jaleo en el pasillo.

—¡Cállate! —Protesta romano después de oír los gritos que probablemente despierten a todo el universo.

—¡Romanooo donde estás amor miooo! —sigue gritando muy contento mientras corre... Veneciano, se detiene frente a la puerta de la habitación de su hermano mirando a España con una sonrisa idiota.

—Ciao! —saluda—. Creo que está aquí Vee~

España se calla parándose a su lado en la puerta, donde seguramente Romano les puede oír.

—¡Ah!, pero habría salido si estuviera en su cuarto, ¿no?

—¿Eh? —pregunta Veneciano, sin entender... y luego golpea la puerta—. Fratello~?

Romano no contesta.

—Ve~ —Veneciano se queda ahí mirando la puerta unos segundos... y vuelve a golpear—. Fratellooo~

—Espera, ¡déjame a mí! —pide España, aparta a Italia y golpea exactamente igual que ha hecho Italia—. Romanitoooo~

—NO ME LLAMES ROMANITO

Italia y España se quedan en la puerta parpadeando y se miran el uno al otro sin saber muy bien que hacer, los dos idiotas. Finalmente Italia abre la puerta.

—Vee~ Ciao Fratello!

—Romanitooo! —grita España otra vez entrando y deteniéndose a un palmo de él, en seco—. Holaaa!

—Ciao, fratello... —saluda—. Spagna... Hola. No grites.

—¿Sabes dónde está Germania? —pregunta Veneciano.

—Ni idea —se encoge de hombros—. Abajo quizás, en la cocina.

—¡Oh! ¿Vas a saludarle? —España se vuelve a Veneciano—. Eres tan dulce —le pone la mano en la cabeza acariciándole y se ríe. Veneciano le mira riendo también como idiota.

—Vee~

Romano abre los ojos como platos cuando ve eso y empuja a España con todas sus fuerzas en cuanto toca a Veneciano, el español trastabilla un poco dando un par de pasos atrás, tomado completamente por sorpresa.

—Ah... Fratello... —le nombra Veneciano desconsolado.

—¡Largo! —grita mirando la colcha de su cama.

—Pe... pero... —España desconsolado.

—Germania está en su cuarto —indica sonrojándose hasta las orejas. Veneciano sonríe al ver que no dispara a nadie y que le responde a su pregunta, sale de ahí saltando contento—. Voy a buscarle, nos vemos para la cena, Fratello.

España sigue mirando a Romano, aunque cuando Veneciano sale, este le da la espalda. Baja la cabeza y los hombros, abatido y se dirige a la puerta arrastrando los pies.

—Yo creí que querrías darme un abrazo ahora que habéis vuelto, porque yo te he echado mucho de menos y me contaron que estuviste todo el tiempo hablando de mí, así que supuse que me echaste de menos al menos un poquito...

—¿A dónde vas!? —pregunta agresivo y sobresaltado girándose a mirarle.

—P- Pues me has dicho que me largue... —responde en la puerta, volviéndose a mirarle.

—No te lo... No te... Lo he dicho a ti, idiota... —responde irritado.

—P-Pe... pero... —le toma unos instantes entender y luego suelta el pomo de la puerta, asegurándose que está bien cerrada sonriendo con la sonrisa más grande que ha puesto en TOOOOODA la semana—. ¿Entonces estás contento de que esté aquí… —pregunta con los ojos brillantes— y me has echado de menos? ¿Puedo darte un abrazo? ¿y un beso? —pide ilusionado, acercándose—. ¿Por favor?

—¡No te he echado de menos! —contesta.

—Pero... Francia me ha dicho... —empieza acercándosele.

—¡El idiota ese franchute no tiene idea de nada! —responde—. ¿Tú qué has hecho mientras no estábamos? No que me importe... —agrega y España le abraza sin decir nada—. Suéltame —protesta aunque se le acerca incluso un poquito él. El mayor le abraza fuerte un poquito más y luego le suelta.

—He estado... Prusia y yo estuvimos molestando a Austria y luego a Inglaterra y luego a Austria otra vez... y luego jugamos a futbol con Veneciano y luego molestamos a Inglaterra de nuevo y luego volvimos a jugar futbol y Veneciano hizo macarrones para todos y luego estuve escribiendo con Inglaterra y luego jugamos a PSP con Prusia y Rusia estuvo diciendo cosas raras y todos teníamos miedo y luego... —España sigue parloteando.

Romano frunce el ceño celoso de Veneciano y le mira de reojo.

—Veo que lo has pasado muy bien... Con el idiota de los ojos rojos y... Veeee~ —imita a veneciano.

—Y luego ese chico invisible se perdió pero resulta que había estado todo el tiempo en el salón y... —se detiene de contar tonterías, sorprendido, mirándole por hacer "Vee~".

—¿Y qué más hicieron? ¿Eh? Tú y veneciano... Estuvieron jugando fútbol y... ¿Qué más? —se cruza de brazos y lo mira aun con el ceño fruncido.

—Y luego Inglaterra también jugo a futbol y él iba con Prusia y yo con Veneciano y les ganamos varias veces y decían que éramos unos tramposos, así que luego yo fui con Inglaterra y entonces ganamos nosotros otra vez y le hice un regateo a Prusia que hubieras flipado si lo hubieras visto, y luego me llegó un mensaje tuyo y Prusia y yo estuvimos hablando de ti y Hungría y luego le conté a todos lo que me habías dicho y Rusia dice que es muy bonito, y los demás no quisieron escucharme pero no me importa porque me mandaste decir algo y fue muy bonito y luego estuvimos viendo la tele y vimos una película muy triste y Prusia no quería que le viéramos, pero estaba llorando y yo lo entiendo, por qué... la película era muy muy triste y luego Inglaterra se escondía en el armario y Prusia pasó muerto una tarde entera y Veneciano y yo estuvimos dibujándole con pintura en la cara y... —sigue contando.

—¿Dibujándole con pintura en la cara? —Romano abre MAS los ojos—. Joder España... —le empuja y pasa a su lado, yendo a sentarse al otro lado de la cama.

—¡Sí! unos bigotes y unas cejas como las de Inglaterra —se ríe—. Y luego logramos que Inglaterra saliera del armario con un concurso de beber cerveza y... —se detiene—. ¿Qué pasa?

—Eres un imbécil y te odio

—¡No! —desconsolado—. ¡Pero romanitooo! —se le acerca.

—No. Me. Digas. Romanito.

—¿Mmmm… cariño? —propone.

—¿Qué quieres? Joder... Eres el colmo... ¡Eres un PERVERTIDO!

—¿Mi cielo? ¿Mi luz? ¿Mi vida? ¿Mi amor? ¿Corazón? ¿Cuchi? ¿Chiquito? ¿Queridito? ¿Churri? —sigue proponiendo a cual peor.

—No! ROMANO! —le grita histérico y enojado... Muy enojado porque se está haciendo una HISTORIA de aquellas.

—Il mio amore? —propone esta vez sonriendo de una forma mucho mucho menos idiota, acercandosele más.

—Spagna no me jodas, no estoy jugando —lo fulmina.

—Aaay... ojalá tú me llamarás así a mi alguna vez, podría morirme instantáneamente —suspira y se separa sonriendo tristemente, derrotado porque sabe que pide imposibles.

—España... —le mira, él le mira también—. ¿Te tiraste a mi Fratello? —se sonroja pero sigue fulminándole.

—¿Qué? —abre los ojos como platos y sacude un poco la cabeza—. ¡No! Claro que no, ¿Cómo piensas eso? —pregunta muy asustado, Romano le sigue mirando intensamente—. ¿Por qué dices eso? Tu... tu hermano... es cierto que os parecéis un poco y que él tiene un carácter mucho más suave y dulce que tú, pero yo te quiero a ti, no a él ni a nadie más, por favor, no lo dudes ni por un momento —pide realmente desconsolado.

—Porque... Porque... —desvía la mirada y se levanta de la cama, España se levanta detrás suyo y él se cruza de brazos.

El mayor le pone las manos en los hombros para que le mire, con la cara muy seria. Romano mira al suelo, sonrojado, así que el español le toma de la barbilla para obligarle a que le mire, así que él levanta la cara pero sigue mirando a otro lado, sonrojado.

—Por favor, mírame —pide serio, él levanta la vista—. Veneciano es idiota, a mí me gustas tú —sentencia y luego le abraza contra sí. Romano le abraza de regreso—. Y ya podría haber mil como él que mientras tú estuvieras aquí ni me daría cuenta de que está —sigue.

—Pero tú hablas de él como... —protesta vulnerablemente.

—Como hablo de Prusia o de Francia, quizás, nunca como hablo de ti —le aprieta más contra si el italiano le empuja para despegarse pero con muy poco interés, pero no se deja.

—Yo... Yo... —mira al suelo, el mayor le suelta un poquito, solo lo suficiente para verle la cara.

Romano se acerca Y le besa los labios, con los ojos cerrados y España se acerca también sin poder evitar sonreír MUY contento en el beso. Se separa agresivamente cuando se da cuenta de lo que hace.

España hace todo lo posible para que no lo haga. Creo que romano al final no lo hace porque España debe besar muy bien también, así que seguro acaba hundiendo sus manos en su pelo y toda esa historia.

Al final termina lanzándolo a la cama y acostándosele encima. España sonríe encantando, empezando a desabrocharle los pantalones, muy dispuesto a hacerle un examen de próstata en los próximos segundos.

El italiano le detiene las manos y lo mira, aunque a España le da igual y se acerca contento para seguir con la boca, o con los pies, o con lo que le deje, no es como que le importe un pimiento.

—Espera, espera... —le mira a los ojos.

—¿Que espere a qué?—pregunta.

—No. Dices eso porque es lo que quiero oír. Terminamos.

—¿Eh? ¿Qué? —parpadea incrédulo.

—Tú y yo, terminamos, no somos nada, ya no te quiero —indica muy serio. Se le caen los pantalones dramáticamente mientras se le llenan los ojos de lágrimas.

—¿Qué? Noooo ¿por qué? —mocos y se va a abrazarle—. No quiero no quiero, no me dejeeeees.

—Ya no te quiero, suéltame... —protesta Romano sin moverse y sin hacer un ademán muy muy grande de empujarle, solo que quiere que le diga unas cuantas cosas bonitas más.

—Pero yo sí te quierooooo no quiero que te vayaaaas —le abraza de todas partes intetando meter la cabeza dentro de sus brazos cruzados y le rodea con las piernas también.

—Eres un ridículo.

—Noooooo —le sigue abrazando de todos lados—. ¡Ya te he dicho que Veneciano no es nada para mí! ¿Por qué no me crees? Es por que no te beso bastante —se lo come con la boca—. ¿Es por qué no te digo que te quiero suficiente? TEQUIEROTEQUIEROTEQUIEROTEQUIERO —apretándole la cabeza contra su pecho—. ¿Es por que hace demasiado que no hacemos el amor? —se arranca la camisa y Romano se sonroja—. Yo quería hacerlo ayer noche por mensaje pero tú estabas viendo esa peli de Fellini y luego me comí el helado que quedaba pero es que tú te llevaste los garbanzos con chorizo y me dejaste sin nada que comer y ya sé que a veces hablo mucho pero intento no marearte y es que me gusta hablar contigo y contarte las cosas que me pasan porque eres supersexy y siempre me escuchas y te quiero un montón y no quiero perderte y tú me dices que terminamos y yo...

Romano le besa en los labios, gracias a dios. España le devuelve el beso como si su vida dependiera de ello con toda su angustia y el italiano sonríe un poquito abrazándole.

—¿Ya no terminamos? —pregunta aun con el corazón desbocado cuando se separan. Romano le vuelve a besar saltando y abrazándose de su cadera con las piernas.

—Dependerá de lo bien que lo hagas... —indica con los ojos cerrados y rojo como un jitomate. España se pone serio entonces y Romano abre un ojo.

El español le mira sin sonreír y el italiano abre el otro ojo y le mira a los ojos, traga saliva.

—Che?

—Entonces prepárate, porque te voy a follar de tal manera que no solo vas a tener que trasladar el Vaticano, si no que ni el barrio rojo de Amsterdam querrá ocupar un lugar tan pecaminoso —suelta completamente serio y le tira un poco de su maravilloso rulito. Romano cierra los ojos, tiembla, se sonroja y suelta un largo gemidillo (todo a la vez).

España vuelve a sonreír acercándose igualmente, logrando soltarse de las manos y darse la vuelta para quedar él encima.

—Eres un idiota —alcanza a susurrar Romano y le detiene cuando nota lo que hace—. No, no... —intenta subirse él y darse la vuelta.

—¿Qué pasa? —le mira extrañado.

—Yo... Yo voy arriba.

—Ehm... vale... —vuelve a darse la vuelta tan contento.

—Yo voy arriba en todos los aspectos hoy —le explica.

—¿Y eso? —levanta las cejas.

—Eso... —se sonroja.

—¿Aja? —insiste sonriendo, volviendo a empezar a desabrocharle la camisa.

—¡Cállate! —frunce el ceño y se deja hacer.


Que no se entere tu mamá de lo que has leído, pero no olvides decirnos que te ha parecido.