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Legítimos

—¡Tómala, chico! ¡Derrítela junto a las otras!

La espada cayó estrepitosamente sobre el suelo de mármol, al lado de la armadura y la capa blanca. Todos los presentes, desde el Rey hasta el más insignificante de los nobles presenció la escena. Ser Barristan abandonó el Salón del Trono. Aquello era u ultraje. Él, que había servido como Guarda Real a tres Reyes, ahora se veía apartado por un moscoso. Y entonces los recordó, a los verdaderos Reyes por los que habría dado la vida, a los que volvería arrepentido sin dudarlo para servirles de nuevo: los Targaryen, los Reyes legítimos.