Hola! Acá les traigo un nuevo capítulo que espero disfruten tanto como yo al hacerlo. Esta vez hice algunas aclaraciones al final porque creí necesario hacerlo. Espero ansiosa sus comentarios, nos leemos. Mary


¿Te quedarás en el mundo humano? Pero...

Relevaron al shinigami asignado a esta región y me la asignaron a mi. El Capitán Ukitake fue el que hizo todo

Pero... ¿Qué dijo Byakuya de esto? Es, es

Él no estuvo de acuerdo del todo, pero fue mi decisión y la respetó – Ichigo sonrió divertido. – ¿Qué es lo gracioso?

De verdad que tu hermano no es el mismo – rió. Rukia se cruzó de brazos.

Si quieres puedo volverme y listo

No estoy diciendo eso, tonta – dejó de reir y también se cruzó de brazos. No se miraban, ambos estaban nerviosos. Tantos meses sin verse y cuando se ven pelean por tonterías.

Nunca cambiarás, idiota

Tu tampoco, enana


Hueco Mundo

Habitación de Kokoro

Estaba parado frente a la mujer de cabello blanco. Ella había dejado caer la capa negra al suelo, sobre la arena blanca. La media luna brillaba sobre ellos. Todo estaba calmo. Ya no se escuchaba la risa frenética ni soplaba el viento helado.

Creo – dijo Kaien con seguridad. La miraba intensamente, queriendo mostrarle que ya no dudaba de que ella era su poder. Estaba preparado para escuchar su nombre y para saber quién era. Podía intuir que una vez que lo haga nada sería igual.

Entonces te lo diré – levantó su cabeza, alzando su vista hacia Kaien. Sus ojos habían cambiado, eran de un color azul intenso. Desde la posición del chico parecían tener brillo propio. – Mi nombre es – lo miró más intensamente, irguiéndose aún más. – Sabaku Saru – las dos palabras que formaban su nombre se filtraron por los tímpanos del joven. Una fuerte corriente de aire comenzó a rodearlos, obligando a Kaien a entre cerrar sus ojos. Apenas pudo notar cuando la mujer de cabello blanco desapareció. Todo volvió a la calma.

Sabaku Saru – repitió Kaien, sin abrir sus ojos. – Tiene sentido – sonrió. – Todo esto es un maldito desierto – un escalofrío recorrió su espalda. Giró rápidamente y allí estaba ella, mirándolo con sus ojos azules encendidos. Sostenía con ambas manos una shirasaya azul intenso, tallada con arabescos color negro.

Esta es tu zampakutoh – se la extendió. Kaien la tomó con ambas manos, mirando fijamente a la mujer. – Pero sólo la podrás usar cuando entres en este mundo. Afuera no eres capaz de utilizarla, al menos por ahora – Kaien arqueó una ceja.

¿Qué significa eso? ¿De qué me sirve tener una zampakutoh si no la puedo usar? – no comprendía nada de lo que la mujer le decía. Ella soltó la katana y llevó las manos a los lados de su cuerpo.

Aún eres humano – dijo. – Lo que voy a decirte es importante y quiero que escuches cada palabra. No sé cuando podré volver a hablarte – Kaien asintió con la cabeza y tomó el arma con su mano derecha, bajándola a un costado. – El ser que viste antes es Kuroshi

¿Kuroshi? Pero, ¿es parte de ti?

No, ni siquiera es parte de tu alma – Kaien abrió los ojos y recordó lo que le había explicado Nezumi. – Kuroshi fue implantado en tu alma cuando la naturaleza de ella estaba en formación

¿Implantado?

Es decir que alguien o alguna circunstancia particular alteró la correcta formación de la naturaleza de tu alma y ese ser detestable se filtró en ella

Creo que no estoy entendiendo nada. Pero continúa

Él se alimenta de tu reiatsu, es por eso que nadie puede detectarlo. Cada vez te vas haciendo más y más poderoso sin darte cuenta y él es cada vez más fuerte gracias a eso. Por eso te llamé, te busqué antes de que lo hicieras por ti mismo – lo miraba intensamente, Kaien tragó saliva. No comprendía demasiado lo que le estaba diciendo la mujer, pero estaba seguro de que nada estaba bien. – Necesito que me prestes tu poder para poder terminar con él

¡¿Qué? ¡Yo no tengo nigún poder! – gritó algo alterado, retirando la vista. – No soy más que un humano normal

Eso no es cierto y lo sabes – Saru miró la luna. – Este lugar se tornó parecido a Hueco Mundo, ¿no es cierto? – Kaien volvió a mirarla. – No era así, pero desde que Kuroshi tomó forma, este sitio se está volviendo suyo. No debes dejar que el hoyo en tu pecho te atraviese

¡Pero fuiste tu la que lo hizo! – estaba confundido.

Lo sé – la mujer volvió a mirarlo con un dejo de desesperación en la mirada. – Por eso mismo debes derrotarlo con tus propias manos. Usa mi poder, pero no podré ayudarte. Esa bestia me controla totalmente cuando está aquí, por eso debes ser tú el que lo someta

¡Es que yo no sé cómo usar esto! – levantó torpemente la espada, que a su parecer era pesada. – ¡¿Cómo quieres que pueda derrotar a esa cosa?

Verás que tu instinto es más fuerte que tu razón

¿Qué habría sucedido con Kaien? Estaba desmayado en su cama, con su entrecejo arrugado y sudaba. Se notaba de lejos que estaba teniendo un sueño que no era agradable. ¿Relamente podía ser que algo lo estuviese atormentando? De todas formas no volvería a tocarlo. Lo miraba de cerca, sentada en la cama. Aún le temblaban las manos debido a la sensación que le quedó al sentir esa terrorífica presencia. ¿Qué era él? Ya no lo sabía.

Habitación de Ulquiorra y Orihime

Cuando despertó, todo estaba en calma. Abrió lentamente los ojos, con un mal presentimiento. El silencio que escuchaba no le gustaba nada. Miró con los ojos entrecerrados, pudiendo divisar a Ulquiorra sentado en una silla junto a la cama. Aún estaba en el laboratorio, en la sala de partos improvisada por los del Cuarto Escuadrón. Sin querer molestar al ex Espada, que parecía dormido, observó con detenimiento todo el lugar, buscando indicios de lo que podría haber sucedido allí. Lo único que recordaba era haber visto llegar a la Capitana Unohana y haber escuchado palabras de contensión y aliento por parte de ella. Luego, algo que no sabía identificar la abrumó de tal forma que no pudo mantenerse consiente por más tiempo y cedió frente a su cansancio.

Llevó suavamente una de sus manos a su vientre, descubriendo que su bebé ya no estaba allí. Finalmente había nacido y no lo recordaba. Sonrió tristemente. Luego abrió los ojos con sorpresa y quiso sentarse en la cama, pero no lo logró ya que su cansado y agobiado cuerpo la obligó a volver a su posición de descanso sobre varias almohadas. Ulquiorra abiró los ojos, que estaban irritados, y la miró. La expresión que traía era terrorífica. Jamás lo había visto de esa forma. ¿Qué estaba sucediendo?

Shh – dijo él antes de que Orihime pudiera pronunciar palabra. Ella calló. Tenía tantas cosas qué preguntarle, quería saber todo lo que había sucedido, dónde estaba su niño. – Deja las preguntas para después, ahora descansa – dijo en un tono suave. Hime no podía dejar de sentir esa presión en el pecho que le decía que nada estaba bien.

Quiero ver al bebé – su voz era suave y apenas si se oía. Ulquiorra empalideció aún más. Apartó la vista. – ¿Qué sucede? – preguntó. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Ulquiorra levantó su mirada esmeralda y Orihime pudo ver en ella tristeza y desesperación. No fueron necesarias las palabras.

Giró el picaporte sin vacilar ni un momento y entró en la habitación. En la cama, estaba sentado Ulquiorra, observándola detenidamente. Orihime sonrió levemente. Hacía más de veinte años que vivía con él y podía adivinar cada uno de sus pensamientos. Cada mirada podía significar miles de cosas, pero ella lograba saber qué era lo que Ulquiorra pensaba en un segundo. Y en ese momento, él no lograba comprender por qué ella había regresado tan pronto y como si no sucediera nada. Entró y cerró la puerta. Se acercó y se sentó en la cama junto a él.

– Es pronto para que hayas regresado – dijo sin mirarla.

– Vine antes de que me fueran a buscar los del Comité – mientras no mientiera todo estaba bien. Después de todo eso era verdad.

– Pensé que ya te habían ido a buscar. Les dije que estabas en el mundo humano

– No, no habían ido. Pero imaginé que lo harían y me adelanté. Iré a presentarme voluntariamente. ¿Quiénes han venido?

– Hitsugaya, Ukitake, Hinamori y Kira – los nombró con mal sabor de boca.

– Me alegra saber que han venido Hitsugaya kun y Ukitake san. Ellos no harán nada injusto

– ¿Injusto? – la miró por primera vez. Ella miraba la puerta. – ¿Por qué harían algo injusto?

– No lo sé. Tratándose de shinigamis y hollows cualquier otro hubiera aprovechado la oportunidad para culpar a alguno de nosotros de cualquier cosa y quitarnos de nuestro cargo. Después de todo ellos siguen siendo shinigamis – lo miró. Ulquiorra apartó sus ojos. No podía mirarla. Sentía que había algo que ella le estaba ocultando pero no podía permitirse debilidades. Orihime lo abrazó, pegándose a su pecho con fuerza.

– ¿Que – estaba sorprendido, ¿a qué venía esa actitud? – sucede?

– No quiero – dijo entredientes, – no quiero mentirte – terminó. Ulquiorra llevó su mano derecha a la espalda de Hime. – Volví porque debo hacer algo

– ¿Hacer algo? – no entendía lo que la mujer le estaba diciendo. ¿Qué cosa que ella podía hacer en Hueco Mundo ayudaría a Kurosaki o a su hijo? Orihime se separó y lo miró a los ojos.

– Kaien está en Hueco Mundo – dijo sin miramientos. – Debo encontrarlo y regresarlo al mundo humano

– ¿Está aquí? – ¿Cómo era posible que un humano estuviese en Hueco Mundo y nadie lo haya detectado? Además, estaba el hecho de que un humano por si sólo no podía entrar.

– Antes de que desapareciera de Karakura tuvo contacto con un hollow. Luego le dijo a Ichigo que ese hollow lo invitó a venir aquí y él aceptó. No sé cuáles serán los motivos para que un hollow quiera traer un humano aquí, pero no creo que sean buenos – Ulquiorra se limitó a escucharla. No tenía caso decir nada, pues no sabía nada tampoco. – La Sociedad de Almas también lo está buscando. Dicen que tiene una especie de poder oculto que aún no despierta

– No he detectado ningún movimiento fuera de lo normal. Él no está aquí – afirmó con seguridad Ulquiorra.

– Kaien no tiene reiatsu – lo miró intensamente. El ex Espada se sorprendió.

– ¿No tiene reiatsu?

– Es por eso que será difícil encontrarlo. Pero lo haré y quisiera que me ayudes – el pedido sonó inocente, pero sabía lo que Ulquiorra contestaría.

– No puedo hacerlo – apartó la vista.

– Está bien, sabía que dirías eso. Sólo necesito tiempo y pasar desapercibida frente a los shinigamis

Arenas

– Hallibel san, supongo que has escuchado el interrogatorio a Grimmjow san y has intervenido en el momento preciso – destacó Ukitake.

– Te equivocas. Llegué en ese momento, no sé qué ha dicho Grimmjow anteriormente

– Entonces procederemos a hacerte las pruebas, si no te molesta

– Por supuesto que no, a eso vine, Ukitake san

– Capitán Hitsugaya – lo llamó Juushiro. Toushiro viró y notó la presencia de Hallibel. Se acercaron. – Hallibel san se ha presentado espontáneamente, sería descortes hacerla esperar

– Bien – Hallibel acompañó al capitán de la diez hasta que se detuvo. Observó la máquina shinigami, que Momo estaba ajustando. – Esta máquina tiene la capacidad de medir y analizar el reiatsu y la potencia del cero y el Gran Rey Cero de ustedes. Por eso le pedimos a Ulquiorra y a Grimmjow que lanzaran ambos ataques. Es preciso que usted haga lo mismo

– Como desees, pero será mejor que todos se retiren. No puedo asegurar lo que suceda – Toushiro hizo una seña a Momo y a Kira que estaban más lejos y con shumpo se retiraron a varios metros. Él también se movió.

Hallibel tomó aire y estiró su mano derecha frente a su pecho. Estaba bien. Si Grimmjow había pasado las pruebas y había dicho la verdad, seguramente no estaría en problemas. Si los vestigios de reiatsu que habían podido juntar los de los laboratorios no estaban alterados, podrían cotejarlos con los de Grimmjow y descartarlo como sospechoso. El verdadero inconveniente era poder saber quién había sido el autor de semejante atrocidad. Una bola verde se formó en la palma y salió a gran velocidad hacia el artilugio, provocando un enorme estruendo y una posterior nube de humo.

– Ahora, por favor, lanza un Gran Rey Cero – Hallibel miró a Toushiro de reojo y luego cerró sus ojos. Era inútil decir nada. Ellos estaban convencidos de que ese método sería efectivo, pero Hallibel sabía que ninguno de los que ellos entrevistarían había sido. Debían salir al desierto en vez de perder el tiempo allí con ellos. Procedió de la misma forma. Junto energía frente a la palma de su mano y la bola verde, esta vez diez veces más grande que la anterior, formó un remolino de viento que obligó a todos a cubrirse los ojos debido a la arena que volaba. Luego una explosión que los tiró hacia atrás y más tarde silencio.


Mundo Humano

Hospital de Karakura, Habitación de Ichigo

La puerta se abrió y se cerró suavemente. Identificó la presencia de aquel que había entrado desde el principio. Sonrió levemente. Tantos años hacía que no lo veía que no podía imaginar su aspecto. Aunque inmediatamente pensó que no habría cambiado en nada. Después de todo era un shinigami. Esperó tranquilo a que se dignara a aparecer frente a sus ojos.

Renji estaba nervioso. Antes había estado en la habitación de Ichigo y se había decidido a hablarle, pero ahora que estaba consciente era muy diferente. ¿Qué debía hacer? ¿Qué debía decir? Después de tantos años, después de haberse ido como se había ido. Necesitaba disculparse, realmente sentía que se lo debía a Ichigo y a Rukia, y sobre todo a él mismo.

Dio unos pocos pasos más y lo miró directamente a los ojos. Ichigo lo observaba desde su cama, semisentado. Se notaba la tranquilidad que tenía. Renji expiró intentando contagiarse de eso. Luego, sonrió tristemente.

– Hola – le dijo.

– Hola – constestó Ichigo, devolviéndole la sonrisa.


NOTAS:

Sabaku Saru: Desierto de arena

Shirasaya: es en apariencia similar a la katana, aunque carece de tsuba (guardamano), y su tsuka (mango) no tiene same (forro) ni tsuka-ito (encordado). La empuñadura parece formar una sola pieza de madera junto a la saya (vaina) al estar la hoja envainada, dándole un aspecto similar a un bokken (sable de madera).

Kuroshi: Kuroi tamashi, alma negra.