Hola a todos y muchas gracias por los comentarios.
Os presento un nuevo capítulo que espero que os guste. Es un poco violento así que los menores, absténganse de leer. Espero que os guste, le he dedicado muchas horas y al final me han salido 8400 palabras, 17 páginas. Al final, he decidido no hacer un capítulo final de cuarenta páginas como era la idea inicial, porque pensé que quizá, quedaría demasiado largo y tardaría mucho en escribirlo.
Así que... Allá va. Se llama SELLO y espero que os guste.
Camfrica-Uchiha-Rules.
Sakura temblaba de frío.
La habían depositado encima de una mesa de piedra parecida a las que usaban algunos Clanes de Konoha para sus rituales. Sakura sabía, porque lo había leído en los archivos que la Quinta guardaba en su enorme biblioteca, que el Kyûbi fue sellado en Kushina Uzumaki sobre una mesa de ese tipo. La habían desnudado, dejándole únicamente la ropa interior inferior y se sentía expuesta e indefensa. Las manos y los pies, sujetos con argollas de algún metal que contenía su chacra, impidiéndole usar suninjutsu médico o su colosal fuerza. Ignoraba qué pretendían hacer con ella, pero presentía, que algo terrible iba a suceder.
La estancia donde la habían ubicado estaba oscura, apenas iluminada por una lámpara de aceite y era muy húmeda, sin duda, como había intuido cuando la arrojaron allí, estaban a varios metros por debajo del nivel freático*. Intentó concentrarse para conseguir centralizar la energía de su cuerpo en el brazo derecho, pero fue inútil.
- Mierda…
Se estremeció al recordar las palabras de aquéllos que se hacían llamar los Consejeros de Konoha y sentía rabia y vergüenza, porque su vida privada había pasado a ser del dominio de esos seres corruptos. Y aún peor, la noche anterior con Sasuke que sin lugar a dudas, era uno de los momentos más maravillosos de su vida, había quedado empañado, al ser consciente de que les habían estado espiando.
Era humillante.
Pensar que alguien había visto cómo Sasuke y ella se entregaban mutuamente el uno al otro, después de tantos años, de tanto sufrimiento y tanta contención, era algo que la joven no podría perdonar fácilmente.
Cuánto debían odiar en el Consejo a los Uchiha para hacerle todo aquello a Sasuke. Se estremeció al pensar que esos Consejeros en los que la Villa había depositado su confianza tantos años eran los verdaderos responsables de la matanza de la familia de Sasuke, y de la muerte de más de una centena de hombres, mujeres y niños inocentes.
Cúanta ignorancia y cuánta envidia.
Sakura estaba segura que detrás de la supuesta preocupación de Danzô para evitar que un Clan no fuera el predominante y pudiera desequilibrar el poder del resto de los de la Hoja, estaba, en realidad, la mezquindad de un hombre resentido y sin talento. Un hombre que no llegaba a Sasuke, o cualquier Uchiha, a la suela del zapato, pero que escondido bajo la tierra como una alimaña, podía hacer mucho daño.
Y lo había hecho.
Así había sido, había destrozado a una raza entera, los delsharingan, totalmente exterminados, y con ellos, el corazón de Sasuke.
Sakura estaba convencida de que Danzô intentaría acabar con el chico y de paso, con ella. No podía dejar testigos, ni rehenes, ni tampoco podía arriesgarse a confiar en que Sakura Haruno no vengara la hipotética muerte del hombre al que amaba.
Y tenía razón, si, por alguna jugarreta del destino, Sasuke Uchiha moría, Sakura se encargaría de sobrevivir y de aniquilar al que una vez, fue nombrado Sexto Hokage interino de la Villa de la Hoja.
Después, Sakura no tendría ningún motivo para vivir, si Sasuke moría, ella iría a buscarle al Más Allá: se suicidaría, tirándose desde lo alto de una de las decenas de cascadas que existían en el Valle del Fin.
La muchacha volvió a pensar en la tragedia que tuvo que vivir Sasuke, por culpa de ese sujeto y del resto del Consejo, en el odio y en la rabia que debió sentir el fundador de Raíz cuando Itachi salvó la vida a su hermano pequeño. En la impotencia del Tercer Hokage, impotente ante la máquina política alentada por aquél que una vez, había creído su amigo.
Ahora, estaba más que claro que Danzô siempre había pretendido acabar con Sasuke, quizá desde el mismo preciso momento en que Itachi Uchiha le hizo prometer que, a cambio del enorme sacrificio del Clan y del suyo propio, nadie tocaría jamás un pelo de su pequeño hermano menor.
Si bien, en ese momento y aunque los pensamientos sobre Danzô y el Clan Uchiha poblaban su mente, sin que la muchacha pudiera evitarlo, Sakura tenía cosas más importantes de las que preocuparse. La prioridad era conseguir de alguna forma concentrar chacra en su brazo izquierdo para poder soltarse de sus cadenas. Las argollas de aquel metal con el que le habían sujetado muñecas y tobillos, le impedían canalizar correctamente su flujo vital y la droga que le habían suministrado aquéllos malditos ANBU, inyectándosela en el cuello, aún no le dejaba pensar con total claridad.
Un ruido la estremeció de pies a cabeza. La puerta de la estancia se abrió y alguien entró en la habitación. Sakura se sonrojó de rabia y vergüenza. Estaba casi desnuda. Qué demonios pretendían teniéndola de esa forma encima de aquella mesa... ¿Acaso iban a practicarle algún tipo de ritual?
De pronto, su corazón empezó a palpitar de forma frenética y un escalofrío recorrió su espina dorsal al recordar las palabras del ANBU que la interceptó cuando salía de la casa de Sasuke.
"Sakura Haruno puede ser portadora de bastardos que deberán ser automáticamente eliminados…"
Qué iban a hacerle. Acaso iban a comprobar si… ¿Si estaba embarazada? Y en ese improbable caso… ¿Qué harían con el bebé…?
"Dioses…"
Se aterrorizó y contuvo una arcada. La sola idea de que alguien husmeara en su intimidad de esa forma, la sola idea de que alguien pusiera sus manos sobre ella para comprobar algo así, era totalmente nauseabunda y desquiciante. Reprimió las lágrimas que pugnaban por saltar de sus ojos y una ira sorda y abrumadora la consumió, haciendo que sus muñecas se retorcieran, mientras se intentaba liberar, sin conseguirlo, de las argollas que la sujetaban.
"Dioses…"
Ni siquiera Tsunade o ella misma, que practicaban el ninjutsu médico más avanzado y desarrollado de las Cinco Naciones Ninja, podrían determinar la existencia de un embrión humano, a unas pocas horas de su concepción.
Era cierto que Sasuke y ella no habían sido nada cuidadosos el día anterior, y es que ni siquiera se les había ocurrido pensar en que podrían concebir un hijo… Todo había sido tan rápido, tan deseado y tan necesario, que en lo último que el Uchiha y ella pensaron fue en un método de anticoncepción.
Sakura tenía todavía muchas cosas que hacer y muchas cosas que disfrutar antes de decidirse a ser madre… Pero sí tenía una cosa clara, si el destino había querido que Sakura estuviera embarazada, la joven no iba a dejar que nadie, ni siquiera Danzô Shimura, ni siquiera el mismísimo Madara Uchiha o la propia Kaguya en persona, dañaran a su bebé.
Lo protegería hasta la exhalación de su último aliento y aunque le costara la vida.
"Por encima de mi cadáver…"
Lo protegería aunque tuviera que arrancarse las cadenas con los dientes y si no podía protegerle, se arrancaría su propia lengua a mordiscos y se ahogaría en su su propia sangre.
Lanzó un grito de desesperación al no poder desclavar de la mesa de piedra las esposas de hierro que le sujetaban las muñecas, sintiendo que las presencias que habían accedido a la habitación, se acercaba más a ella.
- ¡No! ¡Fuera! ¡Alejaos de mí! ¡No me toquéis!
La lámpara de aceite que apenas iluminaba la estancia proyectó contra los muros la sombra de tres figuras encapuchadas, y aunque Sakura, en la posición que se encontraba, no podía girar el cuello lo suficiente como para verles caras, sintió que uno de ellos era el ANBU que la había transportado hasta aquella guarida bajo tierra y manoseado todo el cuerpo.
Se estremeció y sintió que la sangre le bajaba a los pies. El aura que desprendía ese tipo era sumamente desagradable y peligrosa. El tipo de aura que obliga a una mujer a tener una especial precaución al acercarse a un determinado tipo de hombre. Sakura sintió los ojos de aquel sujeto recorriendo su cuerpo sin pudor. Las náuseas volvieron a sacudirla mientras renovaba esfuerzos por desprenderse de las cadenas que la mantenían presa.
Ya estaba completamente segura de que su captura cumplía con dos objetivos: usarla como cebo para capturar y asesinar a Sasuke, y averiguar si su noche con el Uchiha había dado algún fruto. Pero el cómo pretendían averiguar si dentro de ella existía el albor de una vida escapaba a su comprensión, aterrorizándola y enfureciéndola a partes iguales.
- ¿¡Qué queréis de mí!? ¿¡Qué vais a hacer!?
El silencio fue la única respuesta que obtuvo. Reprimió un grito cuando una mano huesuda y callosa acarició su vientre murmurando unas palabras que no atinó a comprender.
La figura que la acariciaba el abdomen se le acercó y retiró la capucha, dejándola ver su rostro. Era la Consejera de Konoha, la vieja Utatane Koharu, que sonreía como una hiena con falsa dulzura.
- Querida niña… Si te resistes será aún peor…
Sakura se estremeció de pies a la cabeza cuando la vieja Consejera aplicó su dedo índice justo sobre su ombligo. La uña larga y oscura empezó a brillar con extraña energía de un color grisáceo. La energía se desprendía como si fuera un hilo, que se derramó sobre el vientre de la kunoichi y empezó a extenderse por la piel de todo su cuerpo.
Utatane Koharu, con la mano libre, se soltó el alfiler del moño que sujetaba su grasiento y canoso cabello y aplicó la punta en el abdomen.
- ¿¡Qué haces!? ¡Déjame! - La joven kunoichi empezó a gritar de espanto cuando sintió que la afilada aguja perforaba su piel - ¡No me toques!
La Consejera no le contestó, murmuraba extrañas palabras en un idioma gutural, extraño para Sakura, aquéllo no era japonés… Era una lengua que parecía salir de las profundidades de la garganta de la vieja gárgola que, sin piedad, empujaba el alfiler dentro del vientre de la muchacha, mientras que, con la uña seguía destilando energía grisácea hacia el cuerpo de la muchacha.
- Ahora… – graznó la vieja y uno de los dos ANBUS se acercó a Sakura por el lado opuesto al que se encontraba la Consejera que, con un extraño pincel, trazó varios signos sobre la piel de la muchacha, alrededor de la aguja que atravesaba a la kunoichi.
- ¡No me toquéis! – Sakura lloraba desconsolada.
No podía liberarse, su chacra estaba totalmente fuera de control, como si dentro de ella existieran varias energías diferentes y cada una de ellas girando en un sentido distinto. Ardía, su cuerpo ardía como si le hubieran inyectado hierro fundido en las venas. Era una sensación espantosa y terrible de la que intentaba zafarse sin poder evitarlo.
- Cállate niña… - la vieja Koharu susurraba en el oído de la joven, con falsa suavidad, mientras seguía presionando la aguja contra su abdomen y esparciendo su pútrido chacra sobre la muchacha – Pronto pasará…
- ¿Qué estáis haciendo conmigo…? – las mejillas de la muchacha estaban húmedas por las lágrimas del dolor, el miedo y la rabia que sentía, pero a la vieja bruja no parecía importarle su sufrimiento. Sakura desfallecía, al terrible ardor se le sumó un dolor agudo que perforaba su estómago, un dolor que, poco a poco, empezaba a descender por su bajo vientre, y a extenderse por sus piernas. Era un dolor penetrante, terriblemente vívido, que le obligó a cerrar los ojos. No podía casi ni gritar, sollozaba quedamente, gimiendo espantada. Otra náusea la asaltó, tan violentamente que arqueó la espalda intentando insuflar aire a sus pulmones.
- Asegurarnos….
- ¿De qué…? – susurró Sakura, a punto de desfallecer… totalmente traspasada por aquél dolor horrendo.
- De que no puedas concebir hijos… Ni con el Uchiha, ni con el Hyûga, ni con nadie- graznó la vieja Consejera con una terrible sonrisa dibujada en los labios – Al parecer, eres un imán para los hombres con Kenkkei Genkai...
Sakura perdió el control de sus nervios y de su mente en el momento en que se percató de que esos desgraciados nunca habían tenido la intención de comprobar nada. Desde el principio sólo habían querido sellar su vientre, esterilizarlo, asegurándose así de exterminar cualquier semilla que pudiera estar germinando en su interior, inutilizándola por completo, convirtiéndola en tierra yerma.
Si completaban el sello, no podría tener hijos. Nunca.
Forzándose por última vez, Sakura, aterrorizada, empezó a gritar el nombre de Sasuke, intentando concentrar la poca energía que quedaba en su cuerpo, pero era inútil, no podía hacer nada.
- ¡Me morderé la lengua! ¡Prefiero morir! – gritó la kunoichi cubierta de sudor, rota por el dolor físico que sentía. Espantada, era consciente de que nadie sabía dónde estaba y aunque Sasuke o Naruto dieran con ella, ya sería demasiado tarde.
Se revolvió de nuevo, retorciéndose mientras gritaba todo tipo de improperios hacia el Consejo y hacia Danzô y llamaba al Uchiha, desesperada.
Utatane Koharu se cansó de escucharla.
- Tú, sujétale la cabeza, amordázala. Si se muerde la lengua y muere, no nos servirá de carnada para atraer al bastardo Uchiha… Estropeará el plan que Danzô ha preparado… - le dijo la vieja al ANBU que había dibujado con el pincel, los intrincados signos en el vientre de la muchacha. Utatane Koharu chasqueó la lengua, frunciendo los labios ante aquélla chica tan molesta, que no paraba de moverse, ni la dejaba trabajar con la concentración necesaria.
El ANBU aludido se posicionó a la cabeza de Sakura, en su coronilla, haciendo que a la kunoichi casi se le saltaran los ojos de las órbitas al dirigir sus ojos hacia arriba, forzando la vista tanto como le permitía su postura para intentar ver quién era su enemigo. Como si éste no llevara puesta una máscara. Entonces, el ANBU se quitó la máscara y Sakura sintió cómo la sangre abandonaba su cuerpo.
- Tú… - susurró, totalmente anonadada – Todos vosotros… Todo este tiempo…
El ANBU era una mujer, una mujer extremadamente parecida a la kunoichi del pelo rosa, una mujer a la que Sakura sólo había visto una vez, en la prisión de Konoha.
- Eres tú…. – Sakura tenía la boca tan seca que se le pegaban los labios al hablar – La oirán*…
La mujer no respondió, pero esbozó una terrible sonrisa cínica.
Era la puta que había engañado y seducido a Sasuke.
La terrible certeza de que el Consejo de Konoha había estado detrás de Sasuke desde que volvió a la Aldea, la golpeó como una maza.
Sin mediar palabra, la ANBU rasgó un trozo de tela de su propia ropa, hizo un ovillo con él y se lo introdujo sin piedad y con violencia a Sakura en la boca.
- Cállate, puta…
Sakura intentó gritar, pero los gritos salían ahora de su garganta, y sus gemidos quedaban amortiguados por la mordaza.
- Por fin, un poco de silencio… - graznó la Consejera – ¡Que muchacha más ruidosa! No podía ser de otra forma, siendo una discípula de la Princesa Tsunade…
El dolor se hizo aún más intenso cuando la Consejera acabó de insertar el punzón en el cuerpo de Sakura. La aguja traspasó su vientre, haciendo sólo visibles los adornos que la cabeza del alfiler, como un siniestro banderín de colores. Entonces, la vieja juntó sus manos, haciendo una cadena de más de cincuenta signos de los que Sakura, con la mente nublada por el dolor, solo pudo recordar la mitad, "mono, tigre, mono, caballo, serpiente, mono, serpiente, búfalo, conejo, mono…"
Sakura gemía, aterrorizada, a punto de perder la cordura, como un animal herido de muerte. Una espesa capa de energía negra surgió de las manos de la vieja arpía lacerándole el cuerpo de parte a parte, a través de la aguja clavada en su vientre. Sakura no pudo soportarlo más, su cuerpo se quedó inmóvil, el dolor era de tal magnitud que la paralizó.
"Sasuke-kun… Naruto… Otra vez… Soy inútil…"
Las fuerzas la abandonaron y finalmente, perdió la conciencia.
El daño ya estaba hecho.
La Consejera de Konoha acabó el sello con una Sakura inconsciente encima de la mesa del ritual, posicionando la palma de su mano sobre el abdomen de la kunoichi, murmuró en aquella lengua desconocida, como si de una letanía siniestra se tratara y con un movimiento rápido extrajo el alfiler del vientre de la muchacha.
Automáticamente, el sello fue absorbido por el minúsculo orificio que la aguja había hecho en la piel de la joven y los restos de energía negra que habían quedado flotando encima del cuerpo de la chica.
- Acabé… - dijo la Consejera satisfecha – Qué resistente, habitualmente se desmayan cuando empiezo a destilar mi energía sobre ellas…
- ¿Qué le ocurrirá ahora? – preguntó el ANBU que había manoseado a Sakura al transportarla - ¿Ya no podrá tener hijos…?
- No… A menos que alguien remueva este sello…. Y eso no ocurrirá, porque soy la única que lo conoce y lo puede revertir.
- ¿Qué es ese sello? – preguntó la mujer ANBU – Nunca había oído esa lengua…
- Es un sello oscuro de la familia Uzumaki… - explicó Utatane Koharu – Lo usaban en la antigüedad, con las mujeres de los enemigos, para evitar que los hijos de los muertos se cobraran venganza…
- Entonces… - el hombre ANBU se mostraba especialmente interesado – ¿No podrá quedarse nunca embarazada…?
- No, estúpido – dijo la mujer- ¿Es que no lo has oído? A no ser que alguien lo revierta… Y eso no va a pasar… Esta chica está vacía…
- Si… - dijo su compañero, y continuó preguntando– Pero… Si ella estaba embarazada, ¿qué le habrá hecho este sello al bebé?
- Lo habrá matado… - dijo Utatane Koharu como si tal cosa – Hay que eliminar la mala semilla… Basta de charla, Danzô espera... Hay que informarle.
Las tres figuras se dirigieron hacia la puerta.
- ¡Tú, quédate con ella! – ordenó la Consejera al hombre – No creo que despierte en unas horas, pero es muy fuerte, si lo hace, habrá que vigilarla, seguramente intentará suicidarse…
Utatane Koharu no dirigió ni una sola mirada más hacia el cuerpo de la chica que acababa de profanar y abandonó la habitación acompañado por la mujer ANBU que, nuevamente, se había colocado la máscara.
- Pórtate bien con ella, Tsuneo, que nos conocemos… - laoiran dirigió a su compañero una sonrisa siniestra – Intenta controlarte un poco…
El aludido no dijo nada, fijos como tenía los ojos en el cuerpo semidesnudo de Sakura.
Por debajo de la máscara, se relamía los labios, esbozando una sonrisa siniestra que hubiera helado la sangre en las venas al mismísimo Madara.
0000
Sasuke seguía a Pakkun a toda velocidad por las ramas de los árboles del bosque del sur de Konoha. Como siempre, era la forma más rápida de avanzar.
Suigetsu y Karin les seguían el ritmo a cierta distancia.
La Uzumaki, se esforzaba al máximo, concentrándose, todo lo que la rápida marcha le permitía para intentar encontrar el chacra de Sakura. Sin embargo, aún no había tenido éxito y no había ningún indicio de la chica del pelo rosa. Pakkun, que era un experto rastreador, estaba convencido de que la joven se hallaba bajo tierra, por la manera abrupta en que su olor se había perdido, así que Karin, ponía todo su empeño en intentar traspasar la tierra con su extraordinaria percepción para poder encontrar a la discípula de la Quinta.
Contra todo pronóstico, Karin, dejando a un lado sus sentimientos por el del sharingan, quería realmenteencontrar a Sakura. La chica del extraño pelo rosa siempre había sido amable con ella, jamás la había rechazado por pertenecer a Taka o por considerarla otra aspirante, de los cientos que pretendían conquistar el corazón del guapo y díscolo Uchiha.
Además, le debía una. Si no fuera por Sakura, Karin estaría criando malvas por culpa del muchacho. Karin recordaba muy bien el momento en que Sakura apareció ante un Sasuke totalmente enloquecido a causa de la revelación contenida en las palabras envenenadas de Tobi con respecto a su hermano. Sakura estuvo a punto de apuñalarle y casi acaba muerta. Aún así, atendió a la Uzumaki, cerrándole la herida que el rayo cortante del chidori le había causado.Lo hizotan bien y con tanta habilidad que no le dejó ninguna cicatriz.
Sakura le detuvo. Su voz le detuvo. Y Karin vivió.
En aquel preciso momento Karin supo que Sasuke sentía algo por Sakura.
Si bien, en aquéllos días, la Uzumaki no supo distinguir qué era exactamente lo que el Uchiha sentía –quizá no lo sabía ni él mismo-, por Sakura, después de estar tiempo separados. Karin no supo distinguir en ese momento si los sentimientos de Sasuke eran amor, cariño o la reminiscencia de ambas cosas, pero sí constató con certeza que al del sharingan no le resultó indiferente la discípula de Tsunade.
Ahora lo sabía. Sasuke la amaba. Amaba a esa estúpida, ruidosa y caótica kunoichi del pelo rosa. Y posiblemente, y aunque le dolía reconocerlo, Karin creía que el Uchiha, siempre la había amado.
Karin, quería encontrarla, y quería encontrarla para que el maldito Uchiha, de una vez por todas, pudiera sonreír. Por éso, y porque Sakura, "la estúpida, ruidosa y caótica kunoichi del pelo rosa", le caía bien.
- Soy una idiota sentimental… – murmuró cabreada para sí misma, mientras desde las ramas, rastreaba el suelo.
- ¿Eh? – Suigetsu se le acercó - ¿Hablas sola? Estás peor de lo que creía…
- Haz algo útil y cállate, imbécil… - le espetó Karin – No me dejas concentrarme…
- Sí, claro… Será por eso que no encuentras a Sakura-chan… - Suigetsu sonrió de medio lado – Todo es por mi culpa…
El Hôzuki se adelantó, dejando que Karin, después de soltarle un florido insulto, siguiera con su concentración y se acercó al Uchiha, que estaba tirante como una cuerda de guitarra.
- Vaya panorama…
Sasuke, mientras tanto, con los labios apretados en una fina línea y la mandíbula en tensión, tenía un horrible presentimiento que oprimía su pecho, hasta el punto de no poder casi respirar. Sakura estaba en grave peligro, lo sabía, lo sentía y aunque intentaba calmarse, no podía dejar de pensar en la chica y verla otra vez, cayendo envenenada, en los brazos de aquéllos desgraciados a las órdenes del mayor villano que había dado Konoha.
- Danzô… - los dientes de Sasuke chirriaron al pronunciar el nombre de aquél sujeto, obsesionado con el poder y con su Clan.
Danzô era el responsable de la masacre Uchiha, de la muerte de Shisui, del sufrimiento de su hermano y de tantos otros. No podía quedar impune. Esta vez, Sasuke tenía la intención de exterminar a aquel hijo de puta que les había destrozado la existencia, aunque le costara la vida, o aunque le encerraran para siempre.
No quería que nadie, nunca más, pasara por lo que él había pasado.
Pakkun, notando la tensión creciente del guapo muchacho, se giró hacia él.
- Chico… Estamos llegando, prepara a tu Kusanagi…
El corazón de Sasuke empezó a retumbar en su caja torácica, sus pulsaciones se aceleraron, cuando el perrito tomó tierra. La expectación de la inminente batalla le ponía los nervios de punta y le causaba ansiedad y emoción a partes iguales. Activó su Mangekyô sharingan sin casi pensar en lo que estaba haciendo.
Se hallaban cerca del mar del sur, lo sentía por el olor a salitre y a algas que flotaba en el ambiente de forma ténue. Pakkun se detuvo en un claro e inmediatamente se puso a rastrear, husmeando entre piedras y matorrales, intentando encontrar una entrada. Karin se sentó en el centro del claro y se concentró intensamente.
Sasuke observaba el entorno, desesperado por encontrar el acceso, mientras que Suigetsu parecía indiferente a todo lo que ocurría, apoyando su espada en el suelo y urgándose los dientes con una uña.
- ¡Aquí! – Pakkun llamó al Uchiha quién en una décima de segundo, se hallaba a su lado, observando el lugar que el pequeño bulldog señalaba con una pata – Aquí hay algo…
- ¡Karin! – Sasuke la llamó con un deje de impaciencia en la voz - ¡Date prisa!
La Uzumaki sudaba intentando descubrir cualquier indicio del chacra de Sakura.
Entre dos arbustos entrelazados existía un pequeño montículo de rocas dispersas, como si se hubieran desprendido de alguna pared. Si bien, no había ninguna pared de roca cerca. Esa era la entrada. Estaba claro.
Lo cierto es no que parecía que se hubieran tomado muchas molestias para disimular la entrada. Pakkun y Sasuke se miraron.
- Es una trampa…. – el perrito confirmó los pensamientos de Sasuke.
- Nos esperan… - dijo Pakkun – Es aquí…
- Voy a entrar… - dijo Sasuke empezando a retirar los pedruscos con las manos.
- Sasuke… ¿Seguro que Sakura está aquí? – preguntó Suigetsu que se acercaba lentamente.
- ¡Está aquí! – Karin abrió los ojos de repente. La había detectado – Está a varios niveles por debajo nuestro… ¡Dioses…!
De la misma forma en la que la Uzumaki sabía percibir la bondad y la calidez a través del chacra, igual que alguna vez había percibido el caos en el de Sasuke, en ese momento, junto a la inconfundible energía vital cálida y dulce de Sakura Haruno, había otro dentro de ella, espeso, negro y que parecía devorar al preexistente.
A su lado, otro más, extraordinariamente maligno. Una persona terriblemente oscura, estaba al lado de la kunoichi y se le acercaba de forma siniestra.
El corazón de Karin empezó a galopar dentro de su pecho, y palideció de forma tan ostensible que Sasuke se percató, helándosele la sangre en las venas, al ver cómo su compañera perdía el color.
- Ella…. Ella… Está… - Sasuke no se atrevía a preguntar - ¿Sakura…?
- Está viva… – los ojos de Karin estaban anegados en lágrimas – Pero pasa algo malo… Muy malo… Sasuke…
- ¿Qué es lo pasa…? – Sasuke no se daba cuenta que estaba hablando con sólo un hilo de voz.
- Ella no se mueve… Y hay algo malo… Algo no está bien… Algo en su interior… – Karin cerró los ojos para poder percibir mejor el chacra de la muchacha – Y a su lado hay… Él está… ¡Sasuke, date prisa…!
Sasuke casi soltó un gruñido de pánico y clavó a Kusanagien el suelo, con tanta fuerza que el montículo de piedras saltó en todas las direcciones, dejando a la vista una trampilla de hierro, por cuyas rendijas se filtraba un aire viciado, cargado de humedad.
- La entrada… - Suigetsu estaba nervioso. Aquéllos dos compañeros suyos, realmente, le habían puesto nervioso. No estaba acostumbrado a ver al Uchiha en ese estado de descontrol. Incluso cuando mató a su hermano, a Itachi, su apariencia había sido la de una estatua de mármol. Nada que ver con la mirada desquiciada de la que en ese momento era portador. Suigetsu pensó que el amor romántico, era un sentimiento muy poderoso, capaz de transformar a un ser humano en alguien totalmente diferente a como era habitualmente y retorcerlo miles de veces hasta dejarlo irreconocible.
Sasuke tiró de argolla de la trampilla, dejando al descubierto unas escaleras que descendían hacia el interior de la tierra. El Uchiha se precipitó por ellas, sin esperar a nadie.
- ¡Niños…! – Pakkun se alarmó - ¿Por qué no esperáis refuerzos? Kakashi y Naruto no tardarán en llegar…
Sasuke alzó la cabeza. Sus ojos de halcón relucían con las chispas rojas del Mangekyô Sharingan, haciéndole parecer más un demonio que un humano.
- No puedo esperar. Pakkun vuelve a Konoha. Trae a Naruto en cuanto puedas… Y… también al idiota de Kakashi. Vosotros quedaos aquí… - dijo refiriéndose a Karin y a Suigetus – Habéis hecho mucho ya. Desde aquí, sigo yo solo.
Y desapareció a toda velocidad en las profundidades de la tierra, sin esperar respuesta.
El perro le observó desvanecerse, con ojos tristes. No entendía a los humanos, pero menos aún entendía a los ninjas. Pasaban sus vidas peleando y matándose entre sí, pero sólo eran niños. Sasuke apenas había cumplido diecinueve años y a su espalda había un reguero de sangre y destrucción que le acompañaría de por vida.
El perro suspiró y dirigió su mirada lánguida hacia Karin.
- ¿Qué vais a hacer vosotros…? – preguntó el bulldog.
Suigetsu cargó su espadón a su espalda, dirigió su mirada hacia la Uzumaki, que se la devolvió asintiendo.
- Si Sasuke cree que vamos a perdernos la fiesta… Va listo.
El perro torció la boca, en lo que a Karin le pareció una sonrisa apreciativa.
- Bien niños… Cuidaos… Voy a buscar refuerzos – y sin más preámbulos, desapareció con un estallido, dejando sólo una nube de humo.
Karin volvió la vista a Suigetsu, nuevamente.
- Será muy peligroso…- murmuró.
- Lo sé y por éso merece la pena… - rió el Hôzuki.
- Estás loco… - le dijo la Uzumaki, estrechando los ojos. Y sin mediar palabra, estampó un violento beso en los labios del shinobi, para luego desaparecer en pos de Sasuke.
- ¿Eh…? – Suigetsu se había quedado helado en el sitio. Tardó un segundo en reaccionar, llevándose una mano a la boca, allí donde aquél beso aún cosquilleaba, picante - ¿Yo… Le gusto…?
- ¡Vamos, gilipollas! – la voz de Karin le llegó desde abajo - ¡Sasuke me necesita!
El Hôzuki sonrió de medio lado, divertido y sin pensarlo más, saltó hacia las escaleras, a toda prisa, perdiéndose en la oscuridad réinate del interior de la tierra.
0000
Tsunade Senju acababa de arrancarle la cabeza a un ANBU con una sola mano. El desgraciado creyó poder coger desprevenida a la Quinta Hokage de Konoha, apareciendo de repente por la ventana de su despacho, kunai en mano, atacándola por la espalda.
Pero Tsunade era Hokage, una kunoichi extraordinariamente dotada y acostumbrada a la lucha, a la guerra y con una amplia experiencia en todo tipo de conflictos. La cabeza del Raíz aún conservaba la máscara de gato puesta cuando la Quinta, la lanzó a través de la puerta, atravesándola como un proyectil.
- ¡Shizune! ¡Ha empezado! – vociferó la mujerona - ¡Prepárate!
Pero su ayudante ya había acribillado a otros dos asesinos, dejándoles fuera de combate en el pasillo del piso donde se encontraban los aposentos de la Hokage.
Tsunade se limpió la sangre del enemigo con unos pergaminos que había encima de su mesa, facturas de proveedores y deudas de juego, y se dirigió hacia el exterior de su despacho.
Por ambos lados del corredor circular de la planta donde se hallaban sus oficinas aparecieron dos docenas de ninjas de la Raíz.
- Tské… - Tsunade chasqueó los labios con disgusto - ¡Quietos o moriréis!
Shizune se pegó a la espalda de su maestra. En tensión, sus mortíferas agujas dispuestas.
- ¡Tsunade-sama! ¡Son demasiados! – gritó la kunoichi.
- ¡Bah! – la mujerona cargó contra los ANBU de su izquierda, dejando a Shizune encargarse de los de la derecha - ¡Son nada!
El primer puñetazo de la Quinta, reventó el cráneo de un ninja con máscara de gato, quedándole incrustada en los huesos de la cara; el segundo, partió en dos la espina dorsal de otro de los Raíz y el tercero quebró el cuello de uno de aquellos asesinos que, horrorizados, comprobaron qué tan poderosos eran los genes de una Senju.
Sai apareció por el lado de Shizune, justo cuando ésta acababa de atravesarle los ojos a uno de los enemigos con sus alfileres. El muchacho dibujó a toda velocidad dos tigres de Bengala, insuflándoles vida con su extraño jutsu de creación. Los animales acabaron con tres de los asesinos que atacaban a la vez. La sangre de las gargantas desgarradas, se mezcló con la tinta que componía los felinos, formando en el suelo un extraño barro color parduzco.
- ¡Sai! – Shizune gritó - ¿¡Y Kakashi!? ¿¡Está con ellos!?
- ¡Nunca! – el otro del sharingan apareció detrás de la joven, con la única pupila roja y negra activada y su Raikirisoltando chispas.
- ¿¡Eh!? – Shizune suspiró aliviada – ¡Kakashi…! ¡Gracias a los Dioses!
Hacía tiempo que sospechaba que el interés de Kakashi por el poder político de Konoha era pura fachada. Simplemente, la ayudante más veterana de la Quinta, no se podía creer que alguien como el otro del sharingan, que tanto había querido y se había identificado con Sasuke Uchiha, le hubiera dejado en la estacada de forma tan vergonzosa y poco honorable.
Shizune llevaba tiempo observando a Kakashi, vigilándolo desde la sombra, pero el jounin era muy hábil y uno de los ninjas de élite mejor dotados del País del Fuego, así que hasta ese preciso momento, la muchacha no había podido discernir si las sonrisas del Hatake con las que obsequiaba al Feudal del Fuego y al Consejo eran falsas o interesadas.
Ahora lo sabía.
Kakashi había estado infiltrado, se había ganado la confianza de sus superiores para estar en todo momento informado de los movimientos del Consejo y de la Raíz, que controlaba a través de Sai. La indiferencia hacia Sasuke Uchiha, su abandono, era un daño colateral, un mal necesario, pura fachada, para que, en ese momento, pudieran reprimir ese intento fallido de Golpe de Estado.
Posiblemente, sin la intervención de Kakashi, Tsunade-sama y ella estarían muertas y los Hyûga masacrados. Sin la intervención de Kakashi, nadie les habría alertado de la traición de los del Consejo.
Kakashi atravesó con sus rayos cortantes el caparazón del protector de torso de un ANBU con máscara de cuervo, como si fuera mantequilla. Shizune lo vio caer, como un tronco, sin retorcerse ni proferir un solo quejido.
Definitivamente, se alegraba de tener a Kakashi en su bando, ya que como enemigo, era más que temible.
- ¿Cuántos quedan? – preguntó el que fuera el maestro de los del Equipo Siete.
- Quince… - la voz carente de emociones de Sai le llegó desde su espalda – Hemos ganado.
- ¡Los Hyûga están a salvo! ¡Hemos vencido! – el grito de Naruto Uzumaki atravesó los tímpanos de Shizune - ¡Deponed las armas! ¡Rendíos!
Naruto había llegado al Palacio de la Hokage, junto con Hinata y su equipo y los dos amigos de la prisión que Sasuke le había enviado.
Algunos de los asesinos de la Raíz titubearon lo suficiente al ver llegar a los ninjas más poderosos de Konoha, como para que Hinata les noqueara con los Puños de León.
La decena de ninjas ANBU de la Raíz que había quedado en pie, no tardó en asimilar su derrota. Uno a uno los asesinos del cuerpo de élite se arrodillaron ante los vencedores, quienes los retuvieron inmediatamente con la intención de interrogarlos.
El Golpe de Estado había fracasado.
El equilibrio de la Villa de la Hoja estaba temporalmente a salvo y con un poco de suerte, ningún aldeano sería realmente consciente de lo que había ocurrido aquel día. La lluvia empezaba a caer mansa del cielo, otra vez, las nubes ocultaban el sol y Naruto volvió a sentir esa extraña aprensión al pensar en su medio hermano.
- ¡Abuela! – berreó el Uzumaki – ¡Han secuestrado a Sakura! ¡Sasuke ha ido a por ella! ¡Tenemos que ayudarles!
Tsunade Senju miró a Naruto como si le hubieran salido dos cabezas.
- ¿Sakura? ¿¡A Sakura…!? – la ira en la voz de la Hokage era palpable - ¿¡Pero qué demonios….!?
La comprensión le llegó inmediatamente.
- ¡Sasuke…! – la mujer palideció - ¿¡Quién está detrás de todo ésto!? ¡Parece obra de…!
- Danzô… - asintió Kakashi.
- ¡Pero está muerto…! – Shizune se llevó la mano a la boca, horrorizada. No era posible, si Danzô estaba vivo y usaba a Sakura como cebo con el Uchiha, ambos jóvenes corrían serio peligro.
Tsunade se acercó a Kakashi.
- ¿Era él…? ¿Todo este tiempo…? – preguntó mirando al otro del sharingan. Kakashi se limitó a asentir – Tal como pensábamos… Kakashi… Gracias… Tu sacrificio nos ha salvado a todos…
- ¿¡Eh!? – Naruto abrió los ojos como platos - ¡Tú lo sabías! ¡Sabías que Kakashi estaba infiltrado!
- Sí… ¿Algún problema? – berreó la Hokage- ¡Y ahora cállate! ¿¡Dónde está Sakura!? ¡Dónde está Sasuke Uchiha!
Un extraño estallido les dejó momentáneamente sorprendidos.
Seguidme… – Pakkun apareción entre una nube de humo y emprendió la marcha – Están en grave peligro… No perdáis ni un minuto.
Naruto palideció y pareció que iba a decir algo, pero calló y salió corriendo detrás del bulldog, quién marchando hacia el despacho de la Quinta, saltó por la ventana y se perdió por los tejados de Konoha, encaminándose nuevamente hacia el bosque del sur.
Detrás de Naruto, Hinata y en pos de ella, Sai, Kakashi y la propia Tsunade partieron a toda velocidad en auxilio de Sasuke y Sakura.
0000
Sakura despertó, sudorosa, aterida, con un alarido de espanto que quedó ahogado en su garganta. Casi no podía respirar y un dolor insoportable la atravesaba de parte a parte, pareciendo que sus células estuvieran desintegrándose dentro de su cuerpo.
Un ataque de pánico la asaltó cuando se percató de dónde estaba y en la posición en la que se encontraba. En su garganta, se hallaba alojado un trozo de tela que le impedía gritar y mucho menos hablar. La ropa que la oiran le había introducido en el cuello la estaba asfixiando lentamente y a nadie parecía importarle.
Aguzó el oído y se percató de que nadie había en la estancia donde seguía encadenada a la mesa de piedra. La mesa donde le habían practicado aquel horrendo ritual.
"El ritual… Oh… Dioses…"
Ahogó un sollozo y los ojos se le llenaron de lágrimas de rabia y pesadumbre.
Habían completado el ritual. Habían sellado su vientre con un nauseabundo jutsu conjurado en una extraña lengua que no conocía. No podría revertirlo. Casi no sabía cómo aquel oscuro sello había sido formado. El dolor había impedido ver la mitad del conjuro. Jamás sabría reproducirlo y mucho menos, invertirlo.
No podría tener hijos.
Nunca.
Los ojos de la kunoichi se anegaron en lágrimas.
No podría tener hijos.
Cerró los ojos, ladeando la cabeza hacia su izquierda, dejando que la pena y el dolor de su corazón la envolvieran como una manta. Su cara se humedeció con el llanto que, incesante, le ardía en las mejillas. Por un momento pensó en tragarse la ropa con la que la habían amordazado y ahogarse, perderse en la inconsciencia de la nada para que el dolor del sello, de su cuerpo y de su corazón, cesaran, haciéndole olvidar todo, hasta su propia existencia.
"Sasuke…"
Abrió los ojos de par en par al pensar en el Uchiha.
No sabía cuánto tiempo había estado inconsciente, ni cuánto aproximadamente había durado el ritual.
Sasuke, posiblemente, la estuviera buscando.
"Quizá… Esté cerca…"
La muchacha se reprochó su egoísmo. Ojalá el Uchiha no hubiera salido en su busca. Era la única manera que el del sharingan estuviera a salvo.
Sin embargo, Sakura, en su fuero interno, deseaba que Sasuke la rescatara de toda aquélla miseria por la que estaba pasando. Sakura deseaba que el Uchiha la rodeara con sus brazos de acero, deseaba poder perderse en sus ojos una vez más y sentirse a salvo, sentirse en casa y descansar contra su pecho.
¿Qué haría él cuando supiera en qué la habían convertido al imponerle ese sello?
¿La aceptaría igual? ¿Querría el último Uchiha compartir su vida con una tierra yerma? ¿Con alguien que no podría jamás darle hijos? Si lo hacía, su Clan se extinguiría sin remedio.
Sakura no podía hacerle éso. No podía condenarle a la extinción.
Sakura renunciaría a él para que Sasuke pudiera restaurar su Clan desintegrado con alguien que sí pudiera darle descendencia.
Sakura derramó más lágrimas, que irritaron la ya enrojecida piel de su rostro. Sin embargo, la amargura que sentía en ese momento no impidió que, otra vez, intentara concentrar su chacra en la mano derecha para liberarse.
Imposible.
Su energía estaba todavía afectada y los canales por los que discurría su chacra habían sido alterados con aquél repugnante jutsu. El mero hecho de concentrarse, le producía un dolor espantoso. Aún así, Sakura siguió intentándolo. Si sólo conseguía la fuerza suficiente como para libera una muñeca, el resto sería coser y cantar.
"Sólo un poco… Un poco más…"
El dolor le produjo una náusea y Sakura descansó, respirando de forma agitada, boca arriba. Cerró los ojos e intentó respirar hondo, dejando la mente en blanco. Entonces fue cuando lo percibió.
La cabeza de la kunoichi se volvió rápidamente hacia la derecha y su corazón dejó de latir del espanto cuando vio a un ANBU mirándola fijamente desde su diestra. ¿Cuánto tiempo había estado observándola sin moverse? ¿Tan débil estaba que no lo había percibido antes?
Los ojos se le salieron de las órbitas cuando se percató de que aquel ANBU era el mismo que la había manoseado al secuestrarla. El mismo que no le había quitado los ojos de encima durante todo el ritual. Sakura podía sentir la desagradable sensación de oscura lujuria emanar de aquel tipo y se le heló la sangre en las venas cuando le escuchó reír por debajo de la máscara.
El ANBU, como si hubiera leído los pensamientos de la kunoichi, avanzó hacia ella y la rodeó como un depredador a su presa, regodeándose con la visión de su cuerpo semidesnudo.
La muchacha sudaba y renovó sus esfuerzos por concentrar chacra en su puño, pero era inútil, debilitada como estaba no conseguía su objetivo.
El tipo, se colocó finalmente a su izquierda, levantó una mano y la depositó, impúdicamente, sobre el pecho izquierdo de Sakura. La muchacha se estremeció aterrada, las intenciones de aquel sujeto eran claras, la sangre se le heló en las venas cuando habló.
- Tenemos un rato para divertirnos…
Sakura ahogó un sollozo que no llegó a materializarse por culpa del trapo que le habían colocado en la garganta. La piel se le erizó en el cuerpo cuando la palma de la mano de aquel tipo inició un lento descenso por sus costillas hacia su estómago. Sakura quería gritar, pero no podía. Quería arrancarle la máscara de un puñetazo, pero no tenía fuerza y su horror alcanzó cotas extraordinarias cuando aquel tipo, en un rápido movimiento, le arrancó el paño que cubría su parte inferior, dejándola expuesta y totalmente desnuda encima de la mesa ritual.
Nadie oía los gritos ahogados en la garganta de Sakura. Aquel tipo iba a violentarla sexualmente aprovechándose del momento de debilidad de la kunoichi y la muchacha, no podía hacer nada por evitarlo.
Las lágrimas empapaban sus mejillas, se sentía desfallecer, pero no podía dejarse llevar por la inconsciencia, debíacontinuar luchando por liberarse.
De pronto, el ANBU, de un salto, subió a la mesa de piedra y se colocó a cuatro patas encima de ella. No la tocaba, pero la muchacha pudo percibir su aliento fétido a través de la máscara que le cubría el rostro. El terror y el asco profundo que sentía la muchacha eran cargas eléctricas en sus verdes pupilas que el asesino del Cuerpo de Élite parecía no ver.
"Cobarde…"
La repulsión llegó a su cota máxima cuando Sakura le oyó jadear, el repugnante sujeto había liberado su miembro, excitado ante la visión de la muchacha desnuda, expuesta e indefensa encima de la mesa y se disponía a penetrarla contra su voluntad.
Sakura cerró los ojos con fuerza, intentando prepararse para lo que iba a suceder.
Un ronco estertor surgió de la garganta del ANBU, Sakura contuvo las náuseas.
El tipo estaba gimiendo encima de ella. Algo le salpicó el rostro y la kunoichi, abrió de repente los ojos, repugnada.
Su mente se quedó en blanco cuando observó que de la máscara del ANBU, que estaba aún a cuatro patas encima de ella, goteaba un líquido espeso y rojo. Tardó una fracción de segundo en percatarse de que era sangre. La sangre de aquel sujeto que se escurría por entre las rendijas de la máscara. Fijó la vista, entelada por las lágrimas y el sufrimiento y lo vio: el filo de una katana cubierto de electricidad que atravesaba el cerebro del violador.
Tres gotas de sangre se desprendieron mansamente de la hoja para caer sobre el pecho de la kunoichi.
"¿Kusanagi…?"
El ANBU, de repente, salió propulsado de encima de la mesa, para después, estamparse contra la pared derecha de la estancia. Los sesos, se escurrían por entre las rendijas donde la máscara tenía los ojos.
Estaba muerto.
Con una tremenda patada, alguien lo había arrojado al fondo de la habitación, quitándoselo de encima a la muchacha. Un sonido, como el piar de mil pájaros hirió sus oídos, y el olor a hierro fundido invadió la estancia. De repente, sus muñecas y tobillos quedaron liberados de sus ataduras.
Sakura, incrédula y al borde del desmayo, miró hacia su derecha, pero tenía los ojos entelados por las lágrimas y no atinaba a distinguir las facciones de su salvador.
"¿Sa…Sasuke-kun?"
Unas manos extraordinariamente tiernas y cálidas, le sujetaron la barbilla y el labio inferior y extrajeron el trapo que la oiran había alojado en la garganta de la joven.
- ¿Sa…? – pero no pudo acabar. Un violento ataque de tos la asaltó. Tenía la garganta completamente reseca e irritada, de llorar y gritar. Las mismas manos que la habían liberado de la mordaza la ayudaron a incorporarse, llevándole a los labios una cantimplora con agua.
- Bebe… - la voz de Sasuke, suave y contenida, fue como música para sus oídos.
Ahogó un sollozo de alivio al sentir cómo los fuertes brazos del ninja la sostenían, desmadejada como estaba y rota de pánico y dolor. Se sobresaltó levente cuando notó el pecho al descubierto del Uchiha, e inmediatamente y como si le hubiera leído el pensamiento, Sasuke envolvió con extrema delicadeza el cuerpo de Sakura con su propia camisa. El olor del muchacho la confortó y por un momento, la kunoichi quiso cerrar los ojos y perderse en él.
Sasuke había llegado justo a tiempo. Karin le había alcanzado en un estrecho corredor húmedo, dentro del laberinto intrincado de pasillos que se encontraron al acceder al interior del escondrijo de la Raíz. La Uzumaki, haciendo caso omiso de la mirada asesina que Sasuke le dirigió al verla en el interior de aquella guarida, le guió a través de aquélla maraña de corredores y estancias, centrándose en el chacra de Sakura y en el otro, uno maligno, que había a su lado.
Cuando Karin le indicó el sitio, Sasuke abrió la puerta de par en par, para encontrarse con una imagen que jamás olvidaría. La kunoichi, completamente desnuda, cubierta de sudor y sangre, su propia sangre, amordazada y encadenada de manos y piernas a una mesa ritual, gemía de terror con los ojos cerrados firmemente. Un sujeto repulsivo se hallaba sobre ella. No la tocaba, pero sus intenciones, su postura y su miembro, obsceno, enrojecido y flácido estaba a la vista. No había dudas: iba a violarla.
Nunca Sasuke había sentido tanta ira. Lívido, sin pronunciar una sola palabra, sin dudar ni un segundo y con las pupilas girando enloquecidas por el odio, traspasó su electricidad a Kusanagi, quién brilló hambrienta y vibró con intensidad, como si la espada, de alguna extraña manera, supiera que iba a liberar al mundo de aquel engendro vestido de hombre, impartiendo justicia.
En una fracción de segundo atravesó la cabeza del asesino del Cuerpo de Élite. El repulsivo sujeto estaba tan concentrado por iniciar su tarea que no advirtió la amenaza que se cernía sobre él hasta que la katana de Sasuke le atravesó el cráneo y cerebro con un único y certero golpe.
Como si su cabeza fuera un melón de mantequilla, Kusanagi, entró limpiamente por la parte posterior de la nuca de aquel desgraciado, saliendo por la frente, agujereando la máscara y segando su vida. La formidable patada que Sasuke propinó para quitarle aquel sujeto de encima a Sakura, estaba cargada de ira y repulsión.
Inmediatamente liberó a Sakura de su mordaza y de las cadenas que le sujetaban manos y piernas. Se quitó su camisa y se la colocó a la muchacha, que, desmayada y rota, sólo podía articular la primera sílaba de su nombre. Extrajo una pequeña petaca de agua que siempre llevaba consigo y se la dio a beber. La muchacha pareció relajarse al oír su voz.
La acarició en el pelo y la estrechó contra sí, dando un rápido vistazo a su estado general. Le habían hecho algo.
Algo malo. Lo notaba, lo sentía, casi podía oler el resto de un jutsu maligno flotando en la estancia. La piel de Sakura estaba ardiendo, como si debajo de su epidermis palpitara un ser con vida propia. Su Mangekyou Sharingan detectó algo oscuro, espeso en el interior de la chica, algo que nacía en su abdomen y se extendía por todo su cuerpo.
"¿Un sello?"
Sasuke se puso de pie, con Sakura en brazos, la muchacha abrió los ojos despacio, como si hacerlo le supusiera un esfuerzo extremo.
- Sasuke… Has venido… - susurró ronca – No tenías que haber venido…
- Hmpf… - el muchacho la miró con una expresión indescifrable en su rostro – Vamos a sacarte de aquí.
Salió de la estancia con ella en brazos. Karin les esperaba en la puerta, testigo mudo y horrorizado de lo ocurrido. Sentía bullir el chacra de Sakura en su interior. Casi podía oler la podredumbre que le habían insertado.
- Por aquí… - murmuró la kunoichi – Sígueme… Buscaremos un sitio donde examinarla.
El Uchiha caminó detrás de la Uzumaki, dejándose guiar, por segunda vez, por el intrincado laberinto de estancias y pasillos. Tenía la intención de detenerse y hacer que Karin examinara a Sakura. La muchacha del pelo rosado gemía levemente, como si estuviera soportando un gran dolor.
Sasuke apretó la mandíbula.
Le encontraría.
Encontraría a ese sujeto maligno y entonces le mataría.
No podía hacerle pasar por lo mismo que él había pasado, por el mismo sufrimiento, la misma pena, el mismo dolor, pero no le importaba. Todo lo que en ese momento deseaba Sasuke Uchiha era acabar con la vida del que fue una vez y Hokage de Konoha.
- Danzô…. – los dientes le chirriaron y la emoción contenida le rasgó la voz- … Me vengaré…
Notas finales del Autor:
Espero que os haya gustado. Espero vuestros comentarios, que sin ellos no sé si lo que escribo es un bodrio o está pasable u os está gustando. A fin de cuentas, escribo no solo porque me gusta, sino para entreteneros y hay veces que no sé si lo consigo.
Os recuerdo varias cosas:
Oiran*: prostituta. No confundir con una Geisha, por favor, que no tienen nada que ver. Esa ANBU es una especialista en sexo y engañó a Sasuke en el Capítulo: "El Regalo"
Freático*: nivel del agua. El agujero de ANBU Raiz está por debajo del nivel del agua.
Una cosa más, no sé cuándo subiré el nuevo capítulo, porque estoy bastante ocupada, pero no desesperéis que subir, lo subiré. Por otro lado, mi mente perturbada está ideando otro FIC Sasusaku, claro está. ¿Os gustaría que lo escribiera?
Bueno, pues dejadme vuestros comentarios por favor, porque de verdad, animan y aprendo.
Camfrica-Uchiha-Rules.
