POV Beatriz
Imágenes de los peores momentos de mi vida comenzaron a agolparse detrás de mis párpados. Gritos, golpes, peleas, la muerte de mi madre, sentí cada dolor que había padecido en mi vida como si estuviera volviendo a vivirlo y junto con el dolor llegó un deseo de venganza que jamás había experimentado, quería hacer pagar con creces a los responsables de mis sufrimientos. Devolver golpe por golpe, dañarlos como ellos me habían dañado a mí. Una fuerza colosal, un poder enorme fluía por mis venas, estaba segura que con un mínimo esfuerzo podría cobrar la factura de los malditos muggles que me hirieron una y otra vez durante tanto tiempo.
La voz de Severus, llamándome, trajo parte de mi consciencia de regreso a la realidad. Logré abrir los ojos y lo vi, estaba sosteniéndome en el suelo de un lugar al que no recordaba haber llegado, sus ojos me miraban con preocupación y pesar. La rabia, el rencor, la oscuridad volvió a golpear intensa desde mi interior pero bastó la presencia de Severus para pasarla a segundo plano.
-¿Beatriz? ¿Estás bien?-
Su voz, tan dulce y llena de cariño calentó mi corazón y me hizo querer alejar todos los malos sentimientos y pensamientos de mí. Tomé su brazo con fuerza y capturé sus ojos en los míos.
-Severus, ayúdame, por favor.-
Apenas percibí las lágrimas que cayeron por mi cara, intenté concentrarme en otras sensaciones pero era como si no fuera capaz de sentir absolutamente nada, traté de evocar algún recuerdo para contrarrestar lo negativo dentro de mí pero sólo logré que el frío y la ira aumentaran. Me aferré a la única persona que estaba logrando darme algo de paz.
-¿Cómo? Beatriz, dime ¿qué debo hacer?-
La desesperación en él era evidente, estaba preocupado, más que eso, por mí, porque me quería, porque en verdad le importaba.
-Haz que se vaya.-
-¿Quién? ¿Quién debe irse?-
Negué impaciente.
-La oscuridad, por favor, no quiero seguir sintiendo esto.-
Se quedó petrificado por un segundo y acarició mi rostro, limpiando mis lágrimas. Su toque fue como fuego que iluminó y derritió todo en mi interior. Respiré con alivió y él pareció darse cuenta que su toque me ayudó porque me tomó en brazos y me levantó, pasé mis brazos sobre su cuello y enterré mi cabeza en su pecho. Su aroma, el sonido acelerado de su corazón y su calidez devolvieron la serenidad a mi alma.
-Todo va a estar bien, cariño, te lo juro.-
Lo creí, en verdad lo creí porque estando junto a él la luz jamás me abandonaría. Sonreí y me apreté más contra su cuerpo.
-Lo sé.-
Me sentí realmente cansada, como jamás lo había estado, y, tan a salvo como me encontraba, simplemente me dejé vencer por el sueño.
