Nota al 13 de noviembre del 2006: Antes de iniciar, debo escribir esto: este capítulo y el siguiente están dedicados para la persona que creó originalmente a Katrina Turner: Yare. Muchas gracias por el préstamo. Ahora sí, lean y diviértanse.

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Treinta y seis: Kelly y Katy. Cómo inició.

Si quería ser fiel a la verdad, el señor Poe debía comenzar su relato por el principio, el cual había ocurrido hacía más de veinte años. Así se lo hizo saber a Gwen, quien como siempre que una situación lo requería, escuchaba con interés y madurez.

---Inicio de remembranza---

Corría el año de 1995 y los magos no creían en la noticia que Albus Dumbledore y Harry Potter, "el niño que vivió", le daban a la comunidad luego del fatídico final del Torneo de los Tres Magos: Lord Voldemort, El–que–no–debe–ser–nombrado, había vuelto. Al iniciar el nuevo curso en Hogwarts de ese año, la mayoría de los magos y brujas creían que ese par estaba loco, pero no así unas gemelas de Gryffindor que iniciaban su tercer curso. Tanto ellas como su familia eran totalmente fieles a Dumbledore y no tenían porqué dudar de su palabra y la de Harry Potter. Aunque claro, eso les causó algunos problemas.

¡Déjennos en paz! —rogó una de esas gemelas un día de octubre, cuando un montón de alumnos de cuarto les habían arrebatado los libros.

Los alumnos de cuarto, que lucían el verde y el plateado en los uniformes, no hicieron más que reírse y agitar los libros en alto, como si fueran trofeos. Justo cuando las niñas habían sacado las varitas, una voz gritó.

¡Accio!

Los libros volaron de manos de los de cuarto y fueron a dar a los pies de un chiquillo de cabello negro e inusuales ojos violetas con los colores de Gryffindor en el uniforme.

¿Quién te crees que eres, mocoso? —le gritó uno de los de cuarto con desdén.

El niño de ojos violetas, por respuesta, agitó de nuevo su varita, musitando algo. A continuación, las mochilas de los de cuarto se rompieron y sus cosas fueron a dar al suelo.

Dejen a mis compañeras en paz¿quieren? —pidió el niño con naturalidad, como si no hubiera hecho nada para intimidarlos.

Los de cuarto, luego de recoger sus útiles con expresiones de furia, salieron corriendo de aquel pasillo. Las gemelas fueron por sus libros junto al niño, para agradecerle.

Las Turner¿cierto? —comentó el niño, acomodándose su mochila al hombro —Sí que esos Slytherin's pueden ser pesados. Eso o no tienen nada mejor que hacer.

Las gemelas rieron ante semejante comentario.

Gracias —dijo una de ellas, la que era un poco más alta y de perfil más dulce —Impresionante que sepas encantamientos convocadores. Los enseñan hasta cuarto curso.

¿Qué tanto falta para cuarto curso? —inquirió el niño, encogiéndose de hombros con despreocupación —Por como están las cosas, es mejor saber por adelantado, para que Quien–ustedes–saben y los mortífagos no nos tomen por sorpresa.

Lo mismo dicen nuestros padres —comentó la otra gemela, que tenía aspecto de ser más alegre y decidida que su hermana —Por cierto, yo soy Katy y ella es Kelly —señaló a su hermana, quien hizo un gesto de asentimiento —Tú eres Blackson¿verdad?

Correcto —Blackson asintió —Pero llámenme Jim. Y creí que tú eras Katrina.

Lo es —aclaró Kelly —Pero como mamá también se llama así, prefiere ser Katy.

Gracias por la ayuda, hermanita —ironizó Katy.

Eso hizo que Jim Blackson riera con ganas.

A partir de ese día, las gemelas Turner y Jim Blackson rara vez andaban separados, pues descubrieron que tenían varios intereses en común y se hicieron buenos amigos. Durante ese curso, que fue de pesadilla con la presencia de una horrible profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras llamada Dolores Umbridge, que además no enseñaba nada y quería hacer su voluntad, los tres niños tuvieron la osadía de aprender hechizos de defensa por su cuenta. Las gemelas Turner se sentían orgullosas de lo bien que se les daban, lo que tal vez tenía que ver con que sus padres fueran aurores.

Dicen que si no sabes defenderte como se debe, el mundo te come vivo —le comentó Katy a Jim una vez —Así que nosotras siempre les hacemos caso.

Más o menos lo que dice mamá —reconoció Jim —Ella vivió de cerca la primera vez que Quien–ustedes–saben fue poderoso, dice que fue terrible. Fue entonces que perdió a sus mejores amigos… y a papá.

Las hermanas, al oír eso, no hicieron comentarios. Sus abuelos maternos también habían muerto en aquella ocasión, y fue cuando su madre tuvo que vivir con su padrino, quien curiosamente, resultó ser el padre de James Potter, padre a su vez del famoso Harry Potter. A su madre le gustaba contar aquellos días felices.

¿Su madre conoció a James Potter? —se interesó Jim al enterarse de ese detalle, poco antes de terminar su tercer curso.

Katy se dedicó a contarle lo que sabía y cómo su madre recordaba a la perfección al "alocado" James, al "mujeriego" Sirius Black, al "callado" Remus Lupin y al "ridículo" Peter Pettigrew. Fue Sirius Black quien más le interesó a Jim y con razón: se le creía mortífago y asesino, culpable de la muerte de los Potter, quienes eran sus mejores amigos.

Mamá también conoció a los Potter y sus amigos —confesó el chico —Y dice que Black era fascinante. Yo creo que estaba enamorada de él.

¡Uy, mamá también! —soltó Kelly —Decía que por más loco que estuviera, era guapísimo. Muchas chicas andaban tras él. Ella salió con él un tiempo, pero terminaron en sexto y desde entonces sólo fueron buenos amigos. Por eso ella no cree ni una palabra de que Black sea un asesino. Oye, nuestras madres deberían conocerse¿no?

Jim asintió y no dijo más del asunto.

Con el transcurso de los años, la amistad entre los tres se hizo cada vez más fuerte. Para cuando llegaron a sexto, tenían bien definido lo que querían hacer en la vida: ser aurores. Esos cazadores de magos tenebrosos les inspiraban mucho respeto y ahora que El–que–no–debe–ser–nombrado por fin había sido derrotado (por Harry Potter, como muchos creían que pasaría), tendrían una expectativa de vida un poco más amplia. Así las cosas, estudiaron como nunca para obtener las notas requeridas y fue en esa época que convivieron más con un compañero de curso de la casa Hufflepuff que quería lo mismo que ellos. Se llamaba Charles y poco a poco, por su carácter alegre y su sentido de la responsabilidad, se volvió el cuarto amigo del grupo.

Los extrañaré mucho —Kelly se soltó a llorar mientras decía eso, al estar en la estación de King's Cross cuando concluyeron séptimo —Pero nos veremos en el Ministerio¿verdad¡Por favor, digan que sí!

Sabes que sí, Kelly —argumentó su hermana con resignación —Si los ÉXTASIS nos salieron bien, estaremos juntos en el curso de auror.

¿Bromeas? Si no obtenemos buenas calificaciones, me regreso a vivir con mis padres —soltó Charles con fingida cara de tragedia, luego que Kelly dejó de estrangularlo con un fuerte abrazo —Así podría alegrarme la vida haciendo renegar a Jake.

Sus amigos rieron al oír aquello, recordando que Charles era de familia muggle y él era el único mago de la misma. Vivía solo desde que había cumplido los diecisiete años, dado que sus padres ya no soportaban los pleitos entre él y Jake, su hermano mayor.

Pues disfruten las vacaciones, chicos, porque no creo que tengamos muchas al entrar al curso de auror —vaticinó Katy —Y no se olviden del concierto de Las Brujas de Macbeth al que iremos en una semana. Será nuestra despedida definitiva a la vida del colegio.

Los otros tres rieron y asintieron, abandonando el andén mágico para dirigirse al muggle y allí, cada quien irse por su lado.

Tal como prometieron, se vieron una semana después por la noche, en un amplio local del Callejón Diagon que se parecía mucho a un bar muggle, para disfrutar de la música de la agrupación más famosa del momento. Habían conseguido lugares excelentes porque Jim insistió en invitarlos, dado que era el más adinerado de los cuatro. Durante los breves intermedios, hablaron de lo emocionante que sería comenzar la carrera de auror, una vez que tuvieran las notas de los ÉXTASIS y pudieran hacer su solicitud, pero su emoción se empañó con la noticia que dieron al micrófono poco antes de que Las Brujas de Macbeth hicieran su última aparición.

Atención, damas y caballeros, acaban de llegar noticias alarmantes de Alemania. Un terrorista mágico y sus seguidores acaban de realizar un ataque a Frankfurt del Main.

Los asistentes comenzaron a murmurar con desconcierto, pero Kelly y Katy se habían quedado mudas de la impresión. Sus amigos las miraron con preocupación.

¿Qué sucede? —se atrevió a preguntar Charles.

Nuestros padres están allí —logró musitar Kelly, siempre la más serena en esa clase de asuntos —¡Por favor, que estén bien! —musitó, antes de abrazarse a su gemela.

Pero al día siguiente, estando ya en casa, el ruego de Kelly fue cruelmente rebatido. Una lechuza negra les llevó un mensaje con el sello del Ministerio con la noticia de que sus padres habían muerto tratando de evitar el ataque terrorista a Frankfurt del Main.

Las jóvenes quedaron destrozadas. Además de sus padres, solamente se tenían una a la otra, no les quedaba más familia. En medio del dolor que sentían, tuvieron que llevar a cabo los trámites necesarios para hacer trasladar los cuerpos de sus padres a Reino Unido y darles sepultura, así como darle aviso a amigos y colegas del matrimonio Turner. Charles y Jim acudieron a consolarlas en cuanto se enteraron y les ofrecieron todo su apoyo, cosa que ellas agradecieron profundamente.

Pero la vida seguía y las chicas tuvieron una pequeña alegría cuando recibieron las notas de sus ÉXTASIS y comprobaron que gracias a su esfuerzo, habían conseguido lo requerido para solicitar su admisión en el curso de auror. Se pusieron en contacto con Charles y Jim, quienes también habían obtenido las notas necesarias, y los cuatro juntos fueron al Ministerio a cumplir con los trámites. Allí, tuvieron la sorpresa de encontrarse con el mítico Harry Potter (que estaba a punto de terminar la carrera) y fue un privilegio trabajar un poco a su lado a la hora de graduarse. Pero los problemas para el cuarteto apenas iban a comenzar.

Turner —llamó un día el entonces comandante en jefe del Cuartel General de Aurores, Kenneth Douglas, un mes después que los cuatro amigos terminaron el curso. Estaban revisando unas órdenes de arresto que les habían enviado y al oír su apellido, tanto Kelly como Katy se volvieron —Kelly —agregó Douglas con voz cansina. Katy regresó la vista a la hoja de pergamino que leía —Tengo un trabajo para ti, ven a mi cubículo.

Kelly se puso de pie y siguió a su jefe, mientras los otros tres seguían con lo suyo. Media hora después, a la hora de comer, Kelly los alcanzó con una expresión fúnebre, pero no habló hasta que estuvieron en la cafetería del Ministerio, sentados a una mesa.

Me ofrecieron un trabajo de espía en Alemania —comenzó —Es para atrapar a Hugo Hagen, el "Terror Rubio".

Charles y Jim se miraron significativamente, mientras que Katy estalló.

Supongo que aceptaste¿no, Kelly¡Ese infeliz fue el autor del ataque a Frankfurt!

Kelly asintió vagamente, lo que para Katy no era buena señal.

¿Qué pasa? —preguntó Katy.

No puedo hacerlo, Katy —susurró Kelly, apenada —Precisamente porque fue ese tipo el culpable de la muerte de nuestros padres, no podría. Me sería muy difícil realizar una labor de espionaje cuando lo que quisiera es matarlo en cuanto lo tenga enfrente.

Katy miró el rostro afligido de su hermana, tan parecido al suyo, y comprendió lo que quería decir. Ella era muy sensible y las emociones solían traicionarla en momentos de crisis. Fue por eso que tomó una decisión que con el tiempo, llegaría a ser a la vez la más traumática y valiente de su vida.

Yo lo haré —sentenció.

Charles y Jim la miraron como si se hubiera vuelto loca.

¡Estás loca! —fueron las palabras exactas de Charles —A Douglas no le hará gracia.

Si llamó a Kelly, por algo será —comentó entonces Jim, sin mucha convicción.

No tiene porqué enterarse —aclaró Katy en el acto —Kelly acepta la misión, pero seré yo quien vaya por ella. Somos gemelas. Podemos cambiar de lugar y nadie lo notará.

Eso es muy arriesgado —advirtió Jim —Y va contra las reglas.

Además, ustedes dos no son tan iguales como creen —agregó Charles —Jim y yo lo sabemos porque las conocemos.

Pero Douglas no, y eso es lo que cuenta —rebatió Katy con firmeza —Kelly, dime si estás de acuerdo conmigo y lo hago. Si no, no importa.

Pero Kelly sabía lo importante que era para su hermana aquella oportunidad de atrapar al asesino de sus padres y como a fin de cuentas había sido una Gryffindor a la que le atraían los riesgos, asintió con vehemencia.

Así se hará —dijo.

Katy sonrió triunfal, sin saber que sería la última vez que podría hacerlo de esa forma.

---Pausa en remembranza---

—¿Eso que tiene que ver con nosotros?

Gwen, con algo de temor, se había atrevido a interrumpir a su padre en su relato, sin hallar conexión entre éste y lo que ella quería saber; o sea, quién era la misteriosa mujer de rojo a la que acababa de ver. Esperaba que no fuera…

—Bueno, como ya te dije, Katy no volvió a sonreír en son de triunfo después de ese día —el señor Poe suspiró antes de proseguir —Ya la viste, es fría en extremo. Se dedica a lo que debe hacer sin miramientos. Y si algo se le atraviesa, lo quita del camino.

—Entonces la Katy que vino y la Katy del relato… —musitó Gwen, incrédula.

—Sí, son la misma persona¿porqué lo dudas? —su padre usó un ligero tono sarcástico que la joven le había oído algunas veces a su hermano menor —Querías saber quién era esa mujer¿no?

—Bueno, sí, pero nunca creí… —Gwen se detuvo y tomando aire, cambió el sentido de su diálogo —Mejor continúa, papá. Antes de decir algo, quisiera oírlo todo.

El señor Poe asintió y tomó aire de nueva cuenta, esta vez con más lentitud.

---Continuación de remembranza---

Los trámites se arreglaron antes de lo previsto. En cuanto Kelly le dijo a Douglas que aceptaba la misión de espionaje, ella y Katy tuvieron apenas dos semanas para poner al día sus respectivos asuntos. Y aunque Charles y Jim seguían en desacuerdo con ese plan tan descabellado, como buenos amigos las apoyaron en todo lo posible.

Como seguramente al principio habrá algunas sospechas, cambiaremos de lugar de vez en cuando —le sugirió Katy a su hermana —Sé que no quieres tener enfrente al tal Hagen, así que veré que esos cambios sean en fechas en las que no vayas a verlo. Tal vez Douglas no nos conozca bien, pero totalmente idiota no es si llegó a comandante.

Kelly se rió al oír aquello y estuvo de acuerdo.

En aquellas fechas, Charles recién se había casado con una muggle muy simpática, enfermera en un hospital cercano al Támesis, y una amiga suya, estudiante de medicina, estaba captando la atención de Jim. Las gemelas tuvieron la oportunidad de conocerlas a ambas en una improvisada reunión en un café muggle, antes de emprender la aventura del intercambio de personalidades.

Chicas, ella es Marissa —Charles les presentó a una preciosa chica de cabello rubio oscuro muy corto y pequeños y expresivos ojos castaños —¿No es linda?

Por favor, Charles, si acabamos de salir de nuestra guardia —se apenó Marissa, sonriendo nerviosamente y mirando a quien la acompañaba, una muchacha pequeña, de cabello castaño oscuro, preciosos ojos azules y tímida sonrisa —¡Di algo, Cassie!

A mí no me metas en eso, es tu marido —opinó seriamente la chica a quien Marissa llamó Cassie —Soy Casiopea Troublemaker, mucho gusto.

Ahora veo porqué te llama la atención, Jim —le susurró Katy a su amigo mientras Kelly saludaba a Casiopea —Pareces trabajadora, Casiopea —le comentó a la chica.

La carrera lo requiere —admitió Casiopea, sonriendo con un poco más de confianza —Es decir, si quiero hacer la especialidad de oncología, necesito estudiar mucho.

¿La qué? —se le escapó a Jim.

Charles le dio un codazo para que se callara.

Es una rama de la medicina que apenas está adquiriendo importancia, es la que trata el cáncer —explicó Casiopea con paciencia, como si hiciera aquello muy seguido —Es una enfermedad terrible de hoy en día y hay pocos doctores tratándola.

Mientras Jim escuchaba con fascinación la cátedra de Casiopea, Charles se dedicaba a indagar cómo le había ido a Marissa en su turno en el hospital. Al tiempo que decía que le había tocado una guardia agitada, un televisor del local comenzó a transmitir escenas de explosiones en una pequeña ciudad alemana llamada Cottbus, cercana a la frontera polaca. Los cuatro amigos dejaron por un instante lo que estaban haciendo para observar la noticia y luego se miraron entre sí, con el ceño fruncido.

Eso es verdaderamente horrible —comentó repentinamente Casiopea, con un gesto de preocupación —El mundo está cada vez más loco.

Katy y Kelly estuvieron de acuerdo con ella en el acto.

Luego de aquella reunión, el grupo de amigos se separó. Katy, bien metida en ser su hermana, se despidió de ella y sus amigos con lágrimas en los ojos a la rígida vista de su jefe, quien puso cara de estar dudando en su elección de aurora para el trabajo. Poco después que Katy se fue, Kelly comenzó a ocuparse de los asuntos de su gemela, iniciando con una investigación sobre tráfico de ámbar, sustancia mágica muy usada en la sanación. Le llegó el rumor de que magos españoles tenían planeado introducirlo ilegalmente a Reino Unido por medios muggles, así que se paseó por los puertos más importantes disfrazada de policía (agradecía que su madre hubiera tenido una madre muggle, porque si no, ignoraría por completo cómo portarse como tal).

Disculpe —la llamó una voz el tercer día de su investigación de incógnito —Usted no debería estar aquí. Solamente personal autorizado.

Kelly levantó la vista. Había tomado asiento en un muelle de Newport, Gales, para contemplar el mar y preguntarse qué estaría haciendo Katy en ese preciso instante cuando aquella voz, entre seria y melancólica, la sacó de sus pensamientos. Se volvió con desdén y se encontró con un hombre unos años mayor que ella, de cabello castaño cenizo y ojos grises. Había algo en él, además de la ropa completamente negra, que le daba un aire de tristeza inconfundible.

No creo que le haya daño a nadie estando aquí —se decidió a decir Kelly, poniéndose de pie y sacando de su bolsillo una excelente placa falsa de policía que le habían entregado en el cuartel para la investigación encubierta —Pero ya que parece saber mucho del puerto, quizá pueda ayudarme. Soy la agente Turner, del condado de Gwent. Quisiera hacerle unas preguntas.

El hombre de negro asintió con lentitud, en tanto Kelly sacaba una pequeña libreta muggle y un bolígrafo.

Primero que nada¿podría decirme su nombre completo, señor?

Anthony Alain Poe —respondió el hombre con seriedad.

Kelly levantó la cabeza de golpe.

Como el escritor —comentó, para luego ruborizarse y agitar la cabeza al tiempo que aclaraba —Me refiero al apellido… Es como el escritor que compuso "El Cuervo".

Sí, ya me lo han dicho —repuso el hombre con cierto sarcasmo —Pero ese escritor era norteamericano, no inglés. Y mucho menos galés.

Kelly asintió y siguió con sus preguntas en el tono más profesional que pudo adoptar. Le llevó menos de diez minutos obtener de aquel personaje una pista muy alentadora: a altas horas de la noche, en la parte del puerto más alejada de la población, solían escucharse ruidos raros que no habrían sido tan desconcertantes de no ser porque en esos parajes no había más que un par de bodegas vacías a punto de venirse abajo y que no se usaban desde hacía años. Kelly supuso que eso bastaba por ese día y le agradeció al señor Poe sus atenciones.

Disculpe que me meta¿pero exactamente qué busca aquí la policía del condado? —se atrevió a preguntar el señor Poe.

Lo siento, pero no puedo decirle —informó Kelly, guardando su libreta —Si se resuelve el caso satisfactoriamente, quizá pueda responderle. Buenas tardes.

Kelly buscó un buen lugar para desaparecerse y regresó al Ministerio, donde una hora después consiguió una orden de cateo para registrar las bodegas. Ella, junto con varios compañeros aurores (entre ellos Charles y Jim), entraron a una de ellas con el mayor sigilo posible y aún así, en cinco minutos el sitio era un campo de batalla.

Las maldiciones volaban en todas direcciones, y la oscuridad era tal que apenas si se distinguían a los de cada bando. De repente, cuando Charles iba por el que parecía el líder de la banda de contrabandistas, una maldición lo rozó y cayó al suelo, herido.

¡Hombre caído, cúbranlo! —gritó un auror de cabello oscuro y esponjado.

Jim Blackson se hizo cargo a la vez que Kelly le lanzaba un hechizo aturdidor al agresor de Charles. El tipo cayó de inmediato, pero sus secuaces seguían al pie del cañón y justo cuando iban tomando ventaja de la situación, se oyeron sirenas a lo lejos.

¡Los muggles! —gritó uno de los contrabandistas, para acto seguido desaparecerse.

Sus cómplices no tardaron en imitarlo. Pronto, los únicos que quedaron fueron los aurores, que con rápidas sacudidas de varita arreglaron cualquier rastro visible de magia y se desaparecieron. Kelly se quedó atrás para ayudar a Jim con Charles y eso les costó a los tres ser descubiertos.

¡Quietos¡Que nadie se mueva! —ordenó una voz potente y ronca.

No les quedó más remedio que obedecer, pero aprovechando la oscuridad, Jim y Kelly transformaron sus túnicas y la de Charles en ropa muggle, para no levantar sospechas. Un segundo después sus rostros fueron iluminados con lámparas y los policías muggles bajaron las armas de inmediato.

¡Hay un hombre herido! —gritó uno de los policías —¡Llamen a una ambulancia!

Durante las siguientes dos horas, los policías parecieron no querer hacer nada más que atender a Charles, pero comenzaron a sorprenderse cuando vieron que la herida que tenía, en el costado derecho, tenía los bordes fruncidos y ennegrecidos, como quemados. Poco después, cuando les preguntaron a Kelly y Jim cuáles eran los datos de su amigo, ellos fingieron estar en un ligero estado de histeria y pidieron a gritos que los dejaran en paz. Para rematar, cuando buscaron registro de alguien con las características de Charles en la base de datos de la computadora del hospital al que llegaron, no hallaron nada. Era como si Charles no existiera en Gran Bretaña.

Muy bien, señores, van a tener que dar muchas explicaciones —soltó un policía que no parecía mayor que ellos por más de dos años —¿Quiénes son ustedes?

Justamente Jim había abierto la boca para decir algo (era el más ágil para inventarse historias) cuando de una puerta lateral salió un hombre de traje negro, camisa negra, cabello castaño cenizo y ojos grises. De su brazo estaba tomada una mujer mayor también castaña, pero con el cabello grisáceo por las canas y ojos castaños y brillantes.

Buenas noches, agente Turner —saludó el hombre de negro.

Kelly no pudo estar más feliz de encontrarse a Anthony Poe en ese lugar.

Buenas noches, señor Poe —respondió.

¿Agente? —se extrañó el policía.

Aquí tiene mi placa —Kelly volvió a enseñar su placa falsa al tiempo que decía —Vine especialmente a Newport para investigar un caso.

Por lo bien hecha de la placa, el policía no siguió molestándola, pero fue por Jim.

Y usted¿es agente también?

¿Lo duda? —preguntó Jim a su vez, desafiante.

El policía dejó de hacer preguntas y más cuando su superior, con la mirada un tanto perdida, le indicó que dejara en paz a "los policías del condado". Así que todos los policías municipales se retiraron, por lo que Kelly y Jim pudieron hacer un gesto de alivio.

Gracias por todo, señor Poe —agradeció Kelly.

No sé porqué, pero de nada —respondió el hombre al tiempo que decía a la mujer colgada de su brazo —Vamos, madre, a casa.

Sí, Tony querido, Gwen debe estarnos esperando —respondió la anciana para luego, amablemente, sonreírle a Kelly —Soy Cordelia Poe. Mucho gusto, señorita.

Kelly, por toda respuesta, inclinó la cabeza. Vio salir a madre e hijo con expresión abstraída, preguntándose quién sería esa tal Gwen (porque ése era nombre de mujer, estaba segura) y no reaccionó sino hasta que Jim la llamó.

Vamos a ver a Charles, Kelly.

Ella asintió y lo siguió.

Transcurrió el tiempo y Katy y Kelly sostuvieron comunicación constante. Cambiaban de lugar cada vez menos, puesto que se iban adaptando a hacerse pasar una por la otra. A cada una las cosas le salían de maravilla: Katy ya había dado valiosa información sobre Hagen y Kelly adquiría experiencia en el asunto del espionaje, lo que según su gemela, resultaba irónico si se ponía a pensar que ella la estaba supliendo en una misión de ese tipo. Pero fue justamente eso lo que le permitió a Kelly encontrarse a…

Disculpe —Kelly se arrebujó aún más en su abrigo muggle un día de invierno que paseaba por la "City" de Londres camino a alguna gran tienda departamental, pues pronto sería Navidad —Lo lamento mucho, señor.

No hay… ¡buenas tardes, agente Turner! —saludó la voz.

Kelly fijó la castaña vista en quien le hablaba y casi se va de espaldas.

¿Señor Poe? —soltó.

El hombre castaño, vistiendo totalmente de negro igual que como lo había conocido, le hizo un gesto afirmativo de cabeza.

Es extraño encontrarnos aquí —comentó el hombre —Creí que estaría en Gales, siendo allá su jurisdicción…

¿Qué¡Ah, sí! —casi enseguida Kelly se dio cuenta a qué se refería el señor Poe —Vine a visitar a unos amigos por las fiestas. ¿Y usted?

Trabajo aquí —el señor Poe señaló la calle con un gesto vago —La "City" puede ser un caos, pero por Navidad, no hay el movimiento de siempre. Además, quería comprarle un buen regalo a… —una melodía clásica sonó entonces y el hombre se llevó una mano al bolsillo interior de su saco —Disculpe —pidió, mostrando lo que había sacado: un diminuto teléfono celular —Habla Poe —dijo con voz estricta, con el celular pegado a la oreja —¡Gwen, cariño¿Cómo…? No, debes quedarte adentro. Quiero que termines esa tarea de Ciencias antes de la cena navideña… Hija, por favor, es por tu bien…

Kelly, involuntariamente, soltó un brevísimo suspiro. ¡Al parecer, la tal Gwen era la hija del señor Poe! Sí que había sentido una intensa curiosidad por nada.

Muchas gracias, señorita, seguramente Santa Claus te dará un bonito regalo. Saluda a tu abuela de mi parte y dile que llego mañana… Sí, lo sé, es mucho tiempo. Adiós —luego de retirarse el aparato del oído, el señor Poe lo revisó y se lo guardó antes de mirar a Kelly —¡Niñas! Cuando están a punto de entrar a secundaria creen que ya crecieron. Disculpe la indiscreción, agente Turner¿usted tiene hijos?

¿Yo¡No! —Kelly hizo un ademán con la mano, como espantando la posibilidad —Apenas llevo un año ejerciendo mi profesión. ¡Vaya, ni siquiera he tenido novio!

Para su sorpresa, el señor Poe se echó a reír, y para agrado de Kelly, eso le suavizó las facciones. Unos segundos después, el hombre habló.

Disculpe que la deje, pero debo hacer una visita —consultó su reloj antes de inclinar la cabeza —Me dio gusto saludarla. Con su permiso.

Adiós —se despidió Kelly y lo vio marcharse.

Una hora después, salía de una enorme tienda departamental que vendía de todo y fue a un callejón cercano para desaparecerse. Apareció en un departamento al noroeste de la "City", que a su vez tenía muy cerca la famosa Fleet Street, el antiguo centro de la prensa británica. Dejó las bolsas que cargaba en una mesita junto a la puerta y revisó la hora en un reloj de pared de la pequeña sala en tonos rojizos. Apenas iban a dar las cinco, así que tenía tiempo para una visita rápida antes de que llegara Katy.

Se desapareció de nuevo y esta vez fue a dar a la parte más solitaria de un cementerio muggle, el cual ella conocía de sobra. Esquivó las numerosas lápidas que encontraba en su camino con facilidad hasta llegar a un mausoleo de cantera, que encima de la puerta tenía grabado el apellido Turner. Justo debajo de él, solamente a la vista de los magos, había un antiguo escudo que databa de hacía más de cinco siglos, consistente en una fuente que tenía como base dos varitas mágicas cruzadas. Las varitas eran rodeadas por dos ruiseñores que extendían las alas hacia el agua de la fuente.

Aquí estoy de nuevo, padre —susurró Kelly, mirando a través del cristal de la puerta del mausoleo una lápida en el suelo de mármol que tenía grabado en letras doradas, sobre sus fechas de nacimiento y muerte, "Malcolm Winston Turner" —A Katy y a mí nos ha ido muy bien. Aunque sinceramente deseo que este juego se acabe pronto. Hola, madre —desvió un poco la vista a la lápida a la izquierda de la de su padre, que también tenía, sobre sus respectivas fechas, un nombre grabado en letras doradas, "Katrina Fay Turner" —Sé que no te gusta que venga sola, pero no me queda otro remedio. No soporto ver a Katy llorar de rabia cada vez que viene. Ojalá su asunto en Alemania termine pronto.

Suspiró y revisando a su alrededor que nadie la viera, sacó su varita y apuntó al interior de la cripta. Al instante, una rosa blanca surgió de la nada y se posó encima de cada una de las lápidas, cerca de los nombres de los allí sepultados.

Nos veremos otro día, hoy llega Katy y quiero recibirla —Kelly sonrió vagamente.

Se dio la vuelta y comenzó a andar hacia el mismo lugar donde se había aparecido, pero tuvo que ocultarse a medio camino tras una estatua de mármol. Sin proponérselo, casi se encuentra de nueva cuenta con el señor Poe.

Estaba a pocos metros de allí, de pie frente a una sencilla lápida de granito en la que se veían letras blancas. Su vestimenta completamente negra era inconfundible. El hombre se quedó unos minutos ante la lápida, con la cabeza inclinada, para luego llevarse una mano a los ojos, frotarlos con energía y retirarse. Kelly aprovechó para acercarse a la lápida y leer detenidamente la inscripción en ella, la que estaba por encima de las fechas de nacimiento y muerte de la persona difunta.

—"Aquí yace Morgan Coleen Poe, amorosa esposa y madre. Descansa en paz, querida. Lo desean tu esposo Anthony y tu hija Gwen" —Kelly suspiró con tristeza —Eso explicaría la ropa negra. Debió quererla mucho.

Acto seguido se desapareció y se olvidó del asunto.

Y lo olvidó por una razón simple. Katy llegó a casa esa Navidad diciendo que las cosas en Alemania se estaban complicando, pero que ya sabía los motivos de Hugo Hagen para causar tantos destrozos. Pero cuando Kelly indagó de qué se trataba, Katy fue una tumba.

No quiero que sepas eso ahora —explicó ella, con un rostro más frío y severo que con el que la recordaba Kelly, quien pensó que era producto de su trabajo con Hagen —Es algo complicado. En cuanto lo tenga totalmente confirmado, te lo contaré.

Kelly asintió y en los siguientes días, ambas fueron de casa de Charles, que había tenido a su primera hija hacía unos meses, y después ellas y su amigo se lanzaron a buscar a Jim, a quien encontraron en Edimburgo, en casa de su madre. Charles, que no conocía en persona a la señora Blackson, se quedó impactado al ver que a pesar de la edad que seguramente tendría (pues su hijo, como él, debía tener unos veintitantos años), lucía tan joven como las gemelas Turner. Era una mujer rubia que usaba anteojos y que a través de ellos, mostraba los inusuales ojos violetas que le había heredado a Jim.

Mucho gusto en conocerla, señora Blackson —saludó Charles en cuanto se recuperó de la impresión —¿Cómo ha estado?

Muy bien, gracias por preguntar —afirmó la señora Blackson.

Fue como en los viejos tiempos, pues Kelly y los chicos (Charles a medias, pues debía cuidar a su esposa e hija) convencieron a Katy de salir de paseo casi todos los días. Tuvieron que parar cuando una lechuza poco común, totalmente negra, aterrizó frente a Katy y Kelly cuando ellas, Jim, Charles y su familia (había pedido que incluyeran a Marissa y a su hija en aquella ocasión) almorzaban en el departamento de las hermanas. Kelly frunció el entrecejo, pero Katy adoptó una expresión gélida, estiró una mano y la lechuza, imperturbable, estiró una pata. Katy le desató un pergamino y lo desenrolló mientras la lechuza abría las alas y se echaba a volar.

Siempre he pensado que su correo es sorprendente —comentó Marissa con una débil sonrisa, intentando suavizar la situación. Su frase no era extraña si se consideraba que Charles le había confesado que era mago poco antes de casarse.

Sí, es algo sorprendente —corroboró Katy distraídamente, para luego arrugar el pergamino en su mano, cerrándola en un puño apretado —Disculpen, pero debo irme. Tal vez convenza a Hagen de no destrozar ese pueblo cercano a Baden–Baden.

Mientras Marissa le dirigía una mirada horrorizada al oírla hablar con tanta ligereza de un posible desastre, Kelly no pudo reprimir la tristeza.

Kelly, no pongas esa cara —pidió Katy, sonriéndole conciliadoramente —Estoy segura que terminaré pronto con esto y ya no tendrás problemas.

Kelly sonrió con comprensión a su vez y observó a su hermana desaparecerse con un poco más de tranquilidad. Jim y Charles, por su parte, simplemente desearon que todo les saliera bien a sus amigas.

Los días pasaron. Pronto llegó la noticia de que el Ministerio de Magia alemán había logrado frustrar un intento de ataque a un pueblo cercano a Baden–Baden, por lo que Kelly sonrió al leer eso en El Profeta. Ese día, estaba sentada en la banca de un parque londinense cercano al Ministerio, disfrutando de su medio día libre (los aurores pocas veces podían permitirse un día libre completo), cuando percibió que alguien se sentaba a su lado. No miró quién era ni le dio la menor importancia, pues estaba concentrada en su lectura. Al poco rato enrolló el periódico, se lo colocó bajo el brazo y se puso de pie, pero un saludo inesperado la detuvo.

Buenos días, agente Turner.

Kelly se volvió. La persona que se había sentado a su lado en la banca no era otro que el señor Poe, y se sorprendió al verlo vestido con un traje azul marino y camisa blanca, en vez de su acostumbrado conjunto negro. Inclinó la cabeza a modo de respuesta.

Me alegra encontrarla hoy —comentó el señor Poe, sonriendo levemente —Usted… ¿Quisiera almorzar conmigo?

Kelly frunció el entrecejo.

Está de suerte —se decidió a contestar —No debo trabajar hasta en la tarde. ¿Pero porqué…? —comenzó, pero el señor Poe la interrumpió con un gesto de mano.

Ahora no, hablemos durante el almuerzo —pidió, poniéndose de pie —Hay un lindo restaurante aquí cerca.

"Lindo" no fue precisamente la palabra que se le ocurrió a Kelly al entrar al dichoso restaurante. "Majestuoso", "fino" y "carísimo" fueron las que le vinieron a la mente al llegar, pero claro, no las dijo en voz alta. Se preguntó qué tan rico sería Poe para haberla invitado a un lugar semejante, así como la razón de dicha invitación. Pero a decir verdad, lo primero que quiso saber fue…

¿Porqué no viste de negro? —inquirió tímidamente al degustar una ensalada —Quiero decir, no es por ser entrometida, pero siempre que me ha tocado verlo…

El señor Poe sonrió con melancolía.

Gwen, mi hija, me regaló este traje hace poco, por mi cumpleaños —explicó el señor Poe, ampliando ligeramente su sonrisa —Dijo que quería que usara algo más que "esa fea ropa negra" —suspiró —Ella sabía porqué vestía así, por lo que supongo que simplemente, quiso decirme que era suficiente.

¿Suficiente? —se le escapó a Kelly.

Suficiente luto —aclaró el señor Poe —Morgan, la madre de Gwen, murió hace mucho, cuando Gwen tenía cinco años, y desde entonces yo vestía de negro —el hombre miró un momento la calle por un ventanal cercano antes de seguir —Gwen tiene razón, por supuesto. Y mi madre también.

Kelly recordó vagamente a la mujer mayor que una vez vio acompañando al hombre y lo amable que había sido con ella.

Debió ser duro para Gwen perder a su madre siendo tan pequeña —afirmó —Yo perdí a mis padres cuando apenas iba a iniciar la carrera. Sé cómo se siente.

El señor Poe le dirigió una sonrisa de agradecimiento.

Lo que me lleva a decirle porqué la invité aquí —dijo de pronto, sobresaltando a Kelly —Verá, no negaré que me llamó la atención desde que la vi por primera vez, en Newport, pero me da la impresión de que oculta algo. No me diga nada —rogó, ya que Kelly había abierto la boca para hablar —pero quisiera saber si le interesaría salir conmigo. Aunque claro, tal vez no le interese. Debo ser demasiado mayor para usted.

Kelly pensó que era cierto, ese hombre debía llevarle unos diez años, pero en sí eso no le preocupó. Admitía que a ella también le había llamado la atención desde que lo había visto en Newport, pero lo que la preocupaba era el hecho de que era bruja. Si ella aceptaba salir con él y las cosas funcionaban¿le agradaría que ella fuera, de cierta forma, "diferente"? Como de corazón seguía siendo una Gryffindor, decidió arriesgarse.

Eso no me importa —dijo con firmeza —Usted me agrada y quisiera intentarlo.

El señor Poe tomó eso como un sí.

---Pausa en remembranza---

El señor Poe se detuvo y suspiró con tristeza. Gwen adivinó, por ese comportamiento, que lo que seguía de la historia no debía ser muy alentador.

—Papá, no tienes que continuar ahora —le aseguró —Podemos dejarlo para después…

Pero el señor Poe negó con la cabeza.

—Si no lo saco todo ahora, no podré hacerlo después —aseguró —Sabes que me cuesta mucho trabajo hablar de Kelly.

Gwen asintió con pesadumbre, admirando a su padre. A pesar de lo doloroso que debía resultarle recordar todo eso, había accedido a contarle y creyó que no debía insistirle que parara, porque sería una falta de respeto.

—De acuerdo, continúa —aceptó la chica —Sigo aquí, papá.

—Lo sé, Gwen Morgan —el señor Poe la miró y sonrió, al contemplar la cara de su hija al oír que la llamaba por su nombre completo —Nunca te fuiste de aquí —y se llevó una mano al pecho, a la altura del corazón.

Gwen asintió con más firmeza. Desde que se había ido a la universidad y luego a trabajar a Cardiff, no se había sentido más cerca de su padre; al contrario, sentía que se alejaba de él. Pero ahora… ahora por nada del mundo podía seguirlo creyendo.

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Gente linda, mucho gusto en poder saludarlos de nuevo. Soy Bell Potter. Si no les importa, pasemos a las curiosidades.

Quizá les sorprenda que enlace de forma tan rara el pasado del fic con el presente del mismo en este capi, pero es indispensable para que sepan la historia de Katy y Kelly Turner. Aquí pueden ver, por ejemplo, que Jim Black se supone que las conoció y ese otro amigo que ambas tenían, Charles¿quién es o quién fue en el presente del fic? Eso quizá lo averigüen después con las pocas pistas que he dado (y no me digan que no, porque sí he dado pistas); y si no, yo misma lo develaré con sucesos directos.

Además, ya ven cómo se conocieron Kelly y Anthony Poe, los padres de Walter. La incógnita es: si Kelly murió cuando Walter nació¿cuáles fueron las circunstancias para ese acontecimiento? Eso se sabrá en el siguiente capi y créanme, es algo muy triste.

Creo que es lo poco que tengo que decir al respecto de este capi. Ojalá lo hayan disfrutado, a pesar de lo que narra, y gracias de nueva cuenta a la persona que me "prestó" a Katy Turner. Cuídense, coman rico (como yo el día de hoy, 2 de julio, que comí pescado) y nos leemos pronto.