Disclaimer: Harry Potter y demás es propiedad de J.K. Rowling, así pues sólo me atrevo a tomar prestados sus personajes e inventar a otros cuantos.
HUELLAS DEL PASADO
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El Poder que Él Sigue sin Conocer
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Nunca intentes jugar conmigo
porque soy una mala perdedora.
Sigue tu camino procurando cuidarte,
pero sabe que siempre estaré tras de ti,
pues ¿qué es el mundo?
no más que un inmenso grito de agonía
el cual sólo yo puedo sanar,
por eso tampoco has de temerme ya que ante mi presencia
llega un momento en el que todo se desvanece
y dejas de temer...
Soy lo eterno y la última parada,
yo empiezo cuando la vida acaba.
-La Muerte-
- ¡Morirías de una vez por todas!- vociferó Harry con una furia desbocada mientras se lanzaba al ataque con su larga espada que le pertenecía por sangre y derecho.
- Más bien será al revés Potter- declaró Voldemort manteniéndose firme en su posición y esperando con una sonrisa petulante el embiste de su eterno rival. Los Gryffindor siempre eran unos imbéciles impulsivos y su ícono lo pagaría caro.
Cuando se produjo el anticipado choque de espadas, los ex aurores restantes decidieron que no debían ni podrían intervenir en el duelo puesto que la lucha entre los herederos se mezclaba con magia tan ancestral y poderosa, a la cual ellos no tenían acceso. Aunque no por eso se quedarían de brazos cruzados. Mientras Harry se encargaba de Voldemort, ellos se acercaron poco a poco hacia el lugar donde sus hijos se encontraban inmovilizados, mismos quienes se percataron de sus intenciones.
- Mamá, papá- reconoció Frank con una gran sonrisa moderando su tono de voz para no llamar mucho la atención.
- No temas hijo, venimos a rescatarlos- le respondió Ginny con desespero, pero igual en voz baja. La pelirroja estaba a punto de llegar al lado de su hijo cuando una mano la retuvo.
- Esta vez no es prudente que te apresures- le recordó Neville refiriéndose al percance en el bosque con el lazo del diablo. El hombre sabía que no sería sencillo liberar a los chicos, Voldemort no era ningún tonto, es más, podría decir con facilidad que era brillante. Además de todo, el mortífago llamado Ralston los miraba fijamente, como retándolos a intentar algo.
- ¡Bill!- sin embargo, el pelirrojo no se anduvo con rodeos ni delicadeces y corrió hacia su hijo mayor con varita en mano, sin detenerse a considerar nada.
- ¡Ronald, no!- exclamó su esposa, pero fue demasiado tarde, pues antes de llegar a su objetivo, una especie de barrera plateada detuvo al hombre y lo lanzó contra el techo violentamente.
Ron soltó una maldición al sentir el impacto de la magia repelente, y se elevó por el aire, sin embargo cuando cayó al suelo algo relativamente suave amortiguó su caída.
- Muévete Ron- le exigió una conocida voz desde el piso.
- ¿Qué?- el pelirrojo notó sin humor que había caído sobre su cuñado y se incorporó de inmediato- Lo siento Neville- se disculpó tendiéndole la mano.
- Tenemos que pensar en cómo desvanecer el escudo, parece poderoso- musitó el aludido mientras se incorporaba y sin tomarle importancia al incidente, en ese momento tenía cosas más importantes en mente. Además era el tipo de hombre que pensaba mucho antes de actuar, no como su cuñado y esposa.
- Papá ¿estás bien?- preguntó Bill al ver a su progenitor ser repelido por magia hostil y poderosa.
- No te angusties Bill, encontraremos la manera de sacarlos- le respondió Luna tratando con un hechizo de cumplir su palabra, pero la barrera argentina sólo absorbió su magia.
- No creo que puedan destruir la barrera- musitó Lily desde su silla haciendo trabajar su mente a toda máquina como era costumbre y como había heredado de su madre.
- Entonces ¿qué hacemos?- inquirió Frank tratando en vano de liberarse.
-Soltarnos por nuestra cuenta- respondió la castaña de ojos verdes decidiendo tomar el enfoque heredado de su padre, después de todo Harry Potter era reconocido por ser un superviviente innato.
- ¿Qué crees que he estado tratando de hacer todo este tiempo?- increpó Frank frustrado mientras veía a sus padres al otro lado de la barrera.
- ¿Alguna idea Sirius?- le preguntó Bill habiendo escuchado la plática entre sus primos con creciente angustia.
El castaño no le respondió, ni siquiera lo escuchó. Estaba absorto observando la lucha cada vez más intensa entre su padre y el impostor Malfoy, ese rubio malnacido, desgra...
- ¡Sirius!- una voz lo sacó de sus pensamientos.
- Papá se ve cansado...me preocupa- comentó sin apartar la vista de los duelistas- Si algo aprendí en el Torneo de Duelo del Colegio, es a saber cuándo un contrincante es superior en magia al otro. Y Voldemort tiene la ventaja...- agregó preocupado.
Los otros tres menores miraron la pelea con más atención notando que, efectivamente, el ojiverde luchaba con toda su energía, pero el rubio tan sólo se dedicaba a bloquearlo y provocarlo de vez en vez. Además veían con claridad que Harry se notaba fatigado. La situación no les daba muchas esperanzas, y si continuaba de ese modo, Voldemort podría vencer...por eso tenían que soltarse y huir todos juntos. Era la única solución.
- Vamos, hay que soltarnos- insistió Lily verbalizando sus pensamientos.
- Pero ¿qué caso tiene ya?- suspiró su mellizo en tono deprimente.
- ¿Ya vas a empezar con tu apatía? No es el momento Sirius- lo regañó Frank más serio que nunca.
- Debemos luchar como nuestros padres- le recordó Bill con más amabilidad.
- Mamá luchó y ¿qué caso tuvo?...está muerta- musitó el chico Potter con culpa.
- ¡Esta viva! Sé que lo está...- bramó su hermana.
- ¿Es que acaso no escuchaste lo que dijo papá?-
- Él no dijo nada, Voldemort fue quien lo supuso todo- negó la chica- Mamá está viva y espera que salgamos vivos de aquí también- agregó.
- Vamos Sirius, tía Hermione sólo debe de estar herida- le animó el pelinegro Longbottom.
Sirius consideró las palabras que le habían dicho tanto su hermana como sus primos, y algo muy en el fondo de su ser gritó que les creyera, que no todo estaba perdido. Debía luchar.
- Pues entonces hagamos algo- asintió Sirius decidiendo que efectivamente era un apático.
El joven castaño miró a los adultos a través de la barrera tratando de destruirla. Su tío Ron lucía una expresión furiosa, nada que ver con su usual gesto de despreocupación y risa fácil, natural. Su tía Luna se notaba preocupada por primera vez en su vida, jamás había visto a su etérea tía tan centrada en la realidad y le extrañaba sobremanera. Su tía Ginny tenía el rostro contorsionado en una mueca desesperada que solamente había visto cuando Frank se había roto un brazo jugando Quidditch. Y su tío Neville, en él no quedaba rastro de su usual despiste pues una expresión furibunda descomponía sus nobles rasgos. Más allá, su padre poseía una mirada de acero, esmeralda dura, lleno de decisión, pero sin las suficientes energías como para acabar con Voldemort...
Definitivamente ellos tenían que hacer algo.
- Rompamos la barrera- habló una vez decidido de mente y espíritu.
- ¿Ah sí, genio?- bufó Frank- Por si no te has dado cuenta estamos atados mágicamente- recalcó más desesperado que antes.
- Pues debemos usar la magia para liberarnos, no la fuerza bruta- replicó Sirius frunciendo el ceño al tratar de pensar en una solución.
- ¿Cómo hacemos eso?- preguntó Bill tomando enserio la sugerencia, a esas alturas ya nada le parecía descabellado y estaba dispuesto a intentar lo que fuera para liberarse.
- Magia sin varita es nuestra única opción...- dijo la castaña pensativamente.
- Pero dijiste que esa es magia nivel auror-
- Sé lo que dije Frank, pero es la única solución- replicó ella examinando la situación una vez más- Y eso esperando que nuestro cuidador no se dé cuenta- añadió mirando al enmascarado que estaba a su lado, recto e inmóvil cual soldado de la guardia real británica.
- Creo que podemos adaptar ese tipo de magia- comentó el castaño de pronto- Nosotros tenemos la magia en nuestra esencia, la varita sólo sirve para canalizarla a nuestro control, pero el mago es capaz de realizar hechizos sin utilizarla, como la magia accidental. Pero si aún no podemos con eso, sólo tenemos que canalizar nuestra magia mediante algo más...- recitó.
- Vaya, no sabía que ponías atención a las clases- se asombró Lily.
- Eso mismo me dijo mamá- sonrió el joven.
Los demás jóvenes intercambiaron miradas decididos a apoyar la idea. Miraron a su alrededor buscando algo para poder canalizar su magia, pero no había nada que pudieran alcanzar. Por otro lado, las lápidas que había conjurado Voldemort estaban cerca de ellos, eso sí que lo podrían lanzar contra la barrera, pero mediante qué...
- No hay nada cerca que se le parezca a una varita-
- No necesariamente tiene que parecerse a una varita- sugirió Sirius mirando calculadoramente la silla donde estaba sentado.
- No pretenderás usar las sillas ¿verdad?- Frank no pudo evitar enarcar una ceja con incredulidad. Mas al ver a Lily concentrándose en su propia silla, suspiró, no era broma.
Los cuatro comenzaron a imaginar que la madera de sus sillas, era la madera de sus varitas y poco a poco fueron transmitiéndoles su energía, calentándolas por el cúmulo de poder.
- ¡Nev! ¡Mira eso!- desde el otro lado de la barrera la pecosa señaló a los menores quienes se notaban sumamente concentrados en algo. Segundos después sus sillas comenzaron a vibrar mientras emitían un raro resplandor.
- ¿Qué carajo hacen?- soltó Ron agitado por la cantidad de magia que estaba usando al tratar de destruir la barrera.
- Canalizan su magia hacia las sillas- respondió Luna comprendiendo al instante lo que pretendían los chicos.
- ¡¿Qué?- Neville gritó incrédulo.
- ¿Qué?- respondió Ron sin entender la histeria de su cuñado.
- ¡No lo hagan! ¡Deténganse ahora mismo!- gritó Ginny ignorando a su hermano.
- Ronald- la rubia se compadeció ante la confusión de su marido, después de todo estaba bajo mucho estrés- Si canalizan mucha magia hacia un objeto que no es su varita, el objeto en cuestión explota- explicó angustiada.
- ¡¿Qué? ¡Bill! ¡Detente!- exclamó el pelirrojo agitando los brazos con desespero.
Los aludidos escucharon las advertencias, sin embargo no entendían el porqué de su nerviosismo. Estaban consiguiendo lo que querían, podían sentir la magia recorrer sus sillas, sólo era cuestión de expulsarla.
Hermione observaba con angustia el duelo entre su marido contra el desgraciado de Voldemort, dándose cuenta claramente que el ojiverde no podría ganar. Sabía de primera mano que el poder de sus ancestros había disminuido considerablemente desde su ruptura, desde el momento en que sus respectivos patronus habían regresado a sus formas primigenias. Estaba segura de que existía una relación entre esos dos hechos y, por lo tanto, sabía que Harry no tenía sus poderes al máximo mientras que Voldemort sí los tenía, además gozaba de un cuerpo joven, nuevo...
Suspiró al comprender de una vez por todas que su querido amigo Draco seguía tan muerto como cuando le dijo sus últimas palabras mientras lo sostenía en su regazo. La ilusión de verlo con vida, había sido simplemente un cruel engaño y se había desvanecido como humo. Lo terrible del asunto es que Voldemort había jugado con sus sentimientos nuevamente y ella había caído en su trampa como una ingenua...por eso, ahora trataba de arrebatarle lo más preciado para ella: su familia.
Al pensar en sus hijos, los miró de reojo con preocupación, debía liberarlos rápido pero discretamente, pues lo más prudente en esa situación era darse a la fuga por más cobarde que eso sonara. La poción que había tomado la había fortalecido milagrosamente, pero ya sentía que sus efectos se desgastaban y la herida de su abdomen comenzaba a molestarle, no podía ayudarle a Harry con la pelea en su condición actual. Por eso debían huir.
De pronto, notó cómo las sillas donde estaban los cuatro adolescentes comenzaban a llenarse de magia, mientras Ginny y Ron gritaban que se detuvieran. Y ahí comprendió lo que pretendían, no podía permitírselos.
Levantó su varita con presteza lanzando un rayo magenta que se dividió en cuatro durante el trayecto, cada uno dirigido hacia cada una de las resplandecientes sillas. Ese súbito empleo de su magia, le produjo una falla mínima en su transfiguración de camuflaje.
- Ey- exclamó Frank cuando el rayo magenta lo impactó de lleno.
Los demás también obtuvieron su propio rayo que provocó que la magia que habían estado acumulando en sus sillas, desapareciera rápidamente para su total frustración.
- ¡No!- gritó Sirius mirando con ira al mortífago responsable de su fracaso.
- ¡Sirius!- le llamó la atención su tía Luna- ¡No vuelvan a intentar eso!- exclamó.
- ¡¿Por qué?-
- ¡Sólo harán que sus sillas exploten!- agregó su tío Neville entre histérico y aliviado.
- ¿Entonces por qué lo impidió?- murmuró Lily al comprender su torpeza pero sin entender la actitud del mortífago que los vigilaba.
- Tiene órdenes de vigilarnos, no de dejarnos morir supongo- resolvió Bill aliviado de no haber explotado debido a su total imprudencia.
- Tranquilos, nosotros destrozaremos esto- les dijo Ginny volviendo a la carga.
- ¿Y ahora qué?- suspiró Frank.
- Ya escuchaste a tu mamá, tranquilo- repitió Bill sin querer arriesgarse a explotar otra vez.
- Tendremos que esperar por un milagro- declaró Lily con resignación.
- ¡Merlín, si me escuchas ayúdanos con tu magia omnipotente!- exclamó Sirius mirando hacia el techo con angustia y un tanto desquiciado por la desesperanza.
- A menos que me haya vuelto loco, tengo la impresión de que Merlín te escuchó- habló Bill totalmente sorprendido al sentir que la presión de sus ataduras iba cediendo lentamente.
- ¿Qué?- increpó Frank temiendo que su pelirrojo primo hubiera perdido la razón.
- Mis ataduras se están aflojando- explicó el joven Weasley con una chispa de emoción.
- ¡Eso es Merlín! ¡Sigue así!- sonrió Sirius sintiendo que también sus ataduras cedían.
- No creo que sea Merlín quien nos esté ayudando- señaló Lily mirando fijamente al mortífago que los vigilaba- Creo que es ese mortífago, puedo distinguir su varita apuntándonos...- determinó con extrema suspicacia pues ¿por qué un mortífago los ayudaría a liberarse? ¿O acaso era un truco? ¿Seguirían en una pesadilla?
- ¿Qué quiere decir esto? ¿Por qué nos ayuda?- el joven Longbottom estaba completamente confundido, no sabía si pensar que Merlín los ayudaba era más coherente a que el que lo hiciera un mortífago.
- Sirius ¿reconoces esa varita?- la ojiverde se quedó sin aliento al ver que la varita semioculta en la capa del enmascarado tenía una conocidísimas ramas de vid talladas delicadamente a su alrededor.
- Sí- asintió su mellizo pensativamente sabiendo que sólo conocía a una persona con ese tipo de varita- Sí, reconozco esa varita- recalcó con extrañeza- Pero ¿por qué la tiene él?-
- Porque no es un él, es una ella- soltó Frank impresionado al notar cómo el robusto cuerpo masculino poco a poco disminuía de volumen hasta convertirse en uno femenino oculto de reojo por el pesado traje de mortífago.
Los primos intercambiaron una mirada esperanzada observando al enmascarado con asombro pero evidente felicidad. Aún había esperanza.
- ¿Qué pasa Potter? ¿Cansado ya?- se burló el hombre de cabello platinado con una cínica sonrisa.
- ¡Cállate!- espetó el hombre de gafas circulares defendiéndose de una fuerte estocada que provocó que su espada vibrara peligrosamente entre sus manos. Temía perder.
- Me cuesta trabajo creer que sigas con vida. Tú debiste morir la misma noche en la que maté a tus estúpidos padres- le dijo Voldemort con asco y rencor mientras intensificaba sus golpes de espada.
- ¡No te atrevas a insultar a mis padres!- bramó el pelinegro respirando con dificultad debido al cansancio.
- ¿Luego de tantos años sigues extrañándolos? Eso es simplemente patético e insensato- rió- Tu padre no era más que un traidor amante de los muggles y tu madre una asquerosa sangre sucia, tú por lo tanto eres una aberración, un repugnante mestizo que no merece vivir- declaró con contundencia.
- Soy exactamente lo mismo que tú, es más, tú eres peor- siseó el ojiverde en pársel sin poder controlar su ira. Odiaba a ese ser como a nada en el mundo.
- Eso era antes Potter. Ahora tengo una sangre tan pura que el que tú respires, la contamina- siseó el hombre de vuelta con una tétrica mirada de sus pupilas escarlata.
- Pero no te pertenece ¡robaste ese cuerpo!- exclamó el otro volviendo a hablar en una lengua que entendieran todos los presentes, sin importar que escucharan o no la conversación.
- Una excelente adquisición diría yo- sonrió examinando su cuerpo con petulancia- Es mucho mejor al que tenía y todo te lo debo a ti- agregó.
- Pagarás por todo el mal que has hecho Riddle- le replicó Harry con el rostro perlado de sudor.
- No lo creo. Mi destino es gobernar a los más débiles y exterminar a los indignos de vivir en mi nuevo reino. Y tú calificas como lo segundo- declaró regodeándose en su futuro poderío- Una vez que te elimine, nada me impedirá reagrupar un ejército más poderoso que destruya los pilares de la sociedad. Y de esas ruinas, surgirá mi nuevo reino, uno donde la magia sea poder y quienes no gocen de ella o sean indignos de poseerla, serán eliminados.- recitó con evidente locura.
- Jamás te lo permitiré, todo acabará aquí- dijo Harry con la firme resolución de cumplir lo dicho, no permitiría que Voldemort sumiera al mundo en la obscuridad, no cuando las personas que más le importaban habitaban en él, no cuando aún le quedara un aliento de vida en su ser. Al parecer la Profecía que había marcado su destino cuando bebé, seguía sin ser totalmente cumplida. Uno de ellos debía morir. Ese día.
- Voy a matarte Potter, y no hay nada que puedas hacer o decir para impedirlo- con esto, Voldemort se lanzó al ataque con su máximo poder, su espada refulgió en tonos verdosos evidenciando la tremenda cantidad de magia que estaba concentrada en ella para un golpe fulminante.
El ojiverde se preparó para el embiste, pero cuando las dos armas legendarias volvieron a chocar, la suya no tuvo el suficiente poder mágico para resistir a la otra y salió despedida por los aires. El heredero de Gryffindor soltó un grito de dolor al sentir que la magia de su oponente quemaba la mano donde segundos antes tenía su propia espada. Se derrumbó al suelo en agonía mientras el rubio se posicionaba para asestar el golpe final con una enorme sonrisa en su demente rostro.
- Este es el final del camino Potter. Finalmente- dijo saboreando ya su victoria, una que había anhelado desde hacía muchos años. Una que visualizó en el momento mismo en que descubrió la magia.
- No ganarás. Esté yo para impedírtelo o no.- le contestó Harry sin una pizca de temor, hacía ya mucho tiempo que le había perdido el miedo a la muerte, al contrario, la muerte sería un remanso de paz y tranquilidad. Lo único que le dolía era dejar a su familia sola y no poderse llevar a la maldita serpiente con él al más allá. Hermione tendría que encargarse de él en cuanto se recuperara.
- Pero si ya gané. Es una lástima que no verás cómo mato a tus asquerosos vástagos- dijo el otro con placer y en esa ocasión el pánico invadió el rostro del ojiverde- ¿Una última palabra?-
- Cuidado atrás- susurró el pelinegro con una tenue sonrisa.
El rubio se extrañó por el comentario de su enemigo, pero de pronto un rayo impactó su espalda mandándolo a estrellarse con una de las paredes, y el Señor Obscuro gritó de dolor pues no estaba preparado para esa maldición.
- Nadie mata a mi hermano si yo estoy para impedirlo- declaró Ron Weasley en un tono triunfante y con la varita aún en alto.
Voldemort se incorporó del suelo con un gesto mucho más serio, recriminándose internamente el terrible error de haberse olvidado por unos segundos de la existencia de los otros insectos. Los había subestimado en el pasado y ahora había vuelto a hacerlo, pero era suficiente, arreglaría ese detalle con facilidad. Sonrió nuevamente ante ese pensamiento.
- Gracias Ron, creí que no contaba ésta- dijo el ojiverde mientras se ponía de pie con algo de esfuerzo recuperando su espada y transformándola en su varita. De nada le serviría volver a empuñar su arma si no tenía el suficiente poder para usarla a su máxima capacidad.
- No me agradezcas aún Harry. Además debes de vivir para ser más famoso de lo que ya eres: El-hombre-qué-vivió-otra-vez- rió el pecoso sin apartar la vista de su enemigo.
- Ahí habría que agregarle Gracias-a-su-mejor-amigo- sonrió de vuelta el aludido intercambiando una breve pero afectuosa mirada con el pelirrojo.
- Dejen sus demostraciones de afecto para después. En guardia- intervino el de cabello crespo uniéndoseles con la varita en alto.
- No estés celoso cuñadito, también te queremos- bromeó Ron de nueva cuenta en un intento de aliviar la tensión y ganar unos segundos para que Harry recobrara el aliento.
- ¿Terminaron?- la gélida voz les llegó como una bofetada regresándolos totalmente a su realidad- Eso espero, de otra forma tendré que matar a una de esas dos para llamar su atención- señaló con un ademán a Luna y a Ginny quienes estaban totalmente concentradas en destruir la barrera que las separaba de sus respectivos hijos.
- Ni se te ocurra-
- Tus palabras no significan nada para mí Longbottom, nunca lo han hecho- se mofó- Adelante, denme su mejor golpe- los retó jugando un poco con su varita.
Los tres hombres, y ex aurores, intercambiaron una mirada decidiendo atacar con todo su poder, pues esa parecía ser la oportunidad más cercana que tendrían de ganar.
- Es imposible. La barrera es muy fuerte- soltó Ginny luego de haber lanzado infinidad de conjuros.
- Tenemos que destruirla- le repitió Luna atacando la misma sin descanso.
- Pero...-
- Tenemos que destruirla- dijo nuevamente mirando de reojo a su esposo y amigos.
La pelirroja siguió la mirada de su cuñada mirando cómo sus seres queridos combatían contra Voldemort y supo que no le ganarían. Por esa razón, ellas tenían que sacar a sus hijos de ahí a toda costa, tenían que escapar. Y si su esposo, hermano y amigo no lo lograban (Merlín quiera que sí) por lo menos los chicos debían vivir. Debían vivir. Ese era un hecho innegable.
- Tienes razón, coordinémonos- asintió ella regresando al ataque mientras observaba con angustia y dolor a su único hijo.
- ¡Harry! ¡Cuidado al frente!- advirtió el pelirrojo al tiempo que su amigo se lanzaba al suelo para esquivar un rayo violáceo.
- ¡Muévete tú también!- Neville empujó al ojiazul para apartarlo de la trayectoria de otro rayo justo a tiempo.
- Tontos ¡No vivirán mucho más!- el rubio continuó lanzando maldiciones a diestra y siniestra mientras se movía con agilidad para esquivar los contrarios, todo con relativa facilidad.
Los antiguos aurores respiraban agitados, pero indispuestos a darse por vencidos por más que sus cuerpos gritaran en agonía. Lanzaban sus propios conjuros que cada vez se hacían menos certeros, sin embargo sus movimientos se hicieron más coordinados al recordar cómo se agrupaban en su juventud. Se suponía que llevaban ventaja numérica, pero a cada segundo que pasaba temían no tener el suficiente poder para vencer al otro.
Un segundo después, Neville fue impactado por un rayo que le abrió un feo corte en su brazo izquierdo. Sin embargo eso no lo detuvo, pues no era momento para dejarse llevar por el dolor. La adrenalina embargaba cada célula de su cuerpo y, una vez que controló la hemorragia, rodó por el suelo para esquivar otra maldición y lanzar una en respuesta. Ya no quedaba rastro del tímido fanático de la herbología ni del chico que se dejaba intimidar por su temible profesor de pociones. No. Ahora era un adulto que deseaba fervientemente proteger a su familia y haría de todo por lograrlo.
Ron atacaba desordenadamente, pero esa era su especialidad. Desde siempre lo conocían por su falta de método, así que si comenzaba a lanzar hechizos sin orden, el enemigo se confundía y era incapaz de predecir sus siguientes movimientos. Gracias a esto, uno de sus rayos dio en el blanco enfureciendo a Voldemort sobremanera y provocando que le enviara un rayo al pelirrojo que quemó su pierna con brusquedad. Sin embargo, y para fortuna del hombre, la quemadura fue leve ya que llevaba puestos sus protectores de escamas de dragón de Quidditch porque se había olvidado de quitárselos. Ron lamentó haber estropeado uno de ellos, pero sonrió para continuar con el duelo, no podía perder. La vida de sus seres queridos estaba en juego, perder era un lujo que no podía permitirse.
Harry no vaciló ni un segundo en emplear todos los hechizos de magia obscura que conocía, pues ese ser no merecía consideraciones. Voldemort le había arrebatado muchas cosas, incluso a su esposa...
El hombre corrió en perfecta sincronía con sus dos compañeros de armas para lanzar unos rayos multicolores que combinaron sus respectivas magias. En retorno, sintió que un rayo pasaba muy cerca de su rostro, pero no le importó. Incluso cuando un feo corte sangrante se abrió en su mejilla, siguió luchando como si nada.
Harry intercambió una mirada con su némesis identificando claramente sus orbes escarlata que lo acosaban desde que era un bebé. El brillo maligno de esos ojos que sabía perfectamente no dejaba dormir en paz a Hermione. El que le resultaba repulsivo, detestable, terrorífico...súbitamente sintió una pena indescriptible por el verdadero Draco Malfoy. El rubio debía de estar furioso al saber que un ser tan vil como Voldemort había usurpado su identidad para fines perversos. Pobre Malfoy, ni él merecía eso.
Estando lo suficientemente cerca del mago obscuro, el ojiverde tuvo la oportunidad de asestarle un golpe con su puño izquierdo que desconcertó al otro momentáneamente.
- ¿Qué pasa Voldemort? ¿No puedes contra la fuerza bruta?- se burló el pelirrojo al ver el gran izquierdazo de su hermano.
- Al contrario, me divierte- sonrió el hombre elevando su varita para conjurar una especie de remolino a su alrededor que se convirtió en un torbellino en miniatura. Éste alcanzó a los otros tres hombres envolviéndolos y mandándolos a estrellar contra la pared más cercana.
Voldemort rió disfrutando verdaderamente de la pelea. Sabía que como estaban las cosas, él jamás perdería y sólo era cuestión de tiempo para que los otros se agotaran. Sabedor de su ventaja, se elevó por los aires para remarcar su superioridad y desde ahí volver a atacar a los insectos que una vez más se atrevían a desafiarlo.
Neville se incorporó de un salto para esquivar un rayo enviado desde las alturas, pero el siguiente no pudo evadirlo y decidió convocar un fuerte escudo a su alrededor. El escudo le dio tiempo a Ron de incorporarse al igual que a Harry. Ambos comenzaron a atacar al rubio, pero era claro que éste tenía ventaja desde el aire.
- ¡Olvidé que el desgraciado podía volar!- exclamó el pelirrojo respirando entrecortadamente.
- ¡No es el único!- declaró el ojiverde mientras cerraba los ojos para concentrarse en su magia. Recitó un conjuro gracias al cual logró elevarse del suelo al igual que su rival.
Ambos herederos se miraron con reto y volvieron a enzarzarse en un duelo uno contra uno. Se lanzaban rayos rápidamente mientras maniobraban movimientos en las alturas, los dos con odio en sus rostros pues una vez más comprobaban lo similares que sus poderes podían llegar a ser. Sin embargo Voldemort notaba que Potter estaba agotando su magia y ni siquiera poseía todo su poder.
- ¡Nunca me enseñó!- se quejó Ron impresionado por el vuelo de su amigo/hermano.
- ¡Vamos Ron! ¡No podremos volar pero seguimos teniendo magia!- lo apuró Neville dispuesto a ayudar a su amigo en todo lo posible.
- Nev- el ojiazul lo llamó seriamente- Sabes que no podremos ganar ¿verdad?- le preguntó una vez que su cuñado lo miró. No ganarían porque podían ver la diferencia de poderes que existía entre Voldemort y ellos.
- Lo sé- suspiró el herbólogo mirando de reojo a su familia, su esposa y amiga seguían tratando de romper la barrera.- Pero debemos hacer lo que sea para ganar tiempo- sonrió dándole a entender al pelirrojo que ese sería su propósito principal.
- Tienes razón- le devolvió la sonrisa el pecoso sabiendo perfectamente que ambos darían la vida sólo para darles tiempo a su familia de salvarse.
Ron sintió de pronto un ligero peso en su cuello debido a que llevaba puesto el colgante de metal que su esposa le había obsequiado. Sonrió con ternura tocando el objeto por debajo de su túnica con la esperanza de que el hacerlo, le diera las fuerzas necesarias para detener más tiempo a ese demente que tenía la apariencia de su antiguo enemigo Draco Malfoy.
- Esto no te salvará Potter- soltó el rubio volando de un lado a otro para continuar con el duelo.
- ¡Eso está por verse!- respondió el pelinegro siguiéndole el ritmo con esfuerzo puesto que el volar implicaba consumir mucha de su magia. Además era la primera vez que lo hacía y le resultaba algo complicado controlar sus movimientos.
- Creo que olvidé mencionar que durante mis años de ausencia, aprendí mucho- sonrió de lado mago obscuro al tiempo que un viento helado recorría la espalda de su contrincante. Voldemort y más conocimientos, nunca terminaban en algo bueno.
El heredero de Slytherin se concentró en su poder para sacar de la punta de su varita un potente chorro de agua. Mismo que Harry a penas evitó, pero esa agua no cayó al suelo como era lo lógico sino que se reagrupó para formar el cuerpo de una enorme serpiente. La imitación de basilisco embistió con furia al ojiverde, pero Harry la evitó al mismo tiempo que trataba de evaporarlo con fuego. Pero le era imposible el evaporar tremenda cantidad de agua, menos cuando era tan 'escurridiza'.
Desde abajo, sus amigos se unieron al ataque con fuego, cosa que distrajo a la serpiente del ojiverde para atacar a sus nuevas presas. Con ese tiempo, Harry se percató de que el rubio estaba demasiado concentrado en manipular impecablemente a su creación, por lo que debía aprovechar ese descuido. Le mandó un sectusempra directo al pecho con las esperanza de aniquilarlo, la maldición impactó directo en el pecho del otro haciéndole soltar una exclamación agónica.
Voldemort gruñó al sentir cómo la maldición le abría heridas por doquier mientras su criatura formada de agua se desmoronaba empapando por completo a los dos ex aurores de abajo. El Lord Obscuro cayó al suelo en medio de un estruendo y rodeado de un charco de su propia sangre.
- Parece que no eres tan poderoso después de todo- el ojiverde bajó también al suelo dispuesto a no perder ni un segundo más en terminar con su eterno enemigo. Sin embargo antes de que pudiera apuntarlo con su varita, el rubio se incorporó y una fina capa de escarcha lo cubrió por completo cerrando sus heridas en el acto.
Neville, Ron y Harry lanzaron la maldición asesina lo más rápido que pudieron, pero fue demasiado tarde. Voldemort se escudó terminando de parar su hemorragia.
- Comienzan a irritarme- comentó el rubio lanzando una gélida brisa hacia las dos figuras empapadas quienes no pudieron huir completamente de la misma. Como resultado, Neville quedó con su pierna y brazo izquierdo congelados mientras que Ron cayó al suelo pues sus dos piernas habían quedado envueltas por el hielo, cosa que le imposibilitaba su uso. Ni siquiera sentían sus extremidades ahora cubiertas por una gruesa capa de hielo.
- ¡Ron! ¡Neville!- Potter gritó preocupado por sus amigos, pero antes de que pudiese ir a ayudarles, un haz de luz le pegó en un costado haciéndolo exclamar de dolor y ponerse en guardia por instinto.
La frustración al saberse incapaz de evitarles daño a sus seres queridos, provocó que el ojiverde concentrara el poder que le quedaba al máximo. Con ello, los objetos del lugar, así como las pocas ventanas ubicadas en lo alto, estallaran en cientos de fragmentos, mismos que comenzaron a levitar alrededor del aura rojiza que despedía el hombre de cabellos azabache.
Harry Potter estaba furioso. Enarboló su varita frente a Voldemort para enseguida arrojarle todos los fragmentos que lo envolvían. Pero el otro frunció el ceño para conjurar un hechizo que los convirtió en inofensivo polvo, cuestión que resultó en que toda su ropa se ensuciara de una fina capa del mismo.
- ¿No me digas que eso es todo?- inquirió el rubio sacudiendo un poco su túnica mientras observaba cómo su oponente apenas era capaz de mantenerse de pie. Más allá captó cómo Weasley y Longbottom trataban de descongelar sus extremidades- Francamente estoy decepcionado- agregó.
- ¡Mal nacido!- Harry trató de lanzar otro ataque, pero su varita sólo brilló un poco y nada salió de ella. Su magia estaba agotada.
Voldemort se permitió esbozar una sonrisa mientras daba unos pasos en dirección al pelinegro, guardó su varita. Cuando lo tuvo enfrente, le asestó un tremendo golpe en pleno rostro que fue sucedido por un sonido que indicaba la ruptura de un hueso, su nariz. Luego le dio otro golpe en el estómago que obligó al otro a arrodillarse mientras se sostenía la nariz rota.
- Así es como quería verte Potter. Arrodillado ante tu miseria- declaró admirando su marfileño puño que estaba anegado con sangre ajena. De pronto, un hechizo pegó en su espalda llamando su atención.
- Ya te dije que no lo matarías si yo estaba para impedírtelo- una vez más Ronald Weasley distrajo la atención de Voldemort para salvar la vida de su hermano de corazón. Hacía apenas unos segundos que él y Neville había podido recuperar la movilidad de sus extremidades y no había perdido tiempo al observar el peligro en el que estaba su mejor amigo.
- ¡Estoy harto de ti!- bramó el Señor Tenebroso levitando rápidamente en dirección al ojiazul mientras sacaba su varita.
Antes de llegar a su objetivo, el rubio se esfumó. Todos se alarmaron ante esa acción, pero pronto reapareció a un costado de Neville lanzándole un rayo que fue afortunadamente bloqueado justo cuando Voldemort desaparecía de nueva cuenta. Reapareció esta vez para lanzar más maldiciones desorientando a los dos hombres con sus tretas. Así, Ron y Neville se colocaron espalada contra espalda listos para el siguiente ataque sorpresa vigilando también que Harry no fuera atacado mientras se recuperaba un poco.
Escucharon el sonido de la aparición a su derecha, pero no vieron nada y cuando quisieron girar no tuvieron tiempo, era demasiado tarde.
- ¡Avada Kedavra!- la mortífera maldición tomó por sorpresa a todos, más aún cuando atravesó limpiamente el pecho de Ron mandándolo a volar por los aires con un grito. Cuando cayó finalmente al suelo, no volvió a moverse.
Simultáneamente a la trayectoria del rayo verdoso, la barrera mágica fue destruida por Luna y Ginny mientras los menores se incorporaban misteriosamente libres de sus ataduras, sólo para ver el cuerpo del adulto pelirrojo salir volando para luego caer pesadamente al suelo.
- ¡ROOOOON!- gritó Harry en agonía y sin poder creer que su mejor amigo se hubiese ido. Su grito llamó la atención de Luna quien, al ver a su esposo tendido e inmóvil en el suelo, soltó un grito desgarrador, uno que su hijo Bill jamás olvidaría mientras un dolor terrible inundaba su pecho. Las lágrimas corrieron libres por el rostro del joven Bill mientras imitaba a su madre uniéndose a su grito agónico.
Repentinamente, la puerta de la sala se abrió de par en par.
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James quedó muy angustiado por la abrupta partida de su madre. Sabía que algo iba a pasar, algo malo. Su mamá estaba aún muy débil, pero era demasiado terca por lo que había decidido no insistirle demasiado en que se quedara. En esos momentos debía demostrar su astucia, demostrar por qué era un ravenclaw y no un gryffindor.
El menor dio vueltas por toda la habitación preguntándose qué debía hacer. Avisar a todos lo que sucedía, sería tonto puesto que ninguno de ellos tenía tiempo ni energías para ayudar; tratar de alcanzar a su madre le era imposible, así que ¿qué podía hacer para ayudar? Sus padres, tíos, hermanos y primos estaban en peligro y él no podía quedarse ahí nada más. Le parecía impensable no hacer algo, sin embargo tampoco sabía qué hacer. Eso sí que era un problema.
Suspiró. Observó su varita con detenimiento sabiendo que podía hacer muchas cosas con ella, pero aún no tenía los conocimientos ni la habilidad suficientes para ello. Lo cual quería decir sencillamente que era un pequeño inútil...
De pronto, escuchó que tocaban la puerta y se preparó para dar una rápida excusa a quien entrara. Pero la persona que entró, era la única a la cual nunca podría mentir luego de a su propia madre.
- ¿Hermione? Vine a ver cómo estabas...- la mujer calló al ver la cama vacía y al niño de cabellera azabache mirándola fijamente desde su posición cerca de la ventana- James ¿dónde está tu mamá?- inquirió sonriéndole cálidamente como nunca hacía en el Colegio cuando se veía moralmente forzaba a olvidar la familiaridad.
- Hola Mina ¿cómo estás?- la saludó el niño de ojos color miel sonriéndole de vuelta y usando el cariñoso apodo que había inventado especialmente para llamarla fuera de la escuela.
Minerva McGonagall se desconcertó ante la pregunta del menor, pero al ver la triste mirada del que era casi como su nieto, supo la verdad. La castaña ya no se encontraba en el hospital. Había escuchado de Remus, que él, Harry y los demás irían a rescatar a sus hijos, pero por desgracia ella no había podido seguirlos ya que debía supervisar a la Orden y además curar sus heridas. Luego de la batalla en el Ministerio y la posterior en Hogwarts, había quedado agotada y se permitió ser atendida lo suficiente como para volver a moverse. Luego, se había enterado de la condición de Hermione y había ido lo más pronto posible a verla. Pero, quizás, había llegado demasiado tarde. Suspiró.
La anciana mujer cerró la puerta de la habitación para sentarse en la cama vacía con deliberada lentitud. Se quitó sus gafas rectangulares empleando la mano de no tenía vendada y se frotó los ojos con cansancio.
- ¿Hace cuánto se fue?- preguntó suavemente volviéndose a poner sus gafas para mirar al infante.
- No hace tanto- le respondió el otro sonriendo por la rápida deducción de su otra "abuelita". James se acercó a la cama para sentarse en ella de igual manera.
- Estoy segura de que van a acabar con Voldemort- frunció el ceño indignada- Aún no puedo creer que me engañara, lo dejé entrar como profesor al Colegio, permití que conviviera con tu madre, se acercó demasiado a ustedes...ahora sé que yo soy la culpable de esto- confesó sin variar su gesto pasivo y fatigado.
- Nos engañó a todos Mina- dijo el pelinegro con tranquilidad mientras le regalaba una sonrisa.
- Eres un niño muy maduro James. Idéntico a tu madre- sonrió con nostalgia.- Recuerdo cuando la vi, no era mayor a ti cuando le dije que era una bruja. Ella sonrió y me creyó de inmediato, aún me sorprende la naturalidad con la que se tomó la noticia, de hecho, ella fue la que me ayudó a convencer a sus padres...y me sonrió ampliamente. Tú tienes la sonrisa de tu madre- declaró la mujer mirando al niño con ternura por el recuerdo que el simple gesto le evocaba.
- Dicen que me parezco mucho a ella, aunque sea idéntico a papá- dijo él.
- En efecto, eres idéntico a Harry quien, a su vez, es idéntico a James, tu abuelo. Les di clases a ambos y debo decir que tú has sido el único que no me ha dado dolores de cabeza. Ellos fueron y son excelentes personas, aunque muy problemáticos, tu padre tuvo una infancia muy triste y una adolescencia complicada, pero siempre fue capaz de salir adelante. Por eso no dudo en que lo hará una vez más...tus padres son personas excepcionales, puedes sentirte orgulloso de ser su hijo, su mezcla perfecta- sonrió.
- ¿Qué me dices de la parte donde son asesinos?- preguntó sin rencor pero con una genuina curiosidad en su infantil voz, deseaba conocer el punto de vista de la mujer a la que tanto respetaba.
La mujer de edad avanzada obscureció su mirada.
- Ambos se vieron obligados a matar, de lo contrario hubieran muerto- suspiró sonoramente- Muchas veces las personas deben hacer cosas impensables por amor. La gente ve mal a los asesinos porque consideran sagrada a la vida, pero si se llega al punto donde la muerte en necesaria para que el bien prevalezca, es cuando aparecen los héroes. Y no hablo de los héroes que son alabados y siempre pintados como unos santos, sino de los héroes que toman sobre sus hombros la responsabilidad de acabar con el mal, si es necesario matando...sacrifican su propia alma condenando sus consciencias, sólo por el bien mayor. Hacen lo que nadie más podría o se atrevería a hacer.- ella miró fijamente al infante- Tus padres son esa clase de héroes. El mundo no los juzga por eso y yo los comprendo perfectamente, pero ellos saben, muy en el fondo, que son asesinos y eso es algo irremediable. Un título que aceptaron cargar a nombre de todos los demás y por amor al mundo.- explicó sabiamente como si el menor de los Potter fuera cualquier otro adulto letrado que conociese.
- ¿Van a volver a hacerlo?- cuestionó el joven luego de meditar lo anterior.
- No lo sé, si es necesario...Aunque temo que no salgan tan bien parados como la última vez...- musitó evidenciando su preocupación.
- ¿Por qué lo dices?-
- Cuando tus padres se separaron, el poder de sus reencarnaciones se debilitó considerablemente. Es por eso que anteriormente pedí su ayuda para reunirlos, pero no funcionó y ahora no estoy segura de que tengan el poder de vencer sin ser consumidos en el proceso...- se lamento olvidando que se suponía debía de infundir esperanza en el menor, no compartir con él su angustia, pero al verlo supo que no tenía caso mentirle a James, sería un insulto a su inteligencia.
- ¿Cuál exactamente era ese poder?- indagó el otro.
- Amor por supuesto- soltó la anciana con una sonrisa al pronunciar la palabra- Pero estoy segura de que el amor que les tienen a ustedes bastará y ganarán- animó un poco- Vamos, te llevaré a la Madriguera donde están Sara y los demás, Molly estará encantada de tenerte con ella- propuso poniéndose de pie.
- Preferiría quedarme aquí Mina- negó el niño sin moverse de su lugar.
- ¿Qué harás aquí solo? Es mejor estar con la familia...-
- Necesito esperar a una amiga de mamá. No tardará y yo estaré bien- sonrió con inocencia a lo que la adulta decidió respetar sus deseos ¿qué podía pasarle en un hospital?
- Entonces nos vemos pronto- se despidió saliendo del lugar con muchos planes en mente.
El ojimiel se quedó repasando la reciente conversación en su mente. Si el amor era el poder para vencer al odio representado claramente por Voldemort, entonces sus padres debían ganar pues, a pesar de estar distanciados, sabía que se seguían amando. Su conclusión no lo tranquilizó sin embargo.
Horas después, la puerta volvió a abrirse pero esta vez de golpe. Una pelinegra entró rápidamente cerrándola tras de sí y con una mirada alerta.
- ¡Lo sabía!- exclamó indignada- ¡Sabía que esa inconsciente iba a escapar en cuanto no la viera!- bramó mirando la cama vacía donde el infante estaba sentado mirándola con una ceja enarcada- ¿Hace cuánto se fue?- le preguntó más tranquila.
- Hace un rato- le respondió.
- ¡Por Merlín!- exclamó la adulta- Ay pequeño Potter, tu madre es incorregible. Sigo preguntándome por qué no quedó en Slytherin cuando claramente es una maestra de los engaños y de las tretas- resopló recobrando su usual compostura.
- No era su destino- le contestó el niño analizando las actitudes de la mujer.
- Sí, ella se ha encargado de dejarme claro que el destino puede cambiarse- comentó la mujer Zabini extrañada ante la tranquilidad del menor- Tú deberías estar con tu familia y supongo que tendré que llevarte allá- declaró en un tono resignado.
- Entonces ¿todo es posible si uno lo desea con suficiente fuerza?- preguntó el pequeño ignorando su último comentario balantemente.
- No creo que todo...- dijo recordando a Blaise con tristeza, no era posible revivirlo por más que lo deseara, además en ese momento le preocupaba mucho el bienestar de su único hijo ¿qué estaría haciendo?
- Yo deseo estar con mamá- declaró James seriamente mientras cerraba sus ojos en un gesto decidido.
Pansy lo observó frunciendo levemente el ceño, era normal que extrañara a su mamá, más aún por las condiciones en las que la insensata huyó, pero su actitud era extraña. Para su gran sorpresa, el cuerpo del menor comenzó a desvanecerse para terminar desapareciendo por completo.
- ¿Qué...?- no pudo articular otra palabra imaginando que no sería su mejor idea el decirle a la castaña que su hijo menor se había esfumado en el aire justo frente a ella. Negó con la cabeza convencida de que era cierto que tanto tiempo recluida la había vuelto loca y seguramente el pequeño Potter había sido una alucinación desde el principio ¿o no?
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- ¡ROOON!- el gritó del pelinegro llamó su atención sólo para ver el cuerpo de su mejor amigo en el suelo, inmóvil...
Ante esa terrorífica visión, su mundo se detuvo y su razón quedó opacada por el dolor. No podría contenerse más, aunque arruinara todo su plan, no podía soportar la pérdida de esa vida...con Harry había resistido la urgencia de ayudarlo porque sabía que Ron no lo dejaría morir, pero ahora Ron ya no estaba...
Inmediatamente que la barrera se rompió y los menores se incorporaron alarmados, Luna corrió hacia su esposo con un gesto desconsolado, pero Neville la interceptó antes de que llegara.
- No lo veas Luna- le dijo con lágrimas en los ojos abrazándola con fuerza.
- ¡RONALD! ¡Ronald!- chilló la rubia aferrándose al cuerpo de su amigo.
- ¡PAPÁ!- bramó Bill también tratando de acercársele, pero su tía Ginny lo retuvo destrozada, ella también había perdido a un hermano y lloraba con inmenso dolor mientras Frank se aferraba a ella por la espalda con un gesto anonadado, su tío estaba muerto...
- Una sabandija menos- rió Voldemort complacido al ver el sufrimiento que causaba.
- ¡Te voy a matar! ¡Maldito!- vociferó Luna con una furia que su hijo no creía posible, el último rastro de ensoñación se había esfumando de su ojos dando paso a un odio terrible. Afortunadamente su tío Neville la sujetaba con fuerza tratando de mantenerse sereno él mismo mientras su tío Harry se incorporaba con esfuerzo para acercarse lentamente hacia el cuerpo laxo de su padre.
Hermione observó la escena con dolor y, viendo que Voldemort aprovecharía esa oportunidad para acabar con Harry, no dudó más. El último rastro de la magia usada para su parcial transformación se había agotado y sus hijos estaban libres, ya no tenía caso ocultarse más. Rápidamente envolvió su varita para convertirla en su espada y su magia vibró al sostener el arma legendaria. La acomodó en sus manos con la firme intención de clavarla en la espalda del rubio impostor quien, a su vez, pretendía acabar con el ojiverde. Sin embargo, Voldemort se giró velozmente como si la estuviera esperando y detuvo con sus manos desnudas la hoja afilada, de sus manos emanó sangre, pero en su rostro se dibujó una sonrisa siniestra mientras todos los presentes contenían una exclamación de desconcierto.
- Buen intento- rió el rubio apartando la espada de un golpe mientras que con una mano apresaba el cuello de la enmascarada elevándola unos centímetros del suelo debido a su fuerza. Ella pataleó tratando de soltarse mientras él la apuntaba con su varita para arrancarle la blanca máscara de su rostro- Mía- siseó encantado de verla ahí.
- Debiste haber terminado conmigo cuando pudiste...- espetó la mujer lanzándole una mirada de desprecio mientras intentaba respirar a pesar de la mano apretando su garganta.
- ¡HERMIONE!- gritó Harry al salir de su estupor.- ¡¿Qué carajos haces aquí?- agregó furibundo.
- ¡MAMÁ! ¡TÍA!-
- ¡Tía Hermione!- fue el grito de los recién llegados el que llamó la atención de Voldemort.
- Vaya, veo que sobrevivieron mocosos- recoció el Lord a los seis slytherin- Mucho mejor, así habrá más diversión ¿no lo crees Mía?- rió sellando la única puerta de acceso para impedir la entrada o salida de alguien más.
- ¡Quita tus sucias manos de mi mamá!- exigió Sirius con valentía recuperando su varita de la mano de su tía Ginny, al igual que su hermana y primos.
- ¿Por qué habría de hacerlo?- inquirió la serpiente mirando a la ojimiel impotente entre sus manos- ¿De verdad creíste que no notaría tu presencia?- se dirigió a ella con algo parecido a la indulgencia.
- ¡Déjala fuera de esto! ¡Sigamos con nuestro duelo!- clamó Harry irguiéndose con un poco más de energía, pero sumamente preocupado por su esposa.
- ¿Dejarla fuera de esto?- rió el rubio- ¡Pero si ella es la protagonista!- aclaró aún mirándola- Sabía que no morirías tan fácilmente querida, sabía que vivirías y vendrías a mí...porque nuestros destinos están entrelazados. Al principio no supe que eras tú, pero tu magia cantó para mí cuando sostuviste la espada- reconoció con su intensa mirada escarlata fija en la castaña mujer que sostenía a la mano captora con sus propias manos en un intento vano de liberarse- Tú magia cantó para mí porque tú me perteneces, eres Mía y siempre lo serás. Ahora, verás morir ante tus ojos a cada uno de tus seres queridos, uno a uno caerán ante mi poder y al final poseeré tu destrozado corazón- declaró con una risa demencial que combinaba perfectamente con sus ojos repletos de maldad.
- No...por favor...no les hagas daño...- alcanzó a decir la mujer entre bocanadas de aire- Te lo suplico...- rogó. Ella, Hermione Jane Dumbledore de Potter, rogó. No veía cómo ganarían y si la única forma de salvar la vida de su familia era tragándose su orgullo y doblegándose, que así sea.- Haré lo que sea...- agregó dispuesta a humillarse todo lo necesario, a someterse ante aquella fulminante maldad que veía en lo profundo de los ojos escarlata de su enemigo.
- ¡NOO!- vociferaron varias voces incapaces de acercarse a la pareja pues un campo invisible se los impedía.
-Oh Mía, eso es muy noble- dijo Voldemort- Y tentador, pero no puedo arriesgarme a dejarlos con vida nuevamente, no a los Potter, ni a los Weasley ni a los Longbottom, todos tienen que morir. Y al final, de cualquier modo, harás lo que te pida.- recitó con tranquilidad.
- Si los matas, los seguiré- declaró la ojimiel con resolución y amenaza.
- No te dejaré querida, permanecerás a mi lado para siempre.- le informó como un hecho- Mientras tanto, observa el espectáculo- con esto, la bajó al suelo mandándole un hechizo que le arrancó un grito de dolor pegando con su espalda en la pared más cercana de donde unas cadenas salieron para atar sus manos y pies mágicamente.
- ¡Mamá!- chilló Lily extremadamente asustada al ver a su progenitora en tal condición y con la intención de ayudarla, pero ella la detuvo.
- ¡No vengas Lilian!- le ordenó su madre con esfuerzo- ¡Robert...! Cumple con tu promesa- le dijo al chico con tristeza mientras un hilillo de sangre salía de su boca dejándole un sabor metálico. El hechizo había resentido en su herida y la poción que había tomado apenas y tenía efecto, se sentía agotada.
El joven Zabini observó a su maestra y tía con una mezcla de admiración y tristeza, no esperaba encontrarla ahí, mucho menos en ese estado. Sin embargo le había recordado su promesa y la cumpliría costase lo que costase.
Lily miró a su vez al líder de los ReinsBlut sorprendida por su llegada, pero complacida de poder verlo una vez más. Él la ayudaría a liberar a su mamá.
- ¡Maldito!- Harry trató de traspasar el nuevo escudo, pero fue rechazado al instante mismo de su contacto.
- ¡Tontos! ¡No saben con qué poder se enfrentan! ¡Ustedes no son nada para mí! ¡Y su destino es morir a mis pies!- gritó Lord Voldemort rodeándose de un aura verdosa al tiempo que las paredes comenzaban a temblar y varias piedras de la edificación se desprendían para levitar alrededor del rubio hombre. Éste emanaba una tremenda cantidad de poder haciendo que las piedras comenzaran a girar con mayor rapidez, poniendo en aprietos a los demás que se escudaban de las rocas o las hacían explotar en pedazos, pero eran demasiadas.
- ¡No permitiré que sigas lastimando a los que amo! ¡No te dejaré!- gritó Harry fuera de sí y con una mirada nublada por la ira. Con esas palabras, todas las piedras se paralizaron en el aire siendo atraídas por el cuerpo del ojiverde para crear a su alrededor una especie de armadura con la cual sintió que una explosión de magia resurgía en su interior.
El hombre Potter se abalanzó contra le rubio quien sonrió ante el poder del otro y emitió un gélido soplo al tiempo que su propio cuerpo se cubría de hielo sólido con el único propósito de enfrentar al otro. Su especialidad siempre había sido el agua y todo lo relacionado era su esencia y su elemento, por ello podía fusionarse con ella. Y acababa de descubrir que el elemento de Potter era la tierra. Usualmente los magos nacían bajo una estrella y con ello, bajo el resguardo de un elemento, la mayoría nunca lo descubrían aunque sí sentían una ligera inclinación hacia el mismo. Solamente magos tan excepcionales como él mismo, llegaban a compenetrarse con sus elementos y hacerse más poderosos con ello.
Ambas figuras chocaron produciendo una luz cegadora, para cuando los demás recuperaron la visión y quisieron intervenir, un grupo de mortífagos apareció de la nada para exterminarlos sin piedad. Así fue como cada uno tuvo que luchar por su vida.
El lugar se convirtió en un pequeño campo de batalla ante la desesperada e impotente mirada de la ojimiel quien trataba de liberarse de sus cadenas, pero no podía. Deseaba ayudar a su familia, sabía que no podrían vencer esta vez y le daba terror saberlo. Necesitaba sacar a sus hijos de ese lugar como sea y lo más pronto posible. Viendo a Harry pelear contra Voldemort, ambos usando sus elementos, recordó que ella también tenía uno, su esencia misma estaba hecha de ese elemento y debía extraer hasta la última gota de la magia que guardase su forma animaga del fénix. Se concentró en sí misma buscando con desesperación era fuente de poder, hasta que la sintió tan caliente como un volcán y a continuación un halo de luz dorada la iluminó. Luego, concentró parte de ese poder en su mano izquierda calentando así el grillete que la aprisionaba hasta dejarlo al rojo vivo, cuando comenzó a verse líquido, la mujer lo atravesó limpiamente convocando así su varita caída. Cuando tuvo su arma en la mano, se liberó completamente sin dejar de emitir ese brillo dorado evidencia clara de su naturaleza: el fuego.
Ginny peleaba junto a su esposo tratando de proteger a su hijo quien no era malo para los duelos, pero la magia negra estaba fuera de su alcance. Los tres comenzaron a retroceder al sentirse acorralados, pero una figura dorada llegó a su lado consumiendo en fuego a los mortífagos que gritaron en agonía. Luego, la misma figura ayudó a Sirius quien combatía sorprendentemente codo a codo con William mientras Robert y Lily hacían otro equipo. Finalmente, ayudó a John, Alice, Adriana y a Peter para detenerse unos segundos al lado de su amiga Luna quien abrazaba a Bill iracunda.
- Tienen que irse- declaró la figura dorada sin prestarle atención a los mortífagos caídos y mirando con recelo el duelo entre los dos poderosos magos. Aún estaba sumamente fatigada, pero la fuente de energía que venía de su elemento era fuerte.
- Todos debemos irnos- rectificó Neville reuniéndose con los demás lleno de sangre y heridas.
- No, yo debo ayudar a Harry...- emitió una queja al sentir el punzante dolor de la herida en su abdomen, estaba hecha un completo desastre.
- Estás hecha un desastre- Ginny fue la que expresó su exacto pensamiento tomándola de la muñeca, pero la soltó de inmediato al sentir como si tocara un metal al rojo vivo.
- ¿Qué es lo que te pasa?- inquirió Adriana con curiosidad al ver el brillo que emitía su tía.
- Tu elemento...- comenzó Peter.
- ¡Fuego!- concluyó Alice recordando que su tía era un fénix.
- Váyanse- replicó la castaña- No queda mucho tiempo...-
- No vamos a dejarte tía-
- Robert, recuerda lo que les dije de Voldemort, recuerda tu promesa de proteger a mi hija- recitó solemnemente a lo que el joven la miró con profundidad- Si perdemos, alguien tendrá que derrotar al maldito y esos serán ustedes. Todo lo que les he enseñado servirá...- los miró uno a uno- Recuerden que los quiero, he aprendido a hacerlo y confío en ustedes- les confesó con los ojos húmedos.
- Nos veremos pronto- Luna le dedicó una triste sonrisa llevando ya el cuerpo de su esposo levitando tras de ella.
La ojimiel sonrió lanzando una poderoso bola de fuego contra la puerta para hacerla pedazos y dejarles el camino libre. Su energía se agotaba de nuevo, pero tenía que usarla para un último golpe.
- Mamá- una voz la hizo enfocar su atención en su hijo mayor- Yo...yo...no te odio. Te quiero- soltó el castaño incapaz de articular una despedida mientras las lágrimas anegaban sus azules ojos.
Y a pesar de todo, a pensar de las mentiras y de la traición y de los insultos, ella respondió automáticamente, sin ninguna duda.
- Yo también los amo- dijo ella acariciando los rostros de sus hijos con infinita ternura y sin quemarlos.
Seguido a esto, su mirada se endureció y se dirigió hacia las dos figuras en duelo.
Cuando la mujer se acercaba, Harry la miró intercambiando con ella una profunda mirada de comprensión. Así, él se llenó con la magia de su elemento corriendo hacia el rubio al mismo tiempo que su esposa lo imitaba por el otro lado. Cada una de las tres figuras emitía un brillo característico y, cuando hicieron colisión, una gran explosión se suscitó. Todo lo circundante salió volando, el grupo que emprendía la retirada fue bruscamente arrojado contra el muro exterior al igual que una de las tres figuras anteriores, segundos después el hueco de la puerta se derrumbó impidiéndoles nuevamente la entrada.
Voldemort gritó de dolor al sentir cómo las dos energías lo impactaban de lleno mientras la explosión lo arrojaba violentamente contra uno de los muros del lugar, el cual se desmoronó enterrando su cuerpo.
Harry sonrió al sentir la explosión de energías rogando por llevarse a la tumba a su peor enemigo mientras salía disparado hacia la puerta destrozada para estrellarse en el muro del pasillo junto a sus amigos. De ahí, no se movió más.
Hermione le dedicó un último pensamiento a sus hijos mientras sentía el poder del choque mágico lanzarla por los aires hasta estrellarse contra una pared. No volvió a abrir los ojos.
James apareció en una sala donde acababa de ocurrir una gran explosión y se puso alerta. Aunque en segundos pudo ubicar a su madre que se desplomaba en el piso inconsciente. El chico sintió el palpitar de su corazón y se acercó a ella de prisa para comprobar con inmenso alivio que ella aún respiraba pero apenas. Notó con pesar que su progenitora tenía múltiples heridas por su cuerpo, que su capa negra estaba destrozada dejando a la vista su linda túnica también rasgada. Estaba hecha un desastre. Cerró los ojos deseando poder hacer algo para ayudarla, pero al ver que no había salida del lugar y no estaba seguro de cómo había llegado, se preocupó muchísimo. Sacó su varita recitando uno de los pocos hechizos sanadores que sabía y comprobó con alivio que un poco de color regresaba al rostro de su madre. Continuó tratando de curarla, pero lo que sabía no era la gran cosa y ella se veía en serios problemas, él no era un sanador pero en esos momentos cómo deseaba serlo...
De repente, escuchó un quejido a su derecha comprobando con horror cómo unas piedras se movían y una mano ensangrentada emergía de entre los escombros.
Voldemort salió de entre las piedras repleto de cortes, golpes y con su túnica arruinada, pero vivo. Se irguió cuan alto era, furioso ante semejante desastre en su persona, se sentía débil, pero poderoso por haber sobrevivido una vez más. Fijó sus ojos inyectados de sangre en la figura del menor de los Potter que también lo miraba fijamente.
- ¿Cómo llegaste aquí niño?- cuestionó dando unos pasos tambaleantes en su dirección.
- James...- una débil voz más parecida a un murmullo lo llamó. El infante miró a su madre despertar, pero incapaz de moverse demasiado- Hijo...vete...- pronunció al saber que Voldemort no dudaría en matarlo si tenía oportunidad.
- Somos duros de matar ¿no Mía?- rió el rubio lleno de sudor, sangre y polvo, pero conservando su porte orgulloso.- Has atentado contra mi vida nuevamente, pero has vuelto a fallar. Ahora que tu familia no está presente, creo que un cambio de planes está en orden. Estarás a mi lado cuando les de caza- declaró apuntándola con su varita.
- No se atreva- el menor se interpuso defendiendo a su madre con valor, pensando en qué podría hacer él para detener al maligno ser.
- James...no...vete...- repitió Hermione temiendo por la vida de su pequeño, pero sin poder moverse.
- Ya escuchaste a tu madre mocoso, apártate- ordenó el rubicundo hombre decidiendo que se encargaría de él luego.
- No- el ojimiel se clavó en su posición recordando muchas de las cosas que había escuchado, para formar una sola, pero poderosa, idea.
'¿Cuál es ese poder? Amor por supuesto.'
'Tú eres mi tesoro más querido, hijo.' '¿Por qué mamá?' 'Porque eres fruto del amor de tu padre y mío.'
'Recuerda que el amor todo lo puede.'
'¿...poder? Amor...'
'Tú eres el fruto del amor'
'El Poder que Él no conoce...amor'
'Tú eres...amor...'
'Amor'
'AMOR'
Con ese único pensamiento en mente, su cuerpo despidió un aura plateada semejante al brillo de un patronus. Sus ojos ambarinos se iluminaron para asombro del rubio que tuvo que retroceder un paso.
- ¿Qué haces...?- inquirió Voldemort apuntándole con su varita, sin embargo el niño movió rápidamente la suya mandando a volar al hombre contra el techo. Cuando éste cayó, el menor se le acercó levitando.- ¡¿Qué haces?- gritó el rubio sin tener dominio de su cuerpo, pues un miedo inexplicable lo invadió, tenía el funesto presentimiento que el que se encontraba frente a él ya no era James Potter.
- Haz osado engañar a la Muerte- dijo el niño con una voz que no parecía la suya, era escalofriante- Haz alterado el Equilibrio con tu magia perversa...ahora deberás pagar el precio por tu osadía- le dijo colocando la punta de su varita justo en la frente del otro sumergiéndolo en el más profundo de los temores.
Hermione observó asustada a su hijo. Algo extraño le pasaba porque ese brillo sobrenatural no le pertenecía, además esa voz de ultratumba no era la suya. Quería acercarse, pero apenas pudo reunir fuerzas para sentarse y ver mejor la escena. Notó el rostro aterrorizado de Voldemort y, cuando su hijo colocó su varita contra la frente del hombre, vio cómo una luz igualmente plateada envolvía al mago completamente para luego ser absorbida poco a poco por la varita del menor hasta que no quedó nada. El cuerpo del hombre se desplomó en el suelo mientras el ojimiel expulsaba la magia absorbida con un grito furioso para desmayarse en el acto. Entonces la castaña miró al rubio deduciendo con horror lo que había sucedido, magia ancestral se había desencadenado y todo había terminado, casi.
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- ¡PAPÁ!- exclamó Lily al ver entre ellos el cuerpo de su progenitor repleto de heridas y magulladuras serias.
- Tranquila, está vivo- la calmó Neville tomándole el pulso a su amigo mientras Ginny comprobaba que todos los demás estuvieran bien.
- ¡Gracias a Merlín!- sollozó Lily aliviada y siendo abrazada por Robert ante la mirada atenta de Sirius, pero este último no hizo comentario alguno.
- Ese Merlín me las paga...- murmuró una voz conocida- ¿Cuántos hipogrifos me pasaron encima?- preguntó.
- ¡Ronald!- la rubia se abalanzó contra el pelirrojo derramando lágrimas de felicidad.
- ¡Papá!- su hijo también lo abrazó lleno de incredulidad, pero agradecido.
- ¡Hermano!- solo faltaba la pelirroja para terminar de aplastar al hombre.
- Oigan, estoy herido. Más cuidado- se quejó el ojiazul a lo que todos lo soltaron sin poder creer que estuviera con vida, a menos que todos hubiesen muerto en la explosión...no.
- ¡Ron...esto es un verdadero milagro!- clamó Neville dándole una palmadas en la espalada a su cuñado- ¿Deberíamos comenzar a llamarte El-Pelirrojo-Que-Vivió?- bromeó de buena gana.
- Sería bueno agregar gracias a su rubia esposa- sonrió sentándose con ayuda de su hijo.
- ¿Qué dices tío?- increpó Frank alegre de verlo vivo.
- Esta cosa me salvó la vida- extrajo de entre su túnica maltratada, el medallón metálico todo quemado y con una enorme abolladura en el centro.
- ¿Cómo pudo un amuleto detener un Avada?- inquirió Sirius con incredulidad.
- Es que lo bañé el esencia de krapots, son para la protección- explicó Luna mientras los demás comenzaban seriamente a considerar que las criaturas imaginarias de la rubia tal vez no fuesen tan imaginarias después de todo.
- Gracias amor- el ojiazul la besó con cariño.
- Neville, ven acá- la pelirroja le plantó un gran beso a su esposo sin poder contenerse.
- Lo siento señores, pero será mejor que dejen eso para después...- inició Peter ceñudo, pero no pudo terminar porque Alice lo jaló de la túnica besándolo también ante la mirada divertida de los demás.
- Will...- canturreó Adriana mirándolo pícaramente a lo que el joven se sonrojó, pero terminó dándole un casto beso a la chica.
Robert y Lily se miraron profundamente, verde contra verde, sonriéndose con franqueza decididos a imitar a los demás.
- Ni se les ocurra, aún no estoy listo para verlo- los detuvo Sirius- A penas estoy asimilando que Zabini no me desagrada del todo- agregó haciendo sonreír a su melliza.
- ¡Disculpen!- llamó Frank la atención- Ya que al parecer soy el único racional...- un carraspeó le llegó de lejos-...bueno, junto con Madley, no sé si recuerden un pequeño detalle...¡El tío Harry está grave justo al lado! ¡Ya la tía Hermione sigue ahí adentro con Voldemort!- soltó regresando a todos de golpe a la cruda realidad.
- ¡¿Qué?- Ron hizo además de pararse pero no lo consiguió.- ¡Me voy un segundo y todo es un desastre!- declaró.
- Debemos entrar- declaró Ginny nuevamente angustiada.
- Pero si todavía Voldemort está vivo...tía Hermione me hizo prometer que huiríamos- alegó Robert débilmente, él más que nadie quería romper esa promesa, pero...
- ¿Desde cuándo un Slytherin sigue las reglas?- Frank enarcó una ceja a lo que Robert sonrió.
- Sería lento levitar todas las rocas...- murmuró Ron pensando en soluciones, no se iría sin su mejor amiga ni muerto.
- ¿Qué tal si lanzamos bombardas?- propuso Sirius.
- No seas tonto Potter, así sólo destruirías más el lugar- le espetó Mordaunt a lo que el castaño le dedicó una dura mirada.
- Si pudiéramos transformar las rocas en algo más, mmm, suave- comentó Luna.
De repente, todas las miradas de los menores se conectaron en una sola idea que constituía la perfecta respuesta a su dilema.
Sin embargo, antes de que lo dijeran escucharon unos pasos acercarse y se tensaron.
- ¿Qué ha pasado?- inquirió un Remus repleto de rasguños pero vivo mientras un no menos cansado Krum le ayudaba a caminar por un lado y al otro Günther también le ayudaba.
- Remus ¿cómo estás?-
- Vivo Neville ¿qué le pasó a Harry?- preguntó sumamente preocupado por el deplorable aspecto del pelinegro.
- Está vivo no te alteres, él y Hermione pelearon contra Voldemort, pero su magia colisionó y todo explotó. Harry salió volando con nosotros, pero...- Ginny calló.
- Hermione y Voldemort siguen adentro, no sabemos en qué condiciones- terminó Luna.
- ¡Debemos sacarrla!- exclamó Krum dejando a Remus en el suelo al lado de Harry.
- A eso vamos búlgaro- declaró Robert adelantándose un poco frente a la puerta bloqueada- ReinsBlut- llamó formando a los demás a sus costado izquierdo.
- Chicos- por su parte Sirius se colocó a la derecha de Zabini con la varita en alto y una sonrisa en los labios, junto a sus primos y hermana.
Todos los menores, en sincronía, lanzaron un perfecto Aqua Mutare logrando así que todas las rocas caídas, y algunas otras, se transformaran en agua pura, dejando nuevamente el camino libre para admiración y orgullo de los adultos.
Con eso, entraron al lugar con precaución identificando al instante a dos cuerpos tumbados en el suelo. Los de las personas que buscaban. Rápidamente todos se aglomeraron alrededor de la mujer para examinar su condición.
- Está viva- pronunció Samantha para alivio de todos y cada uno de ellos.
- Está muerto- pronunció segundos después Robert señalando a Voldemort.
Las sonrisas pintaron los rostros de todos los presentes pues parecía que todo había terminado. Por lo menos lo peor ya había pasado y sus corazones latían en paz al saber que ahora podrían comenzar con su recuperación. Poco a poco, paso a paso reconstruirían sus vidas y su mundo. Eran libres.
Agradezco a todos su paciencia y comentarios. Ya estamos terminando este viaje, un capítulo más y listo. Gracias por leerme y hasta después.
¡R E V I E W S!
Atte.
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