Niña de mi alma.
Cap.36: Los ojos del león.
BellaPOV.
El agua caliente me corría por la espalda desnuda mientras intentaba quitarme los nudos del pelo con el cepillo. No era una tarea fácil considerando la falta de ganas de hacerlo y mi poco colaborativo cabello.
Apenas el sol se estaba ocultando por las copas de los árboles y había decidido salir de la cama con Edward y empezar a prepararme. En cualquier momento vendría Alice y me mataría si me encontraba todavía sin vestir por pasarme la tarde en la cama con mi novio, aunque seguro ya lo sabría.
Era sábado, el sábado tan esperado por Molly. Por fin daría su tan ansiada fiesta de cumpleaños. Temblaba al imaginarme el descontrol que ocasionaría mi amiga en casa de su prima.
Me sequé el cuerpo rápidamente con una toalla y apresure a vestirme con el corto vestido de tela camuflada que Alice y Rosalie habían hecho especial para mí. El vestido tenía unas pequeñas mangas y un escote en forma de V con botones negros que atravesaban verticalmente el torso. Al mirarme en el espejo note que me quedaba más corto de lo que pensaba, gire varias veces de lado, ¿Acaso me había crecido el trasero?
Me puse las medias de red y las botas en punta con cordones negros y salí a nuestra habitación mientras me ponía la banda con balas falsas sobre el hombro y la cadera. Como había esperado Alice ya se encontraba allí esparciendo su maquillaje por mi territorio. Suspire cuando vi el gorrito militar sobre la cama.
-Alice, no me pondré eso, ya es suficientemente vergonzoso con lo que tengo puesto.
-Bella querida, tú no sabes apreciar las fiestas como se debería -me habló como si fuese la reina de Holanda mientras esparcía una nube de perfume a mi alrededor.
Le gruñí en medio de un ataque de tos.
-¿Donde está Edward?
Mi pequeña hermana me miro irritada con los brazos en jarras mientras me fruncía el seño.
-Está esperando afuera, no va a venir a rescatarte -me dijo adivinando mi plan.
Bufé. Era imposible luchar contra alguien como ella. Era única.
-Vale, toma tu maquillaje y haz tu magia -dije mientras me sentaba en mi silla frente al espejo.
Luego de cepillar y secar mi pelo y de colocarme el ridículo sombrerito, se puso frente a mí para pintarme los labios de un rojo pasión y mascara de pestañas. Se me quedo mirando de cerca con una sonrisita de lado durante mucho tiempo.
-¿Pasa algo? -pregunte.
-No nada... -se apartó para guardar sus cosas-. Es que... estas muy hermosa Bella.
Volvió a mirarme mientras decía esto último y lo dijo con tanto sentimiento que llegue a sonrojarme.
-¿Tu crees? -le dije apartando la mirada hacia el espejo, solo era... yo.
-Por supuesto nena, estas creciendo rápido, parece que fue la semana pasada cuando Edward te trajo a casa. Aunque claro, para nosotros el tiempo pasa muy rápido.
Me estremecí cuando recordé mi pasado, todo lo malo de mi infancia y todo lo bueno de mi adolescencia con mi familia. Para mi había pasado muchísimo tiempo desde aquello.
-Pues por suerte dejare de crecer cuando sea vampiro. -comente mientras me ponía la chaqueta negra.
El ruido del cristal me distrajo más que el sonido de la puerta al abrirse. Gire para ver a Alice con la cara mas pálida que de costumbre y un charco de perfume y vidrio a sus pies. El olor se hizo intenso, llenando toda la habitación.
Su cara de espanto y sorpresa me atrapo los ojos, me miro fijamente y luego hizo una mueca al mirar tras de mí.
Me di la vuelta, Edward estaba con la mano aferrada al pomo de esta y me miraba casi igual que mi hermana.
-¿Que has dicho? -me pregunto entre dientes.
Me eché dos pasos atrás, sorprendida por la reacción de ambos. Mi mente fue hacia atrás, intentando recordar las palabras para contestar a su pregunta.
-Oh, nada. Solo fue una tontería. -me disculpe, no quería discutir las cosas de mi transformación ahora, eso solo lo haríamos cuando llegara el momento, aun me faltaba un año para terminar la secundaria.
-No, no fue una tontería. Fue una estupidez, no lo vuelvas a hacer.
Sus palabras me calaron hondo, no entendía ¿Cual era su problema? Mire sus brazos fuertes y el musculo de su mandíbula tenso, su cara firme y contrariada...
-Edward... ¿que te pasa? ¿Te molesta hablar de mi transformación? -dije, pensando que eso lo iba a tranquilizar, aunque ocurrió justamente lo contrario, sus ojos se oscurecieron.
-¿Tu transformación? -repitió las palabras como si no se las creyese-. ¿Que te hizo pensar así de repente en que iba a ocurrir una transformación en ti?
Me quede de piedra, el frio me empezó a subir por las piernas como tela de arañas. Trate de ordenar mis pensamientos sobre la presión que sus ojos negros tenían sobre mí, no lo comprendía.
Yo ya conocía todos los secretos de mi familia, sabia, más o menos, como se habían transformado en vampiros mis seres queridos, todos de una diferente manera pero compartiendo un mismo patrón en general. Una mordida, sabía que se necesitaba una mordida, en este caso de Carlisle... ¿Por que actuaba como si yo no supiese nada de eso?
-¿Que quieres decir? -dije molesta. Alice seguía hecha una piedra de hielo a unos pasos de mí. El perfume me estaba ahogando, ¿O era otra cosa?
-¡¿Como que quiero decir Bella?! ¿Quien te metió en la cabeza que te ibas a transformar en... vampiro? -me gritó. ¡Me grito! Y luego lanzó una fugaz mirada a Alice.
El fuego en los ojos de Edward pareció derretir su capa congelada.
-Heee... -solo fue capaz de decir. Me miro a mi, luego a Edward y luego otra vez a mi-. Bella, no sé qué te haya dado esa impresión, creo que te estás confundiendo cariño.
Habló apresuradamente, a pesar de que su vestido de tiras estaba inmóvil sobre su cuerpo me dio la sensación de que Alice vibraba de los nervios.
-Pero... Yo pensé que... -volví a mirar a Edward, quien seguía enfadado. Me puse pálida cuando comprendí lo que me querían decir-. Tu no... ¿No pensabas convertirme?
-Por supuesto que no -contesto entre dientes.
Su respuesta me golpeo con la fuerza de un tren de carga. Se me mezclaron todos los pensamientos de repente y no pude evitar imaginar a Edward, siempre joven y apuesto, a mi lado, una frágil anciana de pelo canoso y la piel arrugada. No solo eso, si no también a un Edward trajeado de negro mientras le dejaba una rosa blanca al cadáver de la anciana que estaba sobre un cajón de muertos. Mi imaginación me dio asco, aun mas sabiendo que podía ser cierto.
-Pero, pero... ¿Por qué no? Edward por dios, somos una familia, nosotros estamos juntos... -callé mis ruegos al verlo tan firme y sin inmutarse como cuando entro en la habitación.
-Emm Edward... tal vez si hablan con Carlisle... -comenzó a decir Alice, repentinamente sin saber qué hacer, ¿Sabia ella como terminaba todo esto? En una discusión seguro. Corrección: ya estábamos discutiendo.
-¡Cállate Alice! -le grito Edward sin quitarme la vista de encima a mí.
-¿Me dejaras morir entonces? -pregunte con un hilo de voz.
Me alivie cuando vi que su máscara de piedra caía con mis palabras y se pasaba la mano por la cara y el cabello antes de suspirar y volver a mirarme.
-No lo sé, Bella, no lo sé. Todavía no he pensado en eso.
Me envaré.
-¿No has pensado en eso, esa es tu excusa? ¡Yo pensaba que era parte de la familia, que iba a ser como tú y que estaríamos juntos por siempre!
Alice se adelanto y me puso una mano sobre el hombro.
-Bella, tú eres parte de la familia, nunca nadie dijo lo contrario.
-Por lo menos ella parecía haber recuperado su paz, pero yo seguía histérica.
-Edward, se hace tarde, ¿Por qué no llevas a Bella a la fiesta y en la mañana hablamos todos juntos? -ofreció Alice.
La mire, ella tenia razón, no tenia nada que discutir ahora con Edward. Estaba segura que los demás me darían la razón a mí, solo era un estrago pasajero, nada de lo que debería preocuparme.
Asentí con la cabeza y dejé que me acompañara hasta el Volvo. Edward nos siguió en silencio, tenía la cara descompuesta, pero yo no pensaba ceder de ninguna forma, me había hecho enfadar lo suficiente.
Alice me deseo suerte con la misma alegría y efusividad de siempre, como si no hubiese pasado absolutamente nada en la habitación. Me alegro oler el cuero húmedo del coche y distraerme un poco del perfume floral que traía encima. Joder, en verdad olía como si me hubiera revolcado en el jardín de Esme.
El viaje estuvo silencioso y trate con todas mis fuerzas que la amargura no me consumiera, se suponía que era una noche para disfrutar. Me pregunte, con un sonrojo fugaz, si al final de la noche le daría uso al conjunto de ropa interior blanca que llevaba puesto. El seño fruncido de Edward parecía un NO rotundo, pero recordaba claramente lo apasionado que podía ser cuando estaba enfadado por algo. Eran esos los momentos en los que parecía que iba a romperme el cuerpo, y yo lo disfrutaba.
Lo oí suspirar y mire como asomaba una pequeña sonrisita.
-Bella... -me advirtió.
Entendí su tono y lo que quería decir con él y me puse toda colorada, ¿Él sentía la electricidad que emanaba mi cuerpo ansioso, oía mis latidos desenfrenados al recordar su cuerpo o simplemente olía mi humedad?
Detuvo el coche frente a la casa de mi amiga y mire asombrada como decenas de adolescentes llenaban todo el lugar. La primera y segunda planta estaba ocupada, al igual que el jardín y a pesar que no había ningún decorado en especial, los sillones de la sala habían sido arrastrados hasta el césped y el propio brillo de las luces de colores se reflejaba en cada rincón.
Sonreí al ver a mis amigos y otros chicos disfrazados, pasándola bien mientras abundaban los jarros de bebidas.
Las ansias volvieron a mi cuerpo fuertemente y supe que, a pesar de la discusión en mi cabaña, la iba a pasar genial.
-Adiós -le murmure a Edward mientras abría la puerta, haciéndole entender que seguía muy molesta.
-Bella... -me agarró de la muñeca y me arrastro de nuevo al asiento.
Lo mire, derritiéndome con su dulce mirada. Se acerco hacia mí.
-Ten mucho cuidado, por favor -susurro.
Mi pierna, la que tenía fuera del coche, se enfrió cuando paso una ventisca. Espere, sabiendo que él quería decir mucho más que solo eso, ya sea de la pelea anterior o de sus consejos de protección.
Finalmente desistió.
-Solo quería que supieras que no soportaría verte como yo. No quiero verte congelada en el tiempo.
Suspire y asentí reticentemente, no quería abrir la boca y defender mi punto de vista porque ya sentía que íbamos a terminar a los mordiscos.
Se acercó a mi lentamente y me dio el beso más dulce de la historia, apasionado solo como el podía serlo sin llegar a tocarme más que con una leve presión de sus fríos labios.
Cuando me baje del Volvo, un poco más tranquila pero igualmente molesta, me distraje mirando a todos mis compañeros de instituto.
Mis amigas me sonrieron desde el porsche, Angela tenía un tierno disfraz de angelito, Jessica parecía una muñeca barbie, según ella, porque para mi parecía una prostituta barata. Molly estaba emocionadísima por su fiesta dentro de su disfraz de roquera sexy. Me tomó del brazo, me dejo en la mano libre un vaso de plástico rojo igual que tenía todo el mundo, lleno de cerveza helada y me dio un tour por su casa.
Solo su habitación estaba cerrada con llave, que usaría con el magnífico afortunado, todas las demás habitaciones estaban repletas de gente, y la música de la sala llegaba a todos los rincones. La prima de Molly había montado una gran barra en el comedor y en la cocina estaban repartiendo hot dogs con aderezo.
-Estas muy emocionada Molly...
Mi amiga me miro con los ojos brillantes.
-¡Por supuesto que sí! -me grito como si fuese la obviedad-. Ya todos están hablando de que esta es la fiesta del año.
Tome unos sorbos de la bebida mientras escuchaba a las demás hablar del trabajo que les había costado sus disfraces a medida, además de felicitarme por el mío.
Bailé durante dos horas seguidas bajo las luces verdes de la sala, todo un record para mí, y nos reímos un montón de todos los disfraces ridículos que teníamos cerca.
Había piratas, novias recién casadas, porristas, un Mickey gigante, una pareja de saquitos de té y un montón de cosas más, sin duda seria la fiesta del año.
-No sabía que conocías a tanta gente -le susurre a Molly en el oído tras una pausa para tomarnos unos daiquiris de fresa y kiwi.
-¡Ni yo! -exclamo mientras se sacaba la chaqueta de cuero, debajo no traía mas que un corpiño decorado con lentejuelas. Noté que mi amiga tenía razón, las chicas aprovechaban las fiestas de disfraces para vestirse de prostitutas sin que se les diga nada.
-Hay chicos bastante mayores... -comento Angela.
Jessica se estaba enrollando con uno de esos justamente.
-Si, hay algunos que ni sé de donde salieron -dijo Molly.
La mire con ojos como platos.
-¿Hay gente en tu casa que ni sabes quiénes son?
Hizo un ademan con la mano para restarle importancia.
-Supongo que son... amigos de unos amigos, nada de qué preocuparse, lo mejor de todo que algunos son de Port angels, ¡las noticias de mi fiesta correran hasta alli! -dijo como si fuese lo mejor del mundo.
El labial ya se le estaba corriendo, y la cordura también.
-Bueno, ¿Vamos de nuevo? -nos preguntò Molly haciendo un cabeceo hacia la improvisada pista de baile. Angela se adelanto enseguida.
-Yo espero aqui, vayan sin mi -respondi apenas. Sentia un extraño peso sobre mi cuerpo.
Por suerte ellas estaban demasiado emosionadas como para notarlo y volvieron para seguir disfrutando de su noche, una noche tan humana y banal para ellas que hasta me sentia celosa, ¿Porque lo mío no era así de sencillo?
Me arrastre hasta la barra y me senté al lado de un muchacho dormido y me dedique a ser miserable.
Estúpido Edward, a kilómetros de donde yo estaba seguían atormentándome sus palabras, ¿Que hubiese pasado si esta noche yo no sacaba el tema? Me daba vértigo de solo pensarlo.
El barman me puso un gran vaso lleno de algo y mucho hielo frente a mí. Lo tomé tímidamente y le di un par de sorbos, era bastante fuerte pero me lo tome igual casi hasta la mitad. Mala idea.
El calor del alcohol se me subió rápidamente hasta la cabeza y me nublo los pensamientos, no podía ignorar que se sentía muy bien.
-¿Teniendo una mala noche? -preguntó una voz profunda a mi lado.
Mire para ver si era a mí a quien me hablaban y me choque de lleno con un guapo chico de unos dieciocho años. Era el mismo que en un principio había pensado que estaba dormido sobre su mano, aunque en realidad solo estaba mortalmente quieto.
Abrí la boca de asombro, el muchacho era delgado, rubio y de ojos oscuros, muy hermoso, sus fracciones estaban bien marcadas, la piel suave y pálida. Me sonroje.
El muchacho levanto la cabeza de su mano y sus hombros hundidos y me di cuenta de que, aun sentado, era bastante alto. Y muy serio.
Levantó una ceja, esperando a que le contestara sin sacarme los ojos de encima. Las luces verdes lo hacían parecer casi irreal.
-N-no, estoy bien -no se me ocurrió otra cosa que decir. Genial.
Volví mi atención al trago aunque seguía sintiendo su intensa mirada sobre mí, al volver a mirarlo de reojo note por primera vez, a pesar de la oscuridad, de que no estaba disfrazado como todos los demás. Solo una camisa negra y unos pantalones oscuros con un tenis rayado, nada más.
-No hablas mucho... -comentó. Mis ojos volaron de nuevo a su perfecto rostro- ¿Como te llamas?
Sus ojos estaban centrados en mí y nuestras piernas casi se tocaban, ¿en qué momento se había acercado a mí? Pero por otro lado... no quería que se alejara.
-Mi nombre... es Bella.
Una leve sonrisa asomó de sus labios y se llevó su bebida a los labios unos segundos, aunque no vi su manzana de Adán subir o bajar en ningún momento.
-Yo me llamo Ivahn.
Ya no estaba tan serio este chico Ivahn, una cara de niño travieso y malvado parecía asomársele de a ratos. No pude evitar sonreírle.
¿Que mejor para olvidarse de un vampiro que un guapo chico humano?
-¿Eres amigo de Molly? -pregunté intentando entablar conversación.
El barman dejo un vaso con bebida para cada uno.
-Por desgracia no -dijo mirando sobre mi hombro-. Tu amiga es una belleza.
Me guiñó un ojo descaradamente antes de decir:
-Aunque tú no te quedas atrás hermosa Bella. No me importaría que me dispararas un día de estos.
Me sonrojé furiosamente y recurrí a distraerme con la bebida al darme cuenta que tenia puesto el disfraz de militar, todavía. Disimuladamente jalé el vestido para abajo para ocultarme más pierna.
-¿Donde naciste hermosa Bella? -pregunto con curiosidad.
-Bueno… -empecé- Es algo complicado. En realidad soy adoptada, no sé donde nací exactamente. Mis padres me abandonaron.
El no dijo nada por unos minutos. ¿Tanto se notaba la tristeza de mi voz? No, seguro que era mi imaginación.
Tomé unos traguitos de la nueva bebida frente a mí, un poco más liviana por suerte. Cuando volví la vista hacia Ivahn, éste me miraba de forma extrañada.
-Entonces… ¿te criaste en un Orfanato? –pregunto.
Su sonrisa me confundía, ¿estaba siendo amable o se estaba burlando?
-Si, hasta que los Cullen me adoptaron.
La atención que me tenía era admirable, me observaba como si hubiese encontrado un tesoro debajo de su cama. Giró la cabeza levemente hacia un costado, curioso de repente.
-¿No recuerdas nada de tus padres?
Suspire. ¿Por qué solo me preguntaba sobre ese tema? ¿Había pasado él por algo parecido? Decidí responderle eso y cambiaria de tema:
-No, no sé nada. Me abandonaron cuando aún era pequeña. Solo un bebé.
A pesar de mi tono cortante pareció contento con mi respuesta y mientras me miraba fijamente paso sus dedos fríos por el dorso de mi mano, ¿Yo estaba en llamas o él tenía frio? De cualquier forma, me estremeci.
-Y entonces ¿Quién te puso ese lindo nombre que llevas hermosa Bella? ¿La gente del Orfanato? –dijo despectivamente. Como si ellos no pudiesen ser capaces ni de ponerle nombre a un perro.
-Pues no –conteste-. También es algo complicado. Mi nombre: "Isabella" estaba escrito en una pulsera que llevaba encima, nada importante.
Me estremecí al pensar en esas cosas, la verdad, no era una charla para mantener en una fiesta de cumpleaños. El guapo Ivahn se mantuvo quieto por un momento, sopesando mis palabras.
Sus ojos eran de un increíble negro, como si su pupila estuviese conectada con el iris. Un oscuro desesperante. Su semblante quieto brillaba pálido bajo las luces verdes y amarillas que cambiaban rápidamente. Sonrió lentamente.
-Pareces sofocada, ¿vamos a tomar aire? –dijo mientras enredaba su mano fría con la mía.
Parpadee sorprendida ante el cambio brusco de la conversación, pero la verdad era que los muchachos que fumaban cerca mío me tenían un poco agitada, no quería descomponerme ni nada por el estilo pero por otro lado… ¿Por qué de repente mi cuerpo quería quedarse pegado al asiento?
Como si estuviese bajo un potente hechizo, deje que Ivahn me arrastrase hacia afuera, donde el frio de Forks me puso la piel de gallina. Parecía que el clima de madrugada había enviado a todos los invitados hacia la parte de adentro de la casa, ya que afuera éramos los únicos, además de los vasos de cerveza vacios y los sillones que habían sacado afuera.
Ivahn me arrastro un poco más hacia la calle, girando levemente hacia la derecha, donde no había más que un serpenteante y oscuro camino hacia las afueras del pueblo.
-Espera ¿A dónde vamos? –le interrogué, clavando mis tacos en la acera.
Él me miro como si fuese lo más obvio del mundo.
-Esta música me está taladrando la cabeza, tengo un poco de Bach en mi coche, ¿te gusta?
-¿Tu… tu coche? –pregunte. ¿Eso era lo que él quería desde un principio? ¿Llevarme a su coche? Que estúpida había sido.
-Por supuesto, así no tendremos frio. Te aseguro que estarás bien caliente –me susurro muy, demasiado, cerca.
Me di media vuelta, dispuesta a irme, pero su mano se cerró con fuerza sobre mi brazo, cortándome la circulación.
-¡ay! –me quejé, al tiempo que volteaba a verlo- ¡Suéltame!
Jalé con la fuerza suficiente para dislocarme el hombro pero la mano de Ivahn no pareció ni vacilar en su agarre y me empezó a entrar pánico.
-¿Qué pasa hermosa Bella, ya te estás aburriendo? ¡Pues si no hemos ni empezado! –dijo con un tono ofendido, aunque en su rostro no había más que una enorme sonrisa de pura satisfacción.
Le clavé las uñas en el brazo en un intento de apartarlo, pero fue como clavarlas en el hielo, me hice daño a mi misma y él siguió con su estúpida sonrisa en la cara.
Los músculos de sus brazos estaban durísimos, no de la manera en que lo pudiese tener un chico adicto al gimnasio, sino de una forma marmórea, única, que solo yo podía identificar en…
-¡Suéltame! –volví a gritarle. Jalando con fuerza para que me soltase. No podía ser, él no podía ser…
-¿O qué? ¿Gritaras? –pregunto jocoso.
Lo siguiente no pude verlo porque lo hizo muy rápido, pero me agarro del cabello y me lanzó contra una pared cercana. Primero sentí el golpe sordo en mi cabeza y luego en todo mi cuerpo. Sentí un dolor horrible en las sienes y la vista se me nublo por unos segundos.
Me quede grogui, pero lo suficientemente consciente para notar que Ivahn me levantaba del suelo como si no pesase más que una pluma y me llegaba alguna parte. Sentía el movimiento, pero era imposible escuchar sus pasos en la acera desierta, o el sonido de su corazón contra mi cara.
Abrí los ojos lentamente y vi que nos acercábamos a la parte trasera de un Ferrari rojo, abrió la cajuela y me lanzó dentro como una bolsa de papas, golpeándome la cabeza de nuevo.
Me sonrió como un diablo, con el rostro iluminado por una farola cercana.
-No te preocupes cariño, el viaje será placentero –dijo antes de cerrar el maletero y dejarme sumida en la completa oscuridad.
Hola chicas.
Como siempre, atrasada con los capis, pero estoy trabajando en eso. Lamento que el capi sea tan corto pero tiene un material muy interesante.
¿Recuerdan a Ivahn? ¿Al guien sabe como termina todo esto?
Espero que no lo adivinen porque me encanta sorprenderlas.
Voy a ver si puedo hacer capis asi de cortos para publicar mas seguidos, a ver si se puede porque ya se acerca el final ;)
Saluditos
