FT es de Mashima-sensei

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Capítulo 35

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Encuentro

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Natsu y Lucy estaban en el puente del barco. Lucy parecía reacia a volver a su camarote después de lo ocurrido allí con Brain.

—Podríamos volver a mi camarote si quieres… —propuso Natsu—, pero en cualquier caso vamos a tener que hacerlo pronto.

—No, no pasa nada. Tengo que volver a entrar tarde o temprano. Solo quiero esperar unos minutos —dijo—. Esta noche es preciosa, con todas esas estrellas...

—Muy bien, pero solo unos minutos. Se hace tarde y el cielo empieza a clarear. Tengo que estar dentro antes de que Levy toque la Campanada…

Lucy asintió. Recordó cómo Natsu había huido de la luz cuando estaba en su camarote. No volvería a someterlo a ese sufrimiento.

El Lighting surcaba el mar abierto en tras el barco de las hadas. El forastero había recuperado el sentido el tiempo suficiente como para darle algunas indicaciones al capitán, aunque le había costado recordar su nombre. Al final, había mirado al capitán Makarov con una sonrisa extraña y le había dicho que se llamaba César. Ahora, César estaba junto al capitán, no muy lejos de Sui, Elfman, Cana y Erza.

La cubierta estaba llena de marineros. La noticia de que la hermana gemela de Sui estaba viva pero corría un grave peligro se había extendido como la pólvora y todos los piratas se preparaban para un combate a muerte. Sui se sintió conmovido por el incondicional apoyo.

—Ahora eres uno de los nuestros, Sui —le dijo el capitán —, y todos los piratas cuidamos de nuestra familia.

Cana y Erza dieron unos rápidos consejos tácticos a los marineros, indicándoles que procedieran con cautela con un enemigo del que casi no sabían nada. Cana había intentado sacarle algo más de información a César, pero este no hacía más que repetir lo mismo: 'Ataquen cuando la noche se haga día y la victoria será de ustedes'.

Por fin vieron la sombra de un barco a lo lejos. Debía de ser el barco de las hadas. El capitán se giró hacia César, expectante. Este asintió. El corazón de Sui empezó a galopar desbocado. Elfman le puso una mano en el hombro.

—Ya casi llegamos, hombre —dijo.

La cubierta del barco enemigo parecía estar completamente desierta. El capitán Makarov redujo la velocidad del Lighting para no hacer tanto ruido. Quería aprovechar al máximo el elemento sorpresa. Los cañones estaban cargados y los Deseos estaban abajo y listos para el abordaje. Pronto se desataría el infierno... pero, hasta ese momento, el capitán quería mantener el silencio.

Por último, el capitán se dirigió a Cana.

—Por favor, haz los últimos preparativos para el ataque.

—Aún no —le interrumpió César—. Está demasiado oscuro.

—No podemos arriesgarnos a esperar más —dijo el capitán Makarov—. Nos has resultado de gran ayuda, César, pero a partir de ahora esto corre de nuestra cuenta.

—Además —dijo Erza—, ya está empezando a clarear por el este.

César tembló y los ojos le volvieron a brillar como lo habían hecho en la taberna.

—Estás bien? —dijo Erza.

—Tengo un poco de frío —murmuró, cerrando los ojos casi por completo—. Tal vez, si ya cumplí con mi deber, no les importe que me vaya a descansar un poco.

El capitán asintió.

—Te acompañaré a tu camarote —dijo Erza, ayudando al pobre desvalido a cruzar la cubierta.

El capitán volvió a mirar a Cana.

—Haz los preparativos, Cana. Ahora.

—No. —Sui dio un paso adelante.

Los otros lo miraron con cara de sorpresa.

—Miren, la cubierta está casi desierta. Solo veo dos figuras, y creo que una de ellas es Lucy. Hagamos las cosas de otro modo. Déjenme ir solo.

Cana negó con la cabeza.

—No puedes hacerlo, Sui. Lo siento, pero no tienes suficiente experiencia en combate. Y además, no queremos perderte.

—Estoy seguro de que es Lucy —dijo Sui—. Si los atacamos, podríamos asustar a quien quiera que esté con ella, y no sabemos qué podría hacerle. Yo puedo eliminarlo sin hacer ruido ni alertar al resto de la tripulación.

—Es demasiado peligroso —dijo Cana.

Pero el capitán hizo un ademán con la cabeza.

—Esto es decisión de Sui. Es su hermana la que está a bordo de ese barco. Tenemos que hacer las cosas a su manera.

Sui sonrió al capitán.

—Gracias —dijo, enormemente agradecido.

—Te importa que te acompañe por si acaso, amigo?

—No, Elfman. Gracias, pero esto es algo que debo hacer yo solo.

—Al menos, llévate esto —le dijo Cana, entregándole su valioso estoque.

—No puedo... —dijo Sui.

—No me obligues a llamarte al orden! —insistió Cana, poniendo la empuñadura del arma en las manos enguantadas de Sui.

—Gracias... Gracias a todos.

Cana fue a decirles a los expectantes piratas que había un cambio de planes.

Sui se quedó en la proa del barco, entre el capitán y Elfman.

—En cuanto te vi, joven Heartfilia, supe que tenías material de héroe —dijo el capitán—. Pero, sabes algo? Creo que ya eres un héroe hecho y derecho.

Sui escuchó las palabras, pero no pudo responder. El barco casi se había puesto a la altura del enemigo y entonces solo podía centrar su atención en la otra cubierta. Todo lo que había vivido y sufrido lo había preparado para afrontar aquel momento. Había visto a Lucy, o al menos estaba bastante seguro de que era ella. Pero en ese momento la cubierta parecía completamente vacía.

Por encima de él, los piratas comenzaron a bajar uno de los Deseos haciendo el mínimo ruido posible. Los habían engrasado tras el último ataque y se deslizaban mucho mejor. Aun así, cualquier crujido del metal le ponía los pelos de punta. Nada debía advertir a las hadas de su llegada. Nada debía restarle probabilidades de éxito a su arriesgada misión.

En cuanto el Deseo estuvo colocado en posición horizontal, Sui se giró hacia el capitán Makarov, Elfman y Cana. No había tiempo para sentimentalismos. Además, pronto volvería con Lucy... no?

—Muévete de una vez, hombre —dijo Elfman—. Queremos conocer a tu hermana ahora que aún es joven!

Con una sonrisa, Sui saltó al Deseo y pasó a la otra cubierta.

—Qué fue eso? —le preguntó Natsu a Lucy.

—Qué cosa?

—Ese ruido.

—No escuché nada.

—Hay alguien en cubierta. Escuché pasos. —Natsu frunció el ceño.

—Será Levy? —dijo Grace—. Quizás Irá a tocar la Campanada.

—No, Levy hace mucho menos ruido. Eran unas botas de hombre. Hay un hombre en cubierta.

—No será Brain... —exclamó Lucy, abriendo los ojos de forma desmesurada.

—Espero que no —dijo Natsu—, pero voy a subir a comprobarlo.

—No puedes salir ahora —dijo Lucy con una nota de histeria—. En unos minutos va a amanecer. No sé dónde se habrá metido Levy.

—Algo va mal —comentó Natsu—. Voy a ver. Tú cierra la puerta y quédate aquí.

Abrió la puerta del camarote de Lucy y salió al puente. Ella lo siguió.

Sui caminó por la cubierta tan silenciosamente como pudo. Por lo que podía ver, estaba vacía, aunque escuchó un sonido amortiguado no muy lejos. Era la voz de una chica.

—Lucy... —dijo, incapaz de contener su voz.

—Sui?

Lo había llamado claramente por su nombre. Estaba viva! Había llegado a tiempo! Corrió por el costado del barco.

Allí estaba.

—Sui... —repitió ella, llevándose las manos a la cabeza, sin creer lo que veía.

Fue entonces cuando Sui vio al hombre que había a su lado. No, no era un hombre... era un hada. Empuñó con firmeza su espada y corrió hacia ellos.

Natsu se sorprendió al ver que Lucy lo había seguido hasta el puente y se sorprendió más aún cuando vio a un desconocido corriendo hacia ellos, espada en mano.

—Es Sui! —exclamó Lucy, sin aliento—. Es mi hermano! Por fin me encontró!

Natsu tardó unos instantes en asimilar sus palabras, pero entonces, cuando el joven se acercó más, vio que todo tenía sentido. Eran gemelos. No eran idénticos, pero tenían un enorme parecido. Natsu se apartó cuando Lucy se lanzó a los brazos de Sui y los hermanos, de nuevo reunidos, se abrazaron con fuerza.

Natsu apartó la mirada. La luz comenzaba a ser más fuerte, tendría que volver adentro. Pero, aunque el sol estaba saliendo, cada vez había menos visibilidad por culpa de la niebla que empezaba a cernerse sobre ellos. Era un barco eso que estaba junto a ellos? Sí, lo era! De qué otra forma habría conseguido subir a bordo el joven? Y, agudizando la vista entre la niebla y la luz cada vez más brillante, Natsu vio una horda de hombres preparados y armados con espadas al otro lado del puente.

Volvió a mirar a Lucy, que seguía abrazada a su hermano. No podía ser un truco... o tal vez sí? El otro barco se disponía a atacarlos?

Justo entonces se abrió una puerta y Levy salió al puente.

Mirando al cielo, se dirigió rápido hacia la campana. Sin perder un solo instante, la tocó. Y al hacerlo, vio a Lucy, a Natsu y a... un desconocido. Qué estaba pasando? Qué hacía Natsu allí? Quién era el desconocido? Ojalá no se hubiera quedado dormida...

—Natsu! —gritó Levy—, vuelve adentro. Ya amaneció.

Cuando la campana comenzó a sonar, Sui se apartó bruscamente de Lucy.

—Qué está pasando? —preguntó.

—No pasa nada —sonrió Lucy—. Es solo la Campanada.

Mientras, en el Lighting, los amigos de Sui intentaban ver el otro puente entre la niebla.

Cuando la campana sonó, Elfman apretó el hombro de Cana con fuerza.

—Qué es eso?

—No lo sé, Elfman. Quizás sea una alarma...

—Sui necesita nuestra ayuda —dijo Elfman, tomando su espada ancha.

—No lo sabemos —lo tranquilizó Cana.

—No voy a esperar aquí para saberlo! —gritó Elfman. Y sin decir más, cruzó el Deseo, aunque estaba algo cegado por la niebla.

Sintió las planchas de cubierta bajo sus pies y se adentró en la niebla, distinguiendo algunas figuras más adelante.

Eran Sui y una chica. Debía de ser su hermana. El parecido entre ambos era evidente. Y Sui sonreía. Pero había otro muchacho, y también una chica. Y mientras corría hacia ellos, el otro muchacho se adelantó y desenvainó su sable.

Elfman levantó la espada ancha para detener el golpe del sable.

—No! —gritó Lucy, confundida por el ataque—. Sui, dile que se detenga! Dile que pare! Natsu no me ha hecho nada!

—Natsu, entra! —dijo Levy, aterrorizada.

Pero Natsu la ignoró. Tenía toda su atención puesta en la espada de su enemigo. Alguien les había tendido una trampa.

Quien quiera que hubiese traído al hermano de Lucy hasta el barco venía preparado para luchar contra las hadas.

A esas alturas, la luz comenzaba a hacerle daño en los ojos, pero Natsu era un buen espadachín y consiguió alcanzar de lleno a su atacante en el brazo.

Elfman dio un salto hacia atrás. No estaba acostumbrado a estar en primera línea de combate. Por lo general solo tenía cerca a otros compañeros, no a un violento espadachín como el que lo estaba desafiando.

Sui apartó a Lucy y se puso delante de Elfman, apuntando con su estoque hacia el rostro de Natsu.

—Sui! —gritó Lucy—. No! Natsu es mi amigo!

—Y Elfman el mío! —gritó Sui, sin atreverse a mirar por encima del hombro para comprobar si Elfman estaba bien.

—Natsu! —gritó Levy—. Tienes que entrar! Tengo que ocupar mi posición!

—Entonces ve, Levy! —gritó—. Ve a tu posición y déjame! Prometí que iba a proteger a Lucy, y eso es lo que voy a hacer!

Sollozando, Levy cruzó corriendo la cubierta y ocupó de un salto su posición como mascarón de proa. Lucy contempló fascinada cómo su silueta de carne se transformaba de inmediato en una figura pintada.

Sui también lo vio, aunque no dio crédito a sus ojos.

—Natsu... Natsu,por favor, vuelve adentro. —Entonces era Lucy quien se lo suplicaba. La luz bañaba casi toda la cubierta, y el efecto que tenía en Natsu era evidente. Había cerrado los ojos y agitaba su estoque con poca eficacia.

—Vinieron en un barco, Lucy... —explicó, casi sin aliento—. Enviaron a tu hermano a buscarte, pero hay una horda dispuesta a atacar. Y este es uno de ellos.

Señaló con la espada a Elfman.

—No es cierto —repuso Sui—. Solo vine yo. Me trajeron aquí para rescatar a Lucy y eso es todo lo que quiero. No quiero hacerles ningún daño.

—Y qué con él? —preguntó Natsu, señalando a Elfman.

—Vine cuando escuché la campana —aclaró Elfman—. Creía que Sui estaba en peligro. Pensé que habían dado la alarma.

—Eso no era la alarma —corrigió Lucy—. Solo sirve para despejar el puente, no para llamar a nadie a las armas.

—Entonces, estás bien? —preguntó Elfman.

—Sí —respondió Lucy, todavía preocupada por el bienestar de Natsu.

—Y no vas a llamar a ninguno de los tuyos? —preguntó Natsu a Elfman.

—No, hombre. En absoluto. Solo vine a buscar a mi amigo.

—Entra por favor, Natsu —insistió Lucy—. Hazme ese favor. Te lo suplico.

La luz ya le estaba dando de lleno en la cara. Natsu sintió tanto dolor que estuvo a punto de soltar la espada.

—Cómo sé que no es una trampa? —preguntó.

—No lo es —respondió Sui—. Solo vine a buscar a Lucy.

—Por favor, Natsu. Yo confié en ti. Ahora tú confía en mí… por favor.

—…Muy bien Lucy… De acuerdo.

Natsu retrocedió a tropezones hasta el camarote de Lucy, abriendo la puerta y desplomándose en su interior. La espada se le cayó de la mano.

—Oye, voy a volver para decirle al resto que todo va bien, te parece? —dijo Elfman.

Sui asintió. Cuando su amigo se marchó, Sui volvió a mirar a su hermana.

—Tengo tantas cosas que contarte... —le dijo.

—Yo también —respondió Lucy.

—Y también tengo algo para ti. —Sui metió la mano dentro de su camisa, sacó el guardapelo y se lo dio.

Natsu sabía que debía cerrar la puerta, pero llevaba tanto tiempo expuesto a la luz que un poco más no le haría mucho más daño.

Miró a Lucy y a su hermano por la rendija de la puerta. Tenía que alegrarse por ella. De que, después de todo lo que había sufrido, al fin se reuniera con su hermano de nuevo. Parecía feliz mientras tomaba el guardapelo y se lo ponía en el cuello.

Era doloroso para Natsu ver esa escena. Él no quería que lo fuera. Más que ninguna otra cosa en el mundo, él deseaba que Lucy fuera feliz. Pero en el momento en que Lucy se puso el guardapelo en el cuello, Natsu sintió más tristeza de la que había sentido en mucho, mucho tiempo... Lucy se iba a ir de su lado. Ya no necesitaba de la protección de Natsu. Ya no podría cuidarla ni hablar con ella nunca más...

Le ardían los ojos. Al principio pensó que eran lágrimas, y se las quitó con la mano. Pero sus ojos estaban secos, aunque seguía sintiendo el ardor.

Lucy estaba bien. Eso era lo único que importaba. Había jurado protegerla y su trabajo había terminado. Ya solo le quedaba descansar.

Miró por última vez a los gemelos, pero cada vez le costaba más verlos con claridad. La niebla que se había posado sobre el puente era tan densa que parecía que se hubiera creado un velo entre él y los gemelos. Descubrió, cuando cerraba del todo la puerta del camarote, que no se trataba solo de la niebla. Tampoco veía bien en el interior del camarote. Parecía que la luz del día le había dañado permanentemente la visión.

La extraña niebla rodeaba por completo a Lucy y a Sui. Solo podían verse el uno al otro. Ella aún no podía creer que su hermano estuviera allí. Era como si todo fuera un sueño. Una mezcla de sueño y pesadilla.

—Te echaba de menos —dijo.

—Yo también.

—Y echo de menos a papá.

—Yo también.

Sui la abrazó con fuerza. Por un instante, fue como si estuvieran otra vez en el faro con su padre. Protegidos.

Cómo la había encontrado? se preguntó Lucy. Y qué harían a partir de ahora? Se uniría él a las hadas o ella lo iba a acompañar hasta su barco? O tal vez había llegado el momento de regresar a Hargeon?

Pero en ese momento nada de todo eso importaba, pensó, alejando todas esas preguntas. Lo abrazó con fuerza. Y al hacerlo, se dio cuenta de que se sentía bien. Sabía dónde estaba su hogar. No solo lo sabía: lo sentía.

Y mientras Lucy abrazaba a Sui y Sui abrazaba a Lucy, y la niebla los rodeaba a ambos, ella escuchó al capitán susurrándole en su cabeza.

—Este es el final... Este es el principio...


...¿Es el fin?...

Bueno lamento y me alegro de informar que este es el último capítulo. Espero que sea de su completo agrado. Dependiendo de los comentarios, seguidores y favoritos, continuaré con la siguiente parte ;) Porque... para qué seguir con algo si a la gente no le gusta, no soy psíquica ni nada por el estilo, así que si les gusta, haganlo saber... VIVA LA EXPRESIÓN! XD Hasta otro fic... y recuerden... las fantasías no siempre son solo fantasías...